Viñedos de Renania y vendimia en Benitatxell
Dedicado a Pepa y Miquel
Cuando el verano estaba ya en trance de marcharse, pasábamos nosotros por las tierras del Mosela, en la ruta de Suecia a España. Difícil que yo pueda contar algo nuevo sobre esas tierras de viticultores. De modo que por hoy me limitaré a la impresión que me produjo el anfiteatro de la capital del Imperio Romano de Occidente, circundado de viñedos.
Las piedras milenarias de Tréveris y las viñas de sus ribazos
Aún no había comenzado la vendimia pero se presentía cercana.
La ciudad de Trier (Tréveris), la más antigua de Alemania, recoge memorias en piedra y arte de todas las etapas de la historia de Europa. Desde que los romanos y, mucho antes, los celtas la poblasen, hasta que Karl Marx viniera al mundo en la casa que es hoy su museo, habrían de pasar varios siglos.
Después de Constantino y de las invasiones bárbaras Tréveris fue durante centenares de años una “ciudad episcopal” y hoy es el centro de atracción turística más importante del valle del Mosela.
De estas tierras se van los visitantes cargados de botellas de esos vinos rubios o ligeramente tintos, dulces casi siempre y algo gaseosos, que caracterizan a la producción vinícola alemana. Aunque para quien prefiera la cerveza, la elección es complicada, pus sus fabricantes proliferan, a cual mejor.
La ciudad romana era hermosa y extensa y en su borde exterior no faltaba el escenario en que al pueblo se le ofrecía «panem et circenses», aunque, visto lo que predomina en sus campos, seguramente el concepto de pan se habría de entender como «pan y vino».
El anfiteatro
El eco de los miles de pisadas de quienes deambularon por este lugar, sus sótanos, subterráneos y escaleras, las sombras y contraluces de sus dinteles y pasadizos son como un imán para la mirada y un lenitivo para las prisas y urgencias de nuestra vida cotidiana.
Aquello fue un verdadero coliseo cuya forma ovalada, graderíos, hipogeo (los subterráneos) y sus accesos (los “vomitorios”), son similares a los de su hermano mayor de Roma, construido también en el siglo I de nuestra era. Como él también fue luego abandonado y sirvió de cantera durante muchos siglos.
En el caso de Tréveris se salvaron los contornos suaves, cubiertos de yerba, de sus graderíos esquilmados, los muros desdentados y los arcos de accesos y salidas.
Subsisten los túneles y galerías de su mundo subterráneo apuntalado y los barandales de piedra que circundan la arena.
Al Coliseo de Roma, a pesar de sus pérdidas de siglos, le queda suficiente piedra. De modo que nos lo dice casi todo. El de Tréveris es como un espíritu de algo que allí se alzó y que presentimos. Su alma ronda y nos deja libertad para imaginar aquella arquitectura que antaño la retuvo.
Cuando los jardineros cuidan las pendientes de césped que recubren lo que otrora fueron bancadas sobre las que el público se exaltaba y divertía, hay una especie de estremecimiento en el aire, pero no es un clamor humano sino el ruido de la máquina de cortar la yerba.
Aquí, bajo la arena, se preparaban los gladiadores o esperaban los animales en sus jaulas.
Por aquí circulaban los actores de las representaciones y se disponían a irrumpir en la arena.
Y detrás de esta barrera se sentaba el público más distinguido y las autoridades civiles y militares de la capital del occidente romano.
De vendimia entre amigos en el Poble Nou de Benitatxell
Cuando concluyó nuestra ruta desde el norte la vendimia sí que había empezado en la comarca de la Marina Alta.
Nuestros amigos de Benitatxell nos invitaron a una jornada de recolección y prensado de la uva. Se trata de un cultivo para el consumo de familiares y amistades.
Hay que decir que Benitatxell se denomina “poble nou” (pueblo nuevo), porque a pesar de tener una historio de asentamientos tan antiguos como los de Tréveris y de que fue tierra habitada por iberos, romanos, árabes andalusíes y catalano-aragoneses, la alquería remanente fue al cabo del tiempo despoblándose y y quedando totalmente abandonada con la expulsión de los moriscos. El lugar fue en 1609 repoblado por inmigrantes mallorquines y devino así un “pueblo nuevo” (ver: http://fci.uib.es/digitalAssets/173/173703_5.pdf ).
En su término municipal se cultiva una excelente uva moscatel, que sirve para el consumo y para la producción de la mistela. La uva roja de sus bancales se utiliza para la elaboración de tintos a una escala limitada.
Algunos racimos podrían servir de modelo en un cuadro dedicado a Baco.
La jornada es intensa pues se anunciaban lluvias y la uva no debe prensarse mojada.
Los capazos repletos se alinean, listos para ser llevados a la máquina que separará la uva de los sarmientos y la trasformará en un mosto intensamente dulce y morado.
Antes de que oscurezca hacemos una pausa para recuperar fuerzas con uva moscatel y “cocas”, de excelente y crujiente miga coronada de tomate y berenjena o de anchoas, entre otras posibilidades. La coca es diferente de la pizza italiana, ya que es más ligera y reducida de tamaño y el queso no entra en la composición de esta especialidad gastronómica alicantina y valenciana.
Pero la pausa no puede durar mucho, pues empieza a chispear y todavía quedan veinte capazos que prensar cuando ya está cayendo la tarde.
Las cubas van llenándose de mosto.
Y, como no queremos ser meros espectadores, seguimos echando una mano.
Breverías erasmianas (I). “Terrae filius”
Dedicado a Fernando Savater
Debe ser cosa del otoño que, en estas playas de la Marina Alta, se ha presentado sin avisar. La repentina mudanza del mar parece una incitación a que nos abandonemos al flujo de las estaciones.
