TRENES DE LEJANÍAS
De Gandía a Valencia
La ventanilla del tren, en especial de los que no corren demasiado, se presta a la contemplación y a la evocación. El automóvil nos da la libertad de detenernos donde queramos. El avión sirve para adiestrar nuestra paciencia o nuestro espíritu zen, el chán de los chinos (valga la expresión como tributo a nuestros benefactores orientales y a la alianza de civilizaciones). Entre las virtudes cardinales que el catecismo tomó de Platón debería estar la paciencia, que además era la que más nos hacían ejercitar en el colegio en los concursos de memorización del Ripalda…
Pero el tren – ¡oh el tren! – (no el AVE que es otra cosa) ¡el tren sirve para dar alas al alma!
Aunque el tren de Gandía a Valencia sea un tren “de cercanías», en verdad también te aleja. Todos los trenes son a la vez de cercanías y de lejanías. Te acercan al lugar adonde quieres llegar y te alejan de aquel otro que a menudo te cuesta abandonar.
Por la ventanilla se van también desplegando extensas perspectivas: lejanías de Levante, de la meseta norte, de la Cataluña pre-pirenaica, de los olivares béticos, de las planicies manchegas, de los Monegros… El domingo, antes de ser empaquetado en el avión que me expediría a Roma, desde el tren que me acercaba a Valencia y me alejaba de Els Poblets, del lado del mar, ya después de Cullera, se adivinaba el espejo de la Albufera y los arrozales desfilaban en diferente sazón. ¡Los variados estados del arrozal valenciano!
Un pez voraz
Desde Roma (lo prometido es deuda) os cuento lo del famoso pescado de San Bennone (o San Benno). Este obispo de Meissen en la Alemania de fines del siglo XI anduvo a la greña con el emperador Enrique IV por diversas cuestiones políticas, en un tiempo en que todos los que tenían poder lo tenían por derecho divino, ya fuesen reyes, emperadores, obispos o papas, lo cual daba lugar a no pocos conflictos, pues se trataba de ver quién era el que sacaba más pecho.
En una de estas, nuestro obispo Bennone fue expulado de Meissen, no sin antes, enfurruñado, arrojó las llaves de la catedral al río, solemne gesto simbólico de ‘tierra mojada’ que se supone privó a los fieles del acceso a la catedral durante unos años. Cuando, tras cambiar de chaqueta dos veces (a favor del antipapa y luego del papa), pudo volver a su puesto, pidió que le pescaran un pez. Por obra de birlibirloque las llaves que había tirado estaban en las tripas de ese pescado.
Con tales antecedentes no es de extrañar que después de su muerte hiciera milagros, con suficiente constancia como para que le canonizasen, justo en la época en que Lutero despotricaba contra el culto de los santos. Ya sabemos que Roma es experta en canonizaciones políticamente inoportunas. Así que el gran reformador se enfadó mucho y no pasó mucho tiempo sin que la tumba de San Bennone fuese concienzudamente destruida, aunque las reliquias (no se sabe si también la raspa del pescado) se pusieron a buen recaudo en Munich. En agradecimiento la capital de la cerveza promovió una marca de birra con su efigie. Lógicamente es el patrón de los pescadores, aunque ahora los peces no comen llaves de hierro sino mercurio.
La iglesia de Santa Maria dell’Anima es la iglesia de los alemanes en Roma, por lo que es lógico que el cuadro de San Benno, con su pescado y sus llaves esté en ese templo. Fue pintado por el veneciano Carlo Saraceni entre 1616 y 1619. Se puede ver en la primera capilla lateral a la derecha según se entra. La calle lleva el nombre de la iglesia y está junto a Piazza Navona.
No se sabe de qué raza era el pescado de San Benno, pero pienso que era un tipo de carpa ‘ferrófaga’ que ha pululado desde hace siglos por los ríos de Europa. Después de la batalla de Puente Milvio (es un puente que puedo ver desde mi balcón), de la que ofrezco un detalle tomado de un cuadro de Giulio Romano, basado en una composición de Rafael,el pez de marras debió darse un atracón de chatarra.
