Solsticio
El viernes, las calles de Gotemburgo estaban desiertas. Sus vecinos se habían esparcido por campos y parques cercanos para pasar el día bajo el sol que se queda (en latín solstitium, de Sol y sistere). En invierno se le pegaban las sábanas durante la noche, pero en verano luce remolón durante el día
Las que estuvieron remolonas fueron las nubes, pero eso no impidió que cientos o miles de personas se recostaran sobre la hierba y danzaran al son de músicas y cantos tradicionales en torno al palo florido del Midsommar.
Se vive con entusiasmo y en familia el día más largo del año, se festeja lo que en el sur coincide en estos días con la fiesta de las Hogueras San Juan.

Midsommar 2019. Foto R.Puig
Nosotros elegimos este año las praderas del Palacio de Tjolöholm (en sueco Slott que también puede traducirse como castillo o castle en inglés), una enorme mansión de estilo Tudor, comenzado a construir frente al mar a finales de siglo XIX, cerca de Kungsbacka, por James Fredrik y Blanche Dickson, una matrimonio de industriales ingleses, y terminado en 1904 por la esposa. Blanche había quedado viuda al poco de comenzar la obra, ya que el marido murió de plombemia (envenenamiento por plomo en la sangre). Cometió la torpeza de tratar de parar la hemorragia de un corte en un dedo con el envoltorio de plomo del tapón de una botella de vino. Al parecer tenían de todo menos gasas y esparadrapo.

Tjolöholm Slott. Fuente: Web del sitio
De vino y otros alcoholes podríamos hablar hoy, pues durante el Midsommar se consume en abundancia, pero me voy a centrar en los aspectos verdaderamente poéticos y familiares de esta fiesta del palo florido.

El palo de Midsommar. Foto Marie Puig
No exagero, por la pradera se habían instalado cerca de dos mil personas de todas las edades, en grupos familiares, en parejas jóvenes y ancianas.

Todas las edades. Foto R.Puig
Las gentes floridas iban y venían entre los jardines del palacio y el lugar de la fiesta y de las danzas…

Un ir y venir. Foto R.Puig

Ilustrándose. Foto R.Puig
Corriendo entre las altas hierbas…

Campo a través. Foto R.Puig

Coronado. Foto R.Puig

Country style. Foto R.Puig

Atajando. Foto R.Puig
Niños, muchos niños, con ropas de flores,

Midsommar es para los niños. Foto R.Puig

Midsommar es de los niños. Foto R.Puig
golosinas

Los popcorns son míos. Foto R.Puig
y guirnaldas

Bueno, algunas no tan niñas, pero igualmente decididas,

Toda edad es florida. Foto R.Puig
tanto como la abundante juventud,

Hacia el futuro. Foto R.Puig
ellas y ellos

futuro de un país dinámico

El futuro es nuestro. Foto R.Puig
Esta fiesta colectiva refleja que Suecia tiene la segunda tasa de fertilidad más alta de Europa (después de Francia)…

Familias Foto R.Puig

Tirando de carrito. Foto R.Puig

Con papá. Foto R.Puig

Con mamá. Foto R.Puig
…mientras España -¡ay!- tiene la segunda más baja, por delante de Malta.

Con papá y mamá. Foto R.Puig
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En fin, con el paso de las horas, mientras seguía llegando la gente con sus condumios, había que abrigarse con lo que fuese, pues un vientecillo refrescante se iba levantando. Aun así los que sustituían a los que partían tenían el firme propósito de seguir escuchando la música y las canciones, así lloviera o tronase.
Y si para entrar en calor hay que darle al balón, pues se pone en movimiento…

Midsommar 2019. Foto R.Puig
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Un deseo
Desde estas tierras, estén donde estén, ¡feliz verano si en el hemisferio norte y feliz invierno si en el hemisferio sur!
Al fin y al cabo en ambos casos estamos todos en solsticio, embarcados en el mismo planeta, alumbrados por el mismo sol y velados por la misma luna.

Saludos desde el solsticio veraniego en Tjolöholm. Foto R.Puig
Transiciones peruanas de Lambayeque al Santuario Arqueológico de Pachacamac, final de nuestra ruta arqueológica.

Pachacamac. El templo del sol. Foto R.Puig
Esta es la décima entrada y la final de las crónicas del recorrido arqueológico que hemos ido narrando desde el 17 de marzo. A pocos kilómetros al sur de Lima, cerca de la desembocadura del río Lurín, se encuentran el pueblo, el museo del sitio y el santuario de Pachacamac, ese que fuera polo de peregrinaciones y de influencia política.

Mapa del emplazamiento del Santuario de Pachacamac. Museo del sitio.
Su ídolo oracular fue respetado y venerado por sucesivas culturas precolombinas desde los inicios del primer milenio. El complejo se erigió como centro religioso de los Lima en un territorio poblado desde hacía milenios. Subsistió inclusive durante el imperio Inca, pasando por la ocupación de los Wari y los Ichma.
Al ídolo de Pachacamac acudían en consulta señores y reyes desde todos los lugares de lo que hoy es el Peru. La llegada de los conquistadores acabó de forma abrupta con esa tradición secular.

Museo de Pachacamac. El ídolo bifronte. Detalle. Foto R.Puig
Queríamos compartir el día con varios amigos que viven en la municipalidad de Pachacamac, por lo que nuestra visita al sitio se limitó a un somero vistazo, aunque precedida de un recorrido detallado del Museo del Sitio fundado por Arturo Jiménez Borja. El recinto actual es una obra arquitectónica muy acertada y perfectamente integrada en el entorno arqueológico. Nos orientó la arquitecta y museóloga Carmen Rosa Uceda, responsable del museo y del recorrido arqueológico del santuario, que tuvo la gentileza de obsequianos con la magnífica obra colectiva Pachacamac. El oráculo en el horizonte marino del sol poniente (Banco de Crédito del Perú, Lima 2017, 337 páginas) que he consultado repetidas veces para la elaboración de estas crónicas.

