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Borgebyslott: la balada del artista triste

4 septiembre, 2016
Bandada de cigüeñas. Ernst Norlinds. Foto R.Puig

Bandada de cigüeñas. Ernst Norlind. Foto R.Puig

El castillo de Borgeby (Borgeby Slott) ya no es un castillo, lo fue hasta que lo demolieron los daneses en el siglo XVII, si no todas las construcciones sí las que hacían del conjunto una fortificación con sus torres y sus murallas, aunque ya antes, en el siglo XV, un rey sueco le había pegado fuego. De un modo u otro siempre estuvo envuelto en los conflictos armados que asolaron esa zona estratégica de Escania.

Y a fines del siglo XIX un rico agricultor los compró y se lo regaló a su hija Hanna, quien se casó con el pintor, violinista, editor y escritor Ernst Nordlin, que se dio a conocer por pintar repetidamente a las cigüeñas que volaban y anidaban en la región de Lund, pero sobre todo por haber sabido, junto con la rica heredera,  emplear la fortuna de que esta disponía para atraer a su selecto cenáculo a artistas, escritores y otros protagonistas de la actualidad cultural de principios del siglo XX, algunos de ellos de renombre internacional.

Ernst Norlinds. Autorretrato. Borgeby. Foto R.Puig

Ernst Norlind. Autorretrato. Borgeby. Foto R.Puig

Hanna Norlinds por Axel Törneman

Hanna Norlind por Axel Törneman

Lo más interesante del lugar, gestionado por una fundación que el matrimonio dotó para después de su muerte, es la casa-museo, honesta y transparente en lo que se refiere no sólo al mundo creativo del pintor, sino a sus facetas menos logradas, sin que falten los episodios y frustraciones familiares. Es un ejemplo instructivo de como una casa-museo puede rememorar la vida de los protagonistas que la hicieron especial, en este caso Ernst (1877-1952) y Hanna (sin datos), y en la que creció y se deterioró mentalmente su hijo Staffan (1909 – 1978). Ocupa la mansión medieval, atravesada por lo que debió de ser un pasaje a la ciudadela del antiguo castillo, que seguramente en su época guerrera estuvo protegido por un grueso portón y sus rejas. Hoy comunica la fachada de la casa-museo con las instalaciones y edificios agrícolas en parte destinados a eventos sociales y exposiciones.

La casa museo de los Nordlins. Borgebyslott. Foto R.Puig

La casa museo de los Nordlin. Borgebyslott. Foto R.Puig

Lo que queda de las fortificaciones, una torre, que no se visita, en la que casi todo es de nueva planta, es lo menos interesante aunque resulte vistosa.

Borgebyslott. Lo que queda de las fortificaciones. Foto R.Puig

Hay un panel instructivo sobre el medio natural en el que se sitúa el conjunto, donde las aves son abundantes y, en particular las cigüeñas y algunas rapaces.

Area natural de Lundalan (región de Lund). Del cartel explicativo

Area natural de Lundalan (región de Lund). Del cartel explicativo

Bandada de cigüeñas. Detalle de un cuadro de Ernst Norlinds. Foto R.Puig

Bandada de cigüeñas. Detalle de un cuadro de Ernst Norlind. Foto R.Puig

La instalaciones de antiguo uso agrícola son genuinas y bien mantenidas, características del sur de Suecia.

Borgebyslott. Almacenes agrícolas. Foto R.Puig

Borgebyslott. Almacenes agrícolas. Foto R.Puig

No extraña pues que, invitado a este castillo sueco, Rainer María Rilke, que era no sólo un gran poeta, sino también muy aficionado a hospedarse en románticos torreones y castillos, en los que la inspiración le visitaba, no se hiciese de rogar y se acogiese a la hospitalidad de los Nordlin en agosto del 1904. Como era agradecido les dejó un poema dedicado a Borgeby, a las sensaciones de aquella estancia y a sus piedras.

Foto de Rilke en Borgeby

 Rilke en Borgeby. Foto Ernst Nordlin

De las actividades editoras de Ernst Nordlin se expone un ejemplar de la revista en la que publicó algunos de su poemas

Portada de Sacrum. Universidad de Lund. 1928. editada por Ernst Norlinds. Foto R.Puig

Portada de Sacrum. Universidad de Lund. 1928. editada por Ernst Norlind. Foto R.Puig

Y algunos de los libros de los que fue autor.

Obras de Ernst Norlinds. Foto R.Puig

Obras de Ernst Norlind. Foto R.Puig

Hay también muchos de sus cuadros, en los que las aves ďominan

Halcón. Detalle de un cuadro de Ernst Norlinds. Foto R.Puig

Halcón. Detalle de un cuadro de Ernst Norlind. Foto R.Puig

en especial muchas, muchas cigüeñas.

Cigüeñas. Detalle de un cuadro de Ernst Norlinds. Foto R.Puig

Cigüeñas. Detalle de un cuadro de Ernst Norlind. Foto R.Puig

Pero estas aves no fueron motivo de felicidad para el hijo. Aparecen en sus pinturas como obsesiones de la herencia paterna. Fue un hombre marcado por una adolescencia en la que se sentía obligado por el mundo de artistas y creadores que rodeaba a sus padres y obsesionado por devenir él también un creador de éxito. El lugar ya era de por si triste, los cuadros de su padre son una muestra de cómo eran allí los inviernos y las luces del atardecer.

Staffan Nordlin escribió sobre los intentos de su adolescencia y juventud, preso de un deseo que le oprimía, el  de ser reconocido como artista y escritor

Mi juventud idiota y dividida, en la que fui coleccionista de mariposas, pianista, bailarín, dibujante, pintor, arqueólogo, enterrador y delirante

Escena onírica con cigüeñas. por Staffan Norlinds.1943. Borgeby. Foto R.Puig

Escena onírica con cigüeñas. por Staffan Norlind.1943. Borgeby. Foto R.Puig

El conflicto con su padre estaba servido, de tal modo que hijo y padre no aparecían nunca juntos. Tan es así que el padre se fue a vivir unos años a Asís.

Cigüeña disecada. Borgeby. Foto R.Puig

Cigüeña disecada. Borgeby. Foto R.Puig

Ernst Norlinds

Ernst Norlind

Hanna Norlinds por . Foto R.Puig

Hanna Norlind por Axel Törneman. Foto R.Puig

La imagen de la maternidad pintada por Staffan presentaba en su fondo un niño que parece alzarse al cielo llevado por unas esquemáticas cigüeñas y no estaba inspirada en su madre real

Maternidad por Staffan Norlinds. 1939. Borgeby. Foto R.Puig

Maternidad por Staffan Norlind. 1939. Borgeby. Foto R.Puig

sino probablemente en la talla de una virgen gótica y coronada que sostiene al niño y  que aún se ve en una hornacina de la casa-museo

Talla gótica en el castillo de Borgeby. Foto R.Puig

Talla gótica en la casa-museo de Borgeby. Foto R.Puig

Por aquellos años, el joven intentó también consagrase como escultor, aunque no se exponga  otro testimonio que el de esta foto en el estudio de un conocido escultor amigo de la familia

Staffan Norlinds durante sus estudios de escultura.

Staffan Norlind durante sus estudios de escultura.

Borgebyslott. Fachada posterior de la casa museo. Foto R.Puig

Borgebyslott. Fachada posterior de la casa museo. Foto R.Puig

Años más tarde, en 1949, a Staffan le practicaron una intervención quirúrgica que disparatadamente se aplicaba entonces a los enfermos mentales: una lobotomía

Figura ascendente con cigüeñas.por Staffan Norlinds.Borgeby. Foto R.Puig

Figura ascendente con cigüeñas.por Staffan Norlinds.Borgeby. Foto R.Puig

Ya no fue capaz de producir ni una sola imagen. Sus últimos años, desde 1949 hasta 1978, los vivió sumido en la angustia y el rencor. ¿Habría sido diferente su destino si hubiese sido agricultor como su abuelo?

 

 

 

 

Fisionomías (XXIII) en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid

28 agosto, 2016

 

Museo Lázaro Galdiano. Madrid. Foto R.Puig

Museo Lázaro Galdiano. Madrid. Foto R.Puig

Fue en el mes de julio en Madrid cuando visité el Museo Lázaro Galdiano, un lugar apacible retirado del tráfago y de las riadas de turistas, en la parte alta de la calle de Serrano. No había estado en esa mansión de maravillas desde hace una eternidad. Sería difícil que yo pudiese dar una descripción general de esta generosa colección, engastada en el palacete que fue su casa y que refleja las pasiones y preferencias de un fecundo editor y mecenas, José Lázaro Galdiano (Beire, Navarra, 1862 – Madrid, 1947).