Este tipo de peces se había acostumbrado a comer cotas de malla, hebillas, estribos, puntas de flecha, yelmos, rodelas y hasta espadas toledanas, así como las llaves de casa que a veces se les caían al agua a los sefardíes expulsados de su España natal y, sobre todo proyectiles y balas, muchas balas. Gracias al ardor guerrero de generaciones de reyes, emperadores, generales y generalísimos, ‘fürheres’ y ‘duces’, y al masivo negocio de la ferretería bélica, siguieron engordando en los ríos de Europa durante siglos hasta después de la II guerra mundial.
Por un lado es una muy positivo que desde hace unas décadas los europeos no sembremos nuestros ríos del territorio de la UE con restos de batallas, aunque por desgracia se pueden encontrar productos bélicos made in Europe en el fondo de otros ríos del planeta. Resulta también preocupante que, según importantes zoólogos, estos bichos se hayan reciclado y ahora coman latas de bebidas, además de bolsas y botellas de plástico. ¡San Bennone ora pro nobis!
Del sepulcro de un papa a la popular calavera
Aparte del San Benno, en este templo hay otras obras de interés.
Destacaré el grupo sepulcral a la derecha del altar mayor, la tumba del papa Adriano VI de Utrecht, muerto en 1523 a los trece meses del inicio de su pontificado.El diseño del mausoleo es de Baldassarre Peruzzi.
Adriaan Florensz (que este era su nombre original) además de preceptor de Carlos V fue amigo de Erasmo de Rotterdam. No obstante, el humanista no quiso instalarse con el papa en Roma para apoyarle en su lucha contra la Reforma. Las tiaras pontificias no cuadraban demasiado con las ideas reformadoras de Erasmo. Antes de ser papa, siendo ya obispo de Tortosa y como regente en España dirigió los comienzos de la represión de los levantamientos comuneros de Castilla.
Una Pietá, copia de la de Miguel Ángel por su contemporáneo Nanni di Baccio Bigio, ocupa la cuarta capilla de la derecha.
Llama también la atención el Cristo muerto de Francesco Salviati en la cuarta capilla de la izquierda.
Por último, el símbolo de la vanitas (¡y de los piratas!) que he fotografiado en esta iglesia. Es frecuente en los templos de Roma. Calaveras, con tibias cruzadas y sin ellas, las hay en Roma para todos los gustos, sobre las lápidas, entreveradas en los bajorrelieves o, con rigor anatómico, encima de las cervicales de algunos esqueletos de mármol. No descarto volver al tema cuando me dé una vuelta por la Basílica de San Pedro.
La verdad es que estas calaveras me producen cierta nostalgia, pues me retrotraen a los ejercicios espirituales que en la capilla del colegio de Areneros de Madrid nos dio el R.P.Estanislao Ilundaín S.J. en tercero de bachillerato, allá por 1957. El punto álgido fue el apagón de todas las luces de la capilla, excepto una vela que iluminaba desde abajo un cráneo bien realista (como además era nuestro profesor de ciencias naturales debía de tener acceso al armario de los huesos). El terror a morir en pecado mortal flotaba en el aire con el olor a cera.


Así estaba Gotemburgo hace dos días
Hoy me he animado a buscar un regalo de Reyes para vosotros.
No es un pez porque no sé pescar. Los que aquí os muestro podrían proceder de la lonja de Denia…
o del barco de pesca que esta mañana navegaba frente a la playa…
pero son de David Teniers y del museo de Gotemburgo. Cuando esté de vuelta en Roma os traeré el pez del milagro de San Beno…
Mi regalo
Así que no es el oro que Melchor le daba al niño Jesús hace unos días en este blogg, ni los caramelos de la cabalgata. No, mi presente es una modesta cita de Erasmo de Rotterdam en su comentario al adagio Dulce bellum inexpertis (es decir “la guerra atrae a quienes no la han vivido”). Como le dijo Marco Antonio a Octavio antes de la batalla de Actium, las crisis con amistad son menos. Supongo que en nuestro caso estaremos todos de acuerdo con empezar el año con algo de lo que el viejo Erasmo escribía sobre la amistad y no hacer como Octavio que no le hizo caso a Antonio, para desgracia de este.
