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Grimbergen y Bruselas. La exaltación barroca y el paso de la Historia. En ruta hacia Suecia (V)

27 agosto, 2017
Iglesia abacial de Grimbergen. 1620 a 1725. Foto R.Puig

Iglesia Abacial de Sint Servatius. Grimbergen. 1620 a 1725. Foto R.Puig

En la penúltima etapa del retorno veraniego a Gotemburgo, me detuve en Grimbergen. No hay más que dos sitios de camping en torno a Bruselas y este se sitúa a 50 minutos de autobús interurbano de la estación del Norte de la capital de Bélgica. Naturalmente hay que llegar temprano, pues al anochecer ya estaba de bote en bote.

Grimbergen tiene una plaza mayor escondida y tranquila, presidida por una de las iglesias barrocas más destacadas de Bélgica. Sint Servatius se empezó a edificar en 1620 como templo de una antigua abadía de canónigos premostratenses que data de la primera mitad del siglo XII. Cuando se iniciaba su construcción Flandes estaba bajo la corona de España. Cuando se termina la obra en 1725 había pasado a dominio austriaco. En todo caso Filip Van Berghen, gobernador de Bruselas, murió antes, en 1704, y fue enterrado en esta iglesia con todos los honores.

Filip Van Berghen sobre su tumba. Príncipe de Grimbergen. Foto R.Puig

Filip Van Berghen sobre su tumba. Príncipe de Grimbergen. Foto R.Puig

Pero lo más significativo de este monumento barroco, después de sus arquitectura, es a mi juicio el conjunto de sus tallas de madera. Ya hemos tratado en este blog de la iconografía de la santidad cristiana en fisionomías orientadas al cielo  o en los mártires adornados del instrumento de su martirio.

Durante el barroco y como resultado de las directivas de Trento los protagonistas de la vida monacal y de las órdenes religiosas se multiplican en pinturas y en tallas de las iglesias católicas.

La sillería del coro de Grimbergen

Sillería del coro. La santidad del martir. . Grimbergen. Foto R.Puig

Sillería del coro. La santidad del martir.  Grimbergen. Foto R.Puig

Este es el caso de los principales santos varones venerados por la Orden de los Canónigos Premostratenses tallados por maestros del bajorrelieve en madera de los talleres de Amberes.

El símbolo de la santidad suele ser el nimbo en sus diversas formas aunque el complemento del arma homicida indica que el santo ha alcanzado su santificación por la vía rápida del martirio. Si bien la palma del martirio en la mano puede a veces bastar. En cuyo caso el bonete podría prevalecer sobre la aureola

Sillería del coro. Grimbergen. Foto R.Puig

Sillería del coro. Grimbergen. Foto R.Puig

Para Grimbergen se tallaron varios nimbos de tipo radiante como el del canónigo a la derecha de la imagen anterior o este de San Norberto (circa 1080 – 1134), fundador de la Orden Premonstratense.

Sillería del coro. La santidad irradia. Grimbergen. Foto R.Puig

Sillería del coro. La santidad irradia. Grimbergen. Foto R.Puig

Rayos aguzados, o también en apretado abanico, para simbolizar quizás la densidad de la sabiduría que caracteriza a un varón llamado a tareas de gobierno de su orden.

Sillería del coro. La luz del santo sabio.. Grimbergen. Foto R.Puig

Sillería del coro. La luz del santo sabio.. Grimbergen. Foto R.Puig

Los párpados cerrados son una variante que añade el aditamento de la profunda meditación. Se complementa en este caso con el símbolo de un corazón traspasado de dolores. Los sacrificios y la penitencia o la aceptación silenciosa y humilde de los males físicos o de las ofensas es también parte del via crucis del cristiano.

Sillería del coro. La santidad luminosa. Grimbergen. Foto R.Puig

Sillería del coro. La santidad luminosa. Grimbergen. Foto R.Puig

Goethe en su novela Las afinidades electivas (Die Wahlverwandtschafen), a propósito de una colección de imágenes antiguas de un joven arquitecto escribe lo siguiente:

De todas aquellas figuras sólo se desprendía la esencia más pura, de todas se podía decir que eran cuanto menos buenas, si no nobles. Un sereno recogimiento, la aceptación gustosa de un ser supremo, la entrega callada al amor y la esperanza se reflejaba en todos los rostros y en todos los gestos.

