Breverías erasmianas (XXVIII): de animales y de hombres

El alce nos observa.Foto R.Puig
De paseo por el parque
Hace unos días estuve visitando con mis nietos el parque de Slottsskogen («el bosque del castillo») en Gotemburgo y observando a los animales que viven ahí. Aunque en algunos casos, somos más bien nosotros los observados.
Los alces, repantingados, nos contemplan o pasan olímpicamente de nosotros…

Pareja. Foto R.Puig
A los «pingüinos de Humboldt»tampoco les importamos mucho…

Esperando a Godot. Foto R.Puig
ellos a lo suyo, moviendo sus torpes caderas, pero siempre de etiqueta…

o surcando las aguas como torpedos

Como pingüinos en el agua. Foto R.Puig
Las ocas ni se dignan mirarnos

Las damas exquisitas. Foto R.Puig
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En el Museo de Historia Natural de Gotemburgo
Claro que, para animales de otras latitudes, hemos de contentarnos con su presencia para siempre inmóvil en el museo, dentro del mismo parque.
El término «historia natural» creo que lo popularizó Plinio el Joven con su Naturalis Historia de entretenida lectura, en la que se mezclan datos y descripciones acertadas junto con lo que los romanos imaginaban sobre especies lejanas. Más o menos como antes había hecho Aristóteles en su Historia de los animales.

Para siempre pensativo. Foto D. Papadopoulos
La visita tiene algo de mágico y melancólico. Leyendo todas las cartelas explicativas podríamos pasar horas y días. Así sabemos la procedencia del animal, la fecha en que su cuerpo fue disecado, etc.
Por un lado es algo triste, por otro es un homenaje a las especies que comparten el planeta con nosotros y una fuente inagotable de conocimientos. En general da la impresión de que los taxidermistas han buscado presentar la fisionomía amable, casi humanizada de los mamíferos.

Aquí ni frío ni calor.Foto R.Puig
Recuerdo alguna visita con mi padre o mi abuelo al de Madrid, en el Paseo de la Castellana. Pienso que el interés por la zoología y por los animales que suscitaban estos museos, sobre todo en aquellos años lejanos, cuando no había tantas reservas naturales como hoy y los viajes a safari parks no existían, ni teníamos programas televisivos que pudiesen sustituir el encuentro directo con la fauna del mundo, y, además, faltaba tanto para que internet nos lo pusiese en bandeja.

Ni pincho ni corto.Foto R.Puig
Salvo en alguna película americana en technicolor, al estilo de Mogambo, en la que Clark Gable se paseaba con Grace Kelly en salakot por las sabanas africanas, no era fácil que viésemos un rinoceronte o un hipopótamo en movimiento.

Aquí duermo.Foto R.Puig
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Otras evocaciones
Pero me van a disculpar si, al hilo de esta visita, y porque el año que viene de acabar no deja sólo añoranzas y alegrías, vuelvo a alguna analogía de los escritos de Erasmo contra la guerra…
Erasmo no aludía a un oso disecado, sino posiblemente a un espectáculo organizado en alguna celebración cortesana de aquellas que emperadores y reyes tenían el dudoso gusto de organizar, cuando escribía:
¿Quieres saber cuán feroz es la guerra, cuán horrible, cuán indigna es del hombre? ¿No has visto nunca a un león peleando con un oso? ¡Qué fauces, qué rugidos, qué jadeos, qué ferocidad, qué carnicería! Al espectador, aunque esté a salvo, se le ponen los pelos de punta.

¿Algo que objetar ? Foto R.Puig
Sólo los poderosos podían pagarse el espectáculo de un león vivo (el rey de Portugal organizó incluso un combate entre un rinoceronte y un elefante) enfrentándolo con un oso

El león que rugió. Foto D. Papadopoulos
También eran ellos los que organizaban las guerras que Erasmo denunciaba cuando continuaba así:
Pero mucho más horrible, mucho más feroz es la visión de un hombre cargado de armas y venablos atacando a otro hombre. ¿Quién creería, dime, que se trata de seres humanos si la costumbre del mal no nos hubiera privado de la capacidad de asombro? Ojos que arden, palidez en los rostros, furor en la marcha, la voz es como un chirrido, el estruendo demencial, el hombre es todo hierro, las armas rechinan, las bombardas disparan sus rayos. Si los hombres se devorasen y bebiesen la sangre para alimentarse la cosa sería más amable: pero a lo que algunos han llegado es a realizar por odio lo que la costumbre o la necesidad harían más excusable. Más aún, todo esto se está volviendo más cruel gracias a las flechas envenenadas y a las infernales máquinas de hoy en día. Ya no encontramos por ninguna parte rastro de humanidad.
Erasmo de Rotterdam, Adagios del poder y de la guerra y Teoría del Adagio, Madrid, Alianza Editorial, Libro de bolsillo, 2008, Edición, traducción y presentación de Ramón Puig de la Bellacasa, pp.207-208 (del comentario al adagio “Dulce bellum inexpertis”: «La guerra atrae a quienes no la han vivido»)
Las guerras de siempre, cuyos efectos hemos seguido viendo en este año que acababa ayer

Tras los bombardeos a civiles en Al-Mashhad, Alepo. 26.07.2016. Fuente Syrianarchive.org
…aquellas desdichas que forman el séquito habitual de toda guerra, incluso de la más afortunada y justa: el pueblo empobrecido, los notables abrumados de impuestos; ¡tantos ancianos desamparados y al mismo tiempo anonadados por la muerte de sus hijos! (desgracia peor que perder la vida a manos del enemigo y con ella la capacidad de sufrir); ¡tantas ancianas privadas de sus bienes y a quienes así se aniquila con mayor crueldad que por la espada! ¡Tantas mujeres viudas, tantos niños huérfanos, tantos hogares en duelo, tanta gente próspera reducida a la miseria! En cuanto a la ruina moral ¿de qué sirve mencionarla, cuando nadie ignora que de la guerra se derivan todas las calamidades de la vida? Ella engendra el desprecio del deber, la indiferencia ante las leyes, la osadía y la prontitud para todo tipo de crímenes. De esta fuente nace una turba de bandidos, ladrones, sacrílegos, asesinos. Y, lo que es muchísimo más grave, esta pestilencia tan funesta no sabe fijarse límites, nacida en un rincón cualquiera no sólo invade como una epidemia las regiones vecinas, sino que por ánimo de lucro o a causa de un casamiento o de una alianza arrastra a las más lejanas a participar en el tumulto y en el desastre públicos. Aún más, la guerra engendra la guerra, de un amago de guerra nace una verdadera y de una insignificante surge una guerra total
Op.cit., pp.205-206

Después de un ataque químico en Aleppo.06.09.2016. Fuente Syrianarchive.org
…entre fieras la guerra es un duelo que enfrenta a dos contendientes y dura muy poco. Aunque el combate sea muy sangriento en cuanto uno de los dos resulta herido se separan. ¿Cuándo se ha oído que como hacen los hombres a menudo cien mil bestias salvajes se despedacen mutuamente? Todavía más, aunque ciertas fieras sienten una hostilidad instintiva hacia animales de otra especie, también hay otras que a la inversa están unidas por una amistad genuina y firme. En cambio, lo que une a un hombre con otro hombre, sin importar quien sea, es una lucha perenne, sin que haya alianza alguna entre mortales que tenga suficiente consistencia.
Op. cit., p.207
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Los organizadores cambian, las víctimas son siempre las mismas…

«Y ahora pasamos pagina». Dagens Nyheter. 29 dic.2016
…y cuando tratan de buscar un lugar seguro, cuando ejercen ese derecho al asilo que debe reconocerse a toda persona humana, la de alcanzar un sitio donde vivir una vida normal, hay quienes también se organizan voluntariamente, esta vez para cazar a los emigrantes como se cazan animales, como esta patrulla de voluntarios en la frontera de Bulgaria con Turquía

«Cazadores de emigrantes». Foto NiklasThegerström. Dagens Nyheter. 29 dic.2016
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Así escribe más adelante Erasmo…
Imagina pues que un visitante extraño procedente de esas ciudades lunares en las que mora Empédocles, o de uno de esos mundos que Demócrito ha intuido, llega al nuestro deseoso de conocer la vida que se lleva aquí. Y que, informado de los pormenores, se entera de que existe cierto animal, admirablemente compuesto de un cuerpo (característica que comparte con las bestias) y de un alma (que refleja la imagen de la mente divina), que alcanza tal grado de nobleza que aunque exiliado en la tierra impera sin embargo sobre todos los restantes animales, que debido a su origen celeste porfía en pos de celestiales e inmortales destinos…
…
Cuando contemple desde allí que los demás animales se comportan como corresponde a su especie siguiendo las leyes naturales, no apeteciendo nada que no les dicte la naturaleza, mientras que el único animal que chalanea, comercia, disputa y guerrea consigo mismo es el hombre ¿acaso no llegará a la conclusión –basándose en lo que ha oído– de que el hombre es cualquier otro animal en lugar del mismo hombre?
Op.cit., pp. 224-22
No obstante, a pesar de los pesares, siempre hay razones para esperar y, a comienzos de un nuevo año, vale la pena pensar en ellas.
Motivos para apostar por el género humano
Erasmo lo explicaba así:
…la naturaleza ha querido que el hombre reciba el don de la vida no tanto para sí mismo como para orientarlo hacia el amor, para que entienda bien que está destinado a la gratitud y a la amistad. Es así que no le dio un aspecto feo u horrible como a otros sino dulce, pacífico, marcado con el sello del amor y la ternura. Le dio una mirada afectuosa que refleja los movimientos del alma. Le dio unos brazos capaces de abrazar. Le dio el sentido del beso para que las almas puedan unirse al mismo tiempo que se unen los cuerpos. Sólo a él le acordó la risa, signo de alegría. Sólo a él las lágrimas, símbolo de clemencia y misericordia. ¿No le dio acaso una voz que no amenaza ni es temible, sino que, a diferencia de las fieras, es amistosa y agradable? No contenta aún con estos dones, la naturaleza reservó al hombre el uso de la palabra y de la razón, atributos que contribuyen sobre todo al establecimiento y al fomento de la benevolencia, de modo que nada entre los hombres se resuelva por la fuerza. Le inculcó el odio a la soledad, el gusto por la compañía. Plantó en lo más profundo de su ser los gérmenes de la bondad.
Op. cit., pp. 202-203