Se trata de un comentario que Erasmo retocó en sucesivas ediciones hasta consolidarlo en 1526.
De ese mismo año es una vidriera de la catedral de Tournai que nos ofrece imágenes para ilustrar cada uno de los extractos.
«la naturaleza ha querido que el hombre reciba el don de la vida no tanto para sí mismo como para orientarlo hacia el amor, para que entienda bien que está destinado a la gratitud y a la amistad. Es así que no le dio un aspecto feo u horrible como a otros sino dulce, pacífico, marcado con el sello del amor y la ternura. Le dio una mirada afectuosa que refleja los movimientos del alma. Le dio unos brazos capaces de abrazar. Le dio el sentido del beso para que las almas puedan unirse al mismo tiempo que se unen los cuerpos. Sólo a él le acordó la risa, signo de alegría. Sólo a él las lágrimas, símbolo de clemencia y misericordia. ¿No le dio acaso una voz que no amenaza ni es temible sino que, a diferencia de las fieras, es amistosa y agradable? No contenta aún con estos dones, la naturaleza reservó al hombre el uso de la palabra y de la razón, atributos que contribuyen sobre todo al establecimiento y al fomento de la benevolencia, de modo que nada entre los hombres se resuelva por la fuerza. Le inculcó el odio a la soledad, el gusto por la compañía. Plantó en lo más profundo de su ser los gérmenes de la bondad. Dispuso que lo que más le conviene sea también lo más grato. Pues ¿hay algo más agradable que un amigo? Y por otra parte ¿hay algo que sea así de necesario?
… ¿qué otra cosa es la paz sino la amistad generalizada?
Al contrario y en forma parecida la guerra no es más que la enemistad generalizada. Ahora bien, la naturaleza de las cosas buenas es que cuanto más extensamente se difunden más ventajas aportan. De modo que si la amistad entre dos individuos es cosa tan agradable y útil ¡qué inmensa sería la felicidad si un vínculo amistoso uniera a un reino con otro reino, a una nación con otra! Por el contrario, la naturaleza de las cosas malas es que cuanto más extensamente se difunden más merecen su nombre. Luego si es triste, si es criminal que un hombre ataque a otro con las armas ¡cuánto más calamitoso, cuánto más nefando es que hagan lo mismo millares de hombres!»
(Erasmo de Rotterdam, Adagios del poder y de la guerra y teoría del adagio, Edición, traducción y notas de Ramón Puig de la Bellacasa, Alianza Editorial Libro de bolsillo-Filosofía, Madrid, 2008)
¿Y si en 2011 volviésemos a los clásicos?
En esto días, cuando tanto tiempo se dedica a leer las filtraciones del soldado Manning (por cierto ¿le pagará Assange un buen abogado defensor?) y a los miles de páginas de chismes de políticos y diplomáticos, así como a los hiperbólicos comentarios a los mismos, esta ola informativa que nos roba tanto tiempo podría hacernos reflexionar: ¿no sería bueno descubrir de nuevo lo que los clásicos han escrito, pero mucho mejor, sobre esas debilidades y virtudes del animal humano? ¿Entre los cables de un embajador americano o El Principe de Maquiavelo, entre los comentarios sobre Berlusconi o Gaddafi y La Celestina, entre las ambigüedades de Moratinos sobre el Sahara y Los Silenos de Alcibiades de Erasmo qué valdría más leer?
