En setiembre ¡al cole con Nicolás!
Para Alba y Nahuel en su comienzo de curso
Hace unos días ordenaba yo los libros que mis hijos leían de pequeños, con la idea de que puedan aprovechar a mis nietos, ¡y hete aquí que aparecen las obritas de René Goscinny (París 1926-1977), ilustradas por el inefable Jean-Jacques Sempé (Burdeos 1932), con las peripecias de “el pequeño Nicolás”. Las publicaron entre 1955 y 1964.
A España comenzaron a llegar en los años setenta y ochenta, a partir de las ediciones de la editorial Denoël, de la mano de la editorial Alfaguara, traducidas por Esther Benítez (1937-2001).
Pero no hay que confundirse, no se trata del también pequeño Nicolás Sarkozy, quien nació igualmente en 1955, justo cuando Goscinny (francés y judío, de padre polaco y madre ucraniana, nacido en París en 1926 y trotamundos) comenzaba con sus historietas. El Nicolás protagonista de sus obras debía de andar por los diez años, o así más o menos me lo parece a mí en los dibujos de suave humorismo de su amigo Sempé.
De la pluma de Goscinny brotarían más tarde Asterix y Obelix, los héroes galos por excelencia, aunque creados por un cosmopolita que catapultó al comic franco-belga a la escena global. Pero esa es otra historia.
Los recreos del pequeño Nicolás
Retornamos al tema de hoy: la vuelta al cole. Y del colegio lo mejor de todo son la variedad de sus alumnos y las ocurrencias que a los chavales se les ocurren, como las cuenta el pequeño Nicolás, recogidas e ilustradas por la mirada amable de dos humoristas.
Para empezar el día, a un niño a quien se le ha regalado un reloj (en especial en aquellos años de la posguerra) el objeto le fascina, sobre todo cuando su esfera tiene cifras fosforescentes y el dulce infante desea ayudar a su papá a despertarse para que no llegue tarde a la oficina.
Gracias a Nicolás, la familia será puntual y él podrá llegar a tiempo a su clase y, también, a los dramas del aula. Como, por ejemplo, la expulsión del colegio de Alcestes, ese alumno pesadilla que ha ofendido a “el Caldo” (el profesor que más interesa a sus alumnos).

Alcestes expulsado de la clase. Goscinny y Sempé. Los recreos del pequeño Nicolás. Ed. Alfaguara 1979
Pero todo acaba bien, cuando el director se apiada y lo readmite para que no corra “el riesgo de ser un ignorante y acabar en la cárcel”.
Una actividad muy educativa es el desfile, en orden y concierto bajo la dirección… ¡del Caldo!
Una vez al año hay otro tipo de desfile: el examen médico… De cuyo final comenta Nicolás:
“Cuando nos marchamos, el médico estaba en el extremo de la mesa, sin decir nada y lanzando grandes suspiros. La señora de blanco le llevaba un vaso de agua y unas píldoras, y el médico dibujaba revólveres.
¡Este médico está loco!”
Hay actividades para-escolares memorables,
como las deportivas…
o la visita a museos…
ambas muy adecuadas para la formación de la sensibilidad infantil
La vida doméstica
Ya hemos visto como un niño puede ayudar a que papá llegué a tiempo a su trabajo.
Pero es igualmente importante que el niño sepa reconocer sus desaguisados y obtener el perdón comprensivo de sus progenitores.
Y algo especialmente encomiable, desde la más tierna infancia, es mostrar interés por la naturaleza

Captura de King, el renacuajo. Goscinny y Sempé. Los recreos del pequeño Nicolás. Ed. Alfaguara 1979
y, sobre todo, obsequiar a mamá con el resultado de nuestras precoces investigaciones de naturalista.
¡Qué tiempos aquellos!
En definitiva ¡cuántas cosas echamos de menos de nuestra época de colegiales!
¿No es cierto?
Convergencias de arte y literatura (I): Francis Bacon y Thomas Bernhard. La compasión despiadada
Dedicado a José Manuel Álvarez Enjuto, profesor de la Facultad de Bellas Artes de Altea y responsable del Área de Estética y Teoría de las Artes
Hace más de veinte años y durante bastantes fui haciendo acopio de las obras de Thomas Bernhard, en ediciones en francés y en castellano. Exploré su universo mental y sus obsesiones, expresión de una parte del alma, la de la desesperanza y el agobio de aquellos a quienes la vida o la literatura sitúan en contextos opresivos. La lectura del austriaco me atrapaba y, una vez dentro de una obra suya, necesitaba agotarla para poder separarme de ella.
Por esa misma época había descubierto la pintura de Francis Bacon. Con motivo de mis viajes, visitaba cualquier exposición suya que se me pusiera a tiro y coleccioné catálogos de las mismas y obras monográficas que tratasen de su obra. El resultado es una estantería muy nutrida de volúmenes dedicados a su obra, ideas y técnica, entre las que destacan las nueve entrevistas que concedió a David Sylvester desde los años sesenta hasta pocos antes de su muerte.
Paulatinamente, al tiempo que leía las obras de Bernhard y analizaba la pintura del irlandés, di en pensar que entre ambos, más allá de las distancias temporales y geográficas y de que nunca se encontraron, había notables afinidades creativas. Había algo que les hermanaba. No en la similitud de sus personas, pues fueron bien diferentes, sino en la sensibilidad que mostraron para captar las angustias y distorsiones de las vidas de los europeos de su tiempo, la opresión emocional y moral que por un motivo u otro había cubierto la vida de muchos y en cierto modo había desencadenado las propias tensiones expresivas del escritor y del pintor.
Sus acentos eran diferentes pero la atmósfera de sus obras era similar.
Me propuse escribir algo largo al respecto e iniciar un proyecto sobre esas “vidas paralelas” pero con el tiempo he ido aparcando la empresa y sé que no verá la luz.
Por eso, hoy, en el blog, extraigo algunos textos de Thomas Bernhard y los acompaño de obras de Francis Bacon. Las afinidades me parecen profundas. Puede que alguien acabe trabajando sobre ello.
Si he de resumir la distante convergencia de ambos, me parece que lo que les aúna es su inmisericorde compasión en la descripción del ser humano.
De las obras de Thomas Bernhard
Todos nos extinguimos siempre, pero lo vemos en los menos, porque no queremos verlo o porque sencillamente no nos tomamos el trabajo de verlo, pero de hecho yo siempre he visto extinguirse a Koller. Extinguirse solo, y finalmente abandonado
Thomas Bernhard, Los comebarato (Die Billigesser), traducción de Carlos Fortea, Cátedra, 1989
En los últimos meses se han matado tres antiguos compañeros de estudios, que fueron mis amigos y me acompañaron casi toda la vida con su arte y que, realmente, hicieron posible incluso mi propia existencia.