Botella de estilo epigonal (ss.VII a XI d.C.), Museo del sitio de Pachacamac.
El museo cuenta con una extensa colección de piezas de cerámica

Vasija votiva con forma de crustáceo. Museo del sitio de Pachacamac.
y objetos funerarios y votivos

Falsa cabeza mortuoria (ss.VII a XII d.C.), Museo del sitio de Pachacamac.
Dejamos el santuario con el deseo de volver en el futuro para recorrer, en bicicleta y con guía, el atractivo itinerario arqueológico que se propone a los visitantes.

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Moraleja
La deidad de Pachacamac, el ídolo que golpearon los primeros soldados españoles que entraron en su capilla, el oráculo que consultaron los señores y reyes de las culturas precolombinas de todos los territorios costeños, andinos y amazónicos hoy ocupados por Ecuador, Perú, Bolivia y el norte de Chile, al que acudieron en peregrinación sus pobladores durante 1500 años, estaba tallado en madera.
Qué le voy a hacer pues, si me hace pensar en otra figura de madera, la de Santiago Apóstol, el de Compostela, al que siguen acudiendo, abrazando y besando desde hace siglos los peregrinos (incluidos reyes, gobernantes y papas) de territorios extensos, aunque algo menores, llegados de toda Europa.
No sé si existe o no un «inconsciente colectivo», pero que la fascinación por los ídolos en madera es compartida a lo largo y ancho de la historia de la humanidad y por todo el planeta, esto es innegable.
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La municipalidad de Pachacamac merece una visita
Nuestra jornada continuó con una visita al pueblo y a su iglesia y retablo expertamente restaurado

Iglesia del Salvador. Pachacamac. Foto Mochileaperu.blogspot
en compañía de nuestro amigo Felix, pachacamino de toda la vida, y con una deliciosa copa de helado de lúcuma de elaboración propia en el frondosos jardín de su casa.
Los sabrosos frutos están al alcance de la mano.

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De ahí nos dirigimos a las lomas que rodean el pueblo, áridas en verano y milagrosamente verdes en el húmedo invierno de la costa peruana, para disfrutar de un chapuzón en la piscina de Pepe, otro viejo amigo vecino de la villa,

Panorama desde la casa de Pepe. Foto Marie Puig
quien, antes de dejar Pachacamac, nos agasajó con unas excelentes pizzas en la Trattoria La Bella, de genuina cocina italiana…

Trattoria La Bella. Pachacamac
y un café como debe ser en la tostaduría cafetería y tienda natural MamaQuilla.

Cafetería, Tostaduría y Tienda Natural MamaQuilla. Pachacamac. Foto CafeLab
Bibliografía:

Pachacamac. El oráculo en el horizonte marino del sol poniente. Varios Autores, Banco de Crédito del Perú, Lima 2017
Amagos de verano

Trädgårdsföreningen. Gotemburgo. Foto R.Puig
O love is, yes, a great thing,
A great thing to me!
Thomas Hardy (1840-1928)
Interrumpimos por hoy la crónica de nuestro reciente viaje por la costa peruana, donde el invierno se acerca, trayendo finas lluvias de Lima y hacia el sur y sequías por el norte. Entretanto, en Gotemburgo las temperaturas se han endulzado y los últimos días nos han hecho pensar en un verano adelantado.

Trädgårdsföreningen. Gotemburgo. Foto R.Puig
Los parques van estando más y más floridos

Trädgårdsföreningen. Gotemburgo. Foto R.Puig
y las abejas más y más activas.

Trädgårdsföreningen. Gotemburgo. Foto R.Puig
En el de la Trädgårdsföreningen (La Asociación de los jardines) los jardineros han trabajado con esmero y tesón

Trädgårdsföreningen. Gotemburgo. Foto R.Puig
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Al sur de la ciudad, entre los muelles de baño

Muelle de Smarholmen. Onsala. Foto R.Puig
y los islotes de granito y basalto, un duo de cisnes se desliza solemne,

Smarholmen. Onsala. Foto R.Puig
y un velero fondea en la ensenada.

Smarholmen. Onsala. Foto R.Puig
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Al día siguiente, en el parque de Slottsskogen (El Bosque del Castillo) se juega al brännboll,

Jugando al «brännboll». Slottsskogen. Foto R.Puig
se pasea,

Slottsskogen. Foto R.Puig
se merienda,

Slottsskogen.Foto R.Puig
se contempla a los patos

Slottsskogen. Foto R.Puig
o se espía el movimiento de las enormes carpas en su estanque.

Slottsskogen. Foto R.Puig
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En estos días de sol

parece que el cielo estuviera al alcance de la mano

Tocar el cielo. Foto R.Puig

Chan Chan. Foto R.Puig
Como decía el domingo pasado, nuestras visita del 15 de febrero estuvo dedicada a Nik An («Casa del centro»), la única abierta al público de las diez ciudadelas o palacios amurallados que los sucesivos señores del Reino Chimú construyeron en Chan Chan (“la mayor ciudad de barro del mundo”). Esta, que bien podemos calificar como conurbación, ocupó en su tiempo veinte kilómetros cuadrados (2000 hectáreas) y conserva hoy una extensión de catorce (1400 hectáreas).