Puede también que sea el viaje de Escandinavia a España por el Mosela y la Borgoña y alguna botella de vino que trajimos de Ambierle, o pudiera ser la vendimia y su mosto a los que unos amigos nos invitaron hace unos días en el poble nou de Benitatxell.
El caso es que más allá de los lugares físicos y geográficos hay lugares o loci mentales y que hace ya tiempo que deseaba comenzar a resumir en este blog algunos de los comentarios que Erasmo de Rotterdam escribió sobre los proverbios greco-latinos. Comenzó ese libro para ayudar a sus alumnos de retórica y para ganar algún dinero cuando andaba lampando por París en el año 1500. Primero publicó una colección de 838 adagios, brevemente explicados en su Adagiorum collectanea. En Venecia en 1508 la colección pasó a llamarse Adagiorum chiliades («Millares de adagios»).
Tras nueve reediciones, a su muerte en 1536, la obra de los Adagios llegó a incluir 4151 adagios con comentarios histórico-filológicos, aunque, además, glosados con inspirada vena crítica, también aluden con frecuencia a sus propias vivencias y a la actualidad político-social y religiosa de su época. Esta es la primera de mis BREVERÍAS ERASMIANAS a partir de los comentarios de Erasmo.
Terrae filius: hijo de la tierra (Adagio I viii 83)
Comenta Erasmo que, antiguamente, aquellos hombres de los que no se conocían ancestros, las gentes de oscuro origen, eran llamados “hijos de la tierra”, significando así que la paternidad de todos está en la tierra, o, dicho de otra forma, que el origen de los seres humanos es el suelo de la Tierra.
En definitiva, que todos venimos de ese humus común.
En la glosa de este proverbio, el humanista cita entre otros a Cicerón, a Juvenal y a Eurípides. Este último usa la expresión “hijo de la madre tierra”. También cita al poeta Persius, quien ironiza sobre la vanidad del remontarse a los ancestros, pues al final somos “todos hijos de la tierra”.
En Grecia y Roma
Comenta Erasmo que
En las obras de Pausanias, Estrabón y otros autores similares leemos que a ciertos pueblos se les llamaba autóctonos porque no situaban su propio origen en otro lugar del mundo, como hace la mayoría, sino que preferían que se les considerase como nacidos del suelo en su sentido material. De esta clase eran los atenienses. Quienes de ellos se habían hecho famosos por su valor y no por ilustres blasones familiares, eran llamados novi homines, hombres nuevos.
En Roma, la expresión ‘hombres nuevos’ se usaba para designar a aquellos que se habían dado a conocer por sus buenas cualidades, aunque hubieran nacido en una familia irrelevante. Cuando para mofarse de Cicerón le colgaban ese epíteto, él lo reivindicaba como una distinción.
En la España de estos días
Comienzo mi serie de breverías erasmianas por el adagio “Terrae filius”, motivado en parte por la movida rediviva de las identidades en Cataluña. Da la casualidad que es de allá precisamente de donde mi abuelo catalán vino a vivir a Madrid .
La batalla de las credibilidades se está enconando en España y, como decía hoy en El País el historiador Santos Juliá, “es en este punto donde el entusiasmo de los intelectuales resultará decisivo, porque solo ellos podrán dar credibilidad a la gran mentira del nacionalismo: que la nación una, la identidad una y la pertenencia única son los fundamentos de la libertad”.
Me imagino lo que diría Cicerón, aquel novus homo, de esas machaconas invocaciones a una nación, una identidad, una sola pertenencia. Para Erasmo de Rotterdam los afanes nacionales de los gobernantes de su época eran una de las causas principales de las miserias de su siglo.
Fisionomías (IV). En la Gliptoteca de Copenhague (II)
Volvemos a la Ny Carlsberg Glyptotek.
El 23 de agosto habíamos empezado nuestro diálogo con sus habitantes, que a primera vista están mudos, pero, si nos concentramos, nos cuentan cosas. Habíamos iniciado el recorrido con las mujeres y los niños, aunque no se trataba de ningún salvamento, pues la gliptoteca navega airosamente. Y también nos visitó un joven de abundantes rizos.
Hoy daremos la palabra a los varones y a las parejas muertas, ya que en el arte funerario romano los matrimonios que podían pagárselo no se iban del todo, pues se quedaban, prestos a mantener una amena charla con quien se avecinase a su sarcófago.
De estirpe imperial
Un saludo primero a los que fueron poderosos, aunque pereciesen de forma oscura o en luchas por el poder
Pompeyo Magno, el de la frente perpleja.
Pienso que sí, que toda su vida anduvo entre perplejidades, que si con Cesar, que si con el Senado. Para mí que este rostro refleja el estado de ánimo en que debió de encontrarse cuando estaba a punto de desembarcar en Egipto, huyendo tras la derrota de Farsalia, para pedir asilo a quienes habían ya decidido asesinarle.
Calígula es el emperador de rostro de hielo, que empezó bastante bien pero luego acumuló un enorme déficit que puso al imperio al borde de la bancarrota (en este caso la culpa no se la pudieron echar a Zapatero).
La verdad es que tiene la cara de uno de esos jóvenes traders de nuestros días que se están haciendo famosos con sus escalofriantes defraudaciones.
Germánico, a quien un celoso Tiberio, al parece, mandó envenenar cuando sólo tenía treinta y cuatro años y no vivió para ver los desaguisados de su hijo Calígula. A pesar de su agitada vida, de los miles de germanos que masacró y de la cantidad de campañas militares que dirigió, conserva aquí su aire de mosquita muerta.
Un general y varios anónimos
Empezamos por el rostro viril de uno de quien se conoce el oficio.
A este militar de rostro severo y barba sobria le debieron obsequiar el busto sus suboficiales el día de su jubilación, allá por la segunda centuria de nuestra era.
El nombre le va bien, se llamaba Arrius Justus, y tiene todo el aire inofensivo de un jefe de cascos azules.
