Borgebyslott: la balada del artista triste

Bandada de cigüeñas. Ernst Norlind. Foto R.Puig
El castillo de Borgeby (Borgeby Slott) ya no es un castillo, lo fue hasta que lo demolieron los daneses en el siglo XVII, si no todas las construcciones sí las que hacían del conjunto una fortificación con sus torres y sus murallas, aunque ya antes, en el siglo XV, un rey sueco le había pegado fuego. De un modo u otro siempre estuvo envuelto en los conflictos armados que asolaron esa zona estratégica de Escania.
Y a fines del siglo XIX un rico agricultor los compró y se lo regaló a su hija Hanna, quien se casó con el pintor, violinista, editor y escritor Ernst Nordlin, que se dio a conocer por pintar repetidamente a las cigüeñas que volaban y anidaban en la región de Lund, pero sobre todo por haber sabido, junto con la rica heredera, emplear la fortuna de que esta disponía para atraer a su selecto cenáculo a artistas, escritores y otros protagonistas de la actualidad cultural de principios del siglo XX, algunos de ellos de renombre internacional.

Ernst Norlind. Autorretrato. Borgeby. Foto R.Puig

Hanna Norlind por Axel Törneman
Lo más interesante del lugar, gestionado por una fundación que el matrimonio dotó para después de su muerte, es la casa-museo, honesta y transparente en lo que se refiere no sólo al mundo creativo del pintor, sino a sus facetas menos logradas, sin que falten los episodios y frustraciones familiares. Es un ejemplo instructivo de como una casa-museo puede rememorar la vida de los protagonistas que la hicieron especial, en este caso Ernst (1877-1952) y Hanna (sin datos), y en la que creció y se deterioró mentalmente su hijo Staffan (1909 – 1978). Ocupa la mansión medieval, atravesada por lo que debió de ser un pasaje a la ciudadela del antiguo castillo, que seguramente en su época guerrera estuvo protegido por un grueso portón y sus rejas. Hoy comunica la fachada de la casa-museo con las instalaciones y edificios agrícolas en parte destinados a eventos sociales y exposiciones.

La casa museo de los Nordlin. Borgebyslott. Foto R.Puig
Lo que queda de las fortificaciones, una torre, que no se visita, en la que casi todo es de nueva planta, es lo menos interesante aunque resulte vistosa.

Hay un panel instructivo sobre el medio natural en el que se sitúa el conjunto, donde las aves son abundantes y, en particular las cigüeñas y algunas rapaces.

Area natural de Lundalan (región de Lund). Del cartel explicativo

Bandada de cigüeñas. Detalle de un cuadro de Ernst Norlind. Foto R.Puig
La instalaciones de antiguo uso agrícola son genuinas y bien mantenidas, características del sur de Suecia.

Borgebyslott. Almacenes agrícolas. Foto R.Puig
No extraña pues que, invitado a este castillo sueco, Rainer María Rilke, que era no sólo un gran poeta, sino también muy aficionado a hospedarse en románticos torreones y castillos, en los que la inspiración le visitaba, no se hiciese de rogar y se acogiese a la hospitalidad de los Nordlin en agosto del 1904. Como era agradecido les dejó un poema dedicado a Borgeby, a las sensaciones de aquella estancia y a sus piedras.

Rilke en Borgeby. Foto Ernst Nordlin
De las actividades editoras de Ernst Nordlin se expone un ejemplar de la revista en la que publicó algunos de su poemas

Portada de Sacrum. Universidad de Lund. 1928. editada por Ernst Norlind. Foto R.Puig
Y algunos de los libros de los que fue autor.

Obras de Ernst Norlind. Foto R.Puig
Hay también muchos de sus cuadros, en los que las aves ďominan

Halcón. Detalle de un cuadro de Ernst Norlind. Foto R.Puig
en especial muchas, muchas cigüeñas.

Cigüeñas. Detalle de un cuadro de Ernst Norlind. Foto R.Puig
Pero estas aves no fueron motivo de felicidad para el hijo. Aparecen en sus pinturas como obsesiones de la herencia paterna. Fue un hombre marcado por una adolescencia en la que se sentía obligado por el mundo de artistas y creadores que rodeaba a sus padres y obsesionado por devenir él también un creador de éxito. El lugar ya era de por si triste, los cuadros de su padre son una muestra de cómo eran allí los inviernos y las luces del atardecer.
Staffan Nordlin escribió sobre los intentos de su adolescencia y juventud, preso de un deseo que le oprimía, el de ser reconocido como artista y escritor
Mi juventud idiota y dividida, en la que fui coleccionista de mariposas, pianista, bailarín, dibujante, pintor, arqueólogo, enterrador y delirante

Escena onírica con cigüeñas. por Staffan Norlind.1943. Borgeby. Foto R.Puig
El conflicto con su padre estaba servido, de tal modo que hijo y padre no aparecían nunca juntos. Tan es así que el padre se fue a vivir unos años a Asís.