De camino a Chan Chan. Foto R.Puig
Desde la cercana Trujillo, a través del paisaje árido de arenas y cerros rocosos de la carretera a Huanchaco, se llega al Museo del Sitio en el cual no está permitido tomar fotos, de modo que para hacerse una idea de sus contenidos y si disponen de unos minutos, pueden abrir este vídeo oficial, sin comentarios y poco vistoso pero bastante detallado. El museo trata sobre todo de la Cultura Chimú, aunque los hallazgos expuestos incluyen también cerámica procedente de pobladores mochicas o de la ocupación inca.
Los chimús, herederos culturales de los mochicas, irradiando desde el valle bajo del río Moche conquistaron gradualmente la costa norte peruana desde las fronteras actuales con el Ecuador hasta muy cerca de Lima. Su ciclo de poder abarcó desde el año 900 hasta el 1476 d.C. cuando fueron doblegados por los conquistadores Incas. Las tropas del Inca Huayna Capac (1493 – 1525) incendiaron parte de la ciudad y la familia reinante fue desterrada. Cuando llegaron los españoles en 1534, Chan Chan ya había sido saqueada y abandonada.
La influencia del Reino Chimú también ascendió por una parte del valle del Jequetepeque, aunque sin alcanzar a la región de Cajamarca. Chan Chan contaba con una red de centros administrativos provinciales (se han explorado cinco) de los que eran tributarios los asentamientos menores.

Chan Chan. La muralla exterior de Nik An. Foto R.Puig
El recorrido solitario por el interior de estos gruesos muros, ingresando por su única entrada produce la sensación de estar moviéndose por los espacios de una gigantesca concha vacía o por las tripas gigantescas de un gran organismo de barro, que según la arqueología actual ha sido excesivamente reconstruido.

La capital Chimú fue construida en tres etapas entre los años 850 y 1470 d.C. Sus grandiosas proporciones son el resultado de un sistema político, religioso y social de carácter imperial y dinástico a estructura piramidal. Como ocurre con la otras culturas de la costa, los fundadores míticos de la etnia según la leyenda llegaron del océano. Para los chimús su civilizador fue Tacaynamo, de modo similar a como lo fueron otros semidioses de las cosmogonías Mochica (100 a 750 d.C.) y Sicán (700 a 1350 d.C.).

Chan Chan. Muros en red y bajorrelieves de pájaros. Foto R.Puig
Las ciudadelas de Chan Chan encierran grandes plazas, almacenes y depósitos, dependencias palaciegas y administrativas, estanques y redes de canalización, recintos de ofrendas con hornacinas para la veneración de ídolos menores y el mausoleo del Señor o Chimu Capac, en el cual se veneraba su momia.

Chan Chan. El gran reservorio de Nik An. Foto R.Puig

Chan Chan. Canalizaciones. Foto R.Puig

Chan Chan. Templete con hornacinas en Nik An. Foto R.Puig
Las dimensiones de las plazas dan idea de la cantidad de gente que congregaban sus ceremonias y celebraciones y del volumen demográfico de las diez ciudadelas de esta conurbación.

Chan Chan. Segunda plaza en ciudadela de Nik An.Foto R.Puig
La plataforma funeraria, en este caso la del Señor de la ciudadela de Nik An incluye, además de su mausoleo, 42 celdas con los restos de familiares y sirvientes que fueron sacrificados (*) a la muerte de este hombre que, con el resto de las autoridades político-religiosas de cada ciudadela, ejercía el estricto gobierno de la sociedad chimú. Por desgracia no han subsistido los frisos polícromos que ornaban los muros y que probablemente intimidaban a los súbditos de modo parecido a los que hemos visto en el Complejo de El Brujo, por lo que no se puede precisar el tipo de rituales y creencias que, como en la otras culturas de la costa peruana, reforzaban la adhesión obligatoria al poder político y religioso.
El impulso constructor, la producción cerámica y metalúrgica, el desarrollo agrícola y pesquero Chimú, las técnicas de aprovechamiento del agua y la red de tributarios fueron impresionantes a juzgar por lo que se trasluce en sus vestigios y por la duración y la extensión de sus dominios. Como tuvo que ser también su organización bélica.

Chan Chan. Relieves zoomorfos. Foto R.Puig
La población del complejo de Chan Chan alcanzó, según las estimaciones de los arqueólogos entre los treinta mil y los cien mil habitantes

Chan Chan. Foto R.Puig
y medio millón de personas habría sido la población en todo el territorio Chimú.

Chan Chan. Relieves zoomorfos. Foto R.Puig
Referencias:
Alfredo Ríos Mercedes, «Trujillo. De barro y color» (Guía turística especializada), 2016, 61 páginas (Chan Chan : pp. 32 a 50) Ver también AQUÍ.
Luis Felipe Villacorta Ostolaza, Las culturas del Perú Antiguo, Lima-Miraflores, 2015 (2012), 287 páginas (Chimú: pp. 197 a 211)
(*) Nota sobre los sacrificios humanos:
Al hilo de nuestras visitas al pasado preincaico del Perú, algo hemos dicho en estas crónicas sobre las brutales prácticas de sacrifico y libación de la sangre de los guerreros enemigos o la costumbre de los mandatarios de hacerse acompañar al otro mundo por familiares y sirvientes, que como es sabido no son exclusivas de aquellas culturas.

