Experimentos de arte joven en Madrid

Mural de azulejos. Restaurante Villa Rosa. Madrid. Foto R.Puig
Como se puede apreciar por el castizo mural de un restaurante madrileño he estado callejeando por la capital de España. No ando muy sobrado de tiempo pero también he tenido ocasión de descubrir un Circuito de Artes Plásticas de la Comunidad de Madrid que está celebrando nada menos que tres décadas de vida. Ha sido en un sitio de exposiciones, la Sala de Arte Joven en el popular barrio de Prosperidad.

Sala de Arte Joven, Madrid. Foto R.Puig
Traigo aquí un corto reportaje gráfico de tres instalaciones que hoy se clasificarían como escultura al estar compuestas por piezas de volumen tridimensional.
I
Fuentesal & Arenillas
La primera está constituida por un conjunto de bolos, lo que la RAE define como piezas de madera (en este caso de haya) torneadas, alargadas y con base plana para que se tengan en pie. Es una instalación modificable, pues los escultores Julia Fuentesal (Huelva 1986) y Pablo M. Arenillas (Cádiz 1989) admiten la intervención del público, con lo cual el conjunto de estas piezas o bolos, torneados en la fábrica de muebles de la familia de la primera, lo podemos construir y reconstruir en infinitas formas escultóricas.

Julia Fuentesal y Pablo M. Arenillas, «Gameshow/Playshow» 2018). Foto R.Puig
Se trata de un juego sin normas prefijadas con el que esta pareja de artistas andaluces (formados en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla) retrotraen al espectador, que irresistiblemente se ve animado a intervenir de modo frágil y efímero, a los juegos de la infancia. De algún modo es una metáfora del azar del juego artístico, siempre inconcluso porque siempre sometido a infinidad de miradas.
No me he resistido y he aprovechado la ocasión para intervenir y, ejecutando no pocas flexiones sobre la moqueta, he concluido mi pasajera contribución a la propuesta de los dos artistas.
¿Quién podría negarse a jugar con estos bolos que nos recuerdan la infancia?

Julia Fuentesal y Pablo M. Arenillas, Gameshow/Playshow tras la intervención y la foto de R.Puig
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II
Carlos Martín Rodríguez
El siguiente es un grupo de obras, del género que hoy se suele denominar como conceptual. Para entendernos esto quiere decir que se trata de un tipo de obra que necesita una explicación o un título que explicite el contexto si se quiere que el espectador acierte con el sentido que el artista ha querido dar a su obra.
A mi modo de ver, más convendría mirar la obra sin explicaciones previas y sin fijarse aún en su título, si se quisiéramos que guarde el carácter del arte como opera aperta en el sentido que le dio Umberto Eco.
La diferencia con el arte clásico es que hoy en día, los artistas de esta corriente llamada conceptual han suprimido la ambigüedad de sentidos con la costumbre de explicar su concepto, con frecuencia de tal modo que las obras dejan la impresión de caprichos, legítimos pues libres, pero limítrofes con aquella broma, ya no contemporánea sino tan centenaria, como fue la fuente de Duchamp, que para agradable sorpresa de su «autor» acabo considerándose un hito del arte del siglo XX, justo cuando los reclutas morían por miles cada día en la trincheras de la Primera Guerra Mundial.

Carlos Martín Rodríguez, «Soft Causalities», 2018. Fibropanel y barnices. Foto R.Puig
Confieso que si separo la forma del pretendido fondo, estas labores de «arte joven» en cierto modo me gustan por sus cúmulos materiales y los juegos de sombras del proyecto tridimensional.
El escultor Carlos Martín Rodríguez (Zamora 1988) se formó en la Facultad de Bellas Artes de Salamanca por la misma época en la que quien esto escribe estudiaba ya jubilado en la de Altea (Universidad Miguel Hernández) y en la Accademia di Belle Arti de Roma. Confieso que para aprobar primero y segundo en los talleres de escultura alicantinos tuve que pagar también tributo a la corriente que se ha querido llamar conceptual, que enseñoreaba ya y enseñorea aún los estudios de Bellas Artes en España, no así, al menos para mí, en Roma.
Pero hoy me ocupo con curiosidad del juego de materias y formas de este escultor zamorano que además hace cine, experimenta con la música multisónica y con la ciencia ficción.

Carlos Martin Rodríguez, «Rodilla Labour. Subordinación causal débil I» 2018, Fibropanel, hierro, esmalte y barniz. Foto R.Puig
La siguiente obra suya que traigo aquí es un claro ejemplo de este juego de humor conceptual que se titula «Sustracción, envoltura / hospedaje».