Traducción de Helena Cortés Gabaudan, Alianza Editorial, Madrid 2008, pág. 178

La idea que, más de cien años después de la talla de estos rostros, así formula Goethe  no rompe la continuidad estética entre los escultores de Amberes y el escritor romántico, aunque ya no incorpore el toque de severidad de la pose eclesiástica tridentina. Las miradas al cielo, correspondidas desde lo alto, tampoco desentonan con un espíritu romántico avant la lettre, aunque en 1809 el amor divino se haya desplazado hacia otros amores y de las afinidades trascendentes los autores románticos se hayan deslizado hacia las inmanentes.

Naturalmente no faltan los nimbos en forma de aureola simple…

Sillería del coro. El halo de la santidad. Grimbergen. Foto R.Puig

Sillería del coro. La aureola de la santidad. Grimbergen. Foto R.Puig

Sillería del coro. El halo de la santidad. Grimbergen. Foto R.Puig

Sillería del coro. El halo de la santidad. Grimbergen. Foto R.Puig

o con rayos luminosos incluidos

Sillería del coro. El halo más los rayos de la santidad. Grimbergen. Foto R.Puig

Sillería del coro. La aureola más los rayos de la santidad. Grimbergen. Foto R.Puig

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Los confesionarios

Aquí nos encontramos con otra tradición de los templos flamencos que encontramos incluso en Suecia, adonde los artistas de Flandes exportaban sus bajorrelieves y sus retablos de altar (como ilustraremos otro día). En las tallas de confesionarios como los de Grimbergen se entreveran las figuras simbólicas femeninas con las de las virtudes u otras de sentido penitencial, las de los santos del tiempo apostólico y de los Padres de la Iglesia.

Estas tallas son de Hendrik Frans Verbrugghen (Amberes 1654 – 1724) y fueron realizadas en 1718.

Confesionario de "Dios el Padre". Grimbergen. Foto R.Puig

Confesionario “de Dios el Padre”. Grimbergen. Foto R.Puig

El confesionario llamado “de Dios Padre” recibe este nombre del  tondo central con el relieve del Padre Eterno. Entre sus esculturas femeninas de tamaño natural destaca la de Santa María Magdalena con la cruz en los brazos y el vaso de perfume a los pies. La precede la Fortaleza y le siguen el Hijo Pródigo (con un jabalí a sus pies). Al final, a la derecha, la Mansedumbre.

Confesionario Dios el Padre. La mansedumbre. Grimbergen. Foto R.Puig

Confesionario “de Dios el Padre”. La Mansedumbre. Grimbergen. Foto R.Puig

Ilustro aquí otro de los cuatro confesionarios. El nombre que se le ha dado lo traduciría libremente como Nuestra Señora del Amor Hermoso (Onze Lieve Vrouw) o más literalmente como Nuestra Dulce Señora, título que alude al bajorrelieve de su tondo central.

Confesionario de Nuestra Dulce Señora. Grimbergen. Foto R.Puig

Confesionario “de Nuestra Dulce Señora”. Grimbergen. Foto R.Puig

De izquierda a derecha aparecen la Inocencia (una ingenua doncella), San Pedro (con la cruz al revés, la llave y el gallo), San Jerónimo (con el león del desierto a sus pies y golpeando su pecho con una piedra) y la Amargura (una anciana estéril que porta en su mano izquierda un flagelo y a sus pies una garza).

Confesionario de Nuestra Dulce Señora. La Amargura. Grimbergen. Foto R.Puig

Confesionario de Nuestra Dulce Señora. La Amargura. Grimbergen. Foto R.Puig

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Mayores amarguras

Memorial de las víctimas de Dutroux. Rik Poot. Grimbergen. Foto R.Puig

Memorial de las víctimas de Dutroux. Rik Poot. Grimbergen. Foto R.Puig

En la plaza, al costado de la iglesia, hay otra estatua que representa amarguras mucho mayores. Es un pequeño monumento en bronce, memorial contra el olvido de las seis niñas y adolescentes víctimas de abusos sexuales del pederasta Marc Dutroux entre 1995 y 1996, a las que torturó y finalmente asesinó.

Memorial de las víctimas de Dutroux. Rik Poot. Grimbergen. Foto R.Puig

Memorial de las víctimas de Dutroux. Rik Poot. Grimbergen. Foto R.Puig

Esas amarguras no son simbólicas.

