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Fenomenología de las nubes según J.M.G.Le Clézio (y II)

30 octubre, 2016
...les tengo cariño porque son lentas y no son serias. Foto R.Puig

…les tengo cariño porque son lentas y no son serias. Foto R.Puig

Hoy concluye esta selección de textos de L’inconnu sur la terre, en los que Le Clézio se deja ir con las nubes.

Estar en la nubes no es algo criticable, no es cosa de perezosos y distraídos, sino el modesto lujo de nuestros ratos ingrávidos, cuando, siquiera un poco, nos sentimos poetas.

Cuando se mira a las nubes, se piensa en muchas cosas, pero son cosas que parecen nubes. Son cosas ligeras y redondeadas, que ruedan y se bambolean y reptan como orugas, son cosas claras impregnadas de luz, a la deriva en el gran lago azul absoluto del cielo. Son cosas bien sorprendentes.

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  L’inconnu sur la terre, Paris, Gallimard, 1978, p.60

a la deriva en el gran lago azul absoluto del cielo. Foto R.Puig

…a la deriva en el gran lago azul absoluto del cielo. Foto R.Puig

Puede que las nubes sean sueños que se sueñan con ojos bien abiertos, sueños que no quieren mostrar nada, decir nada, sueños por soñar, sin más. Es algo que se infla y se reduce, que se alarga y se deforma, algo que deriva y se va luego, suavemente, suavemente, retrocediendo hacia la hendidura del horizonte.

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 p.60

Puede que las nubes sean sueños que se tienen con los ojos abiertos. Foto R.Puig

Puede que las nubes sean sueños que se tienen con los ojos abiertos. Foto R.Puig

¿De dónde vienen? ¿Quién fabrica las nubes, decidme, quién las hace nacer?  Seguramente aparecen sobre el mar cuando el sol quema fuerte, allí donde el agua encuentra la orilla, allí donde se alzan los acantilados y los muros de las montañas. Entonces nacen en el cielo, empiezan siendo muy pequeñas, algunas bolas pálidas y transparentes como la escarcha. Las nubecillas crecen, se multiplican por encima del mar, inmóviles las unas junto a las otras. Todavía no saben viajar. Luego crecen más, engordan, se fusionan entre ellas, se convierten en gruesas nubes blancas. Como son muy voluminosas, el viento se recuesta en ellas y las infla como alas, y comienzan a deslizarse por el cielo. Franquean el ámbito de las montañas, corren sobre las colinas y los valles, separadas, yendo, yendo, sin detenerse, sin saber adónde les lleva el viento.

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...yendo, yendo, sin detenerse, sin saber adónde las lleva el viento. Foto R.Puig

…yendo, yendo, sin detenerse, sin saber adónde les lleva el viento. Foto R.Puig

¿Adónde van? Hacia África, a las Azores, o bien a lo largo de las corrientes que llevan al norte, hacia Irlanda, hacia Suecia, a Noruega, a Finlandia. Todavía no son nubes de tormenta, no aún. No transportan relámpagos, ni hielo, son sólo nubes blancas perezosas que se pasean por el cielo azul, que arrastran sus grandes sombras frescas sobre la tierra.

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...arrastran sus grandes sombras frescas sobre la tierra. Foto R.Puig

…arrastran sus grandes sombras frescas sobre la tierra. Foto R.Puig

Estoy tumbado de espaldas, los rayos del sol se encienden y se apagan sobre la piel de mi cara. Aunque esté con los ojos cerrados, yo sé cuando pasan las nubes. Cuando el sol calienta fuerte, aguardo a que lleguen. Pruebo a vigilarlas abriendo un poco mis párpados, y mis ojos se llenan de lágrimas. En cuanto la nube se acerca al disco ardiente, la luz se debilita, se enturbia. Veo las amplias volutas que avanzan, ayudándose, empujándose y tironeándose, las bolas blancas y grises girando en el aire resplandeciente. Luego, de golpe, el sol no es más que un redondel que retrocede a través de las nubes, y noto como un agua fría que resbala sobre mi rostro y mis párpados.  Abro los ojos, miro. Me gusta que al sol lo tape la nube, me vuelvo ligero, yo también, me deslizo sobre la tierra, quizá soy ancho y redondo, produzco complicadas volutas que se enroscan y se superponen.

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...el sol no es más que un redondel que retrocede a través de las nubes.Foto R.Puig

…el sol no es más que un redondel que retrocede a través de las nubes.Foto R.Puig

Todo está en calma, las quemaduras olvidadas, llega frío el viento. Veo a las hojas de los árboles moverse, oigo los rumores del mar, los sonidos de la hierba. Se ha retirado el peso del cielo, y puedo respirar lentamente, profundamente, como en el sueño. Puedo respirar tan largamente que es como si respirarse hasta el fondo del cielo.  Nube, nube grande, resbala lentamente, despliega bien tus esferas blancas, nada e infla tus membranas como un paracaídas, como una medusa. Nube, quédate ahí, te lo ruego, quédate encima de mí, por mí y por mis vecinos, muéstrame bien tus volúmenes resplandecientes y grises, tus cavidades sombrías como cavernas, tus grandes valles silenciosos, tus afables  montañas, tus sabanas.