Carlos Martin Rodríguez, «Sustracción, envoltura / hospedaje» 2018, Fibropanel, resina de poliuretano, pigmentos, hierro, esmalte y barniz. Foto R.Puig
Hay otras en la sala, pero no quiero alargarme, pues estamos ya en la madrugada del domingo…
El artista, como explica el catálogo (*) «nos recuerda a algo, pero ignoramos el qué»; para eso están los títulos que ha puesto a sus obras.
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III
Javier Rodríguez Lozano
Este otro joven (Madrid 1992) practica la ya centenaria práctica el objet trouvé (objeto encontrado) que cada día se presenta como parte del arte contemporáneo.
La cartela que explica su obra reza así:
No es de extrañar que tras haber reparado en los felpudos de sus vecinos en Madrid o en las cortinas que protegen del sol las casas de su pueblo, haya reparado últimamente en los restos de los «tags» o «takeos» que se acumulan sobre las losas de mármol de las paredes del Metro de Madrid,
«Arañazos y palimseptos», 2019, Foto R.Puig
o sobre las luminarias que acompañan el trayecto del túnel que comunica la estación de Retiro con el parque, para ocupar un espacio subterráneo, a oscuras, donde sólo los gatos observan nuestra presencia y sugieren mediante su efigie la frontera nocturna que estos animales simbolizan.
Javier Rodríguez Lozano, «Arañazos y palimseptos», 2019 Foto R.Puig
Por mi parte, yo me retiro a dormir y espero que nuestros subconsciente, ese gran artista conceptual, no nos conduzca en nuestros sueños por los recovecos de la montaña de los gatos del Retiro de Madrid, ni que un algún gnomo takeado en el túnel que conduce al parque nos cause pesadillas

(*) «Circuitos de Artes Plásticas, XXX Edición», Dirección General de Promoción de Cultura y Turismo de la Comunidad de Madrid, 2019, 99 páginas
Breverías erasmianas (XL): «Non est dithyrambus, si bibat aquam» (No hay poema, si el poeta bebe agua)

Movet phantasias. Foto R.Puig
Es sabido que Erasmo no desdeñaba el buen vino, que para él fue principalmente el de Borgoña, del que solía hacerse aprovisionar. En una de sus cartas se queja de que el barrilito venía agriado.
Pero decir que era un borrachín, como afirma alguno que ha querido hacerse fama de estudioso, recopilando en un farragoso volumen (sobre todo a partir del epistolario) los defectos y pasiones del humanista, es simplemente fruto de la fantasía de quien no ha comprendido su ingente obra y estudiado su vida y su época. Precisamente fue Erasmo mismo quien quiso que se publicase su epistolario completo, sin eliminar sus gustos, fobias, manías y temperamento.
Por otra parte suelen algunos puritanos retrospectivos interesarse más por los lunares y vicios en la biografía de escritores y artistas que en la obra por la que han sido reconocidos. Pero esto sería materia de otra crónica, ahora volvamos al adagio.
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«Non est dithyrambus, si bibat aquam»
No hay ditirambo, si lo que él bebe es agua
Adagio IV, iii, 57
‘Οὐκ ἔστι διθύραμβος ἅν ὕδωρ πίνη’ significa que no hay ditirambo, si lo que él bebe es agua. No hay buen humor, si falta el vino ; la inspiración de los poetas languidece, si el vino no la caldea.
Haud dithyrambus est, aquam si potitet. Non adest hilaritas, cum deest vinum ; languet poetarum ingenium, ni vino concalescat.
Como de costumbre, Erasmo cita a varios autores clásicos, comenzando por Horacio:
‘Con elogios ensalza al vino el vinoso Homero’
(Laudibus arguitur vini vinosus Homerus)
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‘El mismo padre Ennio jamás producía una epopeya sin estar ebrio’
(…numquam nisi potus ad arma prosiliit dicenda).
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‘Ni viven ni gustan largo tiempo los poemas que son escritos por bebedores de agua’
(Nulla placere diu nec vivere carmina possunt quae scribuntur aquae potoribus)
Epístolas, 1.19.6, 7-8 y 2-3
Sigue con Plutarco :
De hecho, como cuenta Plutarco en sus “Charlas de sobremesa”, Esquilo bebía mientras componía sus tragedias. Porque el calor del vino estimula la inventiva (que a veces languidece en los abstemios), impulsa la imaginación, añade ímpetu, da confianza.
(… Aeschylus tragoedias suas potando scripsit. Excitat enim vini calor inveniendi vim, quae torpet nonnumquam in jejunis, movet phantasias, addit impetus, subministrat fiduciam…)
Plutarco añade que Gorgias se equivocaba al atribuir la tragedia a Marte, cuando es a Baco a quien debe ser adscrita. Los ditirambos se cantaban en honor de Baco, que se llamaba a sí mismo “Ditirambo”…
Moralia 715 E, «Charlas de sobremesa»
Como pueden ver, lo de atribuir al alcohol virtudes de inspiración literaria viene de antiguo. Pero lo que nunca había yo pensado es que, como afirma Horacio, quienes sólo beben agua sean peores poetas. Queda abierto el debate.
Por su parte Baudelaire (para nada sospechoso de beber sólo agua) veía en el vino, no como vicio sino como compañía amiga, la reserva de esperanza, juventud y orgullo del poeta piadoso :
Le vin du solitaire
Le regard singulier d’une femme galanteQui se glisse vers nous comme le rayon blancQue la lune onduleuse envoie au lac tremblant,Quand elle y veut baigner sa beauté nonchalante ;.Le dernier sac d’écus dans les doigts d’un joueur ;Un baiser libertin de la maigre Adeline ;Les sons d’une musique énervante et câline,Semblable au cri lointain de l’humaine douleur,.Tout cela ne vaut pas, ô bouteille profonde,Les baumes pénétrants que ta panse fécondeGarde au coeur altéré du poète pieux ;.Tu lui verses l’espoir, la jeunesse et la vie,– Et l’orgueil, ce trésor de toute gueuserie,Qui nous rend triomphants et semblables aux Dieux !Charles Baudelaire, «Les fleurs du mal. Le vin», 126
Ô bouteille profonde. Foto R.Puig
El vino del solitario
La singular mirada de una mujer galante
Descendiendo a nosotros como el rayo blanco
Que la luna ondulante envía al tembloroso lago,
Cuando ahí quiere bañar su hermosura indolente;
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Los últimos escudos entre los dedos de un jugador;
Un beso libertino de la flaca Adelina;
Los sones de una música enervante y mimosa,
Semejante al grito lejano del humano dolor,
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Todo eso no vale, oh botella profunda,
Los penetrantes bálsamos que tu vientre fecundo
Le guarda al corazón turbado del poeta piadoso;
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Tú viertes para él esperanza, juventud y vida,
-¡Y el orgullo, ese tesoro de todos los mendigos,
Que nos vuelve triunfantes y similares a los Dioses!
(traducción propia)
El texto latino procede de Les Adages d’Érasme, présentés par les Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), 2010, pág. 2113. La traducción es mía.
Cuando un año se nos va

