En la ruta veraniega (II): Toulouse (II). En el museo de Les Abattoirs (los antiguos mataderos)
Por toda Europa, los imponentes edificios donde antes se sacrificaban las reses se han ido rehabilitando para sacrificar al arte y la cultura, de preferencia contemporáneos. Lo he podido comprobar en los antiguos mataderos de Madrid, en el Campo Boario en Roma y lo acabo de comprobar en Les Abattoirs de Toulouse.
Guiado por viejo amigo Rodolfo, pude visitar este museo de arte moderno y contemporáneo, no lejos de la poderosa corriente del Garona y de la plaza del Dr. Maurice Pujol “médico de los hospitales y de los pobres” (1883-1972) en el barrio de Saint-Cyprian.
Cerca del museo nos hubiese gustado dar unas vueltas sobre el rinoceronte del Beau Manège, el romántico tiovivo de los años 30, rehabilitado por la Asociación La Machine. Pero este histórico juguete no es para quienes nacimos no mucho después de su época dorada, cuando aún lo movían sus mecanismos originales.
Así que nos contentamos con verlo girar para disfrute de la infancia.
LOS ‘JUGUETES’ DE LA FAMILIA SMITH
En cualquier caso, ya dentro de Les Abattoirs, nos sentimos inmersos en el ambiente adecuado para un ludópata del arte, las creaciones de Tony Smith y de sus hijas, Kiki y Seton, en una amplia exposición temporal. La verdad es que podríamos extendernos sobre varios aspectos de la colección permanente, pero la familia Smith nos ocupó casi toda la visita.
La pasión serena por las estructuras primarias
Tony Smith (1912-1980), arquitecto, pintor y escultor, domina la muestra con sus juegos de formas, trufados de cálculo matemático, resultado de su habilidad combinatoria y geométrica.
Fue uno de los primeros minimalistas en los años 60 en los Estados Unidos, en quien muchos se han inspirado y del que no pocos han copiado.
Muchos le hemos admirado a través de sus obras antes de saber a quién se debían.
Cuando se analizan sus trabajos, se comprende mejor que, en este como en otros campos de la creación humana, una forma aparentemente simple puede ocultar complejidades (y obsesiones) insospechadas.

Combinatoria a partir de tres formas básicas de la Serie Louisenberg. Dibujo deTony Smith. Toulouse Les Abattoirs. 2013.Foto R.Puig
Narrativa mitológica
Kiki Smith (1954-) es hija de Tony. Junto con su hermana Seton vivió inmersa en el ambiente artístico de la familia (el taller del padre y la carrera de bailarina renombrada de la madre).
De niñas, las hermanas ayudaban al padre a construir los dodecaedros y tetraedros de sus proyectos escultóricos.
Me centro aquí en tres de sus esculturas, dos de ellas de acentuada carga simbólica.
Una visión feminista de la creación de una Eva de edad madura a partir de no se sabe bien si de la costilla de un Adán licántropo o de una loba primigenia.
La siguiente es una expresiva alegoría de la mujer como hija de la gacela
La tercera es parte de un conjunto titulado “La Anunciación”.
Recrea a un flotante mensajero de aire misterioso y mudo. Una especie de portador de ambiguas nuevas que parece reservarse, dejándonos el trabajo de adivinarlas.
……………
De la fotógrafa de la familia, Seton Smith (1955 -), no he registrado directamente las obras expuestas, pero pueden apreciarse algunas fotografías de adustos paisajes, que creo recordar son suyas, en el fondo de la sala donde se exponen varios formas minerales de su padre.
El próximo domingo volveremos con más cosas de Toulouse.
Por el momento, escapando del calor que hacía aquel día, podemos imaginarnos engullidos en el interior de las refrescantes entrañas del pez del Beau Manège. Al fin y al cabo dicho acto, surrealista y bíblico, no desentonaría cerca de las esculturas de Kiki Smith.
Els Poblets. Huellas de una larga historia
La agrupación de tres núcleos urbanos, La Setla, Mirarrosa y Miraflor vino a formar hace algunas décadas el municipio de Els Poblets. A lo largo de los siglos sus habitantes han dejado huellas de sus vidas. Algunas de ellas forman hoy parte del patrimonio de esta tierra.
El 6 de julio, antes de emprender mi viaje por carretera hacia tierras escandinavas, participé en una visita guiada del alfar de la Almadraba, del casco antiguo de Els Poblets y de su torre señorial de época medieval.
El alfar romano
La arcilla que se extraía de la capa freática, frente al mar y en las inmediaciones de la playa de la Almadraba, era de excelente calidad para la producción de ánforas y tejas. Los pozos de donde se extraía fueron desenterrados por los arqueólogos hace casi quince años. En ese lugar hubo una villa romana que, además de la explotación agrícola hasta el siglo V, contó con una industria de cerámica, muy activa entre el siglo I y el siglo III.
El yacimiento romano de Els Poblets nos lo enseñó el arqueólogo Josep Antoni Ahuir.
Esta villa industrial romana contaba con cuatro talleres organizados en torno a tres hornos similares. Hoy pueden apreciarse los arcos de acceso a las cavidades donde se alimentaba el fuego, así como la superficie refractaria alrededor de los praefornia, perforada para la ascensión del calor.Se han descubierto hasta dos tipos de ánforas para el transporte del aceite y dos más para el vino.
El laboratorium estaba cubierto bien por una bóveda permanente, bien por cubiertas de ramajes y de arcilla, que se renovaban tras cada una de las hornadas.
Los basamentos de las distintas estancias de los talleres se aprecian han sido sacados a la luz, aunque aún falta por excavar la zona donde se asentaba la villa del dueño de esta industria.
Con una finalidad pedagógica el visitante puede apreciar una alineación (moderna ) de los distintos tipos de ánforas.
También se muestra un recipiente cuadrangular, hecho de grandes tejas fabricadas en el alfar, como los que se utilizaban para amasar la arcilla.
