Por las playas de la Marina Alta, donde la pesca de caña y sedal convive con la especulación de plomada y cemento
Dedicado a Rafael Chirbes, escritor y vecino de esta comarca de la Marina Alta, autor de la novela “Crematorio”, en cuyas páginas el parecido con la realidad no es pura coincidencia.
¿Será una lubina?
Los pescadores de caña, ellos y ellas, son parte del paisaje de la Almadraba, la playa familiar de Els Poblets y El Verger, y también de la de Deveses y de otras adyacentes.
He pasado innumerables veces cerca de muchos pacientes vecinos, apostados en la orilla con una o varias cañas de pescar, pero nunca he presenciado una captura. Parece como si lo importante no fuese, como en el atletismo de antaño, ganar sino participar; en este caso contemplar, disfrutar del momento, de la espera, del sonido del mar, del olor del salitre y de la caricia de la brisa.
O, simplemente, ver pasar las nubes.
Ahí están, de mañanita o al atardecer, en familia o en solitario, como parte de un rito comunitario o de una pasión individual y cuando se hace de noche los extremos de las cañas brillan como luciérnagas.
Pasan horas y horas junto a estas aguas donde amarraban sus naves los clientes del alfar romano del siglo II d.C. a menos de cien metros de la orilla. Por cierto, que, tras años de abandono, están restaurando el sitio arqueológico y poniéndolo a punto para que se pueda visitar este verano.
Ellos y ellas, los pescadores de La Almadraba son parte del paisaje, enfrascados en sus especulaciones: ¿habrán picado o será que el sedal se ha enredado en una roca de la escollera?
El Club de Pesca de El Verger celebra hoy desde la madrugada una competición entre sus miembros, desparramados por la orilla. Cada vez que uno captura algo toca la corneta. Acabo de escucharla hace pocos minutos.
Las gentes de los pueblos aledaños a estas playas seguirán viniendo a pescar lo que se pueda y a verse con sus vecinos frente al mar. A poca distancia, los espíritus de los muertos de una necrópolis romana, sepultados bajo los cimientos de una urbanización, pugnan por salir a tomar el fresco. Bajo las aguas de estas orillas duermen los pecios de aquellos tiempos remotos y se oxidan las anclas de las naves romanas que terminaron bruscamente su periplo frente a la desembocadura del que hoy se llama rio Girona.
Ya que, aquí, el Mediterráneo también puede ser muy irascible. La foto la tomé hace dos o tres años, en un invierno muy crudo. Al fondo, se puede apreciar la nieve sobre las cumbres de La Safor.
Otras especulaciones de estas orillas
Hay quien trata de pescar otras cosas, por ejemplo plusvalías.
Se compran viejas casas o chalets, se procede a su demolición y se consigue permiso para edificar a cuatro o cinco alturas, o con un volumen invasivo y obstructivo.
Ni siquiera la crisis del ladrillo ha parado el ímpetu demoledor, aunque en algunos terrenos, de los que se han borrado las antiguas casas, ahora reinan las ranas en los verdosos estanques que antes fueron piscinas.
Algún constructor ha logrado concluir a duras penas y ahora sufre para vender los apartamentos en primera línea de la playa de Deveses.
Claro que, como aquí lo que vale es ver el mar mientras bebes un gin-tonic, a los habitantes del patio trasero, que llevaban ya varias décadas en sus casas, se les regala la vista de las espaldas del flamante complejo, una especie de bunker.
Para los de la «segunda fila» una barrera de cemento se sustituye al mar, como una nueva frontera marítimo-terrestre.
Ni siquiera se ha intentado que la fortificación se abra con un rostro más amigable hacia la visión del Segaria y de las palmeras.
Los pescadores que nunca fallan
Pero dejemos el ladrillo y la plomada y volvamos a la pesca.
Mis vecinos puede que pesquen algo cuando yo no paso por ahí. Un amigo me ha asegurado que él les ha visto llenar de peces sus cubos.
En mi caso, de lo que sí soy testigo es de que hay quien no se va con el buche vacío. Me refiero a nuestros visitantes con plumas…
Los cormoranes no necesitan caña de pescar. Normalmente trabajan en escuadrilla peinando la ensenada de un lado a otro. Aquí los vemos en un momento de reposo sobre el extremo de la escollera norte de la playa de la Almadraba.
Tampoco la garza que de vez en cuando se da un garbeo por nuestra playa frente a la desembocadura del río Girona.
De adolescente, yo y un compañero del colegio íbamos en busca del jefe de la clac en algún bar cerca del teatro, a menudo el teatro María Guerrero, para satisfacer nuestra pasión por la dramaturgia, pero sin pagar. Aplaudíamos cuando el jefe arrancaba con los aplausos. El soborno era la entrada gratis a una obra de Buero Vallejo, por ejemplo. No traicionábamos nada, pues siempre había buenos motivos para aplaudir.