Melancolía. Foto R.Puig
Cuando se acerca fin de año, a muchos les da por hacer balance y mirar la botella medio llena (lo que normalmente les anima a vaciar botellas espumosas cuando suenan las doce campanadas) y a otros les da por verla medio vacía (y, coincidencia curiosa, también es eso motivo para vaciar botellas).
Esto en cuanto respecta a lo personal, pues también si nos abrimos al mundo de lo colectivo, y no digamos si la perspectiva es planetaria, tendremos tendencia a sentirnos solidarios con el resto de los seres humanos e incluso con las animales, las plantas y la tierra en general. Entre quienes son así, que son cada día más y es justo que lo sea, habrá quienes se inclinen por lo de todo tiempo pasado fue mejor y piensen que todo irá a peor. Otros, más confiados, puede que miren al pasado como un tiempo en que todo fue peor y esperen que los seres humanos conseguirán un futuro mejor.
Además el fin de año favorece eso que Robert Burton (1577-1640) diseccionó en su libro Anatomía de la Melancolía, un estado de ánimo que afirma ser «propio del hombre mortal». Pues «no hay viviente que esté al abrigo de la inclinación a los estados de melancolía, nadie lo bastante estoico, lo bastante sabio, nadie lo bastante feliz, lo bastante paciente, lo bastante generoso, lo bastante pío y religioso, como para poder defenderse de ella». Como bien dice : ¡incluso «hasta Zenón, Catón y el mismo Sócrates estuvieron afectados!». Si por añadidura un nuevo ciclo de anuncios apocalípticos (de esos que se han producido en la vida de la Humanidad desde que hay registros históricos) tiene a mucha gente en vilo, pues más a favor de los ataques de melancolía. De hecho ya preocupaban en vida de Burton los recurrentes desastres del planeta…
Por qué creéis que la tierra nos aterroriza y oprime con sus terribles terremotos, más frecuentes en China, Japón y los climas orientales, tragándose a veces hasta seis ciudades a la vez; que las olas furiosas provocan inundaciones y erupciones, destruyendo ciudades, poblados, puentes, etc., o causando naufragios; que islas enteras lleguen a ser sumergidas de repente con todos sus habitantes: Zelandia, Holanda y muchas otras partes del continente fueron inundadas, y el lago Erne en Irlanda.
…
Por qué creéis que el fuego, ese elemento sin piedad, se desencadena y consume en un instante ciudades enteras. ¿Hay ciudad antigua o célebre que este elemento furioso y despiadado no haya arrasado, arruinado o sepultado en la desolación?
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How doth the earth terrify and oppress us with terrible earthquakes, which are most frequent in China, Japan, and those eastern climes, swallowing up sometimes six cities at once? How doth the water rage with his inundations, irruptions, flinging down towns, cities, villages, bridges, &c, besides shipwrecks; whole islands are sometimes suddenly overwhelmed with all their inhabitants in Holland, and many parts of the continent drowned, as the lake Erne in Ireland?
…
How doth the fire rage, that merciless element, consuming in an instant whole cities? What town of any antiquity or note hath not been once, again and again, by the fury of this merciless element, defaced, ruinated, and left desolate?
Robert Burton, Anatomy of Melancholy, Oxford, 1621. The first partition. The first section, Member 1, Subsection 1 : ”Man’s Excellency, Fall, Miseries, Infirmities; The causes of them”
…

Un año se va. Foto R.Puig
Pero no había venido aquí yo hoy a hablar de pronósticos o profecías, de cambios milenarios o centenarios. Además, desde ayer cuento con una muela menos y eso me permitirá empezar el año sin problemas dentarios. Lo que no es poco para que, a pesar de los pesares y de lo que nos traen los telediarios y periódicos cada día, confíe en la mayoría de los individuos del género humano. Al fin y al cabo, de todas las personas que hemos ido conociendo personalmente en nuestra vida ¿cuántas en proporción son personas que podríamos calificar como buenas y cuántas las que hemos sentido que eran malas? Mi estadística personal arroja un balance mayoritariamente positivo, y no siento que yo sea un bicho raro que vive en otro planeta.
Así que no frunzamos el ceño ni fustiguemos a otros por nuestras reales o supuestas desventuras y aportemos lo mejor de nosotros mismos a mejorar la sociedad y el mundo en que nos toca vivir.