La torre medieval de Mirarrosa
La torre del señor feudal de Mirarrosa, uno de los tres antiguos núcleos de población que, como hemos explicado, forman el actual municipio de Els Poblets, es otra de las huellas arquitectónicas que ha dejado la historia en este pueblo de la Marina Alta.
En torno a la torre hay varias casas que formaban un conjunto al servicio del señorío. La puerta de una de ellas ha sufrido la reforma de un vecino poco respetuoso con el antiguo arco de medio punto.

Arco de medio punto parcialmente destruido en una casa del conjunto clasificado de la torre medieval de Mira-rosa. Els Poblets. Foto R.Puig.
Pero la restauración promovida por el ayuntamiento ha salvado la parte más importante, el torreón y su ventana trilobulada (probablemente abierta en el siglo XVII o XVIII), la puerta y otros elementos sobre los que no nos vamos a extender.
La cubierta renovada de la torre evitará a partir de ahora el deterioro de este testimonio de la historia de Els Poblets.
La puerta principal permanece tapiada por su parte externa con un muro de la vivienda adyacente, pero se ha limpiado y puesto en valor por el interior.

Vista del interior de la puerta original de la torre medieval de Mira-rosa. Els Poblets. Foto R.Puig.
El trabajo de recuperación, encomendado por el ayuntamiento al arquitecto e historiador Josep Ivars ha respetado la idiosincrasia de la torre, al tiempo que la ha hecho accesible para el visitante.
El casco antiguo de Els Poblets
De la mano del arquitecto Josep Andrés recorrimos las calles centenarias de dos de los núcleos urbanos, la Setlla y Mirarrosa.
Nuestro guía nos fue instruyendo sobre el trazado de las antiguas calles y caminos y las características arquitectónicas de las casas cercanas al río, dispuestas de la forma más adecuada para resistir a las crecidas.
Nos explicó también cómo el procurador o batle del señor distribuyó las concesiones de una parte de la propiedad feudal a vecinos llegados de Mallorca y de comarcas valencianas, para poder edificar en una parcela, con derecho también a un trozo de huerta.
La “carta pobla” otorgada por el señor de Setlla y Mirarrosa, Joan Duart, el 5 de setiembre de 1611 a veinticinco pobladores, tan sólo dos años después de la expulsión de los anteriores pobladores moriscos, explicaba las normas para la distribución de las propiedades.
Josep Andrés ha publicado en la web algunos trabajos al respecto: https://sites.google.com/site/delspoblets/
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Los participantes, y éste que escribe en particular, quedamos muy agradecidos a los tres expertos citados y a los organizadores de este recorrido, en particular el concejal de Cultura, Salvador Sendra, y al bibliotecario y coordinador de actividades culturales de Els Poblets, Jaume Cervera.
La visita había sido precedida por una cuidadosa serie de conferencias-coloquio sobre todas estas facetas de la historia de Els Poblets y sus principales vestigios impartidas por los tres profesionales arriba mencionados.
Una crónica de las conferencias y de la visita, mucho más completa y documentada que la mía, se encuentra en el blog de Gonçal Vicens Bordes
De lo mágico y lo pragmático. Paseo por Sueca y Gandía.
Cuando estoy a la orilla de este mar, el alba me despierta con sus primeras luces y, si logró sacudirme la pereza, puedo asistir a la llegada del disco rojo. Desde que hay seres humanos sobre la tierra el sol ha estado en el origen de todas las magias y creencias en poderes sobrenaturales.
Cuando se asoma sobre el mar ese señor de fuego me siento un poco egipcio, un poco azteca… vamos, que entiendo perfectamente que del largo peregrinaje de la humanidad por el mar y sobre la tierra, la mayor parte se haya desarrollado bajo el imperio de la magia, bajo el dominio de las creencias en lo inexplicable, en lo irrazonable
Cosas y magias de por aquí
El otro día volví a Sueca. Digo volví, porque no lo hacía desde que tuve nueve años y casi muero de fiebres tifoideas muy cerca, en El Perelló, entonces un pueblín, durante una de aquellas interminable vacaciones escolares del larguísimo franquismo, cuando el brazo de tierra y arena entre la Albufera de Valencia y el mar no estaba lleno de torres.
En Sueca hay también un sol mágico, está en la fachada de Nuestra Señora de Sales. Entre los azulejos que ilustran las leyendas de la Pasión hay uno del astro rey, no triunfante como el de los egipcios, no solicitando sacrificios humanos como el de los aztecas, sino entristeciéndose por el más famoso de los sacrificados.
El ripio del poeta anónimo lo expresa así:
El sol eclipsado ofrece
un testimonio profundo
de que el cielo se estremece
al dejar Cristo este mundo.
Un escritor de otro tiempo y lugar explicaba de otro modo el sacrificio del Gólgota, por boca de uno de sus personajes, un viejo maestro de piano (de su novela «Los falsificadores de moneda»)
‘No, no, exclamó confusamente; el diablo y el Buen Dios son el mismo; se entienden. Pretendemos creer que todo lo malo sobre la tierra procede del diablo; pues de otro modo no hallaríamos en nosotros la fuerza de perdonar a Dios. Se divierte con nosotros como el gato que atormenta al ratón… Y para colmo pide que le estemos agradecidos. ¿Agradecidos de qué? de qué?…’
Luego, aproximándose hacia mí:
‘¿Y sabe qué es lo más horrible de todo lo que ha hecho?… ¡Es haber sacrificado a su propio hijo para salvarnos!… La crueldad, he ahí el primero de los atributos de Dios’
(André Gide, Les faux-monnayeurs, 1925, Folio Gallimard, pp. 377-378)
Sea como sea, en Sueca, los franciscanos que fundaron el convento y la rutilante iglesia barroca de Nuestra Señora de Sales, siguen pidiendo una limosna para esas almas que el sacrificio de Cristo se supone redimió de una mancha heredada, tenaz y universal.
Al parecer necesitan todavía de la magia de unos euros para salir del purgatorio.
A Dios rogando y con el mazo dando
Pero sobre la veleta de este templo campea el pragmatismo valenciano: un campesino ara sus tierras, un suecano se levanta con el sol todas las mañanas, no para adorarle sino para mirar realista hacia la tierra.