En mi caso, me reduzco a dar cuenta de una breve cosecha de fisionomías, fruto de mi manía de ir a la caza de ellas cuando visito algún museo. Es poca cosa, pero a pesar de haber disfrutado durante mi visita de muchas de las obras de la colección permanente y de las exposiciones temporales en marcha, el lector curioso puede encontrar suficiente información sin mi ayuda. Estos son los límites de haberme especializado en rostros.

No obstante, recomiendo la lectura del artículo Coleccionar para educar el gusto: José Lázaro Galdiano de Amparo López Redondo, Conservadora de la Fundación Lázaro Galdiano de Madrid.

El texto concluye así:

Fuera de las peculiaridades de la personalidad de cada coleccionista es importante señalar la admirable labor llevada a cabo por un reducido grupo de esa burguesía emergente que como Lázaro supo asumir en la época de la restauración política, tareas de mecenazgo y de defensa del patrimonio artístico que tradicionalmente ostentaron la monarquía, la aristocracia y la Iglesia y que la administración del Estado no había asumido todavía. Gracias a las colecciones creadas por ellos se conservan hoy importantes obras de arte que en la mayor parte de las ocasiones fueron donadas al Estado para enriquecer los grandes museos o como en este caso permanecer unidas para honrar la memoria de su benefactor.

Colecciones que son un lamento por el pasado esplendor perdido y también constituyen la base de una nueva percepción de la obra de arte.

José Lázaro como otros muchos coleccionistas, crea con su selección de obras un microcosmos desde el que interpretar la historia recreando una estética y una moral. En este sentido puede considerarse que la Colección Lázaro Galdiano es una colección romántica pues en su creación hay algo más que la simple acumulación de objetos bellos, hay además la intención testimonial de reinventar la historia.

La colección es una parte muy activa de la experiencia vital del hombre. Lázaro viajó por toda Europa visitando museos y comprando libros de arte, su biblioteca es un claro reflejo de sus conocimientos artísticos; su entusiasmo por las exposiciones y los museos; también lo son. Escribió a su esposa más de treinta cartas comentándole sus compras de obras de arte y las visitas a museos como la Wallace Collection, la Dulwich, el Kensington, el Louvre o el Museo de Berlín. Visitas absorbentes que en ocasiones le dejaban exhausto pues en el placer contemplativo se olvidaba hasta de almorzar. Entre esas cartas, hay una escrita en Viena en Julio de 1926 en la que relata a su esposa unas reflexiones sobre el arte que en cierto modo resumen una parte de su experiencia como coleccionista: «El arte, al revés que la moda, gana todos los años en valor, sobre todo para mí que pienso que esos objetos me han dado tanta dicha educándome y refinando mi gusto».

Amparo López Redondo, UNED. Espacio, Tiempo y Forma Serie VII, H. a del Arte, t. 20-21, 2007-2008, págs. 301-314.

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Fisionomías de los varones

Escuela Castellana del s.XVI. La Virgen con el niño. Detalle. Museo Lázaro Galdiano. Madrid. Foto R.Puig

Escuela Castellana del s.XVI. La Virgen con el niño. Detalle. Museo Lázaro Galdiano. Foto R.Puig

Comienzo por un niño castellano, bien nutrido y feliz, a quien sólo le falta que un hilillo de baba (o de leche materna) se deslice por la comisura de sus labios. Cuando vean ustedes a la mamá entenderán por qué el niño está contento. Nada de esos niños jesús q los que el barroco pintará pensando en su futura pasión, incluso con unos clavos en las manos. Quién lo tallase y lo policromase tenía otra visión y otros modelos en mente. Los aires y las reglas artísticas de Trento no le habían llegado aún.

En todo caso, este Jesús un poco andrógino no es desde luego el anterior niño castellano unos años después. Por muy admirable y misterioso que sea, hay una inseguridad de adolescente extraordinariamente captada por alguno de aquellos artistas que se formaron en el arte de mostrar los pliegues del alma y las ambigüedades del gesto. ¿Tuvieron algo que ver en todo eso la luz y las interminables nieblas del invierno lombardo que matizaban de palidez las apariciones del sol en la ribera lombarda de la llanura padana?

Círculo de Leonardo Da Vinci. El Salvador adolescente. finales del s.XV.Museo Lázaro Galdiano. Madrid. Foto R. Puig

Círculo de Leonardo Da Vinci. El Salvador adolescente. Final s.XV. Museo Lázaro Galdiano. Foto R. Puig

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En el el museo hay otras fisionomías, rostros prestados para la guerra. No entiendo nada de armaduras y por tanto no sé si rostros de hierro como este se estilaban en tiempos de Leonardo da Vinci (1452 – 1519) y si la moda había ya decaído cuando la batalla de Pavía (1525), librada en esa ciudad de las riberas del Po. El caso es que me ha interesado el contraste entre el rostro temeroso de arriba pintado por aquellas tierras y este yelmoque quizás siga el modelo de los  que campearon en actitud muy diferente por la llanura padana.

Yelmo del s. XVI. Museo Lázaro Galdiano. Madrid. Foto R.Puig

Yelmo. Museo Lázaro Galdiano. Madrid. Foto R.Puig

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Narices

En julio, iniciaba mi crónica en el Jardín Botánico de Madrid con el perfil de Carlos III, en el que destacaba su prominente nariz. Pues bien, aquí también encontramos otras que no son mancas.

En la Antigüedad y en la Europa de los Habsburgo un buen apéndice nasal se consideraba signo de realeza, aunque parece que la cosa viene ya de Ciro el Grande. Comentaba irónicamente Erasmo que el tener la nariz como el pico de un águila era una muestra de poderío e imperio, a semejanza del pájaro rey de las aves. Incluso en este busto, que se estima fue esculpido en el siglo XVI siguiendo modelos romanos, nos hallamos quizás  ante un emperador. Claro que también pudo ser de algún adinerado pretencioso que quiso retratarse así, con su toga y sus rizos a la romana.

Anónimo del s.XVI. Busto de romano. Museo Lázaro Galdiano. Madrid. Foto R.Puig

Anónimo del s.XVI. Busto de romano. Museo Lázaro Galdiano. Foto R.Puig

Quien si era de verdad él mismo, con su hermosa nariz, es el aquí retratado, dicen que por Goya. Este hombre, que cuentan fue de muy afable trato, era un fraile que no por serlo dejó de pensar liberalmente en tiempos difíciles. se trata de Fray José de la Canal (Ucieda, Santander, 1768 – Madrid, 1845).

Extraigo aquí del blog del museo un resumen biográfico de este hombre que, sólo con mirar su retrato, me da que fue una buena persona:

Atribuido a Goya. José de La Canal. 1824 a 25. Museo Lázaro Galdiano. Madrid. Foto R.Puig

Atribuido a Goya. José de La Canal. 1824 a 25. Museo Lázaro Galdiano. Foto R.Puig

Eminente historiador agustino de tendencias liberales, redactor de los periódicos madrileños El Ciudadano Constitucional y El Universal en los difíciles años de 1813-1814 y a causa de ello temporalmente represaliado, prior del convento de San Felipe el Real, miembro de la Société des Antiquaires de Normandía que fundara Arcisse de Caumont en 1823, y al final de sus días director de la Real Academia de la Historia. El 18 de abril de 1845 sus restos mortales fueron conducidos al cementerio de la Patriarcal en un humilde carro, acompañado de cinco coches ocupados por miembros de la Academia de la Historia y la Academia de la Lengua.

 

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Contemporáneo suyo fue Arthur Wellesley (Dublin, 1769 – Kent, 1852) más conocido por su título de duque de Wellington. Este cuadro no es de Goya, pero la nariz sí era también un signo de predestinación en este ilustre guerrero irlandés que tras sus campañas imperialistas en la India, desarrolló  una fulgurante carrera europea, a quien la historia colocó siempre en el lugar justo y en el momento oportuno, en especial en Portugal y en España. Cuando enarcaba las cejas ganaba una batalla. Y el triunfo le coloreaba los pómulos. La campaña de España contra las tropas napoleónicas le valió unos pocos títulos nobiliarios. Además, un Fernando VII  demasiado rumboso le regaló todas las obras maestras (unas 90) de colecciones españolas que Pepe Botella (José Bonaparte) estuvo a punto de llevarse de España. Ahora están en Londres, en la Apsley House, hoy Museo Wellington.

Atribuido a John Jackson. El Duque de Wellington. 1820 a 25. Museo Lázaro Galdiano. Madrid. Foto R.Puig

Atribuido a John Jackson. El Duque de Wellington. 1820 a 25. Museo Lázaro Galdiano.  Foto R.Puig

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Y el monarca que vemos a continuación ya estaba destronado y exiliado en Flandes, cuando como compensación pudo pagarse el honor de ser pintado por el retratista de Carlos V, me refiero a Bernard Van Orley (1487/1491 – 1541), quien no disimuló el malhumor del personaje.