Delacroix. La muerte de Sardanápalo,
Pero a la cuestión de los sacrificios humanos, inevitablemente recurrente a lo largo de la Ruta Moche, la historia de la civilización Chimú añade el hallazgo de los restos de más de 140 niños de entre 6 y 14 años de edad, sacrificados ritualmente como ofrenda propiciatoria y enterrados a poca distancia de Chan Chan, según informa la página de Phys Org, a partir de los estudios de campo y las publicaciones del antropólogo forense John W. Verano. A las que habría que añadir otros artículos, como el de Deborah Netburn, More than 140 children may have had hearts removed in ancient sacrifice in Peru, March 6, 2019

Esqueletos de menores sacrificados en el territorio de Chan Chan.. John Verano . Tulane University
Hemos mencionado la particular dependencia de aquellas culturas de los azares de la geografía, aunque hoy es difícil determinar todas las circunstancias, económicas, climáticas y sociales en que se produjeron estos sacrificios rituales, que han sido vinculados por los arqueólogos a los ciclos de lluvia y sequía de la costa norte peruana.
En muchas civilizaciones las sequías, las hambrunas y la miseria han sido interpretadas como castigo de la Divinidad y conducido a masas atemorizadas, guiadas por la élite sacerdotal, por sus chamanes y por gobernantes que, para un mejor control, unían la religión a la política, sin olvidar a los profetas milenaristas y las creencias en submundos o en el más allá, a practicar o a someterse a rituales propiciatorios, que pueden ir desde las procesiones rogativas y ofrendas, hasta los sacrificios de animales y de seres humanos o a los suicidios colectivos.
Pero cuando los sacrificados son niños ¿podemos pensar que la ofrenda de su muerte se suponía más valiosa ante los dioses? ¿o era además su sacrificio una forma desesperada de suprimir bocas en tiempos de hambre y pavores colectivos?
La eugenesia ha adoptado y sigue adoptando muchas formas y ha sido propiciada en diversas latitudes y épocas. Se ha fomentado con más o menos brutalidad u odio, impulsada por el racismo o no, con mayor o menor recurso a consideraciones científicas o de control demográfico planificado, con métodos diferentes y por dictaduras o democracias, e incluso por personajes y organismos respetados. Pensemos en la política china reciente del hijo único o en la oscura disminución de la proporción de niñas y mujeres en la India o en las esterilizaciones étnicas o supuestamente profilácticas del siglo XX, inclusive en países libres de toda sospecha totalitaria.
Transiciones peruanas de Lambayeque a Pachacamac. La Huaca de Cao Viejo y la Señora de Cao

Representación de La Dama de Cao (Museo de Cao)
Nuestras últimas visitas a lo largo de la llamada Ruta Moche estuvieron dedicadas a una de las ciudadelas de la enorme conurbación de Chan Chan («la mayor ciudad de barro del mundo»). Este complejo alcanzó en su tiempo los veinte kilómetros cuadrados (2000 hectáreas) y conserva hoy una extensión de catorce (1400 hectáreas).

Ubicación del Complejo de El Brujo, de Trujillo y de Chan Chan.
Nuestra visita a Chan Chan (15 de febrero) se produjo antes de la que hicimos a la Huaca de Cao Viejo y al Museo Cao, que son parte del Complejo Arqueológico El Brujo, que tuvimos que desplazar del 14 al 16 de febrero por razones de horario.
No obstante comenzaremos por esta última visita, ya que estas edificaciones mochicas preceden en más de seiscientos años al Reino Chimú (850 a 1470 d.C.) del cual fue capital Chan Chan, por no hablar de los 4.000 años de antigüedad de la Huaca Prieta, en la parte sur de El Brujo, para cuya visita no nos alcanzó la jornada prevista.
Y de Chan Chan trataremos en la siguiente y última crónica de la Ruta Moche.
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El complejo arqueológico de El Brujo


Las tres huacas de El Brujo. Imagen y texto del Museo Cao
Los «enlaces» incluidos en los dos párrafos anteriores aportan tanta información que con ellos habríamos terminado, si no fuese por mi empeño en contarles mis impresiones de esta ruta, que ha sido posible gracias a mis viejos amigos de muchos años Manolo y a Pablo, que nos brindaron la mejor y más amena compañía que desearse pueda.
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La poderosa señora de Cao
La Dama de Cao fue una mujer joven que tuvo un poder similar al Señor de Sipán y gobernó a sus súbditos del valle del río Chicama hacia el año 350 d.C., es decir durante el predominio de la Cultura Mochica (100 a 700 d.C.).
Se llega a la Huaca de Cao Viejo, pasando por el pueblo de Magdalena de Cao y atravesando grandes haciendas de caña de azúcar, que si pudiesen hablar nos contarían una historia más que centenaria de ambiciosas empresas de cultivo y producción, de intentos revolucionarios y sangrientos, de nacionalizaciones militares, de propiedad cooperativa, de aciertos y fracasos, hasta su retorno al capital privado; itinerarios de los que es emblema la legendaria historia de la Hacienda Casa Grande.

Cultivos de caña de azucar y la Huaca Prieta. Foto R.Puig
Viniendo desde Trujillo se pasa por Santiago de Cao y entre los campos de caña se atisba al oeste y al borde del mar la Huaca Prieta.
Más adelante, retirada de las playas, hacia el este divisamos el objetivo de nuestra visita : la Huaca de Cao Viejo, de treinta metros de altura, con su enorme carpa blanca que cubre las excavaciones en curso y los distintos niveles de sus cuatro edificaciones superpuestas, que corresponden al menos a cuatro períodos de dominio mochica.

La Huaca de Cao Viejo. Foto R.Puig
Hacia el norte, al borde del mar se divisa la Huaca Cortada o Partida, cuya enorme hendidura se debe a destructivas excavaciones seculares de los huaqueros, en busca de tesoros ocultos.

La Huaca Partida o El Brujo. Foto R.Puig
La Huaca de Cao Viejo es famosa por la abundante presencia en sus edificios y plazas ceremoniales de bajorrelieves policromados, testimonio del empeño de quienes gobernaron politica y religiosamente este territorio de dejar periodicamente las imágenes de sus prácticas bélicas y propiciatorias, modeladas sobre adobe.

Fachada principal de el Templo Moche. Cao Viejo. Museo Cao
Dada la naturaleza del material de construcción (el barro), un gobernante que quisiera dejar su impronta no podía operar de otro modo que cubriendo con nuevas construcciones lo que habían levantado sus predecesores.
No sólo eso, el paso de tantos siglos se refleja en la marca de los productores de los adobes, seguramente para poder asignarles la retribución correspondiente. Hasta el momento se han encontrado las siguientes marcas a lo largo de las cuatro etapas de construcción y enterramiento de las anteriores.

