Ir directamente al contenido

Breverías erasmianas (VII). “Nosce te ipsum” (Conócete a ti mismo)

14 abril, 2013
Carmen Laffon. Coleccion Fundacion March

Óleo de Carmen Laffon. Coleccion Fundacion March

Nosce te ipsum (Adagio I vi 95)

Erasmo se limitó a los aspectos filológicos y a las varias acepciones en su breve glosa de este famosísimo proverbio. Sucesivamente comenta los otros dos que estaban grabados junto a él  a la entrada del templo de Apolo en Delfos: Ne quid nimis (Nada en demasía) y Sponde, noxa praesto est (Dado el aval, cerca está el mal o, más libremente, Acepta ser avalista y tu ruina está lista), de los que no trataremos hoy.

Refiriéndose a los tres, dice que

habían sido grabados en las puertas del templo de Delfos como si pareciesen dignos del Dios. El primero, “Conócete a ti mismo”, nos aconseja la moderación y la mesura y nos invita a no apegarnos a cosas que nos queden demasiado grandes o de las que no somos dignos. Porque de esto nacen las desgracias de la vida, de que cada uno se siente orgulloso de sí y todo lo que injustamente arrebata a otros se lo atribuye por egoísmo a sí mismo, sin merecerlo.

De este modo continua con su esquema habitual, citando las acepciones que dan a este adagio los autores de la Antigüedad, y así nos cuenta que Cicerón explica en carta a su amigo Quinto que cuando se nos recomienda que nos conozcamos a nosotros mismos no sólo se dice para que no seamos pretenciosos sino “también para que conozcamos nuestro propio valor”. Lo cual constituye el lado estimulante del proverbio.

Erasmo sigue explicando que Juvenal piensa que este adagio descendió del cielo, que Ovidio lo atribuye a Pitágoras y que Platón dice que Sócrates lo atribuía a Apolo, tal como narraba la leyenda que lo sitúa inscrito en las puertas del templo del dios en Délfos, ya que, como narra Macrobio, uno que pedía del famoso oráculo la receta de la felicidad, escuchó una voz que le respondía que el camino a ella pasaba por el conocimiento de sí mismo (si te ipsum cognoveris).

Erasmo se refiere también a la famosa Apología de Sócrates:

El que Sócrates fuera el único sabio al que el oráculo de Delfos proclamó como tal, a pesar de que Grecia contaba con innumerables sabios, se explica por el hecho de que todos los demás pretendían saber lo que ignoraban y él los superó a todos porque sabía que no sabía nada y sólo eso proclamaba saber” (sciret se nihil scire et hoc unum se scire profitebatur)

Erasmo concluye su lista de autoridades con la opinión irónica del cómico Menandro:

Me parece que, por muchas razones, eso de ‘conócete a ti mismo’ está mal dicho, pues sería mucho más útil  decir ‘conoce a los otros’

Fuente: Les Adages d’Érasme (en latín), présentés par les Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), 2010, pp. 547-549 (traducción propia)

Guillermo Perez Villalta. Coleccion Fundacion March

Guillermo Perez Villalta. Coleccion Fundacion March

Si te ipsum cognoveris…

Cuatro siglos más tarde dudo que André Gide hubiese leído el comentario de Erasmo. El caso es que este autor, que fue a menudo ferozmente criticado como hedonista, comenta también este proverbio en una conocida obra de juventud.

Conócete a ti mismo. Máxima tan perniciosa como fea. Quien la observa detiene su desarrollo. La oruga que trate de ‘conocerse bien’ nunca se transformará en mariposa.

A través de mi diversidad siento bien que se mantiene una constante: lo que siento como diverso es siempre yo mismo. Pero, precisamente porque yo sé y siento que esta constancia existe ¿por qué hay que tratar de conseguirla? Durante toda mi vida he rehusado buscar el conocimiento de mí mismo, es decir: he rehusado buscarme. Me parecía que esta búsqueda, o más exactamente su resultado, acarreaba cierta limitación y empobrecimiento del ser o que sólo ciertas personalidades bastante pobres y limitadas conseguían encontrarse y comprenderse, o más bien: que este conocimiento que uno obtenía de sí limitaba el ser, su desarrollo, pues tal como uno se encontraba, así se instalaba acto seguido en el cuidado de parecerse a sí mismo, y que más valía proteger sin cesar la expectación de un perpetuo devenir huidizo. La inconsecuencia me disgusta menos que cierta consecuencia resuelta, que cierta voluntad de permanecer fiel a sí mismo y que el temor a dividirse. Creo por lo demás que esta inconsecuencia es sólo aparente y que responde a alguna continuidad menos patente. Creo que también en esto, como en todo, las frases nos engañan, porque el lenguaje nos impone más lógica de la que suele haber en la vida y que lo más valioso de nosotros mismos es lo que permanece sin formularse.

André Gide, Los nuevos alimentos, 1935 de “Les nourritures terrestres”, Paris, Gallimard, Le libre de poche, nº 1258, pp.230-231). Traducción propia.

 

Ni tanto ni tan calvo

Pues bien, creo que Gide tiene razón, pero que también la tienen el oráculo de Delfos y las interpretaciones de los filósofos y escritores de la Antigüedad que Erasmo nos trae a colación.  Al fin y al cabo, el adagio no afirma que tengamos que conocernos de una vez por todas.

Por otro lado, casi todos los pensadores que lo han comentado coinciden en decir que esta tarea es quizás la más difícil de las que se le plantean al intelecto humano. Yo diría que es un poco como esa labor a la que fue condenado Sísifo. Cuando crees que ya estás al cabo de la calle, que ya te sabes a ti mismo de memoria, ¡zas!, descubres en tu ser y en tus comportamientos una veta que para bien o para mal ignorabas. ¡Y eso que en aquellos tiempos -a pesar de que Edipo ya había matado a su padre y se había acostado con su madre- Freud no había inventado el psicoanálisis!

Philautia.Holbein.Dibujo a tinta. Facsimil Laus stultitiae. Basilea 1931

Philautia. Holbein. Dibujo a tinta. Facsimil Laus stultitiae ed.1515. Basilea 1931. Foto R.Puig

Perdonad estas consideraciones mías sobre un adagio tan ilustre. No osaría glosarlo si Erasmo lo hubiera comentado. Pero se limitó a la parte filológica y a su habitual y erudita citación de autoridades y no puso sobre el papel, como en muchos otros adagios, su impronta más personal. No sé a qué pudo deberse, pero lo sospecho. Dejemos el asunto para otro día, cuando puede que me anime a seguiros dando la lata.

Gide subraya la naturaleza dinámica y fugitiva de nuestro propio yo, pero exagera cuando atribuye al oráculo una idea estática del conocimiento de sí mismo, una especie de efecto de freno y de autocomplacencia, que a mi modo de ver el adagio no tiene. Sea como sea, lo que no destacan ni el oráculo de Delfos ni Gide es la variable colectiva del adagio. Aunque quizás Menandro, con la penetración del cómico, ya lo intuyera un poco cuando comentaba que más importante que conocerse a sí mismo es conocer a los demás.

En definitiva pienso que este consejo debe  dirigirse también a las colectividades. Por ejemplo a los partidos políticos, a las comunidades culturales, a las naciones, ya que si un solo individuo, pagado de sí mismo e ignorante de sus propias limitaciones y prejuicios, entraña, en mayor o menor grado, un riesgo para sí mismo y para los demás ¿qué decir –cómo la historia prueba- de los males que pueden sobrevenir cuando la inconsciencia afecta a grupos con poder y, sobre todo, narcotiza a las naciones?

Pablo  Damian y Onofre  Forment. Retablo eucaristico s.XV i. Museo de Bellas Artes de Valencia. Deralle. Foto R.Puig.

Pablo, Damian y Onofre Forment. Figura del retablo eucaristico del convento de la Puridad, s.XVI. Museo de Bellas Artes de Valencia. Detalle. Foto R.Puig.

Nosce te ipsam

En efecto, hay momentos en la historia, en los que una nación se ve abocada a mirarse al espejo sin maquillajes, lo que por desgracia suele ocurrir cuando ya sufre las consecuencias de sus errores gregarios y de la autocomplacencia colectiva. Y la tentación en estos casos es olvidar tanto el consejo del oráculo como el optimismo de Gide, para quedarse con el consejo del cómico Menandro. Porque es más fácil  volver la vista hacia otros a quienes consideramos extraños a nuestra nación o a nuestra cultura y, convencidos de que los conocemos, cargarles el muerto de nuestros errores.

Cuando esto acaece, creyendo tozudamente que nadie nos puede dar lecciones sobre nosotros mismos, corremos el riesgo de olvidar que podríamos rectificar el rumbo entre todos. Pero eso exige la lucidez y dinamismo de la nación entera, empezando por una profunda y ejemplar rectificación y renovación de su clase dirigente; pues, para cambiar entre todos y llevar a cabo las sustituciones que se imponen, hacen falta personas que se conozcan a sí mismas, con el sentido de sus límites pero con la conciencia de sus capacidades,  y que tengan el coraje de dar el paso al frente.

Esta claro que Erasmo hubiera expresado todo esto mucho mejor que yo, ya que colectividades y naciones que se empeñaron en desbarrancarse las hubo siempre. Así que disculpadme, porque aquí y ahora sólo tengo mi limitado caletre y mi modesta pluma, mejor dicho mi teclado. En cuanto deje la pantalla me iré a un rincón a conocerme, preferible si es en un banco soleado.

