El mito del Montgó
En una tarde del 1968, durante una marcha alrededor del macizo de los Dolomitas, conocí a Jacopo Portal. Pertenecía a una antigua familia sefardí, cuyos ancestros habían sido expulsados de tierras valencianas por los Reyes Católicos y que, cuando nos encontramos, residían en el barrio de Cannareggio en Venecia.
Entre viejos papeles, he topado hace algún tiempo con las anotaciones de nuestras conversaciones.
Entre las historias que Jacopo había escuchado de su abuelo, hay una en particular que me contó frente a la masa dolomítica, en uno de los descansos de la ruta y que reconstruyo ahora, después de mis últimas caminatas por los alrededores del Montgó, esa montaña que se asoma al mar, rodeada por los municipios de Denia, Jávea, Jesús Pobre y La Xara. El Montgó, el Mons agonum de los romanos, el Jabal Qaun de los árabes.
Los orígenes del Montgó
No sabemos de cuando data el mito, aunque por los nombres de sus protagonistas, bien pudiera remontarse a la colonización fenicia de las costas de la península ibérica. Según contaban los cultivadores árabes de las tierras dianenses, constructores de las terrazas de los valles de la Marina Alta y del Jabal Qaun, esta es la leyenda que ha llegado a nuestros días en boca de judíos sefardíes y que, descifrando mis apolilladas notas, yo transcribo lo mejor que puedo:
Mucho antes de que los hombres poblasen el mundo, el poder sobre todo lo existente lo compartían la diosa Timana, señora de las aguas y de las profundidades del mar, y Dimana, el dios de la tierra, las rocas y las cumbres. Ambos pugnaban por dominarlo todo y aumentar sus dominios a costa del rival.
Timana, aprovechando las noches oscuras, destruía los acantilados con sus furiosas tempestades y sus olas gigantes que asediaban las tierras de oriente a occidente y separaban las dos inmensas masas terrestres que Dimana trataba de unir para dividir en dos los dominios de la diosa del mar.
Pasaron millones de años y las contiendas de estos dioses habían modificado las costas y el relieve terrestre. Dioses menores habían procreado a unos seres gigantescos, emparentados con los Titanes, que recorrían la tierra enfrentándose con enormes dragones. Las lluvias y diluvios que se habían sucedido por períodos interminables habían generado una vegetación salvaje. Los descendientes de Enlil, Enki y Ereshkigal, así como los de otros lejanos dioses y diosas habían ido avanzando hacia Occidente.
Estos titanes gigantescos se habían aposentado en los extremos de la tierra, algunos de ellos, protegidos por Dimana, vivían en los bordes de lo que luego serían las montañas béticas. De entre ellos, Lalahama (la de los largos cabellos), hermosa protegida de Dimana, solía extenderse al sol sobre los altos farallones frente al mar. Disfrutaba de los vientos y desafiaba a los huracanes que Timana lanzaba contra la tierra.
Por entonces, el titán Akal (el de los fuertes brazos) había conquistado el amor de Lalahama.
Dimana, para extender sus dominios, abría las entrañas de la tierra, alzaba volcanes que invadían el océano con ríos de lava y empujaba inmensas masas unas contra otras para generar cordilleras y ocupar los mares de Timana. Esta se defendía con terribles movimientos telúricos que desde el fondo de los mares levantaban barreras de agua que asolaban las costas y destruían la obra de Dimana. Así durante incontables milenios.
Los titanes ayudaban a Dimana a ensanchar su territorio moviendo montañas y peñones que abrazaban con sus robustos brazos y amontonaban sobre el borde de los mares. Por eso Timana odiaba a Akal y a su compañera Lalahama y quería arrastrarles al fondo de sus mares con la ayuda de los titanes inferiores, seres anfibios y monstruosos que agitaban las aguas y sacudían las columnas sumergidas de la tierra.
Un día en que Lalahama descansaba cerca de unos acantilados, una de esas manadas de titanes del mundo inferior, obedeciendo las órdenes de su diosa, la aferraron por los pies y empezaron a arrastrarla. Cuando la amante de Akal iba ya a desaparecer en las agitadas y negras aguas, advertido por sus gritos, el titán de los poderosos brazos alcanzó a sujetar a su compañera por sus largos cabellos y a tirar fuertemente de ella, pugnando con los titanes del proceloso mar.
Esa batalla no tuvo vencedores, pero dejó para siempre sus señales gigantescas. Por el enorme tirón de las profundidades, Akal y Lalahama se encastraron en las entrañas de la tierra frente al mar. El cuerpo de Akal y la cabeza y las espaldas de Lalahama quedaron sepultados en la meseta costera. Mientras ella se abrazaba a la costa, enterrándose más y más con su compañero, la diosa Timana sólo consiguió sepultar en el mar la mitad inferior de Lalahama, que se petrificó para siempre sostenida por la mano de Akal.
Dimana, a pesar de ser el poderoso dios de las tierras y las montañas, no pudo desenterrar ni a su fiel Akal ni a su compañera. Ambos se trasformaron en el enorme macizo que hoy se conoce como el Montgó. Dicen que Timana, en los días de fuerte temporal, bate y bate sus olas contra el poderoso promontorio que se avanza hacia el mar sustentado por el espinazo enterrado de Lalahama, e intenta aún llevarsela del todo hacia las profundidades. Pero el rocoso puño de Akal la retiene por ahora.