Van Orley. Christian II de Dinamarca. s. XVI. Museo Lázaro Galdiano. Madrid. Foto R.Puig

Van Orley. Christian II de Dinamarca. s. XVI. Museo Lázaro Galdiano.  Foto R.Puig

Cristián II (1481 – 1559) también tenía un buen apéndice nasal, signo de predestinación, no a un solo título real, no, pues a este hombre le cayeron sobre los hombros, por ser hijo de quien era, nada menos que tres reinos: Dinamarca, Noruega y Suecia. Además estuvo casado con la segunda hija de Felipe el Hermoso y la Reina Juana I de Castilla  (Juana la Loca), Isabel de Austria (Bruselas 1501 –  Zwijnaarde, Gante 1526) que durante un tiempo fue también reina de Suecia hasta que Gustav Vasa logró expulsar a los daneses del trono de  Suecia (para sustituir un régimen despótico por otro de la misma índole). De modo que por esos laberintos de la historia de las dinastías europeas, esta hija de Juana la Loca está enterrada con en la Iglesia de San Canuto en Odense (Dinamarca). Pero ella y su marido murieron en el exilio en Flandes.

En Suecia es recordado como Christian el Tirano, entre otras cosas por la matanzas que organizaba, so pretexto de herejía luterana, contra los opositores suecos, entre las cuales destacó el baño de sangre de Estocolmo (1519), una especie de noche de San Bartolomé, aunque unas decadas antes de la de París y de estilo escandinavo. De las matanzas de su sucesor cunero ya hemos hablado aquí.

Pieter Pourbus, El Viejo. Monje. Segunda mitad del s.XVI. Museo Lázaro Galdiano. Madrid. Foto R.Puig

Pieter Janzs Pourbus. Monje . Detalle.  2ª mitad s.XVI. Museo Lázaro Galdiano. Foto R.Puig

El pintor que retrató a este monje benedictino belga era otro reconocido retratista flamenco,  Pieter Pourbus (1523 -1584)  que en este cuadro ha captado el estado de ánimo de un joven religioso, no en actitud mística, sino ensimismado en sus preocupaciones, a saber por qué. La prueba de la fidelidad pictórica del artista es que ni siquiera ha olvidado un grano molesto que campea en la mejilla izquierda de este hombre, consagrado o en vías de pronunciar los votos que le van a apartar del mundo y de sus pompas.

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Fisionomías de mujeres

Y está es la joven señora castellana, satisfecha de tener su bebé bien alimentado y feliz al que hemos visto más arriba.

Escuela Castellana del s.XVI. La Virgen con el niño. Detalle. Museo Lázaro Galdiano. Madrid. Foto R.Puig

Escuela Castellana del s.XVI. La Virgen con el niño. Detalle. Museo Lázaro Galdiano. Foto R.Puig

 

 

Justus Van Egmont. Retrato de dama. 1650 a 55. Museo Lázaro Galdiano. Madrid. Foto R.Puig

Justus Van Egmont. Dama de medio cuerpo. Detalle. 1650 a 55. Museo Lázaro Galdiano.  Foto R.Puig

¡Ah! ¡Las perlas! ¿Que tendrán las perlas que fascinan a las señoras y a sus retratistas de postín?

Para empezar tenemos las perlas de las damas que inmortalizaron tres pintores flamencos y uno de la escuela inglesa que tanto le debió a los artistas de los Países Bajos, los cuatro de la segunda mitad del siglo XVII.  Aunque ninguna de ellas, a pesar de sus nutridos collares alcanza a la joven de la perla de Johannes Vermeer (1632 – 1675), obra de la misma época. Con una sola perla superó los collares que rodean el cuello de sus contemporáneas. ¡El mérito al pintor!

Ludolf De Jongh. 1655 a 1660. Retrato de dama.Museo Lázaro Galdiano. Madrid. Foto R.Puig

Ludolf De Jongh. 1655 a 1660. Retrato de dama.Museo Lázaro Galdiano.  Foto R.Puig

 

Peter Lely. Retrato de dama. ca. 1665. Museo Lázaro Galdiano. Madrid. Foto R.Puig

Peter Lely. Retrato de dama. ca. 1665. Museo Lázaro Galdiano.  Foto R.Puig

En el caso del siguiente retrato, da la impresión de que el salto de dos siglos ha traído consigo la multiplicación por dos de los collares.

Federico de Madrazo. Gertrudis Gómez de Avellaneda. 1857. Museo Lázaro Galdiano. Madrid. Foto R.Puig

Federico de Madrazo. Gertrudis Gómez de Avellaneda. 1857. Museo Lázaro Galdiano.  Foto R.Puig

No sé si por fortuna familiar o por los derechos de autora, esta ilustre escritora y poetisa nacional cubana, hija de indianos españoles,  Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814 – 1873), pudo compensar un poquito sus sinsabores amorosos y matrimoniales dejándose retratar con una mirada desafiante por el mismo pintor que unos años antes había ya pintado a Isabel II.

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Pero yo me quedo con el retrato de una joven atribuido a otra mujer, Sofonisba Anguissola (1535 – 1625), una pintora italiana que llegó a nonagenaria, lo que para la época era una excepción

Atribuido a Sofonisba Anguissola. Retrato de joven dama. 1560. Museo Lázaro Galdiano. Madrid. Foto R.Puig

Atribuido a Sofonisba Anguissola. Joven dama. Detalle. 1560. Museo Lázaro Galdiano. Foto R.Puig

No se identifica a la retratada, pero su fisionomía coincide con la del retrato que hizo Pantoja de la Cruz  de Isabel de Valois (1546 – 1598), a la que casaron con Felipe II  cuando aún no había cumplido los 14 años, a la misma edad en que lo habían hecho con su madre, Catalina de Medicis, casada con el rey de Francia. Da la casualidad que Sofonisba Anguissola no sólo llegó a la corte de España como pintora, sino que fue también dama de compañía de aquella Isabel de Francia que fue la tercera esposa del adusto monarca quien cuando los esponsales ya tenía 33 años de edad.

Este es sólo un detalle de un cuadro que así se describe en la ficha del museo:

De pie y casi de cuerpo entero, se representa la joven en un interior apoyando la mano derecha sobre una mesa. Mira al frente, con gesto sereno, ricamente vestida: saya de vivo terciopelo rojo sobre camisa, ambos bordados en oro. Lechuguillas de encaje y pelo oscuro recogido con un adorno de pedrería. Sobre el vestido, rico collar y cinturón de oro y pedrería.

Atribuido a Sofonisba Anguissola. Retrato de joven dama. 1560. Museo Lázaro Galdiano. Madrid. Foto R.Puig

Atribuido a Sofonisba Anguissola. Retrato de joven dama. 1560. Museo Lázaro Galdiano.

Nada que ver con el retrato que la misma artista le hizo a Felipe II que sólo tiene en común con su joven esposa la típica golilla de la época, y si maneja entre sus dedos unas bolitas, no son perlas, sino cuentas del rosario

Felipe II por Sofonisba Anguissola. Museo del Prado

Felipe II por Sofonisba Anguissola. Museo del Prado

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Pero a todo esto, buscaba yo, para terminar esta crónica, algún retrato al óleo del hombre que tantos coleccionó. Pero pareciera que aquí también vale lo de en casa del herrero cuchara de palo, pues sólo he podido dar con su retrato al pastel cuando el mecenas andaba por la treintena. Es obra del malogrado Joaquín Vaamonde (1872 – 1900)

Retrato al pastel de José Lázaro Galdiano por Joaquín Vaamonde. Pinterest.com

Retrato al pastel de José Lázaro Galdiano por Joaquín Vaamonde. Pinterest.com

Por desgracia da la sensación de que alguien lo estropeó emborronando la nariz del filántropo

Pensar la luz (con Le Clézio)

21 agosto, 2016
Luz. Foto R.Puig
Luz. Foto R.Puig

Hace ya unas semanas que estoy leyendo un libro de Jean-Marie Gustave (J.M.G.) Le ClézioL’inconnu sur la terre (Gallimard, 1978). Son trescientas diecisiete páginas de breves ensayos poéticos que toman el título del primero, en el que habla de un chiquillo desconocido «que está sentado en el cielo, como sobre una duna de arena, frente al mar, frente al espacio, y mira», como el autor, como nosotros:  miramos, observamos, a veces sin saber lo que buscamos, lo que vamos a descubrir exactamente. Pudiera ser que también hayamos divisado a ese «niño desconocido».

Es un libro para leer a sorbos, como se leen los libros de poesía, sobre todo cuando están escritos en prosa. El escritor, como el niño desconocido, va posando su mirada admirada sobre tantas cosas que en nuestras prisas no vemos, descubriendo lo desconocido en la tierra, eso que se nos escapa, porque, aunque lo percibamos, no lo pensamos. Estamos tan ocupados que la inmensa mayoría de las cosas siguen siendo para nosotros tierra incógnita.

