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Elogio de la nimiedad (VI): Calcetines

7 mayo, 2017
Surgen hojas surgen flores. Foto R.Puig

Surgen hojas surgen flores. Foto R.Puig

Para mi yerno austral que ayer celebró su cumpleaños

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Mayo es el mes de las insurgencias. Aunque también podríamos hablar de surgencias. Desde mi ventana veo las ramas del árbol que alegra nuestro patio de vecindad con hojas y flores que brotan al mismo tiempo.

Con las primeras luces, entre ellas se posan dos jilgueros. No hace falta el despertador pues se hablan con sus trinos, se llaman, brincan.

La hora de los jilgueros. Foto R. Puig

La hora de los jilgueros. Foto R. Puig

Si abro con cautela la ventana puedo observarlos. Son parte de la atmósfera refrescante de los primeros días de mayo.

La hora de los jilgueros. Foto R.Puig

La hora de los jilgueros. Foto R.Puig

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Naturalmente, al comenzar el mes, por las calles de mi barrio se han escuchado otros cantos. Las flores eran banderas y las notas utopías.

Primero de mayo. Gotemburgo 2017. Foto R.Puig

Primero de mayo. Gotemburgo 2017. Foto R.Puig

Insurgencias

Pero, como decíamos al principio, mayo es un mes de insurgencias. No sólo por los orígenes legendarios de las manifestaciones del Primero de Mayo, sino también por aquella famosa representación de la revolución que fue Mayo del 68.

Más recientemente el 15M de Madrid marcó, en mayo del 2011, el inicio de los movimientos de indignados.

Pero los indignados de mi mes de mayo no han estado a esos niveles. No han tomado la calle, aunque de largos recorridos por el empedrado tengan experiencia, sino que me han sorprendido en plena calma doméstica. Quizás porque algunas lecturas están llamando mi atención más allá de los mundos humanos.

Algunas corrientes de la filosofía contemporánea exploran, además de nuestro mundo humano, otros que allende lo humano nos determinan (more than human worlds)a los que nosotros también determinamos y -¡ay!- a menudo sentenciamos.

Bueno, yo sé de alguien que me va a decir que no me pase. Pero -¡hay días, yo no sé!- hoy me ha dado por extrapolar…

Mis calcetines en formación. Foto R.Puig

Mis calcetines en formación. Foto R.Puig

Les confieso un secreto: a mis calcetines los mimo. Los lavo separadamente cada semana, sin mezclarlos con otras castas de la vestimenta, con agua templada y el detergente apropiado de ligero aroma, a mano. Me va en ello el bienestar de mis viejos pies. Se secan confortablemente ante un radiador.

Hasta hace unos días no había tenido queja. Y de repente, el levantamiento, la manifestación airada y las reivindicaciones, un lista de agravios.

El primero: ¡nos tratas peor que a tus zapatos!

Enseguida: ¡a tus zapatos les das visibilidad en el blog, a nosotros nos ignoras! ¡Es hora de que también a nosotros nos escuches! 

Y, para terminar, un pliego de reivindicaciones…

Calcetines indignados. Foto R.Puig

Calcetines indignados. Foto R.Puig

No entendía muy bien que se comparasen con todos los zapatos, yo había dialogado con un solo zapato. No tuve que enfrentarme a una marcha de zapatos. Así que esto ha sido mucho más grave. Estaban no sólo indignados, es que estaban encabritados. ¡Todo el colectivo de mis calcetines se había organizado! ¡Tanto ocuparme de ellos en grupo, que ahora ya tienen sindicato!

A la cabeza de la manifestación venían sus delegados.

Avanzadilla. Foto R.Puig

Avanzadilla. Foto R.Puig

Así pues, desplacé mi atención de los cantos de los jilgueros, de las flores y  hasta de las voces de los comités rojos que desfilaban por mi calles, para escuchar a mis sufridos obreros. Por un lado, por genuina sensibilidad social y, por otro, porque de ellos dependo para prevenir callos y juanetes.

Pido disculpas a mis lectores por descender a tales detalles. En cualquier caso podría resultarles útil mi experiencia. Para empezar, cuando un calcetín abra su boca, traten de prestarle atención.

El calcetín protesta a su modo. Foto R.Puig

El calcetín protesta a su modo. Foto R.Puig

Les diré que tras unas arduas negociaciones pudimos llegar a un acuerdo. Esta era su exposición de motivos y su lista de reclamaciones:

Bregamos en la oscuridad recluidos en los zapatos, entre la piel de tus pies y la opresión del cuero. Absorbemos tus sudores y cuando los zapatos huelen tenemos que soportarlo. Tus callos nos destrozan y tu talón nos machaca. Vivimos en una caverna, del mundo sólo tenemos ecos. Rara vez nos alcanza un rayo de sol, y, cuando en sandalias nos usas, nos atosiga el polvo de los caminos. Cuando ya viejos, hechos un siete, tus pies ya no nos quieren, acabamos en la caja de los betunes para que -¡suprema humillación!-  nos utilices para dar lustre a tus zapatos. ¡Ellos, que tanto se quejan mientras se dan la gran vida! ¡Ellos, que ven mundo, mientras nosotros hacemos kilómetros encerrados! ¡Ellos, que saltan, se divierten, patean la pelota, mientras su gozo es nuestro stress!