El que mira con los globos oculares aún en sus cuencas, pero con iris extraviados, es alguien que debió de tener los medios para ser inmortalizado en bronce. ¿Un colonizador romano de Megara, donde parece que vivió en el siglo I de nuestra era?
El resto del cuerpo no se sabe adónde fue a parar y podemos tener nuestras hipótesis sobre la actitud con la qué decidió retratarse. ¿Será que sus arrugas en la frente y esa mirada inquieta nos estén hablando de un jefe militar que examina preocupado el campo de batalla?
En cualquier caso no parece que le vayan los ropajes de filósofo o de legislador imperioso que vemos aquí en el hall central del segundo piso del museo.
Hay otros rostros de desconocidos que no por ello nos dejan indiferentes.
Este barbudo, ceñudo y preocupado, podría muy bien ser algún importante retórico o pensador. Pero dejémoslo así, sujeto a nuestras especulaciones.
¿Qué decir de este hombre a quien los ajetreos de la vida han dejado calvo, con patas de gallo y la frente fruncida? Puedo imaginarlo canoso, viudo y preocupado por el porvenir de sus hijos.
El siguiente rostro parece inacabado, sin que el escultor lo haya pulido. Quizás el comanditario no quedó satisfecho o no tuvo el dinero para pagarlo. Pero está bien así, con sus rasgos duramente tallados y un rictus escéptico en los labios. Se trata de alguien a quien una biografía de legionario curtido parece haber cincelado las facciones.
El suave hombre de la toga parece en cambio soñar y sus ojeras traicionan un reciente lloro. Mientras sus rizos se arremolinan con el viento un velo de añoranzas y melancolía se interpone entre sus ojos y el mundo. El rictus de la boca parece responder a un acerbo desengaño.
Por el contrario, de este de aquí abajo no quisiera interponerme en el camino. Yo no sé si empuña una espada, pero, en caso de que se irrite, temo que me aseste una estocada.
¿No es verdad que tiene un aire a Putin? Mejor no jugar con él a pussy riots.
Finalmente, este buen hombre trata de incorporarse sobre su propio sarcófago como si aún participase de un banquete en el triclinio.
Dos dramaturgos, un filósofo y un poeta intruso
Ya se sabe que los romanos reproducían efigies de los filósofos y dramaturgos griegos que databan del siglo V a.C. Pero lo hacían muy bien, trabajando con esmero el mármol.
Claro que no disponían de la fibra de vidrio y otros materiales sintéticos, a los que nos han habituado hoy en día ciertas esculturas hominoideas, salidas de los moldes de factorías que las calcan una y otra vez con pequeñas variantes. El pobre Walter Benjamin no pudo llegar a prever que los materiales y tecnologías de nuestra civilización de lo sintético iban a seguir confirmando, más allá de lo entonces imaginable, las certeras predicciones que sus análisis referían al cine y a la fotografía en “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”.
Pero volvamos a nuestra fascinante gliptoteca. Estos bustos de ilustres griegos tienen la impecable y humanizada factura de los bustos romanos.
Eurípides
Sófocles
Platón
Y ya que que hemos mencionado a Walter Benjamin, dejemos que uno de sus poetas favoritos baje hasta aquí aquí desde otra sala de la gliptoteca.
Se trata de Charles Baudelaire.
Es una cabeza de líneas sobrias y modernistas, esculpida por Raymond Duchamp-Villon en 1911. Más que manifestar como los bustos romanos, oculta un mundo de símbolos, a la espera de que sus labios prietos se abran y se desborde el torrente sinuoso de alguno de sus poemas.
Seguramente lo habéis adivinado, el escultor era hermano de Marcel Duchamp, aquél de la broma del urinario reconvertido en “fontaine”, el inventor del ready-made, el que no se molestó siquiera en explotar la “reproductibilidad” pues le bastaba con la “reapropiabilidad”.
Tengo la sensación de que dentro de algunos siglos las esculturas de Raymond seguirán estando artística y materialmente presentes. En cuanto a los ready made de su hermano, tengo mis dudas.
Quizás también se nos presente una ocasión de hablar del mayor de los tres hermanos, Gaston Emile, quien prefirió ser conocido como Jacques Villon y fue un excelente pintor.
¡Silencio, se duerme!
En este recorrido por las fisionomías de la gliptoteca de Copenhague es lógico terminar por aquellos bustos que, para los romanos, si nos atenemos a las esculturas de sus sarcófagos, representaban a quienes, no obstante estar muertos, se habían quedado cerca, al menos en el recuerdo.
Los de parejas muertas son particularmente realistas y emotivos. En este caso, si lo esculpido responde a lo que fueron, tuvieron que ser buenas personas y un matrimonio bien avenido.
Y estas dos hermanas, aunque petrificadas para siempre, parecen soñar con una futuro feliz
Rosas, castillos y paisajes de Västergötland
Dedicado a Maria y Kristian
Paisajes y rosas
Ahora que el verano ha dejado Suecia no está de más recordar una visita por los alrededores de un lago menor, pero lleno de sorpresas, el Hornborgasjön en la región de Västergötland, al sur del gran lago Vänern.
Se trata de una reserva natural, etapa de muchas aves migratorias y espacio vital de otras que ahí viven.
No sólo las aves emigran. También tenemos junto al lago, unos amigos que hace ya veinticinco años decidieron irse a trabajar ahí, dejando Gotemburgo, habilitando una vieja granja, con ovejas y colmenas, rodeada de prados donde pastan las vacas y vuelan bandadas de pájaros, y convirtiendo la parcela en una soberbia rosaleda, con más de cien variedades de “rosas viejas” y “rosas nuevas”.
Así que os presento, para su admiración, una selección de imágenes de los más de cien rosales que allí vimos.
Esta entrada es en gran parte el homenaje de un lego en la materia a las rosas de ese jardín y a quienes las miman desde hace más de dos décadas.