De mis Cuadernos italianos, Conversaciones inéditas con Jacopo Portal.
Esto es lo que he recuperado de mis amarillentas notas. Lo transcribo tal cual para vosotros. Me ha motivado a hacerlo un reciente paseo desde la plana de la Justa por las laderas del Montgó.
Si fue una invención de los exilados sefardíes, si fueron algunos árabes imaginativos, de los que cultivaban las laderas del Montgó, los que forjaron la leyenda o si procede de los fenicios, descendientes de hititas, que trasportaron a nuestras costas los mitos del mundo mesopotámico, nunca podremos saberlo.
Lo que sí puedo deciros es que, si miráis atentamente al Montgó desde la parte de Benitatxell y, sobre todo, en los atardeceres, cuando los relieves de la cabellera de Lalahama son perceptibles a la luz del sol muriente, podréis comprobar también como el antebrazo y la poderosa mano de Akal sujetan aún con el puño cerrado la melena de su amada, para evitar que Timana se la arrebate hacia las profundidades.
Si lo miráis desde Beniarbeig, podréis contemplar los rocosos nudillos y falanges del inmenso puño de Akal.
Su antebrazo petrificado se aprecia también desde la playa de la Almadrava.
Por encima de los huertos de naranjos asoma el recuerdo de Akal y Lalahama.
El Montgó es el monumento fósil de unos titanes, mucho más antiguos que Gilgamesh, que se amaron en tiempos geológicos.
Ninguna prueba de ADN lo ha desmentido todavía.
En todo caso, es hermoso, desde su cumbre y cuando cae la tarde sin hacerse daño, extender la mirada a la redonda. El mar refulge más allá de Calpe.
Pour la Belgique
Hoy es día de luto nacional en Bélgica, un país al que quiero, en el que hemos vivido, yo, mi mujer y mis hijos, dieciocho años inolvidables y donde tenemos muchos amigos. Mis hijos también salieron de Bélgica para ir de vacaciones a la nieve. Ellos volvieron siempre. Hoy hay veintiocho familias belgas que están viviendo el duelo atroz del regreso de sus hijos y familiares muertos.
Sólo puedo decir que lo sentimos profundamente y que en estos días Bélgica está en nuestro corazón y en nuestro ánimo. En Gotemburgo se atisba la primavera. Hay algunas flores blancas en sus parques, como imagino que están brotando en los de Bélgica. Son las que quisiera depositar en la pequeña localidad de Lommel, en nuestro querido Plat Pays, al que cantaba Jacques Brel, y que siempre echaré de menos
http://www.youtube.com/watch?v=-I9knLqa-P0&feature=related
Avec la mer du Nord pour dernier terrain vague
Et des vagues de dunes pour arrêter les vagues
Et de vagues rochers que les marées dépassent
Et qui ont à jamais le cœur à marée basse
Avec infiniment de brumes à venir
Avec le vent de l’est écoutez-le tenir
Le plat pays qui est le mienAvec des cathédrales pour uniques montagnes
Et de noirs clochers comme mâts de cocagne
Où des diables en pierre décrochent les nuages
Avec le fil des jours pour unique voyage
Et des chemins de pluie pour unique bonsoir
Avec le vent d’ouest écoutez-le vouloir
Le plat pays qui est le mienAvec un ciel si bas qu’un canal s’est perdu
Avec un ciel si bas qu’il fait l’humilité
Avec un ciel si gris qu’un canal s’est pendu
Avec un ciel si gris qu’il faut lui pardonner
Avec le vent du nord qui vient s’écarteler
Avec le vent du nord écoutez-le craquer
Le plat pays qui est le mienAvec de l’Italie qui descendrait l’Escaut
Avec Frida la Blonde quand elle devient Margot
Quand les fils de novembre nous reviennent en mai
Quand la plaine est fumante et tremble sous juillet
Quand le vent est au rire quand le vent est au blé
Quand le vent est au sud écoutez-le chanter
Le plat pays qui est le mien.
De mi “ready (to be) made” a las papillas de José Segrelles, pasando por Marcel Duchamp
Hace pocos días decidí fotografíar los “herculei labores” (otro día comentaremos este adagio erasmiano) que me aguardaban en el fregadero…
¡y me salió “un duchamp”!
Bromas aparte, resulta que el salto a la fama de Marcel Duchamp comenzó hace cien años con su “Desnudo bajando la escalera” de 1912, una especie de “pastiche” de cubismo y futurismo, hoy en lugar de honor en el Philadelphia Museum of Art.
En realidad, cuando Duchamp comenzó a divertirse de veras fue lanzando sus “ready made” dadaístas que, contrariamente a su intención, fueron tomados tan en serio, a pesar de que lo que hacía era poner en solfa al mercado del arte y al ego de los artistas. A este propósito recomiendo las páginas de Marc Fumaroli en su libro “París-Nueva York-París. Viaje al mundo de las artes y de las imágenes” (Editorial el Acantilado, 2009)
El punto de partida del menor de los Duchamp fue un urinario fabricado por R.Mutt, al que tituló “fuente”. El primer original ha desaparecido pero ha sido reproducido al infinito.