Cigüeña disecada. Borgeby. Foto R.Puig

Ernst Norlind

Hanna Norlind por Axel Törneman. Foto R.Puig
La imagen de la maternidad pintada por Staffan presentaba en su fondo un niño que parece alzarse al cielo llevado por unas esquemáticas cigüeñas y no estaba inspirada en su madre real

Maternidad por Staffan Norlind. 1939. Borgeby. Foto R.Puig
sino probablemente en la talla de una virgen gótica y coronada que sostiene al niño y que aún se ve en una hornacina de la casa-museo

Talla gótica en la casa-museo de Borgeby. Foto R.Puig
Por aquellos años, el joven intentó también consagrase como escultor, aunque no se exponga otro testimonio que el de esta foto en el estudio de un conocido escultor amigo de la familia

Staffan Norlind durante sus estudios de escultura.

Borgebyslott. Fachada posterior de la casa museo. Foto R.Puig
Años más tarde, en 1949, a Staffan le practicaron una intervención quirúrgica que disparatadamente se aplicaba entonces a los enfermos mentales: una lobotomía

Figura ascendente con cigüeñas.por Staffan Norlinds.Borgeby. Foto R.Puig
Ya no fue capaz de producir ni una sola imagen. Sus últimos años, desde 1949 hasta 1978, los vivió sumido en la angustia y el rencor. ¿Habría sido diferente su destino si hubiese sido agricultor como su abuelo?
Pensar la luz (con Le Clézio)

- Luz. Foto R.Puig
Hace ya unas semanas que estoy leyendo un libro de Jean-Marie Gustave (J.M.G.) Le Clézio, L’inconnu sur la terre (Gallimard, 1978). Son trescientas diecisiete páginas de breves ensayos poéticos que toman el título del primero, en el que habla de un chiquillo desconocido «que está sentado en el cielo, como sobre una duna de arena, frente al mar, frente al espacio, y mira», como el autor, como nosotros: miramos, observamos, a veces sin saber lo que buscamos, lo que vamos a descubrir exactamente. Pudiera ser que también hayamos divisado a ese «niño desconocido».
Es un libro para leer a sorbos, como se leen los libros de poesía, sobre todo cuando están escritos en prosa. El escritor, como el niño desconocido, va posando su mirada admirada sobre tantas cosas que en nuestras prisas no vemos, descubriendo lo desconocido en la tierra, eso que se nos escapa, porque, aunque lo percibamos, no lo pensamos. Estamos tan ocupados que la inmensa mayoría de las cosas siguen siendo para nosotros tierra incógnita.
Por ejemplo, la luz…

Vasaparken. Gotemburgo. Foto R.Puig
…
En la luz vive la belleza. La luz del día, esa que siempre retorna, que baña los objetos y los seres, que los hace presentes. Por ella se ponen a brillar, vibran y se adornan de todos sus colores y de todas sus formas. Aman la luz. Todos. Hasta esos que se esconden la miran a través del velo del agua o del humus. Esos que están bajo tierra, los granos, las conchas, los metales, los cristales, aguardan a mostrarse, hacen grandes esfuerzos por aparecer. Se vuelven hacia ella, todos crecen y empujan para alcanzarla. En la luz es donde los seres viven y respiran. Para ella tienen hojas, pelajes, espinas, frutos, cálices, olores.
Puesta de sol en Barsebäck. Escania. Foto R. Puig
Los ojos buscan siempre la luz allá donde se encuentre. Los ojos de día, los ojos en la noche. Y la felicidad, eso no puede ser sino eso, es cuando uno halla la luz, se está con ella, abrazado a ella, y que uno la ve con su cuerpo entero, no sólo con los ojos, sino con la propia piel, con sus cabellos, su boca, sus uñas. Es ella la que os une al mundo, la que os rescalda, la que os habla, la que os alimenta.
(Le Clézio. L’inconnu sur la terre. p.55)
En la costa de Tjörn. Foto R.Puig
Isla de Orust. Foto R.Puig
…sobre el mar. Foto R.Puig
La única moneda que me gustaría tener: las chispas blancas, sobre el mar
La luz viene siempre, la que libera a las sombras, la que te vuelve ligero, danzante, la que os conduce hasta el reino del aire
(Le Clézio. L’inconnu sur la terre, p. 112)
Atardecer en Onsala. Foto R.Puig
Amanecer en La Almadraba. Foto R.Puig
Vasaparken. Gotemburgo. Foto R.Puig
Y el libro continúa en capítulos cortos, mirando como si fuese la primera vez, así hasta el final…
¡Ah, sí, el final! No he llegado aún pero la curiosidad me puede, así que, como tendréis prisa, os dejo el último párrafo… frente a la luz de la noche.
Très lentement le sourire se dessine sur le lèvres du petit garçon inconnu, au fond de la nuit, derrière la vitre froide. Le sourire luit sur la ville, et au même moment, la lune blanche monte dans le ciel, à peine visible dans son premier et mince croissant
…
Muy despacio se dibuja la sonrisa en los labios del chiquillo desconocido, al fondo de la noche, tras el cristal frío. La sonrisa brilla sobre la ciudad, y en ese mismo instante, la luna blanca asciende en el cielo, a penas visible en su primer y delgado creciente.
(Le Clézio. L’inconnu sur la terre, p. 317)
En su primer y delgado creciente. Foto R.Puig
…
N.B.: traducción del autor del blog
Pilane 2016 (y II): el séquito de Anna