El trabajo de los cascos blancos de Siria. Fuente Euronews
Cuando, batiendo records de brutalidad, hay regímenes criminales que destruyen todo aquello que pueda aliviar el dolor y consideran a los hospitales como dianas de sus bombas y al personal sanitario y a los socorristas como objetivos a abatir, hay quienes confirman, en la práctica y sin saberlo, creyentes o no, las mismas convicciones de Erasmo
Porque atender a las necesidades de todos es precisamente lo propio y característico de Dios. Pues si no, ¿qué otra cosa es ese extraordinario placer espiritual que sentimos al saber que alguien se ha salvado por causa nuestra? El mecanismo por el que un favor significativo crea un vínculo es el mismo que hace que un hombre trabe amistad con otro. De este modo Dios ha puesto al hombre en este mundo como réplica de sí mismo, para que a la manera de una divinidad terrestre vele por la salvación de todos. Hasta los animales mismos lo presienten, pues vemos que no sólo los que son inofensivos sino también las panteras y los leones, e incluso otras bestias más feroces que éstas, buscan la protección del hombre en ocasiones de gran peligro. Aquí está el asilo de todos en las situaciones extremas, aquí el altar sacrosanto de toda la creación, ésta es el áncora de salvación que a nadie falla.
Op. cit., pp 203-204

En un hospital de Sanaa. Yemen. Foto Muhammed Huwais. Dagens Nyheter. 29 dic.2016
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En el primer día del 2017
Aquí estamos, como decía Erasmo, llamados por nuestra naturaleza humana a ser en última instancia «asilo de todos en las situaciones extremas». En todo caso, podríamos probar a serlo, si no de todos, al menos de algunos.
A todos los que se asoman a este blog, les deseo que el nuevo año se porte bien con ellos y que -como hace unas horas me auguraba un muy buen amigo- nos traiga aquello que necesitamos, pero no lo que tememos.
Y que, en la medida de nuestras posibilidades, contribuyamos a aliviar en el 2017 a quienes el 2016 les trajo aquello que temían.
Referencias
Sobre la razón de ser, la finalidad, la imparcialidad y los propios controles de fiabilidad del Syrianarchive se puede consultar, su mismo sitio web: https://syrianarchive.org/
Más detalles sobre el origen y los operadores de esa iniciativa en una crónica de hace tres días de la agencia de noticias DW (Deutsche Welle), en su versión en inglés, que considero objetiva e imparcial
Miniaturas de los siglos XVI y XVII en Inglaterra (Fisionomías XXVI)

Faust Antikvariat. Libros de viejo. Göteborg. Foto R.Puig
Cuando Carl Winter (1906-1966), director del Fitzwilliam Museum de Cambridge publicaba en 1943 su pequeño tratado (en octavo) sobre la «Miniaturas isabelinas» (Elizabethan Miniatures, Penguin Books) no podía pensar que un día de 2016, un peatón curioso se detendría ante los anaqueles en los que el mejor librero de viejo de Gotemburgo suele instalar las gangas cuando no llueve, y adquiriría por 10 coronas suecas (poco más de un euro) su breve tratado en la reedición de 1955.

Miniaturas elizabetianas
Casi todo lo que cuento e ilustro aquí procede de su libro. Por cierto, que Winter, además de un importante historiador del Arte, fue también uno de los principales valedores de la descriminalización de la homosexualidad en Gran Bretaña (de lo que se cumplen 50 años en 2017) con su testimonio como «Mr.White» ante el Comite Wolfenden.

Portada de Elizabethan Miniatures. Carl Winter, Penguin Books 1955
El cuerpo de letra del libro no es apto para présbitas, pero hace honor al tema del libro. Así que ya estaba yo a punto de renunciar a la ganga, cuando abrí las páginas de las ilustraciones y, para empezar, me topé con una de la mano del alemán Hans Holbein el Joven (1497? – 1543), el rostro de Ana de Cleves (1515-1557), la cuarta mujer de Enrique VIII, en un delicada miniatura cuasi circular de 3.12/35 cm de diámetro que el artista terminó hacia agosto de 1539 en el castillo de Düren, en Alemania. De allá se aprestaba a viajar la joven para casarse con aquel barbazul y para allá tuvo antes que viajar el artista de prisa y corriendo, desde Londres, por orden del monarca inglés, quien quería ver qué aspecto tenía aquella que por alianzas dinásticas se proponía desposar.
Ana tuvo la suerte de morir de muerte natural, aunque su matrimonio no se consumó y duró sólo seis meses. En este retrato prenupcial está mirando a la cámara como una inocente oveja destinada al sacrificio, pero tendría la suerte de no acabar decapitada como su antecesora en el tálamo. Ella fue simplemente jubilada a los venticuatro años y, aunque para no disgustar al aliado carolingio, Enrique VIII le dio tierras y castillo en Inglaterra.

Anna de Cleves. Miniatura por Hans Holbein. Victoria and Albert Museum
El rey se sintió engañado por quienes se la habían pintado como agraciada, sin sospechar que aparte las marcas de la viruela, la joven no era de figura donosa como le habían dicho. En todo caso, la información gráfica solicitada previamente por el monarca nos ha valido esta pequeña maravilla sobre pergamino y el estupendo retrato que de la princesa alemana hizo Holbein, también sobre pergamino, y que se puede admirar en el Louvre. Ambos retratos son obras de la madurez de Holbein, cuatro años antes de su muerte en Londres en el otoño de 1543. Lo más probable es que se trajese el retrato de la cabeza a Londres y que acabase los detalles de vestido y joyas del ejemplar del Louvre en Inglaterra cuando la novia ya había llegado y pensamientos menos ilusorios la embargaban.

Anne de Cleves por Hans Holbein el Joven. Museo del Louvre. Foto Wikimedia Commons
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A lo que íbamos; con una buena lámpara, y a ratos la ayuda de una lupa, he leído este librito con creciente interés, aprendiendo todo lo que no sabía sobre el arte del retrato en miniatura, nacido de la maestría del limning de retratos de los últimos artistas iluminadores de códices en el Flandes del siglo XVI, mantenida por grabadores y orfebres, y con quien Hans Holbein se instruyó en esa técnica minuciosa en Amberes. Precisamente, el genial pintor, diseñador de orfebrería y miniaturista, que llegó a Inglaterra con una carta de recomendación de Erasmo de Rotterdam, acabó siendo el artista preferido de la Corte de Enrique VIII y el modelo del que aprendieron los miniaturistas al servicio de la reina Isabel de Inglaterra (1533-1603) y de su sucesor Jacobo I (1566-1625).
Y ya que estamos en la Corte, comencemos por
Los retratos monárquicos y cortesanos
El pintor y miniaturista inglés que destacaría sobre todos los demás se llamaba Nicholas Hillyarde (1547-1619), aunque pasó a la historia como Nicholas Hilliard (pronunciado a la francesa) y escribió hacia 1600 un Tratado sobre el Arte de la Iluminación («A Treatise concerning the Arte of Limning») en el que no cesa de proclamar su admiración y su deuda con Hans Holbein y con la obra gráfica de Durero.

Nicholas Hillyarde. Autorretrato (3.35/02 cm) a los 30 años (1577)
Sobre su obra, he encontrado una excelente memoria de investigación de la francesa Céline Cachaud publicada este año, en la que esta estudiante de Historia del Arte se refiere también a los trabajos de Carl Winter sobre el artista de Ia corte de la reina Isabel I de Inglaterra.
Estos delicados retratos se realizaban, a la témpera y con finísimos pinceles, en pergamino encolado sobre cartulinas de naipes. A menudo se recortaba una carta de corazones, pues solían ser prendas de amor, a veces lujosamente enmarcadas dentro de medallones y colgantes, que tenían una vida ajetreada, por lo que los colores no han mantenido casi nunca su esplendor original.
Pero aún así… y a pesar de que, como comenta Carl Winter, la reina Isabel I luce una generosa peluca que cubre su escasa cabellera, este diminuto retrato deja bastante claro que no se andaba con chiquitas.

La reina Isabel por Nicholas Hillyarde (5,89 x 3,35 cm). Victoria and Albert Museum
Como explicaba el artista en su Tratado, las sombras hay que hacerlas con delicadas líneas siguiendo la técnica de los grabados de Durero.
Y aquí tenemos de nuevo a la hija de Ana Bolena. Aunque los colores de la piel se hayan perdido, los detalles de ropajes y joyería han perdurado mal que bien, en otra miniatura, también de Nicholas Hillyarde, quien parece haber encontrado gusto al fondo de lujosa pañería aterciopelada, mientras la reina aprovecha para seguir mostrando su costosísima parafernalia que, según parece, sigue en gran parte en las arcas de de la Casa Real británica.

La reina Isabel de Inglaterra por Nicholas Hillyarde (5,8 x 7,1 cm). Victoria and Albert Museum
Pero, también su competidor, el francés, de familia de hugonotes refugiados en Inglaterra, Isaac Oliver (fallecido en 1617), quien acabó por robarle a Hillyarde la atención de la Corte, pintó el retrato de la reina en una miniatura oval, que ha llegado a nuestros día bastante desvaído y probablemente inacabado. No sería extraño que viendo que la soberana iba quedando desfavorecida, ni siquiera se lo mostrase. Ya sabemos cómo se la gastaban entonces los reyes y reinas ingleses cuando alguien les disgustaba.
Se puede apreciar la influencia renacentista italiana que diferencia su obra de la de su contemporáneo inglés.

Isabel I de Inglaterra por Isaac Oliver (5,48 x 5,89 cm). Victoria and Albert Museum
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Lo que no disgustaba a la reina era ir cambiando de favorito de vez en cuando.
Uno de ellos fue el Conde (Earl) de Cumberland, George Clifford (1558- 1605), a quien aquí vemos a sus veinticinco añitos, revestido de todo lo necesario para entrar en torneo como campeón de la reina Isabel (vease el detalle del guante de la monarca enganchado a su sombrero).

George Clifford pintado como Queen’s Champion por Nicholas Hillyarde (27,4 x 17,7 cm). National Maritime Museum Greenwich
En esta miniatura, más grande lo habitual, el maestro Hillyarde ha usado un fondo paisajista tomado de los grabados de Durero. La verdad es que el haber sido favorito de la reina no ayudó al conde a salvar su matrimonio -la condesa consorte obtuvo el divorcio- ni a morir viejo. Las expediciones corsarias de este marino de guerra, como tampoco las de Sir Francis Drake, no fueron del agrado de las flotas españolas de la época.
En cualquier caso, tuvo más suerte que este otro favorito de la reina, Robert Devereux, (1566-1601) conde de Essex, quien, si durante un tiempo hizo perder la cabeza a Isabel (en el retrato se le ve guaperas y a los veinte años ya pasaba las noches con la reina que tenía más de sesenta), a final quien la perdió de verdad fue él mismo, ejecutado por alta traición cuando no había cumplido treinta y cinco años. Servir a los Tudor y llegar a viejo no era lo corriente; lo que en el caso de Isabel I -decapitadora e hija de una decapitada y de su marido decapitador y feminicida- no deja de tener su intríngulis.