…
Los tres tuvieron que sustraerse a la vida por desesperación, al ver que el mundo no tenía órganos de percepción ni capacidad de percepción que correspondieran a ellos y sus artes y sus ciencias
Los sustraídos, en El imitador de voces (Der stimmemimitator), traducción de Miguel Saénz. Alfaguara, 1985.

Francis Bacon. Dos figuras en la cama con asistentes. Tríptico. 1968.Panel central. Colección particular.
Nos asombramos de vivir aún… de existir aún, de atrevernos a existir otra vez, de no haber desaparecido con nuestros padres, eliminados del mundo… sin entender todavía la transformación… Habíamos estado dispuestos a morir…
…
Yo era un número monstruoso de existencias, un número monstruoso de ‘posibilidades’ de existencia devastadoras y que lo significaban todo… las que andaban y las que parecían andar, brincaban, saltaban, se quedaban fulminantemente quietas, medio locas… fui todas las existencias existentes juntas, fui…
Amras, en Relatos, traducción de Miguel Saénz. Alianza Editorial, 1987
Y decimos tranquilamente ‘pensar’ cuando no se trata de pensar, y decimos tranquilamente ‘entendimiento’ cuando no puede tratarse en absoluto de entendimiento, y decimos tranquilamente que se trata de todos los ‘conceptos’ de los que no puede tratarse en absoluto. Sólo por el hecho de que calificamos las acciones y las cosas como acciones y cosas que esas acciones y cosas no son en absoluto porque no pueden ser en absoluto esas acciones y cosas, avanzamos, sólo por ello, dice Oehler, resulta algo posible, y por consiguiente todo resulta posible.
Andar (Gehen),en Relatos, traducción de Miguel Saénz. Alianza Editorial, 1987.
Curiosamente, tras haber percibido estas afinidades, leí algo que Miguel Saénz , el principal y más conocido traductor de Bernhard al castellano, había escrito en su biografía del escritor.
Mi intuición no parecía descaminada:
Sólo había un pintor al que Bernhard consideraba su contemporáneo, que parece evocar en algunas escenas de Helada y al que cita expresamente en La Calera: Francis Bacon
Miguel Sáenz, Thomas Bernhard. Una biografía. Madrid, Ediciones Siruela, 1996
Los textos de Helada en que Bernhard retrata a un pintor obsesivo son elocuentes. A continuación presento una breve selección.
Hoy me ha explicado cómo, durante cuatro meses, había probado a pintar una mano. Después, pasados esos cuatro meses, había quemado el cuadro
‘El cuadro no era malo, pero la mano no la había conseguido. Por otra parte, desde entonces, pinto de forma muy diferente. Contrariamente a otros pintores que necesitan locales claros, yo sólo podía pintar en habitaciones oscurecidas. Es necesario que haya sombra, sólo entonces puedo pintar. En la obscuridad total. Ni la menor traza de luz debe penetrar. Pero ahora no pinto más’
Antes de comenzar un cuadro, deambulaba días enteros por la ciudad, de café en café, de barrio en barrio, a veces, pasaba las horas viajando en trolebús, en tranvía o en autobús, de un término al otro.
‘A veces me reposaba en algún wáter público, dice, y en ese lugar me cambiaba. Me cambiaba tres o cuatro veces al día, llevaba siempre en mi saco tres o cuatro ropas diferentes, para poder cambiarme a cualquier hora. Pasaba tardes enteras en las estaciones mirando pasar hombres y trenes. Las estaciones, y sobre todo las viejas estaciones espantosas han ocupado, para mí, un espacio importante de mi vida, desde mi infancia’
Después, regresaba, cogía el ascensor y subía al estudio, directamente, al corazón de las tinieblas. Mientras pintaba, sólo él podía ver su cuadro, puesto que estaba en sombras. Antes de comenzar desconectaba el timbre, cerraba todo, se desvestía quitándose incluso la camisa
‘Poco a poco, solamente, me daba cuenta, dice, que no lo había logrado. Que una vez más, no había sido más que un ensayo de algo que me había tratado como a un perro, ¡que no era nada, nada, tres veces nada!’
…
‘Mis cuadros siempre han tenido críticas favorables, salvo la mía, dice. En el fondo, nadie tiene verdaderamente sentido crítico, y hoy en día las gentes que se ocupan de las artes están desprovistas de sentido crítico más que no importa qué época. ¿Será que yo estaba irritado por la falta de sentido crítico de los críticos y que por este motivo no he llegado nunca a ser un buen pintor?’
…
‘los artistas son los hijos y las hijas de lo odioso, de la impudencia original, son las archi-hijas y los archi-hijos de la lubricidad, los artistas, los pintores, los escritores, los músicos son sobre esta tierra seres obligados al onanismo, son esos centros repugnantes de crispación, esas periferias de absceso, esas cohortes de procesos purulentos… Quisiera precisar incluso: los artistas son los grandes vomitivos de nuestra época, han sido los mayores, los más importantes vomitivos’
‘¡Ah! Mire, las noches son mi martirio, las acorto observando mi cuerpo: me siento ante el espejo y me contemplo. No se puede, desde luego, rumiar y tragar pensamientos calificados como sublimes. Ahora me limito a largas sesiones de contemplación. Es la única satisfacción que me queda, eso calma el dolor, la cabeza no se rebela, el calor y la excitación se mantienen estacionarios. Así es como consigo atravesar la noche hasta el final, hasta el final de esta horrible desesperanza que aparece sobre los muros que araño con mis dedos’
Gel, traducción de Josée Turk-Meyer y Boris Simon, Gallimard, 1967,(la versión a partir de esta edición francesa de Frost es mía)
De las palabras de Francis Bacon
Finalmente, pienso que vale la pena escuchar algo de las extensas explicaciones de Francis Bacon sobre su obra. Son extractos de las dos últimas entrevistas, de las nueve que concedió a lo largo de veinte años de su carrera al crítico David Sylvester.
De la octava entrevista (1982-1984)
Van Gogh habla de la necesidad de introducir cambios en la realidad que pueden ser mentiras más verdaderas que la verdad literal. Es el único medio que tiene el pintor para restituir la intensidad de la realidad que trata de captar. Creo que en el arte la realidad es algo profundamente artificial que ha de ser recreado.
…
Para pintar un retrato hay que encontrar una técnica que sea la adecuada para presentar todas las pulsiones de una persona
….
El pintor debe reinventar el realismo. Con su inventiva debe empujar el realismo en dirección del sistema nervioso, porque el realismo natural no existe ya en la pintura de hoy en día.
…
Se desea algo nuevo. No un realismo ilustrativo, sino un realismo de la invención real de una nueva forma de encerrar la realidad en algo completamente arbitrario.
De la novena entrevista (1984.1986)
Me siento en casa dentro del caos, porque el caos me sugiere imágenes. En todo caso, adoro vivir en el caos. Si necesitase partir, irme a un nuevo lugar, en una semana ese sitio se habría convertido en un caos. Me gusta que los objetos estén limpios, no me gustan los platos ni las cosas grasientas, sucias, pero me gusta la atmósfera caótica.