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Breaking through. Acero inoxidable. Pilane 2016. Foto R.Puig
Hace dos domingos mostraba aquí la gran cabeza de Anna que preside durante los meses de julio y agosto, entronizada como en un altar, el paisaje de Pilane en la isla de Tjörn. Esta obra de Jaume Plensa lleva el mismo nombre que un Cava Brut, catalán como el artista, que fue premiado en el International Wine Challenge de 2015 con una medalla de oro.

Anna. Cava Brut. International Wine Challenge
Así pues Anna, desde su colina, impera impertérrita sobre las esculturas de Pilane 2016 y se podría decir que a algunas de ellas las inebria, como a este ser metamórfico que gira en el misterioso trance de un parto múltiple de proporciones bíblicas.

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Breaking through. Acero inoxidable. Detalle. Pilane 2016. Foto R.Puig
Al menos esa es la impresión que me causa esta anatomía en acero inoxidable de Martin Sjöberg que, como un Adán multigestante, no sólo pare a Eva de su costilla, sino que, en su desenfrenada danza sobre cinco pies, centrifuga varios cuerpos más.

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Breaking through. Acero inoxidable. Detalle. Pilane 2016. Foto R.Puig
A juzgar por sus dos cuellos rebanados, se trata de un decapitado que al menos tuvo dos cabezas y que, aunque tenga tantos cuerpos como para dar a Anna el que le falta, desde su posición inferior envidia esa majestuosa cabeza que enseñorea las alturas de Pilane.
Hay obviamente otros elementos de esta metamorfosis en curso, pero el escultor, no sabiendo como resolver la ecuación hermafrodita que su obra le plantea, ha decidido poner calzoncillos a la estatua. Al fin y al cabo ya hubo otro artista que a otras obras maestras puso bragas.
Subiendo hacia el límite del parque encontramos a este personaje, quien, aunque el paisaje merezca ser admirado con los ojos bien abiertos, no sabemos bien por qué, ha hundido su cabeza en este suelo rocoso y duro.

María Miesenberger. Suecia. 2016. Hombre avestruz. Acero y bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig
O bien es un híbrido de humano y de oso hormiguero, o se trata del ataque de desesperación de uno que ha ido a que le quiten los tatuajes y el dermatólogo le ha presentado el presupuesto…

María Miesenberger. Suecia. 2016. Hombre avestruz. Acero y bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig
Este otro prefiere evadirse de la realidad contorsionándose en una especie de break dance

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Macho en acto de evadirse. Acero inoxidable. Pilane 2016. Foto R.Puig
En este caso la cabeza le es de mucha utilidad. ¡Buena suerte con las cervicales!

Martin Sjöberg. Suecia. 2016. Macho en acto de evadirse. Acero inoxidable. Detalle. Pilane 2016. Foto R.Puig
Nosotros seguimos nuestro paseo

Aase Texmon Rygh. Noruega 2016. Anillo de Moebius. Gabro. Pilane 2016. Foto R.Puig
El trabajo de Aase Texmon Rygh en su sencillez fija en dura piedra la geometría airosa del famoso anillo o banda de Möbius o Moebius

Aase Texmon Rygh. Noruega 2016. Anillo de Moebius. Gabro. Detalle. Pilane 2016. Foto R.Puig
No lejos de allí brotan los dinamismos de un rosal de aluminio que, blancos, cortantes e inmaculados, ponen el contrapunto musical a la silenciosa impasibilidad de Anna y amaestran los torbellinos del viento de esta isla

Alice Haycock. USA. 2014. HOOP-LA. Aluminio. Pilane 2016. Foto R.Puig
Pero hay también unas cuerdas, puede que más bien lianas, abandonadas a los caprichos del aire

Bard Breivik. Noruega 2006. Tres cuerdas orgánicas. Pilane 2016. Foto R.Puig
…
Caprichos de tintas tenebrosas son también dos obras de carácter conceptual, reconozco que no muy armónicas, por no decir que alejadas de lo que se considera bello, que aluden a esos azares que, sin contar con nosotros, cuando venimos al mundo nos convierten en miembros de una u otra nación.
Siempre han sido muchos, y -¡ay!-se multiplican, quienes consideran como mérito propio la nacionalidad que les otorgó la suerte y niegan el pan y la sal a quienes, para sobrevivir y contra su voluntad, han de escapar de la suya. Es triste ver como proliferan en nuestra Europa los guardianes de la etnia inmutable y del monismo identitario.