Por todo lo expuesto, estamos indignados y reclamamos:

  • Una entrada del blog que nos dé la debida visibilidad y reconozca nuestra importancia.
  • Un reciclaje digno. ¡No a la caja de los betunes!
  • Un cajón independiente en el armario y para nosotros solos
  • Una partida específica en tu presupuesto anual para que:
    • cambies las plantillas de los zapatos cuando estén desgastadas;
    • vayas regularmente al callista (se refieren al podólogo) a que te quite los callos;
    • no huelan los zapatos (no seas tacaño y compra un spray desodorante ad hoc);
    • uses un detergente para lanas y tejidos delicados.
  • Además:
    • que cuando llegue el buen tiempo nos seques al sol;
    • que -¡por el amor de Dios!- no nos uses con sandalias;
    • que en medio de tus largos paseos, te quites los zapatos de vez en cuando para que podamos ver el parque, las nubes, el cielo y escuchar a los pájaros.

Firmado:  el Secretario General de Calcetines Unidos Pro-activos (CUP)

No sé lo que ocurrió. ¿Acaso fue un sueño? Pero puedo asegurar que escuche estás reivindicaciones y que les prometí cumplirlas. Estampé mi firma en el convenio. De nuevo, como me ocurrió ya con los zapatos, constaté que vivimos demasiado ajenos a los objetos que nos sirven a diario, que con un poco de consideración y escucha nuestros intereses pueden encontrarse y la mayoría de las exigencias, por muy contradictorias que aparezcan, pueden reconciliarse. ¡Si hasta los zapatos y los calcetines pueden convivir!

Hoy he acercado mis calcetines limpios a la ventana abierta para que puedan oír a los jilgueros y he cumplido con la primera reclamación, es esta entrada del blog.

Calcetines reconciliados. Foto R.Puig

Calcetines reconciliados. Foto R.Puig

 

6 comentarios leave one →
  1. 7 mayo, 2017 14:05

    Lo cierto es que esos proletarios de tus pies tienen todo el aspecto de ser en extremo delicados, agradables, cálidos, dulces, suavecitos, dóciles… No hay sino observar a ese que abre la boca para protestar. ¿A quién se le ocurre haberlos tratado de cualquier modo, Ramón? ¿Y por qué? ¿Porque son grises? Te ha estado bien su rebelión, mira a qué punto te equivocaste al juzgarlos, que no contabas con que, al tiempo de saber reivindicar sus derechos, a su manera, actuaran como heraldos grises de la primavera. ¿Grises? No, la verdad, negros, Ramón. Porque fue leer ese “Bueno, yo sé de alguien que me va a decir que no me pase. Pero -¡hay días, yo no sé!-“, y regresarme de golpe versos de César Vallejo, en concreto de “Los heraldos negros”, ¿recuerdas? Sí que recuerdas. Y no creo que la primavera, la alegre cháchara de los jilgueros, la rebelión de los calcetines o la crónica que nos dejas sean responsables de que vaya a dejártelos aquí para que los lean otros. Has sido tú quien me los despertó de pronto, tan dormiditos que estaban los pobres. Tómatelo como una surgencia más… Bueno, quizá, mejor, una insurgencia contra la nimiedad 🙂

    Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
    Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
    la resaca de todo lo sufrido
    se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

    Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
    en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
    Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
    o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

    Son las caídas hondas de los Cristos del alma
    de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
    Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
    de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

    Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como
    cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
    vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
    se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

    Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

    • 7 mayo, 2017 17:06

      Sí, Luisa, ¡Vallejo de mi primera juventud (editorial Losada)!
      Saludos desde Estocolmo

  2. Juan Pablo permalink
    8 mayo, 2017 01:38

    Gracias por la.deficatoria de esta justa y merecida reivindicación.
    Brillante!!!!
    Nos vemos pronto
    Jp

    • 8 mayo, 2017 08:55

      Gracias al convenio colectivo ahora camino confortablemente en Estocolmo donde el tiempo se ha vuelto loco.
      Abrazos

  3. 12 mayo, 2017 22:14

    Bueno, nos gana el tiempo. Me quedé sin comentar la rosa de acero y lo demás del son anterior!!

  4. 13 mayo, 2017 07:33

    Sí, Bernardo, el tiempo nos come terreno. Ya sabía yo que la rosa gigante (de hierro galvanizado) te iba a provocar. La intención es lo que importa. Con pocas palabras nos entendemos.
    Un abrazo

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