Robert Devereux por Isaac Oliver (5,08 x 4,57 cm). Victoria and Albert Museum
También murió joven, a los dieciocho años, el prícipe Henry Frederick (1594-1612) hijo de Jacobo I (1566-1625) y de Ana de Dinamarca (1574-1619), aunque tuvo tiempo de ser retratado con toga romana por Isaac Oliver antes de sucumbir a unas fiebres tifoideas.

Enrique Federico Estuardo por Isaac Oliver (5,33 x 4,57 cm) Fitzwilliam Museum Cambridge
Es una miniatura con dos perfiles, la del llorado príncipe de Gales y la de su madre, a la que se ve ajada, probablemente por las preocupaciones que acompañaron a esta católica resignada, entre otras cosas, a ver como le habían privado de la compañía de su hijo para entregar su educación a preceptores protestantes puritanos y, más adelante, a ser testigo de los altercados entre el heredero y su padre.

Ana de Dinamarca por Isaac Oliver (5,33 x 4,57 cm) Colección Real del Castillo de Windsor
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Más rostros para el recuerdo
A Edward Norgate (1581 – 1650) se le vino el mundo encima cuando perdió a su esposa cuando el tenía 35 años y ella 25. Como era un reconocido miniaturista (y autor de un tratado sobre la materia) su forma de perpetuarla en el recuerdo consistió en este medallón de 5,84 por 3,12 cm en cuyo reverso escribió el encomio póstumo de ella:
Non obijt sed abijt. Pudicitiae, Pietatis, et Venustatis rarissimus decus. Suavissimae Conjugi Ed: Norgate
Ella no ha muerto: se ha ido. Ornada de las más selectas cualidades de Modestia, Afecto y Belleza. A su muy dulce esposa, Ed: Norgate

Judith Norgate por Edward Norgate. 1617 (5,84 x 3,12 cm) Victoria and Albert Museum
Como lo cortés no quita lo valiente, el artista se casó de nuevo dos años después.
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También esta miniatura tiene algo que ver con una mujer que parece habitar en las nubes. El elegante caballero que, «en el año del Señor de 1588», aferra una delicada mano de dama que llega de lo alto, parece absorto en un dilema amoroso que se formula con la misteriosa frase «amoris attici ergo», que traducida literalmente vendría a decir «a causa del amor ático». Especular se puede… pero, en todo caso, el retratado y su retratista, Nicholas Hillyarde, han dejado la respuesta pendiente de las nubes, digamos que «blowing in the clouds».

Un desconcido por Nicholas Hillyarde, 1588 (5,84 x 3,32). Victoria and Albert Museum
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¿Qué decir de este joven en camisón que arde literalmente con el fuego del amor? Tanta es su pasión que, además de mantener cerca de su corazón un colgante del que pende sin duda el retrato de la amada, ha querido ser pintado con un fondo de llamas. ¿Fue esta miniatura un obsequio a la amada, para que, mientras él navegaba en un navío de guerra o simplemente viajaba comerciando por el continente, contemplase su imagen en la soledad de su lecho?
En verdad, este tipo de prendas de amor tienen su vertiente fetichista

Retrato de amante desconocido por Nicholas Hillyarde (5,66 x 5,33 cm) Victoria and Albert Museum
Por cierto, que el pergamino está pegado sobre un as de corazones…
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Podríamos seguir hasta agotar está colección llena de miga, pero lo dejaremos aquí.
Nada mejor que despedirmos con un personaje pensativo y atormentado, en medio de un jardín florido con la mano sobre el corazón. Este no era partidario del pijama y las llamas, prefería un entorno bucólico en el que su propio rostro surge de una golilla a modo de corola y sus negros rizos están reclamando los finos dedos de su amada.
En la parte superior del medallón se puede leer el siguiente motto:
Mi probada fidelidad es causa de mi dolor
My praised faith procures my pain

Amante melancólico entre rosas por Nicholas Hillyarde (15 x 5,50). Victoria and Albert Museum
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En fin, como en las seguidillas… allá va la despedida. Y nada mejor que, tal como habíamos comenzado, nos despidamos con una miniatura de Hans Holbein, el maestro indiscutible a cuyo nivel, no obstante sus calidades, los demás miniaturistas que les sucedieron en Inglaterra no llegaron.
Esta miniatura que segun Winter representaba una dama de la Corte inglesa, ha sido más tarde identificada como Jane Small (c. 1518–1602) casada en primeras nupcias con un comerciante de ropa.

Jane Small a los 23 años por Hans Holbein. Victoria and Albert Museum. Fuente Google Cultural Institute
Es un prodigioso trabajo de Hans Holbein tres años antes de su muerte, de poco más de cinco centímetros de diámetro, pintado hacia 1540, seguramente en el estudio del artista. No hay joyas, sólo un clavel, símbolo de esponsales, que cuelga de su cuello, y una ramita verde entre el pulgar y el índice de su mano izquierda. En su simplicidad es considerado uno de las obras maestras de la historia del retrato. Los demás palidecen frente a este.
Referencias
Carl Winter, Elizabethian Miniatures, Middlesex, The King Penguin Books, 1955 (1943)
Hans Holbein, Paul Mantz, dessins et gravures sous la direction de Edouard Liévre, Paris, A.Quintin, 1879
De dos días en Londres (y III): los expresionistas abstractos en la Royal Academy of Arts

Patio de entrada. Royal Academy of Arts .Foto R.Puig
Si la entrada y el vestíbulo son pequeños, cuando se comparan con el solemne patio neo-renacentista donde la estatua de Sir Joshua Reynolds, pincel y paleta en mano, más parece un director de orquesta que un pintor, resultan pequeñísimos, diríamos que exiguos. Pero al acceder a la exposición antológica dedicada al movimiento de los expresionistas abstractos en los Estados Unidos, aquellos que se mantuvieron agrupados entre el final de la II Guerra Mundial y el comienzo de los años 70, nos sorprende la vastedad de las 13 salas que la la Royal Academy of Arts les dedica hasta el 2 de enero.

David Smith «Volton XVIII» de 1963. Al fondo, «Andrus», 1961, y «Requiem», 1958, de Franz Kline. Foto R.Puig
Como todas las etiquetas que el mercado del Arte consagra, siempre hay un inicio, el «descubrimiento» de un poderoso mecenas, de un coleccionista o de un marchante al acecho. Poco a poco, en torno a las promociones que se suceden, llegan los críticos, quienes, al descubrir o construir afinidades entre esos artistas que se van agrupando, les estimulan, favorecen sus intercambios y sus cenáculos, los van situando en la historia de las corrientes del arte, de la pintura en este caso, y los valorizan económica y estéticamente. En el momento oportuno un estudioso prestigioso acierta a ponerle un nombre al movimiento, una etiqueta que prende y se arraiga. El público sigue, se esfuerza por entender y acaba entendiendo.

Male and Female. Jackson Pollock 1942-43. Philadelphia Museum of Art.
La pintura de Jackson Pollock fue una especie de detonante, pero no lo hubiese sido sin su millonaria mecenas, Peggy Guggenheim y el primer encargo que le hizo de un mural gigantesco para su lujoso apartamento neoyorquino. Ahí es donde el pintor se desvincula de las vanguardias europeas, se desata y comienza su carrera, libre de desfogarse cómo quiere sobre enormes lienzos en un derroche de energía, un ejercicio de action painting, desparramando el color furiosamente (con el alcohol como coadyuvante).

Mural. Jackson Pollock (242,9 x 603,9 cm,).1943. University of Iowa Museum
Un poco más tarde, Mark Rothko, evoluciona suavemente de una abstracción colorista, deudora del postimpresionismo europeo, hacia una introspección de colores y dimensiones dramáticas, esas fachadas que esconden y revelan emoción contenida a través de sus costuras.

Mark Rothko 1948. Vassar College. N.Y.

Mark Rothko.Sin título.Guggenheim. N.Y. 1949
Todos tenemos nuestras preferencias y, del mismo modo que pienso que sin sus lienzos de gran tamaño el expresionismo abstracto no habría dejado su impronta, creo que no todos los que están clasificados dentro de esa corriente son expresionistas en el sentido existencial del término. Si el expresionismo alemán del primer tercio del siglo XX era una forma de exteriorizar el drama de la persona en el mundo y su humanismo era necesariamente figurativo, así como sus figuras extremas, en el expresionismo abstracto norteamericano, deudor de las formas del paisaje romántico y finisecular, su expresión de lo humano prescinde de la figura, e incluso de las formas del mundo, para crear sus paisajes gigantescos donde el hombre es una emoción contenida que habita tras esas fachadas de colores masivos y líneas que se quiebran, se sobreponen, se tuercen se revuelven, se difuminan. Ausentándose del lienzo el hombre está presente.
Seguramente voy decir algo incorrecto, al menos para quienes le veneran, pero aunque Pollock fuese uno de sus portaestandartes privilegiados, en realidad su pintura en acción y sus salpicaduras (que convirtió en espectáculo) no son el mejor aporte de esta corriente a la historia de la pintura, a pesar de su impacto en el mercado (sus lienzos pasaron pronto de pagarse a 1000 dólares a costar millones).
De mi recorrido por la exposición no puedo dejar aquí más que algunas de mis preferencias, entre otras causas porque no se permitía tomar fotos de los cuadros, como es habitual y comprensible en exposiciones temporales. Por eso sólo las de las salas son fotos mías y las otras provienen del dominio público. Los pintores que más lejos se mantuvieron del show business son casualmente los que más aprecio.
Repito, el enorme tamaño de estos lienzos es una necesidad. En gran parte a ello se debe el impacto de estos paisajes, de esas formas ilocalizables e inidentificables que capturan la mirada, nos hacen pensar y logran emocionarnos con la magnitud de una naturaleza que nos envuelve y sólo existe interiormente.

PH 950. Clyfford Still 1950. Clyfford Still Museum. Denver
Hay dos salas en donde esto se experimenta, una es la dedicada a Clyfford Still (1904-1980), un pintor que forma parte del movimiento, aunque paró poco en Nueva York y llevó a cabo su obra en contacto con la naturaleza espectacular y los paisajes grandiosos de los estados del noroeste e los EE.UU.

Sala de Clyfford Still
La otra es la de Mark Rothko (1903-1970). En torno a ella giran y de ella irradian todas las otras doce salas de la exposición. Es un acierto, pues la pintura de este exiliado judío letón representa a mi modo de ver el núcleo íntimo y secreto, lo mejor y más humano de la abstracción en el arte de aquellos años, al tiempo que encierra los ecos de las tensiones y los dramas de aquellas décadas de la guerra fría y de la destrucción y los éxodos generados por las dos guerras mundiales que la precedieron.