….
La mayoría de las gentes quieren retratos halagadores. Ocurre algo extraño a propósito de los retratos: se trata de gente que tienen una idea preconcebida de a qué se parecen o a lo que quisieran parecerse. Si (al retratarles) te apartas de eso, no les gusta. Y, por añadidura, me gusta retratar a gentes que me gustan, que me gustan como personas, que tienen una apariencia que me gusta. Me sería muy difícil pintar a gente que no me gusta. Creo que podría sacar su caricatura, más caricaturescas incluso de lo que tengo por costumbre.
Hace falta encontrar temas que te absorban lo suficiente como para que trates de llevarlos a buen término. Pienso que la falta de tema te hace caer automáticamente en la decoración, porque te falta ese tema que te roe interiormente tratando de salir a la superficie, y que el arte más grande te devuelve siempre a la vulnerabilidad de la condición humana.
Postrimerías
Sylvester: ¿No piensa que cualquier cristiano creyente que supiese que va a ser condenado no preferiría carecer de un alma inmortal en vez de vivir un tormento eterno?
Bacon: No, no lo creo. Pienso que la gente está tan atada a su ego que prefiere el tormento eterno a la simple vuelta a la nada.
Sylvester: ¿Preferiría el tormento?
Bacon: Sí, lo preferiría, porque si estuviese en el infierno, siempre pensaría tener una oportunidad de evasión. Estaría siempre seguro de ser capaz de escaparme.
David Sylvester, Entretiens avec Francis Bacon, introduction de Michel Leiris, Paris, Skira, 1995
(la versión al castellano es mía)
Una piña y dos suspiros
Dedicado a la sierra de Guadarrama y a mi viejo amigo Manolo
En estos días de setiembre, cuando los melones están dulces y en sazón, se viven los últimos calores por la sierra de Guadarrama.
Dice el refrán madrileño que “por la Virgen Melonera verano fuera”. Esa virgen es la Virgen del Puerto y en Madrid, su festividad (la Natividad) se celebra el 12 de setiembre por el distrito de la Arganzuela, no lejos del nuevo parque del Manzanares. El festejo incluye la degustación de melones y sandías, pues es la época en la que los mercados rebosan de estos frutos.
En mi caso, estos días de calor me han traído a Torrelodones. Con amigos y familiares he subido por los senderos de Guadarrama en sus vertientes de Madrid y de Segovia.
Ayer sábado, por la vertiente segoviana de la sierra, ascendemos con paso relativamente gallardo.
Muy cerca del pueblo de Guadarrama, en los altos que rodean el embalse de la Jarosa, el viernes pasado se disfrutaba de una paz benedictina y las aguas eran de un azul intenso.
En la orilla, fresnos.
Quisiera poder nombrarlas por su especie, pero, si no me ayuda algún ornitólogo, no voy a poder hacerlo. Es un placer ver sobre la roca una pareja de avecillas.
NOTA BENE: ¡Pues sí, a fecha de 22 de setiembre me llega la ayuda de un ornitólogo de Galicia! ¡En una semana mis amigos han resuelto mi cuestión desde los bosques de Redondela! Y hemos aprendido algo nuevo.
Jabito Jablonski me informa de que estas aves deben de ser de la especie Chlidonias niger (fumarel común juvenil) o Chlidonias hybridus (fumarel cariblanco juvenil) en su periplo migratorio del fin del verano camino de África. Os sugiero que pronunciéis en voz alta los nombres latinos y sus equivalentes castellanos (es lo que hacían Flaubert y también Jules Supervielle cuando escribían para cerciorarse de que el ritmo era el adecuado). ¿A que suena a música?
¡Chilidonias, Chilidonias..! ¡Fumarel, Fumarel..!
¿No es emocionante saber que estos delicados animalillos están tomándose un reposo en el embalse de la Jarosa antes de acometer algunos miles de kilómetros más hacia sus cuarteles de invierno?
A lo lejos por encima del muro del embalse se divisa la Pedriza y su yelmo.
Del lado segoviano, un arroyo limpio y frío da ocasión al caminante para un refrescante baño de pies.
La luz, filtrada por las copas de los pinos, se posa sobre rocas y musgo. Brillan las hojas del helecho.
Durante la caminata del viernes por arriba de la Jarosa, guiado por mi viejo amigo Manolo, anduvimos sobre un manto de acículas o pinochas en el que reposan miles de piñas, esas obras de arte naturales que nos obsequian los pinos.
Así que se me ocurre homenajear a una de ellas.
Oda a una piña caída
Obra de ebanista,
nido de sombras,
palmera de pestañas,
juguete de madera,
armadillo inmóvil,
frágil canasta
y seca cosecha.
Un ignoto tornero
paciente te talló
para vivir en alto
besada por la nieve,
campana silenciosa
que mece el viento helado.
Un día tu pedúnculo
se quebró ya cansado
y sin ruido caíste
sobre el humus del bosque
para que un rayo de sol
te señale a mis ojos
te destaque entre miles
y te bote aquí sola
como arca modesta
por las redes del éter.
Me hubiese gustado componer una melodía para acompañar mi oda improvisada al menos con un fondo de guitarra, pero esas destrezas figuran como pendientes en una lista de actividades para mi siguiente reencarnación.
De todos modos nos quedan otros recursos pulmonares…
Suspiros de España
He visto en este final de verano cosas que tienen que ver con la traída y llevada marca España. Algunas se prestan al suspiro y más que un pasodoble parecen exigir una saeta.
Primer suspiro
No es que quiera contribuir al clima de desesperanza que me dejan los noticieros de televisión y las páginas de la prensa, pero es que al abrir la ventana y observar el skyline de este Torrelodones en el que viví cuatro años, me golpea la estupidez y agresiva arrogancia de unas edificaciones que anteriores consistorios han permitido perpetrar en las cercanías de la torre medieval que da nombre al lugar.
No consideraban suficientemente dañado el territorio de esta municipalidad con un urbanismo desafortunado, sino que tenían que corromper sin piedad su paisaje más característico con un chalet de varias plantas y con los tejados de pizarra de unos adosados que cercan inmisericordes y horteras la línea del monte y el perfil de la torre.
Segundo suspiro
En el diario Metro de Gotemburgo, con el que cada día se desayunan en el metro, el autobús o el tranvía miles de suecos, no se suele hablar mucho de España, al menos de lo que no sea escándalos de corrupción de la cosa pública, de su gobierno y de sus estratos dirigentes.
Pues bien, unos días antes de venir a la patria, una de las noticias más importantes de nuestra vida nacional ocupaba un página casi entera. El acontecimiento más destacado de nuestra actualidad estival y de nuestro renombre internacional: ¡la tomatina de Buñol!