Marcas de los adobes del Complejo El Brujo. Museo Cao
Se renovaban las representaciones de sus deidades, de la fauna y flora, de los instrumentos y prácticas de subsistencia y sacrificio, de sus ceremoniales. Junto a todo ello se integraban las tumbas de sus personajes principales con su séquito en la muerte.

Ante el Templo Moche y sus niveles superpuestos. Cao Viejo. Foto R.Puig
En el nivel superior (550 a 650 d.C.) se conserva un interesante muro similar al que ya vimos en la Huaca de la Luna con la representación de mitos y cosmogonías. Se piensa que funcionaba como un calendario ritual que ordenaba los ceremoniales en la época de la Dama de Cao, ya que una mujer con dos mazas o cetros como las halladas en su tumba aparece en ese conjunto gráfico

Posible calendario ritual (llamado el «tema complejo»). Cao Viejo. Foto R.Puig

Reconstrucción del muro de «tema complejo» o ritual. Cao Viejo. Museo Cao
Y al nivel de este edificio, en el gran patio ceremonia, se desenterró un friso de prisioneros desnudos y encordados similar al de la Huaca de la Luna

Cuerda de prisioneros. Cao Viejo. Foto R.Puig

Prisionero para el sacrificio. Cao Viejo. Foto R.Puig
El bajorrelieve de la araña que empuña el tumi para la decapitación de los prisioneros

Bajorrelieve del arácnido decapitador. Cao Viejo. Foto R.Puig,
Y el «Dios de las Montañas»

Muro del Dios de las Montañas (restaurado). Patio Ceremonial. Cao Viejo. Foto R.Puig
En el edificio precedente (450 a 550 d.C.) destacan los danzarines y los peces,

Bajorrelieves de raya y de pez gato. Cao Viejo. Foto R.Puig

Bajorrelieve. Cao viejo. Foto R.Puig
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Que también son numerosos en los frescos más esquemáticos del nivel anterior (300 a 450 d.C.)

Motivos marinos. Cao Viejo. Foto R.Puig
Donde, además encontramos de nuevo la imagen de El Decapitador.

Reconstrucción del Decapitador. Museo Cao.
Es en este mismo nivel donde se descubrió la tumba de la Señora de Cao, gobernante de los mochicas en el territorio del valle del Chicama hacia el año 350 d.C.
Sus restos, en un fardo funerario de unos 120 kilos, además de estar acompañados de una gran cantidad de cerámicas, objetos de su ajuar y piezas metálicas de ornato, autoridad y ceremonia, estaban envueltos en 26 capas de tejidos. Una de las telas medía setenta metros y daba cuarenta y ocho vueltas a su cuerpo.

Dama de Cao. El fardo. Museo Cao (foto tomada en malas condiciones de iluminación)
Su edad al morir era de 25 a 30 años y se la enterró acompañada de una joven de unos 15, con una soga de juncos en torno a su cuello.

Dama de Cao El recinto. Museo Cao (foto tomada en malas condiciones de iluminación)
Algunas de las cerámicas decoradas encontradas en la tumba ilustran el proceso de captura y sacrificio de los prisioneros y de libación de su sangre por los sacerdotes. Considerando su indumentaria ceremonial que la cubría en su tumba, similar a la representada en las vasijas, la Dama de Cao fue una de esas supremas autoridades religiosas, una sacerdotisa, además de ser la autoridad máxima de la pirámide del poder.

El combate y captura. Ilustración cerámica. Museo Cao

Hacia el sacrificio. Ilustración cerámica. Museo Cao

El sacrificio. Ilustración cerámica. Museo Cao

Libación de la sangre. Ilustración cerámica. Museo Cao
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En el edificio más antiguo de la Huaca Cao Viejo (200 d.C.) también se han encontrado diseños de peces y de aves,

Frescos de aves. Cao Viejo. Foto R.Puig
así como un muro derrumbado por un terremoto que los arqueólogos han repuesto pacientemente adobe a adobe.

El muro repuesto. Foto R.Puig
En este muro se percibe la cabeza de El Dios de las Montañas

El muro repuesto. Foto R.Puig
En el mismo nivel hay otras imágenes de esa primitiva deidad, muy parecida al Ai-apaec del que ya hemos tratado anteriormente.

Dios de las Montañas. Cao Viejo. Foto R.Puig
Hay también varios enterramientos de notables

Cámara de la élite. Tumbas. Cao Viejo. Foto R.Puig
…
Coda
Mientras recupero fuerzas, pienso en la próxima crónica que (antes de volver a Lima y de dirigirnos a Pachacamac) dedicaré a la visita a Chan Chan y a resumir (a modo de ramillete de cierre de la Ruta Moche) algunos interrogantes que flotan por ahí.
No obstante, se me ocurre que nada mejor que cerrar hoy con el Hombre Araña, con el que, ironías del destino, nos encontramos en una parada en el vecino pueblo de Magdalena de Cao, cuando dejábamos El Brujo para volver a Trujillo.

Complejo El Brujo. Localización.
¿No me creen?