Luego la vida te aleja de tu ciudad. Bastantes años más tarde, de nuevo en Madrid, no puedo olvidar una representación histórica, la de “La señorita Julia” de August Strindberg, en el Teatro Español, en idioma original, representada por la compañía del Dramaten de Estocolmo, dirigida por Ingmar Bergman.

Del folleto de La señorita Julia en el Teatro Español Feb.Marzo.1986. Marie Göranzon y Peter Stormare como Jean y Julie
En 1986 estaba empezando a aprender sueco y me preparé concienzudamente con el texto original y la versión española, en la traducción de Francisco J.Uriz (Alianza 1982). Todavía recuerdo la inmensa interpretación de Peter Stormare en el papel de Jean, Marie Göranzon como Julie y Gerthi Kulle como Kristin, en el único espacio de aquella cocina.
Yo no aplaudía ya como uno de la clac. Estaba descubriendo a Strindberg en la soberbia y fiel versión del autor de “Persona”.
August Strindberg (Estocolmo 1849-1912) cambió el teatro. Lo que en su tiempo era una audaz revolución en la definición y psicología de sus personajes, complejos como la vida misma, en la construcción escenográfica y el atrezzo, en el realismo de los diálogos (y de los monólogos), en la dirección de actores, el empleo de la música y el baile, es hoy moneda corriente y a nadie le extraña. Entonces tenían el toque del pionero y del genio.
Yo no soy quien para añadir nada que no esté ya disponible para los lectores interesados. A lo largo de estos últimos meses, el aniversario de su muerte está produciendo en Suecia, artículos, exposiciones (por ejemplo la de Strindberg como excelente fotógrafo) y una serie estupenda en TV, en la que destacados actores dan vida a su accidentada biografía, sueca y europea, a su apasionada, compleja y abrupta relación con las mujeres (se casó y divorció tres veces)
En su propio prólogo a la Señorita Julia (1888) escribió :
…yo no creo en caracteres teatrales simples, de una pieza. Y luego esos juicios sumarios de los autores sobre sus personajes: ése es estúpido, ése es brutal, ése celoso, ése tacaño. Eso sí que debería ser impugnado por los científicos que conocen la riqueza y complejidad del alma humana y saben que el “vicio” tiene un reverso que se parece muchísimo a la virtud.
Traducción de Francisco J.Uriz (August Strindberg, Teatro escogido, Madrid, Alianza Tres, 1982)
Strindberg fue también un activista de la lucha por la emancipación de la clase obrera con sus artículos en los periódicos, en los que acuñó los términos de “underclass” y “overclass” y se definió como socialista, ya desde los años 80 del siglo XIX.
Cuando murió, 60.000 personas siguieron el cortejo fúnebre para aclamarle
Escrituras
…un recorte caprichoso de lenguaje sobre el cielo, al modo de las nubes cuando entreveran sus volutas con los árboles…
…une fantasque/Découpe du langage sur le ciel,/ Ainsi nuées et arbres quand ils mêlent/Leur fumées…
Yves Bonnefoy, La voix lointaine, Les planches courbes, Poésie/Gallimard, 2001

Algún día todos nuestros escritos serán tenues como líquenes y nuestras creaciones se habrán fundido con la piedra.
Haber pasado tanto tiempo realizando los mismos gestos y tachando las mismas palabras sin agotar su sentido me ha enseñando a no esperar del lenguaje más que confesiones sin importancia. En él no busco ya, como antes, mi corazón o el sentido último de la vida, aunque ahora espero sin impaciencia que me conceda un poco de claridad. La suavidad de un atardecer estivo inunda a veces mi cuarto cuando escribo. Me envuelve con otro cuerpo, más ligero, más luminoso, como si yo penetrase furtivamente en el misterio de mi propia substancia tal como yo la imagino, liberada del agobiante peso de la carne, apenas algunos segundos después de morir. Nada me es más precioso que este tiempo de asueto y turbación que me concede lo que para nada le he pedido, como si la última vocación del lenguaje no fuese en definitiva más que la de poner en hora el íntimo reloj de quien ya nada sabe de su propia vida.
Cuando levanto los ojos de la página en blanco, observo a veces la ventana. Su marco rectangular encierra una imagen pintada que no representa nada real, sino sólo formas, volúmenes, líneas, contrastes o armonías de colores que no puedo interpretar: una obtusa réplica a estas páginas, a su esfuerzo, a su grandilocuencia y su vanidad.
Yo no sé, no comprendo. Todo lo que me es precioso sigue siendo un enigma.
Jean-Michel Maulpoix. Du lyrisme. Paris, Ed.José Corti, 2000, pp. 431-432.
(las traducciones y los pies de foto son del autor del blog)
De la mar el mero…
“De la mar el mero y de la tierra el cordero” es lo mismo que decir “al pan, pan, y al vino, vino”. Del borrego del museo Pío Clementino pasamos hoy al pescado en Gotemburgo.