Frente a la inmensidad de los posibles. Foto R.Puig
¡Deseo a quienes me estén leyendo y a su entorno todo lo mejor en el cercano año 2020!
Bodegones

Plenitud. Foto R.Puig
¿No les ha ocurrido alguna vez extasiarse ante un fruto hasta casi sentir pena de comerlo? ¿No han tenido ocasión, en una tarde otoñal, entre viñas vendimiando, de alzar frente al sol declinante un racimo de uvas para admirarlo en su plenitud?
Son pequeños momentos cotidianos que -¡ay!- con las prisas se nos escapan. Y sin embargo, basta una fuente de porcelana, un racimo de uvas maduro y un mínimo sentido de la composición, para que cualquiera se convierta en un artista, aunque sea efímero.

Vendimia. Foto R.Puig
Aunque más me hubiera gustado recoger los frutos en el mismo campo, quiero mostrar una pequeña cosecha de composiciones a partir de la cesta de mi compra. ¡Cuántos contrastados colores nos rodean simplemente en la cocina! En esta época basta una pequeña cámara fotográfica y ya está.
Pero hay que ponerse en el lugar de la flamenca Clara Peeters, a principios del siglo XVII, que sólo contaba con su arte y sus trebejos de pintar al óleo. Dicen que muchos de los lienzos que de ella se han certificado fueron pintados siendo muy joven y se especula con que abandonó la pintura cuando se convirtió en una mujer casada.
Comparado con ella soy un pobre perezoso. Traigo a esta página una de sus pinturas como homenaje a su arte. Si las obras artísticas -como el amor- nacen de la admiración. ¡Cómo supo admirar aquella delicada pintora!

Clara Peeters, s.XVII. Bodegón. The Ashmolean Museum. Oxford
Nuestra situación suele ser más corriente y moliente. Por ejemplo : ¿están ustedes preparando una ensalada? Pues poco cuesta detenerse un instante para admirar esos tomates que han traído del mercado. ¡Sobre el plato y con el fondo de la mesa, qué contrastes!

Rojo, azul y negro. Foto R.Puig
…
Volviendo a quienes consagraron su vida a la pintura, quizás vale la pena dedicar un recuerdo a Luis Meléndez (1716-1780), que dedicó una gran parte de su arte al género del bodegón.
Pero, a pesar de los encargos de la Casa Real y de todos sus intentos por conseguir un trabajo estable, vivió en la penuria y murió en el hambre y la miseria, después de haber retratado los mejores manjares de quienes usaban su talento y lo mal pagaban.
Este es mi parvo homenaje a su arte : unos tomates suculentos, que quizás el artista no pudo permitirse en su menú, pues esta solanácea viajó desde la Nueva España en los galeones españoles a mediados del siglo XVI, tomó su nombre casi a la letra de su nombre azteca y cuando Luis Meléndez pintó este cuadro el tomate era todavía una delicadeza culinaria. Mirándolos bien, parece que estos frutos flotaran lejos de sus posibilidades, algo avergonzados de sus viejas arrugas de rústico campesino.

Luis Meléndez, Bodegón con tomates. Museo del Prado
¿Y que decir de su retrato, cuasi metafísico, de las humildes ciruelas?

Luis Melendez. Bodegón con ciruelas. Museo del Prado
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Por mi parte, con más humildad que una ciruela, me atrevo a traer aquí dos composiciones, a modo de ikebanas frutícolas, en las que rindo homenaje a la pruna, con la esperanza de que hayan tenido o tengan algún día el suave placer de retirarlas maduras de su árbol durante las vacaciones de verano.

Prunas. Foto R.Puig

Ciruelas. Foto R.Puig
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Y ahora espero que me perdonen mi periódica costumbre de maltratar la Poesía, esta vez con tres quintetos de heptasílabos :
Ensoñación frutal
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La ciruela pretende
con su veste galana
promoverse a metal
pese a que su alma
la dulce miel esconda.
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Las uvas en su viña
sueñan hacerse pruna
y en el suave otoño
los reflejos del cielo
sustraen al atardecer.
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Los tomates bermejos
de hábitos proteicos
aspiran a ser rubís
tiñendo sus arrugas
de un rubor doncellil.
—–
Para terminar no podía faltar la fruta prohibida