Nos fueron explicando uno a uno los nombres de cada variedad pero al final no consigo dar razón. Los expertos sabrán distinguirlas. Yo sólo retuve el de una muy bella, Maiden Blush, es decir “el rubor de la doncella”.
Con la impresión de las rosas todavía fresca en nuestra retina, continuamos nuestro periplo por las riberas umbrosas de los pequeños lagos de la zona.
Mirando a estas aguas, según ilustra un panel, ardió el palacio de Höjentorps en 1722. Quedan algunas escalinatas y la cava de los vinos. Los reflejos de la catástrofe debieron ser majestuosos.
Ruinas, castillos e historias ejemplares
Poco después llegamos al pueblo de Varnhem, que se enorgullece con razón de las ruinas de su abadía cisterciense, fundada a mediados del siglo XII, muy bien explicadas y conservadas, de la que sigue en pie el templo, donde por desgracia no llegamos a entrar, por un margen de media hora.
Nos dijeron que en ese lugar está enterrado uno de los nobles más poderosos y más ricos de la época de la reina Cristina de Suecia, en pleno siglo XVII. Un incansable constructor de castillos.
Se llamaba Magnus Gabriel De La Gardie (1622-1686) y una de aquellas enormes residencias, el Läckö Slott, la sitúo en un paraje incomparable.
Así que decidimos que en la vuelta a Gotemburgo nos pasaríamos por el Läckö Slott.
Está situado en la extremidad de una península que arranca junto a Lidköping para internarse en las aguas del Vänern.
El castillo impresiona desde fuera. Pero su interior, no sé si en parte por los deterioros posteriores a la caída en desgracia de Magnus, o por los modestos acabados de los muros interiores y de los frescos (salvo para el gran salón y dormitorio principales) se caracteriza por algo así como un querer emular a Luis XIV y no poder. ¡En fin, que resulta un poco tristón!
Ese ambicioso noble tuvo una historia fascinante, que no necesito contar aquí, pues está en la Wikipedia. Pero, a mí lo que más me ha llamado la atención en su biografía es que tiene todos los elementos para una buena película. Sus ancestros eran ricos comerciantes del Languedoc, ennoblecidos luego por los favores hechos a los reyes de Francia con esas cortesías que el dinero financia.
De ellos destacó el abuelo Pontus, noble mercenario al servicio del Reino de Suecia, que emparentó con sus reyes al casarse con una hija natural de Juan III (¿el envenenador?) de quien hablamos en nuestra entrada del pasado día 9 de setiembre. Este abuelo de Magnus nació en Francia y fue a morir en tierras que hoy pertenecen a Estonia.
Por ahí empezó todo, nada nuevo bajo el sol: dinero, guerra y esponsales dinásticos.
Pero a Magnus le redimió en parte el amor por la cultura refinada de la corte de Francia. Se formó en París y se distinguió en Suecia como mecenas y patrón de la universidad de Uppsala. Construyó castillos y palacios y quiso remedar los esplendores de la corte de Luis XIV.
Fue también un insaciable terrateniente en diferentes zonas del extenso imperio sueco de la época.
Pero su pasión por Francia fue también lo que le perdió y acarreó la bancarrota a las finanzas suecas, ya que, como regente, metió a Suecia en todas las guerras que convenían a Francia y, por añadidura, perdía las batallas en las que se auto-otorgaba el mando del ejército.
Al final lo juzgaron y le privaron de casi toda su fortuna, como indemnización por las defraudaciones de las que se le acusaba.
Él mismo concluyó diciendo amargamente: “se ha ido todo lo que yo adquirí durante treinta y ocho años y mi padre y mis antepasados durante cuarenta”
En cualquier caso, su castillo del lago Vänern, que también le expropiaron, sigue en pie, flanqueado por sus jardines y un regio embarcadero, aunque quienes ahí se embarcan hoy en día son los amantes de la navegación a vela y, más modestamente, los jinetes de cisnes
Piedra, papel y tijera en el castillo de Kalmar
Piedra
El castillo de Kalmar acumula piedras desde hace siglos, su historia se remonta al 1180 de nuestra era.
Papel
De papel, o mejor de pergamino, fueron los acuerdos de la Unión de Kalmar que rubricaron en ese castillo, en 1397, los monarcas y los nobles de Dinamarca, Noruega y Suecia. La idea fue que, no obstante las tensiones, había que mantenerse unidos frente al poder de la Liga Hanseática; lo que se realizó gracias a la hábil reina Margarita I de Dinamarca.
Sus sucesores no fueron tan diplomáticos y la cooperación se rompió cuando en 1523 los suecos proclamaron rey a Gustav I Vasa y se abrieron las hostilidades entre daneses y noruegos de un lado y suecos del otro.
Lo que era una masiva fortaleza medieval se fue trasformando en castillo y palacio renacentista. Hubo historias de traiciones, encarcelamientos y envenenamientos fraternos entre los herederos de la corona y hasta una llamada “guerra de Kalmar” de 1611 a 1613, en la que se mataban entre vecinos suecos y daneses, lo que era casi una guerra civil por quítame allá esta frontera.
En fin, vemos así que, de la misma manera que en el juego infantil, el papel trató por un tiempo de envolver la piedra. En realidad aquellos acuerdos acabaron por teñirse de rojo, aunque por la carne de cañón no corría sangre azul sino plebeya. La carne la ponían los ciudadanos de una serie de regiones fronterizas en territorio sueco o danés, asaltadas a sangre y fuego y literalmente arrasadas. Prueba de ellos es que del viejo Kalmar sólo sobrevive el castillo.
La sangre corría también a cuenta de las milicias que, velis nolis, tenían que defender sus tierras a causa de los conflictos desatados por los intereses dinásticos.