Por ejemplo, la luz…

Vasaparken. Foto R.Puig

Vasaparken. Gotemburgo. Foto R.Puig

 

Le Clézio. L'inconnu sur la terre. p.55

En la luz vive la belleza. La luz del día, esa que siempre retorna, que baña los objetos y los seres, que los hace presentes. Por ella se ponen a brillar, vibran y se adornan de todos sus colores y de todas sus formas. Aman la luz. Todos. Hasta esos que se esconden la miran a través del velo del agua o del humus. Esos que están bajo tierra, los granos, las conchas, los metales, los cristales, aguardan a mostrarse, hacen grandes esfuerzos por aparecer. Se vuelven hacia ella, todos crecen y empujan para alcanzarla. En la luz es donde los seres viven y respiran. Para ella tienen hojas, pelajes, espinas, frutos, cálices, olores.

Puesta de sol en Barsebäck. Escania. Foto R. Puig

Puesta de sol en Barsebäck. Escania. Foto R. Puig

Los ojos buscan siempre la luz allá donde se encuentre. Los ojos de día, los ojos en la noche. Y la felicidad, eso no puede ser sino eso, es cuando uno halla la luz, se está con ella, abrazado a ella, y que uno la ve con su cuerpo entero, no sólo con los ojos, sino con la propia piel, con sus cabellos, su boca, sus uñas. Es ella la que os une al mundo, la que os rescalda, la que os habla, la que os alimenta.

(Le Clézio. L’inconnu sur la terre. p.55)

En la costa de Tjörn. Foto R.Puig

En la costa de Tjörn. Foto R.Puig

Chispas en el agua. Isla de Orust. Foto R.Puig

Isla de Orust. Foto R.Puig

 

Chispas. Foto R.Puig

…sobre el mar. Foto R.Puig

La única moneda que me gustaría tener: las chispas blancas, sobre el mar

Le Clézio. L'inconnu sur la terre, p. 112

La luz viene siempre, la que libera a las sombras, la que te vuelve ligero, danzante, la que os conduce hasta el reino del aire

(Le Clézio. L’inconnu sur la terre, p. 112)

Atardecer en Onsala. Foto R.Puig

Atardecer en Onsala. Foto R.Puig

Amanecer en La Almadraba. Foto R.Puig

Amanecer en La Almadraba. Foto R.Puig

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Vasaparken. Foto R.Puig

Vasaparken. Gotemburgo. Foto R.Puig

Y el libro continúa en capítulos cortos, mirando como si fuese la primera vez, así hasta el final…

¡Ah, sí, el final! No he llegado aún pero la curiosidad me puede, así que, como tendréis prisa, os dejo el último párrafo… frente a la luz de la noche.

Très lentement le sourire se dessine sur le lèvres du petit garçon inconnu, au fond de la nuit, derrière la vitre froide. Le sourire luit sur la ville, et au même moment, la lune blanche monte dans le ciel, à peine visible dans son premier et mince croissant

Muy despacio se dibuja la sonrisa en los labios del chiquillo desconocido, al fondo de la noche, tras el cristal frío. La sonrisa brilla sobre la ciudad, y en ese mismo instante, la luna blanca asciende en el cielo, a penas visible en su primer y delgado creciente.

(Le Clézio. L’inconnu sur la terre, p. 317)

En su primer delgado creciente. Foto R.Puig

En su primer y delgado creciente. Foto R.Puig

N.B.: traducción del autor del blog

Pilane 2016 (y II): el séquito de Anna

14 agosto, 2016
Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Breaking through. Acero inoxidable. Pilane 2016. Foto R.Puig

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Breaking through. Acero inoxidable. Pilane 2016. Foto R.Puig

Hace dos domingos mostraba aquí la gran cabeza de Anna que preside durante los meses de julio y agosto, entronizada como en un altar, el paisaje de Pilane en la isla de Tjörn. Esta obra de Jaume Plensa lleva el mismo nombre que un Cava Brut, catalán como el artista, que fue premiado en el International Wine Challenge de 2015 con una medalla de oro.

Codorniú. Anna. Cava Brut. International Wine Challenge

Anna. Cava Brut. International Wine Challenge

Así pues Anna, desde su colina, impera impertérrita sobre las esculturas de Pilane 2016 y se podría decir que a algunas de ellas las inebria, como a este ser metamórfico que gira en el misterioso trance de un parto múltiple de proporciones bíblicas.

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Breaking through. Acero inoxidable. Detalle. Pilane 2016. Foto R.Puig

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Breaking through. Acero inoxidable. Detalle. Pilane 2016. Foto R.Puig

Al menos esa es la impresión que me causa esta anatomía en acero inoxidable de Martin Sjöberg que, como un Adán multigestante, no sólo pare a Eva de su costilla, sino que, en su desenfrenada danza sobre cinco pies, centrifuga varios cuerpos más.

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Breaking through. Acero inoxidable. Detalle. Pilane 2016. Foto R.Puig

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Breaking through. Acero inoxidable. Detalle. Pilane 2016. Foto R.Puig

A juzgar por sus dos cuellos rebanados, se trata de un decapitado que al menos tuvo dos cabezas y que, aunque tenga tantos cuerpos como para dar a Anna el que le falta, desde su posición inferior envidia esa majestuosa cabeza que enseñorea las alturas de Pilane.

Hay obviamente otros elementos de esta metamorfosis en curso, pero el escultor, no sabiendo como resolver la ecuación hermafrodita que su obra le plantea, ha decidido poner calzoncillos a la estatua. Al fin y al cabo ya hubo otro artista que a otras obras maestras puso bragas.

Subiendo hacia el límite del parque encontramos a este personaje, quien, aunque el paisaje merezca ser admirado con los ojos bien abiertos, no sabemos bien por qué, ha hundido su cabeza en este suelo rocoso y duro.

María Miesenberger. Suecia. 2016. Hombre avestruz. Acero y bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig

María Miesenberger. Suecia. 2016. Hombre avestruz. Acero y bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig

O bien es un híbrido de humano y de oso hormiguero, o se trata del ataque de desesperación de uno que ha ido a que le quiten los tatuajes y el dermatólogo le ha presentado el presupuesto…

María Miesenberger. Suecia. 2016. Hombre avestruz. Acero y bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig

María Miesenberger. Suecia. 2016. Hombre avestruz. Acero y bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig

Este  otro prefiere evadirse de la realidad contorsionándose en una especie de break dance

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Macho en acto de evadirse. Acero inoxidable. Pilane 2016. Foto R.Puig

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Macho en acto de evadirse. Acero inoxidable. Pilane 2016. Foto R.Puig

En este caso la cabeza le es de mucha utilidad. ¡Buena suerte con las cervicales!

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Macho en acto de evadirse. Acero inoxidable. Detalle. Pilane 2016. Foto R.Puig

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Macho en acto de evadirse. Acero inoxidable. Detalle. Pilane 2016. Foto R.Puig

Nosotros seguimos nuestro paseo

Aase Texmon Rygh. Noruega 2016. Anillo de Moebius. Gabro. Pilane 2016. Foto R.Puig

Aase Texmon Rygh. Noruega 2016. Anillo de Moebius. Gabro. Pilane 2016. Foto R.Puig

El trabajo de Aase Texmon Rygh en su sencillez fija en dura piedra la geometría airosa del famoso  anillo o banda de Möbius o Moebius

Aase Texmon Rygh. Noruega 2016. Anillo de Moebius. Gabro. Detalle. Pilane 2016. Foto R.Puig

Aase Texmon Rygh. Noruega 2016. Anillo de Moebius. Gabro. Detalle. Pilane 2016. Foto R.Puig

No lejos de allí brotan los dinamismos de un rosal de aluminio que, blancos, cortantes e inmaculados, ponen el contrapunto musical a la silenciosa impasibilidad de Anna y amaestran los torbellinos del viento de esta isla

Alice Haycock. USA. 2014. HOOP-LA. Aluminio. Pilane 2016. Foto R.Puig

Alice Haycock. USA. 2014. HOOP-LA. Aluminio. Pilane 2016. Foto R.Puig

Pero hay también unas cuerdas, puede que más bien lianas, abandonadas a los caprichos del aire

Bard Breivik. Noruega 2006. Tres cuerdas orgánicas. Pilane 2016. Foto R.Puig

Bard Breivik. Noruega 2006. Tres cuerdas orgánicas. Pilane 2016. Foto R.Puig

Caprichos de tintas tenebrosas son también dos obras de carácter conceptual, reconozco que no muy armónicas, por no decir que alejadas de lo que se considera bello, que aluden a esos azares que, sin contar con nosotros, cuando venimos al mundo nos convierten en miembros de una u otra nación.

Siempre han sido muchos, y -¡ay!-se multiplican, quienes consideran como mérito propio la nacionalidad que les otorgó la suerte y niegan el pan y la sal a quienes, para sobrevivir y contra su voluntad, han de escapar de la suya. Es triste ver como proliferan en nuestra Europa los guardianes de la etnia inmutable y del monismo identitario.