Pero no seamos severos, al menos, tras esta batalla de alimentos y de amor (a la que aluden los titulares del diario) las agencias de viaje contabilizan sus beneficios, las calles se limpian y ¡a otra cosa mariposa!
Aunque no podemos por desgracia limpiar con agua a presión y escobones los desaguisados urbanísticos de Torrelodones.
La marca España en los últimos tiempos parace definirse bien con aquello de «¡aquí hay tomate!»
Urbanismo medieval
Sin embargo, como no quiero acabar con tristezas y batallas hortifrutícolas diré que la marca España (aunque no se hable de ello en los diarios suecos) es también Pedraza y la cuidadosa atención con la que se restauró y se mantiene.
Ahí estuvimos ayer.
Deambular por esta villa antes de que los turistas del fin de semana hayan salido de sus restaurantes de comida castellana tradicional para invadir sus calles nos depara la satisfacción de los aciertos constructivos del pasado.
Final con paisaje
Desde la carretera que nos lleva de retorno a Torrelodones por el puerto de Navacerrada, antes de pasar por La Granja de San Ildefonso, avisto una montaña de mi infancia.
Cierro este artículo con el perfil inconfundible de La mujer muerta.
La deriva del verano hacia el otoño es un movimiento lento, casi imperceptible y dulce, de la luz y de las cosas, mientras la presencia humana se retira progresivamente de aquellos rincones naturales que han sido testigos del bullicio estival.
Junto a la ría de Gotemburgo por la orilla de Lindholmen los alumnos de la escuela de ingeniería de Chalmers y del instituto técnico han comenzado clases y aprovechan la pausa del almuerzo para consumir su tartera sobre el muelle soleado.
En el dique seco se repara un barco
no muy lejos del ancla de Slottsberget.
Por algunas islas del Bohuslän
Aprovechamos el clima benévolo de estos últimos días de agosto para dar una vuelta por la isla de Marstrand
y sobre todo para visitar la muestra anual de esculturas a la intemperie de Pilane en la isla de Tjörn.
Pilane 2013
La de Pilane es una exposición que no quiero que se me escape, aunque sólo sea por el paseo entre las rocas junto a las impasibles ovejas. El land art nunca falta a la cita y además siempre divierten las habituales esculturas conceptuales y las rematerializaciones y rupturas de escala.
Como este rincón de lectura con espléndidas vistas, obra en bronce de Claes Hake.
El coche de carreras de Brio en tamaño de competición diseñado por Jan Järlehed
o el soldado Lego de Rolf Allan que monta la guardia a la entrada del parque.
Johan Eyssen, un creativo de la isla de Tjörn especializado en lo que podríamos llamar inutilidades mecánicas, ha instalado tres cabinas telefónicas en las praderas donde pastan los ovinos grises de cabeza negra.
Si el visitante, respondiendo al ring ring de sus llamadas, descuelga, se desencadena el exaltado monólogo surrealista del actor Claes Eriksson. No pasarán a la gran historia del arte pero son un buen pretexto para estirar las piernas entre las pacíficas lanudas, las esculturas naturales que no faltan nunca en Pilane.
Tampoco faltan las obras del asiduo Tony Cragg, ese artista británico afincado en Alemania que tiene abono permanente en Pilane
Por estos parajes ya anduvo el hombre prehistórico erigiendo pedruscos funerarios. Una puerta gigante, obra de land art del artista sueco Karl Chilcott, enlaza con esa tradición megalítica .
También lo hacen los enormes champiñones pétreos que, a modo de taulas, el escultor Per Agélii ha plantado sobre una elevación del terreno. Muy cerca reptan dos de sus extrañas criaturas.
Torkel Olausson ha optado por otra creación que no sé si catalogar como land art o como obra conceptual. Se trata de una piedra que parece abandonada por Sísifo en plena pendiente y que amenaza con caerle encima al visitante.
En la isla, por pequeños caminos se puede acceder a algún badplats donde, pues no hay ya nadie, en el agua sólo me zambullo yo.
No muy lejos hay unos caballos que, sin hacerme ni caso, parecen emular con su quietud a las obras de Pilane. La vaca y su ternero son los únicos que alzan la cabeza al verme pasar.
Ya de vuelta, en Gotemburgo la luz está cayendo sobre la ría.
En el puente hay que tener paciencia, pues el tramo levadizo está abierto.
Se tiene que dejar pasar a un carguero maltés que enfila en dirección a la bocana.
Desde el lado de Sannegårdshamnen la tarde invita a la meditación, los altos de la ciudad parece que también presintieran el otoño.
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Para saber algo más sobre los autores de las esculturas de Pilane:
Per Agélli: http://www.peragelii.se/ http://peragelii.blogspot.se/2013/07/mushroom-hill.html
Karl Chilcott: http://www.ileart-sculptures.com/karlchilcott.html
Johan Eyssen: http://happychoppers.se/?page_id=53
Tony Cragg: http://es.wikipedia.org/wiki/Tony_Cragg
Rolf Allan: http://sv.wikipedia.org/wiki/Rolf_Allan_H%C3%A5kanson
Jan Järlehed: http://www.jarlehed.se/jan-jarlehed/bilder-pa-mina-skap/?pxs=18
Claes Hake: http://sv.wikipedia.org/wiki/Claes_Hake
Breverías erasmianas (IX). “Ne quid nimis” (Nada en exceso)
Siguiendo con Erasmo y sus comentarios, le toca hoy el turno al segundo de los tres proverbios de las puertas del templo de Delfos.
¡No te pases¡
Es este un adagio de mucha casta. Siempre interpretado por los clásicos en términos de moderación y sobriedad en la expresión de nuestras pasiones, así como en el comer, en el beber y, en general en nuestra forma de manifestarnos ante los demás y de gobernarnos a nosotros mismos.
De nuevo estamos ante una expresión de tradición estoica. Se podría parafrasear afirmando algo así como ‘de sabios no excederse’.
Erasmo en sus Adagios, como de costumbre, enumera las fuentes del proverbio.
La tradición clásica lo atribuyó a Pitágoras y lo interpretó en el sentido de la contención de las pasiones, como nuestro humanista se encarga de destacar, por ejemplo citando la Retórica de Aristóteles, que lo atribuye a Bias de Priene (s.VI a.C.) uno de los siete sabios de Grecia:
las inmoderadas pasiones de la gente joven que, dice, yerra sin cesar a causa de su vehemencia, siendo excesivos tanto en el amor como en el odio
Pero, siempre según las palabras de Aristóteles (como precisa Erasmo para desmarcarse):
los viejos no son así… aman como si un día hubieran de odiar y odian como si un día tuviesen que amar
El comentario erasmiano sigue enumerando otras fuentes e interpretaciones del adagio. Así desfilan Tales de Mileto, Solón, Platón, Eurípides, Sófocles e incluso Homero. Todos ellos predicando el uso de la razón y de la moderación contra los excesos de las pasiones.