Pías vanidades 

Los premonstratenses no olvidaron dejar su “árbol genealógico”, a modo de un árbol de Jesé cuyo ADN se supone que es sólo espiritual, en un grabado que se puede ver (con lupa) en esta Iglesia Abacial.

El árbol genealógico de los Premonstratenses. Grimbergen. Foto R.Puig

El árbol genealógico de los Premonstratenses. Grimbergen. Foto R.Puig

Árbol genealógico de los Premonstratenses. San Norberto en la base. Grimbergen. Foto R.Puig

Árbol genealógico de los Premonstratenses que brota de San Norberto. Grimbergen. Foto R.Puig

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Me despido de este suntuoso templo, que diseñó un arquitecto de la propia orden premonstratense, Gilbertus van Zinnik, y de sus pompas y sus glorias, no sin levantar mi mirada a las alturas de su extraordinario transepto.

Transepto de la Iglesia Abacial de Sint Servatius.Grimbergen. Foto R.Puig

Transepto de la Iglesia Abacial de Sint Servatius.Grimbergen. Foto R.Puig

El día anterior había visto yo una imagen parecida en Bruselas, en la exposición al aire libre del Parc Royal de la colección de los clichés de los fotógrafos de guerra alemanes durante la ocupación de Bélgica entre 1917 y 1918, que el Instituto Real del Patrimonio Artístico recuperó. (Todas las fotos que a continuación muestro son del IRPA y las he tomado de los murales de la exposición Los clichés alemanes, 1917-1918)

El transepto de la Catedral de Nuestra Señora en Amberes. Theodor von Lupke 1917.

El transepto de la Catedral de Nuestra Señora en Amberes. Theodor von Lupke 1917.

En realidad la del fotógrafo alemán es apabullante. Tenían las cámaras y las ópticas más avanzadas de la época para captar todos los monumentos, edificios y obras de arte del país invadido.

La recolección fotográfica del ocupante se constituyó con una intencionalidad política espuria y sesgada, para captarse la benevolencia de los historiadores del arte belgas y arrimar el ascua a su sardina pangermánica; es decir: tratar de encontrar el máximo posible de influencia teutónica en el arte y en la arquitectura belga. Cuando, si se mira bien, en la historia del arte las influencias discurrieron en gran medida en sentido contrario, en especial a partir de fines de la Baja Edad Media. Pero su valor es grande, desde un punto de vista fotográfico y como documentación histórica.

No sólo captaron lo que estaba en pie, sino también lo que habían bárbaramente destruido.

La biblioteca de Lovaina quemada por el ejército alemán en 1914. Foto de Richard Hamman 1918.

La biblioteca de Lovaina quemada por el ejército alemán en 1914. Foto de Richard Hamman 1918.

Esta foto se tomó para decir con absoluto cinismo que la biblioteca de la Universidad de Lovaina aún podría reconstruirse. Toda su extraordinaria colección de manuscritos, incunables y libros irrecuperables la habían quemado a propósito el 29 de agosto de 1914, junto con la rica arquitectura y decoración barroca interior

Así era también el castillo Prinsenhof de Grimbergen en 1918

Castillo Prinsenhof. Grimbergen. 1917

Castillo Prinsenhof. Grimbergen. Foto de Paul Becker 1917-18

Así quedó tras su voladura por el ejército alemán, que lo había utilizado como depósito de municiones, en su retirada al final de la Segunda Guerra Mundial.

Castillo Prinsenhof. Grimbergen. Ruinas

Castillo Prinsenhof. Grimbergen. Ruinas

El Palacio Granvela de Bruselas no lo destruyeron los alemanes…

Palacio Granvela. Bruselas. Foto Theodor von Lüpke. 1918.

Palacio Granvela. Bruselas. Foto Theodor von Lüpke. 1918.

Esta palacio de 1550 en estilo renacentista italiano lo demolió el gobierno belga en 1931 y lo reemplazó en 1954 – 1958 con la Galería Ravenstein, edificio clasificado en el 2009.

Con el tiempo, este tipo de sustituciones (precedidas de demoliciones) dieron origen al término bruselización para designar una tendencia urbanística que ha afectado durante décadas al casco histórico y a la arquitectura del centro de Bruselas.

Aquí estuvo el palacio Granvela de Bruselas

Aquí estuvo el palacio Granvela de Bruselas

Pero hay una foto magnífica que el fotógrafo militar alemán tomó de Tournai y de su catedral desde la torre de la iglesia de Saint Brice que, por lo que sé, podría seguir tomándose sin que se apreciasen demasiadas desapariciones.