Manzanas en un círculo azul. Foto R.Puig
El narcisismo en el Arte y Jean Dubuffet
En el Museo de Arte Moderno de Valencia (IVAM) visité recientemente la exposición Jean Dubuffet, Un bárbaro en Europa. Lo de bárbaro quizás se refiera a su pretensión de ser ajeno a los circuitos culturales (los bárbaros eran los pueblos al exterior de las fronteras del Imperio Romano). El artista se consideraba fuera de las fronteras de las normas estéticas y culturales cuando, desde 1945, comenzó a reivindicar un art brut, las obras fruto del impulso puro de personas indemnes del contagio de la cultura artística al uso, lo que para él significaba «que no habían sido contaminadas por las pócimas del arte clásico o del arte a la moda». (Jean Dubuffet, «L’Art Brut préféré aux arts culturels», Paris, René Druin, 1949).
Ya otros teóricos del arte se habían fijado antes de la II Guerra Mundial en las manifestaciones vírgenes de los pacientes recluidos en hospitales psiquiátricos. Por entonce Dubuffet ya competía con Breton por erigirse en descubridor de estas obras no contaminadas. Así que las pretensiones transgresoras de Dubuffet no se diferenciaban de las que habían motivado a otros vanguardistas. La alergia a la tradición clásica se había convertido ella misma en una tradición bien asentada en los cenáculos artísticos.
Por entonces nuestro bárbaro no resultaba todo lo transgresor que él deseaba. Como ejemplo, a la izquierda un gato de Paul Klee de 1921 (MOMA, N.Y.) y a la derecha un detalle de los escoltas de Dubuffet de 1943, pintados cuando ya había dejado de comerciar con vinos y se consagró exclusivamente a la creación artística.
Lo que era nuevo es la condena de galerías y museos por parte de un artista que denunciaba la falsa y nociva influencia que ejercían sobre los creadores.
Q.- ¿Qué le reprocha a los museos, de los que siempre se ha declarado adversario?
R.- (…)Los museos son una institución tributaria de la idea que la posición de una producción artística debe necesariamente referirse a una norma. Cuando es esta idea de una norma y de una ortodoxia del arte lo que los museos pretenden insuflar en el público. Esta es una idea falsa y nociva.
Jean Dubuffet, «Bâtons rompus», Paris, Les éditions de minuit, 1986, pp 27-28
(textos traducidos por el autor del blog)
El artista mostraba su desazón cuando recogía los frutos de una publicidad que siempre adora a los enfants terribles del mercado del Arte. Sus cambios de estilo y sus sonados experimentos a lo largo de su carrera acaparaban la atención de… ¡los cenáculos de los estetas!
Q.- ¿No se beneficia usted mismo de la publicidad y de la acción de los museos?
R.- De alguna forma esto me fastidia Por otro lado, no me parece mal que mis posturas anti-culturales (y anti-publicitarias) se propaguen gracias a la publicidad
(…)
Me parece imposible que el público no acabe harto del adoctrinamiento que le imponen las instituciones culturales. Llegarán los buenos tiempos en que retornará la verdadera creación, oscura y modesta, y pululante; entonces se difundirá lo que podría ser llamado a buen título un gusto del arte, que será una cosa muy distinta del gusto del arte que pretenden imponer los museos
Op.cit. pp. 29-30
Si le he tomado como paradigma del narcisismo de los artistas (aunque conozco a alguno que huye como de la peste de los foros y las ferias donde se les promociona) es por respuestas como la siguiente:
Q.- ¿Hay en los trabajos de otros artistas -de renombre u otros- obras que le atraigan profundamente?
R.- Tengo que reconocer que no hay ninguna. No se puede reprochar a quien se dedica él mismo a las producciones de arte que nada de lo que hacen otros le contente plenamente. Es lógico. Si continúa con su dedicación, es justamente porque las de los demás no le satisfacen.
Op.cit. p.44
El descontento ante toda obra ajena como motor para la producción de la propia no deja de ser una actitud algo rebuscada y narcisista.

Dubuffet en su taller. Exposición IVAM
Q.- ¿Su postura que había sido, inicialmente, la de apartarse de los cenáculos de los estetas y de destinar sus trabajos al hombre común, parece haber cambiado a medida que sus obras se han introducido en el circuito de las galerías y han sido objeto de exposiciones en los museos. Acaso el hombre común le ha decepcionado y ha revisado usted su opinión sobre los estetas?
R.- (…) He cesado de oponerme, como era mi postura hacerlo al principio, a que mis obras, que rechazan las normas culturales, sean sin embargo presentadas en lugares tales como galerías y museos que, en mi deseo de difundir mis puntos de vista y de conseguir que se compartan, me parecen ser un eficaz vehículo. Queda sin embargo que la presencia en los museos de obras que son justamente portadoras de la contestación (de estos lugares) a mí mismo me ha siempre incomodado un poco.
Op.cit. pp.59-60

El mismo Dubuffet tuvo gran empeño en que los catálogos de su obra completa se conservasen. Se encuentran a la venta en la Fundación que el mismo artista creó en vida. Provocador, si es que no pedante, advierte de que sus obras son acordes con sus aspiraciones creativas si generan rechazo, que la aprobación del público no le alegra.
Q.- ¿ Qué siente al presentarse en público sus trabajos, cuando al mismo tiempo les reviste de posturas así de subjetivas?
R.- (…) Si hay aprobaciones, en vez de alegrarme deduzco que las obras mostradas no responden, como era mi deseo, a criterios verdaderamente bien diferentes a los criterios habituales. Que no he conseguido liberarme de esos tan completamente como deseaba hacerlo. Si -por el contrario- hay rechazo y repudio -incluso, como a menudo en el pasado burla e insultos-, me siento en esto reconfortado, aunque al mismo tiempo sienta amargura por el público desprecio.
Op-cit. p 88