Helena Mutanen. Suecia. 2010 - 2016. Jus soli. Técnica mixta, tela encerada y metal. Pilane 2016. Foto R.Puig

Helena Mutanen. Suecia. 2010 – 2016. Jus soli. Técnica mixta, tela encerada y metal. Pilane 2016. Foto R.Puig

En esta instalación escultórica las raíces, que anclan el árbol al suelo donde cayó la semilla, quieren simbolizar el ius soli que en unos lugares da derecho al marchamo nacional. En la siguiente, la artista ha formado el corazón con sus arterias y sus venas que nos vienen de nuestros padres, para corporeizar el ius sanguinis que, en otros lugares, es lo que te vincula a una patria. En ambos casos, al interfecto esa condición del destino le sobreviene sin comerlo ni beberlo o, dicho con otra expresión, sin que pinche ni corte.

Helena Mutanen. Suecia. 2010 - 2016. Jus sanguinis. Técnica mixta, tela encerada y metal. Detalle. Pilane 2016.

Helena Mutanen. Suecia. 2010 – 2016. Jus sanguinis. Técnica mixta, tela encerada y metal. Detalle. Pilane 2016.

Estos azares del derecho fueron siempre determinantes para la humanidad, aunque en estos últimos tiempos las imágenes de las emigraciones masivas, de las muertes de quienes buscan asilo y de los campos de refugiados han hecho más patentes si cabe las veleidades de Fortuna que se vale de la ambición, la iniquidad y la violencia de los hombres para decretar la mala suerte de millones de personas que, como cualquiera de nosotros, no han elegido el lugar de su nacimiento.

En resumen, que hay obras, que aunque no destaquen por su calidad artística y sin que puedas estar cien por cien seguro de lo que expresa su autor, se prestan a hacer pensar. En realidad, esto lo podemos decir de casi todas las obras de arte contemporáneo, sobre todo si pertenecen a la corriente conceptual.

Aunque, reflexionando un poco ¿no era también conceptual la sonrisa de La Gioconda?

Sea como sea, nosotros seguimos nuestro paseo y encontramos un caballo de bronce, o su torso amputado de cabeza y patas delanteras, que en salto imposible se alza sobre sus cuartos traseros

William Tucker. USA. 2016. Caballo chino. Bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig

William Tucker. USA. 2016. Caballo chino. Bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig

Así que, como no podemos ensillarlo, seguimos a pie por las alturas de Pilane…

Pilane 2016. Humedal. Foto R.Puig

Pilane 2016. Humedal. Foto R.Puig

Pilane 2016. El caserío. Foto R.Puig

Pilane 2016. El caserío. Foto R.Puig

En el camino hacia la salida, como no podía faltar, hay uno de esos perfiles rotatorios de Tony Cragg, como siempre discretamente cómico y solemne

Tony Cragg. Gran Bretaña. 2015. Must be. Bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig

Tony Cragg. Gran Bretaña. 2015. Must be. Bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig

Pareciera que esta testa de guerrero empenachado tratase en vano de atraer la atención de la chica que, impasible, le ignora:  ¡¡¡¿hay alguien ahí?!!!

Tony Cragg. Gran Bretaña. 2015. Must be. Bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig

Tony Cragg. Gran Bretaña. 2015. Must be. Bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig

Tampoco será fácil que obtenga respuesta de este orondo champiñón

Morten Löbner Espersen Dinamarca. 2016. Gres. Pilane 2016.  Foto R.Puig

Morten Löbner Espersen. Dinamarca. 2016. Champiñón mágico. Gres. Pilane 2016. Foto R.Puig

O de estos bolardos inquietos que se hacen reverencias entre sí

Bettina Pousttchi. Bolardos callejeros. 2012. Limadura compactada. Pilane 2016. Foto R.Puig

Bettina Pousttchi. Bolardos callejeros. 2012. Limadura compactada. Pilane 2016. Foto R.Puig

En cualquier caso, a mí, tras más de dos horas de subir y bajar por los senderos de Pilane, me está tentando la idea de hacer lo que esta cansada y anónima turista: tumbarme y dejarme llevar al Nirvana

Como la vida misma. Técnica mixta, Pilane 2016.  Foto R.Puig

Como la vida misma. Técnica mixta, Pilane 2016. Foto R.Puig

Más tarde, pasaré por el Systembolaget a hacerme con una botella de Anna. Con una Toast Skagen de gambas de la Costa Oeste de Suecia el cava catalán armoniza a las mil maravillas

Toast Skagen. Foto

Toast Skagen. Foto Peter

Recompensa

7 agosto, 2016
Recompensa. Foto R.Puig

Recompensa. Foto R.Puig

Suelo volver del taller en lo que podríamos llamar un autobús acuático, el Älvsnabben 285 («el rápido de la ría»), algo así como los vaporetti de Venecia, aunque aquí no circula por los canales sino por el estuario del Río Göta, tan ancho como las rías gallegas en España. Este trayecto, escoltado por gaviotas y cormoranes,  siempre es grato.

Hace pocos días la jornada había sido rutinaria: gimnasio, boceto al pastel, renovación con tintas de colores de viejos dibujos al carboncillo, lectura, breve almuerzo, siesta y música…

No me sentía  merecedor de ningún premio especial, pero la lluvia, que me empapó de camino al embarcadero, y el sol, que jugaba con las nubes en su descenso hacia el oeste, habían decidido recompensarme.

Puentes. Foto R.Puig

Puentes. Foto R.Puig

Para recoger el galardón me bastó salir a la plataforma de proa y dejar que el niño que llevamos dentro trepara por esos arcos que abrazaban la ciudad.

Olvidé a Descartes y a Newton y lo que me enseñaron en el colegio para imaginar este mismo lugar poblado por las gentes de la Edad del Hierro y sentir que estaba ante un misterioso arco de colores que abrazaba la tierra y abría pasajes entre ella y el cielo.

Y ya que no tengo a mano una representación del arcoíris en tiempos de los primeros pobladores de Escandinavia, recurriré a su aparición ante la bahía de San Francisco cuando quizás todavía quedase algún aborigen californiano para verlo

Albert Bierstadt. 1900. The Golden Gate. U.S. Public domain

Albert Bierstadt. 1900. The Golden Gate. U.S. Public domain

O algún cheyenne en Wyoming

Albert Bierstadt. Rainbow over Jenny Lake. Wyoming.U.S.Public domain

Albert Bierstadt. Rainbow over Jenny Lake. Wyoming.U.S.Public domain

Curiosamente, este cuadro del artista germano-americano Albert Bierstadt (1830-1902), el pintor que yo sepa que más arcoíris representó en sus lienzos, encierra un error óptico, a ustedes de descubrirlo.

En las culturas primigenias la aparición del arcoíris (el Arco de la diosa Iris en la mitología griega) podía significar augurios y profecías y en la Biblia significa la Alianza tras el castigo. Pero, más allá de mitos y trascendencias, digo yo que también habría niños y poetas que lo verían como nosotros podemos también verlo: como la recompensa de un día sin historia.

A las seis menos diez de la tarde. Foto R.Puig

A las seis menos diez de la tarde. Foto R.Puig

Entretanto estoy llegando al desembarcadero de Stenpiren, desde el que se pueden tomar los barcos hacia el archipiélago de Gotemburgo.

Fin de trayecto. Foto R.Puig

Fin de trayecto. Foto R.Puig

Aún, durante un rato, este arc-en-ciel me acompaña en mi paseo a casa. Desde la torre de la Iglesia alemana parece emanar bendiciones. El reloj marca las seis de la tarde.

Halo de santidad. Foto R.Puig

Halo de santidad. Foto R.Puig

A diez minutos de ahí paso junto a otro arcoíris, que le sirve de ostensorio y custodia a la chica de la flor 

Otro arcoíris. Foto R.Puig

Otro arcoíris. Foto R.Puig

Y ya que nuestro paseo empezó en el agua, acabaré esta crónica acercándome a saludar al dios de las aguas, emblema si los hay de Gotemburgo, nuestro jocoso Poseidón, a quien Carl Milles dejó ahí  enarbolando su salmón y sopesando una ostra gigante. Al fin y al cabo somos casi vecinos.

El amo del agua. Foto R.Puig

El amo del agua. Foto R.Puig

Durante estos meses estivales lo han rodeado de un frondoso y pedagógico jardín de verano, en el que hay de todo, desde flores a coliflores.

