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In portu navigare

11 febrero, 2012

Cerca de mi taller en Gotemburgo está el muelle donde entre viaje y viaje descansa, y ahora inverna, uno de los más grandes veleros de madera de entre cuantos hoy en día surcan los océanos. Mide 58,5 metros de proa a popa, 11 metros de ancho y el extremo superior de sus mástiles se alza a 47 metros sobre el agua. Puede embarcar ochenta pasajeros y llevar provisiones para alimentarlos durante tres meses, entre tripulación, alumnos e invitados.

In portu navigare

Su historia me hace pensar en ese viejo adagio latino comentado por Erasmo de Rotterdam en sus Adagiorum collectanea o Adagiorum chiliades. Este fue el título definitivo de la obra, es decir “millares de adagios”; y así es: en 1536, año de su muerte y de su última edición, Erasmo alcanzó a explicar y glosar 4151 proverbios grecolatinos.

Comenta que “In portu navigare” es una forma de decir que “estamos fuera de peligro”, que, “sin tener que habérselas con las olas y los vientos”,  en el puerto ya nada malo puede sucederle a nuestra nave. También se usa para referirse “a quienes han adoptado un modo de vida tranquilo y seguro”, y de ellos se dice que “han recalado en puerto”.

qui jam intra portum sunt, nihil habent negotii cum undis ac ventis

../..

qui sese ad tranquillam tutamque aliquam vitae rationem traducunt, in portu se recipere dicuntur

Edición digital del texto latino de los Adagios de Erasmo, Les Belles Lettres,  GRAC (Groupe Renaissance Âge Classique de la Universidad de Lyon), Lyon, 2010, adagio I i 46 ( *), pag. 127

A pesar de ello, no es eso lo que le sucedió al gran velero sueco de la compañía de las Indias Orientales, el Göteborg, cuando entraba en el puerto de su ciudad el 12 de setiembre de 1745. Inexplicable y rápidamente se fue a pique ante la atónita multitud y los centenares de barcos y barcas que le daban la bienvenida.

Esta historia, así como todo lo referente a la recuperación arqueológica y a su reciente y fiel reproducción, tal cual aunque equipado con las tecnologías más modernas de navegación, se puede consultar en la página oficial del Ostindiefararen Göteborg (Compañía de las Indias Orientales Göteborg)

http://www.soic.se/content/english-site/soic-english.html

Esa página ofrece además hermosas filmaciones de los recientes viajes de este apuesto bajel

http://www.youtube.com/swedishshipgotheborg

Heroico fotógrafo

Que el puerto de Gotemburgo no siempre es un abra segura -por lo que el adagio y la tranquilizadora interpretación que del mismo hace Erasmo de Rotterdam no se deben tomar al pie de la letra- lo prueba mi reciente ‘aventura’ en sus aguas.

Aunque puede que yo sea un poco exagerado, el caso es que…

hace poco tuve la sensación de que “in portu moriturus eram”.

Yo no creo que fuese una “reverencia” al estilo de Schettino, comandante del hoy famoso crucero Concordia , sino más bien una especie de amistoso corte de mangas entre colegas.

El caso es que el 30 de enero mi “vaporetto” gotemburgués le pasó bajo las narices, es decir bajo la quilla, a un paquebote de Stena Line que en ese momento embocaba el puerto de Gotemburgo.

No dudo de que tienen experiencia y sangre fría estos timoneles suecos. Me refiero a los capitanes de los “rápidos de la ría” (älvsnabben), esa especie de tranvías acuáticos que nos llevan de un lado a otro del canal, como quien toma el autobús para ir de Atocha a la plaza de Colón en Madrid. Por no decir nada de los aguerridos comandantes de los ferries de Stena Line

¡Romántico de mí!

Yo había ya decidido pasar a la crónica periodística como el testigo de los últimos instantes del barquito de la línea 180, antes de que el ferry nos mandara a pique.

Ni corto ni perezoso había desenfundado mi cámara…

Además… ¡qué remedio! ¿Hacia dónde salir corriendo?

Pero, las osadas instantáneas que disparé desde mi ventanilla de babor no pasarán a la historia.

Tampoco pude sacar unas últimas fotos dramáticas, por ejemplo tiritando desde mi salvavidas.

En todo caso, las he guardado para vosotros, para que os estremezcáis desde ahora con los peligros que podéis disfrutar en Gotemburgo, si es que un día venís y os embarcáis en el Älvsnabben.