De esta guisa se vestían los plebeyos que la nobleza equipaba para que matasen a plebeyos del otro bando. Suena a algo conocido, algo que se repite con monotonía a lo largo de la historia, aunque cambie de lugar y de protagonistas.
Tijera
Bueno, pues la tijera la pone, ahora que los países nórdicos son un oasis de entendimiento y colaboración pacífica, una artista danesa, Karen Bit Vejle, que ha conquistado el “salón quemado” del castillo de Kalmar, con el encantamiento del papel y las sombras de sus creaciones de Psaligrafía, el arte del papel recortado que, se cuenta, llegó de China hacia el año 1300 (la foto está tomada del vídeo que se proyecta en la exposición)
En esta mágica exposición he aprendido que un ministro francés del siglo XVIII, Etienne de Silhouette, tenía como hobby crear figuras recortando papel negro, y que de ahí viene el término de “silueta”.
En Dinamarca, la semilla de esta práctica la dejó bien sembrada otro apasionado practicante de la misma, Hans Christian Andersen.
Karen Bit Vejle ha seguido esta tradición, no sé si corregida, pero sí, desde luego, aumentada, de trabajar con paciencia infinita, excelentes dotes de dibujante y una exuberante imaginación. En su caso, demuestra un gran conocimiento de la historia de las formas, los cuentos populares y el diseño romántico y simbolista, además de una creatividad prolífica y que diríamos vegetal.
La tijera domina pacíficamente al papel y este inunda de luz y sombras chinescas los muros de piedra del castillo de Kalmar.
Donde se usaron el puñal, los grilletes y el veneno reinan en estos días las modestas tijeras de una artista del papel.
Otros artistas.
Los visitantes siguen a los guías que les aburren con detalles sobre lo que comían o cómo dormían Eric XIV o Juan III, aquellos vástagos de Gustav I Vasa que se adoraban (el primero de ellos encarceló durante seis años al segundo junto a su mujer, hasta que el segundo consiguió que alguien envenenara al primero, para pasar así del calabozo al trono).
Pero pasan de un salón a otro, sin que nadie les muestre un lienzo de Veronese que cuelga sobre la puerta, y que a mí me hace pensar que si María Magdalena, en vez de tantas piedras para darse golpes de pecho en el desierto, hubiera tenido a mano unas tijeras y algunos rollos de papiro, no sólo se habría cortado el pelo, sino que habría inventado el arte psaligráfico antes que los chinos

También bien alto, cerca del artesonado, campa un cuadro de Vasari, cuyo tratamiento de la luz y composición me dejan intrigado.
Pero mejor que los guías los ignoren, pues si los visitantes quisieran mirar esos cuadros, acabarían con tortícolis.
Öland se pronuncia Eeland
Öland quiere decir “el país isla”.
El faro que por el norte corona esta isla, alargada como el sonido de su nombre, se llama Långe Erik, que es como decir “Erik el larguirucho”.
Suecia es el país de los mil faros y un país puntero en la exportación de la tecnología de los faros modernos.
Este faro con nombre de rey malo lo custodian las aves migratorias que se toman un descanso antes de iniciar su viaje otoñal hacia el sur. Puede que algunos de estos cormoranes sean los que en invierno pescan incansables por las playas de la Marina Alta.
En la punta sur de la isla monta guardia el otro faro, el Långe Jan, bajo el cual se puede asimismo oír la algarabía de miles de aves.
Se viene aquí para poder contemplarlas, no sólo a ellas sino también a los cientos de ornitólogos aficionados con sus catalejos y esas cámaras de larguísimos objetivos que comparten con los fotógrafos deportivos.
Después de subir 195 peldaños se puede gozar de la vista del mar y de las aves, al extremo de una estrecha franja de tierra.
Se divisan las bandadas de aves migratorias y marinas, así como los abundantes cisnes blancos que navegan por las orillas de la isla, ante la mirada de los negros bovinos que pastan en las praderas al borde del mar.
Öland se visita con más tranquilidad cuando se han acabado las vacaciones escolares en Suecia y es fácil encontrar habitaciones en las Vandrarhem, los albergues de viajeros, tan populares y económicos, antes de que casi todos cierren a principios de setiembre.
Nuestro vandrarhem se sitúa a pocos pasos del mar, como la mayoría de los que están diseminados a lo largo de las dos costas de la isla.
Si te gusta el agua fresquita del Báltico puedes bañarte desde la pasarela de madera, bajando una cómoda escalerilla, y así disfrutar de una inmersión lenta.
Aunque la temperatura ambiente es aún benigna y el sol no falta. Se trata de un breve margen de calma entre el 20 y el 31 de agosto antes de que acabe la temporada veraniega. Merece la pena.
Tierra de vikingos y de piedras
Por aquí camparon los vikingos y dejaron incluso un poema en caracteres rúnicos, grabados sobre la llamada “piedra de Karlevi”. Es un homenaje fúnebre a Sibbe, valeroso caudillo que, en torno al año mil,combatió en el mar y por tierras danesas como rezan los versos bajo los que está enterrado en lo que debió de ser su propio feudo.
Así suena para un avisado recitador la estrofa en metro escáldico, caracterizado por sus aliteraciones, en honor de Sibbe:
Fulkin likr hins fulkþu
flaistr uisi þat maistar
taiþir tulka þruþar
traukr i þaimsi huki
munat raiþ uiþur raþa
ruk starkr i tanmarku
aintils iarmun kruntar
urkrantari lanti
Como veis, sólo faltaba que algún cantautor hubiera puesto música para haber hecho las delicias de Jorge Luis Borges
Son muchas las piedras que se yerguen para marcar milenarios sitios sepulcrales en Öland. Se distribuyen con frecuencia adoptando la forma de un barco vikingo.
Pero hay otro personaje literario que se lo hubiera pasado bien aquí con su lanza en ristre…
pues, las lastras milenarias, que datan de las edades del bronce y del hierro, alternan con los molinos centenarios que se conservan por decenas a lo largo y ancho de la isla.