Al concierto con… Angela Merkel
Hay manifestaciones que cristalizan algo de lo que la cultura europea tiene de mejor, de su mestizaje, su encuentro entre tradiciones distintas, el interés de sus creadores por la vida artística y musical de los varios países que componen este continente, la calidad de sus profesionales e intérpretes, etc. Algo de todo esto se plasmaba el 31 de diciembre en el concierto de fin de año de la Filarmónica de Berlín, con la mezzosoprano letona Elîna Garanča y el venezolano Gustavo Dudamel como director invitado, trasmitido en tiempo real a una red de salas de cine, entre ellas el Cine Roy de Gotemburgo, pequeño cine de arte y ensayo, de los que ya quedan pocos, y que resiste en el centro de la ciudad a la proliferación de los multicines.
Por su calidad y por las obras elegidas fue emocionante asistir en un cine sueco a un magnifico programa con obras de compositores franceses, Hector Berlioz, Camille Saint-Saens, Georges Bizet, con predominio de sus composiciones de tema español (por ejemplo la habanera de Carmen de Bizet), todo coronado por varias danzas de El sombrero de tres picos de Manuel de Falla y la canción de las carceleras en la zarzuela Las hijas del Zebedeo de Ruperto Chapí, ejecutado por la muy seria y plural Filarmónica de Berlín, con Angela Merkel en la sala, bajo la batuta de un venezolano y la despampanante actuación de la extraordinaria mezzosoprano de Lituania.
Si al placer de escuchar un programa electrizante, contemplando el trabajo de unos músicos que se divierten sin tapujos, identificados con la simpatía y la vitalidad desbordante de Gustavo Dudamel y con la belleza y chispeante interpretación de Elîna Garanča, añadimos que en la primera fila del cine estiras las piernas con toda comodidad y puedes disfrutar de una estupenda acústica, con más de diez cámaras de la TV alemana sirviéndote las mejores imágenes, podréis entender que este bloggero estuviese al borde de las lágrimas.
He aquí una interpretación de la habanera L’amour est un oiseau rebelle de la opera Carmen de Bizet por Elîna Garanča (en youtube hay muchas otras interpretaciones suyas de aires españoles).
Göteborg (2): Gott Nytt År! ¡Feliz Año Nuevo!
KONSTMUSEET
En estos días de frío escandinavo, aunque sea hermoso, es saludable adentrase en el Museo de Bellas Artes de Gotemburgo , que tiene buena calefacción y donde estupendos hallazgos aguardan al curioso visitante.
Se agradece mucho la posibilidad de sentarse ante una obra de arte, solo o casi solo, para comunicar con ella o con las intenciones que el artista tuvo, o pensamos que pudo tener, al hacerla. El mejor objetivo de un museo es favorecer el encuentro, aunque sea por una hora, con lo mejor de nosotros mismos.
En este sentido, vale más un asiento frente a una obra de Munch, un Rubens poco conocido, un cuadro de Carracci o de Cranach… o descubrir un pintor que no conocías, en una sala tranquila… con una distribución expositiva inteligente y la luz adecuada…
que un vistazo a empellones a la Gioconda o una visita entre codazos al acontecimiento artístico del año en una de las grandes factorías museísticas, puede que con el tiempo limitado a tu turno. Hay museos de enorme prestigio que te dan una entrada para dos horas y consumido ese tiempo te echan, junto con todos los turistas orientales que entraron contigo tras la banderita de su guía.
Conviene no despreciar los rincones ni los rellanos de las escaleras.
En ese sentido, en el museo de Gotemburgo, si renuncias al ascensor, cuando subes por una de sus escalinatas te das de bruces con una elegante Santa Marina de incipiente sonrisa, dice la cartela que del taller de Zurbarán (es similar y más risueña que la de Sevilla) aunque pienso que no desmerece de la mano del pintor.
Ya sabéis, esas santas mártires que más bien parecen jóvenes damas que pasean por una alameda con su bolso al brazo, vestidas con sus mejores galas y que enseñan la punta de un pie delicado bajo el borde de los paños de la falda.