No en vano, el nombre de origen árabe de esta antigua villa significa mercadillo.
Los campos de arroz son la viva demostración de la creencia en lo concreto del agricultor, de la tenacidad de las gentes de esta tierra. No obstante ¿es que el arroz no tiene algo de mágico?
Esa sensación nos da la visita a la muntanyeta, la Montaña de los Santos, único saliente rocoso del término municipal.
A lo lejos Valencia.
Desde su mirador se puede admirar la extensión de los arrozales. Esa soledad sin nadie tiene algo extraño, pareciera que el arroz creciese sin una mano humana que lo vele.
La vista tiene algo de espejismo.
Pero el arroz es la viva demostración no de una magia sobrenatural sino del arte de vivir.
Aquí se celebra todos los años el Concurso internacional de paellas. Si te pones a hablar de arroz en la barra del bar, a poco que muestres interés, acabarán explicándote una receta que no conocías, una de las infinitas formas de cocinar con arroz. Y no me preguntéis por qué en el escudo de Sueca el nombre de la villa lleva una hache intercalada.
También parece que la magia corona las iglesias, la de sus artesanos, esos que han fabricado las cúpulas de refulgente cerámica azul de la iglesia de San Pere.
Pere es ese San Pedro que se puso tan triste cuando el gallo cantó, como ilustra de nuevo la fachada de Nuestra Señora de Sales.
Y más tarde, como el poeta artesano nos cuenta, la luna también se nubló de tristeza..
A Dios rogando y los Duques mandando
De vuelta a Els poblets me detengo en Gandía donde pervive otra historia de esta tierra, la de los descendientes de un papa de vida disoluta, Alejandro VI Borgia, natural de Játiva, que de Roma acabaron volviendo a las orillas del Serpis.
Pues a la vera del río está el Palacio Ducal. Allí alternaban los cortesanos con los intelectuales y los funcionarios, algunos de familias de conversos, al servicio de los Borja de Gandía.
No sé lo que significa esta escultura extraña junto a la entrada, pero tiene algo de inquietante.
¿Es un hombre con dos cabezas? ¿Es un símbolo del alter ego o una escenificación de la persona y su conciencia? ¿El de atrás previene al otro de una desgracia inminente? ¿O se trata del proverbio «si un ciego guía a otro ciego ambos caen en el hoyo»?
La verdad es que, aunque ahora sus patios son tranquilos y sus portales y galerías acogen a los turistas, por estos mundos se vivieron muchas violencias y se derramó mucha sangre.
Algo de sangre le hicieron también los cilicios a San Francisco de Borja, duque que se volvió asceta y llegó a General de la Compañía de Jesús. El palacio exhibe su camastro como una reliquia, aunque la historia nos hable de los pleitos del santo con la numerosa prole de su padre y de la segunda esposa de éste, para retener la propiedad de los lugares. Quién sabe si esta querella crematística fue o no compatible con su voto de pobreza, pero puede que al quedar en manos de la Orden, este palacio se haya salvado.
Sobreviven escasamente cuatro padres jesuitas, ya entrados en años, que habitan un ala del edificio, lo que asegura que el colegio de la otra ala del palacio siga las reglas de la enseñanza jesuítica. ¿Por cuánto tiempo aún?
Volviendo al mar y a la poesía
De vuelta a mi playa con un pequeño cargamento de genuino arroz de Sueca.
No quiero terminar con cosas tristes, sino con las velas al viento y con un soneto de un poeta nacido en tierras alicantinas, que añora su mar y juega con las palabras desde la casa de la sierra de Guadarrama donde escribe:
No puedo concebir el mar sin mí
ni puedo concebirme sin el mar:
nací junto a la ausencia de mi mar
y su memoria azul habita en mí.
Con su claro prestigio vibra en mí
la sonora presencia de mi mar:
la voz apasionada de mi mar
me dice que sin él no hay yo ni hay mí.
Y tan hondo el amor alienta en mí
que cuando no estoy cerca de mi mar
siento mi corazón lejos de mí.
Eternamente unidos yo y mi mar:
porque mi mar es ya parte de mí,
y un día seré parte de mi mar.
Antonio Porpetta. “Canto final” en Seis poemas de “Adagio mediterráneo,
Cançoner del Magnànim 2008, Valencia 2009, p.177.
Para Dora, Baltasar, Ana, Jaume y Pere
Doy las gracias a mis convecinos por haber venido a escucharme en la charla que di hace dos días en la biblioteca Enric Valor de Els Poblets sobre las ideas sociales de Juan Luis Vives (Valencia 1493 – Brujas 1540).
Casualmente ayer leí algo en el diario Levante de ese mismo viernes que se relacionaba con los temas hablados en la charla.
Así que paso a citar lo que he encontrado en esas páginas:
El barrio de la judería de Valencia fue donado por Jaime I a los judíos que quisieron venir a habitar Valencia. La muralla del barrio judío tenía siete puertas y junto a una de ellas, en la llamada plaza de la Figuera tenían su sinagoga
Es famoso en los anales de nuestra historia el milagro de San Christoval ocurrido el 9 de julio de 1391
(De sendos artículos de Baltasar Bueno publicados en el Diario Levante respectivamente el 7 julio del 2012 y el 29 de junio del 2013)
Este columnista narra que, según se dice y registra una deliberación del Consejo de la Ciudad en 1658, en aquel día de finales del siglo XIV debajo de la sinagoga se escuchó por tres veces una gran voz que decía ¡judíos, fuera de mi casa!
El cronista añade el siguiente eufemismo:
Era una época en que había grandes tensiones entre las comunidades cristiana, judía y musulmana que existían en Valencia
Pues bien, en realidad estaba en marcha una furiosa campaña de depuración étnica contra los judíos españoles en muchas ciudades de la península.
