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Campana sobre campana

22 diciembre, 2019
Catedral de Gotemburgo. Belén navideño. El Niño. Foto R.Puig

Catedral de Gotemburgo. Belén navideño. El Niño. Foto R.Puig

Hay tonadillas que se quedan para siempre, sin que nunca nos hayamos preocupado por entender su lógica. Así son los villancicos que oímos desde no recordamos cuándo. Los hemos cantado rodeados de la familia o en el colegio. Los hemos tarareado casi sin darnos cuenta bajo la ducha, o escuchado por la radio, cuando la televisión ni siquiera se nos había pasado por la cabeza.

¿Cuál era esa campana sobre campana? ¿Nos asomamos alguna vez y vimos a un niño en la cuna? ¿Vimos a algún ángel de Belén jalar de los badajos para golpear el bronce de alguna lejana torre? ¿Qué nuevas nos trajeron? ¿Qué fue de ellas? ¿Se fueron y no hubo nada?

¡Campana sobre campana, y sobre campana una! ¡asómate a la ventana, verás al Niño en la cuna!

¡Belén, campanas de Belén que los ángeles tocan! ¿qué nuevas me traéis?

Recogido tu rebaño ¿adónde vas pastorcillo? ¡Voy a llevar al portal requesón, manteca y vino!

¡Belén, campanas de Belén que los ángeles tocan! ¿qué nuevas me traéis?

¡Campana sobre campana, y sobre campana dos, asómate a la ventana, porque está naciendo Dios!

¡Belén, campanas de Belén que los ángeles tocan! ¿qué nuevas me traéis?

¿Caminando a media noche dónde caminas pastor? ¡Le llevo al niño que nace, como a Dios, mí corazón!

¡Belén, campanas de Belén que los ángeles tocan! ¿qué nuevas me traéis?

Catedral de Gotemburgo. Belén navideño.Foto R.Puig

Catedral de Gotemburgo. Nacimiento artesanal. Foto R.Puig

Hace unos días me senté en un banco de la catedral de Gotemburgo, es un lugar tranquilo, muy adecuado para descansar después de un largo paseo. Me quedé más tiempo del previsto para escuchar a los músicos que ensayaban para su concierto del fin de semana.

Catedral de Gotemburgo el otro día. Foto R.Puig

Catedral de Gotemburgo el otro día. Foto R.Puig

Mientras llegaban, destapaban el piano, afinaban la flauta o templaban el violín, tenía ante mí alineados los libros de salmos que los fieles abren en sus misas para cantar al unísono. Muchos de esos textos los asistentes los conocen de memoria, como nuestros villancicos, pero con esa otra lógica del salterio, la de las cantatas bíblicas de la música barroca. Ya has comprendido lector que estamos en una catedral de la Iglesia Luterana Sueca.

Catedral de Gotemburgo. Altar mayor. Foto R.Puig

Catedral de Gotemburgo. Altar mayor. Foto R.Puig

Observaba yo, mientras esperaba que los instrumentos músicos sonasen, esos otros dorados instrumentos de la pasión, de los cuales la cruz sin Cristo, su corona de espinas y el sudario que de ella cuelga quieren ser símbolos de la Resurrección. A sus pies unos ángeles arrodillados, herederos de los de Bernini, como los de una iglesia católica de Roma.

Bernini, ángel con los instrumentos de la pasiòn. Sant Andrea delle Fratre. Roma. Foto R.Puig

Bernini, ángel con los instrumentos de la pasiòn. Sant’Andrea delle Fratre. Roma. Foto R.Puig

Y pensaba yo en las batallas de los iconoclastas por limpiar de imágenes los templos, en cuánto muerto sobre muerto produjeron las guerras de religión en Europa, cuando lo de quitar o poner imágenes fue una pugna cruenta. ¡Para que al fin y a la postre los ángeles sigan ahí como símbolos de lo que no somos!

¡Y las campanas, claro, las campanas! Sobre las campanas siempre se estuvo de acuerdo, al menos en la Cristiandad. Desde tiempo inmemorial han servido para congregar a los fieles, sean de la confesión que sean. La catedral de Gotemburgo, que data de cuando los alemanes y holandeses fundaron la ciudad en 1621 y construyeron un primer templo, ostenta el récord de Suecia con las más de quince toneladas de bronce instaladas en su torre.

Convocados por las pacíficas campanas, que ya no repican para los autos de fe, volvamos a asomarnos para ver al Niño en la cuna, en el belén de la Göteborgs Domkyrka.

 

Catedral de Gotemburgo. Belén navideño. Detalle. Foto R.Puig

Es un sencillo trabajo artesanal, modelado y pintado a mano, que mantiene la misma tradición de la belenística católica. Ello incluye el buey y la mula, que se supone calentaban el ambiente, pues el papá y la mamá, a pesar de estar bien abrigados han dejado al Niño en pañales. Siempre se ha dicho que eran un buey (no una vaca) y una mula (no un asno). ¡Cosas de una memoria colectiva que proceden de la imaginación de los primeros cristianos! No obstante, pudiera ser que un día quiten al buey de nuestros nacimientos, por aquello de sus nocivas emisiones de metano que contribuyen al efecto invernadero.

En todo caso este belén de Gotemburgo de ingenua hechura gusta a los niños y a los mayores. Además, se cansan los pies de caminar por la ciudad, y se crea lo que se crea, siempre se puede descansar en silencio en uno de los bancos de su acogedora catedral.

Allá fuera, cuando anoche

Anochecer invernal en Gotemburgo Foto R.Puig

Anochecer invernal en Gotemburgo Foto R.Puig

triunfan las luminarias

Luminarias navideñas en Gotemburgo. Foto R. Puig

Luminarias navideñas en Gotemburgo. Foto R. Puig

¡Felices Navidad!

¡God Jul!

 

2 comentarios leave one →
  1. Bernardo permalink
    26 diciembre, 2019 14:50

    Mis recuerdos de niño no son de villancicos sino de armar el Nacimiento con todos nuestros juguetes viejos y visitar los Nacimientos de las iglesias, no tanto de cantar villancicos.

  2. 26 diciembre, 2019 18:09

    Coincidimos Bernardo en todo lo que tú hacías, pues también era así en mi niñez, pero además se cantaban los villancicos y teníamos panderetas para el acompañamiento.

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