Exposición Jean Dubuffet, IVAM. Foto R.Puig
Es dura la vida del artista, incluso si triunfa, pero sobre todo se convierte en un calvario post mortem cuando te siguen celebrando y ese público viciado por la cultura frecuenta tus exposiciones, viaja a París o a Perigny sur Yerres (recomiendo encarecidamente esa visita) y lee tus libros. Definitivamente, como el mismo Jean Dubuffet escribía (precisamente en 1968) ¡qué asfixiante es la cultura! Nuestro artista sigue teniendo motivos para revolverse en su tumba.
Nota bene : la expresión art brut se puede traducir a mi modo de ver con varias de las acepciones que encierra. La de arte brutal o bárbaro que parece privilegiar el IVAM en el enunciado de su exposición, la de arte en bruto si nos referimos a la obra de quienes son ajenos a una vocación o proyecto artísticos, como los enfermos mentales, los niños o quienes emborronan o hacen incisiones sobre muros públicos, etc. En la concepción de Dubuffet también ciertas superficies rocosas, pedregosas o terreas de la naturaleza pueden ser un arte en bruto inanimado. A veces, la fontera entre art brut y objet trouvé no sería claramente distinguible. Por ejemplo : unas butacas viejas y rotas con la tapicería destrozada y los muelles y el serrín fuera, si trasladadas a una galería de arte y expuestas al público serían Arte (según decía Marcel Duchampo no sin ironía), a la vez bruto y encontrado.
La feria de Ondara

En la Feria de Ondara. Foto R.Puig
Para Demetrio E.Brisset
En un libro fruto de muchos años de investigación titulado La rebeldía festiva, Historias de fiestas ibéricas (*) su autor, Demetrio-E.Brisset catedrático emérito de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Málaga, al que dedico esta modesta crónica, describe, analiza y clasifica cuarenta y un fenómenos festivos españoles (los de Portugal no se incluyen en la investigación) de doce tipos diferentes, agrupados en cuatro categorías que van desde lo puramente profano, a lo patronal, pasando por lo religioso y lo híbrido. Evidentemente el autor no puede tratar las alrededor de las 13.000 fiestas públicas que, como dice, cada año se celebran en España.
Uno de esos miles de festejos populares es la Feria de noviembre en Ondara, de la que he sido testigo este año, conjunto de feria de muestras, feria de ganado, feria de comercio local, feria gastronómica, feria de artesanía y verbena, durante dos semanas y tres fines de semana. No es una fiesta religiosa (la de la patrona Virgen de la Soledad es en julio), pero goza de una tradición que, según reza una lista del ayuntamiento, se remonta al año 1690.

En la Feria (gastronomía) de Ondara. Foto R.Puig
Aunque el texto que les voy a citar a continuación se refiere a la festividad patronal de julio, vale la pena traerlo a colación para destacar el importante atractivo que tenían las fiestas de Ondara nada menos en en 1813.
A la sazón se desarrollaba la guerra del francés contra el ejército napoleónico, ocupante de varias plazas de la región valenciana. Entre ellas destacaba Denia por ser puerto de mar y tener un importante bastión, su castillo, sobre el imponente promontorio rocoso frente al mar, en el que se habían atrincherado los que despectivamente los españoles bajo la ocupación napoleónica llamaban gabachos.
Un cura local, Mosén Francisco Palau Diego, seguía los acontecimientos y escribía su crónica. La tituló El llobarro («La lubina»). El texto es ameno y lleno de detalles de la vida local dianense durante la Guerra de Independencia. Desde su mismo título se anticipan las observaciones irónicas, por ejemplo sobre el asedio de los guerrilleros locales, que cifra en unos 3.000 (**). Es así que cuando tropas españolas e inglesas están a punto de desembarcar el 24 de julio de 1813 para dar el asalto a la plaza ocupada por los franceses, el día 26 de julio comenta :
Nada, los guerrilleros de Jávea y Ondara en fiestas
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citado por Javier Calvo Puig (ver referencias más abajo)
Más tarde, el día 28 de octubre, cuando ya estaba rodeada Dénia por el ejército español, con ocasión de la Feria de Ondara propiamente dicha, se interrumpió el asedio y no hubo ni un tiro. En este caso, porque todos los oficiales españoles se fueron a la Feria de Ondara, como me ha señalado mi amigo Pere Cardona, quien investiga la historia de la comarca dianense desde hace décadas y fue quien me habló por primera vez del libro de Mosén Palau
Será o no verdad, pero cuentan que durante aquellos acontecimientos los habitantes de Denia tenían más miedo a los voluntariosos guerrilleros españoles que a los ocupantes franceses.
En cualquier caso hay celebraciones populares que Demetrio-E.Brisset podría englobar en su libro como «rebeldía suspendida por motivos festivos». La próxima vez que nos veamos lo someteré a su consideración.
Lo que es claro es que entre los objetivos de las fiestas populares está en primer lugar la diversión

En la verbena de Ondara. Foto R.Puig
pero también el consumo,

Ondara, XXXIV Feria de Muestras y de Compras. Foto R.Puig
por ejemplo para comprar un asno o un cabritillo

Ondara, Feria de ganado. ¡Vengan y vean! Foto R.Puig
y alimentarse sanamente…

Gastronomía ibérica en la feria de Ondara. Foto R.Puig
Luego, bien nutridos ¡a la siesta!