Sala de Mark Rothko. Exposición del Expresionismo abstracto. Royal Academy of Arts .Foto R.Puig
La pintura de Still desborda de abismos de color que se entrelazan y se desgarran, de encontronazos bipolares, de negros y oros, de las aristas vivas del mundo y de esos paisajes insensibles de la naturaleza, que sólo siente cuando nosotros sentimos y que puede ser tanto nuestra escuela de paz como de violencia, de luz como de oscuridad, de dulzura como de efusión de sangre.

PH 4. Clyfford Still 1952. Clyfford Still Museum. Denver
Y de repente, Helen Frankenthaler, una mujer que jugó con el color y las formas durante su larga carrera con una vitalidad envidiable

Mountains and the Sea (220 x 298 cm.) Helen Frankenthaler 1952. National Gallery of Art. Washington
No lejos, la visión de la mujer que tuvo Willem De Kooning, en la que hay resabios misóginos y que se hizo famosa por la polémica que suscitó, aunque eso no impide que este holandés, nacionalizado estadounidense, sea uno de los expresionistas abstractos más imitados, hasta el punto de que podríamos hablar de un manierismo De Koonning en la gráfica y la pintura contemporánea, probablemente porque permite jugar con los límites entre la figuración y la abstracción con una fácil libertad de línea y color.

Woman II. Willem De Kooning 1952. MOMA New York
Volviendo a Helen Frankenthaler, me complace pensar que el cuadro que tituló Europa, fruto probablemente de sus impresiones del viaje por Alemania en 1956 (su madre era una emigrante de ese país) es también un homenaje a la creación de la Comunidad Europea (Tratado de Roma) en el mismo año de su lienzo

Europa. Helen Frankenthaler 1957 (177,8 x 138,4 cm) Helen Frankenthaler Foundation N.Y.
Hablando del impacto de las dimensiones, confieso que este cuadro de Clyfford Still con sus cerca de cuatro metros de altura por otros casi tres de anchura, me tuvo absorto durante un buen rato en mis sensaciones, como si desplegase ante mí la corteza fosilizada de un enorme sequoia, o de una catarata de cieno, humores y sangres secos, que no se sabe bien si ascienden o se despeñan.

PH 150. Clyfford Still 1958 (368,3 x 287 cm.). Clyfford Still Museum. Denver
En cuanto a las obras de Rothko allí expuestas

Obras de Mark Rothko. Exposición Expresionismo abstracto. Royal Academy of Arts.Foto R.Puig
lamento no haber podido fotografiarlas una por una, así que recurro a otros lienzos suyos violentamente hermosos, en donde los rojos y naranjas vibran

Mark Rothko untitled. Tate Modern. 1964

Seagram Murals. National Gallery. Washington. Foto Portland Stage Blog
Y a esta del año anterior a su muerte, cuando su mala salud que le abatía y la depresión que le embargaba presagiaban el final que decidió dar a su vida, que sus lienzos parecen anunciar

Mark Rothko. Sin título. Coleccion Kate Rothko Prizel.1969
Y la de la sala o capilla a él dedicada en la Tate Modern, que visité hace ahora más de tres años

Sala Rothko. Tate Modern. Foto R.Puig
Por el continuo recuerdo de la República Española al que volvió en muchos lienzos, les ofrezco una imagen de la sala en la que se exponen las obras de Robert Motherwell

Ante la Elegía de la República Española 1965-75 (197,5 x 508,6 cm,) de Robert Motherwell. Foto R.Puig
Y ahora me permito acabar con una adivinanza: ¿a quién creen que se debe esta obra de expresionismo abstracto del género de la action painting? y ¿cómo la titularían?

¿Título? ¿Autoría? Foto R.Puig
Lejos del ruido

Senderos dorados. Foto R.Puig
El Adviento es sinónimo de compras y de masas afanosas yendo de una tienda a otra (incluso han inventado un black friday para aumentar el frenesí). A partir de media tarde las calles se llenan de transeuntes apresurados cargados de bolsas.

Viernes frenético. Foto R.Puig
Si te dejas llevar por la corriente hay algo de adictivo en este tráfago pre-navideño. ¡Huyamos lejos de ruido y la furia comerciante!
Menos mal que hay itinerarios que, cuando cae la tarde, gratuitamente nos ofrecen distancia, silencio y un baño de esa luz vespertina y bendita de estas latitudes. De lo que hablo hoy es de cuatro paseos.
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Barrios altos
Por las alturas de Gotemburgo, en barrios donde no hay un solo comercio que atraiga multitudes; por uno de ellos, subiendo cuestas, persiguiendo el último sol del día…

El astro rey se despide. Foto R.Puig
Llego a tiempo, llego a tiempo, por allá se oculta el Inti…

Hacia el crepúsculo. Foto R.Puig
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Peatonal junto a la ría
Como no hace calor, como todos andan de compras, como el mar es un imán… me voy por el sendero del lado izquierdo de la ría, donde el estuario del Göta Älv se abre.

El oso y el gigante. Foto R.Puig
No hay viandantes, apenas un oso polar…
Hay que pasar bajo el puente, hay viento y el rumor de los vehículos, por allá en lo alto, no me llega…

El zigurat tumbado. Foto R.Puig
Por mi izquierda piedra y bosque, ha comenzado a helar…

La piedra en pena. Foto R.Puig
Por mi derecha…

de Dinamarca ha llegado un barco. Foto R.Puig

y de la China ha llegado un carguero. Foto R.Puig
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Hace muchos años, aquí venían los bañistas…

Esto era una playa. Foto R.Puig
Y al final del camino, el dormitorio de los barcos de recreo. ¡Chist! Más silencio no se puede pedir…

Esperando a la primavera Foto R.Puig

Catafalco. Foto R.Puig
Empiezo a frotarme las manos, me pongo los guantes, me calzo el gorro de lana, es hora de volver…
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Embarcaderos
Ya sé, ahora estamos en la orilla opuesta. Me dirán que ya está muy vista en este blog y que me repito, pero no puedo evitarlo. A menudo, en estos días, al llegar o salir de mi estudio por los alrededores de la colina vecina, la luz me tienta.

En casita. Foto R.Puig
Sobre este promontorio están encaramadas las casas de los antiguos trabajadores del desaparecido puerto del carbón.
Aquí los atardeceres pueden ser tan lujosos como este…

Sabor a Golden Gate. Foto R.Puig
Y es gratis, así no más, mientras espero el barco que me devuelva al otro lado

El barco nuestro de cada día. Foto R.Puig
y observo a los dueños de esta orilla…

Buscavidas. Foto R.Puig
¡Difícil atrapar alguna larva bajo este suelo herboso que ya empieza a endurecer!
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La luces de la noche
Otro día, otro crepúsculo, mi barrio…

Un toque doméstico. Foto R.Puig
A pocas zancadas, el impasible Poseidon

Las tiendas ya están cerrando, frente al museo somos pocos los viandantes ateridos

La fachada del Museo Foto R.Puig
con los héroes y las divinidades

La diosa de la abundancia. Foto R.Puig
que no pueden marcharse

El discóbolo a oscuras. Foto R.Puig
Ahora parece que nos apagan la luz, pero no, el juego sigue…

Juegos de luz. Foto R.Puig
Yo también sigo, caminando, hasta la estación.
Han cerrado los comercios y las calles se vacían

Frente a Liseberg.Foto R.Puig

Al corro de la patata. Foto R.Puig

Nocturno frente a la estación. Foto R.Puig
Regreso bordeando los canales

Luces de Adviento a la vera del canal. Foto R.Puig
Nadie, ni siquiera en la plaza del mercado

El mercado central. Foto R.Puig
Cruzo el puente, ya pronto estoy de vuelta en casa…

Por el puente nuestro de cada día. Foto R.Puig
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La luce della notte
Las insidias de la noche no han sido aún derrotadas. Sólo cuando Tamino y Pamina hayan atravesado el agua y el fuego, la plenitud del sol, el sol, sin sombras ni manchas, iluminará la tierra, trasformándola en un espectáculo radiante.
El mismo viaje se produce en el ánimo de cada ser humano, cada hombre podría repetir el grito de Tamino:
» ¡Oh, noche eterna !¿Cuándo desaparecerás? ¿Cuándo llegará la luz hasta mis ojos?»
«O eterna notte, quando scomparirai? Quando la luce troverà finalmente il mio occhio?»
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Pietro Citati, La luce della notte. I grandi miti nella storia del mondo, Milano, Mondadori, 1996, «La luce della notte (II)»: capítulo sobre Mozart y el mito de La flauta mágica, p.379
De dos días en Londres (II): la pintura crepuscular de Paul Nash en la Tate Britain

The Pyramids on the sea. Paul Nash 1912. Tate. London
Para refrescar mis escasos recuerdos sobre la vida y la obra de Paul Nash (1889-1946) aproveché la última tarde en Londres para visitar la exposición antológica a él dedicada por la Tate Britain.
Acercarse a este venerable museo londinense desde la boca de metro de Pimlico, por el borde del Millbank (A3212) a la caida de la tarde, tiene el atractivo de la vista dorada del otro lado del Támesis cerca del puente de la A202; para empezar, la del propio puente y de las cinco torres que se interponen entre la estación de Vauxhall y el Támesis

De camino a la Tate Britain. Foto R.Puig
o, a continuación la fortaleza del Servicio Secreto, el M16, que quizás les resulte familiar por las películas de James Bond, y que aquí les muestro acariciada por los últimos rayos del sol y reflejándose en el río

Yendo a la Tate Britain. Puente sobre la A202 y sede del M16 Foto R.Puig
así como los siguientes edificios en la orilla del Albert Embankment (A3036)

De camino a la Tate Britain. Foto R.Puig

De camino a la Tate Britain. Foto R.Puig
A unos doscientos metros del puente, tras nuestro breve paseo al borde del Támesis al borde del crepúsculo, llegamos a la Tate Britain

La Tate Britain. Foto R.Puig
Sólo hay que subir las escalinatas y entrar en el vestíbulo…

El vestíbulo de la Tate Britain. Foto R.Puig
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Paul Nash
Crepusculares fueron también la vida y la obra de Paul Nash (1889 – 1946), en varios sentidos. Por un lado, su baqueateada existencia coincidió con las postrimerías del dominio imperial británico, por otro, sus vaivenes para definirse como artista reflejaban la propia indecisión de la pintura británica en la primera mitad del siglo XX, tironeada entre una tradición en declive y el reclamo del modernismo desde el otro lado del Canal de la Mancha.
Nash ya era un notable dibujante, acuarelista, artista gráfico, de inspiración simbolista y romántica, y surrealista avant la lettre al principio de la década de 1910. El mundo vegetal y el paisaje son sus lugares preferidos, en los que, salvo para algunos rostros femeninos etéreos y prerrafaelitas, la figura humana es mínima. Nunca descolló en la representación de las formas humanas. pero los árboles asumen, en una especie de transposición mística, el papel del ser humano.