Poseidón en su jardin de verano. Foto R.Puig

Poseidón en su jardín de verano. Foto R.Puig

Quienes más parecen disfrutarlo son las sirenas que le acompañan

El séquito de Poseidón. Foto R.Puig

El séquito de Poseidón. Foto R.Puig

 

Pilane 2016 (I): Anna en su nirvana

31 julio, 2016

 

Anna por Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

Anna por Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

Como todos los años, he vuelto a la exposición de escultura al aire libre en el entorno de Pilane, en la isla de Tjörn, en la región del Bohuslän Sur, en la Costa Oeste de Suecia. Vine por primera vez en 2011 y, desde entonces, no me he querido perder ni una sola edición (todas mis visitas han sido reseñadas en este blog). La actual es la décima edición de esta exhibición de escultura internacional junto al mar y en unos espacios que conservan menhires funerarios de hace 10.000 años.

En este Pilane Heritage Museum el medio natural, labrado por los glaciares y rodeado de un mar surcado por fiordos, es el lugar ideal donde artistas de diversos países escogen el emplazamiento temporal de sus esculturas bajo la guía de Peter Lennby, creador y alma de esta iniciativa. Este año, la cumbre de honor la ha ocupado una conocida figura de Jaume Plensa que merece que le consagre la primera crónica de las dos que voy a dedicar a mi placentero paseo, divertido y energético, que duró casi tres horas.

Anna por Jaume Plensa. Pilane 2016.   Foto R.Puig

Anna por Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

Por los senderos de Pilane (mejorados con nuevas pasarelas y escalas de madera) disfruto del sol, el viento, el paisaje y las sorpresas de las nuevas aportaciones escultóricas, tanto de los artistas que exponen por vez primera como de los habituales.

En diferentes tamaños, en galerías y espacios públicos, Plensa ha seguido repitiendo, con ligeras variantes, la fisonomía de este rostro de adolescente enfrascada en sus sueños, a la que ha bautizado como AnaAnna dreams o, en este caso, como Anna. Unas veces le moldea rasgos orientales y otras parece inspirarse en perfiles leonardescos.

Anna por Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

Anna por Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

El material de la obra instalada en Pilane es la fibra de vidrio con polvo de mármol. Su blancura es inmaculada, de tal modo que, cuando se yergue sobre un fondo de celajes, casi se confunde con el cielo.

Anna por Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

Anna por Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

Desde la distancia alumbra como una llama de fuego blanco.

En Pilane los vientos son suaves en esta época del año y las obras permanecen instaladas sólo desde fines de mayo a fines de agosto. Este es un parque de instalaciones escultóricas, a diferencia de la Escultura ambiental, de la que hay numerosos ejemplos en Italia con obras que se integran de modo permanente en el medio natural, que envejecen bajo la acción de los elementos y con el paso de las estaciones.

De algún modo, la forma oblonga, el suave perfil braquicéfalo de Anna y de algunas otras de sus heterónimas, además de buscar un efecto espiritualista y teniendo en cuenta sus dimensiones (alrededor de veinte metros), parece cumplir una función aerodinámica. Aunque no es posible saber como reaccionaría la estructura si siguiese sobre esa altura cuando hubiese de afrontar las tormentas y vientos invernales en la isla de Tjörn.

Anna aerodinámica. Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

Anna aerodinámica. Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

Si llegase la nieve y los intersticios entre sus bloques comenzasen a vibrar ¿abriría Anna sus ojos o seguiría impasible como los menhires de los círculos funerarios de Pilane?

A medida que nos acercamos, la bella lejana pierde su alada ligereza y su estructura de bloques se va asemejando a una construcción de hielo, a un gran igloo cerrado a cal y canto, al mausoleo de una joven sin cuerpo que cerró sus párpados hace miles de años para no abrirlos más.

Primer plano de Anna. Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

Primer plano de Anna. Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

Desde lejos,  Anna parece que invita al vuelo de los sueños, a la elegía y a la vía de la meditación y el yoga, de la pacificación de las pasiones o, como el artista ha declarado en ocasiones, este rostro sea el símbolo de una especie de epifanía hacia dentro, de la belleza interior.

No obstante, de cerca, esta Anna es inhumana, como otras creaciones de ese Ars ex machina que desde hace algunas décadas domina la escena. No creo que Walter Benjamin imaginase hasta que punto serían acertadas sus anticipaciones sobre la industria de las obras de arte en la época de su reproductibilidad técnica.

Anna hermética. Pilane 2016. Foto R.Puig

Anna hermética. Pilane 2016. Foto R.Puig

Esta escultura, que, enhiesta sobre rocas graníticas, sorprende al visitante nada más llegar a Pilane, es un hermoso muro, un ánfora sin cuerpo, una rostro sin mirada, el ocaso de toda sensualidad.  No posee la serena fluctuación de los matices del mármol, sino la pasiva inmovilidad de su polvo calizo, no el abierto reflejo del vidrio sino el ensimismamiento de su fibra industrial. Es una bella durmiente que ningún aliento, ningún beso, lograría animar. Y está triste, muy triste.

Anna está triste. Pilane 2016. Foto R.Puig

Anna está triste. Pilane 2016. Foto R.Puig

Casi al final del paseo ascendí al punto más alto para recorrer con la mirada, en un giro de 360º y en toda su amplitud, estos parajes de la isla de Tjörn, comenzando y acabando por la cabeza de Anna, que en la lejanía pareciera un resto olvidado de aquellos glaciares que pulieron estos roquedales, un témpano remanente que aún resiste al sol.

Anna por Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

Anna por Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig

Allá arriba, sólo el sonido del viento y el horizonte de rocas y de mar: una invitación al Nirvana.

Un paraje de roca y fiordos. Pilane 2016. Foto R.Puig

Un paraje de roca y fiordos. Pilane 2016. Foto R.Puig

Un arcángel voló desde Lima a Requena…

24 julio, 2016
Requena. Plaza de Albornoz. Foto R .Puig

Requena. Plaza de Albornoz. Foto R .Puig

Durante años he pasado cerca de Requena en mis desplazamientos entre Madrid y Valencia. La semana pasada, por fin, hice parada y fonda con vistas a la plaza de Albornoz, en el centro del barrio antiguo.

España está sembrada de villas, hoy menores, muchas de ellas prósperas, que tuvieron importancia histórica y estratégica. Requena es una de ellas y, como suele ser el caso, la ciudad vieja se fue formando y fortificando sobre una colina.

Requena. La Alcazaba. Siglo XIII. Foto R  .Puig

Requena. La Alcazaba. Siglo XIII. Foto R .Puig

Pero no me corresponde a mí contar su historia que el lector curioso encontrará en Internet con todo lujo de detalles.

Requena. Torre del Homenaje. Siglo XV. Foto R .Puig

Requena. Torre del Homenaje. Siglo XV. Foto R .Puig

Hoy se puede pasear por Requena rememorando otras épocas: la colonización árabe de la península, la Reconquista y el paso del Cid Campeador, la evolución de estilos arquitectónicos en sus templos y el vaivén de las guerras peninsulares reseñado por los restos de su fortaleza y sus murallas.

Requena. Del pórtico de Santa María. Foto R.Puig

Requena. Del pórtico de Santa María. Foto R.Puig

Pero, sobre todo, el sabor de sus calles, plazas, casas y casonas y el encuentro con su gente.

Requena. Arcos árabes.Foto R.Puig

Requena. Arcos árabes.Foto R.Puig

Requena. Iglesia Torre de El Salvador y cúpula del Sagrario.  Foto R.Puig

Requena. Iglesia Torre de El Salvador y cúpula del Sagrario. Foto R.Puig

Requena. Foto R.Puig

Requena. Foto R.Puig

Como es tiempo de vacaciones, la villa rebosa de jóvenes y niños, de sus voces y de sus juegos. Junto a los jubilados que se resguardan del calor a la sombra de un pórtico o en la umbría de las calles, hay un ir y venir  de los alumnos de escuelas e institutos, libres de clases y exámenes.

Requena. Calle Somera. Foto R .Puig

Requena. Calle Somera. Foto R .Puig

Estos chavales y estas chavalas son el futuro de España.

Requena. Juventud de vacaciones. Foto R.Puig

Requena. Juventud de vacaciones. Foto R.Puig

Ahí donde los ven, los «vándalos unidos», que así me han dicho se llama su pandilla, todos han aprobado el penúltimo año de bachillerato y, al menos cuatro de ellos, ya saben la profesión para la que quieren estudiar el año que viene, cuando acaben los estudios secundarios.

Quizás también salga de esta villa algún artista destacado, si  es que los ejemplos del Museo de Arte Contemporáneo de Requena llegan a servir de inspiración.

Museo de Arte Contemporáneo de Requena. Foto R.Puig

Museo de Arte Contemporáneo «Florencio de la Fuente» de Requena. Foto R.Puig

Mi estancia me pilló fuera de los horarios de apertura, pero hay obras de Miró, Dalí, Tapies, Bores, Torner, Rueda, Mompó, Plensa, GuayasamínLam, y de otros menos conocidos pero activos. Así que volveré  en otra ocasión a visitarlo.