Nada en demasía, nada en exceso, dice Plutarco que Píndaro cantaba.
Y así sucesivamente, de Plauto hasta Plinio:
Lo más pernicioso para cualquier vida es el exceso
Perniciosissimum autem et in omni quidem vita, quod nimium
Y Horacio:
La virtud es el medio equidistante de los vicios
Virtus est medium vitiorum utrinque redactum
Erasmo sigue citando a sus clásicos favoritos:
Quintiliano escribe que la moderación es la reina del discurso como de todas las cosas. Finalmente Plutarco en su vida de Camilo afirma que la piedad está a medio camino entre el desprecio de los dioses y la superstición, por lo que la Piedad unida al principio de ´nada en exceso ‘ es lo mejor
…
Ateneo cita a cierto poeta en su libro sobre las virtudes del vino:
Todas las preocupaciones de los hombres brotan del corazón
Bebe con cuidado, pues te será nociva la falta de moderación
Atqui omnes hominum pellit de pectore curas,
Si modice biberis, sin absque modo nociturum esse.
Fuente del texto latino: Adagio I, VI, 96 (596), pp 549-552, Les Adages, Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), Lyon, 2010
Arte de prudencia
Siglos más tarde escribe nuestro Baltasar Gracián:
Anda, pues, el cuerdo mui detenido, y quiere más pecar de corto que de largo
Oráculo manual y arte de prudencia, aforismo 41 (Nunca exagerar),
Madrid, Ed.Cátedra, 1997, edición de Emilio Blanco
.
Lo que no podían imaginar ni aquellos autores clásicos ni Erasmo ni Gracián es que, andando el tiempo, el elogio de la brevedad se convertiría en el cultivo y la pasión de la cortedad.
Gracián era ya de por sí bastante pesimista sobre la abundancia de la excelencia en el género humano, cuando, refiriéndose a las prisas de pronunciar alabanzas desmedidas (hoy abundantes y de inmediata difusión) constata:
Son raras las eminencias: témplese la estimación. El encarecer es ramo de mentir, y piérdese en ello el crédito del buen gusto, que es grande, y el de entendido, que es mayor.
¿Qué hubiesen hecho Erasmo o Gracián, en estos tiempos de pensiero debole y de la moda pseudo-aforística que nos invade?
No sólo twitean millones, sino que también se escriben sesudas tesis doctorales sobre los mensajes de Twitter y se publican antologías y digests de ellos.
Dice el refrán que lo bueno si breve dos veces bueno. Pero también se puede afirmar que lo malo si breve dos veces malo. Y si, además, gracias a la facilidad con que se puede dar a la tecla, lo malo breve se multiplica al infinito, se convierte en plaga y lo peor adquiere dimensiones siderales.
Pero en fin, para ser coherentes con el adagio (¡cuánto mamotreto prescindible atiborra los anaqueles de la bibliotecas!), no pequemos de arrogantes y de excesivamente exigentes, pues, aunque nuestro ilustre pesimista aragonés afirme que
Son tontos todos los que lo parecen y la metad de los que no lo parecen
Aforismo 201, Ibidem
y, mal que le pese a Quintiliano, a Horacio y a todos los amantes de las bellas letras, no parece democrático quejarse de la mediocridad creativa, pues todos tienen derecho a la libre expresión y a ornar el ciberespacio como su imaginación y sus afectos les dicten.
Pero lo que ya sobrepasa los niveles respirables de la contaminación mental es la proliferación del exabrupto y la ostentación de la estupidez, casi siempre adobados con la pobreza de la lengua y la pereza intelectual.
Si, a pesar de haber jurado no volver, nos arriesgamos a entrar de nuevo en los foros de los periódicos o se nos ponen por delante esas selecciones de Twitter que están de moda, lo mejor es colocarse previamente la máscara antigás. Quizás así encontremos perlas sin perecer en el intento.
En cualquier caso, antes de darle a la tecla de publicar comamos una manzana. Si a pesar de eso, aún dudamos de la sensatez de lo que vamos a difundir, devoremos una segunda y hasta una tercera. Puede que después, además de proteger la dentadura y mantener el médico alejado, decidamos borrar lo que habíamos escrito.
Al fin y al cabo, es imposible competir con el oráculo de Delfos. Y qué difícil es acercarse ni de lejos a la cuidada elaboración de Baltasar Gracián en sus aforismos. O, sin ir más allá, qué lejos quedan del humor y de las metáforas de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna las baratijas que por millares se producen en Twitter a cada instante.
Si el «medio es el mensaje», la pluma o el lapicero te obligaban a escribir con calma, a repensar tus prontos. Hoy estamos tentados de volcar en la Red lo primero que se nos viene a la cabeza. El mensaje es la tecla.
Así que, ante la blancura de una página vacía, saquemos la vieja estilográfica (¡carcamal que soy!) y recuperemos el hábito del pensamiento sosegado, de la idea, la escritura reflexiva y del placer de tachar y recomenzar de nuevo. ¿Que las redes sociales no se enteran? ¡Qué más da, si nosotros disfrutamos del placer del texto!
Pero, por hoy me paro aquí, pues me arriesgo a cansar al lector con alguna tontería y, pensando pensando, a convencerme de la inutilidad de mi blog.
Sin embargo ¿qué le voy a hacer? ¡No sé pescar ni cultivar un jardín! Y como mis nietos viven lejos, no puedo dedicar mis horas al placer de llevarlos a pasear.
Cementerio judío en Gotemburgo. Decadencia y presentimientos
Aunque no comulgues con un credo religioso ni te identifiques con etnia alguna, la visita al cementerio judío de Gotemburgo en Frigagatan no deja indiferente. En realidad infunde tristeza y da que pensar.
A mi modesto saber y entender, el judaísmo se define bien por una fe y una práctica religiosas, bien por unas tradiciones socio-culturales, o incluso por la convicción más o menos simbólica de ser descendientes de un milenario tronco común, de una etnia originaria. Conviene añadir que esta idea de una identidad genética ha sido históricamente corregida y muchos judíos ya no la comparten.
Por desgracia, numerosos europeos a lo largo de la historia, y sobre todo en la Europa de los años treinta, descubrieron su supuesta identidad genética por las leyes racistas que se les imponían. Para colmo se encontraron con la amarga sorpresa de unos conciudadanos que les estigmatizaban, les obligaban a vivir en guetos y con monótona periodicidad les expoliaban por ser judíos.
Un lugar que hace pensar
Su viejo cementerio te hace pensar en aquellos que lo fundaron al ser acogidos en Suecia hace siglos o decenios. Para ello es irrelevante que aquellas familias descendiesen o no de los que fueron expulsados de Jerusalén por el emperador Tito en el año 70 de nuestra era.