Así que he pensado que este refrán viene al pelo para encabezar la edición de hoy. ¡Del arte romano al arte piscatorio y culinario!
Como en España, en Suecia el pescado se consume en abundancia. Todas las ciudades y pueblos que se asoman al mar de su costa oeste han practicado la pesca desde siempre. Al otro lado de la ría y frente al barrio donde tengo mi estudio, nada más dar unos pasos, diviso la enorme lonja de pescado de Gotemburgo, donde de madrugada se trajinan las descargas de las flotillas nórdicas y se celebran las vertiginosas subastas de las que se abastecen las pescaderías de la región.
Homenaje a los que viven del pescado
En Gotemburgo hay un monumento a los pescadores y a los pescaderos que reciben las capturas de aquellos para ponerlas a la venta. En total cinco figuras de bronce del escultor Svenrobert Lundquist que brillan en la plaza del pescado (Fisktorget), frente a la “iglesia del pescado” (Feskekôrka en sueco dialectal), el mercado de pescado más antiguo de la ciudad.
En el siglo XIX los pesqueros amarraban delante de la Feskekôrka para descargar su pescado directamente del mar al consumidor, como atestiguan las viejas fotos publicadas en la página web del ayuntamiento de la ciudad
Este templo del pescado siempre se ha dedicado al culto ictiológico. Aquí se vende el pescado más fresco de la ciudad, y en sus dos pequeños restaurantes con aire de tabernas, dentro del mismo recinto, se sirven platos sabrosos a precios asequibles, cocinados con lo que los mostradores de los puestos de este mercado deparan.
Bajo la bóveda de esta “iglesia” se presentan, con pulcritud y orden, los coloridos productos de los mares escandinavos. Hay quien viene sólo para mirar, hacer unas fotos y tomarse una reconfortante sopa de pescado
De la mar el rape
Muchos estudiantes en Suecia, terminada la enseñanza secundaria, se toman uno o dos años para vivir una experiencia de trabajo real, para hacerse unos ahorros y reflexionar antes de decidir sobre su futura línea de estudios. El menor de mis hijos, que trabaja en una pescadería, se está convirtiendo en un experto en la materia y en un avezado madrugador que incluso ha pujado ya en la lonja del pescado.
Así se ve en una fría tarde de invierno la pescadería donde él y sus compañeros de trabajo, bien abrigados, despachan pescado muy fresco.
Así se prepara un pedido de “marulk” (rape) destinado a nuestra mesa.
Y así se presenta el rape una vez procesado por el voluble bloguero que les cuenta estas cosas.
De vez en cuando, además de dibujar, pintar o escribir, mi cerebro y mis manos encuentran placer en cocinar y, claro está, en compartir en casa los resultados de mis creaciones.
Anatomía animal y restauración escultórica: noticias del borrego que perdió la cabeza.
Dedico esta entrada a los profesores Marco Bussagli, Carlo Gasparri y Cinzia Nardini, así como a la Sra. Maria Serlupi de los Museos Vaticanos, sin los cuales esta investigación no hubiera sido posible.
El 7 de marzo del año pasado explicaba yo algunos elementos de la historia de la escultura del Vervex Aethiopicus de la Sala de los Animales del Museo Pío Clementino del Vaticano, que estaba dibujando como parte de mis estudios de anatomía artística con los profesores Marco Bussagli y Cinzia Nardini en la Accademia di Belle Arti de Roma
https://ensondeluz.com/2011/03/07/dibujame-un-borrego%E2%80%A6-anatomia-animal-en-el-vaticano/
Hoy puedo explicar el resultado de mis pesquisas.
El catálogo del Museo Pio Clementino y el supuesto enciclopedismo pontificio
El “Vervex Aethiopicus” aparece descrito por Giandomenico Spinola en los catálogos del museo, del que es conservador, como una obra adquirida bajo el papado de Pio VI (1775-1799)
Se trata de un borrego de Etiopía (ovis steatopygia), un bovino que vive en las mesetas de aquella región de Africa Oriental
A pesar de que la escultura se compone de elementos diversos, su elaboración es uniforme y nada parece poderla adscribir a la edad romana. La inscripción (que especifica la raza ovina) se refiere a la tabla 58 del libro del naturalista polaco de origen escocés John Johnston (1603-1675)…
Efectivamente la hermosa escultura –datable entre la segunda mitad del 600 e inicios del 700- ha tomado escrupulosamente como modelo la tabla de Johnston, hasta en los menores detalles, incluyendo después diligentemente la “bibliografía”: se certifica así claramente el culto deseo de crear, con animales conocidos o menos, un museo zoológico marmóreo
También se habla de los cultos deseos pontificios en la introducción a la Sala de los Animales, inscrita en el cartel que los visitantes encuentran al llegar:
La particularisima colección de esculturas, que une a su valor artístico el naturalista, quería manifestar la sensibilidad del Estado Pontificio ante las nuevas instancias culturales, maduradas con el Iluminismo y vinculadas a la Enciclopedia de Diderot y D’Alembert (1751-1772)
Nos están diciendo que Clemente XIV, que fue papa entre 1769 y 1774 y creó el museo Pio Clementino, tenía una gran sensibilidad iluminista y enciclopedista; lo que no casa muy bien con la realidad histórica, pues aquel papa demostró su “sensibilidad” hacia las corrientes de la Ilustración excomulgando a D’Alembert, Diderot, J.J.Rousseau, Helvetius, Marmontel, Voltaire y D’Holbach.