No creo que Marcel Duchamp soñase con que cien años después se siguiese entronizando a los “ready made” de distinto calibre. ¡Loor a la originalidad conceptual! Me dicen que en Cuenca hay un “Museo del Objeto Encontrado” (que así lo llaman en castellano) donde, entre otras maravillas, se presenta actualmente una vaca con ubres de guante de goma, perpetrada por Josep Guinovart, a quien por otro lado admiro como pintor.
En fin, mi modesto “ready made” fotográfico ha sido más bien un “ready to be made”, pues la vajilla y sartenes amontonadas desde la noche anterior las he lavado con unos guantes de goma similares a los de la vaca del museo de Cuenca
De modo que, una vez acabados mis “trabajos de Hercules”, mi original pasó a la historia, dejando sólo su huella digital en este blog y un fregadero vacío en mi cocina.
Ya que estamos en la cocina, voy a compartir unas ilustraciones de un viejo recetario que heredé de mi madre, obra de un artista valenciano, cuya casa museo visité hace tiempo en La Albaida.
Josep Segrelles ilustrador de las recetas del arroz
Es conocido que Josep Segrelles (La Albaida 1889-1969) fue un pintor y un magnífico ilustrador, que todavía hoy inspira a dibujantes y creadores de comics y de películas de ciencia ficción (ver: http://www.josegrelles.com/
Menos conocidas son sus ilustraciones al recetario de la Cooperativa Nacional del Arroz, “Fórmulas variadas para guisar arroz” (Valencia 1947). Como prueban las imágenes de sus dibujos a gouache, hay recetas de arroz para todas las edades (aunque no de ortografía).
Sin que falte lógicamente la paella
La portada exhibe una imagen inspirada por la Albufera de Valencia, sin que sepamos si el pato cae bajo el efecto de los perdigones o sonríe astuto tras eludir al cazador. Joan Josep Soler, experto en todo lo que se refiere a Segrelles, me revela en su comentario (cfr. infra) que la portada no es de la mano del artista.
Del arte del mercado y el Jardín Botánico a las casetas del Moyano y al recuerdo de Jardiel Poncela.
Sitios web y boletines de noticias sobre el mercado del arte los hay innumerables, así que he preferido iniciar esta página con al arte del mercado. De mi reciente paseo por Madrid, aunque haya recorrido varias exposiciones, prefiero compartir algunas fotos, que si bien no acabarán en un museo, tampoco, pese a que algunas tengan que ver con el condumio, serán pasto de marchantes.
En el mercado de San Antón
Las primeras instantáneas las he captado en el Mercado de San Antón, al que rodean las calles de Augusto Figueroa, Barbieri y Libertad. Los artistas son los fruteros y pescaderos de esa plaza del mismo barrio madrileño donde nació Enrique Jardiel Poncela. De su muerte se han cumplido 60 años hace tan sólo dos semanas. Al final de mi paseo he adquirido casualmente un libro suyo que me ha traído a las mientes su memoria.
Pero empezaremos la crónica por el arte de los puestos del mercado. Algo así como un testimonio de “ready made” perecederos.
En los puestos de San Antón, un batallón de hortalizas se alinea en orden de parada
Mientras los carabineros, bien uniformados, montan guardia en la pescadería
Todos ellos bajo el mando de un Virrey que luce una cota de malla deslumbrante y pasa revista a sus huestes con su ojo panóptico
Por el Jardín Botánico
Dos horas duró la etapa siguiente del paseo, pero se consumieron sin sentirlo por las veredas del Botánico. De este refugio apacible que nos legó la Ilustración no puedo decir nada que no sepamos ya gracias al blog “Arte en Madrid”. Estas modestas fotos las dedico a su editora, Mercedes Gómez.
Una de las fuentecillas o ‘fontines’, de cuya restauración nos habló hace poco
La línea impecable de sus sequoias
La floración de su almendro
Y el ramaje desnudo y espléndido del olmo.
Puede que no me creáis -mi mujer fue testigo-, pero a pesar de andar tras él con toda la cautela posible no logré fotografiar a un inquieto conejo que correteaba por sus parterres.
y ello ante las mismas narices de Don Mariano Lagasca y Segura, que fue dos veces director del Jardín Botánico.
Recordando a Enrique Jardiel Poncela en la cuesta del Moyano
Acabamos el paseo por Madrid en la cuesta del Moyano (calle Claudio Moyano), lugar de algunos de mis recuerdos y hallazgos bibliófilos, que hoy añade el encanto de estar cerrada al tráfico.
Por una de esas casualidades de la vida, no sólo habíamos recorrido la calle de Augusto Figueroa (antaño calle del Arco de Santa María), donde nació Jardiel Poncela, sino que en una caseta del Moyano di con un librito suyo, que había leído hace ya muchos años cuando formaba parte de la biblioteca de mi padre. Luego lo perdí de vista y ahora lo he adquirido en muy buen estado. Me trae recuerdos.
“Para leer mientras sube el ascensor” lo publicó en Madrid la editorial Aguilar en la colección Crisol en 1958.