Pero también hay memorias pétreas más modestas y recientes, aunque no menos poéticas…
ya que los visitantes hacemos honor a ese ceremonial de plantar grandes pedruscos y dejamos nuestras torretas de cantos rodados, a modo de mudas invocaciones frente al mar.
Por todos lados pacen las ovejas, pero, paradójicamente, un kilo de chuletas de cordero cuesta más en el restaurante que su pellejo lanudo, tan popular en Suecia como motivo de decoración en las casas tradicionales.
Así que, al atardecer del último día, renunciando al asado, nos contentamos con un acogedor restaurante griego frente al mar, en el puerto de Byxelkrok, lugar de llegada y salida de la isla por ferry, ya muy cerca del Långe Erik.
Olvidaba decir que para llegar a Öland, por tierra desde Kalmar, hay que tomar el puente que, salvando el Kalmarsund, nos conduce hasta el centro de la isla. Aquí lo divisamos desde la playa de nuestro albergue.
Pero de Kalmar hablaremos otro día.
Hoy terminamos con flores que, según Linneo y otros entendidos, tienen en Öland un territorio lleno de peculiaridades. Me cuentan que algunas sólo se encuentran aquí
Fisionomías (III). En la Gliptoteca de Copenhague (I)
Hace ya años que quería visitar la Gliptoteca de Copenhague, llamada la “Ny Carlsberg Glyptotek“ por el nombre de la cervecería, cuyo dueño, Carl Jacobsen (1842-1914), constituyó una colección de esculturas (gliptoteca: colección de piedras esculpidas), principalmente de época romana, de absoluto ensueño.
En 1906, a partir de esta colección privada, se inauguró la Gliptoteca de Copenhague, un museo público, ampliado en 1996, que cuenta además, entre otras cosas, con excelentes obras de los pintores realistas daneses del XIX, una amplísima muestra de obras de Gauguin y una nutrida colección de los vaciados en bronce de las bailarinas que Degas modeló en secreto durante años en arcilla o escayola.
Por fin pude visitarla hace unas semanas, tras un breve viaje que hicimos por la costa de Escania.
Después de estas nuevas entradas que, de nuevo, voy a dedicar desde hoy a las fisionomías, no sé si me quedará aliento para añadir algo a la selección que voy a ofreceros. Tomadlo como mi “vaciado” particular, en fotos, de los rostros de la colección de esculturas, en especial romanas, que nos mantuvieron en levitación durante la visita.
No sé cuál sería la sensación de los contemporáneos de su época ante aquellas fisionomías que, de los restos de pigmentos se deduce que estaban policromadas. ¿Se acercaba su aura, pero sin la vis trágica, a las obras de los imagineros barrocos españoles? ¿O, más bien, a las policromías italianas medievales y renacentistas, más serenas?
Difícil saberlo, pues las demostraciones pedagógicas que ofrece el museo de cómo pudo ser el policromado romano se parecen más bien al de las estatuas pías de los siglos XIX y XX en las parroquias católicas.
Creo que estos rostros en piedra desnuda nos invitan, mejor que cualquier busto coloreado, a un viaje al pasado y a un diálogo silencioso con sus protagonistas.
En este blog nos hemos ya asomado a la fascinación de los rostros antiguos de Roma en los museos vaticanos (Chiaramonti), nacionales romanos (palacios Altemps y Massimo) y museos Capitolinos, así como a los de época medieval y renacentista en Siena.
Ahora estamos más al norte, pero seguimos ensimismados por un tiempo en los vestigios de un sur mediterráneo que, desde el pasado más arcaico y las colonias griegas del Egeo hasta los retratos realistas del Imperio romano, se fue para mejor quedarse.
Esta primera entrada va dedicada en especial a la mujer romana, la matrona, la joven, la amazona o la diosa, y a los niños y jóvenes de entonces, eternizados en las salas de este soberbio museo de la capital de Dinamarca (con alguna excepción griega o moderna).
La mujer, los jóvenes, los niños y las diosas de Roma
Esta bella romana lo mismo podría estar a punto de decirnos algo halagador que a dirigirnos un comentario desdeñoso…
o esta señora a amonestarnos por no sabernos la lección…
Pero hay una que podría arrastrarnos al sueño y al olvido…
y la que nos abruma con sus reproches (seguramente merecidos)…
No obstante -¡qué ilusión!- esta gentil dama quiere concedernos el siguiente baile
Aunque nuestro gozo dura poco, pues la imperial Agripina nos ordena preparar la cena de su hermano… ¡Calígula!
Así que mejor no hacernos los remolones…
En cambio, la otra Agripina, la mujer de Claudio, pasa revista a la guardia pretoriana, con majestad y absoluto dominio de la escena…
Mas… ¡hete aquí que una dama de su corte no para de mirarnos y sonreírnos subrepticiamente!
Acabado nuestro horario de trabajo, nuestra suegra nos invita a una sencilla reunión familiar, sin que se note que ha ido a la peluquería (por cierto que aquí el escultor se lució con el trépano)…
Pero ¿qué hago yo ? ¡Se me ha colado aquí una invitada de Maillol!
En fin, no creo que esta joven catalana, que llega de otra sala del museo, desentone. A pesar de que su peinado art nouveau casaría más con una cena en la Barcelona de la belle époque…
Y esta diosa de la abundancia seguro que lo entiende…
¡Esto ya es demasiado! ¿En qué estoy yo pensando? ¿Qué hacen aquí estas jóvenes romanas del siglo XIX invitándonos a un vaso de Chianti? Me estoy equivocando de sala. Esta es una pintura de Wilhelm Marstrand (1810-1873)
Aunque si miro bien a la del vaso… ¡si es que sonríe como la diosa de la cabellera fructífera!
¡La verdad es que los siglos pasan pero las italianas permanecen!