De hecho la Enciclopedia fue perseguida por la Iglesia Católica desde sus principios y había sido ya condenada por el anterior pontífice Clemente XIII.
En realidad, sería más correcto que el museo no adornase a los pontífices con plumas ajenas. Además, la tradición naturalista italiana es más antigua que la de los enciclopedistas franceses, pues data de la Italia de los siglos XVI y XVII. En la corte de Francisco I Medici en Florencia se producían ya magníficas láminas de fauna y flora para ilustrar los textos de botánica y zoología, en particular los de Ulises Aldrovandi. En estos menesteres destacó entre otros el pintor Jacopo Ligozzi (1547-1626) que reproducía escrupulosamente a la acuarela plantas, flores, pájaros, peces, reptiles y crustáceos. Sus obras se conservan en gran parte en Florencia, en los Uffizi.
A la búsqueda del origen de la escultura del borrego
En respuesta a mi consulta por correo electrónico en febrero del 2011, el conservador de la Sala de los Animales corroboraba su ficha del catálogo y añadía que en torno a 1795 parece que Franzoni, escultor y restaurador romano, le puso una nueva cabeza al cuerpo del borrego que, procedente de la Villa Medici de Roma, había sido adquirido por el museo.
Pero entonces ¿adónde fue a parar la cabeza original?
Tirando de otros hilos me encontré con una versión completamente opuesta a la del conservador del museo.
No era la ilustración de John Johnston o Johnstonus la que había inspirado la escultura de este borrego, sino todo lo contrario: la escultura era antigua. En realidad, Ulises Aldrovandi hacia 1621, Antonio Tempesta antes de 1630 y Johannes Jonstonus antes de 1650 la habían tomado como modelo cuando aún poseía su cabeza original de un mármol azul casi negro, color “bigio morato”.
Un texto raro, publicado en 1792 por un estudioso al servicio de la corte florentina de los Medici, el erudito Adamo Fabbroni, me puso sobre la pista. Este investigador afirmaba haber encontrado en la llamada por entonces “Reale Galleria d’Antichità e Belle Arti” de Florencia (semilla de la actual Galleria de los Ufizzi) la cabeza “negruzca” del Vervex sin ninguna indicación de autor.
Fabbroni había mostrado la cabeza de Florencia a un filósofo de nombre Thomson y al pintor Jacopo More, quienes habían observado en Roma la escultura del borrego en cuestión. Le confirmaban que la escultura “colocada recientemente en el Museo Pio Clementino” tenía el cuerpo antiguo, pero que la cabeza era nueva, “copiada por un restaurador probablementede de la figura de Ionston”. Concluían que la cabeza antigua era, por medidas y características, la que Fabbroni había encontrado en Florencia.
Luego Fabbroni insiste en el origen muy antiguo de la obra y explica con abundantes ejemplos que esa raza de borregos, de cuerpo blanco y cabeza negra, era venerada en varias culturas de la Antigüedad.
Mi búsqueda de los grabados de los tres ilustradores que habían copiado esa escultura cuando aún no había sido privada de su cabeza original, me condujo en la Biblioteca Vaticana y Alejandrina (Universidad de La Sapienza) a las ilustraciones de Aldrovandi (edición de 1621) y en la misma Vaticana a las de Jonstonus (edición de 1657). En la librería anticuaria Ex Libris de Roma hallé una lámina de Antonio Tempesta (edición de 1650) ilustrando el mismo motivo (por ese orden aparecen sobre estos párrafos)
Cuando Aldrovandi copió la escultura, esta tenía las orejas incólumes (o al menos las reconstruyó con su forma ovina tradicional), no así cuando los otros dos grafistas que le sucedieron en el tiempo la reprodujeron. Por entonces la escultura del borrego, que con Francisco de Medici estuvoenla Loggia de la Villa Medici, había sido colocada al aire libre en sus jardines y acabó con las orejas rotas. El Tempesta y Jonstonus las dibujaron con esa extraña forma tubular que después copiaría el restaurador del siglo XVIII para la versión que se exhibe en el museo Pío Clementino.