(esta foto proviene de http://jardielponcela.blogspot.com/)
Enrique Jardiel Poncela falleció el 18 de febrero de 1952
Su epitafio reza así: “Si buscáis los máximos elogios, moríos”:
http://elblogdejardielponcela.blogspot.com/2012/02/si-buscais-los-maximos-elogios.html
Tengo un recuerdo que tiene que ver con su obra, es la representación de “Los habitantes de la casa deshabitada”, allá por los años cincuenta en el Teatro Infanta Beatriz de Madrid. Me llevó mi abuela cuando yo vestía pantalón corto. Recuerdo que acabé escondiéndome aterrorizado entre las butacas. Aunque la obra ponía en solfa las obras que pretenden infundir pavor, a mis pocos años se me escapaba la ironía y sólo me quedaba el miedo.
Además de escritor de ingenio inacabable, Jardiel Poncela fueun excelente dibujante de género humorístico. He aquí su Sherlock Holmes en “los asesinatos incongruentes del castillo de Rock”.
De la crónica que lleva el título “Mis viajes a Estados Unidos” he extraído algunos párrafos.
Aunque los protagonistas y la escena sean de 1932, lo que narra sigue ocurriendo con otros actores y en numerosos lugares.
La postal de época representa al “Franconia”, otro transatlántico de la misma naviera del “Samaria”, buque muy parecido de la Cunard Line, del que desembarcó en Nueva York Jardiel Poncela.
La opinión de Mistress Miller
…
– ¿Qué es aquello? –le pregunto, señalando a la islita donde está la estatua.
– Ellis Island –contesta.
– ¿Y aquel edificio que se ve al pie de la estatua?
– Aquello es un presidio –vuelve a responder la rusa-. Un presidio destinado a los que no han cometido delito alguno, pues a Ellis Island es adonde van a parar con sus huesos, hasta la repatriación, los viajeros a quienes las autoridades americanas no dejan desembarcar en los Estados Unidos.
Quedo sin habla. Porque esperaba ver mucho en este viaje, pero este principio de encontrar un presidio al pie de la estatua de la Libertad, eso supera a todo lo esperado. Y me froto las manos, encantado del porvenir que me insinúa.
…
Inmigration Department
¡Nueva York y la Inmigración! Hay combinaciones de palabras que hacen temblar, y ésta, por lo visto es una de ellas. Al menos, esperando que la Inmigración neoyorquina suba a bordo, la actitud de los pasajeros del transatlántico es exactamente igual al aspecto que ofrece un gallinero cuando la cocinera entra con el propósito de decidir qué bicho elegir para el menú. Las gallinas, quiero decir, los pasajeros, se aprietan unos contra otros en la borda: como si quisieran hacer el menor bulto posible. Se diría que algunos se agachan para esconderse debajo de los demás…
…hoy por la mañana, agrupados temerosamente en las cubiertas, con los ojos clavados en la gasolinera oficial, que se acerca al barco, los pasajeros ya no parecen los mismos de anoche. A derecha e izquierda se oyen sin cesar voces tímidas:
– Ya se acerca la Inmigración… Ya se dispone a subir la Inmigración.
Y por fin…, se oyen unas voces imperativas procedentes del mar:
– Well! Stop!
– Is all right, boy!
El motor escupe treinta explosiones lentas y se detiene, y la gasolinera oficial se pega al costado del transatlántico.
– Come on, chief…
Cinco hombres uniformados saltan a la escala del “Samaria” y entran como en terreno conquistado. Pertenecen al Inmigration Department, y son todos altísimos, tipo rascacielos, con dos ventanas en lo alto: los ojos; sólo se diferencian de los rascacielos en que llevan unos papeles debajo del brazo. Sin saber por qué nos dan mucho miedo esos papeles…
Jardiel Poncela, Enrique, “Mis viajes a Estados Unidos. III Lo difícil que es pisar el asfalto de Broadway” en Para leer mientras sube el ascensor, Madrid, Aguilar, colección Crisol, 1958, pp. 444, 447 y 449.
Lo que quiso manifestarse y no halló las palabras que servían
Sobre los cantos rodados de la escollera, al extremo sur de la playa de la Almadraba, aflora una vieja pila de mármol, desgastada -quién sabe durante cuántos años- por los embates del mar.
Incansable, el agua entra y sale de ella. Una y otra vez su blanca concavidad se llena y se vacía, siguiendo el vaivén de las olas.
Bordeo la restinga por la desembocadura del río y sigo por la orilla, la mirada hacia el extremo norte de la bahía, que a estas horas de la tarde se presenta bienaventurada.
El inmenso jardín de reflejos, cuerpo sin fin de agua, hoy no brama.
No sabría decir si vibra o tiembla.
Es difícil retirar la vista.
Invita a abandonarse, a no pensar en nada.
En todo caso, lo que yo diga será pobre.
Así que, perezoso, me refugio en el recuerdo de mejores palabras:
LA MER
C’est tout ce que nous aurions voulu faire et n’avons pas fait,
Ce qui a voulu prendre la parole et n’a pas trouvé les mots qu’il fallait,
Tout ce qui nous a quittés sans rien nous dire de son secret,
Ce que nous pouvons toucher et même creuser par le fer sans jamais l’atteindre,
Ce qui est devenu vagues et encore vagues parce qu’il se cherche sans se trouver,
Ce qui est devenu écume pour ne pas mourir tout à fait,
Ce qui est devenu sillage de quelques secondes par goût fondamental de l’éternel,
Ce qui avance dans les profondeurs et ne montera jamais à la surface,
Ce qui avance à la surface et redoute les profondeurs,
Tout cela et bien plus encore,
La mer.