Helena Mutanen. Suecia. 2010 – 2016. Jus soli. Técnica mixta, tela encerada y metal. Pilane 2016. Foto R.Puig
En esta instalación escultórica las raíces, que anclan el árbol al suelo donde cayó la semilla, quieren simbolizar el ius soli que en unos lugares da derecho al marchamo nacional. En la siguiente, la artista ha formado el corazón con sus arterias y sus venas que nos vienen de nuestros padres, para corporeizar el ius sanguinis que, en otros lugares, es lo que te vincula a una patria. En ambos casos, al interfecto esa condición del destino le sobreviene sin comerlo ni beberlo o, dicho con otra expresión, sin que pinche ni corte.

Helena Mutanen. Suecia. 2010 – 2016. Jus sanguinis. Técnica mixta, tela encerada y metal. Detalle. Pilane 2016.
Estos azares del derecho fueron siempre determinantes para la humanidad, aunque en estos últimos tiempos las imágenes de las emigraciones masivas, de las muertes de quienes buscan asilo y de los campos de refugiados han hecho más patentes si cabe las veleidades de Fortuna que se vale de la ambición, la iniquidad y la violencia de los hombres para decretar la mala suerte de millones de personas que, como cualquiera de nosotros, no han elegido el lugar de su nacimiento.
En resumen, que hay obras, que aunque no destaquen por su calidad artística y sin que puedas estar cien por cien seguro de lo que expresa su autor, se prestan a hacer pensar. En realidad, esto lo podemos decir de casi todas las obras de arte contemporáneo, sobre todo si pertenecen a la corriente conceptual.
Aunque, reflexionando un poco ¿no era también conceptual la sonrisa de La Gioconda?
Sea como sea, nosotros seguimos nuestro paseo y encontramos un caballo de bronce, o su torso amputado de cabeza y patas delanteras, que en salto imposible se alza sobre sus cuartos traseros

William Tucker. USA. 2016. Caballo chino. Bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig
Así que, como no podemos ensillarlo, seguimos a pie por las alturas de Pilane…

Pilane 2016. Humedal. Foto R.Puig

Pilane 2016. El caserío. Foto R.Puig
En el camino hacia la salida, como no podía faltar, hay uno de esos perfiles rotatorios de Tony Cragg, como siempre discretamente cómico y solemne

Tony Cragg. Gran Bretaña. 2015. Must be. Bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig
Pareciera que esta testa de guerrero empenachado tratase en vano de atraer la atención de la chica que, impasible, le ignora: ¡¡¡¿hay alguien ahí?!!!

Tony Cragg. Gran Bretaña. 2015. Must be. Bronce. Pilane 2016. Foto R.Puig
Tampoco será fácil que obtenga respuesta de este orondo champiñón

Morten Löbner Espersen. Dinamarca. 2016. Champiñón mágico. Gres. Pilane 2016. Foto R.Puig
O de estos bolardos inquietos que se hacen reverencias entre sí

Bettina Pousttchi. Bolardos callejeros. 2012. Limadura compactada. Pilane 2016. Foto R.Puig
En cualquier caso, a mí, tras más de dos horas de subir y bajar por los senderos de Pilane, me está tentando la idea de hacer lo que esta cansada y anónima turista: tumbarme y dejarme llevar al Nirvana

Como la vida misma. Técnica mixta, Pilane 2016. Foto R.Puig
Más tarde, pasaré por el Systembolaget a hacerme con una botella de Anna. Con una Toast Skagen de gambas de la Costa Oeste de Suecia el cava catalán armoniza a las mil maravillas

Toast Skagen. Foto Peter
Recompensa

Recompensa. Foto R.Puig
Suelo volver del taller en lo que podríamos llamar un autobús acuático, el Älvsnabben 285 («el rápido de la ría»), algo así como los vaporetti de Venecia, aunque aquí no circula por los canales sino por el estuario del Río Göta, tan ancho como las rías gallegas en España. Este trayecto, escoltado por gaviotas y cormoranes, siempre es grato.
Hace pocos días la jornada había sido rutinaria: gimnasio, boceto al pastel, renovación con tintas de colores de viejos dibujos al carboncillo, lectura, breve almuerzo, siesta y música…
No me sentía merecedor de ningún premio especial, pero la lluvia, que me empapó de camino al embarcadero, y el sol, que jugaba con las nubes en su descenso hacia el oeste, habían decidido recompensarme.