El cementerio lo había divisado a veces desde el tren, otras desde lo alto de la autopista E6 al salir de la ciudad, rodeado por aparcamientos, por las vías de la estación central y por el tráfico de una avenida aledaña, como un territorio acorralado, como un espacio de memoria y duelo en decadencia.
Desde 1792 en que se obtuvo la concesión, las familias de judíos suecos, muchas de ellas bien conocidas por su contribución al progreso de esta ciudad y de este país, se hacían sepultar en este terreno.
El tiempo ha borrado fechas y nombres de los que murieron en el siglo XVIII y en los comienzos del XIX.
No obstante aún siguen sin borrarse los apellidos, entre otros, de los Abramson o Abrahamson, los Wolff, los Simon, los Jonason, los Judelowsky, los Lapidus, los Koch, los Löwenthal, los Levisson, los Leman, los Fürstenberg, los Heyman, los Henriques, los Meyer, los Magnus o los Mannheimer (a esta familia pertenece la última sepultura de este cementerio, la más reciente, que data ya del año 2004).
La capilla, de estilo morisco-sefardita, como las sinagogas españolas, se construyó en 1864 y ha sido restaurada hace siete años.
En 1775 firmó el rey Gustavo III la autorización a familias judías procedentes de Alemania para instalarse en la región de Gotemburgo. Llegaron en 1779 a la isla de Martstrand y se mudaron en 1805 a la ciudad, donde ya se había autorizado la residencia desde 1780 del alemán David Abraham y su familia. En Estocolmo la comunidad judía se constituyó desde 1774.
El crecimiento de Gotemburgo se vio favorecido por la acción de aquellas familias que invertían parte de las ganancias de su laboriosidad artesanal o profesional, comercial e industrial, en mecenazgos de carácter cultural y educativo: museo, teatro, periódicos, bibliotecas, sala de conciertos, escuela de bellas artes.
En 1870 los judíos de Suecia obtuvieron los mismos derechos que todos los ciudadanos suecos.
La prosperidad y la equiparación de los suecos de identidad judía produjo un efecto de llamada entre 1895 y 1905 en las comunidades judías de Rusia, Polonia y países bálticos, que se refugiaban en Suecia escapando de las frecuentes persecuciones y pogromos de fines del siglo XIX que preludiaban el antisemitismo homicida de la Alemania de los años 30 y de otros regímenes fascistas de entonces.
La llegada de los “autobuses blancos” de la Cruz Roja en 1945 con supervivientes del Holocausto engrosó la comunidad judía en Suecia, como siguió ocurriendo en 1956 desde Hungría y en 1969 desde Polonia, pues tras el fracaso de los levantamientos contra la ocupación comunista muchos judíos emigraron a Suecia, escapando del antisemitismo en países soviéticos.
En 1915 se estableció otro cementerio judío en el Cementerio del Este en el barrio de Kålltorp.
Del pasado al hoy
Pero la decadencia del viejo cementerio me lleva a otras reflexiones, ahora, por desgracia, motivadas no por la contemplación del deterioro de unas viejas tumbas sino por la aparición de un nuevo antisemitismo en Suecia, que denunciaba hace poco un editorial del periódico Göteborgs-Posten.
Seamos de la creencia que seamos o de ninguna, y nos atribuyamos o no unos orígenes étnicos más o menos ancestrales, todos nos parecemos y mucho más cuando morimos, así como nuestros camposantos. Si nuestros nombres se disuelven sobre la piedra de las lápidas cuánto más nuestras ideas, nuestra etnia o nuestra confesión.
Todas las tumbas son en definitiva semejantes
Los nuevos antisemitas
No obstante, tras algo más de dos siglos de ciudadanía sueca y de relativa paz (pues los grupúsculos nazistoides han seguido haciéndose notar), los suecos judíos han empezado a sentir nuevos acosos. Esta vez no de los fanáticos de una supuesta superioridad aria, sino de jóvenes suecos oriundos de países de confesión islámica que están desmintiendo las esperanzas de integración que sus familias abrigaban para ellos cuando fueron acogidas en Suecia (el 15 % de la población es de origen foráneo).
El caso que parece más preocupante es el de la región de Malmö, la más “multicultural” de Suecia, que cuenta, según cifras de su mezquita (pues el gobierno sueco no recoge datos confesionales ni étnicos) con unos cien mil oriundos de países musulmanes (casi la tercera parte de todos los de Suecia) con al menos 45.000 habitantes vinculados al culto islámico. La congregación de confesión judía de la misma región sólo reúne a 800 judíos en torno a su sinagoga, de los alrededor de dos mil que, según estimaciones recientes, se pueden considerar como judíos suecos en Malmö.
A pesar del diálogo entre los representantes de la comunidad judía y el Consejo Islámico, con sus llamadas a la cordura, y no obstante el cambio de alcalde en las últimas elecciones (el anterior echaba la culpa a la minoría judía de hacerse agredir), en 2012 se produjeron 66 ataques criminales antisemitas en Malmö (multiplicando por tres los de 2011), contra 31 en Estocolmo aunque la capital de la nación triplique en población a la capital regional del sur de Suecia.
Las cifras son oficiales.
Resultado: hay familias suecas que, por pertenecer a la comunidad judía, se están viendo empujadas a dejar la ciudad en la que, ellos y sus antecesores, nacieron y crecieron como ciudadanos de un país tolerante, para ir en busca de lugares donde los grupos de jóvenes islamistas radicales suecos (que parecen considerarse mejores musulmanes que sus propios padres) no les amenacen a ellos y a sus hijos.
¿Run for your lives?
Algunas raposas o conejos han excavado sus madrigueras en las tumbas de este declinante cementerio judío acorralado entre trenes y autopistas.
Mientras tanto, en el centro de Gotemburgo se puede ver desde hace varios meses un cartel de apología de los dos islamistas que atentaron contra una multitud pacífica en Boston (los hermanos Tsarnajev).
Está pegado a un registro de la electricidad, junto al café Berlín, justo en la esquina de una de las avenidas por donde pasa habitualmente la media maratón de la ciudad. Llama la atención su leyenda: Run for your lives.
¿A quién se dirige esta exhortación ambivalente?
Hace poco más de una semana la prensa sueca informaba de que que, reclutados por los Svenska Mujahedeen Fi Ash-Sham, cinco jóvenes musulmanes suecos naturales de Gotemburgo, estudiantes de instituto o de ingeniería, se habían hecho matar recientemente en Siria, explotando como mártires suicidas o combatiendo con grupos afines a Al-Qaida.
Creíamos que en Europa nuestros viejos demonios del odio de raíz religiosa o étnica se habían extinguido, que nuestras democracias habían aprendido de las lecciones del pasado.
Por desgracia, aunque los signos precursores sean aún minoritarios y circunscritos, las lecciones que se derivan de la historia secular del antisemitismo, y lo que está ocurriendo en una dimensión global, aconsejarían que Europa no baje la guardia y que, al mismo tiempo, dedique su solidaridad y su creatividad a evitar que haya jóvenes que reincidan en la barbarie de sus mayores.