Catedral y centro de Tournai. Theodor von Lüpke 1918

Catedral y centro de Tournai. Theodor von Lüpke 1918

En esta exposición he descubierto además que durante el periodo aciago de carestía de alimentos que, desde fines de 1914 hasta la derrota de Alemania, padeció la población belga, a causa de la suspensión por el ejército ocupante del aprovisionamiento de la población civil, funcionó un Comité Nacional de Socorro Alimentario…

Sede del Comité de Socorro Alimentario en Gante. Foto anónima. 1917-18.

Sede del Comité de Socorro Alimentario en Gante. Foto anónima. 1917-18.

y que, enmarcado en este Comité, funcionó un Comité Hispano Neerlandés para la Protección del Avituallamiento.

Comité Hispano Neerlandés para la Protección del Avituallamiento

Comité Hispano Neerlandés para la Protección del Avituallamiento

España no intervino en la Primera Guerra Mundial, pues optó por mantenerse neutral. Pero los lazos que siempre han mantenido españoles y belgas se concretizaron en esta acción solidaria.

Ahora, cuando ambos países son castigados por el mismo terrorismo fanático creo que esta solidaridad debe traducirse en toda la cooperación necesaria para combatir esta plaga, sin que se aprovechen estas tragedias para finalidades políticas estrechas.

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Enmendando un olvido

Se me han quedado en el tintero algunas imágenes de una etapa previa a la de Grimbergen y Bruselas. Después de dejar Troyes viajé desde las tierras de la Champagne para de nuevo visitar a buenos amigos belgas que viven en Barbençon y Beauraing.

Así que acabaremos con los tonos de los campos de Bélgica a finales de julio

Camino a Barbençon. Mi bólido. Foto R.Puig

Camino a Barbençon. Mi bólido. Foto R.Puig

Camino a Barbençon. Foto R.Puig

Camino a Barbençon. Foto R.Puig

Entrando en Bélgica desde Champagne. Foto R.Puig

Entrando en Bélgica desde Champagne. Foto R.Puig

Campos de Barbençon. Foto R.Puig

Campos de Barbençon. Foto R.Puig

Alrededores de Barbençon. Foto R.Puig

Alrededores de Barbençon. Foto R.Puig

Paseo campestre por Barbençon. Foto R.Puig

Paseo campestre por Barbençon. Foto R.Puig

Moras en julio en Barbençon. Foto R.Puig

Moras en julio en Barbençon. Foto R.Puig

En España recuerdo que, cuando yo era chico, recogíamos las moras a principios de setiembre… Ahora, con estos cambios del clima, no lo sé.

¿Hay alguien que me lo diga?

 

 

 

 

2 comentarios leave one →
  1. 28 agosto, 2017 17:50

    Al menos, de cuando en cuando, Ramón, no puedo dejar de insistir en agradecerte el trabajo realizado durante tus viajes y muy en especial sus frutos. Y, hablando de frutos, si no recuerdo mal, “íbamos a moras”, grandes, negras y deliciosas, tal cual o preparadas con azúcar y zumo de naranja, desde la segunda quincena de agosto y durante todo el mes de septiembre, último del largo veraneo en Corcubión, ya sabes, junto a Fisterra, na mesma Costa da Morte. El afán de alcanzar las más grandes y maduras solía llenar de rasguños mis piernas, y de sustitos a mis padres mi avanzar loco al borde de terraplenes. Un abrazo.

  2. 29 agosto, 2017 12:41

    Sí, Luisa, otra coincidencia en la nostalgia, pues seguramente por los mismos días en que tú “ibas a moras” por la costa gallega, yo lo hacía en aquellos largos veranos de Almazán (Soria), las Navas de Riofrío (Segovia), las Navas del Marqués (Ávila) o… nada menos que en Moralzarzal (Madrid).

    Precisamente en este pueblo de zarzamoras, durante aquellas vacaciones, tuve que empollar de nuevo toda la aritmética de Ingreso de Bachillerato, pues el severo Hermano Hernández S.J. me había suspendido en junio.

    En todo caso, seguro que eso no me impidió ir a por ellas, sin que importasen los arañazos en las piernas. Claro que no recuerdo que hubiese terraplenes “da Morte” tan peligrosos como los tuyos. Todo lo más alguna valla de pedruscos de granito y puede que alguna vaquilla en los prados.

    Un abrazo

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