Siguiendo con el periplo, podemos elegir entre la inquietante y un poco misógina vampiresa de Munch…
la sádica sonrisa de la Salomé de Cranach…
o los numerosos paisajes…
y las escenas de carácter costumbrista o social…
diversas obras que emiten luz y calor…
algunas de factura muy reciente como Guitarra azul
de la danesa Nina Sten-Knudsen, un cuadro del 2007 de grandes dimensiones del que aquí presento sólo dos detalles.
Que Melchor nos saque de la crisis
Con mis mejores deseos para 2011 dejo de daros la tabarra y espero que los reyes de Oriente nos saquen de la crisis. Valga como mantra la imagen del niño Jesús tentado por los patagones de oro que el rey Melchor le ofrece en esta Adoración de los magos de Rubens en el museo de Gotemburgo.
Supongo que San José pudo pagarse la hipoteca del piso y la renovación del taller de carpintería con ese dadivoso regalo de los reyes (¿o fue en realidad un crédito del ICO?). Por cierto que, a juzgar por sus canas, parece que esos viajantes se jubilaban por encima de los 67 años.
En todo caso, que paséis un buena Nochevieja, ya sea en animado festejo…
o sumergidos en plácidos y dulces sueños
Göteborg (1)
Esta es una ciudad de colinas, pero no como las de Roma. En Gotemburgo se trata de un conjunto de chepas rocosas, algo así como los lomos de una serie de batolitos, entre los cuales una serie de riachuelos han ido dejando sus sedimentos, todo al borde de un zona donde hubo ciénagas y marjales hasta que los inmigrantes holandeses las desecaron en el siglo XVII y construyeron sus canales a la manera de los de Amsterdam. Por el momento los botes que en verano los recorren cargados de turistas están a buen recaudo. Ni siquiera los patinadores se aventuran en ellos.
La ciudad del río Göta se asienta en gran parte sobre peñascos, modelados por aquellos cambios climáticos que nos explicaron en el colegio como periodos de glaciación e inter-glaciación. Por esta época la faz agreste de la roca exhibe su barba de carámbanos.
Dando en el tiempo un salto, un poco melancólico, eso sí, podría preguntar de nuevo a mi profesor de geografía, como ya lo hice en clase durante un crudo invierno madrileño de los años cincuenta, si no estaremos entrando en una nueva glaciación. Pero no, esto es un invierno escandinavo como tiene que ser. Cuando salgo por la mañana, blanca y luminosa, con un sol que proyecta larguísimas sombras de árboles y farolas sobre un pavimento helado y resbaladizo, me refresca el rostro un aire a 20 grados bajo cero. Puede que por eso, para suscitar la atención de las posibles compradoras, los anunciantes invaden las calles en estos días con publicidad de lencería femenina.
En el parque frente a la entrada del jardín botánico hay un ilustre paseante en bronce a quien la nieve y el frío no alteran
y los dos combatientes de un grupo escultórico romántico han quedado congelados esgrimiendo sus puñales frente al Gran Teatro.
Por fortuna, si tienes las manos ateridas puedes recalentarlas en uno de los tradicionales braseros que los ayuntamientos suecos ponen a disposición del transeúnte durante el invierno.
Cuando tus dedos recuperan su calor habitual ya puedes hacer el lazo en los cordones de tus botas de patinar y lanzarte a la pista.
Luego podrás volver a refugiarte detrás de las ventanas de tu apartamento donde, navidades obligan, no faltan nunca los candeleros eléctricos de IKEA.
¡Rompan pipas!
Sin humos
Este es el Caffé Bar Durante en la calle de la Freccia, a pocos metros del la Accademia di Belle Arti, donde los días de clase suelo a mediodía tomar un plato de buena pasta a precio de estudiante. Lo saco a colación, nunca mejor dicho, no por motivos gastronómicos, sino porque hoy se ha aprobado la ley de protección de los no fumadores en España.
No lo había dicho antes, pero una de las sensaciones impagables que tiene Italia es la de la libre elección de bares y restaurantes para el que no quiera respirar el humo de tabaco como costo adicional y, su equivalente, la libre elección de terrazas en el mismo tipo de locales para quien quiera fumarse un pitillo con el café y el croissant o entre plato y plato.