Pienso que nos va en ello el futuro de los mejores logros de nuestra civilización.
En la ruta veraniega (IV). Del Pays d’Auge en Normandía a Dötlingen en el Parque Natural de Wildeshauser Geest
Para Jaime y Pascale
En ruta hacia Normandía.
Dejo atrás Toulouse y, al cabo de pocas horas, en el centro de Francia, me interno apenas una media hora por las calles soleadas de Brezolles.
Brezolles
Me preguntaréis el porqué. Pura melancolía de un mediodía caluroso de julio, pues he querido preguntar si hay alguna memoria de los centenares de refugiados de la Guerra Civil española que fueron colocados por las autoridades francesas en esta villa y en otras de la región cuando ya no era sufrible, o porque no les cabían, mantener entre alambradas en los campos del sudoeste a cientos de familias, a miles de personas, que escapaban de la represión desatada por los vencedores.
En Brezolles y otros pueblos pasaron meses y meses nuestros compatriotas expulsados con violencia de su país, incluso cuando ya se había instalado el régimen filonazi y filofranquista de Vichy. Cada día peor vistos de la población local, algo así como ocurre ahora en Suiza con los asilados, pero a mucho mayor escala, en situación de extrema precariedad y atemorizados por la amenaza de la deportación.
Interrogo a una vieja señora, que por la edad, podría tener algún recuerdo. Nada. Pregunto en una oficina de la mancomunidad de la región. La funcionaria es joven y amable. Me remite al ayuntamiento.
La alcaldía está cerrada y tardará unas horas en abrir la ventanilla de la tarde.
Debo seguir viaje sin encontrar ecos de lo que el tiempo parece haber sepultado. Cuántos años, cuántas vidas, cuántos dolores y exilios que pasaron por esas calles sin que ya queden vestigios.
Pero alguien ha estudiado la vieja historia de estos refugiados. Se puede encontrar en este estudio de Jeanine Sodigné-Lostau publicado en 1996 en la revista Matèriaux pour l’histoire de notre temps: «L’accueil des réfugiés civils espagnols de 1936 à 1940. Un exemple : la région Centre»
Brevemente Chartres
Hago noche en el camping municipal de Chartres.
A la mañana siguiente doy una vuelta por su catedral y aledaños. Estuve en Chartres en los años sesenta como peregrino, caminando en medio de los trigales de La Beauce, esa llanura interminable que describió Charles Péguy en un soberbio poema del que transcribo algunas estrofas, que no me atrevo a traducir
Étoile de la mer voici la lourde nappe
Et la profonde houle et l’océan des blés
Et la mouvante écume et nos greniers comblés,
Voici votre regard sur cette immense chape
…
Deux mille ans de labeur ont fait de cette terre
Un réservoir sans fin pour les âges nouveaux.
Mille ans de votre grâce on fait de ces travaux
Un reposoir sans fin pour l’âme solitaire.
…
Un homme de chez nous a fait ici jaillir,
Depuis le ras du sol jusqu’au pied de la croix,
Plus haut que tous les saints, plus haut que tous les rois,
La flèche irréprochable et qui ne peut faillir.
…
C’est la tige et le blé qui ne pourrira pas,
Qui ne flétrira point aux ardeurs de l’été,
Qui ne moisira point dans un hiver gâté,
Qui ne transira point dans le commun trépas.
…
Charles Péguy, Présentation de la Beauce à Notre-Dame de Chartres
Era en medio del calor del verano del 1967. Cuando aún nos quedaban bastantes kilómetros para llegar las torres y agujas de la catedral se revelaban sobre un mar de espigas. Volví a fines de los ochenta, pero motorizado.
En este viaje he venido por carreteras secundarias, parando a trechos entre los campos de cereal, tratando de recuperar mi lejana visión. En vano. Las torres están inevitablemente acompañadas por otras construcciones de la industria agraria o de las conducciones eléctricas. Quizá no he sabido encontrar el emplazamiento y las perspectivas justas.
¿Habrá todavía quien llegue a Chartres haciendo decenas de kilómetros a pie, en medio de trigales?
El caso es que siempre es agradable que desde aquella lejana Edad Media sus santos y profetas te reciban con una sonrisa.
Prefiero no seguir a un grupo de japoneses que ejecutan parsimoniosos el rito del famoso laberinto sobre el pavimento del crucero de la catedral.
Prefiero extraviar la vista por las historias sagradas y profanas de sus vidrieras.
Para eso he traído mi catalejo.
Le Pays d’Auge
Después de dejar Chartres no tardo mucho en entrar en Normandía por la región de vacas, quesos, manzanos y sidra del Pays d’Auge. Esta provincia normanda se extiende entre París y el macizo bretón. La recorren los río Touques y Dives. Este último conduce entre meandros las aguas de una meseta de verdes ribazos, pastos y suaves declives sombreados por frondosas arboledas.
En una granja del siglo XV que adquirieron casi en ruinas hace veinticinco años, nuestros mejores amigos de París, con mi mujer que ha llegado por avión, me esperan con un almuerzo regional regado con la sidra que ellos mismos producen.
La casa central del conjunto la han restaurado pacientemente con sus propias manos tras documentarse adecuadamente sobre la técnica del “torchis”, utilizando los materiales ancestrales y substituyendo vigas y maderos de sus muros que estaban en mal estado.
Este es el resultado. Parece retrotraernos a algunos cuadros de los pintores del Renacimiento.
La mairie del término municipal de Saint Martin du Mesnil-Oury se ve así de presumida aunque modesta y minúscula, como tantas otras de la región, exponente de una sobriedad sabia y campesina.
Dos días bien aprovechados, dan para mucho. Por ejemplo, para visitar dos manoirs tradicionales en torno a este territorio,
El de Coupesarte.
Y el Chateau de Grandchamp, aunque en este no es día de visita y tenemos que contentarnos con verlo desde fuera.
El museo del queso de Livarot es otra visita obligada. La fábrica es moderna y ofrece un recorrido pedagógico basado en un audiovisual que vamos siguiendo en varias etapas. Las presentaciones se proyectan junto a amplios ventanales que permiten ver cada una de las etapas de la cadena de fabricación.
Empezando por la vaca normanda.
Y acabando en la sala donde los quesos pasan un período de breve envejecimiento.
Al final, lógicamente, se pasa a la sala de degustación y a la tienda, donde compramos una pieza de cada una de las cuatro variedades que aquí se elaboran: Livarot, Camember, Pont-l’Évêque y Neufchâtel.
Olvidaba decir que incluso tuvimos tiempo de aprender las técnicas de construcción de una vivienda bosquimana, digna de un barón rampante, a cuatro metros del suelo y a caballo de las grandes ramas de una enorme haya.