LA MAR
Es todo aquello que habríamos querido hacer pero no hicimos,
Lo que quiso manifestarse y no halló las palabras que servían,
Todo lo que nos ha abandonado sin decirnos nada de su secreto,
Lo que podemos tocar e incluso hender a hierro sin jamás alcanzarlo,
Eso que se ha vuelto olas y más olas aún porque se busca sin encontrarse,
Eso que se ha vuelto espuma para no morir del todo,
Eso que se ha convertido en unos segundos de estela por gusto radical de lo eterno,
Eso que avanza en las profundidades y nunca ascenderá a la superficie,
Eso que avanza en la superficie y teme las profundidades,
Todo eso y mucho más aún,
La mar.
Jules Supervielle, Vivir y quehacer del poeta. Selección, traducción, prólogo y notas de Ramón Puig de la Bellacasa, Editorial Pre-Textos, Colección Poéticas, Valencia 2009. pp.228-229.
http://encuentrosconlasletras.blogspot.com/2009/11/jules-supervielle-vivir-y-quehacer-del.html
In portu navigare
Cerca de mi taller en Gotemburgo está el muelle donde entre viaje y viaje descansa, y ahora inverna, uno de los más grandes veleros de madera de entre cuantos hoy en día surcan los océanos. Mide 58,5 metros de proa a popa, 11 metros de ancho y el extremo superior de sus mástiles se alza a 47 metros sobre el agua. Puede embarcar ochenta pasajeros y llevar provisiones para alimentarlos durante tres meses, entre tripulación, alumnos e invitados.
In portu navigare
Su historia me hace pensar en ese viejo adagio latino comentado por Erasmo de Rotterdam en sus Adagiorum collectanea o Adagiorum chiliades. Este fue el título definitivo de la obra, es decir “millares de adagios»; y así es: en 1536, año de su muerte y de su última edición, Erasmo alcanzó a explicar y glosar 4151 proverbios grecolatinos.
Comenta que “In portu navigare” es una forma de decir que “estamos fuera de peligro”, que, «sin tener que habérselas con las olas y los vientos», en el puerto ya nada malo puede sucederle a nuestra nave. También se usa para referirse “a quienes han adoptado un modo de vida tranquilo y seguro”, y de ellos se dice que “han recalado en puerto”.
qui jam intra portum sunt, nihil habent negotii cum undis ac ventis
../..
qui sese ad tranquillam tutamque aliquam vitae rationem traducunt, in portu se recipere dicuntur
Edición digital del texto latino de los Adagios de Erasmo, Les Belles Lettres, GRAC (Groupe Renaissance Âge Classique de la Universidad de Lyon), Lyon, 2010, adagio I i 46 ( *), pag. 127
A pesar de ello, no es eso lo que le sucedió al gran velero sueco de la compañía de las Indias Orientales, el Göteborg, cuando entraba en el puerto de su ciudad el 12 de setiembre de 1745. Inexplicable y rápidamente se fue a pique ante la atónita multitud y los centenares de barcos y barcas que le daban la bienvenida.
Esta historia, así como todo lo referente a la recuperación arqueológica y a su reciente y fiel reproducción, tal cual aunque equipado con las tecnologías más modernas de navegación, se puede consultar en la página oficial del Ostindiefararen Göteborg (Compañía de las Indias Orientales Göteborg)
http://www.soic.se/content/english-site/soic-english.html
Esa página ofrece además hermosas filmaciones de los recientes viajes de este apuesto bajel
http://www.youtube.com/swedishshipgotheborg
Heroico fotógrafo
Que el puerto de Gotemburgo no siempre es un abra segura -por lo que el adagio y la tranquilizadora interpretación que del mismo hace Erasmo de Rotterdam no se deben tomar al pie de la letra- lo prueba mi reciente ‘aventura’ en sus aguas.
Aunque puede que yo sea un poco exagerado, el caso es que…
hace poco tuve la sensación de que “in portu moriturus eram”.
Yo no creo que fuese una “reverencia” al estilo de Schettino, comandante del hoy famoso crucero Concordia , sino más bien una especie de amistoso corte de mangas entre colegas.
El caso es que el 30 de enero mi “vaporetto” gotemburgués le pasó bajo las narices, es decir bajo la quilla, a un paquebote de Stena Line que en ese momento embocaba el puerto de Gotemburgo.
No dudo de que tienen experiencia y sangre fría estos timoneles suecos. Me refiero a los capitanes de los “rápidos de la ría” (älvsnabben), esa especie de tranvías acuáticos que nos llevan de un lado a otro del canal, como quien toma el autobús para ir de Atocha a la plaza de Colón en Madrid. Por no decir nada de los aguerridos comandantes de los ferries de Stena Line…
¡Romántico de mí!
Yo había ya decidido pasar a la crónica periodística como el testigo de los últimos instantes del barquito de la línea 180, antes de que el ferry nos mandara a pique.
Ni corto ni perezoso había desenfundado mi cámara…
Además… ¡qué remedio! ¿Hacia dónde salir corriendo?