Lo que refleja mejor cuando escribe que
Se enteraron los cristianos y se amotinaron contra los judíos, a los que en buena parte pasaron a cuchillo. Los que pudieron se refugiaron en la sinagoga y pidieron bautizarse cristianos, salvándose de una muerte certera
Este especialista en tradiciones valencianas agrega que el portento consistió en que bajo aquella sinagoga, que con la excusa de las voces estaban demoliendo los piadosos valencianos, apareció “milagrosamente” una estatua de San Cristóbal, que hoy se venera en el Convento de las Canonesas de Valencia. Por lo visto, el que gritaba era San Cristóbal

Devoto de San Cristóbal. Reproduccion de un dibujo de Hans Holbein para el Elogio de la locura de Erasmo
En 1969 la Iglesia Católica concluyó que la historia de este santo es una leyenda y que nunca hubo ni existencia ni canonización del tal San Cristóbal, por mucho que canonesas y camioneros lo sigan venerando y los católicos valencianos lo consideren su patrón. Así que difícilmente pudo ese falso santo dar voces desde el subsuelo.
Una vez más alguien urdió un montaje para eliminar a los envidiados y prósperos judíos valencianos y para quedarse con el codiciado barrio donde vivían, obligándoles violentamente a mudarse a otra zona de Valencia, a bautizarse y a cambiar de nombre por la fuerza.
De tal manera que Abraham Abenfaçam y su hijo Jacob Abenfaçam, padre del tatarabuelo paterno de Juan Luis Vives, fueron obligados a bautizarse y cambiarse en Francesc y Gabriel Vives respectivamente.

Estereotipo de judio en la Presentación de la Virgen en el templo. Maestro de Calzada.Museo de Bellas Artes de Valencia. Foto R.Puig.
La tragedia de los antepasados y de la familia cercana de Juan Luis Vives
Estas historietas de Baltasar Bueno revisten de tradición y piedad lo que es el comienzo de una dura historia de intolerancia religiosa, xenofobia y depuración étnica que destruyó varias generaciones de la familia del humanista Juan Luis Vives. Aquella ola de asesinatos de judíos españoles se remonta a los pogromos de 1391. Comenzaron en Sevilla, impulsados por prédicas de frailes, se extendieron por toda España al grito de “bautismo o muerte”, pasando por los inflamados mensajes de San Vicente Ferrer contra los moros y judíos españoles y la matanza de aquel nefasto 9 de julio.
Continuaron en el XV con la expulsión de los judíos españoles en 1492. Curiosamente un “converso” valenciano, Luis Santángel, emparentado con los Vives, había aportado parte de la financiación de la expedición de Colón a América.
A fines de ese siglo y hasta bien entrado el siglo XVI la persecución se cebó de nuevo en Valencia con las torturas inquisitoriales y los autos de fe de los conversos. En 1524 quemaron vivo a Luis Vives Valeriola, padre de Juan Luis Vives, y a muchos otros. Varios miembros de la familia de su madre, Blanquina March, habían sido ya ejecutados el 9 de julio de 1501 (otra vez la triste fecha como en los asesinatos masivos de 1391).
El resto de la familia paterna y materna del humanista fue casi completamente aniquilada y expropiada. Sus hermanas, una, la más joven, murió de peste en los calabozos del Santo Oficio y las otras dos quedaron en la miseria, cuando a su madre, muerta veinte años antes, la condenaron por segunda vez y quemaron su efigie en 1528, con la aviesa intención de arrebatar a la familia sus últimas propiedades.
(Referencias: García, Angelina. Els Vives. Una familia de jueus valencians. València, Editions Tres i Quatre, Eliseu Climent Editor, 1987 o García Cárcel, Ricardo. “La familia de Luis Vives y la Inquisición” en el Volumen Introductorio a las Opera Omnia de Juan Luis Vives, València, Edicions Alfons el Magnànim, Instituto de Cultura Juan Gil-Albert y Universitat de València, 1992, pp.489-519.)
Exilio de Juan Luis Vives
En 1509, sabiendo su padre que en España aquel hijo inteligente e inquieto, nunca podría abrirse camino y siempre sería un paria más, un sospechoso converso vigilado por los envidiosos y bajo la amenaza de ser procesado con cualquier pretexto, lo envió a París, con dieciséis años, a continuar la formación que ya había comenzado en el Estudi General de Valencia.
Cuando en 1522 muere Antonio de Nebrija la Universidad de Alcalá de Henares le escribe a Juan Luis Vives, a la sazón profesor en la de Lovaina, ofreciéndole la cátedra vacante del gran filólogo español. En aquel año el padre de Vives (acusado de cumplir con los ayunos judíos, no trabajar los sábados, besar las manos de sus progenitores y otros crímenes similares) entraba en prisión y empezaba a ser torturado a sus cincuenta y ocho años en los calabozos valencianos del Santo Oficio, que le asesinaría quemándolo vivo en medio de la vergüenza pública y apropiándose de sus bienes, en 1524.
Juan Luis Vives nunca pudo volver a aquella España dominada por la intolerancia.
Un discípulo de nuestro humanista, Rodrigo Manrique, pariente del Inquisidor General Alonso Manrique, escribe a su maestro desde París el 9 de diciembre de 1533 y, entre otras cosas, le dice:
Preferiría permanecer en la mayor barbarie e incultura, antes que volver nunca a una patria tan ingrata cono la mía. Porque, dime, por favor, ¿qué puede pensarse más detestable que recorrer las escuelas y los países para alcanzar más erudición y más habilidad en el manejo de los negocios y, de vuelta a la patria, ser acusado o mejor dicho, ser calumniado de hereje?
(Vives, Juan Luis. Epistolario. Edición y estudio introductorio de José Jiménez Delgado, Madrid, Editora Nacional, 1978, pág.588)
No se puede servir a Dios y al Diablo
Así que, sería deseable que los devotos valencianos, cuando saquen en procesión a San Cristobal, piensen alguna vez en todas las atrocidades que se cometieron en nombre de ese falso santo.
Resulta un poco contradictorio incensar ese mito, conmemorar ese “milagro” y al mismo tiempo celebrar con ditirambos a Juan Luis Vives, como el más ilustre pensador y humanista valenciano de la historia de Europa. O una cosa o la otra.