Paul Nash. The Wanderer 1911. Acuarela, tinta y carboncillo. British Museum
Más tarde, en los años de la Segunda Guerra Mundial, recobrará en sus lienzos al óleo los tonos de las acuarelas de las dos colinas de Wittenham de antes de la Gran Guerra y la perspectiva aérea que había en sus paisajes de aquellos años

Paul Nash. View from Wittenham Clumps 1913. Acuarela. Tullie Art Museum
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Los desastres de la guerra
Las circunstancias inmundas de la I Guerra Mundial hicieron, a pesar suyo, que Paul Nash saltase a la primera plana de la vida artística británica con ocasión de las matanzas y la destrucción, de unas dimensiones inéditas, en los frentes europeos

Sunset. Ruins of the Hospice Wytschaete. Paul Nash 1917. Tinta y pastel sobre papel. Imperial War Museum. London

Cementerio militar británico de Wytschaete. Foto CWGC
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Paul Nash trabajaba como ilustrador y grafista, de inspiración romántica y prerrafaelita, cuando los tratados de 1839, que garantizaban la neutralidad de Bélgica y la inviolabilidad de su territorio, fueron pisoteados por una de las potencias firmantes, Alemania, que agredió e invadió el plat pays para atacar más fácil y rápidamente a Francia.
Inglaterra, por motivos de legalidad internacional y por sus propios intereses estratégicos al otro lado del Canal de la Mancha, entró en la guerra en agosto de 1914. Nash se alistó en servicios en el ejército, prestando servicios en el territorio de Inglaterra. Pero en 1916 se produce el desastre de la Somme y es enviado en febrero de 1917 al saliente de Ypres, en la línea del frente por el momento estabilizada. En mayo, antes del asalto que precedió a los horrores de aquella zona, se rompió varias costillas en una caída desde un parapeto. Probablemente el ser repatriado para curarse le salvó la vida. A su vuelta a Londres, comenzó a procesar sus sensaciones.

Paul Nash. The Orchard 1917. Acuarela
Su acuarela de los árboles alineados tras las alambradas con las dos aves muertas, que data de su tiempo de convalecencia, ya están diciendo algo. No sólo estaban muriendo los combatientes, 539 británicos, entre otros de la Commonwealth, y franceses, que están enterrados en uno de los muchos cementerios militares en torno a Ypres, el de Poperinghe, sino también los que, fusilados por cobardía o deserción por sus propios compañeros (17 en este cementerio) quedaron marcados como tales con una C o una D en la lápida.
Los árboles pueden reverdecer, incluso tras la opresión de la alambradas, pero los hombres, una vez que la guerra los ha plantado bajo tierra, ya no vuelven.

Cementerio de soldados caídos en la I Guerra Mundial en Poperinghe cerca de Ypres
Los integrantes del Hampshire Regiment de Nash cayeron casi todos en la carnicería que comenzó una semana después de que él fuese repatriado.
Cuando retornó al frente de Flandes lo hizo en el papel de un Artista Oficial de Guerra y lo que contempló fue el horror de la destrucción total en torno a Ypres, la aniquilación de naturaleza y hombres.

En la batalla de Passchendaele, Frente de Ypres. Fuente CWGC
Cuando volvió a Inglaterra, enfermo de los bronquios por efecto de los gases lanzados por el ejército alemán, no le bastó el dibujo ni la acuarela, Nash comenzó a trasladar sus bocetos al lienzo. Comenzó a pintar al óleo.

We are making a new world. Paul Nash 1918. Imperial War Museum. London
En una naturaleza destruida los árboles, que eran como seres animados en su etapa de dibujo y grafismo, se presentan ahora como símbolos de la muerte no sólo del paisaje vegetal, sino también de la vida animal y humana.

Menin Road en el frente de Ypres. Fuente Gobierno australiano

Cerca de Menin Road en el frente de Ypres. Fuente CWGC

Paul Nash. The Menin Road 1918 19. Imperial War Museum

Granaderos ingleses en Ypres. Fuente Walkleyhistory.files

The Mule Track (El sendero de los mulos). Paul Nash 1918. Imperial War Museum. London
He visto la más espantosa pesadilla de un país, como jamás fue concebido ni por Dante ni por Poe, indecible absolutamente indescriptible. En los quince dibujos que hice te he podido dar una vaga idea de un tal horror, aunque sólo desde dentro, y formando parte de ello, puedes llegar a sentir esta naturaleza terrible y lo que los hombres en Francia tienen que afrontar
(los hombres, «men», son los soldados expedicionarios británicos en el frente de Flandes occidental)
Sólo el mal y la encarnación del demonio pueden ser maestros de ceremonias en esta guerra: no se percibe ni el más tenue reflejo de la mano de Dios. La salida del sol y su ocaso son blasfemas burlas del hombre; sólo la lluvia negra, que baja de una nubes heridas e hinchadas o a través del amargo negro de la noche, armoniza con la atmósfera de una tierra así. La lluvia sigue sin parar, el fango pestilente adquiere un maldito color amarillo, los cráteres de los proyectiles están llenos de un agua de un verde blancuzco, las carreteras y los senderos cubiertos por pulgadas de limo. Los negros árboles moribundos humean y sudan, y los obuses no cesan.
…
No soy ya un artista interesado y curioso, soy un mensajero que quiere devolver la palabra a esos hombres que se baten, para que llegue a aquellos que quieren que la guerra dure para siempre. Débil, inarticulado, será mi mensaje, pero contendrá una amarga verdad y ojalá les queme sus almas malvadas.
De una carta de Paul Nash a su mujer el 16 de noviembre de 1917 (BOYD, p.38)

Wire. Paul Nash 1918. Imperial War Museum. London

Cementerio de Ixelles. Tumbas de las dos guerras mundiales. Foto R.Puig
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La costa como lugar
Antes de apasionarse por De Chirico y de su conversión al Surrealismo continental (el Manifiesto Surrealista es de 1924) Paul Nash plasmó su visión de las costas de las Romney Marshes (las marismas de Romney)

The Shore. Paul Nash 1923. Leeds Museum

Las playas de Dymchurch. Fuente Ashe Alarms

Winter Sea. Paul Nash 1925-37. York Art Gallery
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Durante los años de su esfuerzo por conectar su surrealismo espontáneo y personal con el europeo y por seguir las corrientes artísticas del continente Paul Nash extraviaba su propio estilo, aunque mejoraba su técnica en la pintura al óleo. Fue el alma y el inspirador de la Exposición Internacional Surrealista en Londres en 1936, la primera en su género, donde también expuso las que consideraba sus mejores tentativas surrealistas. Aquellos trabajos exigieron mucho de él, comprometieron su economía, le dejaron exhausto y minaron su salud.

Blue House on the Shore. Paul Nash 1930-31. Tate. London
Sobre su período surrealista, se puede encontrar información y obra en el sitio oficial de la Tate Britain, donde hay un vídeo de cinco minutos que resume bien esta exposición antológica de su obra.
.
Propaganda de guerra
El Ministerio de la Guerra británico aceptó de nuevo a Nash como pintor de guerra al comienzo de la II Guerra Mundial. Tras la batalla de Inglaterra en 1940, en la que la RAF derrotó a la LUFTWAFFE sobre las costas de Inglaterra, quedaba mucha guerra por delante y a los artistas también se les pedía que participasen en el esfuerzo por levantar la moral de victoria entre la población.
Nash se incorporó, no sin renuencias y también por necesidad económica, a esta labor aunque no en el frente. Lo que el pintó fueron los residuos del frente, en este caso a partir del cementerio de los bombarderos alemanes cerca de Oxford donde estuvo tomando fotos y apuntes. Su cuadro de El Mar Muerto no sólo es una magnífica alegoría de las marejadas bélicas que azotan las orillas de la Historia y del trágico fin de los hombres y las máquinas que quieren cambiar el mundo con bombardeos. Es además un alegato contra la visión heroica de la guerra. Los restos de tanta locura yacen bajo la luna y un búho blanco sobrevuela a lo lejos los esqueletos de la industria bélica. El lienzo no gustó al Ministerio del Aire.

Dead Sea. Paul Nash 1940 41. Tate. London
Tampoco les pareció bien otro cuadro, el de la batalla de Alemania, que trataba de simbolizar una inminente victoria mostrando con vívidos colores el espectáculo de columnas de humo negro y de un cielo al rojo durante los asoladores bombardeos con los que los británicos se desquitaron, en 1944 y sobre el territorio alemán, de los que ellos habían sufrido en 1940. Aunque a los que le pagaban no les gustase, se trata de un excelente cuadro de factura casi abstracta, en el que reafirmaba su vuelta a los colores de su imaginario natural, aunque en este caso los hongos no sean de los que crecen en el campo.
Por entonces sus bronquios y sus pulmones ya estaban sembrados de las secuelas de la inhalación de gases en las trincheras de Ypres. Le quedaban dos años de vida escasos.

Battle of Germany. Paul Nash 1944. Imperial War Museum. London
Y es, en definitiva, al final de su vida, cuando sus paisajes reflejan de nuevo esa sensibilidad de sus dibujos y acuarelas que encontraba en los lugares naturales que él denominaba places.
De vuelta en Langley Marish Paul Nash vuelve a ser Paul Nash y sus obras finales se nutren del humus de una trayectoria vital y artística exclusivamente suya. A pesar de la precariedad y de los problemas familiares de los últimos meses de su vida, sus crepúsculos, sus lunas y sus soles, sus campos y sus árboles, al borde de la abstracción, demuestran que se ha reencontrado con sus sitios de partida.
Murió de un paro cardíaco mientras dormía. Era el 1 de julio de 1946.