Y, por si fuera poco, hay aquí un joven romano que podría ser incitado a beber demasiado. Si luego le para una patrulla dará positivo en el control de alcoholemia y perderá su licencia para conducir cuadrigas. Y la culpa será mía por mezclar peras con manzanas.
¡Además, qué mal ejemplo para estos chicos!
!En fin! ¡Que las diosas…
y las amazonas los amparen !
Pero ¿acaso se puede vetar un trago en un museo que lleva el nombre de Carlsberg?
Retorno a Pilane
El 24 de agosto del año pasado presenté en este blog mis fotos y comentarios sobre la exposición de escultura al aire libre que, cada verano, se repite en Pilane, en la isla de Tjörn, a menos de una hora y media en coche al norte de Gotemburgo. Este año he vuelto y el placer de pasear por aquel paraje compensa el viaje con creces.
Aunque, la verdad es que la exposición no me ha deparado tantas gratas sorpresas como el verano pasado.
Por su situación sobre la colina, destaca una especie de partenón de madera, instalación de Zhang Huan, que afirma haber utilizado las piezas de un antiguo templo chino con 400 años de antigüedad, al parecer exportadas en toda legalidad.
Dentro ha colocado una banal estatua de Mao Tse Tung en fibra de vidrio, con lo que el título resulta más bien irónico: “Spread the sunshine over the earth”
Desde la vaguada montan la guardia del templo, cubiertos de nombres de compositores, dos de los habituales acurrucados que desde hace algunos años siguen saliendo de los moldes de Jaume Plensa, esta vez en bronce. Lo original es que del bajo vientre de cada uno de ellos brota un arbolillo a modo de falo florido, aunque en su título se refiere más bien al corazón: “The heart of the trees”.
Más contorsionado es una especie de orante, también obra de mármol de Jaume Plensa, al que ha llamado “Grand latent blanc”. Hace buen juego con las ovejas del parque también inclinadas hacia la tierra. El acurrucado parece en actitud de alimentar su alma con plegarias, mientras las ovejas buscan otro tipo de pastos. Ambos, sin embargo, están a ras del suelo.
Pero lo que le va mejor a este lugar prehistórico es el conjunto megalítico de Claes Hake, obra en granito que, no obstante su seriedad compositiva y su carácter un poco druídico, ha banalizado con el título de “Wall Street”, quizás por los juegos de la luz entre sus masas.
Así que no me resisto a añadir una foto que tomé precisamente en esa sede de Moloch hace tres años.
Tony Cragg ha cambiado de emplazamiento dos de sus esculturas del año pasado, a mi parecer con acierto. No en vano, este británico con taller principal en Wuppertal y otro en Suecia, en esta isla de Tjörn, es un asiduo del lugar. En primer lugar “Point of view”
Y otra también suya titulada “Incident”
La barca de Keith Edmier sigue en su sitio, aunque mejor instalada y recubierta en su interior de gránulos metálicos negros, como para simbolizar el paso del tiempo.
Imitando a los americanos, inventores de las “instalaciones”, como Bruce Nauman, ha usado una interjección imperativa para titularla: “You gotta go out, you don’t have to come back”. Puede que sea una invitación al viaje, así que me siento dentro de la barca y aguardo a ve si se alza como la alfombra de Aladino.
En vano, así que sigo mi paseo, al encuentro de más ovejas de Pilane, que siguen tan fotogénicas y lanudas como el año pasado. Que no se me ofendan los ovinos, pero parecen instalaciones de Pop Art, aunque esta oveja no sea una cabra, no esté disecada y no haya venido Robert Rauschenberg a meterla en un neumático. Pero -¡ojo!- que todo se andará.
Acabo mi excursión dirigiéndome al soleado y campestre merendero de Pilane, al que se llega entre casas pintorescas, vallados y más ovejas de cabeza negra.
Y allí están amenazadores los tres cocodrilos de Erik Langert, esperando que alguien les arroje los restos de un bollo de canela o de un smörgås de gambas de la Costa Oeste
Guía de la paella valenciana. Prácticas en Els Poblets (Alicante) y Kungsbacka (Suecia)
Dedicado a Jesús, doctor en paellas, según las genuinas tradiciones de Valencia y su región, y a Marie, mi mujer, que anotó detalladamente todo el proceso durante la clase magistral de nuestro maestro y amigo.
El contexto
En Valencia los hombres no necesitan reunirse entre ellos para poder cocinar a sus anchas, como ocurre todavía en los txokos o sociedades gastronómicas del País Vasco, donde la mujer dominaba el fogón en el caserío. La paella es un arte al alcance de todos y una ocasión de encuentro entre familiares y amigos. Unas veces es la madre y otras el padre, el hijo o la hija, quien gobierna el proceso. Este rito semanal se aprende en familia y con amigos y en un ambiente festivo.
Hace ya semanas, mi mujer y yo tuvimos el privilegio de que nuestro amigo Jesús nos ofreciera una clase práctica de cómo hacer una paella valenciana con todas las de la ley. En esta entrada os ofrezco la guía que hemos confeccionado a partir de aquel ejercicio en el que cociné mi primera paella valenciana según las reglas en vigor, bajo la supervisión de un maestro en la materia. Ya en Suecia, pudimos demostrar a nuestra familia nórdica, en Kungsbacka, lo que habíamos aprendido.