Fijación de la edad de la escultura
La lectura del texto de Fabbroni me animó a seguir mis pesquisas en los archivos de la Villa Medici (hoy Academia de Francia en Roma), donde la Sra. Alessandra Gariazzo me prestó una ayuda inestimable, facilitándome las publicaciones y la dirección del Profesor Carlo Gasparri de la Universidad de Nápoles, quien con el Profesor Alessandro Cecchi, había seguido la pista e inventariado la colección de pinturas y esculturas del cardenal Ferdinando I Medici, que fueron enviadas en 1788 a Florencia, según documentan estos autores en el volumen 4 de la obra “La Villa Medici” bajo la dirección de André Chastel.
En la ficha 126 (1048) de las páginas consagradas a la Loggia de Villa Medici, el Profesor Gasparri describe la escultura del “montone di Barberia”, más tarde “ariete”, y explica como desde 1740 ya sólo se cataloga la famosa cabeza oscura, que viajó a Florencia, privada del cuerpo que se quedó en Roma. En 1999 el mismo profesor ya había escrito que la escultura era romana, de la misma época que las esculturas de carácter zoológico de la Villa del emperador Adriano en Tivoli.
Las imágenes de la cabeza original perdida
Estas son las imágenes.
En primer lugar de la cabeza del “Vervex Aethiopicus” u “Ovis Steatopygia” (dicho de forma poco elegante la “oveja de culo graso”), que, lejos de su cuerpo,está hoy en los almacenes de la Galleria de los Uffizi en Florencia, y de las cabezas de los tres ilustradores encontrados.
La cabeza del grabado del Vervex Aethiopicus que Ulisses Aldrovandi debió producir antes de 1620
La dibujada por Antonio Tempesta, antes al menos de su muerte en 1630
Y, finalmente la de Johannes Jonstonus, antes de 1650.
La raza de “Ovis Aethiopica”hoy en día
El conservador del Museo Pio Clementino comentó mi búsqueda de información sobre la escultura del Vervex Aethiopicus, diciendo que si yo tenía tiempo podía irme de viaje a las mesetas de Etiopía a verificar si el borrego en cuestión sigue existiendo, pues él no tenía tiempo de hacerlo (sic).
Tal viaje no ha sido necesario pues la Sra. Alessandra Gariazzo, durante la amable entrevista que me concedió en su despacho de la Academia de Francia en la Villa Medici, localizó a los probables descendientes del borrego vaticano en su versión antigua, con su cabeza oscura sobre un cuerpo claro, del que afirma Jonstonus en su tratado que no tienen lana sino más bien una “pilosidad hirsuta parecida a la del camello como refieren Diodoro Sículo, Aelianus, Estrabón y Johannes Boemus”
Mirad pues lo que se dice de la oveja “Blackhead Persian” en una excelente sitio italiano de Instrucción agraria (http://www.agraria.org/ovini/blackhead-persian.htm).
La foto es de John McCullough de Cambridge, United Kingdom.
Origen: Somalia. Utilidad: carne.
Existen algunas razas carentes de lana y cubiertas de pelo, difundidas principalmente en las regiones tropicales y criadas sobre todo por la calidad de su carne. Entre las razas de este tipo está la Barbado de vientre negro, la Blackhead Persian y la Pelibuey. La raza Blackhead Persian es originaria de las regiones áridas del África oriental que hoy pertenecen a Somalia. Se encuentra actualmente en Sudáfrica, Brasil (donde se la denomina Somalis Brasileira, Brazilian Somali o Somali Blackhead) y en el área caribeña.
…/…
Presenta un cuerpo blanco y la cabeza y el cuello negro, en una neta distinción. Patas cortas y conformación compacta
Comparadla con el Vervex del Museo Pio Clementino.
Si le restituimos su cabeza oscura original nos encontraremos ante un ejemplar de larguísima transmisión genética.
CONCLUSIÓN
Estas cosas ya las sabían y las habían publicado algunos profesores de historia del arte, como el profesor Carlo Gasparri.
Mi aportación es bastante modesta y se reduce a tres puntos:
– el hallazgo del artículo de Adamo Fabbroni que demuestra que ya a fines del siglo XVIII se conocía el origen antiguo de la escultura del Vervex Aethiopicus y la ubicación de la cabeza original, que fue sustituida por otra esculpida por un restaurador inspirándose en los grabados de naturalistas del siglo XVII que habían conocido la escultura en su estado original;
– la existencia de un grabado de Antonio Tempesta representando en su estado original al Vervex Aethiopicus (aunque dando una forma tubular a sus orejas rotas), grabado posterior al de Aldrovandi y anterior al de Jonstonus;
– la necesidad de revisar la información general que se ofrece al visitante de la Sala de los Animales para ajustarla a la verdad histórica, así como de introducir la modificaciones pertinentes en la ficha del Vervex Aethiopicus en el catálogo del Museo Pío Clementino, cuando se ponga al día el que publicó la Editorial Erma di Bretschneider en 1996, hoy agotado.