La represión que por varios siglos se ejerció en España contra disidentes religiosos o ideológicos y sus minorías étnicas es diametralmente opuesta al pensamiento de aquél que proclamaba:
Cogitatus liber. Cogitatus quis coget. Vis veritatis. Homo homini par. (Satellitium animi, 1524)
El pensamiento es libre. ¿Quién podrá forzarle? ¡La fuerza de la verdad! ¡Nadie es más que nadie! (Escolta del alma, 1524)
Vives estuvo siempre en contra de aquellos frailes, teólogos o simplemente gentes ordinarias que se ponían al servicio de la persecución inquisitorial, ésos que
testifican, inquieren, acusan, se pronuncian, condenan, castigan (con la pérdida de fama, posesiones y vida).
¿Cómo pueden juzgar lo que nunca vieron, ni siquiera en sueños?
(De Concordia et discordia in humano genere, 1529)
Resulta triste que Vives nunca pudiera volver a pasear por el Carrer de la Taverna del Gallo, en donde en uno de sus Díalogos latinos («Camino de la escuela») recuerda haber vivido en su niñez. Esa calle y la casa de su padre estaban por la zona de la Valencia actual entre el Colegio del Patriarca y la Plaza de Margarita Valdaura, en memoria de quien fue su esposa, hija también de una familia de conversos que se pusieron a salvo en Brujas tras las atrocidades antisemitas de finales del siglo XIV.
Ofrezco aquí la portada de la edición castellana de esos Diálogos en versión bilingüe, traducidos por Christoval Corèt y Peris e impresa por Antonio Balle en Valencia en 1723. Se indica en ella que los ejemplares se venden en casa de Joseph Cardona, Mercader de Libros, en la plaza de la Seo (versión digital en Google Play).
Dos trabajos míos en relación con Juan Luis Vives
Puig de la Bellacasa, Ramón. La discapacidad y la rehabilitación en Juan Luis Vives. Incluye una colaboración de Constant Matheussen. Madrid, Real Patronato de Prevención y de Atención a Personas con Minusvalías, setiembre de 1993, 108 páginas . (texto corregido por el autor en 2006)
Filmación en vídeo : Juan Luis Vives y la Pobreza y la Discapacidad
Veranos
Para Manolo
El verano, como las cigüeñas de nuestras torres, vuelve siempre como un eterno compañero, como el hijo de la primavera y el padre del otoño, pero nuestros veranos fueron y son siempre distintos. De las largas vacaciones escolares de nuestra infancia a este verano de ahora ¡cuántas reminiscencias, cuántos lugares evocados, cuántas imágenes desvaídas o nítidas!
Las últimas dos semanas han ido trayendo el verano casi a rastras, entre fríos y calores, a esta sufrida península. Nosotros lo hemos sentido llegar entre mis tierras madrileñas y mi pueblo de adopción, por el borde de la meseta sur y las laderas de la sierra de Guadarrama y el mar de Alicante.
La subida a las montañas de Madrid tiene en Torrelodones un microclima intermedio y particularmente sano, donde no sólo vivimos hace años sino que es un destino donde nos reciben nuestros nietos.
La sierra entera lleva el nombre de su río principal y de una villa hecha de granito y siglos. Me refiero a Guadarrama, adonde no habíamos vuelto desde hacía más de veinte años y por donde Manolo, mi amigo desde hace cuarenta, nos ha guiado con sus conocimientos de habitante de varias décadas de este pueblo, presidido por un panorama que abarca desde el extremo suroeste del sistema hasta los picos de la Pedriza, con Siete Picos como principal protagonista.
Paseamos por su vieja plaza, camino de un bar en el que Manolo nos invita a unas gambas a la plancha que, aunque traídas desde Huelva, atraen desde hace años a los veraneantes de todos los pueblos de esta sierra.
Pero hay un castellano viejo que, sentado en su banco, no parece tener prisa, mudo testigo de la vida del pueblo.
En la misma plaza resiste desde hace algunos siglos uno de los pocos olmos vetustos que aún quedan por estas latitudes, pues las plagas de grafiosis han ido devorando (se trata de unos insaciables escarabajos) estos árboles que, dice la tradición, empezaron a plantarse por estos pueblos en la época de los Reyes Católicos.
Aunque las cigüeñas seguirán desplegando sus alas año tras año sobre las torres de piedra de las iglesias.
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Nosotros nos vamos por carretera hacia la Marina Alta donde sus atardeceres nos reciben como siempre.
El mar no se fatiga y nosotros tampoco nos cansamos de mirarlo.
Aquí no son las cigüeñas sino las golondrinas las que han vuelto a anidar (y a poner perdida la pared del vecino); las crías piando y aguardando a la madre.
La madre volando y retornando sin cesar al nido con la pitanza para sus polluelos insaciables.
……………………………
Cuando el verano parece que se ha instalado puntualmente, un frente frío se estrella contra el bochorno ambiente y nos regala una hermosa tormenta sobre el mar.
Al día siguiente, los obreros del ayuntamiento han venido a preparar los focos para la noche de San Juan.
Las mesas se van alineando en la playa y toda clase de muebles viejos se amontonan para la tradicional pira que va a iluminar la noche en la playa de La Almadraba.
Los trastos desechados arderán, pero el esqueleto de una obra inconclusa sigue no muy lejos, con sus ventanas sin ojos, como testigo mudo de los excesos de la burbuja inmobiliaria que ha parado en seco muchos sueños ilusos.
No sé si esta crisis será como un fuego purificador. Por el momento parece que abrasa a los más inermes y aumenta los ocultos patrimonios de los que siempre flotan. La noche de San Juan, que conmemora en la liturgia católica el nacimiento del Bautista, ha venido y ha pasado. En realidad, la cosa viene de más lejos, de las fiestas paganas por la llegada del verano, cuando los días son los más largos de año.
Sea como sea, entre la música de la orquesta popular, el baile, los bocatas, el vino como líquido litúrgico de otro tipo de bautismo y el humo de las fogueres, los vecinos han olvidado penas y compartido mesa con amigos y familiares.