En España hace tiempo que habíamos tenido que renunciar a poder entrar en un bar sin humos. Sin haber sido nunca fumador, allá por el 1982 el médico me dijo que tenía bronquios de fumador, ¡que me convenía dejar de fumar! Yo llevaba diez años trabajando en oficinas saturadas de nicotina ajena. A partir de entonces abrir una ventana en una sala de reuniones se convirtió para mi (parafraseando el título del estupendo libro de Fernando Savater que ganó el premio nacional de ensayo aquel mismo año) en una tarea del héroe, intentando recuperar -si no era demasiado tarde- la limpieza de mis bronquios. Digamos que se trataba de una aplicación práctica de la ética como amor propio (otra obra, de 1989, que todo español ilustrado debería haber leído).
¡Pero basta de contar batallitas! -que es cosa de jubilados- ¡celebremos la libertad mutua que la nueva ley nos otorga, tanto a fumadores como a no fumadores, como en Italia, Irlanda, los EE.UU., Bélgica, etc.!
Yo lo hago con un pequeño homenaje fotográfico a los operatori del «Bar Durante» de Roma, caballeros cordiales, los tres por encima de los sesenta (el que mira a la cámara es Giovanni), que, además de pasta y otras delicias, ofrecen, en un ambiente sin humo de cigarrillos, su conversación ysu buen humor. Y siempre está lleno.
Como llegan las fiestas…
Sobre nubes hay algunos libros, pero recuerdo sobre todo la Guía del cazador de nubes escrito ya hace ahora algunos años por un caballero inglés, Gavin Pretor-Pinhney, fundador de The Cloud Appreciation Society, http://cloudappreciationsociety.org/ , que es algo así como la “Asociación de los que aprecian las nubes”.
Nubes de Roma
Pues bien, yo creo que somos muchos los que nos encandilamos con las nubes. Para antropólogos y filósofos que buscan distinciones entre el ser humano y los seres puramente animales ofrezco una nota distintiva más: el ser humano es aquel que tiene la capacidad innata de admirar las nubes. Eso de “estar en las nubes” no es tan malo como nos hacían creer en el colegio. Y la situación geográfica de Roma creo que se presta mucho a la “caza de nubes”.
Sin ir más lejos aquí os ofrezco algunas, empezando por las que encontré este sábado por la mañana al salir de casa a eso de las ocho y media de la mañana
y terminando por las de la puesta del sol desde los jardines de Villa Borghese (de este lugar hablaremos pronto).
Operarios ecológicos
El nombre oficial de los barrenderos y basureros romanos, los que se llamaban spazzini, es ahora operatori ecologici, es decir algo así como los guardianes activos de la decencia ambiental de nuestras calles. Yo creo que es justo y le propongo a la Real Academia de la Lengua Española, y a su nuevo director, José Manuel Blecua, que adopten la expresión.
En Roma hay un ejército de estos industriosos obreros, perseguidores de la basura y la roña. El nombre tradicional venía de spazzo, es decir el empedrado, y el spazzino era el que limpiaba el empedrado con escobón y manguera, aquella manga-riega (que aquí no llega). Ahora los escobones son vehículos mecánicos y el riego se hace con camiones de riego, pero Roma sigue siendo la capital del adoquín.
Los operatori ecologici del barrio se reúnen en el bar de Emmanuele y Roberta, debajo de la casa donde vivo, para el café matinal y el bicchierino del final de la jornada. Llegan con sus ropajes amarillos o naranja, antirreflectantes, y aparcan sus vehículos barrenderiles por los alrededores.
Durante unos días, sospecho que por quejas acústicas de una vecina que vive justo encima del bar, lo tuvieron cerrado por orden de la questura. Como cuando se tala el árbol donde las aves tienen sus nidos y por unos días las vemos dar vueltas desorientadas por el espacio donde se erguía el tronco (Jules Supervielle lo señaló en un breve y hermoso poema), así he visto llegar a más de un barrendero por la mañana fría para marcharse sin su café.