Pero sucede que hoy es 14 de abril.

Es una fecha que, más que para ondear unas banderas contra otras, lo que no sería muy erasmiano y generalmente las banderas dificultan, todas,  la libertad de espíritu,  me parece más bien que es una fecha que se prestaría a la reflexión sobre la res publica, es decir sobre la mejor forma de tener un país que sepa identificar y garantizar lo que es de todos.

Erasmo, siendo curiosamente miembro del Consejo de Carlos V (quien de todo hizo menos hacerle caso) tenía un corazón de republicano, de la forma en la que él decía lo habían sido los romanos anteriores al Imperio.

En fin, que, sin arrogarme el papel del oráculo y antes de callarme por hoy, me atreveré a expresar, más que un consejo (¿quién soy yo para ello?) un deseo: ¡España, conócete a ti misma!

Lo mejor de nosotros mismos siempre puede estar por aflorar…

Ya tenia concluido este artículo, cuando pasé, como hago a menudo, por el parque que hay junto a la iglesia de Haga, en Gotemburgo, donde está la estela-monumento dedicada a Raoul Wallenberg (Kappsta, Suecia 1912 – fecha desconocida en algún lugar de la Rusia estalinista).

Algún descerebrado la ha manchado, puede que borracho.

Estela de Raoul Wallenberg en Gotemburgo. Foto R.Puig

Estela de Raoul Wallenberg en Gotemburgo. Foto R.Puig

Pero, lo que quiero comentar aquí tiene que ver con el adagio de hoy.

Cuando Raoul Wallenberg acabó sus estudios de arquitectura a los veintitrés años no creo que sospechase ni de lejos que en Budapest entre 1944 y 1945, como simple secretario de la embajada sueca, tendría el coraje de enfrentarse al sistema nazi y a sus colaboradores húngaros, salvando del exterminio a varias decenas de miles de húngaros judíos, puede que hasta cien mil y, de jugarse y perder finalmente la vida al quedarse en la capital de Hungría hasta la entrada del ejército de la URSS, para asegurarse de que los guetos remanentes no eran pasados a sangre y fuego por las tropas alemanas en retirada. Por el motivo que fuese, Stalin no quiso testigos, no se sabe bien de qué, y nunca se supo ni cuándo ni cómo murió Raoul Wallenberg en las prisiones o en el gulag soviético.

Estela de Raoul Wallenberg en Gotemburgo.Detalle. Foto R.Puig

Estela de Raoul Wallenberg en Gotemburgo.Detalle. Foto R.Puig

Como decía Gide, todos llevamos dentro, como la mariposa en la oruga, el potencial escondido de nuestras metamorfosis. Y eso es verdad de las personas y, en definitiva, también de las sociedades y de las naciones.

El color en la pintura sueca de la primera mitad del siglo XX (I): Los coloristas de Gotemburgo

7 abril, 2013
Ivan Ivarson.Paisaje fluvial.Museo BBAA.Gotemburgo. Foto R.Puig

Ivan Ivarson.Paisaje fluvial.Museo de Bellas Artes.Göteborg. Foto R.Puig

Puede que se piense que los pintores suecos, a causa del clima, tendrían que ser sombríos y de oscura paleta.  Pero el color en la pintura nórdica no se apaga al salir del norte de Jutlandia donde la luz (y el color) de los pintores de Skagen creó una legendaria escuela a finales del siglo XIX, por la misma época en que Joaquín Sorolla deslumbraba en España y su amigo Anders Zorn hacia lo propio en Suecia. Pero de todo esto hay mejor y abundante información en la Wikipedia.

Menos conocido fuera de su país es Carl Wilhelmson (1866 -1928) pintor de la región de Bohusland y de Gotemburgo que pasó una buena temporada en Andalucía, en su viaje de estudios entre Leipzig, París y España.

Carl Wilhemson.Tres mozas de Granada Galeria Falhaes.

Carl Wilhemson.Tres mozas de Granada. Detalle. Galeria Fahlnaes. Göteborg. Foto R.Puig.

Los coloristas de Gotemburgo

Pero es más tarde cuando la explosión libre del color en la pintura sueca adquiere las características de las vanguardias parisinas.

Ya hace años, en mis primeras visitas al Museo de Bellas Artes de Gotemburgo me llamó la atención el audaz colorismo de una serie de pintores suecos de la primera mitad del siglo XX. Y, hace apenas tres años, tuve oportunidad de conocer la magnífica colección de pintura y escultura del modernismo sueco de la Galería Fahlnaes. Esta galería acumula los conocimientos y la experiencia de tres generaciones de prestigiosos coleccionistas de pintura y escultura suecas, desde finales del siglo XIX hasta la segunda mitad del siglo XX.

Galeria Fahlnaes. Gotemburgo .Foto R.Puig

Galeria Fahlnaes. Göteborg. Foto R.Puig

Fue en mis visitas a esa galería donde empecé a sentir el atractivo de las obras de los coloristas de Gotemburgo (Göteborgskoloristerna), fuertemente informales, al borde a veces de la iconoclastia técnica, pero vigorosas y con gran impacto visual y poético, así como la obra de otros pintores suecos, no menos coloristas, que ya había frecuentado en el museo.

La influencia de los pintores de vanguardia activos en Francia por aquellos años del comienzo de siglo se fue dejando sentir, de forma más marcada en Gotemburgo, gracias a la difusión del fauvismo y el posimpresionismo a través de artistas suecos que habían trabajado en París.

Tor Bjuström. Barcas de vela. Galeria Fahlnaes.Foto R.Puig

Tor Bjurström. Barcas de vela. Galeria Fahlnaes. Göteborg. Foto R.Puig

El más rompedor, para aquella época, maestro del grupo de Gotemburgo, fue Tor Bjurström (1888 – 1966).

Tras haber pasado un tiempo como discípulo de Matisse, volvió a Gotemburgo para ejercer como profesor de pintura en los años veinte en la Valands Konstskola, que sigue siendo una innovadora Escuela de Bellas Artes en el centro de la ciudad.

En torno a su labor docente se formaron los coloristas de Gotemburgo, inspirados por las obras de pintores como su maestro Henri Matisse o Pierre Bonnard. El nombre del grupo lo consagró un libro, hoy agotado, que un crítico de arte les dedicó en 1948.

Ivan Ivarsson.Flores.Galeria Fahlnaes.Foto R.Puig

Ivan Ivarsson.Flores.Galeria Fahlnaes.Göteborg.Foto R.Puig

Ivan Ivarson (1900-1939) fue un o de ellos.

Formó parte también del grupo “Color y Forma” (Färg och Form) de Estocolmo, pero antes fue uno de los alumnos más destacados de Bjurström en Gotemburgo.

Ivan Ivarsson.Hagen.Galeria Falhnaes.Foto R.Puig

Ivan Ivarsson.Hagen.Galeria Falhnaes.Göteborg.Foto R.Puig

Hay cuadros suyos tanto en el Museo de Gotemburgo como en la galería Fahlnaes. Murio en París.

Ragnar Sandberg. Recogiendo ciruelas..Museo BBAA.Gotemburgo. Foto R.Puig

Ragnar Sandberg. Recogiendo ciruelas.Museo de Bellas Artes. Göteborg. Foto R.Puig

Otro miembro del grupo fue Ragnar Sandberg (1902-1972) en quien la influencia del maestro se deja sentir más por su acentuado informalismo, casi naïf , que en la osadía colorista. Su obra recogiendo ciruelas recuerda el el estilo de Bonnard.

Ragnar Sandberg.El autobús azul.Museo BBAA.Gotemburgo. Foto R.Puig.

Ragnar Sandberg. El autobús azul. Museo de Bellas Artes.Göteborg. Foto R.Puig.

Está ampliamente representado en el Museo de Gotemburgo.

Inge Schiöler. Invierno en Bohuslan.Museo BBAA.Gotemburgo. Foto R.Puig

Inge Schiöler. Invierno en Bohuslan. Museo de bellas Artes.Göteborg. Foto R.Puig

También está bien representada en el Museo de Bellas Artes la obra de Inge Schiöler (1908-1971) .

En las telas de este pintor de gesto expresionista explota el color y los paisajes del Bohuslan adoptan unos tonos que recuerdan en ocasiones a los paisajistas de Céret

Inge Schiöler.Kummel (Hito costero).Galeria Fahlnaes. Foto R.Puig

Inge Schiöler. Kummel (Hito costero).Galeria Fahlnaes. Göteborg. Foto R.Puig.

La actual colección Fahlnaes cuenta con varios cuadros suyos. 

Åke Göransson. Lirios.Museo de Bellas Artes.Gotemburgo. Foto R.Puig

Åke Göransson. Lirios.Museo de Bellas Artes.Göteborg. Foto R.Puig

No hay que olvidar a Åke Göransson (1902 -1942), pintor que, detrás de un aparente descuido, demuestra una habilidad especial para la composición de los colores.

Durante la última década de su vida la esquizofrenia le fue alienando de sí mismo.

Åke Göransson. Calle.Museo BBAA.Gotemburgo. Foto R.Puig

Åke Göransson. Calle. Museo de Bellas Artes.Göteborg. Foto R.Puig

Entre los coloristas se agrupa también a Nils Nilsson (1901-1949) que nació y murió en Gotemburgo.