Puentes. Foto R.Puig
Para recoger el galardón me bastó salir a la plataforma de proa y dejar que el niño que llevamos dentro trepara por esos arcos que abrazaban la ciudad.
Olvidé a Descartes y a Newton y lo que me enseñaron en el colegio para imaginar este mismo lugar poblado por las gentes de la Edad del Hierro y sentir que estaba ante un misterioso arco de colores que abrazaba la tierra y abría pasajes entre ella y el cielo.
Y ya que no tengo a mano una representación del arcoíris en tiempos de los primeros pobladores de Escandinavia, recurriré a su aparición ante la bahía de San Francisco cuando quizás todavía quedase algún aborigen californiano para verlo

Albert Bierstadt. 1900. The Golden Gate. U.S. Public domain
O algún cheyenne en Wyoming

Albert Bierstadt. Rainbow over Jenny Lake. Wyoming.U.S.Public domain
Curiosamente, este cuadro del artista germano-americano Albert Bierstadt (1830-1902), el pintor que yo sepa que más arcoíris representó en sus lienzos, encierra un error óptico, a ustedes de descubrirlo.
En las culturas primigenias la aparición del arcoíris (el Arco de la diosa Iris en la mitología griega) podía significar augurios y profecías y en la Biblia significa la Alianza tras el castigo. Pero, más allá de mitos y trascendencias, digo yo que también habría niños y poetas que lo verían como nosotros podemos también verlo: como la recompensa de un día sin historia.

A las seis menos diez de la tarde. Foto R.Puig
Entretanto estoy llegando al desembarcadero de Stenpiren, desde el que se pueden tomar los barcos hacia el archipiélago de Gotemburgo.

Fin de trayecto. Foto R.Puig
Aún, durante un rato, este arc-en-ciel me acompaña en mi paseo a casa. Desde la torre de la Iglesia alemana parece emanar bendiciones. El reloj marca las seis de la tarde.

Halo de santidad. Foto R.Puig
A diez minutos de ahí paso junto a otro arcoíris, que le sirve de ostensorio y custodia a la chica de la flor

Otro arcoíris. Foto R.Puig
Y ya que nuestro paseo empezó en el agua, acabaré esta crónica acercándome a saludar al dios de las aguas, emblema si los hay de Gotemburgo, nuestro jocoso Poseidón, a quien Carl Milles dejó ahí enarbolando su salmón y sopesando una ostra gigante. Al fin y al cabo somos casi vecinos.

El amo del agua. Foto R.Puig
Durante estos meses estivales lo han rodeado de un frondoso y pedagógico jardín de verano, en el que hay de todo, desde flores a coliflores.

Poseidón en su jardín de verano. Foto R.Puig
Quienes más parecen disfrutarlo son las sirenas que le acompañan

El séquito de Poseidón. Foto R.Puig
Pilane 2016 (I): Anna en su nirvana

Anna por Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig
Como todos los años, he vuelto a la exposición de escultura al aire libre en el entorno de Pilane, en la isla de Tjörn, en la región del Bohuslän Sur, en la Costa Oeste de Suecia. Vine por primera vez en 2011 y, desde entonces, no me he querido perder ni una sola edición (todas mis visitas han sido reseñadas en este blog). La actual es la décima edición de esta exhibición de escultura internacional junto al mar y en unos espacios que conservan menhires funerarios de hace 10.000 años.
En este Pilane Heritage Museum el medio natural, labrado por los glaciares y rodeado de un mar surcado por fiordos, es el lugar ideal donde artistas de diversos países escogen el emplazamiento temporal de sus esculturas bajo la guía de Peter Lennby, creador y alma de esta iniciativa. Este año, la cumbre de honor la ha ocupado una conocida figura de Jaume Plensa que merece que le consagre la primera crónica de las dos que voy a dedicar a mi placentero paseo, divertido y energético, que duró casi tres horas.

Anna por Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig
Por los senderos de Pilane (mejorados con nuevas pasarelas y escalas de madera) disfruto del sol, el viento, el paisaje y las sorpresas de las nuevas aportaciones escultóricas, tanto de los artistas que exponen por vez primera como de los habituales.
En diferentes tamaños, en galerías y espacios públicos, Plensa ha seguido repitiendo, con ligeras variantes, la fisonomía de este rostro de adolescente enfrascada en sus sueños, a la que ha bautizado como Ana, Anna dreams o, en este caso, como Anna. Unas veces le moldea rasgos orientales y otras parece inspirarse en perfiles leonardescos.

Anna por Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig
El material de la obra instalada en Pilane es la fibra de vidrio con polvo de mármol. Su blancura es inmaculada, de tal modo que, cuando se yergue sobre un fondo de celajes, casi se confunde con el cielo.

Anna por Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig
Desde la distancia alumbra como una llama de fuego blanco.
En Pilane los vientos son suaves en esta época del año y las obras permanecen instaladas sólo desde fines de mayo a fines de agosto. Este es un parque de instalaciones escultóricas, a diferencia de la Escultura ambiental, de la que hay numerosos ejemplos en Italia con obras que se integran de modo permanente en el medio natural, que envejecen bajo la acción de los elementos y con el paso de las estaciones.
De algún modo, la forma oblonga, el suave perfil braquicéfalo de Anna y de algunas otras de sus heterónimas, además de buscar un efecto espiritualista y teniendo en cuenta sus dimensiones (alrededor de veinte metros), parece cumplir una función aerodinámica. Aunque no es posible saber como reaccionaría la estructura si siguiese sobre esa altura cuando hubiese de afrontar las tormentas y vientos invernales en la isla de Tjörn.

