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En Niza y frente al mar

17 julio, 2016

 

Niño a caballo. Museo delle terme. Roma. Foto R.Puig

Niño a caballo. Museo delle terme. Roma. Foto R.Puig

Comentando Erasmo el insondable abismo de violencias en el que los hombres son capaces de precipitarse voluntariamente, justificándose a si mismos con todo género de razonamientos perversos, escribía que

la naturaleza reservó al hombre el uso de la palabra y de la razón, atributos que contribuyen sobre todo al establecimiento y al fomento de la benevolencia, de modo que nada entre los hombres se resuelva por la fuerza

para, en las mismas páginas, preguntarse atónito:

qué plaga, qué capricho, qué Furia introdujo por primera vez en la mente humana algo cuyo efecto embrutecedor ha impulsado a este plácido animal, que la naturaleza engendró para la paz y la benevolencia y es el único que ha predestinado a la salvación, a precipitarse con tan salvaje frenesí y con enloquecida confusión hacia la destrucción mutua

Junto a los muchos ejemplos de barbarie que enumera en aquel comentario al proverbio Dulce bellum inexpertis (“la guerra atrae a quienes no la han experimentado”) no podía imaginar algo equivalente a lo que ha ocurrido en Niza: que en una noche de fiesta un padre de tres niños iba a lanzar un camión de diecinueve toneladas contra un tiovivo en el que otros niños se divertían confiados bajo la mirada de sus familiares.

Mi crónica de los domingos va a salir como siempre cuando el reloj marque las horas del domingo en Europa. Pero antes dedico un paréntesis al silencio. Estoy triste por las víctimas de la sinrazón fanática del Paseo de los Ingleses de Niza y por las otras decenas y centenas de víctimas de esos que, semana tras semana, para matar, se amparan en doctrinas de odio. Como ante a un eterno renacer de lo que los antiguos llamaban “las hidras de maldad”, las personas de buena voluntad en todo el mundo y las sociedades donde los hombres queremos vivir en democracia y libertad, hemos de seguir reafirmando nuestra voluntad de seguir unidos en el respeto mutuo y la tolerancia. Es sobre todo ahí donde no se debe bajar la guardia.

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