ADDENDA
Otras imágenes y esculturas de la fauna representada en los grabados del siglo XVII y en el Museo Pío Clementino
Rinocerontes de Aldrovandi y Jonstonus, copias del rinoceronte que Durero dibujó y grabó más de un siglo antes
Cabras de Aldrovandi
y cabras del Museo Pío Clementino
BIBLIOGRAFIA
[ALDROVANDI 1621] Aldrovandi, Ulisse (1522-1605?), Quadrupedum omnium bisculorum historia Io. Cornelius Uterverius colligere incaepit … Hieronymus Tamburini in lucem edidit … Bononiae, apud Sebastianum Bonhomium, 1621, 1040 p. tav. Color. 36 cm.
[FABBRONI 1792] Adamo Fabbroni, Dell’ariete gutturato, ossia di una singularissima Testa di Quadrupede che si conserva sculta in marmo nero nella Reale Galleria d’Antichità e Belle Arti di Firenze. Idee di Adamo Fabbroni, alla Imperiale Accademia dei Curiosi della Natura, Firenze, per Gaetano Cambiagi, Stamperia Granducale, 1792. Esemplare alla Bayerische Staatsbibliothek München
[GASPARRI 1999] Carlo Gasparri, Villa Medici, il sogno d’un cardinale.Collezioni e artista di Ferdinando di Medici, Roma, a cura di Michel Hochmann, Accademia di Francia, Edizioni di Luca, 1999, Scheda ed illustrazione nº 30 “Testa di pecora in marmo bigio” da Carlo Gasparri.
[GASPARRI 2009] Alessandro Cechi e Carlo Gasparri,La Villa Médicis, sotto la direzione di André Chastel, Vol.4, Le collezioni del cardinale Ferdinando. I dipinti e le sculture, Accadémie de France à Rome, Roma 2009, Scheda 125 (1048), pag.126 (Loggia)
[JONSTONUS 1650] Jonstonus, Iohannes (1603-1675), Historiae natvralis de quadrupetibvs [!]libri cum aeneis figuris Johannes Jonstonvs med: doctor concinnavit. Francofvrti ad Moenum, impensis haeredum Math. Meriani, 1650. 231, [5] p. lxxx tav. 34 cm. Front. inc. firmato: M. Merian Junior inventor. Frontoni; iniziali.
[JONSTONUS 1657] Jonstonus, Iohannes (1603-1675), Historiae naturalis de quadrupetibvs [!] libri cum aeneis figuris, Johannes Jonstonus… concinnavit,Amstelodami, apud Ioannem Iacobi fil. Schipper, 1657, 2 v. tav. 39cm
[SPINOLA 1996] Spinola, Giandomenico. Il Museo Pio Clementino, vol.1, Ed. Erma di Bretschneider, 1996 pp. 181-182
[TEMPESTA 1650] Tempesta, Antonio (1555-1630), Nova raccolta de li Animali piu curiosi del Mondo disegnati et intagliati da Antonio Tempesta e dati in luce per Gio Giacomo Rossi in Roma alla Pace cum Privil S.P. 1650
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El texto de esta entrada es un resumen de mi trabajo inédito:
Ramón Puig de la Bellacasa, Ricerca sulle fonti concernenti la scultura Vervex Aethiopicus della Sala degli Animali del Museo Pio Clementino, Giugno 2011, Saggio documentale per il corso di Anatomia Artistica III, dei professori M.Bussagli e C.Nardini alla Accademia di Belle Arti di Roma, 2010-2011
“Recicletas”… y un cuentecillo
Si un cosa fabricada hay que se acopla a nosotros como un organismo complementario y que se articula con nuestro esqueleto en una sincronía dinámica, esa es la bicicleta.
Por eso el otro día, a mi reacción de curiosidad, después de una conversación-encuesta (tengo algo de detective) con los operarios de la limpieza de los canales de Gotemburgo, siguió la emoción pensativa.
Habría que añadir que ese mismo día, no lejos de allí, habían encontrado bajo el agua, frente a la escuela de ingeniería, los restos de quien parece ser un joven padre de familia que desapareció hace algunos meses.
Pero en aquel momento yo no lo sabía. Así que mis reflexiones se concentraban en los esqueletos de esas bicicletas que ya no serán para el verano. Ni siquiera tendrán derecho a unas humildes exequias. Esos organismos que por un tiempo se unieron íntimamente a la entrepierna de hombres y mujeres están condenados al reciclaje.
Ahora sólo son “recicletas”.
Pero ¿no creéis que tendrían derecho a una investigación policial?
Arrojar una bicicleta al canal no es un acto neutro, es un asesinato. Y si lo comete la persona propietaria es un parricidio. ¿Me diréis que exagero? Pues no, sólo de pensar en la pequeña ORBEA, de color rojo, que, allá por los años 50, compró mi padre para el uso de cinco hermanos (eran tiempos de carestía), siento pena por estos velocípedos que algunos desalmados condenaron a la oxidación subacuática.