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Habría mucho que contar, pero no he tenido tiempo para realizar algunas entrevistas y no por falta de ganas; quizás el año que viene. Mientras tanto habrá que cuidarse un poco pues el repertorio de los males que nos acechan es interminable. Aunque, ya saben, si les preocupan unas nacientes varices, se les cae el cabello o padecen de insomnio ¡en la feria de noviembre de Ondara les venden el remedio!
Pero no me atreveré a que me echen las cartas del Tarot, ni a consumir demasiados dulces, pero les pediré a los Reyes Magos, que ya han iniciado el viaje anual en sus camellos, que me traigan la mejor medicina : muchas horas de jugar en familia con mis nietos…

Los Reyes Magos ya están en camino. Foto R.Puig
Referencias
(*) Demetrio-E.Brisset, La rebeldía festiva, Historias de fiestas ibéricas, Editorial Luces de Galibo, Gerona, 2009, 485 páginas
(**) Francisco Palau Diego, El llobarro, Editorial Marina Alta, Pedreguer 1983. Me habló por primera vez de El Llobarro mi amigo Pere Cardona.
La cita de la crónica de Mosén Palau las he extraído de la página 65 de una concienzuda tesis de 1450 páginas que se puede descargar del Repositorio de la Universidad de Alicante (RUA) en su sección de Tesis Doctorales.

Moraleja
En estos tiempos de fraudes doctorales, lo que es siempre grave pero lo es más cuando los cometen personajes públicos que presiden o gobiernan instituciones del Estado, así como las universidades y los tribunales de tesis que les amparan, que tanto daño están haciendo a la Educación Superior en España, es de justicia saludar la seriedad, esfuerzo y dedicación de los investigadores universitarios que han trabajado sus tesis doctorales con honestidad y saber hacer.
Quisicosa

Calle Quevedo. El Verger. Foto R.Puig
Dedicado a mi amigo Pere Cardona, vecino de El Verger
¿Cuáles son los motivos para bautizar una calle con el nombre de alguna personalidad?
Pensaba yo hasta ahora que se trata de un homenaje a alguien que lo ha merecido especialmente, hasta que durante un paseo por Vergel (El Verger en valenciano), pasé por una calle que hace esquina con la Calle de les Hortes (o sea de las huertas).
Es sabido que Francisco de Quevedo (1580-1645), tras una azarosa vida que incluyó destierros y cárcel, impregnó los sonetos de su vejez de emociones y reflexiones ante la cercanía de la muerte.
Hasta el punto de expresar…
Arrepentimiento y lágrimas debidas al engaño de la vida
.
Huye sin percibirse, lento el día,
y la hora secreta y recatada
con silencio se acerca, y, despreciada,
lleva tras sí la edad lozana mía.
.
La vida nueva, que en niñez ardía,
la juventud robusta y engañada,
en el postrer invierno sepultada
yace entre negra sombra y nieve fría.
.
No sentí resbalar mudos los años;
hoy los lloro pasados, y los veo
riendo de mis lágrimas y daños.
.
Mi penitencia deba a mi deseo,
pues me deben la vida mis engaños,
y espero el mal que paso, y no le creo.
.
Don Francisco de Quevedo Villegas y Santibáñez
«Poemas metafísicos», nº 6, en Poesía lírica del Siglo de Oro (edición de Elías L.Rivers), Colección Letras Hispánicas, Cátedra, Madrid 1988, pp. 315-316)
Pero no pensé que tuviese que ser recluido en una triste y oscura calle sin salida para seguir purgando sus engaños.

Calle Quevedo, Vergel (Alicante). Foto R.Puig
Destaquemos que, muy cerca, Mariano Benlliure tiene con todo merecimiento una calle luminosa y abierta al campo y a la montaña tutelar del Segaria. Calle tiene también el Marqués de Estella (1877-1921), o sea Fernando Primo de Rivera y Sobremonte, primer posesor de ese título (otorgado por Alfonso XII) y tío abuelo del fundador de la Falange.
Hizo méritos como militar en la III Guerra Carlista, tomando la ciudad de Estella en 1877, lo que le valió el marquesado. Fue Gobernador de Filipinas y Ministro de la Guerra con Antonio Maura y Eduardo Dato. No conozco cuál fuese su relación con El Verger, salvo que durante las guerras carlistas anduviese por aquí combatiendo a las partidas carlistas que no faltaban en la provincia de Alicante.

Eduardo Sáenz Hermúa, Marqués de Estella, Blanco y Negro,1897, Wikimedia Commons
Pero volviendo a Don Francisco de Quevedo y a su modesta calle de Vergel, siento decir que este que supongo quiso ser un homenaje, más que serlo parece un destierro, como si nuestro poeta no hubiera tenido bastante con los dos que le tocaron en su ajetreada vida.
Así que me siento obligado a manifestar que:
Ni carrer, ni carrerá, ni carreró,
el que a Francisco de Quevedo
al Verger li han deixat
és tal només un cul-de-sac
.
Propongo en desagravio lo siguiente:
- Se organice un certamen de poesía en su honor.
- Se le ofrezca una mejor ubicación.
- O que, al menos, se arreglen y pinten los muros del callejón.