Landscape of the Vernal Equinox. Paul Nash 1944. Scottish National Gallery of Modern Art.
La muerte, en la cual todos pensamos, creo que es la única solución al problema de cómo poder volar. Pienso que si la muerte llega a darnos esto, la muerte será algo bueno
Paul Nash, Counterpoint magazine, 1945
Referencias:
(BOYD 2007) David Boy Haycock, Paul Nash, Tate, Coll. British Artists, London 2007
Orestes Ferrara, La Guerra Europea, causas y pretextos, Madrid, Sociedad Española de Librería, Biblioteca de Ciencias Sociales y Políticas, 1917 (aprox)
Sol declinante

Sol declinante junto al Rådasjön. 20 de noviembre a primera hora de la tarde. Foto R.Puig
Lo que experimentamos como realidad forma parte de escenas, lugares o «places», como llamaba Paul Nash (de quien hablaremos próximamente) a aquellos sitios escogidos en los que se inspiraba. Detrás de una realidad hay muchas, multiplicadas por nuestra sensibilidad, todas cum fundamento in re, pero todas fugitivas, en alas de nuestra imaginación y de nuestras reminiscencias. Unas veces las buscamos nosotros y, otras, las más, ellas nos buscan, sin que sepamos en qué momento seremos sorprendidos.

Sol declinante en Råda Säteri. 20 de noviembre a primera hora de la tarde. Foto R.Puig
En estos días del pre-invierno nórdico pareciera que esta luz oblicua del sol, esos soles declinantes, acentuasen la potencia metamórfica de la realidad, que en un mismo lugar nos habla con lenguajes diferentes.

Criatura lacustre junto al Rådasjön 20 de noviembre una de la tarde. Foto R.Puig
Cada sitio esconde otros muchos, insospechados.
La Nature est un temple où de vivants piliers
Laissent parfois sortir de confuses paroles ;
L’homme y passe à travers des forêts de symboles
Qui l’observent avec des regards familiers.
.
La Naturaleza es un templo cuyos pilares vivos
Dejan salir a veces sus mensajes confusos;
El hombre lo atraviesa entre bosques de símbolos
Que con miradas familiares le observan.
.
Charles Baudelaire, del poema «Correspondances» en Les fleurs du mal
Como, por ejemplo, las ruinas románticas que una rica heredera se hizo construir en 1830 en su propiedad de Råda Säteri, junto al lago Rådasjön, actualmente reserva natural de dominio público.
Así se veía aquel capricho de las neorruinas en 1910

Visitantes de las ruinas romanticas (1830) de Martina Törngren junto al Rådasjön en 1910.
Aquella heredera se llamaba Martina Törngren (1789-1875), von Schewerin por el marido, prometida a los trece años y casada a los dieciséis con un aristócrata diecisiete años mayor que ella. Su matrimonio fue infeliz, pero pudo sobrevivir a su marido durante veinticinco años. Era una mujer instruida y viajera, «la madame de Staël sueca», relacionada con los círculos intelectuales, académicos y artísticos de la Suecia de su tiempo.

Las ruinas romanticas (1830) de Martina Törngren en la actualidad. Foto R.Puig
A la entrada de esas neorruinas que plantó en Råda Säteri hizo colocar una inscripción latina, quien sabe si por premonición de su malograda hija, también llamada Martina von Schewerin (1809-1839), muerta a los treinta años y a quien Esaias Tegnér, escritor, director de la Academia Sueca, obispo e íntimo de la madre, apodó afectuosamente la «señorita latina» (den latinska fröken).
El adagio sobre la piedra. Foto R.Puig
SIC REDIT IN NIHILUM QUOD FUIT ANTE NIHIL
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Así vuelve a la nada lo que antes nada fue
Este adagio procede del encabezamiento de «Padecimientos de amor», obra en prosa que el poeta griego Partenio de Nicea escribió por encargo de Cayo Cornelio Galo, quien se valió de la misma para extraer numerosos temas para sus poesías. De las obras de este último, publicadas en Francia durante la primera mitad del siglo XIX, pudo tomarlo Martina, la joven que sabía latín. Del autor griego también se valió Ovidio y, a su vez, Robert Burton (1577-1690) citó esta sentencia en su Anatomía de la Melancolía (1621).
Fuese como fuese, la joven Martina sólo llegó a publicar una obra juvenil: Pequeñeces de una principiante (Småsaker af en nybegynnare) en cuatro volúmenes, de los cuales alcanzó a ver impresos los dos primeros (Lund, 1836 – 1840), antes de morir en 1839. Es una obra en la que practica el aforismo, la novela corta, el género epistolar y los diálogos, entreverando algún poema y citas en francés, inglés y alemán, mostrando una vasta cultura, la influencia de muchas lecturas y su sensibilidad romántica. En los dos últimos volúmenes se mencionan varias enfermedades con una nota en el último que enumera la escarlatina, el sarampión, la viruela, las paperas y la «fiebre mamaria». En el tercero, la novela del amor incumplido de Gösta y Elin, describe el agravamiento y la muerte de la joven Elin en el mismo día de sus cumpleaños y a la hora en que nació, víctima de una enfermedad que tiene todas las trazas de la tuberculosis. Es significativa su frase döden är frälsning (la muerte es liberación).

Martina von Schewerin (jr). Pequeñeces de una principiante, Primera parte (1834). Lund, 1836
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¡Y nosotros, que habíamos salido a pasear en un paisaje otoñal, aprovechando este sol declinante! ¡y hete aquí que nos vemos transportados al siglo XIX, y entre el musgo y las hojas muertas surge el memento mori! ¡la proclamación de la caducidad de todos los amores que una doncella romántica entresacó quizá de la prosa de un poeta griego del siglo I antes de Cristo!

Por las márgenes del Rådasjön. 20 de noviembre a primera hora de la tarde. Foto R.Puig
Tenía razón Baudelaire, estos bosques y este lago, por las orillas de la pequeña península de Labbera, a pocos kilómetros de Gotemburgo, dejan escapar sus mensajes confusos bajo la luz oblicua del sol de otoño.

Faz rocosa junto al Rådasjön. 20 de noviembre a primera hora de la tarde. Foto R.Puig

Piedras vivas en Råda Säteri. 20 de noviembre a primera hora de la tarde. Foto R.Puig
Las pequeñeces de Martina algo tuvieron que ver con las miradas familiares escondidas en estos parajes. Por ellos paseó sus reveries esta nieta del Director de la Compañía de la Indias Orientales, la Svenska Ostindiska Companiet, la potente naviera que, con sede en Gotemburgo, comerció con el Extremo Orienta a lo largo de dos siglos.

Alfombra roja en Råda Säteri. 20 de noviembre a primera hora de la tarde. Foto R.Puig

Por las márgenes del Rådasjön. 20 de noviembre a primera hora de la tarde. Foto R.Puig
Después de un paseo por las orillas del lago, circunvalando la península que se adentra en sus aguas, volvemos al punto de partida, frente a las caballerizas de la finca, donde los caballos siguen pastando sin hacernos caso

Buen vivir de los equinos de Rådas Säteri. Foto R.Puig
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De la naturaleza a la ciudad
La verdad es que a su vez, fuera de los bosques y los lagos, son las ciudades otra naturaleza que el hombre ha extraído de su hermana mayor. También la menor deja escapar sus confuses paroles.
Anochece temprano en la Plaza de la Reina (Drottningtorget), en Gotemburgo, a los pies de los tres estilitas que plantó aquí Jaume Plensa, inspirado no por un adagio latino, sino por el apólogo japonés sobre los tres monos sabios.
En todo caso, esas palabras también son ambiguas
Los tres homínidos en Gotemburgo. 20 de noviembre de anochecida. Foto R.Puig
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Comme de longs échos qui de loin se confondent
Dans une ténébreuse et profonde unité,
Vaste comme la nuit et comme la clarté,
Les parfums, les couleurs et les sons se répondent
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Los tres homínidos de Jaume Plensa el 20 de noviembre. Foto R.Puig
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Como largos ecos que lejos se confunden
En una tenebrosa y profunda unidad,
Vasta como la noche y como la claridad,
Perfumes, colores y sonidos se responden.
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Gotemburgo. 20 de noviembre, seis y cinco de la tarde. Foto R.Puig
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Dos días después
Desde nuestro paseo romántico han pasado un par de días y el autobús me ha traído temprano al otro lado de la ría. A ver si me sacudo la pereza y progreso algo con los pinceles. Pero antes, nada más apearme, la magia de este sol oblicuo que se asoma entre las brumas matinales parece tirar de mis pies. Así que me doy una vuelta por Lindholmen, quizás esta luz traiga algún nuevo mensaje.
Aquisito no más, un ratitito no más…

Lindholmen. Nueve de la mañana 22 de noviembre. Foto R.Puig
Notas :
- Råda Säteri es el término medieval que designaba un señorío feudal, territorio o finca (säteri) libre, o sea exento (råda) de tributos a la Corona. Solía incluir la disponibilidad de agua, generalmente un lago y sus recursos, un rådasjön (sjön = lago), tambien exentos. Hay un cierto número de ellos por Suecia.
- Dado que, desde 1969, esta Råda Säteri de mi crónica es propiedad comunal del municipio de Härryda, el nombre podría ahora leerse como «finca (säteri) comunal (råda)», o sea bajo la autoridad del Råd (Concejo). Y Rådasjön se podría leer como «lago (sjön) comunal (råda)», ya que este rådasjön forma parte del territorio de dos municipios colindantes, Härryda y Mölndals, junto a Gotemburgo. Pero esto son ya especulaciones mías que no tienen que ver con el significado original. Mejor mantener este lugar envuelto en los velos de su historia secular.
- Lindholmen es un barrio del distrito de Hisingen en el norte de la ría que atraviesa Gotemburgo de este a oeste.
- A propósito de Partenio de Nicea y de su productiva colaboración con su amigo romano Cornelius Gallus, es interesante recordar que la conquista de Grecia por Roma suministró un filón inagotable del que se beneficiaron los literatos y pensadores romanos. De muchos de los creadores griegos que les inspiraron, o simplemente fueron copiados por sus conquistadores, se sabe el nombre, como en este caso, pero de otros, salvo pesquisas concienzudas de filólogos e historiadores, no llegaremos a saberlo. En nuestros tiempos es usual calificar como «el negro» de un autor de éxito a aquellos creadores que trabajan en la sombra para que el famoso firme o, en el mejor de los casos, desarrolle, lo que el autor mercenario ha creado. Nada nuevo bajo el sol.
De dos días en Londres (I)

Domingo temprano en Formosa Street. Foto R.Puig
Para Martin y Sandra
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Hemos estado en Londres el pasado fin de semana con el sábado y el domingo completos para deambular. El sábado lluvioso y el domingo soleado. Un fin de semana equitativo. El hotel cerca de Little Venice, barrio de casas victorianas y georgianas, tranquilo y arbolado. Habitación pequeñita con dos mesas de planchar ropa y tres planchas (sic), una tetera en desuso y una ventana de guillotina imposible de abrir, pues las primeras capas de pintura se remontan probablemente al reinado de la Reina Victoria, cuando aún era joven. Nada de particular para un turista en Londres. Eso sí, la ventana del cuartito de baño, al cual se sube por unas escaleras empinadas, se abre y tiene vistas, al patio de atrás.