Nils Nilsson.Autorretrato.www.jeffwerner.se

Nils Nilsson.Autorretrato.

Nilsson dedicó un cuadro a la Guerra Civil española (“Inbördeskriget”) que, por desgracia no he podido encontrar, y representó a Suecia en la Bienal de Venecia en 1942, en plena guerra mundial. Sólo he podido encontrar un autorretrato suyo en: www.jeffwerner.se

Continuará…

De los estragos del alcohol y de los celos. Un duelo a muerte frente al Gran Teatro de Gotemburgo

31 marzo, 2013
Bältespännarna. Escultura de J.P.Molin.Foto R.Puig

Bältespännarna. Escultura de J.P.Molin.Foto R.Puig

Cuando el escultor Johan Peter Molin (1814-1873) expuso en París, en 1859, su obra Bältespännarna (literalmente “atados por la cintura”) estaba en su apogeo el movimiento contra el alcoholismo en Suecia. A principios del siglo XIX se estima que había en Suecia 175.000 destilerías (la mayoría caseras). En 1850 se empezó a regular la venta de alcohol.

Algunas de las bases de lo que será más tarde el Sistembolaget actual (monopolio estatal de la venta de bebidas de más de 3,5 volúmenes) ya estaban en embrión en el primer bar estatal, abierto en 1860 en Gotemburgo, donde no se vendía a menores de 18 años y tampoco a alcohólicos, borrachos y antisociales. Lo que se compraba debía consumirse dentro del recinto. Otras ciudades copiaron el sistema y en 1870 el gobierno decretó el monopolio de los beneficios de la venta de bebidas alcohólicas.

Será o no coincidencia, pero cuando se abrió aquel primer establecimiento, la escultura de Molin ya estaba en la calle en Gotemburgo.

El duelo a muerte de dos hombres atados por un mismo cinturón es bien visible para el turista, pero los bajorrelieves en los cuatro lados del pedestal requieren más atención. Son como las viñetas de una historieta que explica las causas y las consecuencias de la tragedia de esa lucha a muerte fundida en bronce que truena en lo alto.

El cuento y su moral

Dejadme que os resuma  a mi modo este tebeo en bajorrelieve. Lástima que no haya encontrado quien me traduzca los caracteres rúnicos que aparecen sobre el cuerpo del malévolo ofidio que envuelve las escenas.

Dos colegas beben juntos.Bajorrelieve.J.P.Molin.Foto R.Puig

Dos colegas beben juntos.Bajorrelieve.J.P.Molin.Foto R.Puig

Dos colegas, guerreros de la misma milicia, sentados a la mesa de una taberna, liban abundantemente de la bebida espirituosa que les sirve la que parece ser la novia del de la derecha.

La serpiente acecha sobre la escena, evocación de un paraíso dónde la manzana tentadora la ofrecía la mujer. Aquí Eva sirve vino en lugar de una manzana, pero la tentación bíblica está ahí, aunque en esta historia el escultor haya fusionado el mito del pecado original con el de Caín y Abel.

Este ha trincado demasiado.Bajorrelieve.J.P.Molin.Foto R.Puig

Este ha trincado demasiado.Bajorrelieve.J.P.Molin.Foto R.Puig

Fatalmente, la borrachera hace su efecto en el de la izquierda.

El borracho se propasa.Bajorrelieve.J.P.Molin.Foto R.Puig

El borracho se propasa.Bajorrelieve.J.P.Molin.Foto R.Puig

Ofuscado por los efectos perniciosos del aguardiente, incapaz de contener sus instintos libidinosos, el borracho ase a la muchacha e intenta atraerla hacia sí.

La joven pide paz.Bajorrelieve.J.P.Molin.Foto R.Puig

La joven pide paz.Bajorrelieve.J.P.Molin.Foto R.Puig

A la ebriedad se añaden los violentos celos del otro macho que esgrime el cuchillo contra el insensato compañero. La joven se postra de rodillas ante el novio y le implora contención, mientras el contrincante prueba ya el filo de su arma. Pero Caín y Abel ya están decididos a luchar a muerte, pues en este caso Abel no morirá sin combatir.

Bältespännarna. Escultura de J.P.Molin.Detalle. Foto R.Puig

Bältespännarna. Escultura de J.P.Molin.Detalle. Foto R.Puig

El drama se produce, el duelo se celebra sangriento según las viejas tradiciones, que exigen que los dos combatientes luchen a muerte amarrados el uno al otro por un mismo cinturón.

Llorando a los muertos.Bajorrelieve.J.P.Molin.Foto R.Puig

Llorando a los muertos.Bajorrelieve.J.P.Molin.Foto R.Puig

Las consecuencias: dos muertos y una joven que llora esa pérdida absurda frente a la tumba de los dos camaradas.¡Dos jóvenes vidas destruidas por los excesos de la bebida! Caín y Abel han sucumbido juntos. La serpiente ha triunfado y la mujer se siente culpable, fue ella la que sirvió el alcohol.

Via crucis

No se acaban los duelos en el bronce. Será o no coincidencia, pero, hace dos días era Viernes Santo y este artículo estaba ya redactado, cuando un grupo de unas cincuenta personas se detuvo junto al monumento de J.P.Molin llevando en procesión una gran cruz de madera desnuda.

Guiados por una presbítera efectuaban una parada, una estación de su via crucis camino de la catedral, justo al pie de la trágica escultura.

Viernes Santo. Estacion de Via Crucis.Gotemburgo. Foto R.Puig

Viernes Santo. Estacion de Via Crucis.Gotemburgo. Foto R.Puig

El altavoz colocado sobre el pedestal reproducía sus cantos litúrgicos y uno de los fieles sostenía la cruz ante la mortal escena, bajo la cual una muchacha, como un símbolo de la sempiterna mulier dolorosa,  llora a los dos rivales muertos por causa de la tentación de la serpiente.

Es creencia cristiana que los males de la humanidad comenzar0n por la serpiente con la cooperación de una mujer al pie de la madera de un árbol  y que de aquel mortal pecado nos redimiría la muerte de un dios hombre sobre una cruz de madera.

Un mito alcanza al otro y en Gotemburgo una sacerdotisa guía el duelo por el legendario dios sacrificado. La procesión se detiene frente a la escena de otra leyenda. El nexo de unión entre ambas es una larga serpiente cuyos caracteres rúnicos puede que nos digan lo mismo que los cantos de este día, entonados por un grupo de fiels en la sobria y severa Semana Santa nórdica.

Será o no coincidencia, pero era la hora nona y el sol trataba de abrirse paso entre las tinieblas de un día nublado y frío.

Cielo de Viernes Santo en Gotemburgo.Foto R.Puig

Cielo de Viernes Santo en Gotemburgo.Foto R.Puig

Final festivo

No obstante, como hoy es Domingo de Resurrección no quiero terminar con una sensación de viernes de dolores. Así que para equilibrar el dramatismo de las escenas que hemos comentado, vamos a desplazarnos no muy lejos, al Museo de Bellas Artes de Gotemburgo, cuya fachada se atisba desde el lugar donde están emplazados los dos luchadores malhadados.

En el último piso, en las salas de la pintura moderna de artistas suecos hay una versión diferente de los efectos del alcohol.

Antes de que, en 1913, el grupo escultórico que hemos comentado se instalase con su mensaje antialcohólico en su emplazamiento definitivo, Ivar Arosenius (1878 – 1909), daba otra versión, mucho más festiva, de los estragos de la bebida, en su cuadro de 1906 titulado «Borrachera» o «Cogorza», en sueco Rus, palabra que no tiene nada que ver con los rusos y que tambien puede significar «arrebato» (de felicidad, de amor, etc.)

Ivar Arosenius. "Borrachera".1906.Detalle. Museo de Bellas Artes de Gotemburgo. Foto R.Puig

Ivar Arosenius. «Borrachera» (Rus) 1906.Detalle. Museo de Bellas Artes de Gotemburgo. Foto R.Puig

La pintura es elocuente y no muy edificante en un país que luchaba entonces denodadamente contra el flagelo del alcoholismo.

Ivar Arosenius falleció joven, pero no fue víctima del alcohol sino de su hemofilia y está enterrado en Gotemburgo.  Fue un pintor con grandes dotes para el dibujo que, no obstante una dolencia que por entonces acarreaba muchos riesgos, produjo abundantes cuadros e ilustraciones dotados de ternura y humor.

Llevó su imagen de los «arrebatos» a niveles más osados, en una acuarela titulada la «Fiesta de Baco», que data de 1900. En ella, a los efectos degradantes y fétidos de la ebriedad se agrega el zumbido de las moscas.

Arosenius. Fiesta báquica (Backusfest) Acuarela. Colección privada. Fuente Bukowskis auction

Arosenius. Fiesta báquica (Backusfest) Acuarela. Colección privada. Fuente Bukowskis auction

La verdad es que, a pesar de estas lecciones tan plásticas y de lo caro que resulta comprar bebidas alcohólicas en Suecia, son cientos los que se tambalean por las calles de la ciudad durante los fines de semana sin que parezca que la moraleja del grupo escultórico que hemos comentado hoy les impresione mucho. Tampoco creo que sepan mucho de Arosenius ni vayan al museo, pero el arrebato alcohólico sigue produciendo sus estragos.