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El arcángel que llegó de Lima

Lo que no esperaba encontrar en Requena, en un rellano de la primera planta del hotel, era un San Miguel Arcángel de la escuela cuzqueña, con su espada desenvainada. Bajaba de la habitación para pasear al atardecer por la ciudad vieja, cuando, tocado con el típico sombrero virreinal entre sus alas de abundante pluma, como pintaban a los arcángeles los artistas del Perú en el siglo XVIII, el vencedor de Lucifer, con gesto de guasa, me observaba desde su antiguo marco rojo y oro .

El Sr.Jiménez en arcángel virreinal. Foto R.Puig

El señor Jiménez en arcángel virreinal. Foto R.Puig

Preguntando preguntando, he llegado a saber algo que en las clases de arte peruano de mis años en Lima nunca supe. Aunque es posible que alguno de mis condiscípulos del Perú me pueda aclarar si esta práctica, este reciclaje de óleos de la Escuela Cusqueña, sigue vigente.

El caso es que hace ya unos años un español afincado en Lima se trajo de allá y depositó en casa de sus parientes en Requena este lienzo, en el que, sobre el rostro original, un atrevido pintor de la Ciudad de los Virreyes superpuso el retrato del adquirente. Si prestamos fe a mi informante requenense, estos antiguos arcángeles retocados se obtenían en Lima por encargo.

Aunque tiene aspecto de ser un lienzo antiguo, mejores conocedores hay que yo para verificarlo. A pesar de la penumbra en la que pude observarlo, parece que el rostro contemporáneo haya sido un tercer componente superpuesto al estereotipo afiligranado, típico de aquellas obras, en el que a menudo parecen intervenir dos manos de un mismo taller, especializada una en el atuendo y otra en la persona del ángel. Los barnices habrían hecho el resto.

El Sr.Jiménez en arcángel virreinal. Foto R.Puig

El señor Jiménez en arcángel virreinal. Foto R.Puig

Para que ustedes comparen, he seleccionado, un ejemplo de este género de pintura virreinal del Perú que se puede ver en el Museo Pedro de Osma en Lima, con el que coincide en casi todo el retrato del señor Jiménez.

El arcángel San Miguel. Escuela cuzqueña ss.XVII a XVIII. Museo Pedro de Osma.

El arcángel San Miguel. Escuela cuzqueña ss. XVII a XVIII. Museo Pedro de Osma.

Si el arcángel de Requena es una copia contemporánea, hábilmente envejecida, o un lienzo antiguo salido del mismo taller, conforme al mismo modelo de los cuadros angélicos de la Escuela Cuzqueña, no he podido saberlo. En todo caso, hay que reconocer que al señor Jiménez no le faltó una buena dosis de humor irreverente, cuando quiso dejar un recuerdo a la familia. También confío en que el patrimonio artístico peruano no haya sufrido con ello.

Si así fuese, otro arcángel podría empuñar el arcabuz para tomarse la justicia por su mano. Claro que, para ello, tendría que volar hacia la ignota región en donde ahora moren los profanadores.

El arcángel con arcabuz. Escuela cuzqueña ss.XVII a XVIII. Museo de Arte de Lima

El arcángel con arcabuz. Escuela cuzqueña ss.XVII a XVIII. Museo de Arte de Lima

Pero, si el mismísimo San Miguel se sintiese ofendido, no quiero ni pensar la tremolina que armaría, cuando bajase a ajustar cuentas desde lo alto del Castel Sant’Angelo

 

Deambulando por Madrid

17 julio, 2016
Carlos III. Real Jardín Botánico. Madrid. Foto R.Puig

Carlos III. Real Jardín Botánico. Madrid. Foto R.Puig

En homenaje a la nariz de Carlos III

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Andar por los barrios de mi patria chica es uno de los placeres de estos pocos días, que echaré de menos cuando no esté en Madrid. Pero este domingo, cuando mis divagaciones aparezcan, estaré iniciando mi ruta por las llanuras manchegas, de vuelta a Valencia y a la Marina Alta.

La efigie de Carlos III,  en la umbría del Jardín Botánico (mi refugio preferido cuando ya me aprietan los zapatos), con su regio apéndice nasal, tan amigable y hospitalario para con las arañas, me ha incitado a abrir este post con el rostro inconfundible del mejor alcalde de Madrid, de cuyo nacimiento se cumplieron tres siglos este año.

La verdad es que se podría identificar a los monarcas de nuestras dinastías por sus perfiles fisonómicos. De este modo la sucesión entre los Austrias y los Borbones de España se podría haber dirimido entre numismáticos o en una consulta popular: ¿Prefiere usted que su rey sea prognato o narigudo? 

Por desgracia las naciones y los ejércitos europeos se lo tomaron a la tremenda y las escabechinas duraron casi quince años, cuando todo se habría podido resolver por voluntad estético-popular y el monarca habría accedido a reinar o por narices o por la jeta.

Nota bene: ¡adivinen qué nación sacó la mejor tajada de aquellas contiendas que, a costa de tantos muertos, hicieron la fortuna de pocos! (Pista: I want my ….. back)

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A lo que íbamos…

Disculpen que me haya alejado del discurso inicial, estaba yo paseando por Madrid. Empecé temprano, pues no es verdad que los madrileños no sean madrugadores. De hecho, ínclitos sociólogos dicen que sólo son unos 10.000 habitantes de la Villa y Corte los que tienen hábitos noctámbulos y se la pasan noche tras noche en teatros, tapeos y francachelas. Los demás son muy cumplidos. La razón de que parezcan muchos más es (basándome en lo que me han dicho los sociólogos que lo han estudiado) que a esos diez mil trasnochadores les siguen cada día algo así como una media de ochenta mil gregarios (es decir turistas y forasteros) que acuden a Madrid motivados por su famosa movida.

Madrid. Plaza Alonso Martínez a primera hora. Foto R.Puig

Madrid. Plaza Alonso Martínez a primera hora. Foto R.Puig

Muchos madrileños desayunan frugalmente y de mañanita en la barra del bar

Cafetería Santander a las ocho de la mañana. Foto R.Puig

Cafetería Santander a las ocho de la mañana. Foto R.Puig

De hecho, los cruasanes de Madrid pueden codearse con los mejores de París

La tentación temprana. Foto R.Puig

La tentación temprana. Foto R.Puig

Por las calles veremos a muchos probos empleados que acuden presurosos a cumplir con su deber y ganarse el pan con el sudor de su cuero cabelludo

Madrid. Hacia el curro.Foto R.Puig

Madrid. Hacia el curro.Foto R.Puig

Por cierto que este establecimiento no había levantado el cierre todavía, pues es de los que se quedan abiertos hasta tarde para avituallar a los famosos diez mil y a sus seguidores.

Madrid. Plaza Santa Bárbara. Ready Made.Foto R.Puig

Madrid. Plaza de Santa Bárbara. «Readymade».Foto R.Puig

La verdad es que las vitrinas de algunos de nuestros comercios deberían formar parte de la colección permanente del MOMA de Nueva York.

Juzguen si no por los detalles

Madrid. Plaza Santa Bárbara. Arte Urbanita.Foto R.Puig

Madrid. Plaza Santa Bárbara. Arte Urbanita.Foto R.Puig

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Por desgracia, algunas bienamadas librerías han tenido que echar el cierre…

Madrid. Entre todos la mataron...Foto R.Puig

Madrid. Entre todos la mataron…Foto R.Puig

Sin embargo, aún subsisten establecimientos que exhiben sus  castizos blasones

Blasones de Madrid. Foto R.Puig

Blasones de Madrid. Foto R.Puig

¡Y los miradores de Madrid!

Miradores de Madrid. Foto R.Puig

Miradores de Madrid. Foto R.Puig

Estos me recuerdan los que había en la casa vecina, pared por medio del piso de mis abuelos en el que transcurrió mi infancia. Dos señoras mayores se acomodaban en su mirador, sentadas en butacas de mimbre, a mirar pasar el tiempo sobre los jardines de un gran palacio que ocupaba la manzana al otro lado de la calle.

Nosotros no teníamos mirador, pero sí balcones, con sus barrotes y arabescos en hierro colado

Balcón de Madrid. Foto R.Puig

Balcón de Madrid. Foto R.Puig

de los que Madrid tiene miles

Madrid. Balcones.Foto R.Puig

Madrid. Balcones.Foto R.Puig

Y cuando no los hay, los pintan

Madrid. Plaza Santa Bárbara. Trampantojo.Foto R.Puig

Madrid. Plaza Santa Bárbara. Trampantojo. Foto R.Puig

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En Madrid se puede pecar de gula con gran facilidad. Y no me estoy refieriendo al tapeo o a los bocadillos de calamares…

Para pecar de pensamiento y con la boca. Foto R.Puig

Para pecar de pensamiento y con la boca. Foto R.Puig

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En flagrante contraste abundan quienes recurren a la mendicidad en estos tiempos de crisis.