Los textos son de la guía escrita por el autor del blog, corroborada por su mujer y aprobada por su maestro
Capítulo I: aprendiendo a cocinar la paella en Els Poblets
Ingredientes para 4 personas con buen apetito
– ½ pollo grande muy troceado
– 350 gr de hígado de pollo (si no hay se aumenta la cantidad de pollo en proporción)
– 400 gr de hortalizas:
- judía verde ancha cortada en trozos de 3cm,
- garrafones (judías blancas grandes), 15 aproximadamente (precocidos),
- un vaso de judías blancas pequeñas (precocidas),
- 2 tomates maduros rallados (o su equivalente en tomates triturados de lata)
– azafrán o colorante de paella
– 400 gr de arroz (100 gr por persona)
– aceite de oliva (1/3 del volumen del arroz)
– agua (3 veces el volumen de arroz)
– sal
y DOS HORAS
Instrumentos más comunes hoy en día
– quemador de uno más círculos a gas butano
– opcional: tres patas de sostén del quemador
– bombona de gas butano con regulador y goma homologados
– paella o caldero circular plano de acero inoxidable o de acero con revestimiento cerámico (el diámetro varía según el número de comensales y es importante que el círculo de llama del quemador no sobresalga de sus bordes)
– paletas o cucharas de madera de mango largo
Orden de agregación de los ingredientes:
Aceite >> sal >> carne >> hortalizas >> tomate >> arroz >> agua >> colorante o azafrán
Fases
Sobre el caldero llano o paella echar el aceite y verificar que se reparte por igual sobre la superficie. En caso contrario variar la colocación hasta conseguir (muy importante) que el nivel horizontal sea correcto. Esparcir la sal por los cantos del caldero-paella
Cuando el aceite alcanza el máximo de calor (sin quemarlo) se echa el pollo troceado en el centro del caldero-paella y se sube el fuego un par de minutos para que comiencen a freírse tostándose y sin perder jugo, luego se baja para una fritura lenta y sostenida
Mover el pollo cada cinco minutos para que se fría por igual. Durante los 10 0 15 minutos del proceso, hasta que están bien dorados los trozos, se puede ofrecer una cerveza con algún trozo del pollo, como pausa aperitiva para hacer más llevadera la espera y animar a la conversación
Una vez dorados, los trozos se apartan uniformemente por los bordes del caldero-paella.
Se fríen los higadillos de pollo bien troceados en el centro y una vez listos se apartan a los bordes como se ha hecho antes con el pollo
Se ponen las judías verdes en cocción en el centro, removiéndolas
Se añaden los garrafones (grandes judías blancas) y las judías blancas normales, removiéndolos con las judías verdes en el centro durante 5 minutos
Se junta y mezcla todo, pollo, judías y judías verdes y se remueve durante unos minutos
para luego apartarlo todo a los bordes
y se echan los tomates rallados en el centro y se les deja cocer unos minutos moviendo
Se mezclan y esparcen todos los ingredientes
Se esparce el arroz de forma uniforme
Se mezcla todo de nuevo y se distribuye de forma uniforme moviendo bien
Se añade el agua y el colorante o azafrán y, removiendo, se mezcla todo de forma uniforme
Cuando empieza a hervir se regula la temperatura para que siga el hervor 15 minutos en toda la superficie
Cuando comienza a secar se prueba, si va estando en punto se sube el fuego durante el tiempo necesario para que suene un “cric-cric”, que indica el tueste del arroz. Se apaga el fuego y se deja reposar 5 minutos antes de comenzar a comer. ¡Que aproveche!
Cautelas
Durante el proceso se producen salpicaduras. Así que, si es necesario, hay que proteger los lados y el suelo (por ejemplo con cartones o folio de aluminio) para que no lleguen a las paredes o muebles cercanos. También se evita así que el viento trastorne las llamas y la cocción.
El quemador de gas nunca debe usarse en espacios cerrados, sino al abierto: jardín, terraza o lugar apropiado, y al abrigo del viento.
Alternativas
Si se desea paella de sepia o calamar, habrá que seguir el mismo proceso con dos variaciones: en vez de pollo usar sepia o calamar y en vez de agua un caldo de pescado.
Lo mismo si se quiere hacer con rape, emperador y/o gambitas. No usar pescados que se disgregan.
También puede haber variaciones de hortalizas al gusto del consumidor. Hay quien le pone también conejo o cerdo, pero no es lo más valenciano.
Para comerla, la forma tradicional levantina es ponerla en el centro de la mesa y cada uno con su cuchara dedicarse a comer la zona triangulada que le toca equitativamente.
Si alguien desea un trozo del vecino se establece una negociación (canje, cesión, etc), pero nunca se invade “territorio ajeno” sin permiso.
Al cabo de un rato, puede abrirse un espacio en la zona central, donde se deposita a disposición del que lo quiera lo que uno no va a comer.
Capítulo II: volando solos en Kungsbacka
Convocados, a modo de conejillos de Indias, algunos parientes cercanos y rogando a Santa Rita para que no lloviera, pudimos emprender la tarea, de acuerdo con la guía arriba expuesta, en Kungsbacka, cuando tras una tormenta que nos hizo temer lo peor, escampó, lució el sol y pudimos desplegar el quemador, comprado en Valencia, con sus tres patas y su goma standard para gas butano, conectada, eso sí, a un regulador y una bombona del mercado sueco, todo perfectamente compatible.
La paella, es decir el caldero plano, la padela de la Hispania romana, también viajó con nosotros desde España, así como el arroz bomba y el azafrán y el colorante natural que se utilizan en Valencia. El resto lo encontramos en el mercado local, aunque la judía verde era de la delgada.
La prueba de nuestro éxito son las fotos que aquí ofrecemos.
El condumio fue regado con un vino tinto añejo de Requena que nos había regalado Jesús, nuestro maestro en paellas.
Y, ahora ¡a ver si os animáis, que mañana es domingo y día de paella!









































































































































































