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Piedra, papel y tijera en el castillo de Kalmar

9 septiembre, 2012

Piedra

El castillo de Kalmar acumula piedras desde hace siglos, su historia se remonta al 1180 de nuestra era.

Papel

De papel, o mejor de pergamino, fueron los acuerdos de la Unión de Kalmar que rubricaron en ese castillo, en 1397, los monarcas y los nobles de Dinamarca, Noruega y Suecia. La idea fue que, no obstante las tensiones, había que mantenerse unidos frente al poder de la Liga Hanseática; lo que se realizó gracias a la hábil reina Margarita I de Dinamarca.

Sus sucesores no fueron tan diplomáticos y la cooperación se rompió cuando en 1523 los suecos proclamaron rey a Gustav I Vasa y se abrieron las hostilidades entre daneses y noruegos de un lado y suecos del otro.

Lo que era una masiva fortaleza medieval se fue trasformando en castillo y palacio renacentista. Hubo historias de traiciones, encarcelamientos y envenenamientos fraternos entre los herederos de la corona y hasta una llamada “guerra de Kalmar” de 1611 a 1613, en la que se mataban entre vecinos suecos y daneses, lo que era casi una guerra civil por quítame allá esta frontera.

En fin, vemos así que, de la misma manera que en el juego infantil, el papel trató por un tiempo de envolver la piedra. En realidad aquellos acuerdos acabaron por teñirse de rojo, aunque por la carne de cañón no corría sangre azul sino plebeya. La carne la ponían los ciudadanos de una serie de regiones fronterizas en territorio sueco o danés, asaltadas a sangre y fuego y literalmente arrasadas. Prueba de ellos es que del viejo Kalmar sólo sobrevive el castillo.

La sangre corría también a cuenta de las milicias que, velis nolis, tenían que defender sus tierras a causa de los conflictos desatados por los intereses dinásticos.

De esta guisa se vestían los plebeyos que la nobleza equipaba para que matasen a plebeyos del otro bando. Suena a algo conocido, algo que se repite con monotonía a lo largo de la historia, aunque cambie de lugar y de protagonistas.

Tijera

Bueno, pues la tijera la pone, ahora que los países nórdicos son un oasis de entendimiento y colaboración pacífica, una artista danesa, Karen Bit Vejle, que ha conquistado el “salón quemado” del castillo de Kalmar, con el encantamiento del papel y las sombras de sus creaciones de Psaligrafía, el arte del papel recortado que, se cuenta, llegó de China hacia el año 1300 (la foto está tomada del vídeo que se proyecta en la exposición)

En esta mágica exposición he aprendido que un ministro francés del siglo XVIII, Etienne de Silhouette, tenía como hobby crear figuras recortando papel negro, y que de ahí viene el término de “silueta”.

En Dinamarca, la semilla de esta práctica la dejó bien sembrada otro apasionado practicante de la misma, Hans Christian Andersen.

Karen Bit Vejle ha seguido esta tradición, no sé si corregida, pero sí, desde luego, aumentada, de trabajar con paciencia infinita, excelentes dotes de dibujante y una exuberante imaginación. En su caso, demuestra un gran conocimiento de la historia de las formas, los cuentos populares y el diseño romántico y simbolista, además de una creatividad prolífica y que diríamos vegetal.

La tijera domina pacíficamente al papel y este inunda de luz y sombras chinescas los muros de piedra del castillo de Kalmar.

Donde se usaron el puñal, los grilletes y el veneno reinan en estos días las modestas tijeras de una artista del papel.

Otros artistas.

Los visitantes siguen a los guías que les aburren con detalles sobre lo que comían o cómo dormían Eric XIV o Juan III, aquellos vástagos de Gustav I Vasa que se adoraban (el primero de ellos encarceló durante seis años al segundo junto a su mujer, hasta que el segundo consiguió que alguien envenenara al primero, para pasar así del calabozo al trono).

Pero pasan de un salón a otro, sin que nadie les muestre un lienzo de Veronese que cuelga sobre la puerta, y que a mí me hace pensar que si María Magdalena, en vez de tantas piedras para darse golpes de pecho en el desierto, hubiera tenido a mano unas tijeras y algunos rollos de papiro, no sólo se habría cortado el pelo, sino que habría inventado el arte psaligráfico antes que los chinos

También bien alto, cerca del artesonado, campa un cuadro de Vasari, cuyo tratamiento de la luz y composición  me dejan intrigado.

Pero mejor que los guías los ignoren, pues si los visitantes quisieran mirar esos cuadros, acabarían con tortícolis.

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