Aserrín,
Aserrán,
las hogueras de San Juan,
¡el de adelante corre mucho,
el de atrás se quedará!!!
Ahora sí, el verano ha sido bautizado.
Fisionomías (VII) y divagaciones inglesas (III): entre la Tate Britain y la Tate Modern
Han pasado ya varias semanas de mi paseo por Londres pero aún me quedan flechas en el carcaj. Así que no puedo resistir a la tentación de compartir algunas de mis sensaciones en dos de los soberbios museos Tate que bordean el Támesis.
Tate Britain
La Tate Britain ofrece actualmente un ordenado y nutrido recorrido del arte inglés desde el siglo XVI al XX. Me ha servido, aunque no exclusivamente, para incrementar mi archivo de las fisionomías que los artistas han ido plasmando a lo largo de los siglos.
Hoy es el turno de algunos pintores ingleses.
Sin seguir un orden cronológico comienzo por William Hogarth (1697-1764). No sólo fue un apasionado de la fisionomía, sobre la que escribió un tratado, sino que en un lienzo agrupó los rostros de seis de sus criados, de los cuales tan sólo se conoce el nombre de dos.
Mucho se ha dicho sobre este lienzo y yo no voy a descubrir nada nuevo. Pero me produce una extraña sensación. Dicen que el artista gozaba del aprecio de sus fámulos y que seleccionó a estos seis con afecto pero con un objetivo fisiognómico, recogiendo en la tela varias edades de ambos sexos.
Cuentan que lo tenía en su despacho, con objeto de que posibles clientes admirasen su destreza y se animasen a encomendarle un retrato. Debo confesar que a mí esta colección de cabezas me da cierta grima.
Aunque estas expresiones del arte del retrato de Hogarth sean una lección de pintura, creo que sus fieles servidores se habrían merecido un retrato de cuerpo entero o cuando menos de cintura para arriba. Ya un siglo antes Velázquez había dedicado magníficos retratos individuales a personajes humildes con los que se relacionó, no sólo los de los bufones y enanos de la Corte, sino el extraordinario retrato del esclavo Juan de Pareja liberado por el artista, por no hablar de las sirvientas que por entonces también pintaba Vermeer
Sea como sea, este ejercicio de Fisiognómica de Hogarth con las cabezas de sus criados, agrupadas en un solo lienzo y no obstante la mirada ilusionada de algunos de los retratados, me produce la impresión de una reunión de trofeos cinegéticos.
Otros retratos
No se redujo a la cabeza a quienes podían pagarse un retrato de postín, como es el caso de los trabajos de Adam de Colone (1572-1651), Peter Lely (1618-1680), Benedetto Gennari (1633-1715) o Joshua Reynolds (1723-1792), dedicados a damas de la aristocracia, rozagantes, exquisitas, exaltadas o altivas.

Benedetto Gennari. La catolica Elizabeth Panton en el exilio retratada como Santa Catalina.Tate Britain.Foto R.Puig.
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También en el siglo XVIII, Joseph Highmore (1692-1780), Thomas Gainsborough (1727-1788) y Nathaniel Dance-Holland (1735-1811) harán algo parecido con los retratos varoniles en grupo, sin que tampoco redujeran la imagen de sus clientes adinerados o nobles a una agrupación de cabezas. Quien paga tiene derecho a una escena de amistosa tertulia burguesa, a una composición bucólica o a ser representado en Roma, en pleno Grand Tour, ese viaje por Italia que todo hijo de familia noble debía realizar para ser considerado culto.

Nathaniel Dance Holland. Detalle de cuatro caballeros ante el Coliseo de RomaTate Britain.Foto R.Puig
Como podréis apreciar, todas estas muestras, dicho con toda mi simpatía, van reflejando fisionomías de lo más british. ¿O no?
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Con un estilo prerrafaelita, Henry Alexander Bowler (1824-1903), o con la pincelada impresionista, John Singer Sargent (1856-1925) y George Clausen (1852-1944), dejaron obras que denotan un cambio de rumbo en los rostros de la pintura inglesa.
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Para acabar con escultura, me despido de la Tate Britain con dos bustos que atrajeron mi atención, uno del siglo XIX, la Daphne de George Frederic Watts (1817-1904), y otro una terracota del siglo XVII de autor anónimo que representa con aires imperiales al rey Jaime II de Inglaterra
Tate Modern
Por el Millenium Bridge se llega con gran solemnidad a la Tate Modern, que como su nombre indica, está dedicada al arte moderno y contemporáneo, complementando en algunos casos a la Tate Britain.
En el recorrido se aprecia la vista del nuevo skyline londinense.
Y en las escaleras del museo, la sensación de una moderna arquitectura de interiores.
Me faltaba ya tiempo, pero durante una hora y media recorrí por primera vez las salas de la colección permanente y guardé algunas fotografías, entre las cuales, de forma aleatoria, selecciono hoy un reducido número para esta página.
En la salas de arte abstracto
En las salas dedicadas al Minimalismo
O en la de Rothko
De su obra meditativa al ajetreo. En las cercanías de la Tate Modern se encuentran el puente y la estación de Blackfriars, que experimentan en estos momentos grandes obras de renovación.
Pero acabo deseando a los lectores los buenos días con una obra que siempre me ha producido una sensación de calma, “Morning” de Dod Procter, nombre artístico de casada de Doris Margaret Shaw (1890-1972).
¡Dulces sueños y suaves amaneceres!
Retorno a Estocolmo (II). Miscelánea al buen tuntún
En la crónica del 19 de mayo había vuelto a Estocolmo empezando por las esculturas de Carl Miles. La verdad es que es tan abundante lo visto que toda la planificación inicial quedó desbordada. Así que lo que voy recoger hoy es una miscelánea caprichosa. Digamos que he rebuscado entre las fotos y lo de hoy va mezclado al tuntún de mis preferencias.
Y no podía ser de otro modo para un español que llega a Estocolmo con un programa bien pensado y en la nave de su estación central le recibe en tamaño gigante una cierta chica de Alcobendas a la que creo que en su casa llaman Pe.