Una ventaja del Sistembolaget es que, aunque gravoso para el bolsillo, la calidad de lo que se expende es notable. Sus expertos negocian por todo el mundo y entienden de vinos, licores y cervezas. El cliente que no sepa mucho de la materia (como suele ser frecuente por estas tierras) puede confiar en que casi siempre la calidad será buena, incluso para los precios inferiores. Pero…

¡aprended de lo que el arte ilustra y moderad el consumo!

Breverías erasmianas (VI). “A mortuo tributum exigere» (Exigirle el tributo a un muerto)

24 marzo, 2013
Constantin Meunier. Le grisou.1888-1890. Beaux Arts.Bruxelles. Foto R.Puig.

Constantin Meunier. Le grisou.1888-1890. Beaux Arts.Bruxelles. Foto R.Puig.

Corren tiempos en que se exprime directa e indirectamente a los que no tienen escapatoria, empezando por los que menos tienen y por los que han obrado honradamente. La verdad es que eso que llamamos la humanidad lleva siglos sin lograr que tal estado de cosas desaparezca. Ya a comienzos del siglo XVI se estrujaba a los indefensos, se mantenían las tradiciones me­dievales de los diezmos y primicias a favor de los eclesiásti­cos y estaba en auge la práctica de la simonía y de la venta de indulgencias, alimentando así el malestar que condujo a la reforma protestante. Los príncipes y los papas expoliaban a sus súbditos para equipar ejércitos, contratar bandas de mercenarios e invadir territorios ajenos.

El pequeño en­sayo, que Erasmo de Rotterdam publicó en la edición de sus Adagios de 1515 y donde comenta el adagio “Exigirle el tributo a un muerto”, aparecía ya en la edición de 1508 con menor extensión. El texto resume sus ideas sobre la ética de los nego­cios y sobre los impuestos. Es una crítica de las exacciones, tributos, diezmos, gabelas, dacios y arbitrios seculares y eclesiásticos que eran bien conocidos para los lectores de su tiempo (algunos de los impuestos canónicos siguieron vigen­tes hasta hace poco). Las revueltas de los campesinos de la primera mitad del XVI estallaron para liberarse, entre otras cosas, de la multitud agobiante de tales contribuciones.

Erasmo critica las tasas impuestas al pueblo menesteroso y ataca la venta de cargos públicos y de beneficios eclesiásticos, así como lo que entre nosotros se ha llamado ‘cultura del pe­lotazo’, practicada por «esa clase de sórdidos especuladores» que andan «comprando aquí para vender allí por más del doble o explotando mediante monopolios a la pobre gente». En cuanto a la usura, a pesar de desmarcarse de la tradición que la condena, se escandaliza de que se considere a los usu­reros –es decir los banqueros– como «pilares de la Iglesia».

El pez grande se come al chico.Brueghel

El pez grande se come al chico.Brueghel

En La educación del príncipe cristiano Erasmo insisti­rá en que el Estado debe intervenir en la economía para impedir la concentración excesiva de las riquezas en manos de unos pocos y para proteger al pueblo llano de la miseria. En los Coloquios también se ocupa de la moral de los ne­gocios: en el Banquete religioso reconoce la legitimidad del capital que se produce como resultado del propio trabajo, pero en la Ictiofagia (así como en carta a Damião de Góis el 25 de Julio de 1533) fustiga la explotación y el pillaje que bajo capa de cristianización acompañan a la em­presa colonizadora.

La especulación y el monopolio son prácticas a las que aludió con ejemplos concretos en muchas de sus obras y mencionó con frecuencia en sus cartas. Propugna la intervención de las autoridades para controlar pesos y medidas, vigilar las alzas abusivas de precios y supervisar la calidad de los alimentos.

Gerard Mas. ARCO 2010. Foto R.Puig

Obra de Gerard Mas. ARCO 2010. Foto R.Puig

Lo que sigue es una selección de párrafos del comentario de Erasmo que, pese a que ha pasado tanto tiempo, siguen sonando familiares.

Apo necrou forologein significa «exigirle el tributo a un muerto», y se decía de quien, lícita e ilícitamente, amontona riquezas de cualquier procedencia. Aristóteles en el libro segundo de la Retórica lo cita así: «hasta de un difunto saca provecho», reflejando lo que se solía decir de aquellos que con manejos deshonestos iban en pos de una ganancia, viniera de donde viniera, obtenida incluso de negocios mezquinos y sórdidos, como Vespasiano de los urinarios, o a partir de actividades vergonzosas, como el proxenetismo o la prostitución; o como quienes estru­jan a los amigos, a los menesterosos, a los mendigos o, por último, hasta a los muertos. Los nobles romanos que excavaron los monumentos de Corinto y expoliaron los bronces corintios fueron reprobados y se acuñó un tér­mino que expresaba la mezquindad de lo que hicieron. Por esta razón las cosas que se roban de aquella manera se denominan necrocorintos.

Riñones. A partir de Andrea Vesalius. Tabulae Anatomicae. Culture et civilisation. Bruxelles 1965

Riñones. A partir de Andrea Vesalius. Tabulae Anatomicae. Culture et civilisation. Bruxelles 1965

En concreto, si te atienes a las prácticas actuales, yo acep­taría mucho antes al usurero que a esa clase de sórdidos especuladores que con trucos, falsedades, imposturas, falacias, andan a la caza de beneficios de cualquier pro­cedencia, comprando aquí para vender allí por más del doble, o explotando mediante monopolios a la pobre gente; y sin embargo, estos agentes, que no tienen otra ocupación en la vida, son casi los únicos que considera­mos honrados.

…….

La rapacidad de éstos so­brepasa toda elocuencia. No existe ocasión de la que no extraigan algo de ganancia. No hay límite ni fin; a diario inventan nuevas formas de presión, y lo que fue un atra­co aislado en determinadas circunstancias se convierte en mordisco permanente. Estas prácticas, ya de por sí bastante odiosas, al ser ejercidas de forma aún más odio­sa por funcionarios arrogantes, generan un considerable grado de hostilidad hacia los príncipes, quienes sin em­bargo nada estiman indigno de sí con tal de sacarle una ganancia, es decir, con tal de que a causa de ello el ham­bre de los humildes crezca y se acreciente el lujo de los nobles, o más bien de los piratas. Y no faltan quienes, manejando las leyes como redes, obtienen ganancias nada despreciables de los crímenes de los delincuentes. ¿Hay acaso un cargo público, un puesto, una prefectura que no esté en casi todas partes a la venta? Finalmente, como estas prácticas, aun siendo muchas, no pueden colmar ese tonel verdaderamente agujereado que es el fisco de los príncipes se pretexta una guerra, los genera­les se ponen de acuerdo, y al pueblo infeliz se le sorbe has­ta la médula, como si un principado no fuese apenas otra cosa que un ingente negocio.

Adagio 812 (I ix 12).

Traducción del autor de este blog en su edición de Adagios del poder y de la guerra y Teoría del Adagio. Madrid, Alianza Editorial, Bolsillo Filosofía, 2008

Vesalius en Tabulae Anatomicae.Culture et civilisation. Bruxelles 1965

A partir de Andrea Vesalius. Tabulae Anatomicae. Culture et civilisation. Bruxelles 1965

El duo de los cisnes

17 marzo, 2013
Duo de cisnes.Foto R.Puig

Duo de cisnes.Foto R.Puig

mi homenaje a los cisnes de Klippan en Gotemburgo

.

Para engañar al frío

el cisne se hace nieve.

Duo de cisnes.Foto R.Puig

Duo de cisnes.Foto R.Puig

Para engañar al agua

se hace pasar por nube,

Duo de cisnes.Foto R.Puig

Duo de cisnes.Foto R.Puig

y el aire se extravía

al sentirlo tan leve.

Duo de cisnes.Foto R.Puig

Duo de cisnes.Foto R.Puig

El cisne engaña al tiempo

pues ni se va ni vuelve,

Duo de cisnes.Foto R.Puig

Duo de cisnes.Foto R.Puig

y el cisne nos confunde

afectando que es cisne.

.

sábado  9 de marzo del 2013

El mar junto a mí (Albert Camus)

10 marzo, 2013
Creciendo con el mar.Foto R.Puig

«Creciendo con el mar».Foto R.Puig

«El mar me precede y me sigue» 

Este año se cumplirán cien del nacimiento de Albert Camus en la Argelia francesa. Hace poco releía yo algunos ensayos suyos de los años cincuenta que rezuman amor a su tierra de origen, escritos en una prosa al borde de la poesía, en los que nos transmite sus vivencias del paisaje mediterráneo y de sus mitos. Entre ellos está el famoso Retour à Tipasa y el emocionante La mer au plus près. Journal de bord.

Del breve exordio de este último están sacados los fragmentos que aquí traduzco.