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...tus cavidades sombrías como cavernas, tus grandes valles silenciosos. Foto. R.Puig

…tus cavidades sombrías como cavernas, tus grandes valles silenciosos. Foto. R.Puig

La nube es grande como una isla, grande como una banquisa. Se ven todos los rincones que nos gustaría habitar, las concavidades donde quisiéramos aposentarnos para dormir, los escondites, los lechos, y además también esos como caminos por donde se podría andar a paso lento. Sí, sería bueno vivir sobre una nube, al abrigo del sol, cerquita de las fuentes de la lluvia, sin saber dónde estamos, sin saber adónde vamos…

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...sería bueno vivir sobre una nube. Foto R.Puig

…sería bueno vivir sobre una nube. Foto R.Puig

….

Peregrinaje *

...un día llegamos. Foto Spurling

Un día llegamos… Sierra de Otontepec. Foto Spurling

Un día, llegamos a un país envuelto en nubes, silencioso, misterioso, blanco, en lo alto de una montaña, a San Juan Ixcatepec. La vida es entonces lenta, lejana, perdida en las alturas. Aquí nada es fijo, nada es duradero. Aparecen unos árboles escuálidos, se borran, retornan. Los caminos no tienen final. A veces, a lo lejos, parece que se ven casas, cúpulas, la silueta de una iglesia, un palacio. Luego las nubes pasan delante de ellas, las esconden.

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...vecinos de los picos de las montañas. Sierra de Otontepec. Foto Adrian.mar

…vecinos de los picos de las montañas. Sierra de Otontepec. Foto Adrian.mar

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Es un país en el que los hombres son escasos, un país sin aves, sin insectos.  Estamos en la región por donde transita el aire, tan frágil que una nada la borra. No se oye. Se respira flojo, con dificultad, se camina un poco, luego uno se para. Se toma asiento en el escalón de una puerta, se espera. Por las calles del pueblo no hay nadie. Las nubes avanzan lentas sobre la meseta de piedra, la tierra se disuelve. La niebla acuosa flota, impregna vuestros cabellos, vuestras ropas. Estamos lejos por encima de los valles humanos, vecinos de los picos de las montañas, en este país que no conoce ni la mar ni las praderas. Aquí uno se olvida de sí mismo, sin palabras. Las nubes os atraviesan, y de vez en cuando desaparecéis, os marcháis. No hay sol. La luz blanca baña las altas regiones, la luz que no hace sombras. Es un país de humaredas y de vapor, donde el tiempo ha cesado.  No hay hombres. No hay más que la luz, las nubes, y los fantasmas intocables.

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...es un país de humaredas y de vapor, donde el tiempo ha cesado. Sierra de Otontepec. Foto Kikeforte

…es un país de humaredas y de vapor, donde el tiempo ha cesado. Sierra de Otontepec. Foto Kikeforte

(*) Le Clézio llegó por primera vez a México, como profesor del Instituto Francés, en 1967 y ha seguido visitándolo con mucha frecuencia, viviendo temporadas allá, escribiendo sobre el país y sus gentes e interesándose por algunas de sus lenguas indígenas.

Ixcatepec  es un pueblo del norte del estado de Veracruz que linda con la sierra de Ontotepec, parte de la cordillera de la Sierra Madre Oriental.

4 comentarios leave one →
  1. jabo permalink
    30 octubre, 2016 23:57

    Me acuerdo, allí por los años 60, un día en una aldea del Perú Juanfer me dijo que los montes pelados abrazados por la neblina eran montes despeinados.

  2. 31 octubre, 2016 05:11

    Si los montes eran pelados, sin vegetación, debió de ser por la costa, esos cerros áridos, como los que rodean Huachipa.

    Es un buena metáfora, y esa melena de los montes se alborota cuando se levantan las nubes bajas, esas neblinas persistentes que recuerdo pegadas a los cerros, donde por entonces se iban asentando las barriadas que se llamaban “pueblos jóvenes”.

    Ahora, desde hace unos años, sus habitantes son “cazadores de agua”, con esos sistemas que colocan para capturar en sus telas metálicas la humedad y condensarla.

  3. Bernardo Regal Alberti permalink
    1 noviembre, 2016 04:27

    (Borrè un amplio comentario…harè uno breve)
    No conocía la palabra”banquisa”. Solemos decir barco rompe hielo, no “rompe banquisa”.
    Las fotos de otros fotógrafos, son los de la edición en francés?
    El hermoso párrafo ‘de espaldas mirando las nubes’, no va acompañado del texto francés. No recuerdo si en otra publicación ya lo presentaste.

    • 1 noviembre, 2016 10:01

      Recuerdo un libro que leí de adolescente que se titulaba “los exploradores de la banquisa”. Desde entonces no he olvidado esa palabra de resonancias míticas y que me recuerda las aventuras de los primeros que se aventuraron por los hielos árticos.

      Las fotos son de páginas web municipales mexicanas de los pueblos de esa zona del norte de Veracruz.

      ¡Gracias por detectar el error! -¡merde!- ¡se me pasó completamente! 🙂
      Ya está subsanado

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