Los del bar han debido de pagar su multa y prometer echar el cierre antes, porque se ha abierto de nuevo y los operarios ecológicos han recobrado su barra.
Estampa navideña
No sé lo qué habrá quedado de las decoraciones de Navidad en la Piazza del Popolo después de la batalla campal del día 14, pero como se acercan las fiestas quiero auguraros a todos unos días de razonable entusiasmo, en agradable y familiar compañía, y que 2011 nos depare mejoras y progresos en el arte de vivir…
Por eso os regalo mi foto de un admirable fresco anónimo del siglo XVI que preside la Capella Marciac en la iglesia de la Trinitá dei Monti, ya sabéis, la que se encarama sobre las escalinatas de la Plaza de España en Roma. Si se mira con atención, en el paisaje del fondo se aprecia una curva del Tíber, las torres de la Roma medieval (que las tenía innumerables) y el frontón de un templo.
Sobre los sucesos del 14 de diciembre en Roma
El 14 de diciembre, los enfrentamientos de grupos de violentos, que reventaron la manifestación de protesta de los estudiantes y de múltiples movimientos descontentos con la política de Berlusconi, tuvieron eco en este blog. De hecho dejaron a alumnos y profesores de la Accademia di Belle Arti de Roma en virtual estado de sitio.
Hay en el diario La Repubblica de hoy una carta abierta de Roberto Saviano a los jóvenes manifestantes que me parece merece ser citada. No entiendo muy bien por qué una carta abierta ha de estar sujeta a copyrigth (lo que pienso dificulta su difusión entre los destinatarios), así que cito sólo los tres primeros párrafos para no incurrir en vulneración de derechos de autor.
http://www.repubblica.it/scuola/2010/12/16/news/lettera_saviano-10251124/index.html?ref=HREA-1
de la Carta a los jóvenes del movimiento de Roberto Saviano
Quien tiró una piedra en la manifestación en Roma lo hizo contra el movimiento de mujeres y hombres que se encontraban en la plaza, quien atacó un cajero automático lo hizo en contra de los que se manifestaban para demostrar que quieren un nuevo país, una nueva clase política, nuevas ideas.
Cada acto de violencia fue un voto de confianza más otorgado al gobierno de Berlusconi. Los cascos, mazas, los vehículos calcinados, los pañuelos para taparse el rostro: esto no distingue a quien por todos los medios está intentando mostrar otra Italia.
El pasamontañas, los adoquines, los escaparates hechos añicos, son las viejas reacciones insoportables que no tienen nada que ver con los múltiples movimientos que se manifestaron en Roma y en Italia el martes. Los policías que se encarnizan con la porra, descargando sobre aquellos a quienes pillan rabia, frustración y miedo, es una escena que no debe volver a ocurrir. Policías acorralados, derribados a golpes y pateados por grupos de violento es una escena que no debe volver a ocurrir. Si todo se reduce a la habitual guerrilla callejera, este gobierno ha ganado una vez más. Reducir todo a un choque violento significa permitir que la complejidad de las manifestaciones, y de las ideas, las opciones, los proyectos que están detrás, se reduzca una vez más a bastones, fuego, piedras y gases lacrimógenos. Debemos organizarnos y no dejar que unos pocos cientos de idiotas hegemonicen una manifestación de miles de personas, desnaturalizándola, arruinándola.
…/ Roberto Saviano
©2010 /Agenzia Santachiara
La casa museo de Goethe en Roma… y sus alrededores ayer mismo.

¿Qué estudiante de Bellas Artes no ha tenido que vérselas con su concepto de Belleza en Las afinidades electivas o con la teoría de los colores de Goethe?
La «rueda de los colores» diseñada por Goethe se puede ver en su Casa Museo de Roma.