El mar de Tipasa evocado por Albert Camus.Fuente. httptipaza.typepad

El mar de Tipasa evocado por Albert Camus. Fuente. httptipaza.typepad

Creciendo con el mar mi pobreza ha sido fastuosa, luego he perdido el mar y todos los lujos me han parecido grises, la miseria intolerable. Desde entonces, espero. Aguardo que vuelvan las naves, la casa de aguas, el día límpido. Me lo tomo con calma, pongo mi mayor empeño en ser educado. Se me ve pasar por las hermosas calles de los sabios, admiro los paisajes, aplaudo como hacen todos, doy la mano, no soy yo el que habla. Se me alaba, sueño un poco. Se me ofende, apenas me sorprendo, después olvido y sonrío a quien me ultraja; o saludo con exceso de cortesía a quien me gusta. ¿Qué voy a hacer si tan sólo tengo memoria para una imagen? Finalmente me conminan a que diga quién soy. “Todavía nada, todavía nada…”

Es en los entierros donde me supero. Soy en verdad excelente. Marcho a paso lento por suburbios ornados de chatarra, me adentro por amplias alamedas, plantadas de árboles de cemento que terminan en agujeros de tierra fría. Allí, bajo la venda apenas enrojecida del cielo, observo como unos gallardos camaradas inhuman a mis amigos a tres metros de profundidad. La flor que una mano arcillosa me tiende en ese momento, si la lanzo, no falla jamás la fosa. Mi piedad es la precisa, la emoción exacta, inclinando la nuca como es debido. Admiran el acierto de mis palabras. Pero no tengo mérito: yo espero.

La respiracion de las aguas.Foto R.Puig

«La respiracion de las aguas».Foto R.Puig

Espero largo tiempo. A veces, tropiezo, pierdo apoyo, el éxito me escapa. Qué importa, entonces estoy solo. Así que me despierto de noche, y, medio dormido, me parece escuchar un ruido de olas, la respiración de las aguas. Desvelado del todo, reconozco el viento en los ramajes y el rumor desgraciado de la ciudad desierta. Después, debo poner todo mi esfuerzo en esconder mi desamparo o disfrazarlo a la moda.

Pozos de piedra y cemento.Foto R.Puig

«Pozos de piedra y acero». Foto R. Puig

Otras veces, al contrario, algo me ayuda. En Nueva York, hubo días en que, perdido, al fondo de esos pozos de piedra y acero por los que erran millones de hombres, yo corría de uno a otro, sin ver el fin, agotado, hasta que ya sólo me sostenía la masa humana que buscaba su salida. Entonces me ahogaba, mi pánico estaba por volverse grito. Pero, cada vez me llegaba la llamada lejana de un remolcador, para recordarme que esta ciudad, cisterna seca, era una isla, y que en la punta de la Battery el agua de mi bautismo me esperaba, negra y podrida, cubierta de corchos huecos.

El agua de mi bautismo me esperaba. Foto R.Puig.

«El agua de mi bautismo me esperaba». Foto R.Puig.

De este modo, yo, que nada poseo, que he dado mi fortuna, que acampo al margen de todas mis casas, sin embargo estoy satisfecho cuando lo quiero, aparejo a cualquier hora, el desaliento me ignora. No hay patria para el desesperado y , en cuanto a mí, yo sé que el mar me precede y me sigue, tengo una locura siempre pronta. Quienes se aman y están separados pueden vivir en el dolor, pero no es el desánimo: saben que el amor existe. Por eso sufro el exilio con los ojos secos. Todavía espero. Un día viene, al fin…

La impresion de vivir en alta mar. Foto R.Puig

«Esta ciudad, cisterna seca, era una isla». Foto R.Puig

Siempre he tenido la impresión de vivir en alta mar, amenazado, en el corazón de una felicidad real.

Albert Camus. “L’Été”, Paris, Gallimard, Les Essais LXVIII, 1954.  (traducción propia)

Estela de Camus en Tipasa. Blog Tipaza.typepad.fr

Estela de Camus en Tipasa. Blog Tipaza.typepad.fr

Fotos de Tipasa:

http://tipaza.typepad.fr/mon_weblog/

http://tipaza.typepad.fr/

Las deidades invernales se retiran

3 marzo, 2013
Aspen Lake Sweden.Photo R.Puig

Lago de Aspen. Suecia. Foto R.Puig

Los apus de los Andes

En el Perú fui testigo, hace más de cuarenta años, de las ofrendas al Apu tutelar de los campesinos de las naciones quechua y aymara en una montaña de los Andes en el distrito de Ocongate. Allí participé en la ascensión sagrada de cientos de ukukus que subían en fila india al glaciar que baja de la cumbre del Qoyllor Ritti (estrella de plata), el nevado Colquepunku, iluminados por la luna llena, llevando cada uno el cirio que había encendido en la capilla del Cristo al pie de la morrena.

Ante el Koyllor Ritti en 1969

En el glaciar del Qoyllor Ritti en mayo de 1969

Tras la delicada escalada de esa serpiente de luces, una vez clavado el cirio allá arriba, descendían cargando a sus espaldas pesados bloques de hielo. Al llegar a la vaguada los depositaban como ofrenda frente al santuario antes de proceder a la ceremonia de los flagelantes. ¡Una vela al Apu y una ofrenda de hielo al Señor! Ese era el intercambio para tener contentos a todos los dioses.

 Los apus de Gotemburgo

El troll de la roca.Foto R.Puig

El troll de la roca.Foto R.Puig

En Gotemburgo abundan los peñones por la ciudad y sus alrededores. En invierno afloran de sus hendiduras los rostros helados de sus ocultos dioses. Pensamos que son simples cascadas de agua helada. Pero, si a la manera de los habitantes del altiplano andino  abriésemos nuestros sentidos a los misterios de la tierra, sabríamos que los roquedales de la región de Västra Götaland están habitados por sus apus.

Cuando los hielos está en su apogeo no es fácil distinguir la fisionomía de estas deidades aparentemente inmóviles. Pero cuando Invierno comienza a despedirse, sus dioses menores dejan ver por breve tiempo su rostro de troll, antes de refugiarse como cada año en las entrañas de los batolitos sobre los que se asienta la región, y aguardar así pacientemente a que la primavera, el verano y el otoño pasen.

Hace pocos días he conseguido sorprender a uno de estos diosecillos en plena retirada, con su boca desdentada, sus barbas heladas y unas blancas cejas que esconden sus ojos tristes, si es que no irritados y amenazadores.

Las barbas del troll. Foto R.Puig

Las barbas del troll. Foto R.Puig

Los patinadores que se arriesguen sobre el hielo en este final de invierno pueden ser víctimas de los vengativos maleficios de tales deidades. No en vano el poderoso Bóreas, obligado a regañadientes a dar paso a vientos más templados que soplan desde tierra atraídos por la corriente del Golfo, cela sus amenazas bajo la fragilidad de las superficies heladas y descarga su frustración sobre esos aventureros que cada año sucumben fatalmente a sus engaños.

En cualquier caso a este grajo que juega al fútbol sobre el hielo de un canal en Gotemburgo las postreras iras del divino Invierno no le afectan:

Tampoco le van a faltar espectadores, como este congénere que sigue sus regates desde lo alto de una farola…

Un espectador de la tribuna.Foto R.Puig

Un espectador de la tribuna.Foto R.Puig

Ni tampoco falta un camarada más profesional que viene a reconvenirle:

«¡por amor de Dios, no seas cutre, usa esta otra pelota!»

Esta pelota es más profesional. Foto R.Puig

Esta pelota es más profesional. Foto R.Puig

«¡No ves que la tuya no es reglamentaria»

Aquí estoy yo.Foto R.Puig

Aquí estoy yo.Foto R.Puig

Otros hinchas, más perezosos, sólo quieren contemplar el espectáculo sin intervenir y  sin que les preocupe el amenazante y helado troll de la otra orilla

No llega el barco. Foto R.Puig

«Tienes razón. Desde que se fue Guardiola ya no es lo mismo». Foto R.Puig

El perro avaricioso

25 febrero, 2013
Royal Readers III.Portada interior. Foto R.Puig

Royal Readers III.Portada interior. Foto R.Puig

Aprendiendo inglés en la España de los años 20

Recuerdo que el librillo victoriano que ahora tengo en mis manos rodaba siempre por la casa de mi niñez.Lo atestiguan algunos garabatos y rayajos en sus maltrechas páginas, fruto de las “lecturas” infantiles de diez hermanos. Mi padre lo había usado para su aprendizaje del inglés en sus años mozos. Pero nuestra maldita guerra dividió las vidas de los jóvenes españoles en un antes y un después. Absorbidos por ganarse la vida, quienes algo de inglés habían aprendido antes no sólo debieron de aparcar sus lecciones,  sino que en la inmediata posguerra, cuando los ministros de Franco se fotografiaban en Berlín con sus correligionarios nazis,  el idioma de los países aliados, y lo británico en general, no estaba muy bien visto.

Conocimientos de inglés a mi padre no le quedaron muchos, pero fueron suficientes para interpretarnos los cuentos del tomito III de los “Royal Readers”, ilustrado con grabados y reimpreso en Londres en 1925 por T.Nelson and Sons. Digo interpretar, porque no sólo los traducía y adaptaba a nuestra imaginación infantil a la hora de dormirnos mientras nos mostraba los grabados, sino que cuando se empleaba a fondo con una de las stories of tigers, mi padre rugía como los grandes felinos y hacía ademán de sacar las garras. Creo recordar que también sabía imitar perfectamente el berrido de los elefantes, tan bien como en las películas de Tarzán. Y así con los tiburones, los monos, etc.

El libro también tiene cuentos sobre el mejor amigo del hombre…

El perro y su sombra

Royal Readers III.The dog and the shadow.Foto R.Puig

Royal Readers III.The dog and the shadow.Foto R.Puig

 The dog and the shadow

Un perro que atravesaba un riachuelo con un hueso en la boca, vio su imagen reflejada en el agua clara y la tomó por la de otro perro llevando otro hueso.  No satisfecho con lo que ya poseía, la avariciosa criatura se abalanzó sobre la presa que veía debajo. Al hacerlo, evidentemente soltó el hueso real, que cayó en el arroyo y se perdió.