Anna aerodinámica. Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig
Si llegase la nieve y los intersticios entre sus bloques comenzasen a vibrar ¿abriría Anna sus ojos o seguiría impasible como los menhires de los círculos funerarios de Pilane?
A medida que nos acercamos, la bella lejana pierde su alada ligereza y su estructura de bloques se va asemejando a una construcción de hielo, a un gran igloo cerrado a cal y canto, al mausoleo de una joven sin cuerpo que cerró sus párpados hace miles de años para no abrirlos más.

Primer plano de Anna. Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig
Desde lejos, Anna parece que invita al vuelo de los sueños, a la elegía y a la vía de la meditación y el yoga, de la pacificación de las pasiones o, como el artista ha declarado en ocasiones, este rostro sea el símbolo de una especie de epifanía hacia dentro, de la belleza interior.
No obstante, de cerca, esta Anna es inhumana, como otras creaciones de ese Ars ex machina que desde hace algunas décadas domina la escena. No creo que Walter Benjamin imaginase hasta que punto serían acertadas sus anticipaciones sobre la industria de las obras de arte en la época de su reproductibilidad técnica.

Anna hermética. Pilane 2016. Foto R.Puig
Esta escultura, que, enhiesta sobre rocas graníticas, sorprende al visitante nada más llegar a Pilane, es un hermoso muro, un ánfora sin cuerpo, una rostro sin mirada, el ocaso de toda sensualidad. No posee la serena fluctuación de los matices del mármol, sino la pasiva inmovilidad de su polvo calizo, no el abierto reflejo del vidrio sino el ensimismamiento de su fibra industrial. Es una bella durmiente que ningún aliento, ningún beso, lograría animar. Y está triste, muy triste.

Anna está triste. Pilane 2016. Foto R.Puig
Casi al final del paseo ascendí al punto más alto para recorrer con la mirada, en un giro de 360º y en toda su amplitud, estos parajes de la isla de Tjörn, comenzando y acabando por la cabeza de Anna, que en la lejanía pareciera un resto olvidado de aquellos glaciares que pulieron estos roquedales, un témpano remanente que aún resiste al sol.

Anna por Jaume Plensa. Pilane 2016. Foto R.Puig
Allá arriba, sólo el sonido del viento y el horizonte de rocas y de mar: una invitación al Nirvana.

Un paraje de roca y fiordos. Pilane 2016. Foto R.Puig
Deambulando por Madrid

Carlos III. Real Jardín Botánico. Madrid. Foto R.Puig
En homenaje a la nariz de Carlos III
.
Andar por los barrios de mi patria chica es uno de los placeres de estos pocos días, que echaré de menos cuando no esté en Madrid. Pero este domingo, cuando mis divagaciones aparezcan, estaré iniciando mi ruta por las llanuras manchegas, de vuelta a Valencia y a la Marina Alta.
La efigie de Carlos III, en la umbría del Jardín Botánico (mi refugio preferido cuando ya me aprietan los zapatos), con su regio apéndice nasal, tan amigable y hospitalario para con las arañas, me ha incitado a abrir este post con el rostro inconfundible del mejor alcalde de Madrid, de cuyo nacimiento se cumplieron tres siglos este año.
La verdad es que se podría identificar a los monarcas de nuestras dinastías por sus perfiles fisonómicos. De este modo la sucesión entre los Austrias y los Borbones de España se podría haber dirimido entre numismáticos o en una consulta popular: ¿Prefiere usted que su rey sea prognato o narigudo?
Por desgracia las naciones y los ejércitos europeos se lo tomaron a la tremenda y las escabechinas duraron casi quince años, cuando todo se habría podido resolver por voluntad estético-popular y el monarca habría accedido a reinar o por narices o por la jeta.
Nota bene: ¡adivinen qué nación sacó la mejor tajada de aquellas contiendas que, a costa de tantos muertos, hicieron la fortuna de pocos! (Pista: I want my ….. back)
.
A lo que íbamos…
Disculpen que me haya alejado del discurso inicial, estaba yo paseando por Madrid. Empecé temprano, pues no es verdad que los madrileños no sean madrugadores. De hecho, ínclitos sociólogos dicen que sólo son unos 10.000 habitantes de la Villa y Corte los que tienen hábitos noctámbulos y se la pasan noche tras noche en teatros, tapeos y francachelas. Los demás son muy cumplidos. La razón de que parezcan muchos más es (basándome en lo que me han dicho los sociólogos que lo han estudiado) que a esos diez mil trasnochadores les siguen cada día algo así como una media de ochenta mil gregarios (es decir turistas y forasteros) que acuden a Madrid motivados por su famosa movida.