Una bicicleta llega a ser como un exoesqueleto íntimo, como alguien de la familia.Para algunos confesores del nacionalcatolicismo español eran instrumentos del pecado de ellas, cuando las montaban las chicas, o de ellos, cuando los chicos sentaban a las chavalas en la barra o en el manillar. Algunos curas desaconsejaban a las mujeres el uso de estos objetos libidinosos que no sólo amenazaban su virginidad sino que estimulaban los deseos impuros.
Y ahora mi cuentecillo *
En un pueblo mesetario de cuyo nombre no podría acordarme vivía y pedaleaba la chica más hermosa del lugar. Cuando atravesaba los campos y las calles del pueblo en su bicicleta su melena al viento tenía el color de las hojas de las viñas en otoño. Sus ojos eran del color del trébol nuevo. Las beatas del lugar se hacían cruces.
Su novio era el joven más casamentero de la localidad. Su pelo era como la antracita, sus ojos como el ámbar y su tez broncínea. Pero era más celoso que las compuertas de un embalse en tiempo de sequía.
Un día la bicicleta de su novia desapareció. La chica tuvo tal depresión que acabó casándose con el celoso galán, previa confesión y comunión con Don Zenón, el cura de la parroquia lugareña.
Tuvieron varios niños. Cuando alcanzaron la edad de pedalear, los Reyes Magos les trajeron bicicletas. Tuvieron varias niñas. A ellas les trajeron patines.
La pareja ya es hoy muy vieja. Sus hijos están en el paro en Madrid y Barcelona. Sus nietos se han ido a Alemania. ¿Y el pantano? ¡Ay!, ese ha comenzado a secarse y de sus lodos han salido fósiles de árboles, el cráneo de una vaca, viejas lavadoras oxidadas, la carrocería de un dos caballos…
Acurrucada junto a los restos de un tractor, el otro día, afloró una bicicleta de mujer. Los vecinos han dicho que parece el esqueleto de una asesinada.
(*) Nota bene: lo llamo cuentecillo, porque si lo titulo “microrrelato” los especialistas me pueden regañar.
LUGER
En el duermevela se tienen algunos sueños. Parece que se catalizan noticias, lecturas, películas que se han visto recientemente. Es algo así como el lugar de la memoria reciente. Algunos son pesadillas.
En los últimos tiempos son frecuentes en España las noticias sobre la apertura de fosas comunes a cargo de asociaciones de la memoria o de los familiares de los asesinados a manos del mal llamado “bando nacional”.
Los vencedores de la guerra civil pudieron localizar, manifestar su duelo y honrar a sus caídos, o, por lo menos, buscar sin trabas a sus desaparecidos y asesinados. No fue esta la suerte de quienes, del lado de los que perdieron, cayeron en defensa de la legalidad o fueron asesinados por sus propios convecinos o por milicias fascistas, bajo pretextos políticos.
¡Es tarde, tan tarde, pero es inmensamente justo que los que tuvieron que esconder durante décadas sus recuerdos lacerantes, sin poder honrar a los suyos, lo puedan hacer, lo estén haciendo, a pesar de tantas barreras! Al menos los que aún, ya ancianos, sobreviven.
Puede que la lectura repetida de estas noticias, que apelan a nuestra sensibilidad y a nuestro sentido moral, sea la razón de un semisueño que tuve hace unos días y que reproduzco aquí. El pueblo de mi pesadilla era impreciso, uno de tantos pueblos ordinarios bajo los cielos y por los páramos de España. En este breve relato, a ese lugar lo llamo Incierta
Telediario del domingo por la noche
El juez territorial de Incierta se ha suicidado en su despacho con una vieja pistola LUGER. Se le ha encontrado con la cabeza en el escritorio, apoyada sobre la petición presentada por familiares de asesinados en el pueblo tras el golpe militar del 18 de julio del 36, cuyos restos están siendo exhumados en una fosa de esta localidad. En ese suplicatorio solicitan el levantamiento judicial de los cadáveres de sus muertos.
Telediario del miércoles a mediodía
El sustituto del juez territorial de Incierta, quien, como ya habíamos informado se suicidó el domingo, ha asumido la instrucción del caso de la fosa común del pueblo. El nuevo juez se ha personado en el lugar, respondiendo así a la solicitud de los familiares de los que estaban ahí enterrados.Su antecesor no había dado respuesta al suplicatorio. El juez sustituto ha requerido la intervención de los expertos de la Guardia Civil.
Telediario del martes por la noche.
El peritaje realizado por la Guardia Civil sobre los orificios de bala de cinco de los cráneos encontrados en la fosa común de Incierta ha determinado que fueron muy probablemente causados por la misma pistola LUGER que utilizó el juez territorial para suicidarse. Se ha averiguado que esa pistola había pertenecido a su padre.