Los avariciosos, al codiciar más de lo que tienen a menudo pierden incluso lo que podrían haber disfrutado en paz.

Royal Readers nº III, First Series. London, T.Nelson ans Sons, 1925, p.70

La moraleja sigue siendo actual. Por lo que leemos todos los días en la prensa, más de un personaje debe de estarse arrepintiendo en España de no haberse contentado con lo que honradamente tenía…

La pedagogía del idioma y de la lectura en la Inglaterra victoriana

Royal Readers III.La planta del tabaco

Royal Readers III.La planta del tabaco. Foto R.Puig

Este viejo texto escolar sienta sus objetivos pedagógicos en el prefacio, que comienza con una frase muy significativa:

Good Reading is more readily acquired by practice than by precept

Leer bien se consigue con más facilidad por la práctica que por la imposición

Se intuye que el libro (y los otros cinco de la serie) debió de componerse para las escuelas de los tiempos victorianos, pues se cita el Syllabus del Departamento de Educación Inglés para los aspirantes a maestros del año 1872.

De ahí un anacronismo de su reimpresión en 1925, que mi padre subrayó con tinta y signos de exclamación en una de las páginas de este texto escolar, donde dice:

Todavía hay esclavos en las islas que pertenecen a España; pero hay razones para esperar que pronto serán liberados. Entretanto, hemos de alegrarnos de que ya no existe esclavo alguno en los dominios Británicos

Royal Readers III. Slaves.Foto R.Puig

Royal Readers III. Slaves.Foto R.Puig

La verdad es que esta afirmación pertenece a una narración, con grabado de las tres carabelas incluido, en la que se exalta la gesta de Cristobal Colón y, después, se explica a los niños la historia de las crueldades de la sucesiva colonización europea y de la trata de esclavos, sin excluir a Inglaterra de tales prácticas.

Royal Readers III. Las carabelas de Colon. Foto R.Puig.

Royal Readers III. Las carabelas de Colón. Foto R.Puig.

Para un manual escolar de 1925 la crítica de nuestra civilización no está nada mal.  Deduzco que cuando habla de los restos de esclavitud en islas de dominio español se refiere a Cuba o Puerto Rico, ¿o se estarían refiriendo a las islas de Fernando Poo y Annobón? En el siglo XIX esas islas, que eran de dominio español pero con gobernador inglés, se mantuvieron aún durante algunas décadas como uno de los centros de comercio de esclavos de británicos y holandeses. La trata databa del siglo XV, de cuando los portugueses tomaron las islas sometiendo a la población bubi. Los historiadores podrán decir hasta cuándo subsistió el depósito inglés de esclavos de Fernando Poo, ¡una colonia española con gobernador inglés y subgobernador holandés nombrados por Isabel II, la reina de España!

España no suprime la esclavitud en Puerto Rico hasta 1873 y en Cuba hasta 1880. En el Imperio Británico se había concluido legalmente en 1834, salvo en la India donde se abolió en 1843, aunque en la práctica continúo varias décadas detrás de la fachada.

En cualquier caso a los escolares ingleses del último tercio del siglo XIX y primeras décadas del XX se les alimentaba un poco la buena conciencia, comparando el benigno imperio inglés con los restos de los dominios españoles.

Royal Readers III. Elefantes en faena. Foto R.Puig.J

Royal Readers III. Elefantes en faena. Foto R.Puig

Los Royal Readers se encuentran digitalizados en

http://collections.mun.ca/cdm4/browse.php?CISOROOT=%2Fcmc

con un comentario en

http://doodledaddle.blogspot.se/2011/06/royal-readers-victorian-era-textbooks.html

En el Museo de Bellas Artes de Valencia (II). Paisajistas de Roma y Holanda entre los siglos XVII y XVIII

19 febrero, 2013
Museo de Bellas Artes San Pío V de Valencia. Foto R.Puig

Museo de Bellas Artes San Pío V de Valencia. Foto R.Puig

En las exposiciones temporales del Museo San PíoV suele encontrarse algo de público. En las salas de la colección permanente me podía pasear solo.

Parece que los turistas que vienen a Valencia prefieren ir a ver como se deterioran las techumbres de Calatrava en la Ciudad de las Artes y de las Letras, mientras que las verdaderas obras de arte, en las salas del Museo de Bellas Artes de Valencia, muchas de ellas dignas de que la gente haga cola para verlas, como ocurre en Madrid o en París, esperan en silencio a que alguien se acuerde de ellas, mientras en la semipenumbra del museo brillan con luz propia.

Así que, teniendo la sala para mí solo, examino a placer los trece cuadros de paisajes romanos y holandeses del siglo XVII y principios del XVIII que vibran en sus paredes.

Esaias van den Velde

Esaias van den Velde. Paisaje con dunas y soldados. Detalle. Museo BBAA ValenciaFoto R.Puig

Esaias van den Velde. Paisaje con dunas y soldados. Detalle. Museo de Bellas Artes. Valencia. Foto R.Puig

Comienzo por una de las dos obras del Museo que no tienen que ver con Italia,  un paisaje con dunas y soldado de Esaias van den Velde (Amsterdam 1587 – La Haya 1630), quien precisamente fue maestro de Jan van Goyen, con quien acabaremos esta entrada.

Pero el grueso de la colección la forman los paisajes de un pintor flamenco que se enamoró espiritual y físicamente de Italia.

Jan Frans van Bloemen (apodado Orizzonte)

Creo que sólo la colección Doria Pamphili de Roma puede competir con el San Pío V en número de paisajes del pintor flamenco Jan Frans van Bloemen (Amberes 1662-Roma 1749). Llegó a Italia con 23 años, en 1685, junto con su hermano mayor, también pintor. Se casó en Roma en 1692 y allí vivió y trabajó hasta su muerte, dejando un enorme legado de composiciones, en los que su visión idealista, bucólica o mitológica emula a la de Nicolas Poussin (Normandia 1594-Roma 1665) y la de Gaspar Dughet (Roma 1615-1675), en la construcción de la perspectiva aérea con un escalonamiento de planos y de tonos que guían la vista desde las figuras hasta las montañas y los horizontes lejanos.

Siguiendo la tradición de trabajo en equipo de los talleres de los maestros de entonces, durante la época en que su hermano Pieter estuvo en Italia con él (1685-1692), era él el encargado de pintar los animales que aparecían en los paisajes de Jan Frans. En cuanto a los personajes pastoriles o mitológicos, el especialista era Placido Constanci, un pintor muy poco conocido.

En la colección de la Doria Pamphili hay diecisiete paisajes de Jan Frans van Bloemen y en la Galería Corsini cuatro, todos de carácter bucólico o mitológico, con la característica visión idealizada del paisaje y de sus personajes y el encaje de algún detalle relativamente realista como son las cascadas de Tívoli o de Terni.

El museo de Valencia cuenta con diez magníficos paisajes de van Bloemen, todos acordes con sus constantes estilísticas, pero con una exclusiva que no tienen los de la Doria Pamphil como son las arquitecturas realistas que integra en el paisaje.

En uno de ellos, el pintor ha trasplantado, desde la Via Appia de Roma, la tumba de Cecilia Metella

Jan Frans van Bloemen. Paisaje del Lazio con torre y figuras. Detalle. Museo BBAA Valencia.Foto R.Puig

Jan Frans van Bloemen. Paisaje del Lazio con torre y figuras. Detalle. Museo de Bellas Artes. Valencia.Foto R.Puig

Y, en otro, el ábside de la iglesia de San Giovanni e Paolo de Roma

Jan Frans van Bloemen. Paisaje del Lazio con el ábside de la iglesia romana de San Giovanni e Paolo. Detalle. Museo BBAA Valencia.Foto R.Puig

Jan Frans van Bloemen. Paisaje del Lazio con el ábside de la iglesia romana de San Giovanni e Paolo. Detalle. Museo Bellas Artes de Valencia.Foto R.Puig

Hay dos que corresponden a puentes romanos sobre el Tíber, tal como estaban en aquella época

Jan Frans van Bloemen. Puente Milvio. Detalle. Museo BBAA Valencia.Foto R.Puig

Jan Frans van Bloemen. Puente Milvio. Detalle. Museo Bellas Artes. Valencia.Foto R.Puig

Así ocurre con el hermoso óleo del Ponte Milvio, cuya versión actual difiere bastante, debido a los desastres de las guerras del siglo XIX.

Ponte Milvio. Foto R.Puig

Ponte Milvio. Foto R.Puig

De forma parecida, el artista retrata el Ponte Salario, del cual hoy en día, gracias a las tropas francesas y a las papales, no quedan más que unos mínimos restos de los contrafuertes.

Jan Frans van Bloemen.Puente Salario. Museo BBAA Valencia.Foto R.Puig

Jan Frans van Bloemen.Puente Salario. Museo Bellas Artes. Valencia.Foto R.Puig

¡Una maravilla de puente que databa del tiempo de los ostrogodos!

Piranesi.Ponte Salario. Engraving. Wikipedia.

Piranesi. Ponte Salario. Engraving. Wikipedia. Grunwald Center for the Graphic Arts
Rudolf L. Baumfeld Bequest

Como prueba de la fidelidad del cuadro de van Bloemen valga un grabado de Piranesi del mismo puente, casi un siglo más tarde.