Ya en esta tesitura, aquí se van a mezclar las calles, los museos y las plazas de la ciudad casi casi por asociaciones u oposiciones automáticas.
Ya veremos lo que sale.
Pues me ha salido el mercadillo de la plaza del Auditorio, la Konserhuset, y una colorida estampa de un puesto de hortalizas. Puede ser que por haber hablado de un lugar como Alcobendas hemos acabado en un mercado de barrio. Los espárragos verdes son suecos, los blancos alemanes. No están mal los colores de este cuadro. Que conste que no pretendo ondear la bandera de la República Italiana.
Y como las hortalizas van bien con el pescado, en pleno centro y desde un puente cerca del Palacio Real, con un poco de paciencia podríamos a ver a los pescadores de río revuelto capturando algún salmón con sus atarrayas.
Mi paseo de la primera mañana fue por Södermalm, donde se pueden admirar esas fachadas uniformes de la arquitectura del Estocolmo de principios del siglo XX en un rojo casi terracota.
Otra fachada cercana en amarillo Nápoles.
No lejos de ahí, junto a una plaza acogedora se alza el minarete de una mezquita, emplazada en un edificio con aire del siglo XVIII, en el mismo color, aunque un poco más pálido, debido probablemente al paso del tiempo.
Yéndome del lado del agua, al borde del Saltsjön (lago de la sal) tengo la sensación de que Penélope Cruz me persigue por Estocolmo. Creí que se había quedado en la estación, pero no ¡me está esperando en la parada del autobús! No me puedo quejar.
Pero, en fin, la foto puede justificarse, porque por allá detrás se ve la torre de una iglesia de la ciudad vieja.
Y, aunque de iglesias hay también para elegir en Estocolmo, pienso que ha bastado por hoy con la imagen de la mezquita y su modesto minarete.
Lo que sigue también tiene que ver con los mitos, aunque en este caso se trate de los modermos.
Algunos símbolos de las luchas y conquistas sociales de la Suecia moderna

Carl Eldh.Monumento a Branting. Fundador del Partido Socialdemocrata sueco en 1889. Detalle. Estocolmo. Foto R.Puig
De hecho, como habréis adivinado, el detalle de este bajorrelieve es laico y combativo. Corresponde al memorial de la creación del Partido Socialdemócrata de los Trabajadores de Suecia en 1889. Está en Norra Bantorget, lugar donde terminan siempre los desfiles del 1° de mayo.
Su fundador fue Hjalmar Branting, a quien aquí vemos en plena arenga.

Carl Eldh. Monumento a Branting. Fundador del Partido Socialdemocrata sueco en 1889. Estocolmo. Foto R.Puig.
Carl Eldh (1873-1974), que aparece en la imagen con las manos en la masa, fue quien que lo talló en escayola en 1942. A causa de la guerra sólo se pudo vaciar en bronce en 1952, en los talleres de fundiciones Bergmans.

Mäster Palm. Fundador de la Landsorganisationen. LO. Sindicatos socialistas suecos. Estocolmo. Foto R.Puig
En la misma plaza está el edificio del sindicato socialista LO (Landsorganisationen) fundado en 1898 gracias al impulso de August Palm (1849-1922).
Con la música a otra parte
Me he merecido un descanso y me como una hamburguesa en un cercano establecimiento de la cadena Max.
Cuando subo a la habitación del hotel para cambiarme de zapatos diviso la silueta caracterísica de la torre del Ayuntamiento. Es ahí donde cada año se celebra la suntuosa comilona de los premios Nobel.
Temo que alguien me acuse de vulgaridad ¿¡cómo se puede mezclar la carne picada con el mecenazgo de la Fundación Nobel !?
En realidad me parece que se ha producido en mi cerebro una de esas asociaciones automáticas que perseguían con ahínco los surrealistas. Puede que sea porque en los últimos días la prensa nos han refrescado el recuerdo de como un tratante de ganado porcino llegó no sólo a financiar el golpe franquista sino incluso a sobornar, durante la II Guerra Mundial, a la plana mayor del ejército de Franco con dinero de los ingleses y, lo que tiene más mérito, sin enemistarse con los alemanes. Arribado luego a afortunado especulador y potentado, se convirtió en el mayor mecenas de las artes y de la cultura de la historia contemporánea de España.
Si de las cochiqueras puede alguien reciclarse sin estridencias en ilustre mecenas y acabar impulsando la pintura española contemporánea o coleccionando las obras más cotizadas del expresionismo abstracto americano, el inventor de la dinamita no debería ofenderse si he mezclado las hamburguesas con su filantrópico nombre
La casa museo de Sven Harris
No fue ni bélico ni explosivo el caso de Sven Harris, alguien que ha hecho las cosas sin meterse en extraperlos, guerras o espionajes. Es un constructor amante del arte, coleccionador de artistas nórdicos y promotor de arte contemporáneo.
El museo esconde dentro de una cápsula arquitectónica racionalista y contemporánea la reproducción exacta de la vieja casa del siglo XVIII del mismo Harris. La parte moderna se dedica a las exposiciones temporales de arte actual y la casa encierra una muestra selecta de su colección de arte y diseño. La visita es guiada, a cargo de Joshua, un licenciado en Bellas Artes de nacionalidad estadounidense que se expresa en un sueco perfecto.
Cerca de una chimenea tradicional sueca en cerámica nos asaltan una obra de Edvard Munch y un óleo de Strindberg. Es sabido que el literato sueco era también muy buen fotógrafo y pintor. Este cuadro me hace pensar en Victor Hugo y en en sus acuarelas, algunas de las cuales son tan tempestuosas como el lienzo del sueco. Ambos pintaron las tormentas del mundo interior con las metáforas del mar abismal y de sus oleajes y huracanes.
Observo que en la misma sala hay un pequeño lienzo de una artista sueca en el que, a mi juicio, ha copiado a su manera el rostro del ángel de La virgen de las rocas de Leonardo da Vinci.
