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Con las plantas del jardín simbólico de la Villa de Livia

1 abril, 2011

Sin salir de Palazzo Massimo, en el segundo piso de esta sección del Museo Nazionale Romano se puede visitar lo que debió ser el fresco triclinio veraniego, a modo de ninféo, de la divina Livia Drusila, la esposa de Octavio Augusto, íntegramente transportado y restituido tal cual desde la Villa de Livia, que la emperatriz se hizo construir en la campiña al norte de Roma.

Livia caracterizada como Cibeles

Los usos de este recinto de 5,90 x 11,70 metros, con una sola puerta en arco, no han sido identificados en su totalidad

Lo que tiene de particular es la calidad y conservación de los frescos que representan un jardín fingido, el más antiguo jardín ilusionista del arte romano, repleto de significados simbólicos, pues cada planta en el mundo antiguo tenía una vinculación a un dios o una diosa concretos.

El pino común, presente en los ritos mistéricos de Cibeles, Attis y Dionisos.

El madroño de los ritos fúnebres, protector de los difuntos.

La encina (robur), la robusta encina, vinculada al poderoso Júpiter.

El granado, símbolo de la fertilidad, el fruto de la diosa Deméter.

Al Crisantemo coronario los griegos lo llamaban “la ceja de Júpiter”, entrelazado en las coronas mortuorias protege a los difuntos.

Son muchas más las plantas que aparecen en este repertorio simbólico. Estas salas de Palazzo Massimo contiguas a las dedicadas a una colección fascinante de mosaicos se prestan a la contemplación, garantizado: estaremos prácticamente solos.

Livia con peinado “de nudos”

Sentados con Livia, que acaba de visitar a su peluquera,y  en el centro de su refugio, podemos ir girando la vista hacia las cuatro paredes que nos rodean, tratar de remontar los dos mil años que nos separan de esa labor pictórica, que nada tiene que envidiar a los frescos pompeyanos, e imaginar el tipo de relación que los romanos mantenían con los significados del mundo vegetal. Algunos de ellos, transformados y desacralizados, siguen presentes en nuestra cultura.

Unas ‘caladitas’ de la blanca adormidera podrían acabar de trasportarnos a aquella época.

2 comentarios leave one →
  1. Eva permalink
    1 abril, 2011 17:48

    Cuando os ofertaban las asignaturas ¿había alguna de plantas? o ¿era la de paisaje?

    La semana que viene empieza campaña política en la universidad, elección a nuevo rector. A vorem!

  2. Joaquim Parellada permalink
    1 abril, 2011 19:58

    Preciosa entrada, Ramón. Sólo esta visita que describes merece otra estancia en Roma, por lo que veo. En mis próximas vacanze romane sólo llevaré una guía: la de tus comentarios en este blog (ya ves que te estoy dando una idea: habrá que imprimirlos como se merecen).
    Un abrazo,

    Joaquim

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