Siguiendo con el Tíber, el pintor reproduce una vista del Porto della Legna, hoy desaparecido, que estaba muy cerca de la Piazza del Popolo

Jan Frans van Bloemen. Vista del Porto della Legna en Roma. Detalle. Museo BBAA Valencia.Foto R.Puig

Jan Frans van Bloemen. Vista del Porto della Legna en Roma. Detalle. Museo Bellas Artes. Valencia.Foto R.Puig

Y las riberas del río a la altura de Acqua Acetosa, donde el Tíber traza una curva y crea una cala de aguas profundas, cerca de la célebre fuente de aguas ferruginosas del mismo nombre y  de lo que es hoy el barrio del Parioli

Jan Frans van Bloemen. Vista del Tiber en Acqua Acetosa. Detalle. Museo BBAA Valencia.Foto R.Puig

Jan Frans van Bloemen. Vista del Tiber en Acqua Acetosa. Detalle. Museo Bellas Artes. Valencia.Foto R.Puig

La cascada de Tívoli presenta en el fondo una vista de la ciudad como se veía en aquella época.

Jan Frans van Bloemen . Cascada de Tívoli. Detalle. Museo BBAA Valencia.Foto R.Puig

Jan Frans van Bloemen . Cascada de Tívoli. Detalle. Museo Bellas Artes. Valencia.Foto R.Puig

En contraste, el mismo tema es completamente idealizado por el pintor en otro cuadro que pertenece a la colección Doria Pamphili.

Jan Frans van Bloemen. Paisaje con las cataratas de Tívoli. Detalle. Colección Doria Pamphili

Jan Frans van Bloemen. Paisaje con las cascadas de Tívoli. Detalle. Colección Doria Pamphili

Los otros tres cuadros de van Bloemen en el Museo de Valencia corresponden a los estándares habituales del artista.

Una composición genérica con su lago, su cascada y sus figuras

Jan Frans van Bloemen. Paisaje con cascada, lago y figuras. Detalle. Museo BBAA Valencia. Foto R.Puig

Jan Frans van Bloemen. Paisaje con cascada, lago y figuras. Detalle. Museo Bellas Artes. Valencia. Foto R.Puig

y un paisaje del Lazio y la luz, la luz de Roma.

Jan Frans van Bloemen . Paisaje del Lazio con figuras. Detalle. Museo BBAA Valencia.Foto R.Puig

Jan Frans van Bloemen . Paisaje del Lazio con figuras. Detalle. Museo Bellas Artes. Valencia.Foto R.Puig

El siguiente artista  es romano de nacimiento

Paolo Anesi

Junto a las obras de van Bloemen, el museo exhibe dos paisajes de Paolo Anesi (Roma 1697-1773).

Es un pintor completamente romano, influido por sus contemporáneos el holandés Gaspar van Wittel o Vanvitelli (Amesfoort 1652/53 – Roma 1736), autor de innumerables vedute,  y Andrea Locatelli (Roma 1695 – 1741). Artista de aires aristocráticos, también refleja las maneras de Lorrain, Dughet y van Bloemen. La galería Corsini cuenta con valiosas obras de todos ellos, excepto del francés.

Paolo Anesi. Paisaje con pastores y ganado.Detalle. Museo BBAA Valencia.Foto R.Puig

Paolo Anesi. Paisaje con pastores y ganado.Detalle. Museo Bellas Artes. Valencia.Foto R.Puig

Paolo Anesi. Paisaje fluvial con puente.Detalle. Museo BBAA Valencia.Foto R.Puig

Paolo Anesi. Paisaje fluvial con puente.Detalle. Museo Bellas Artes. Valencia.Foto R.Puig

Y, detalle de un pintor romano, es el único cuadro de la serie en el que aparece un pino de Roma.

Jan van Goyen

Una obra de Jan van Goyen (Leyden, 1596-La Haya 1656) completa esta hermosa colección del  Museo de Bellas Artes de Valencia. Este pintor barroco, que nunca viajó a Italia, es clasificado como realista. Pero pienso que, como ocurre con  Rembrandt, hay algo de ensueño romántico en no pocas de sus obras.

Se trata de un paisaje holandés con su río, su torre y su embarcadero.

Jan van Goyen. (Leyden, 1596-La Haya 1656) Paisaje fluvial con torre y embarcadero. Museo BBAA Valencia.Foto R.Puig

Jan van Goyen. (Leyden, 1596-La Haya 1656) Paisaje fluvial con torre y embarcadero. Museo Bellas Artes. Valencia.Foto R.Puig

 

Conclusión

Museo de Bellas Artes de Valencia.Foto R.Puig

Museo de Bellas Artes de Valencia.Foto R.Puig

Por el momento, parece que las agencias de viajes seguirán atrayendo más turistas hacia el gigantesco insecto pretenciosamente bautizado como la “Ciudad de las Artes y las Letras”, durante la década del despilfarro y falsa apariencia que afligió y esquilmó a la Comunidad Valenciana, mientras al Museo San Pío V se le negaban el pan y la sal.

La llamada Ciudad de las Artes y las Letras. Valencia. Foto R.Puig

La llamada Ciudad de las Artes y las Letras. Valencia. Foto R.Puig

Lo que me temo es que, contrariamente a Roma, las ruinas del coleóptero de Calatrava dentro de mil seiscientos años no podrán inspirar demasiado a los pintores del paisaje.

Puede que,  sin embargo, las torres de Serranos y el venerable edificio del Museo de Bellas Artes, al otro lado del antiguo lecho del Turia,  sigan en pie, acosadas quizás por las aguas del Mediterráneo, como una extensión de Venecia, pero atractivas para el ojo del artista. Tras los muros del museo, confío en que sus colecciones sigan aguantando, al fin y al cabo no están hechas de resina, de plástico o de fibra de vidrio, como los caros maniquíes de la Feria ARCO de Madrid

Torres de Serranos. Valencia.Foto R.Puig

Torres de Serranos. Valencia.Foto R.Puig

Apéndice: reflexiones sobre el origen del concepto de paisaje

La palabra paisaje se deriva de país y aparece en las lenguas romances en el siglo XVI, inicialmente como una expresión utilizada por los pintores para denominar los cuadros paisajísticos. Pronto adquiere el otro sentido, el de una extensión de territorio que el ojo puede abarcar como conjunto. De este modo ambos sentidos, el propio y el figurado, se asocian. Ya no va por un lado el paisaje “real” y por otro su “figuración”, sino que lo propio del paisaje es presentarse como “configuración” del “país”.

El término aparece en una época en que el paisaje irrumpe en la pintura europea cuando  el decorado invade el lugar de las figuras y de la escena a las que debía servir de fondo, como ya ocurre con Patinir a fines del siglo XV.

Pero el “sentimiento” que inspira el paisaje no está necesariamente vinculado a la “naturaleza”.  Hay un sujeto que percibe. El lugar no se transforma en paisaje si no es in visu,  pues  se da como “conjunto” a partir de un punto de vista y el foco de la visión reside en el sujeto. De modo que el paisaje se distingue de la extensión geométrica, objetiva, geográfica; es un espacio percibido y/o concebido, y, por tanto, irreductiblemente subjetivo.

No es indiferente que el paisaje aparezca en Europa con el Renacimiento y su afirmación del individuo.

En el paisaje parecen coincidir todos los componentes subjetivos de un co-nacimiento con el mundo que el conocimiento moderno del universo no podía ya asumir: sensaciones, percepciones, impresiones e incluso afecciones, emociones e imaginaciones. Porque, a pesar del primado que la tradición occidental confiere a la vista, el paisaje no se puede reducir a un puro espectáculo. Se ofrece igualmente a los otros sentidos y concierne al sujeto todo entero, cuerpo y alma. No se da sólo a ver, sino a sentir y resentir. En él la distancia se mide por el oído y el olfato, por la intensidad de los ruidos y por la circulación de las corrientes del aire y sus efluvios; la proximidad se experimenta por la calidad táctil de un contorno, por la tonalidad de una luz, por el sabor de una coloración.

Michel Collot, Paysage et poésie du romantisme à nos jours. Paris, José Corti, 2005. Extractos de la introducción del autor (traducción propia)

De las desgracias de Ganda, el rinoceronte enfermo que Durero inmortalizó

12 febrero, 2013
Rinoceronte asiatico. Durero. British Museum

Rinoceronte asiatico. Xilografía de Durero. British Museum

 

Parece ser que la estampa emblemática de la exposición Durero grabador. Del Gótico al Renacimiento, abierta hace poco en la Biblioteca Nacional de Madrid es el famoso y muchas veces reproducido rinoceronte asiático, cuya estampa en hojas sueltas aportó buenas ganancias al artista alemán.

¡No es lo menos admirable de este grabado lleno de finos detalles el que se trate de una xilografía! El dibujo original de Durero, a partir del cual se ejecutó, se conserva en el British Museum.

Albrecht Dürer. Ink drawing. British Museum.

Albrecht Dürer. Dibujo a la pluma. British Museum.

Está documentado que se basó en un dibujo que un pintor moravo afincado en Portugal envió a Nurenberg desde Lisboa, adonde el pobre animal, apodado Ganda, había llegado en mayo de 1515, tras un viaje por mar de cinco meses.

Los críticos afirman que los detalles tan abigarrados son fruto de la imaginación de Durero y de su lectura de Plinio (se transcribe más adelante), autor que no era manco en fantasías.