Fire brexit. Foto R.Puig
Así que podemos decir que tenemos una habitación con vistas

Habitacion con vistas. Foto R.Puig
En cualquier caso el personal es amable y cada vez que entramos y salimos una ceremoniosa conserje nos saluda en el pórtico

Minnie, la conserje del hotel. Foto R.Puig
En todo caso hemos pasado el tiempo en familia, bien guiados a restaurantes, bistrós y tavernas amenos y sabrosos, andando, andando, andando, por parques, calles llenas de gente y comercios, y por museos y galerías de arte.

Hyde Park. Foto R.Puig
Nada de particular, nada que no hagan los millones de turistas que cada año invaden Londres, salvo que yo no sabía nada de la red de canales navegables, con márgenes peatonales, que recorren una extensa parte de la metrópoli.

Little Venice. El Paddington Arm. Foto R.Puig
Londres está envuelta y atravesada por una red de riachuelos y canales, navegables en barcazas y tributarios del Támesis. Estos cursos de agua forman estanques y lagunas rodeados de verde y arboledas, con hileras de barcazas amarradas en sus bordes y utilizadas para habitación, esparcimiento o restauración.

Little Venice. Foto R.Puig
El estanque de la Little Venice está situado en el corazón de la confluencia de dos canales importantes en el territorio del Municipio de Westminster. En este remanso se empalman el Padington Arm, derivado del Grand Union Canal que llega a Londres desde el noroeste, y el Regent’s Canal. Siguiendo el curso de este último desde Little Venice se puede navegar, hasta desembocar en el Támesis por la curva de Limehouse Basin, la que precede a la Isle of Dogs, y tras haber flanqueado el Regent´s Park y el Victoria Park.

Little Venice. Foto R.Puig
Desde el estanque de Little Venice hasta el Támesis hay cerca de 20 kilómetros de curso de agua, que pasa bajo unos 60 puentes de diverso calibre, para el tráfico rodado y el ferroviario, o simplemente peatonales.

No es junto a estos canales y lagunas por donde se ven los enjambres de turistas que inundan el centro de Londres, aunque es de suponer que en verano se conviertan en populares rutas de paseo. Apenas tuvimos tiempo para andar por sus márgenes, pero la próxima vez nos desquitaremos.

Navegacion por el Regent´s Canal. Foto R.Puig
Nuestro descubrimiento de Little Venice no fue intencional, pero ha sido afortunado. Estábamos alojados en ese barrio por motivos de visita familiar y en las dos mañanas, una lluviosa y la siguiente soleada, muy temprano, antes de desayunar, tuvimos el placer de descubrir ese rincón recoleto. Aunque más que a una Venecia pequeñita a lo que se asemeja este entorno es a Amsterdam. Y, de hecho, los jardines en su orilla llevan el nombre de un artista holandés ilustre que ustedes sin duda conocen

Little Venice. Rembrandt Gardens. Foto R.Puig
En definitiva, hay otras formas de disfrutar de Londres lejos de su mundanal ruido.

Little Venice. Foto R.Puig
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Dejando los alrededores del estanque callejeamos por el distrito de Paddington, deteniéndonos en viveros de flores

Little Venice. Foto R.Puig
o curioseando por los mercadillos alimenticios del fin de semana

Paella con salchichas en el mercadillo del barrio. Foto R.Puig
donde no faltan el puesto de tartas, tartaletas y horneados varios

En el mercadillo del barrio. Foto R.Puig
o de quesos

En el mercadillo del barrio. Foto R.Puig
y los compradores y vendedores provectos

En el mercadillo del barrio. Foto R.Puig
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Por la tarde, nos fuimos en busca de especialidades peruanas por el Soho. No sé si había algún cocinero peruano junto a los fogones, pero los anticuchos estaban buenos

Galería de restaurantes en el Soho. Foto R.Puig
Y para que el barullo no nos hiciera daño, después del brunch y antes de ir hacia el jaleo del centro, entramos meditativos en la parroquia católica de Saint James (Santiago de Compostela) en la George Street, cerca del palacete de la antigua embajada española que hoy alberga la Wallace Collection,

Misa en la parroquia de Saint James. Foto R.Puig
Mientras el cura desgrana su homilía, San Antonio de Padua nos sugiere que le pongamos una vela antes de aventurarnos en el tráfago

San Antonio en la Parroquia de Saint James. Foto R.Puig
por los alrededores de Oxford Circus

Con prisas en Regent Street. Foto R.Puig
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A venir
De lo que vimos en la Tate Britain

La Tate Britain. Foto R.Puig
o en la Royal Accademy of Art

Estatua de Sir Joshua Reynolds ante la Royal Gallery of Art .Foto R.Puig
hablaremos en sucesivas entradas…
Noviembre

Sensación de noviembre. Foto R.Puig
dedicado a mi sobrino Jorge
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In the mood of November
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Por el alto limbo de noviembre
las almas de los osos polares
buscan
sus hielos bautismales
R. Puig. In the mood of November. Acrílico sobre lienzo 100 x 81.
Bajo las tierras lívidas
y el humus negro
duermen
raíces marchitas
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La fuga de la luz. Foto R.Puig
La luz que huye
por cristales yertos
arrastra
recuerdos muertos
—
Adornos navideños. Foto R.Puig
Operarios municipales
sobre la grúa
enguirnaldan
el barrio con corazones
—
El reclamo del anticuario. Foto R.Puig
Nostálgico el abuelito
al mirar los cachivaches
olvida
sus alifafes
—
Todos en casita. Foto R.Puig
Vecinos de estas casas
arrellanados en sus butacas
añoran
playas tailandesas
—
R. Puig. In the mood of Trump. Oleo sobre acrílico. Detalle
El día nueve en Ohio
este recién duchado
llora
escuchando la radio
—
Quo vadimus? Foto R.Puig
Millones de paisanos
helados y pasmados
exclaman
¡¿a dónde vamos?!
¿Quién me saca de aquí? Foto R.Puig
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Breverías erasmianas (XXVII): “Nihil dulcius quam omnia scire” (Nada hay más dulce que saberlo todo)

Cicerón. Museos Capitolinos. Roma. Foto R.Puig
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«Nihil dulcius quam omnia scire»
Nada hay más dulce que saberlo todo
V i 42
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Para explicar este proverbio Erasmo cita a Cicerón, que lo emplea en una de sus Cartas a Ático, donde se muestra curioso y pide a su amigo que le informe de lo que ocurría en Roma en su ausencia. Entre otras cosas, quería tener información sobre algunas actuaciones de los censores y de Apio Claudio Pulcro, pero en especial de su hermano, el tribuno de la plebe Publio Clodio Pulcro que persiguió a Cicerón hasta exiliarle, expropiarle y hacerle la vida imposible a su vuelta.
Cicerón lo apoda con el nombre deformado de otro tribuno (Lucio Apuleyo) que había sido declarado enemigo público décadas antes. Lo tilda de afeminado llamámdole «Apuleia» aludiendo a que Publio Clodio se había travestido para colarse en la casa de Julio Cesar.
Nil dulcius quam scire prorsus omnia…
Nada más dulce que saber absolutamente todo…
…
Quare ut homini curioso ita perscribas ad me quid primus dies, quid secundus, quid censores, quid Appius, quid illa populi Apuleia.
Como soy hombre curioso cuéntame en detalle lo qué sucedió el primer día, qué el segundo, que hubo de Apio, qué de esa Apuleya favorita del pueblo
Cartas a Atico, 4.11.2
(Les Adages d’Érasme, présentés par les Belles Lettres et le GRAC, Lyon 2010, p. 2472)
Estamos inmersos en la Roma de las rencillas, los rumores y los cotilleos de la política. De modo que el sentido pedestre con el que Cicerón emplea este elegante proverbio hoy podría ser el lema de Twitter, esa red social que promete tenerte al corriente de «lo que está pasando».
Erasmo al final de su comentario toma otro proverbio de Cicerón que aparece en una de sus cartas familiares: πάντα περὶ πάντων : todo sobre todo. No he encontrado el texto aún, pero sospecho que va el mismo sentido.
¡Así que, nada nuevo bajo el sol! En materia de chismorreo nuestros medios sociales no han inventado nada.
Otros sentidos para este adagio
La aspiración a saberlo todo, a abrazar el cosmos y toda la sabiduría en su totalidad es una pasión ancestral que ha movido a la humanidad a ir ampliando las fronteras del conocimiento. Si bien, en el Medioevo se tomaban atajos. Y como no han sido sólo los varones quienes han sentido este impulso de ascender por la escala de la sabiduría absoluta, recordemos a la abadesa alemana Hildegarda de Bingen (1098 – 1179) mística, profetisa, médica, compositora y escritora y su visión del Cosmos.

El Cosmos de Hildegarda de Bingen. Codex de Lucca.Fuente: Joanna Wolska.
Erasmo no era amigo de los prodigios de la ciencia infusa, y en todo caso no glosó este proverbio con un extenso comentario. La razón pudo ser que no encontró las referencias clásicas y filológicas que podían apoyar un sentido más noble del mismo. En otros adagios sí que se extendió sobre la pasión del trabajo intelectual y del afán incansable por el estudio. Claro que, con su natural ironía, tampoco olvidó poner esa pasión de quien todo lo quiere saber entre las formas de locura

Xilografía de Franz Masereel para el Elogio de la locura
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Pero, volviendo a nuestro adagio de hoy, el texto de Cicerón, que da pie al comentario, es expresión de la inveterada curiosidad por la vida y milagros de los demás, y en este caso por los tejemanejes de los adversarios políticos. Como soy hombre curioso cuéntame en detalle lo qué sucedió, escribe Cicerón a Ático.
En la introducción a su enorme colección de adagios, Erasmo ya dejó sentado que una característica de los proverbios es esa ambigüedad que hace posibles sentidos variados. Algo de eso ha ocurrido con la interpretación de lo que afirma un personaje, prototipo del chismoso, en una comedia de Terencio: Homo sum, humani nihil a me alienum puto (Hombre soy, nada humano me es ajeno). Esta frase no se suele entender como lo que es, la confesión de un fisgón que se justifica diciendo que es humano entrometerse en la vida de los demás, sino como una noble expresión del espíritu de solidaridad.
Así que, en el caso que nos ocupa hoy, se me ocurren también a mí algunos sentidos más nobles de este nihil dulcius quam omnia scire.
El ansia de descubrir todo
La pasión por el conocimiento universal movió a hombres como Aristóteles a ocuparse de todos los aspectos del pensamiento y del saber de su tiempo. Basta con recorrer el índice de sus obras

Aristóteles. Museos Capitolinos. Roma. Foto R.Puig
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Otro apasionado investigador en busca de la síntesis total de las ciencias de su tiempo fue Alexander von Humboldt (1769 – 1859) que viajó y exploró lugares a los que nadie había llegado y con su mirada innovadora recopiló una inmensidad de datos, en diálogo directo con la naturaleza y con cientos de investigadores y científicos de su tiempo.