Carrer Quevedo. El Verger. Foto R.Puig
De la luna, la nubes y la mareas

La luna en el mar riela. Foto R.Puig
Omnia plenilunio maria purgantur (…) hoc esse quod terras saturet accedensque corpora impleat, abscedens inaniat. ideo cum incremento eius augeri conchylia et maxime spiritum sentire quibus sanguis non sit, sed et sanguinem, hominum etiam, cum lumine eius augeri ac minui…
Con el plenilunio todos los mares se depuran (…) ; es decir que cuando (la luna) se aproxima satura la tierra y llena los cuerpos y cuando se retira los vacía. Por ello los moluscos crecen cuando ella crece y sobre todo se siente que la sangre aumenta o disminuye en proporción a su luz…
Plinio el Viejo, Historia Natural, II cii 220…221
Hace unos días tuvimos plenilunio a la orilla del mar y la marea subió. Las creencias, los mitos y las supersticiones en torno a la influencia de las fases de la luna son innumerables. Ya Plinio el Viejo (23 – 79 d.C.) se ocupó de estas cuestión en su Historia Natural y no seré yo quien le desmienta, cuando además…
Tiberius item et in capillo tondendo servavit interlunia
Tiberio para cortarse el pelo atendía a los cambios de la luna…
Plinio el Viejo, Historia Natural, XVI, lxxv, 194
Desde entonces el prestigio de luna como poderosa influencer no ha dejado de crecer a través de los siglos.
Sus poderes son innumerables. Según el Malleus maleficarum («El martillo de las brujas», Alemania, 1486)…
Las estrellas influyen en los diablos. (Prueba de ello es que) ciertas personas a las que se denomina Lunáticas son molestadas por los demonios más en unos tiempos que en otros; los diablos les acosarían continuamente si no fuese porque ellos (los demonios) también están profundamente condicionados por ciertas fases de la Luna
Podría seguir comentando sobre estas cosas que no existen, aunque, como dicen en Galicia, haberlas haylas, pero me remito a un interesante Diccionario de Supersticiones que se lee como una colección de historietas y podría servir para innumerables guiones: Iona Opie and Moira Tatem (Eds), A Dictionary of Superstitions, Oxford University Press, 1989 494 pags.
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La luna y sus acosadoras
Por mi parte, lo que si sé y puedo probar con fotos es que las nubes sienten celos de la luna y a menudo le hacen la vida imposible…

La luna acosada por las nubes. Foto R.Puig

La luna trata de sacudirse las nubes. Foto R.Puig

Nube que quiere comerse a la luna. Foto R.Puig

¡Puñetera nube! Foto R.Puig
Es una batalla silenciosa que se prolonga sobre nuestras cabezas sin que le prestemos la atención que merece (salvo que seamos uno de esos lunáticos).
No siempre lo consigue, pero esta vez la luna se ha zafado de la nube y seguirá reinando en la bóveda de la noche

La luna se abre paso. Foto R.Puig
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Pero no se lo creerán, hay nubes especialmente malévolas que se empeñan en oscurecer el blanco rostro de nuestra vecina. Este drama se repite una y otra vez en el transcurso de la noche

Luna de luto en noviembre. Foto R.Puig

Luna de medio luto. Foto R.Puig

Los velos se disipan. Foto R.Puig

Mejor. Foto R.Puig

¡Esta es mi luna! Foto R.Puig
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Marea
No obstante… ¡no es plata todo lo que en el cielo reluce!
El mayor lunático de todos es el mar. Ese sí que se hincha bajo la luna, como se sabe desde tiempo inmemorial.
Y hay mareas que nunca se olvidan, hay golpes del mar soliviantado por la luna que no se olvidan, como aquella acqua granda en Venecia el 4 de noviembre de 1966. Estudiaba yo por entonces en Italia. Las lluvias fueron también intensas. El Arno inundó Florencia y en las vacaciones de Navidad allá fuimos centenares de estudiantes, a desembarazar del barro y los detritos los sótanos de Florencia, calzados con botas de caucho y armados de palas.
En Venecia las aguas del Adriático ascendieron casi 1,94 m. sobre el nivel habitual.

«Acqua granda». Venecia. 4 de noviembre 1966. Foto de dominio público
Lo he recordado cuando ahora mismo se repite esa tragedia que ensombrece una y otra vez la vida de los 50.000 vecinos de Venecia, mientras grotescamente (lo hemos visto en la televisión) parece divertir mucho a no pocos de los inconscientes turistas (36 millones anuales) que se hacen selfies. Ellos no tendrán que limpiar sótanos, casas, templos y muchos otros edificios de la ciudad cuando el agua se retire.

Acqua granda. Venecia. 4 de noviembre 1966. Dominio público
Porque como un veneciano declaraba antes de ayer ante las cámaras, lo más duro es la depresión que les queda a los vecinos cuando el nivel de la inundación baja y se enfrentan a los daños.
Pero es que, además, los habitantes de Venecia saben que la sal del mar que inexorablemente afecta a los millones de pilastras de madera que sustentan sus edificios sigue carcomiendo sus fundamentos.
Mientras tanto el proyecto de la gran barrera, que desde hace quince años se proclama que salvaguardará Venecia, sigue engullendo miles de millones de euros en un laberinto de ineficacia, sin que se atisbe una conclusión cierta.

Canaletto. La piazza San Marco. National Gallery, Washington

