El Hombre Araña en Magdalena de Cao. Foto R.Puig
Pero éste no es un decapitador, sino un defensor de la justicia, que ha de acompañar a los niños del pueblo en la celebración del cumpleaños de uno de ellos

Carpa para un cumpleaños. Detalle. Magdalena de Cao. Foto R.Puig
Eate arácnido humano custodia por partida doble la puerta del recinto festero

Carpa para un cumpleaños. Magdalena de Cao. Foto R.Puig
Los mitos son eternos, aunque esta vez no sean sangrientos.
Pero -¡ay!- para que no olvidemos al otro, al decapitador de los mochicas, al sediento de todas las sangres, al preincaico patrono de los vampiros…

Tienda de artesanía «Caup Alaec». Magdalena de Cao. Foto R.Puig
el cortador de cabezas nos esperaba y nos auguraba un buen viaje antes de volver a Trujillo…

acompañado, eso sí, por su predecesor el digamos que más benigno Dios de las Montañas.
Mare meum

Tú estarás. Foto R.Puig
Cuando mi tiempo sea pasado
tú estarás, no te habrás ido,
mientras que el paso de mis manos
por tus aguas será olvido.

Mare meum. Foto R.Puig
Irán y volverán esas tus ondas
como besos incesantes a la orilla
y la huella disuelta de mis pasos
otros pies desnudos reharán.

Tus ondas incesantes. Foto R.Puig
Mar de todas las horas, querido
mar que a mi niñez le diste brisas
y distraído me mecías con las olas
en vacaciones de estiva placidez.

A mi niñez le diste brisas. Foto R.Puig
Mar mío, he de decirte adiós de nuevo,
mas vosotras, riberas que familiares
a mis abuelos fueron, esperadme,
pues ola vuestra soy que voy y vuelvo.

Decirte adios de nuevo. Foto R.Puig
Transiciones peruanas de Lambayeque a Pachacamac: visita a la Huaca de la Luna y paseo por Huanchaco.

El héroe-dios principal conocido como Ai-apaec. Huaca de la Luna. Foto R.Puig
Nuestra primera visita en torno a Trujillo fue a la cercana Huaca de la Luna, situada en las proximidades de la llamada Huaca del Sol. Entre estos dos lugares de intensa actividad ritual se situó la ciudad capital de los moches. Ambas fueron verdaderos templos superpuestos, pues cada generación construía sobre el templo de la anterior. Como en la mayoría de los sitios arqueológicos de la Ruta Moche se comienza por una visita al museo del sitio, en este caso el Museo de las Huacas de Moche, que recorrimos brevemente. Ofrece información no sólo sobre la iconografía de los bajorrelieves polícromos que han hecho famosas estas huacas, sino sobre la vida cotidiana de los mochicas, su metalurgia, cerámica y orfebrería avanzadas, sus construcciones, sus creencias y sus ocupaciones para la subsistencia.

Máscara en cobre dorado. Museo de las huacas de Moche. Foto R.Puig
Tanto el museo, como las dos huacas o templos del Sol (éste destruido en sus 2/3 por depredadores en el siglo XVII) y de la Luna, están muy cerca de la margen izquierda del río Moche, al sur del núcleo urbano de Trujillo, y no lejos de su desembocadura.

La Huaca del Sol (al fondo Trujillo) Foto R.Puig

Excavaciones de la zona urbana y de servicios desde la Huaca de la Luna (al fondo la del Sol). Foto R.Puig.
Nuestro visita se concentró en la Huaca de la Luna, al pie del Cerro Blanco.

Huaca de la Luna. Foto R.Puig
Las visitas son guiadas. A este respecto hay que señalar que desde el inicio de nuestra excursión hemos encontrado una acogida competente y amable en todos los sitios y museos arqueológicos visitados. En esta visita, la única en la que se exigía ir guiados en grupo, hemos podido constatar que los Guías Oficiales de Turismo del Perú tienen una sólida formación, gran paciencia y disponibilidad para responder a las preguntas que se les formulan y, como nuestra guía nos explicó, han seguido una formación de tres años académicos. Además, cuando se les asigna un destino, reciben un curso complementario sobre el sitio o museo en el que van a desarrollar su trabajo.

Escuchando a nuestra guía en la Huaca de la Luna. Foto García Solaz
El complejo de la Huaca de la Luna es sencillamente impresionante.

Huaca de la Luna. Decenas de millones de adobes. Foto R.Puig
Sus tres plataformas y cuatro plazas ceremoniales ocupan un rectángulo de 290 por 210 metros donde se superponen cinco edificios diferentes, formados en períodos de cien años y a lo largo de medio milenio.

Fachada norte de la Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Plaza y fachada norte del templo viejo. Reconstrucción
Las ceremonias de los mochicas en relación con sus deidades eran diversas, si bien en sus frisos y bajorrelieves policromados lo que más llama la atención es la iconografía de los ritos sacrificiales, motivados en gran manera por los cambios del clima. Se han encontrado 60 esqueletos de hombres, sacrificados y dejados a la intemperie, al pie de la llamada Roca Sagrada integrada en el templo. Había que impetrar el favor de sus divinidades que, si nos atenemos a sus testimonios modelados en arcilla, no eran proclives al apaciguamiento. El llamado Ai-apaec, nombre que al parecer le dieron los conquistadores y a quien los mochicas llamaron con otro nombre que no conocemos, aparece por todas partes con sus dientes felinos y esgrimiendo los instrumentos del sacrificio, en una mano el tumi y en la otra una cabeza humana, por lo que se le suele llamar el decapitador.

El decapitador. Foto R.Puig
Por lo que nos fue explicando nuestra guía, en los sucesivos niveles se sucede con variantes su imagen. También fue considerado en sus orígenes como el dios de las montañas

El decapitador. Foto R.Puig
Reconstrucción de la iconografía moche del dios decapitador.
No me quedó muy claro en qué modo compartía su terrible función con la llamada araña degolladora

La araña degolladora. Huaca de la Luna. Foto R.Puig
El encaminamiento de los prisioneros hacia la extracción de su sangre y posterior sacrificio está abundantemente representado.