Pero, las osadas instantáneas que disparé desde mi ventanilla de babor no pasarán a la historia.
Tampoco pude sacar unas últimas fotos dramáticas, por ejemplo tiritando desde mi salvavidas.
En todo caso, las he guardado para vosotros, para que os estremezcáis desde ahora con los peligros que podéis disfrutar en Gotemburgo, si es que un día venís y os embarcáis en el Älvsnabben.
Claro que más apasionante sería embarcarse en el velero “Göteborg” desde uno de los botes que manejan sus grumetes.
Colofón para madrileños
Ya puestos a hablar de rías, hablemos también de ríos…
Como la señora Botella parece firmemente determinada a ser una alcaldesa innovadora y como los blog son también una especie de botella para el envío de mensajes a la mar, he decidido enfrascar una petición y lanzarla a las procelosas aguas de Internet, con la esperanza de que el mensaje flote y llegue al Consistorio de Madrid.
¿Pues, acaso Madrid no tiene un río?
Y, ya que nuestro padre el Manzanares no tiene calado para un velero del siglo XVIII ¿no se podría poner un vaporetto , como en Venecia o en Gotemburgo, para navegar por el Manzanares y escapar a los atascos de la M30?
Y si, a causa de los recortes, no se puede tener uno nuevo ¿no podría el estanque del Retiro prestarle al río una motora?
¿No tiene el Retiro una motora de repuesto?
Además, al fin y al cabo el antiguo Embarcadero del Retiro lo quitaron hace ya tiempo, como bien nos explica Mercedes Gómez en http://artedemadrid.wordpress.com/
(* ) Apostilla sobre la numeración de los Adagios de Erasmo:
La numeración original de los Adagios consiste en tres cifras romanas. Una primera cifra indica las unidades de millar (“chiliades”) desde la I a la IV. Una segunda indica las centenas, desde la I a la X. La última cifra es el número del adagio dentro de su centena entre 1 y 100. De este modo el adagio In portu navigare es el I i 46 (primer millar, primera centena, adagio cuadragésimo sexto).
Numerado correlativamente en números árabes resulta ser el adagio 46.
Para más información:
Adagios del poder y de la guerra y teoría del adagio. Edición (revisada y aumentada), introducción y traducción de Ramón Puig de la Bellacasa, colaboración de Alexandre Vanautgaerden y asesoramiento de Charles Fantazzi, Alianza Editorial, 2008, Colección Bolsillo Filosofía
CLARIDAD
para Marie en su cumpleaños
CLARIDAD
Respira despacio,
que el aire
se temple antes
de entrar
en tus pulmones.
Que tus ojos
se entreabran
sin herirse
a estas cegadoras
claridades.
Ante sus filos
blancos
tu retina,
deslumbrada,
se rinde.
Son puros
estos fríos,
el alma se desnuda,
flota en cristal
y asciende.
en recuerdo de Georges Maroutaeff (Moscú 14 enero 1914 – Ottignies, Bélgica, 29 enero 2010)
En el cementerio de Ixelles
La Europa del siglo XX sembró su geografía de camposantos.
En el cementerio de la comuna de Ixelles, en Bruselas, hay un gran sector ocupado por las sepulturas de los soldados muertos en las tragedias insensatas de la primera y la segunda guerra mundiales.
Son tumbas de soldados y también de los resistentes y partisanos ejecutados o asesinados por los ocupantes nazis.
Quince años de mi vida trascurrieron en Ixelles.
Algunos domingos, cuando el buen tiempo animaba a madrugar, compraba el periódico por la plaza del cementerio y luego me adentraba por sus veredas para alejarme del ruido del tráfico y sentarme en uno de sus bancos soleados.
Así acabé leyendo las inscripciones de sus tumbas, en especial en el área dedicada a los que murieron en combate o en prisiones y campos alemanes, así como a los resistentes asesinados.
Los que vivían en Ixelles están agrupados en el llamado “círculo de los mártires”. En esta plazoleta están enterrados varios resistentes varones y dos mujeres.
Me llamó la atención lo que se lee sobre la lápida de una de ellas :
Marina Chafroff
+ 31 de enero de 1942
Decapitada
Hoy hace setenta años.
Esta inscripción me conmovió. Consulté los archivos del cementerio, ordenados cronológicamente por fecha de sepelio. No encontré ninguna documentación. Luego supe que ello se debía a que sus restos fueron repatriados por La Cruz Roja en una caja de plomo, varios años después de acabar la guerra, desde el cementerio de Colonia, y fueron enterrados a principios de los años cincuenta durante una solemne ceremonia, junto a otros resistentes de Ixelles.
Georges Maroutaeff y Mary Larda Maroutaeff
Sería largo contar como acabé conociendo al que fue el marido de Marina Chafroff, Youri Maroutaeff (Georges), a la sazón ya muy mayor, y a su segunda esposa, Mary Larda Maroutaeff. Se habían encontrado, tras la ejecución de Marina, dentro de la red de partisanos, en buena parte de origen ruso o excombatientes de las Brigadas Internacionales de nuestra guerra civil.
Aquellos resistentes se jugaban la vida acogiendo y ayudando a pasar a territorio aliado a fugitivos rusos, evadidos de los campos de concentración alemanes, y organizando sabotajes contra las infraestructuras y recursos del ejército ocupante.