Madrid. Plaza Alonso Martínez a primera hora. Foto R.Puig
Muchos madrileños desayunan frugalmente y de mañanita en la barra del bar

Cafetería Santander a las ocho de la mañana. Foto R.Puig
De hecho, los cruasanes de Madrid pueden codearse con los mejores de París

La tentación temprana. Foto R.Puig
Por las calles veremos a muchos probos empleados que acuden presurosos a cumplir con su deber y ganarse el pan con el sudor de su cuero cabelludo

Madrid. Hacia el curro.Foto R.Puig
Por cierto que este establecimiento no había levantado el cierre todavía, pues es de los que se quedan abiertos hasta tarde para avituallar a los famosos diez mil y a sus seguidores.

Madrid. Plaza de Santa Bárbara. «Readymade».Foto R.Puig
La verdad es que las vitrinas de algunos de nuestros comercios deberían formar parte de la colección permanente del MOMA de Nueva York.
Juzguen si no por los detalles

Madrid. Plaza Santa Bárbara. Arte Urbanita.Foto R.Puig
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Por desgracia, algunas bienamadas librerías han tenido que echar el cierre…

Madrid. Entre todos la mataron…Foto R.Puig
Sin embargo, aún subsisten establecimientos que exhiben sus castizos blasones

Blasones de Madrid. Foto R.Puig
¡Y los miradores de Madrid!

Miradores de Madrid. Foto R.Puig
Estos me recuerdan los que había en la casa vecina, pared por medio del piso de mis abuelos en el que transcurrió mi infancia. Dos señoras mayores se acomodaban en su mirador, sentadas en butacas de mimbre, a mirar pasar el tiempo sobre los jardines de un gran palacio que ocupaba la manzana al otro lado de la calle.
Nosotros no teníamos mirador, pero sí balcones, con sus barrotes y arabescos en hierro colado

Balcón de Madrid. Foto R.Puig
de los que Madrid tiene miles

Madrid. Balcones.Foto R.Puig
Y cuando no los hay, los pintan

Madrid. Plaza Santa Bárbara. Trampantojo. Foto R.Puig
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En Madrid se puede pecar de gula con gran facilidad. Y no me estoy refieriendo al tapeo o a los bocadillos de calamares…

Para pecar de pensamiento y con la boca. Foto R.Puig
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En flagrante contraste abundan quienes recurren a la mendicidad en estos tiempos de crisis.
Pero en Madrid hay bastantes mendigos autóctonos que tienen el humor de motivar al donante con algo de guasa

También he encontrado a un joven con varios enseres que mendigaba la caridad de los transeúntes con un cartel que decía: «la Pili me ha echado de casa», sentado en el suelo junto a un portal. Sospecho que la aludida vive en algún piso de ese portal y que el mendicante ha decidido airear su desahucio, para denunciar ante todo el barrio la dureza de corazón de esa Pilar que le ha puesto de patitas en la calle.
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A la entrada del Real Jardín Botánico hay una anciana que ayuda a que se cumpla esa parábola evangélica de las aves que ni siembran ni cosechan pero «el padre celestial las alimenta»

«¡Pitas, pitas, pitas!». Foto R.Puig
Estas palomas serían demasiado grandes para los flacos gatos negros que. dentro del Botánico, prefieren emboscarse a la sombra, aguardando a que algún gorrión distraído se ponga a su alcance.

Al acecho. Jardín Botánico. Madrid. Foto R.Puig

Al acecho.Jardín Botánico. Madrid. Foto R.Puig
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Esta paloma es más recelosa, sólo me concedió unos segundos para enfocar y disparar el interruptor de mi cámara antes de que emprendiera el vuelo

La pileta y la paloma. Foto R.Puig
Pero, volviendo a los perfiles estatuarios. Este es el de un histórico profesor del Real Jardín Botánico, autor de la obra Flora Española, llamado José Quer (1795 – 1864)

José Quer y Martínez por Albert Rodríguez. Real Jardín Botánico. Madrid. Foto R.Puig
Había nacido en Perpignan, en Francia, pero dedicó su vida a los proyectos y a las plantas de los jardines botánicos madrileños.

El gigante y las doncellas. Foto R.Puig
Los que nos legaron este oasis en pleno centro de Madrid, merecerían habitar un paraíso eterno, rodeados de todas las plantas, flores y árboles que lo pueblan.