Friso de danzantes y de los prisioneros llevados al sacrificio. Huaca de la Luna. Foto R.Puig
Se celebraban otro tipo de sacrificios, consistentes en duelos rituales entre los mejores guerreros. El que perdía su penacho a manos del contrincante era destinado al sacrificio, lo cual se consideraba un privilegio. En este caso se les drogaba antes de darles muerte ritual. Sólo los miembros del poder militar y sacerdotal tenían acceso a estos sacrificios, aunque la plebe podía acceder desde la plaza al ritual de la ofrenda de la sangre que se escenificaba en una terraza del templo por encima de sus cabezas.

Pedestal con escalinata en el templo. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Recreación de la ofrenda de la sangre del prisionero en la Huaca de la Luna
Aunque predominen las imágenes de las deidades del sacrificio y de los rituales que lo rodeaban, hay otros bajorrelieves, en especial en los niveles más antiguos, que muestran las tradicionales imágenes marinas y faunísticas de la iconografía mochica, de la que ya hemos tratado en este blog.
Iconografías marinas. Huaca de la Luna. Foto R.Puig
No obstante destaca en particular un sorprendente mural en el que se escenifican mitos y narraciones legendarias. Está situado en los muros que circundan la plaza de la fachada norte. No sé si exagero (doctores tiene el Perú que quizás lo hayan completamente descifrado) pero los desafíos que su interpretación presenta me han recordado los proverbios y aforismos de la cultura antigua y medieval en Europa, como por ejemplo los proverbios flamencos de Pieter Brueghel el Viejo.

Mural de los mitos. Huaca de la Luna. Foto R.Puig

Reconstrucción
Las abigarradas imágenes de este mural son ingenuas y llenas de símbolos y de explicaciones míticas del universo mochica, tanto que se diría que el decapitador, en alguno de los rombos en los que asoma, se mostrase pasmado ante su infantil belleza y dudase de su destino cruel.

Ai-Apaec. Huaca de la Luna. Foto R.Puig
Pero lo cortés no quita lo valiente y estas elocuentes señales de tráfico nos amonestan diciendo: ¡ceda el paso o aténgase a las consecuencias!


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Huanchaco. Trujillo. Perú. Foto R.Puig
Tras nuestra inmersión en ese pasado que revela la Huaca de la Luna y que Rudolf Otto habría calificado como fascinosum et tremendum, volvíamos al presente para ir a cenar pescado y a dar un paseo por Huanchaco.

Huanchaco. Trujillo. Perú. Foto R.Puig
Este balneario, a dos pasos de Trujilllo, guarda la tradición navegante y pesquera de los caballitos de totora de la cultura mochica.

Caballitos de totora. Huanchaco. Foto R.Puig

Navegante en caballito de totora con cautivos. Lima, Museo del Banco Central de Reserva

En el caballito de totora. Huanchaco. Foto R.Puig
Por su playa, por su muelle, por su paseo marítimo, se practica el surf, se pesca, se pasea y se come en los numerosos restaurantes que sirven pescado fresco, preparado de varios modos, entre ellos el tradicional ceviche.

La pasarela decimonónica del muelle de Huanchaco. Foto R.Puig
En la plataforma del muelle de Huanchaco (*) los pescadores te ofrecen sus capturas

Nosotros, cuando sobre el Pacífico se ponía el sol, emprendimos el regreso a Trujillo.

Huanchaco. Perú. Foto R.Puig
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Era el viernes 15 de febrero. Para el día siguiente, último de nuestra Ruta Moche, quedaba la visita a Chan-Chan y a la Dama de Cao.
(*) José Carlos Martín Gallardo Ulloa : El muelle de Huanchaco

Cabeza del Señor de Sipán. Museo Tumbas Reales de Sipán
En nuestro camino hacia Trujillo, además del Museo Brüning, del que hemos hablado hace dos semanas, tuvimos tiempo para una rápida visita al Museo Tumbas Reales del Señor de Sipán, ubicado también en Lambayeque y uno de los más visitados en la Ruta Moche, en el que no está permitido tomar fotografías.
El plato fuerte del museo es el contenido de la tumba del poderoso señor mochica que le da nombre, quien gobernó su reino amparado por un notable aparato militar. Su sepultura tuvo la suerte de no haber sido saqueada. En 1987 los arqueólogos peruanos Walter Alva Alva y Luis Chero Zurita la descubrieron intacta.

Reconstruccion del enterramiento del Señor de Sipán. Detalle
Como ya hemos visto en el caso de la sacerdotisa de Chornancap, estos poderosos personajes de la cultura Mochica o Lambayeque no partían solos al más allá.

Disposición de la tumba del Señor de Sipán en el Museo del Sitio de Sipán. Foto Bernard Gagno.
Otros dignatarios de la Corte del Señor de Sipán le acompañaron al submundo, para asistirle en su existencia en el más allá, desde la que participaban de los avatares del los que aún seguían vivos ahí arriba. De manera que el sacrificio de seres humanos tenía otras funciones, además de las ejecuciones rituales y propiciatorias de prisioneros, guerreros selectos, niños o adolescentes. Con motivo de la visita a Chan-Chan abundaremos en este tipo de prácticas.

Lambayeque. Museo Tumbas Reales de Sipán.
El Museo de las Tumbas Reales en Sipán (departamento de Lambayeque) se inauguró hace 17 años y evoca la arquitectura de las pirámides mochicas. Por desgracia no están permitidas las fotografías y, además, no tuvimos tiempo para visitar las excavaciones de la Huaca Rajada-Sipán.

Huaca Rajada. Sipán. Lambayeque.
Es ahí donde más recientemente se inauguró el Museo del Sitio de Sipán, que tiene la ventaja de estar situado junto al conjunto Arqueológico de Huaca Rajada en donde se realizaron los hallazgos de las tumbas reales y se siguen produciendo otros.