El caso es que acabé visitándoles en su casa de las afueras de Bruselas en Morsaint, Grez-Doiceau, la misma en la que durante la ocupación alemana tuvo su base el grupo de Georges Maroutaeff.
Conservo con afecto las grabaciones de nuestras conversaciones. Mi propósito era publicar la historia de Marina Chafroff, dedicándosela a Georges. No obstante su gran vitalidad a los 96 años su salud era delicada. Por desgracia, falleció (anteayer hizo dos años) sin que yo pudiera ofrecerle ninguna publicación.
Pero no he querido dejar pasar el aniversario de la muerte de Marina Chafroff sin decir algo sobre ella en este blog. Es sólo un modesto testimonio de algo que vine a conocer durante los últimos años de mi estancia en Bélgica. El contexto y repercusiones de aquellos acontecimientos merecerían un mayor espacio y desbordan los límites de esta breve narración. Aquella mujer tuvo una influencia importante en la escalada de las acciones de los resistentes belgas contra el ejército alemán y es una muestra del espíritu de los exiliados de la revolución rusa en Bélgica durante la invasión nazi.
Marina Chafroff
Marina era hija de un oficial del ejército del Zar. Su marido, Georges Maroutaeff, era hijo de un ingeniero naval ruso. Ambos eran apátridas y pertenecían a familias que se habían exiliado durante los años que sucedieron a la revolución rusa. Georges llegó a Bélgica con su abuela y Marina con su madre.
Tenían dos hijos pequeños y vivían en el número 265 de la Chaussée d’Ixelles, en Bruselas.
Ella trabajaba de administrativo en una oficina y él en el parque móvil de la Wehrmacht
Cuando se produce la invasión alemana de Bélgica y después la de la Unión Soviética, muchos exiliados rusos aparcan las razones de su exilio (el régimen soviético) y sólo piensan en resistir al agresor de Bélgica y de Rusia. George dirige un grupo clandestino en Morsaint.
Marina reprochaba a las células de resistentes que sólo practicasen el sabotaje contra medios e instalaciones del ejército alemán, mientras los oficiales y soldados de la Wehrmacht y de las SS se sentían seguros y a su gusto, se divertían en Bruselas y, en definitiva, campaban a sus anchas sin ser molestados. Oyendo radio Belgrado, comentó a los otros miembros del grupo que si los hombres no actuaban contra el ejército nazi como hacían ya los resistentes yugoeslavos, sería una mujer la que lo hiciese.
No le prestaron atención y Marina alquiló en secreto una habitación, no lejos del domicilio familiar, en el número 3 de la rue Cans.
El lugar no estaba lejos la “Kommandantur” alemana, instalada en el edificio por entonces recién inaugurado de la compañía belga de electricidad en la Plaza del Trono, tras el palacio real, confiscado por los alemanes.
Una coincidencia siniestra hace que, delante mismo del que fue cuartel general de la maquinaria genocida nazi, truene aún el lúgubre perfil de la estatua de Leopoldo II, invasor despiadado del Congo y un reconocido explotador y genocida del pueblo congolés.
En y de esas flamantes oficinas entraban y salían los oficiales del ejército ocupante
Algunos se hospedaban en el número 19 de la rue Marnix, al otro lado de la avenida
El 7 de diciembre de 1941, en la misma rue Marnix, Marina Chaffroff-Maroutaeff , según me manifestó George, quien era su marido a la sazón, apuñaló a un oficial alemán. La nota del alcalde de Bruselas Jules Coelst lo llama “funcionario”.
En represalia los alemanes toman 60 rehenes y dan un plazo para que se entregue el agresor, so pena de fusilarlos.
Marina decide entregarse antes de que venza el ultimátum. Pero lo hace mediante otra agresión similar en el bulevar Adolf Max el 15 de diciembre (a un “empleado del ejército alemán” dice el nuevo aviso oficial, esta vez del teniente general Von Hammerstein).
En esta ocasión Marina se deja capturar y asume la autoría del primer ataque para así salvar a los rehenes.
Juicio y ejecución
Juzgada sumariamente es condenada a muerte, aunque el teniente general Von Hammerstein, militar de carrera y comandante del ejército alemán en Bélgica, suspende la ejecución de la pena, argumentando que, en situación similar, él habría comprendido que una mujer alemana hubiese actuado del mismo modo (este general será sustituido más tarde por demasiado blando).
La Gestapo se hace cargo de Marina y la deporta a Alemania para asegurar así su ejecución lejos de Bélgica. Hacer desaparecer los cuerpos de opositores asesinados ha sido siempre una forma de evitar la memoria de las personas que no se doblegan ante los opresores, como se sabe por triste experiencia en España.
No fue una ejecución cualquiera sino una decapitación. Se cometió este asesinato el 31 de enero de 1942 en Colonia. Marina tenía 33 años. Antes de su ejecución escribió una carta de despedida a su marido y a sus dos hijos.
Toda la familia fue investigada. Su marido Georges Maroutaeff fue detenido e interrogado. Su condición de obrero técnico en el parque móvil del ejército ocupante era una tapadera que funcionó, lo soltaron y pudo seguir saboteando convoyes y ayudando a los rusos que escapaban de los campos de concentración, hasta 1944 cuando su grupo fue denunciado y atacado por soldados alemanes en su base de Morsaint, Grez Doiceau. Allí ha vivido hasta su muerte hace dos años. Escapó de la encerrona por un subterráneo, pero con graves heridas en un brazo.