Pero en Madrid hay bastantes mendigos autóctonos que tienen el humor de motivar al donante con algo de guasa

Mendigando con chunga. Foto R.Puig

También he encontrado a un joven con varios enseres que mendigaba la caridad de los transeúntes con un cartel que decía: «la Pili me ha echado de casa», sentado en el suelo junto a un portal. Sospecho que la aludida vive en algún piso de ese portal y que el mendicante ha decidido airear su desahucio, para denunciar ante todo el barrio la dureza de corazón de esa Pilar que le ha puesto de patitas en la calle.

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A la entrada del Real Jardín Botánico hay una anciana que ayuda a que se cumpla esa parábola evangélica de las aves que ni siembran ni cosechan pero «el padre celestial las alimenta»

Pitas  pitas  pitas. Foto R.Puig

«¡Pitas, pitas, pitas!». Foto R.Puig

Estas palomas serían demasiado grandes para los flacos gatos negros que. dentro del Botánico, prefieren emboscarse a la sombra, aguardando a que algún gorrión distraído se ponga a su alcance.

Al acecho. Jardín Botánico.  Madrid. Foto R.Puig

Al acecho. Jardín Botánico. Madrid. Foto R.Puig

Al acecho.Jardín Botánico. Madrid. Foto R.Puig

Al acecho.Jardín Botánico. Madrid. Foto R.Puig

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Esta paloma es más recelosa, sólo me concedió unos segundos para enfocar y disparar el interruptor de mi cámara antes de que emprendiera el vuelo

Pileta de Recoletos. Madrid. Foto R.Puig.

La pileta y la paloma. Foto R.Puig

Pero, volviendo a los perfiles estatuarios. Este es el de un histórico profesor del Real Jardín Botánico, autor de la obra Flora Española, llamado José Quer (1795 – 1864)

José Quer. Botanista. Real Jardín Botánico. Madrid.  Foto R.Puig

José Quer y Martínez por Albert Rodríguez. Real Jardín Botánico. Madrid. Foto R.Puig

Había nacido en Perpignan, en Francia, pero dedicó su vida a los proyectos y a las plantas de los jardines botánicos madrileños.

El gigante y las doncellas.  Real Jardín Botánico. Madrid.  Foto R.Puig

El gigante y las doncellas. Foto R.Puig

Los que nos legaron este oasis en pleno centro de Madrid, merecerían habitar un paraíso eterno, rodeados de todas las plantas, flores y árboles que lo pueblan.

Al cielo desde Madrid. Foto R.Puig

De Madrid al cielo. Foto R.Puig

 

 

 

En Niza y frente al mar

17 julio, 2016

 

Niño a caballo. Museo delle terme. Roma. Foto R.Puig

Niño a caballo. Museo delle terme. Roma. Foto R.Puig

Comentando Erasmo el insondable abismo de violencias en el que los hombres son capaces de precipitarse voluntariamente, justificándose a si mismos con todo género de razonamientos perversos, escribía que

la naturaleza reservó al hombre el uso de la palabra y de la razón, atributos que contribuyen sobre todo al establecimiento y al fomento de la benevolencia, de modo que nada entre los hombres se resuelva por la fuerza

para, en las mismas páginas, preguntarse atónito:

qué plaga, qué capricho, qué Furia introdujo por primera vez en la mente humana algo cuyo efecto embrutecedor ha impulsado a este plácido animal, que la naturaleza engendró para la paz y la benevolencia y es el único que ha predestinado a la salvación, a precipitarse con tan salvaje frenesí y con enloquecida confusión hacia la destrucción mutua

Junto a los muchos ejemplos de barbarie que enumera en aquel comentario al proverbio Dulce bellum inexpertis («la guerra atrae a quienes no la han experimentado») no podía imaginar algo equivalente a lo que ha ocurrido en Niza: que en una noche de fiesta un padre de tres niños iba a lanzar un camión de diecinueve toneladas contra un tiovivo en el que otros niños se divertían confiados bajo la mirada de sus familiares.

Mi crónica de los domingos va a salir como siempre cuando el reloj marque las horas del domingo en Europa. Pero antes dedico un paréntesis al silencio. Estoy triste por las víctimas de la sinrazón fanática del Paseo de los Ingleses de Niza y por las otras decenas y centenas de víctimas de esos que, semana tras semana, para matar, se amparan en doctrinas de odio. Como ante a un eterno renacer de lo que los antiguos llamaban «las hidras de maldad», las personas de buena voluntad en todo el mundo y las sociedades donde los hombres queremos vivir en democracia y libertad, hemos de seguir reafirmando nuestra voluntad de seguir unidos en el respeto mutuo y la tolerancia. Es sobre todo ahí donde no se debe bajar la guardia.

Pequeña historia de unos días sin historia

10 julio, 2016
Despertar.  Foto  R .Puig

Despertar. Foto R .Puig

Como todos los años, frente al mar de La Almadraba, vivimos estas semanas literalmente de sol a sol. Según el humor del cielo y de la densidad de las nubes matinales, que paulatinamente se van a retirar, el astro se abre paso sobre las aguas por una larga franja, que unas veces es del color de las naranjas y otras de los limones de estas tierras levantinas.

El mar medita

El mar medita. Foto R.Puig

El mar medita. Foto R.Puig

Poco a poco, despertando de sus sueños plomizos, nos invitará a pasear por la orilla

El sol se abre camino. Foto R.Puig

El sol se abre camino. Foto R.Puig

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Por las huertas de la costa

Hubo una vez un tren que unía Denia con Gandía. Las traviesas y los raíles hace tiempo que ya no están. Esa vía rectilínea, en su tramo de Denia a Els Poblets/El Vergel, es ahora una Vía Verde para ciclistas, corredores y paseantes.

El Segaria desde la Vía Verde de Els Poblets a Denia.  Foto R.Puig

El Segaria desde la Vía Verde de Els Poblets a Denia. Foto R.Puig

De Els Poblets a Denia son sólo 6,6 kilómetros entre naranjos, mandarinos, limoneros, palmeras y marjales.

Palmeras barbudas en la Vía Verde de Els Poblets a Denia.  Foto R.Puig

Palmeras barbudas junto a la Vía Verde de Els Poblets a Denia. Foto R.Puig

Los frutos prosperan en sus ramas

Verde que te quiero verde. Foto R.Puig

Verde que te quiero verde. Foto R.Puig

Y, si el Segaria presidía el cielo de Els Poblets, será el poderoso puño del Montgó el que nos vaya llenado la vista a medida que el camino se acerca a Denia

El Montgó desde la Vía Verde de Els Poblets a Denia.  Foto R.Puig

El Montgó desde la Vía Verde de Els Poblets a Denia. Foto R.Puig

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Por los valles del interior de la Marina

Camino del Castell de Benirrama. Foto R.Puig

Camino del Castell de Benirrama. Foto R.Puig

A media hora en coche de la costa podemos elegir entre los innumerables caminos de los valles del interior de la Marina. Por ejemplo, la vereda que asciende desde Benirrama a las torres de su castillo morisco, encaramadas en unas altas peñas, centinela de la entrada a la Vall de Gallinera. De este valle hemos hablado antes , hace ya casi cuatro años.

Por este camino, entre algarrobos, olivos centenarios, cerezos y almendros, no faltan las flores silvestres y los pequeños seres que liban de sus néctares

Flores y floristas en el camino al Castell de Benirrama. Foto R.Puig

Flores y floristas en el camino al Castell de Benirrama. Foto R.Puig

Así como fuentes multiseculares y manantiales de agua perenne

Fuente de la Mata de Benirrama. Foto R.Puig

Fuente de la Mata de Benirrama. Foto R.Puig

donde apagar la sed o refrescar los pies

Fuente de la Mata de Benirrama. Foto R.Puig

Fuente de la Mata de Benirrama. Foto R.Puig

 

Por los valles de la Marina se encastillaron las partidas de los moriscos y perdieron sus últimas batallas, antes de su ominosa deportación en 1609.  Una gran multitud de 50.000 de ellos fue embarcada en el puerto de Denia, así como en otros puertos del Reino de Valencia.

El Castell de Benirrama. Foto R.Puig

El Castell de Benirrama. Foto R.Puig

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Cuando cae la tarde

No hablaré hoy de la playa y de las zambullidas en las aguas del mar de esta costa bendita, esa es la propina de cada día. Empezábamos con el sol que se abría paso por la punta Este de La Almadraba. Ahora, pugnando con las brumas, se despide por el Oeste, sobre los montes de la Safor, del lado de Oliva y Gandía.

Los dedos de Dios. Foto R.Puig

Los dedos de Dios. Foto R.Puig

Salvo que…

hayamos visto el atardecer, cenando comme il faut, desde las ventanas del Restaurante Tula, en el extremo sur de la bahía de Jávea, presidida por el Montgó omnipresente

Clara y Borja. Restaurante Tula. 5 julio 2016

Clara y Borja, chefs del Restaurante Tula. Jávea,  5 de  julio 2016. Foto R.Puig