Así es como mis amigos parisinos no se contentan con la granja sino que están acabando un refugio de dos pisos en lo alto de un árbol. Nosotros echamos una mano. Algunos padres tienen el detalle de fabricar estos juguetes para sus hijos, aunque puede que sea un pretexto del adulto para realizar sus viejos sueños de infancia.
¡Normandía tiene estas cosas!
Bruselas
Paramos un día en Bruselas para ver amigos. Fue algo breve, pero conseguimos una mesa en una terraza de la Place Jourdan para acompañar con unas Leffe bien frías nuestros cucuruchos de frites. Las del kiosco de esa plaza tienen fama de ser las mejores de la ciudad.
Pero ¿cuál era el acontecimiento más importante de la tarde?
Naturalmente la gimnasia sueca al aire libre sobre el césped del Parque del Cincuentenario.
Unos doscientos entusiastas se entregaban en cuerpo y alma a los ejercicios, ya clásicos en Suecia y en varias capitales europeas, de la renombrada marca sin ánimo de lucro Friskis och Svettis.
Esta vez sólo vimos los toros desde la barrera.
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Dötlingen
Varias horas después de abandonar Bruselas el ritmo sosegado del viaje y el excelente buen tiempo animaban a hacer noche en el camino. Así que nos internamos en el Parque Natural de Wildeshauser Geest, en dirección de Dötlingen.
Hacía años, en una noche muy lluviosa de setiembre había encontrado hospedaje ahí en el Waldhotel, propiedad de la familia Spille, cuidado y servido por ellos mismos.
Esta vez no llovía y la tarde tenía un final esplendoroso, con lo cual pudimos visitar este pequeño pueblo, situado en medio de una naturaleza ordenada desde hace siglos por las familias que la han cultivado durante muchas generaciones.
Aunque haya que entenderse en un inglés elemental y recurriendo al alemán que aún recuerda mi mujer de sus tiempos del instituto, la comunicación es cordial y el trato amabilísimo, no sólo en el hotel sino a la puerta de la sala de eventos, donde esa tarde el aparato digital del cine ambulante, que lleva de pueblo en pueblo una señora en camioneta, proyectaba una comedia americana reciente, doblada al alemán.
A la salida, la comunidad local se reunía para tomar unas copas bajo un cielo de atardecer benigno. Entre las próximas actividades que se anunciaban, un espectáculo musical (kabarett) en la iglesia.
Para que aprecien mis lectores que la madre Merkel también es objeto de bromas en su propia patria, reproduzco la publicidad que anunciaba el festejo con la colaboración de un conocido artista de Urbino. La canciller en pose de madonna con su delfín en los brazos.
Nos acercamos, acompañados por las ovejas de un rebaño alborotado, a un estanque que a buen seguro habría podido inspirar a Schiller.
Un ave cazadora aguardaba con el pico dispuesto a que asomase alguna incauta rana.
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El anuncio del irreverente sainete nos había picado la curiosidad y nos acercamos a la iglesia que lleva la advocación de San Fermín y que fue reconstruida tras las la última guerra. Ha sobrevivido ahí desde el siglo XIII.
Memorial de los caídos y de la barbarie de las guerras
Tras el ábside, el monumento a los soldados de Dötlingen caídos en varias guerras.
Me diréis que será como tantos otros. En Francia los hay por todas partes, todos según el mismo patrón, en España son problemáticos pues reflejan las divisiones de nuestra guerra civil y durante décadas sólo nombraban a los caídos del lado ganador. En toda Europa son miles.
Hay dos aspectos que nos han emocionado en el de Dötlingen.
Familias diezmadas
El primero es común con similares memoriales en iglesias o pueblos de Europa.
Lo que ocurre es que destaca el apellido de nuestros amables hoteleros: dos Spille muertos en las guerras franco-prusianas entre 1886 y 1871, otro en la guerra 1914-1918 y otros dos en la de 1939-1945.

Monumento a los soldados muertos en la I y la II guerras mundiales naturales de Dötlingen. Foto R.Puig.
En total, cinco varones de esa familia sacrificados a la irracionalidad de sus kaiser y sus führer en el espacio de sesenta años de la historia de Europa. Del mismo modo contamos otros cinco combatientes de la familia Poppe, cinco de la familia Meyer, seis Ulrich, seis Stolle…
¿para qué seguir?
A nosotros forasteros nos impresiona y emociona. A los vecinos de este pequeño pueblo les recuerda además a bisabuelos, abuelos, padres, tíos, hombres de carne y hueso cuyos retratos conservará su propia familia, enviados a las trincheras y a los mataderos de los campos de batalla de Europa.
Esos memoriales se remontan a 1866, pero seguramente, si hubiese registros, se podrían relatar las mismas tragedias a lo largo de varios siglos.
Hoy, los alemanes y los demás europeos, hemos dejado atrás las guerras entre nosotros y podemos sonreír con la parodia de los que nos gobiernan.
Pero a las generaciones de hoy hace falta explicárselo.
Eso me lleva al segundo aspecto.
Meditación de la guerra
Hay algo bajo el sauce detrás de la iglesia que nos ha impresionado, sobre todo por alzarse con su sobriedad y su modestia, en un pequeño pueblo de esa Alemania que tantas guerras desencadenó en el pasado, generando el sacrificio de millones de alemanes, de europeos y de combatientes llegados del otro lado del mar.
Hay una piedra que recuerda a una bayoneta o una espada alzada y una plancha de hierro colado que semeja la sombra crepuscular que el arma proyecta. Al menos, así lo he entendido yo y creo que cualquiera que se recoja a pensar ante este pequeño monumento acabará viendo algo parecido.
No hay en el lugar nada que lo explique, sólo esa sombra de hierro en la que se han caligrafiado, taladradas, varias palabras:
Mord: Asesinato
Zwangsarbeit: Trabajo forzado. Vertreibung: Expulsión
Verfolgung : Persecución. Flucht: Huida
Al buen entendedor, pocas palabras bastan.
Pero de Dötlingen nos llevamos también la imagen de su roble milenario que ha sobrevivido a tanta violencia bélica, a tantas exacciones y matanzas, y es uno de los símbolos del lugar. Sigue viviendo y floreciendo muy cerca del memorial de aquellos a los que sus gobernantes enviaron a matar y a morir en nombre de ideologías insanas, de odios nacionalistas o raciales y de intereses territoriales y mercantilistas.
El árbol no tiene inscrita ninguna palabra, ningún nombre, pero hablar habla.
































































































































































