Los dos hermanos de Marina tuvieron que mostrarse colaboradores. Fueron alistados ambos en la Legión Valonia, con los voluntarios que bajo las órdenes del fascista católico León Degrelle combatieron al lado del ejército nazi como adscritos a las Waffen SS en el frente del Este.
La madre de Marina, con la que siguieron creciendo sus dos niños, nunca pudo asimilar lo sucedido y responsabilizó al grupo de partisanos rusos y, en particular, al marido de Marina, de haberla implicado en esa lucha que la llevó a la muerte. Los dos hijos de Marina y Georges han vivido todos estos años con la pena de aquella pérdida que cuando niños no pudieron entender.
Repercusiones y olvido
El partido comunista belga ignoró el heroísmo de Marina por considerarlo inoportuno. Sin embargo las fuerzas ocupantes consideraron en sus informes que la población ya no les toleraba y que una nueva forma de resistencia había surgido en Bélgica.
La bibliografía sobre Marina Chafroff es practicamente inexistente y son muy pocas las menciones de su acción en los libros sobre la resistencia en Bélgica (hay algo en Maxime Steinberg et José Gotovich, Otages de la terreur nazi: le bulgare Angheloff et son groupe de partisans juifs, Bruxelles 1940-1943, Bruselas ULBPress, pág.23). El grupo de Georges Maroutaeff aparece citado en varios lugares (e.g: De Troyer, François, L’impossible oubli, 3 vols. Bruselas 1960).
Gracias a su director, Jean-Jacques Bouchez, consulté también datos de los archivos del Museo Nacional de la Resistencia de Bruselas, donde por cierto hay una sala dedicada a las Brigadas Internacionales de nuestra guerra civil
http://www.patrimoineculturel.cfwb.be/index.php?id=8301
http://www.survivorstvseries.com/Musee.htm
Los documentos periodísticos los encontré en la hemeroteca de la Biblioteca Real de Bélgica. Otros datos los pude consultar en los Servicios Federales de Archivos y Documentación de la Dirección de Víctimas de Guerra de Bélgica, gracias a la autorización de la familia Maroutaeff y a la ayuda inestimable de la archivera y documentalista Madame Marie Lejeune. La foto del expediente de repatriación de sus restos mortales, solicitada por su madre, presenta ya a todas luces el rostro del cautiverio
Pero, sobre todo, han sido Georges Maroutaeff y Mary Larda los que me dieron a conocer, en varias entrevistas entrañables en su propia casa, lo que aquí os he contado y muchas otras cosas que preceden y rodean la historia de Marina Chafroff y que darían materia para un libro que no creo que yo llegue a poder escribir.
Estas líneas son un testimonio de amistad hacia ellos, que me dedicaron no sólo su tiempo sino también su amistad.
Reflexión
Pienso que Marina Chafroff, apátrida, modesta oficinista y madre de familia, simboliza con su rebeldía la rabia de millones de rusos, de las innumerables víctimas anónimas de los absolutismos y totalitarismos que martirizaron a las gentes de Rusia desde el principio hasta casi el final del siglo XX, de las naciones de Europa probablemente las más numerosas dentro de la marea de muertos inocentes ocasionados por la barbarie durante el siglo más sanguinario de nuestra historia.
Cuando se ha vuelto una costumbre denigrar los defectos y debilidades de los dirigentes e instituciones europeas y su supuesta “falta de legitimidad democrática”, hasta el punto que algunos candidatos a elecciones parlamentarias y presidenciales ganen numerosos votos propugnando el desmantelamiento de la Unión Europea, pienso que estamos ante una triste amnesia de lo que se vivía en España y en Europa hace tan sólo siete u ocho décadas.
No estamos ni estaremos nunca en el mejor de los mundos. El sano espíritu de rebelión no debe desaparecer, pues causas no nos faltan, pero creo que tampoco debemos permitir que se extinga el laborioso milagro de una Europa surgida del dolor de cientos de millones de personas sacrificadas en siglos de guerras y matanzas.
Postdata de 3 de enero del 2021
El interés suscitado por esta entrada del blog en el Centro Cultural y Científico Ruso de Bruselas condujo a la organización de un encuentro-teleconferencia que fue seguido por alrededor de 800 personas a través de internet el 1º de octubre del 2020, en el que tuve el honor de intervenir. Desde esta página agradezco el empeño, la competencia y la cordialidad de su directora Vera Bunina que lo hizo posible y que habla y escribe en perfecto castellano.
Como resultado, Daria Gridiaïeva, periodista de la revista Russia beyond publicó el 3 de enero del 2021 en la misma publicación digital un artículo sobre Marina Chafroff (Marina Chafrova – Maroutaïeva en ruso) en el que tuve el gusto de colaborar.
Esta fue la portada de Russia beyond para el artículo dedicado a la memoria de Marina Chafroff :












































