Claro que más apasionante sería embarcarse en el velero “Göteborg” desde uno de los botes que manejan sus grumetes.

Colofón para madrileños

Ya puestos a hablar de rías, hablemos también de ríos…

Como la señora Botella parece firmemente determinada a ser una alcaldesa innovadora y como los blog son también una especie de botella para el envío de mensajes a la mar, he decidido enfrascar una petición y lanzarla a las procelosas aguas de Internet, con la esperanza de que el mensaje flote y llegue al Consistorio de Madrid.

¿Pues, acaso Madrid no tiene un río?

Y, ya que nuestro padre el Manzanares no tiene calado para un velero del siglo XVIII  ¿no se podría poner un vaporetto , como en Venecia o en Gotemburgo, para navegar por el Manzanares y escapar a los atascos de la M30?

Y si, a causa de los recortes, no se puede tener uno nuevo ¿no podría el estanque del Retiro prestarle al río una motora?

¿No tiene el Retiro una motora de repuesto?

Además, al fin y al cabo el antiguo Embarcadero del Retiro lo quitaron hace ya tiempo, como bien nos explica Mercedes Gómez en http://artedemadrid.wordpress.com/

(* ) Apostilla sobre la numeración de los Adagios de Erasmo:

La numeración original de los Adagios consiste en tres ci­fras romanas. Una primera cifra indica las unidades de mi­llar (“chiliades”) desde la I a la IV. Una segunda indica las cente­nas, desde la I a la X. La última cifra es el número del adagio dentro de su centena entre 1 y 100. De este modo el adagio In portu navigare  es el I i 46  (primer mi­llar, primera centena, adagio cuadragésimo sexto).

Numerado correlativamente en números árabes resulta ser el adagio 46.

Para más información:

Adagios del poder y de la guerra y teoría del adagio. Edición (revisada y aumentada), introducción y traducción de Ramón Puig de la Bellacasa, colaboración de Alexandre Vanautgaerden y asesoramiento de Charles Fantazzi, Alianza Editorial, 2008, Colección Bolsillo Filosofía

3 comentarios leave one →
  1. 11 febrero, 2012 20:38

    Hola Ramón, intrépido fotógrafo, nos muestras una Suecia tan luminosa y de cielo tan azul como yo la recuerdo (aunque estuve un mes de julio), preciosa.
    Los barcos antiguos y su historia tienen un gran magnetismo para nosotros, nos llevan a otras épocas, y provocan muchos sueños, como el del Manzanares navegable, viejo sueño. A ver si recogen tu idea, con ese barquito por el río… sería un éxito. Los madrileños desde siempre, a falta de otra cosa, nos hemos entregado al Retiro y sus barcas tan románticas.
    ¡Saludos desde Madrid!
    (Y gracias por el enlace)

  2. 11 febrero, 2012 23:27

    ¡Gracias Mercedes!

    ¡Sí que me gustaría navegar por el Manzanares!

    Del estanque del Retiro recuerdo las “regatas” con mis compañeros de colegio, dándole al remo de nuestras barcas, haciendo un poco el burro y acabando la tarde remojados y comiéndonos un barquillo de los de entonces. Y años más tarde, ya con nuestros hijos de la mano, en la motora, dando las dos vueltas de rigor al estanque.

    Aquel cielo trasparente del Madrid de entonces en invierno, con su frío continental, no tenía nada que envidiar a las claridades escandinavas.

    Hubo uno de aquellos inviernos tan frío que le pregunté en clase a mi profesor de geografía si no estaríamos ya en la quinta glaciación y si la iban a llamar “la matritense”…

    Saludos

    Ramón

  3. Carmen Casado permalink
    20 febrero, 2012 12:02

    Me ha encantado la entrada y tambien abogo por una motora para el Manzanares y que eseMadrid Rio sea cada vez mas agradable y navegable.
    El velero de Gottemburgo ma ha encantado.
    El otro dia estuve en el puerto de Sevilla en el muelle de las Delicias visitando un Galeon precioso engalanado para los festejos del Bicentenario de La Pepa, la Constitucion de 1812, dentro de unos dias parte para Cadiz por el Guadalquivir.
    Pude visitarlo con calma y tranquilidad y me encanto. Me estremecio pensar que ese barco habia surcado los mares desde Europa al mar de China al Indico y al Pacifico……….una gran odisea en pleno siglo XX. Tiene 55 m de eslora y se construyo en Punta Umbria Huelva hace ya unos años y se ha paseado por todos los mares y oceanos.

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