De Madrid al cielo. Foto R.Puig
En Niza y frente al mar

Niño a caballo. Museo delle terme. Roma. Foto R.Puig
Comentando Erasmo el insondable abismo de violencias en el que los hombres son capaces de precipitarse voluntariamente, justificándose a si mismos con todo género de razonamientos perversos, escribía que
la naturaleza reservó al hombre el uso de la palabra y de la razón, atributos que contribuyen sobre todo al establecimiento y al fomento de la benevolencia, de modo que nada entre los hombres se resuelva por la fuerza
para, en las mismas páginas, preguntarse atónito:
qué plaga, qué capricho, qué Furia introdujo por primera vez en la mente humana algo cuyo efecto embrutecedor ha impulsado a este plácido animal, que la naturaleza engendró para la paz y la benevolencia y es el único que ha predestinado a la salvación, a precipitarse con tan salvaje frenesí y con enloquecida confusión hacia la destrucción mutua
Junto a los muchos ejemplos de barbarie que enumera en aquel comentario al proverbio Dulce bellum inexpertis («la guerra atrae a quienes no la han experimentado») no podía imaginar algo equivalente a lo que ha ocurrido en Niza: que en una noche de fiesta un padre de tres niños iba a lanzar un camión de diecinueve toneladas contra un tiovivo en el que otros niños se divertían confiados bajo la mirada de sus familiares.
…
Mi crónica de los domingos va a salir como siempre cuando el reloj marque las horas del domingo en Europa. Pero antes dedico un paréntesis al silencio. Estoy triste por las víctimas de la sinrazón fanática del Paseo de los Ingleses de Niza y por las otras decenas y centenas de víctimas de esos que, semana tras semana, para matar, se amparan en doctrinas de odio. Como ante a un eterno renacer de lo que los antiguos llamaban «las hidras de maldad», las personas de buena voluntad en todo el mundo y las sociedades donde los hombres queremos vivir en democracia y libertad, hemos de seguir reafirmando nuestra voluntad de seguir unidos en el respeto mutuo y la tolerancia. Es sobre todo ahí donde no se debe bajar la guardia.
Pequeña historia de unos días sin historia

Despertar. Foto R .Puig
Como todos los años, frente al mar de La Almadraba, vivimos estas semanas literalmente de sol a sol. Según el humor del cielo y de la densidad de las nubes matinales, que paulatinamente se van a retirar, el astro se abre paso sobre las aguas por una larga franja, que unas veces es del color de las naranjas y otras de los limones de estas tierras levantinas.
El mar medita

El mar medita. Foto R.Puig
Poco a poco, despertando de sus sueños plomizos, nos invitará a pasear por la orilla

El sol se abre camino. Foto R.Puig
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Por las huertas de la costa
Hubo una vez un tren que unía Denia con Gandía. Las traviesas y los raíles hace tiempo que ya no están. Esa vía rectilínea, en su tramo de Denia a Els Poblets/El Vergel, es ahora una Vía Verde para ciclistas, corredores y paseantes.

El Segaria desde la Vía Verde de Els Poblets a Denia. Foto R.Puig
De Els Poblets a Denia son sólo 6,6 kilómetros entre naranjos, mandarinos, limoneros, palmeras y marjales.

Palmeras barbudas junto a la Vía Verde de Els Poblets a Denia. Foto R.Puig
Los frutos prosperan en sus ramas

Verde que te quiero verde. Foto R.Puig
Y, si el Segaria presidía el cielo de Els Poblets, será el poderoso puño del Montgó el que nos vaya llenado la vista a medida que el camino se acerca a Denia

El Montgó desde la Vía Verde de Els Poblets a Denia. Foto R.Puig
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Por los valles del interior de la Marina

Camino del Castell de Benirrama. Foto R.Puig
A media hora en coche de la costa podemos elegir entre los innumerables caminos de los valles del interior de la Marina. Por ejemplo, la vereda que asciende desde Benirrama a las torres de su castillo morisco, encaramadas en unas altas peñas, centinela de la entrada a la Vall de Gallinera. De este valle hemos hablado antes , hace ya casi cuatro años.
Por este camino, entre algarrobos, olivos centenarios, cerezos y almendros, no faltan las flores silvestres y los pequeños seres que liban de sus néctares

Flores y floristas en el camino al Castell de Benirrama. Foto R.Puig
Así como fuentes multiseculares y manantiales de agua perenne

Fuente de la Mata de Benirrama. Foto R.Puig
donde apagar la sed o refrescar los pies

Fuente de la Mata de Benirrama. Foto R.Puig
Por los valles de la Marina se encastillaron las partidas de los moriscos y perdieron sus últimas batallas, antes de su ominosa deportación en 1609. Una gran multitud de 50.000 de ellos fue embarcada en el puerto de Denia, así como en otros puertos del Reino de Valencia.

El Castell de Benirrama. Foto R.Puig
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Cuando cae la tarde
No hablaré hoy de la playa y de las zambullidas en las aguas del mar de esta costa bendita, esa es la propina de cada día. Empezábamos con el sol que se abría paso por la punta Este de La Almadraba. Ahora, pugnando con las brumas, se despide por el Oeste, sobre los montes de la Safor, del lado de Oliva y Gandía.

Los dedos de Dios. Foto R.Puig
Salvo que…
hayamos visto el atardecer, cenando comme il faut, desde las ventanas del Restaurante Tula, en el extremo sur de la bahía de Jávea, presidida por el Montgó omnipresente

Clara y Borja, chefs del Restaurante Tula. Jávea, 5 de julio 2016. Foto R.Puig










