Desde noviembre de 1786 a abril de 1788 Johann Wolfgang Goethe (1749-1832) vive en el piso de su amigo el pintor Heinrich Wilhem Tischbein en via del Corso 18, muy cerca de la Porta del Popolo, por entonces una de las entradas a la ciudad. La Piazza del Popolo había sido representada pocas décadas antes por Piranesi en uno de sus elocuentes grabados.
En la misma plaza, hace menos de veinticuatro horas, otro Piranesi podría haberse inspirado en algo parecido a la erupción del Vesubio. Con ocasión de las protestas por la reforma universitaria y las manifestaciones contra los chanchullos de Berlusconi para mantener el poder y su impunidad se auto-convocaron también los habituales partidarios del sistema de la capucha y la barra de hierro (foto La Repubblica).
Pero volvamos al romanticismo apolíneo de nuestro poeta. De modo natural, teniendo la campiña romana a dos pasos, el amigo pintor y anfitrión de Goethe le retrata sentado sobre un obelisco: “apareceré de tamaño natural con ropaje de viajero, envuelto en una capa blanca, sentado al aire libre sobre un obelisco caído, en trance de contemplar las ruinas de la campiña romana en la lejanía” (Viaje por Italia, 29 diciembre de 1786), la imagen corresponde al detalle de una copia de este cuadro en la casa museo que estamos visitando.
El poeta, famoso ya a sus 37 años, dice sentirse viejo: “soy demasiado viejo para todo, salvo para la verdad” (6 de enero de 1787). Pero la estancia en Roma es para él un segundo nacimiento: “en este lugar se resume la entera historia del mundo, y siento que he nacido por segunda vez, que he resucitado de veras el día en que he puesto el pie en Roma” (3 de diciembre de 1786).
Entre otras cosas a las que se presta la evocadora visita a este museo, podemos imaginar lo que Goethe veía cuando se asomaba a la ventana de su habitación. En esa pose lo dibuja Tischbein.
No obstante puede ser que antes de salir mirase a su alrededor, pues en su diario comentó también los peligros de las calles romanas después del anochecer (un artista alemán conocido de Goethe murió apuñalado por entonces en plena calle). Dando un salto en el tiempo, si el poeta hubiera salido ayer a dar un paseo por los alrededores de su casa, habría necesitado un casco (foto La Repubblica).
En cualquier caso no todo eran peligros en las noches romanas. Entre los numerosos dibujos y acuarelas que produjo el escritor, que tenía buena mano no sólo para la pluma, se exhibe una escena nocturna, donde plasma en cierto modo su concepto romántico de la belleza del paisaje como transfiguración interior del sentimiento.
El piso de Goethe en Roma encierra muchas otras sorpresas, como sus exposiciones temporales, en este momento la que versa sobre otro poeta y dramaturgo romántico alemán, Heinrich von Kleist (1877-1811), famoso, además de por sus dramas, por sus dimes y diretes con Goethe y por su «romántico» suicidio en pareja (hoy habría dado lugar a una investigación para verificar si su amada estaba de acuerdo o le precedió sin ganas). Hay incluso dos esculturas de nuestro artista valenciano Andreu Alfaro, de quien no sabía que era admirador de Goethe. La biblioteca es acogedora y de fácil consulta para todo el que desee leer a Goethe y sobre Goethe.
El diario de Goethe es una excelente lectura para vivir Roma de forma inspirada, más allá de los caminos trillados de las guías. Entre otros pasajes, el 6 de enero de 1787 expresa su admiración hacia la Juno Ludovisi, de la que hemos hablado en la entrada anterior de este blog. Goethe encarga un calco, hoy en su museo en Weimar, del que hay copia menor en esta casa de Roma: “Ha sido mi primera pasión romana, y ahora me pertenece. No hay palabras para hacerse idea. Es como un canto de Homero”.



































