Alexander von Humboldt frente al Teide. Bronce. Foto Santi Rodríguez en el blog del Geographical Magazine
En su afán de percibir el mundo natural como un todo interdependiente anticipó nuestra propia época con sus intuiciones sobre la influencia humana en el cambio climático, puso las bases para el trabajo de Darwin y motivó a generaciones de científicos y estudiosos de las ciencias naturales y a las corrientes modernas de protección del ambiente natural

Alexander von Humboldt. Naturgemalde. Fuente Blog del Geographical Magazine
El Cosmos que se le brindó a Hildegarda por revelación divina, a Alexander le costó infinitos trabajos y penalidades, como por ejemplo subir al Chimborazo con los pies hechos trizas, dejarse comer por los mosquitos navegando por el Orinoco o recorrerse la Siberia rusa en tartana hasta llegar a Mongolia. Trabajó diecisiete años para plasmar sus conocimientos en los tres volúmenes soberbiamente ilustrados de su Cosmos.
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La pasión por leerlo todo
Conozco a alguien a quien su mujer le dio a escoger entre desatascar los pasillos de la casa, obstruidos por sus kilométricas estanterías llenas de libros, o mudarse.
Bueno, pues esta es otra pasión que a no pocos nos empuja y que puede convertir en insuficiente el espacio doméstico. Así que no puedo evitar traer aquí dos hermosas imágenes

Biblioteca de Pierre Cuypers. Rijkt Museum. Foto R.Puig
de algunos de esos lugares en los que uno puede perderse sin necesidad de poner en peligro la armonía matrimonial

La biblioteca del Trinity College de Dublín. Foto Shutterstock
Aunque sin ir tan lejos, estoy seguro de que muchos de los lectores de este blog tienen cerca alguna biblioteca en la que pueden pasar algunas de esas horas dulces que la vida nos depara.
Mirar para saber
Y ya que hemos mencionado a Aristóteles, no está mal recordar que pasear ayuda también a pensar, pues no en vano en los jardines de su escuela en Atenas se practicaba el peripatêín
Así que le pido disculpas a Erasmo por este recurso a la dulce pereza de marchar sin rumbo fijo, de ese simple caminar que ilustra delicadamente en un manga el extraordinario artista, poeta del dibujo, Jiro Taniguchi

Jiro Taniguchi. L’homme qui marche. Paris, Casterman, 1995, p.41
Es un poco eso que los franceses llaman flâner, o sea deambular en plan gandul

Jiro Taniguchi. L’homme qui marche.p.123
mirando a las nubes, pero también a las hojas, las ramas y los colores en esas frondas que cambian con la brisa y con la luz

Jiro Taniguchi. L’homme qui marche. Paris, Casterman, 1995, p.35
Pero, ya que estamos hablando de nubes, hay quienes parecen optar hoy por un nihil dulcius quam nihil scire (nada más dulce que no saber nada), porque ¿si todo está en La Nube, para qué molestarse?
En esas estamos
Fenomenología de las nubes según J.M.G.Le Clézio (y II)

…les tengo cariño porque son lentas y no son serias. Foto R.Puig
Hoy concluye esta selección de textos de L’inconnu sur la terre, en los que Le Clézio se deja ir con las nubes.
Estar en la nubes no es algo criticable, no es cosa de perezosos y distraídos, sino el modesto lujo de nuestros ratos ingrávidos, cuando, siquiera un poco, nos sentimos poetas.
Cuando se mira a las nubes, se piensa en muchas cosas, pero son cosas que parecen nubes. Son cosas ligeras y redondeadas, que ruedan y se bambolean y reptan como orugas, son cosas claras impregnadas de luz, a la deriva en el gran lago azul absoluto del cielo. Son cosas bien sorprendentes.
L’inconnu sur la terre, Paris, Gallimard, 1978, p.60

…a la deriva en el gran lago azul absoluto del cielo. Foto R.Puig
Puede que las nubes sean sueños que se sueñan con ojos bien abiertos, sueños que no quieren mostrar nada, decir nada, sueños por soñar, sin más. Es algo que se infla y se reduce, que se alarga y se deforma, algo que deriva y se va luego, suavemente, suavemente, retrocediendo hacia la hendidura del horizonte.
p.60

Puede que las nubes sean sueños que se tienen con los ojos abiertos. Foto R.Puig
¿De dónde vienen? ¿Quién fabrica las nubes, decidme, quién las hace nacer? Seguramente aparecen sobre el mar cuando el sol quema fuerte, allí donde el agua encuentra la orilla, allí donde se alzan los acantilados y los muros de las montañas. Entonces nacen en el cielo, empiezan siendo muy pequeñas, algunas bolas pálidas y transparentes como la escarcha. Las nubecillas crecen, se multiplican por encima del mar, inmóviles las unas junto a las otras. Todavía no saben viajar. Luego crecen más, engordan, se fusionan entre ellas, se convierten en gruesas nubes blancas. Como son muy voluminosas, el viento se recuesta en ellas y las infla como alas, y comienzan a deslizarse por el cielo. Franquean el ámbito de las montañas, corren sobre las colinas y los valles, separadas, yendo, yendo, sin detenerse, sin saber adónde les lleva el viento.
pp.60-61

…yendo, yendo, sin detenerse, sin saber adónde les lleva el viento. Foto R.Puig
¿Adónde van? Hacia África, a las Azores, o bien a lo largo de las corrientes que llevan al norte, hacia Irlanda, hacia Suecia, a Noruega, a Finlandia. Todavía no son nubes de tormenta, no aún. No transportan relámpagos, ni hielo, son sólo nubes blancas perezosas que se pasean por el cielo azul, que arrastran sus grandes sombras frescas sobre la tierra.
p-61

…arrastran sus grandes sombras frescas sobre la tierra. Foto R.Puig
Estoy tumbado de espaldas, los rayos del sol se encienden y se apagan sobre la piel de mi cara. Aunque esté con los ojos cerrados, yo sé cuando pasan las nubes. Cuando el sol calienta fuerte, aguardo a que lleguen. Pruebo a vigilarlas abriendo un poco mis párpados, y mis ojos se llenan de lágrimas. En cuanto la nube se acerca al disco ardiente, la luz se debilita, se enturbia. Veo las amplias volutas que avanzan, ayudándose, empujándose y tironeándose, las bolas blancas y grises girando en el aire resplandeciente. Luego, de golpe, el sol no es más que un redondel que retrocede a través de las nubes, y noto como un agua fría que resbala sobre mi rostro y mis párpados. Abro los ojos, miro. Me gusta que al sol lo tape la nube, me vuelvo ligero, yo también, me deslizo sobre la tierra, quizá soy ancho y redondo, produzco complicadas volutas que se enroscan y se superponen.
p.61

…el sol no es más que un redondel que retrocede a través de las nubes.Foto R.Puig
Todo está en calma, las quemaduras olvidadas, llega frío el viento. Veo a las hojas de los árboles moverse, oigo los rumores del mar, los sonidos de la hierba. Se ha retirado el peso del cielo, y puedo respirar lentamente, profundamente, como en el sueño. Puedo respirar tan largamente que es como si respirarse hasta el fondo del cielo. Nube, nube grande, resbala lentamente, despliega bien tus esferas blancas, nada e infla tus membranas como un paracaídas, como una medusa. Nube, quédate ahí, te lo ruego, quédate encima de mí, por mí y por mis vecinos, muéstrame bien tus volúmenes resplandecientes y grises, tus cavidades sombrías como cavernas, tus grandes valles silenciosos, tus afables montañas, tus sabanas.
p.61

…tus cavidades sombrías como cavernas, tus grandes valles silenciosos. Foto. R.Puig
La nube es grande como una isla, grande como una banquisa. Se ven todos los rincones que nos gustaría habitar, las concavidades donde quisiéramos aposentarnos para dormir, los escondites, los lechos, y además también esos como caminos por donde se podría andar a paso lento. Sí, sería bueno vivir sobre una nube, al abrigo del sol, cerquita de las fuentes de la lluvia, sin saber dónde estamos, sin saber adónde vamos…
pp. 61-62

…sería bueno vivir sobre una nube. Foto R.Puig
….
Peregrinaje *
Un día llegamos… Sierra de Otontepec. Foto Spurling
Un día, llegamos a un país envuelto en nubes, silencioso, misterioso, blanco, en lo alto de una montaña, a San Juan Ixcatepec. La vida es entonces lenta, lejana, perdida en las alturas. Aquí nada es fijo, nada es duradero. Aparecen unos árboles escuálidos, se borran, retornan. Los caminos no tienen final. A veces, a lo lejos, parece que se ven casas, cúpulas, la silueta de una iglesia, un palacio. Luego las nubes pasan delante de ellas, las esconden.
…vecinos de los picos de las montañas. Sierra de Otontepec. Foto Adrian.mar
pp. 62
Es un país en el que los hombres son escasos, un país sin aves, sin insectos. Estamos en la región por donde transita el aire, tan frágil que una nada la borra. No se oye. Se respira flojo, con dificultad, se camina un poco, luego uno se para. Se toma asiento en el escalón de una puerta, se espera. Por las calles del pueblo no hay nadie. Las nubes avanzan lentas sobre la meseta de piedra, la tierra se disuelve. La niebla acuosa flota, impregna vuestros cabellos, vuestras ropas. Estamos lejos por encima de los valles humanos, vecinos de los picos de las montañas, en este país que no conoce ni la mar ni las praderas. Aquí uno se olvida de sí mismo, sin palabras. Las nubes os atraviesan, y de vez en cuando desaparecéis, os marcháis. No hay sol. La luz blanca baña las altas regiones, la luz que no hace sombras. Es un país de humaredas y de vapor, donde el tiempo ha cesado. No hay hombres. No hay más que la luz, las nubes, y los fantasmas intocables.
p.62
…es un país de humaredas y de vapor, donde el tiempo ha cesado. Sierra de Otontepec. Foto Kikeforte
…
(*) Le Clézio llegó por primera vez a México, como profesor del Instituto Francés, en 1967 y ha seguido visitándolo con mucha frecuencia, viviendo temporadas allá, escribiendo sobre el país y sus gentes e interesándose por algunas de sus lenguas indígenas.
Ixcatepec es un pueblo del norte del estado de Veracruz que linda con la sierra de Ontotepec, parte de la cordillera de la Sierra Madre Oriental.

