En todas las habitaciones hay obras de arte cuidadosamente escogidas. En esta casa museo no hay nada que desentone, incluidos los objetos de diseño en las vitrinas de la cocina y algunos muebles, ya clásicos, de diseñadores contemporáneos.

Sillas Superleggera de Gio Ponti.1950, bajo un cuadro de Bror Hjorth.ca 1935. Sven Harris Museet. Estocolmo. Foto R.Puig
Sobre tres sillas diseñadas por Gio Ponti con el nombre de ”Superleggera” cuelga un cuadr,o de inspiración rousseauniana y gaugueniana, del pintor y escultor sueco Bror Hjorth (1894-1968).
El recorrido de la casa en la segunda planta del museo se acaba por la terraza y por la sala de exposiciones temporales. Al salir a la calle, a pocos pasos de allí descubro, mientras espero el autobús, la casa en la que vivió Astrid Lindgrens, la inventora de Pippi Långstrump, la niña transgresora que en la TV española se bautizó como Pippi Calzaslargas.

Placa en el portal de la casa de Astrid Lindgrens, la creadora de Pippi Långstrump. en Vasastan. Estocolmo. Foto R.Puig
El Centro de Arte Bonniers
La heredera de la familia Bonniers (editores y accionistas de empresas de publicación de libros y periódicos), ella misma periodista, galerista y guionista de cine, creó, en memoria de su hija única, fallecida en accidente de circulación, en 1985 la Fundación que lleva su nombre y en el 2006 el Bonniers Konsthall .
Es un lugar de arquitectura ligera y acristalada con magníficas salas de exposición y una política de promoción de jóvenes artistas con becas, exposiciones, cursos, etc.
http://www.bonnierskonsthall.se/en/maria-bonnier-dahlins-stiftelse/
No quedaba lejos de mi visita anterior y realmente me alegro de haber entrado y pagado el billete, aunque sólo sea por la calidad de sus espacios y la armonía expositiva de la la muestra del joven arquitecto danés Jeppe Hein.
Es algo así como una sesión de relajación al son ligeramente tibetano de sus singing balls.
Te has de dejar llevar por el ritmo zen de una serie de esferas que circulan lentamente por unos raíles suspendidos y van golpeando campanas de bronce, invertidas y colocadas sobre una especie de pebeteros de altura variable.
Se producen así sonidos de gong de diversa escala y de unas resonancias de atmósfera budista. Los espacios son amplios y luminosos y los muros se han pintado con los tonos básicos de la Teoría de los Colores de Goethe.
El efecto de esta instalación minimalista es beneficioso y sosegante.
Miscelánea de imágenes del Fotografiska Museet y del Moderna Museet
Al subir a la primera planta del Fotografiska Museet, me encuentro esta vez con una artista que precisamente ha trabajado bajo las órdenes de Woody Allen en compañía de nuestra Penélope.
Está vez las he encontrado a las dos no en Barcelona sino en Estocolmo.
Y ahora comparad este retrato de Scarlett Johansson con un icono más antiguo del Moderna Museet.
¿Han pasado de verdad 80 años?
Sin saber por qué me animo a aproximar la fotografía de mi admirado Giacometti al retrato de Helge Rode por Edvard Munch
o al estrábico Sartre con el noble de cráneo tabes que pintó Kokoschka y que algo debe de tener que ver con aquel Robert, dandy y escritor francés del mismo apellido, que inspiró a Marcel Proust el personaje del Barón de Charlus en À la recherche du temps perdu.

Oskar Kokoschka. Retrato del Marqués Josef de Montesquiou-Fezensac.1910. Moderna Museet.Estocolmo.Foto R.Puig
Pero si hemos de buscar contrastes, ¿qué tal el de esta retenida pero inquietante jovencita de la foto de Ruud van Empel con el desbordamiento de la parturienta rosa de Nicki de Saint-Phalle?
Y el paralelismo de las chimeneas de Alexanderson y las jirafas de Nick Brandt

Carl Josef Alexanderson. Salida de los trabajdaores de las fábricas. 1931.Detalle.Moderna Museet.Estocolmo.Foto R.Puig.JPG
Acabemos con calma
Pero, como me parece que estoy desvariando, cambiaremos de tercio subiendo a a la cafetería del Fotografiska Museet sosegar la mirada con el lento paso de las gabarras y otras especies naúticas.
El vanguardismo de una artista sueca
Los grandes cuadros llenos de esferas de aspecto vegetal de Helga de Klint, que parecen anticipar en varias décadas las plásticas psicodélicas también podrían tener un efecto curativo, si acaso como ejercicios de optometría, sobre todo si no sólo contempláis este, sino que seguís la ronda hasta haber visto otros veinte similares y algunos más pequeños en una apabullante muestra de aquella pintora sueca, que trabajó a destajo en la época de las primeras vanguardias del siglo XX.
Tiene cuadros y acuarelas muy notables.Auqnue, a mi juicio, su apresuramiento compulsivo la condujo a una reducción de la calidad en aras de la cantidad. Me quedo con sus pequeños formatos.
De nuevo con los maestros suecos del color
Otros pintores suecos de la primera mitad del siglo XX ya van siendo conocidos de este blog. Pero hay pintores de temática social como Alexanderson (el autor de Salida de los trabajadores de las fábricas en 1931 ) o el magnífico Amelin, que no habían aparecido aún en este blog.
Casi para acabar, un excelente cuadro de la admirable Vera Nilsson, de quien hemos hablado en la crónica del 28 de abril.
Al final de esta larga tirada, haré lo que se debe hacer cuando se quiere bien a los lectores, os lo digo con flores.




























































































































































