No voy a contradecir a los críticos, pero, además, mi modesta opinión es que el pobre animal debió de llegar a Lisboa con escorbuto, en estado de deshidratación, cubierto de abscesos y, además, escrofuloso. Así que lo que parece una cota de malla o la superficie moteada de una tortuga, creo que eran  pústulas; y esa especie de branquias son las escrófulas.

Así que lo que hizo Durero fue adecentarlo para la posteridad y borrar las huellas del maltrato, sin que eliminase del todo la melancolía y la pena que rezuma el animal. Al fin y al cabo, el artista, que era al parecer depresivo y melancólico, se debió sentir identificado con el desdichado rinoceronte.

Ese aspecto triste lo siguieron manteniendo los artistas posteriores que se inspiraron en él para sus obras de Historia Natural.

Rinoceronte asiatico Jonstonus. Biblioteca Vaticana.Detalle

Rinoceronte asiatico Jonstonus. Biblioteca Vaticana.Detalle

Capricho de nobles

En fin, en Lisboa, en vez de darle un respiro lo pusieron en una plaza frente a otro desgraciado, un elefante, para comprobar si Plinio el Viejo tenía razón, cuando describía una feroz rivalidad entre ambos animales. Como dos no pelean si uno no quiere (y el elefante se largó pintando), el rey decidió mandárselo al Papa León X, con escala en Marsella para que lo viese Francisco I.  No llegó a su destino, una tempestad hundió el barco frente a la Liguria, aunque el cuerpo del animal ahogado fue recuperado.

No sabemos dónde lo disecaron tras el naufragio, si en Portugal (parece dudoso) o seguramente en Italia, que estaba más cerca del lugar del desastre. Por aquellos andurriales se ofreció por un tiempo a la curiosidad de nobles y cortesanos, pues dicen que los Medici adquirieron los restos disecados de Ganda.

Otros grabados

Este grabado de Durero ya se expuso en Bilbao (Guggenheim) en el 2007 y en Madrid (Prado) en el 2005. No es pues una imagen desconocida entre nosotros.

Pero el motivo que me lleva a tratar del tema es que durante mi año de estudio en Roma (2010-2011) tuve ocasión de manejar grabados originales de Ulises Aldrovandi (1522-1605),  Antonio Tempesta (1555-1630) y Johannes Jonstonus (1603-1675), a quienes enumero por orden cronológico de su vida y obras.

Entre las diversas estampas que tuve el privilegio de examinar en las obras originales del siglo XVII, aparecía también el pobre Ganda.

Ulises Aldrovandi

Rinoceronte asiático  Aldrovandi.1616

Rinoceronte asiático. Ulises Aldrovandi,1616. Biblioteca Alessandrina. Universidad de La Sapienza.

Las imágenes del rinoceronte de Aldrovandi, deudoras del de Durero,  son de la edición de su Quadrupedum omnium bisculorum historia de 1621, que se puede consultar en la Biblioteca Alessandrina de la Universidad de La Sapienza en Roma.

Antonio Tempesta

Tempesta Rinoceronte africano. Grabado en 1620 por De Rossi.

Antonio Tempesta. Rinoceronte africano. Grabado en 1620 por De Rossi.

La imagen de un rinoceronte, no asiático como el de Durero, sino africano pues tiene dos cuernos (además de los de su testuz) que grabó De Rossi, a partir de un dibujo de Antonio Tempesta, la he encontrado en la página web de Calcográfica del Ministerio Italiano dei Beni Culturali, procedente de la obra Nova raccolta de li Animali piu curiosi del mondo designati et intagliati da Antonio Tempesta e dati in luce per Gio Domenico De Rossi in Roma alla Pace, 1620. Este híbrido sí que parece un fruto de la imaginación del artista, quizás basado en lecturas de autores de la Antigüedad.

http://calcografica.ing.beniculturali.it/calcografica/index.php?page=default&id=20&lang=it&schemaType=MI&soggetto_value=ANIMALI&start=25.

El profesor Manuel Barbero Richart (Universidad Complutense de Madrid) publicó en 1999 su obra Iconografía Animal: la representación animal en libros europeos de historia natural de los siglos XVI y XVII, donde se reproduce una estampa atribuída también al Tempesta, en la que este artista escenificaba la lucha entre el rinoceronte y el elefante. Como el autor me ha informado la reproducción aparece en la obra The Rhinoceros. FromDürer to Stubbs (1515-1799) de T.H. Clarke. 

El profesor Barbero ha tenido la cortesía de hacerme llegar esta imagen, que reproduzco con la fecha de su probable publicación, pues proviene del Primo libro di caccie varie intagliate per mano di Antonio Tempesta, Roma, Andrea Vaccario, s.d. [fecha de la dedicatoria en 1598]. La figura del rinoceronte tiene todas las trazas de basarse en la de Durero (¿conocida a través de trabajos de Aldrovandi?)

Antonio Tempesta.Lucha del rinoceronte y el elefante 1605. Fuente T.H.Clarke

Antonio Tempesta. Lucha del rinoceronte y el elefante (1605). Fuente T.H.Clarke. Cortesía del profesor Manuel Barbero Richart

Johannes Jonstonus

Rinoceronte asiatico Jonstonus. 1657. Biblioteca Vaticana

Rinoceronte asiatico Johannes Jonstonus. 1657. Biblioteca Apostólica Vaticana

En los servicios de la Biblioteca Apostólica Vaticana adquirí en el 2011 una hermosa reproducción fotográfica del rinoceronte de Jonstonus, procedente de su Historiae natvralis de quadrupetibvs, de 1657. Es evidente que sigue a Aldrovandi, como aquél siguió a Durero.

Versión escultórica

Cabeza de rinoceronte asiatico. Fines del s.XVI. Claustro Michelangelo. Museo delle Terme. Roma. Foto R.Puig

Cabeza de rinoceronte asiatico. Fines del s.XVI. Claustro Michelangelo. Museo delle Terme. Roma. Foto R.Puig

No quiero olvidar las imágenes de las gigantescas cabezas de época renacentista de un rinoceronte asiático y de un elefante, ambas de fines del último tercio del siglo XVI, que fueron encargadas por el cardenal Michele Bonelli  (1541-1598) para su palacio de Roma y que hoy pueden admirarse en el Claustro Michelangelo del Museo delle Terme di Diocleciano.

Cabezas de elefante y rinoceronte asiatico. Fines del s.XVI. Chiostro Michelangelo. Museo delle Terme. Roma. Foto R.Puig

Cabezas de elefante y de rinoceronte asiatico. Fines del s.XVI. Claustro Michelangelo. Museo delle Terme. Roma. Foto R.Puig

Pienso que el modelo del rinoceronte debió de ser o el grabado de Durero o el mismísimo Ganda disecado.

Cuál fuese el modelo de elefante no sabemos, pero de estos paquidermos por Italia habían pasado bastantes desde los tiempos de Anibal

Reflexión final

El texto alemán del grabado de Durero, basada en la descripción del romano Plinio el Viejo, es el siguiente:

El  primero de mayo del año 1513 [sic], el poderoso Rey de Portugal, Manuel de Lisboa, trajo semejante animal vivo desde la India, llamado rinoceronte. Esta es una representación fiel. Tiene el color de una tortuga moteada, y está casi completamente cubierto de gruesas escamas. Es del tamaño de un elefante, pero tiene las patas más cortas y es casi invulnerable. Tiene un poderoso y puntiagudo cuerno en la punta de su nariz, que afila en las rocas. Es el enemigo mortal del elefante. El elefante se asusta del rinoceronte, pues, cuando se encuentran, el rinoceronte carga con la cabeza entre sus patas delanteras y desgarra el estómago del elefante, contra lo que el elefante es incapaz de defenderse. El rinoceronte está tan bien acorazado que el elefante no puede herirlo. Se dice que el rinoceronte es rápido, impetuoso y astuto.

tomado de http://www.taxidermidades.com/2012/12/el-rinoceronte-de-durero.html#more

La verdad es que entre tantos animales salvajes como han sido capturados y maltratados durante siglos para diversión de los hombres, ninguno pudo contar con tanta fama y con semejante epitafio, de la mano del mejor grabador del Renacimiento.

En una época en que esas mismas naves, que venían de la India o de las costas del este de África hacia Lisboa, fondeaban de puerto en puerto para cargar esclavos negros en sus sentinas, obligados a viajar hacinados y en peores condiciones si cabe que el rinoceronte Ganda ¿quién de ellos llegó a ser recordado y representado para la Historia?

De esos miles de viajeros esclavizados sólo queda, como una penosa aunque famosa metáfora, la imagen de un rinoceronte enfermo y extenuado. Cuando vayamos a la BNE para admirar el arte de Durero no estará de mal recordar de cuánta arbitrariedad, explotación y sangre, de cuantos abusos y dolor, está compuesta la historia de las creaciones humanas.

………….

Sobre la historia de este grabado y otras versiones antiguas basadas en el grabado de Durero:

DSC03832

Información sobre la exposición de la Biblioteca Nacional de España:

http://www.hoyesarte.com/entrevistas/comisarios/12715-entrevista-con-concha-huidobro-jefa-de-la-seccion-de-grabados-de-la-biblioteca-nacional-de-espana.html

Más imágenes de rinocerontes en el Arte:

http://commons.wikimedia.org/wiki/Category:Rhinoceroses_in_art