Museo del sitio. Sipán
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Al anochecer llegamos a Trujillo

Catedral de Trujillo. Foto R.Puig
para alojarnos en un hotel de la animada Plaza de Armas.

Trujillo. Plaza de Armas. Foto R.Puig
Salimos por el centro en busca de un restaurante frecuentado por la población local

Trujillo. La noche. Foto R.Puig
En el camino, el guarda del Palacio Iturregui, fuera ya del horario de visitas, nos deja franquear la entrada para admirar su soberbio patio neoclásico.

Patio del Palacio Iturregui. Trujillo. Foto R.Puig
De vuelta a la Plaza de Armas el tráfico ha amainado. Hay que retirarse a recobrar fuerzas para el resto de nuestra Ruta Moche, que incluyó la Huaca de la Luna, la ciudad chimú de Chan-Chan, Huanchaco y la Huaca de la Dama de Cao en el complejo de El Brujo, visitas que contaremos en próximas crónicas.

Trujillo. Complejos arqueológicos. Hojas de ruta del Perú, Wust Ediciones. Lima 2015
La noche del 14 de febrero nos brindó un merecido descanso.

Trujillo. Fachadas de la Plaza de Armas. Foto R.Puig
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El próximo abordaremos los dos últimos días del programa de nuestra ruta en el departamento de la Libertad, en el Perú, el pasado mes de febrero.
Hoy, 28 de abril, lo que nos tiene en vilo son los programas que pretenden marcar la vida de los españoles durante los próximos años.
Notre-Dame de Europa

Notre-Dame en llamas. Fuente: La Voix du Nord
Paris, Francia y Notre-Dame han dejado huellas en la memoria de nuestros años jóvenes y en otras etapas de nuestras vidas. Es parte del corazón de Europa y de su historia, que no entiendo sin la lengua, el arte y la literatura francesas. Notre-Dame-de-Paris pertenece a lo mejor del tesón de los europeos y a la cultura cristiana y humanista de nuestro continente, es símbolo de la la reinvención permanente de la misma.
Cuando al atardecer del día 15 de abril nos llegaban las imágenes de las llamas devorando Notre-Dame de París, pensamos que este símbolo de nuestra historia europea iba a derrumbarse. Y sentí que esta catástrofe me dolía también a título individual. Con el paso de las horas supe que había muchos como yo, entre mis amigos y entre quienes se agrupaban en París, atónitos, apesadumbrados o arrodillados y en plegaria.

Imagen de La Voix du Nord
Un buen amigo que vive desde hace muchos años en Francia, economista y profesor en una universidad de París, escritor y artista autodidacta, no quiso acudir a las cercanías del incendio y prefirió, después de la caída de la aguja, plasmar de memoria su imagen interior de Notre-Dame.
Me comenta que es una Notre-Dame de ficción, como lo son -me dice- los recuerdos de nuestras vidas y nuestros sueños rotos; que la nueva aguja de su lienzo es más grande y luminosa, como exorcizando la fatalidad, como retando al destino. Por eso, también los arbotantes son más rectos e inclinados, como si arrimasen el hombro, como si guardasen la memoria de les bâtisseurs de cathédrales.

Juan Calaza. ¡Qué llueva luz!
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Al día siguiente, descubrimos con alivio que la estructura de piedra seguía en pie, aunque el tejado y la admirable carpintería medieval que lo sustentaba se habían consumido y la aguja de madera y plomo del siglo XIX se había desplomado en llamas. La catedral sigue entre nosotros y será restaurada, las campanas de Quasimodo volverán a repicar.
Ha sobrevivido la esperanza y Notre-Dame seguirá acompañando la historia de Europa y de París, la Ciudad, cuya preeminencia cantó Charles Peguy :
Sept villes se vantaient d’avoir cerné la Ville :
Auteuil voulait en faire un jardin potager ;
Grenelle en voulait faire un énorme verger ;
Bercy des entrepôts, Montmartre, un vaudeville.
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Passy faillit en faire un immeuble servile,
Un caravansérail pour le noble étranger ;
Vaugirard, la Villette à ce peuple léger
Faisaient des abattoirs pour sa guerre civile.
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Mais la dame a mangé les sept petites sœurs,
Elle a mis pour toujours la liberté de l’âme,
Et tous ces fourniments et tous ces fournisseurs,
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Le négoce, l’amour, et la cendre, et la flamme,
Et tous ces boniments, et tous ces bonisseurs,
Et les gouvernements gendres et successeurs,
Sous le commandement des tours de Notre-Dame.
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Vendredi, 20 septembre 1912
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París
Siete ciudades pretendían dominar la Ciudad:
Auteuil quería convertirla en huerto;
Grenelle quería hacer de ella un enorme vergel;
Bercy, un almacén de vinos, Montmartre, un vodevil;
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Passy casi la hizo una mansión servil,
Un albergue serrallo para el noble extranjero,
Vaugirard, la Villette a este pueblo frugal
Le construían mataderos para su guerra civil.
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Mas la señora ha absorbido a las siete hermanitas,
Ha puesto para siempre la libertad del alma,
A todas esas intendencias y a todos sus intendentes,
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Al negocio, al amor, y la ceniza, y la llama,
Y a todas esas palabrerías, a todos sus palabreros,
Y a los gobiernos nepotes y a sus sucesores
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Bajo el mando de las torres de Notre-Dame.
20 de setiembre de 1912
Charles Peguy, “Les sept contre París”, La Grande Revue, 7 de marzo de 1913, y Oeuvres Poétiques complètes, NRF, Bibliothèque de la Pléiade, París 1967, pag. 883. (La traducción es mía)
No en vano Peguy fue el poeta del Misterio de la Segunda Virtud.

Virxilio Blanco. Notre-Dame-de-Paris. hacia 1930.


