De templo en templo
Desde estas tierras de la costa oeste de Suecia, hoy se me ocurren algunas consideraciones relacionadas con los cultos de la Semana Santa
Cuando yo era pequeño mi abuela nos llevaba, el Jueves Santo por la tarde o el Viernes Santo por la mañana, a visitar los siete monumentos por las iglesias de Madrid. Nos decía que Jesús estaba solito y lo estaba pasando mal, así que íbamos a hacerle compañía. Olía a velas encendidas y los templos estaban sumidos en una inquietante penumbra, excepto en la capilla del monumento presidida por una ostia en su custodia o un sagrario refulgente. Hoy en día en las Facultades de Bellas Artes, siguiendo la tradición del Arte Conceptual, a esto se le llamaría ir de instalaciones. Están adornados con flores, cirios y frutos. Tienen algo de catafalco, pero cuando son obra de monjas tienen un aire más primaveral o de teatrito de colegio.
En España los fieles salen a la calle, los museos de las catedrales sacan sus pasos de Semana Santa y los infieles, si el tiempo lo permite, se van a la playa o al campo. Supongo que se les llama “pasos” porque para cargarlos a hombros hay que ir pasito a paso. A los chavales de la Congregación Mariana del colegio nos sacaron un año de nazarenos con los capirotes en la cabeza, esos cucuruchos de penitente, que entonces eran de un cartón durísimo. Al cabo de una hora te torturaban las sienes. Éramos doloridos de capirote. Supongo que hoy, como hace años que se popularizó el plástico, los penitentes llevan algo más ligero en la cabeza.
En Suecia las parroquias organizan diversos actos litúrgicos y estupendos conciertos, pero dentro del templo, aunque este año el tiempo es buenísimo. Aquí los eclesiásticos no toman las calles. Tampoco ponen «monumentos» en las iglesias.
Lo que hacen, como cualquier fin de semana del año, es anunciarse en las páginas de Cultura y Entretenimiento del periódico.
Me gustan esos cuidados dibujos de las iglesias de cada barrio y de cada pueblo de los alrededores de Gotemburgo.
Por poner un ejemplo, la iglesia de Kärra tuvo ayer un almuerzo con música (lunchmusik). Mañana la parroquia ofrece un concierto polifónico con el “Stabat Mater” de Pergolesi en el programa. El sábado será la misa de Pascua, con el coro de de la capilla Strandroth, y el lunes, el conjunto de Gospels de Kärra y la soprano Karolin Funke darán un recital de estos sones afroamericanos.
Así que aquí no podemos irnos de “monumentos”, pero podremos irnos de conciertos.
Inclinado ante las flores
Al tibio sol de primavera
es cálido el lecho
de un muelle de tablas
para los cuerpos jóvenes.
Nadie puede inquietarles
si ya marzo
abrió pétalos
y la corriente fluye.
Nada la rosa teme
cuando huye el invierno
y sobre el aire sutil
se alzan altos los cielos.
Cuando abril ya se anuncia
camino cuidadoso
y, sin maltratar los brotes,
me inclino ante las flores.
La primavera incipiente permite ya que, al sol de la mañana, un viejo paseante se siente en un banco a leer su periódico. Entre el canal y el tráfico se extiende el manto de hierba y se alinean los árboles, aún desnudos, del parque que rodea el centro de Gotemburgo,
Han empezado a brotar los crocus y las « gulsippa », pero también brotan en mi cabeza ráfagas de imágenes e incipientes inquietudes. Las dejo caer sobre el papel, y lo que sólo eran gérmenes de pensamiento se hilvanan al hilo de las palabras
Parece que con el paso de los años las imágenes se almacenan innumerables y se nos presentan sin aviso previo. Cuando me agacho para observar unas flores, atraído por su mínima presencia y colorido, y al acercar el rostro hacia la hierba, pienso en otras causas que empujan a muchos a inclinarse a tierra. ¿Será que al hacernos ya viejos lo que sabemos del mundo y de la gente nos carga de improviso los hombros? El caso es que, por miles de millares, mujeres y hombres y niños se agachan hoy también y no es por ver las flores.
Casi a rastras, el cuerpo de muchos se agazapa para evitar disparos furtivos en barrios destruidos por la guerra, y en distantes países los pobres de la tierra han de doblarse para acarrear el agua desde fuentes lejanas por quebradas e inhóspitos secarrales. Oficios de miseria deforman los cuerpos aún no adolescentes y quiebran las espaldas en la basura, las minas, los desguaces, el barro ; y hay también los rostros de otros encorvados, los del sometimiento y las manos atadas en cuclillas frente al kalashnikov de algún liberador.
No sé por qué, pero hoy, así, sin que los haya visto llegar desde enormes distancias, me acompañan millones de lejanos deseos y este gesto simple de inclinarme a las flores se ha cargado de rostros sin voz.
¡Ojalá que mi modesta dicha pudiera volar lejos!





























































































