Montuïri de Mallorca

Vista de Montuiri desde la calle de los Molinos. Foto R.Puig
El nombre en mallorquín de esta población de origen medieval es Montuïri, una de las 14 que constituyen la mancomunidad del Pla de Mallorca. Se extiende encaramada a lo largo de la cresta de un cerro que por ambos lados domina la planicie del centro de Mallorca. Es la existencia de cinco antiguos pozos artesianos en las faldas de esta elevación del terreno la que ha hecho posible el surgimiento de este pueblo. Las llanuras en las que se cultivaba desde siempre el cereal junto con el viento que movía los numerosos molinos fueron base de la economía de sus pobladores. Hoy la actividad agrícola ya no es la dominante, a pesar de los campos cultivados que se divisan desde su altura.

Montuiri. Después de la cosecha. Foto R.Puig
Si quieren ustedes saborear la vida de la Mallorca tradicional, lejos de su cinturón litoral, este pueblo, además de la antigua casona de piedra restaurada y transformada en un alojamiento «de interior» (es decir al abrigo del tráfago turístico de la costa «exterior») en la que nos alojamos, es una opción para gentes apacibles.

Vista del «Pla» desde Montuiri. Foto R.Puig
No se tarda mucho en recorrer Montuiri, pero no me quedó mucho tiempo para recorrer toda la extensión de sus calles, tenía otras prioridades. Habíamos venido a la boda de mi hijo, quien, de común acuerdo con la novia y con acierto, había elegido para casarse una antigua alquería sobre otra colina de la comarca que ni los taxistas encontraban. De todos modos, aunque no llegué a visitar el museo arqueológico, que queda en uno de los extremos del pueblo, sí pude descubrir, en compañía de mi hija y bajo un sol de justicia, la calle de los molinos (Carrer del Molinar) y las amplias perspectivas que desde su gran explanada se divisan.

Montuiri. Viejo molino. Foto R.Puig

Montuiri. Antiguo molino. Foto R.Puig
Si, como hicimos nosotros, entras en los negocios y hablas con el habitante, un breve paseo puede deparar sabrosos detalles…

Montuiri. Ensaimada de 40 cm. de diámetro del Forn i Pastisseria Can Salat. Foto R.Puig
y permite visitar los obradores donde se hornean tantas buenas cosas

Montuiri. En el obrador de Ca’n Joan des Forns. Foto R.Puig
No era hora de visita de la iglesia de San Bartolomé, que data del siglo XIV, pues estaba cerrada

Montuiri. La iglesia mayor.Foto R.Puig
Pero descubres ingeniosos rincones, como este, decorado con azulejos

Montuiri. Ornamento de una fachada. Foto R.Puig
y completado con un banco que invita al reposo

Montuiri. Rincón con banco.Foto R.Puig
Junto al dintel de varias viviendas encontramos mayólicas con alusiones a las rondallas de los demonios (rondaies des demonis) que no pueden faltar en las fiestas patronales.

Montuiri. La tradición de la danza de los demonios. Foto R.Puig
Estas danzas de los diablos de la tradición medieval europea tienen un paralelismo con las diabladas andinas, aunque los acentos sean diferentes en función de las mitologías en las que cada una se enraíza. La Historia de las Religiones muestra como hay costumbres simbólicas parecidas que surgen sin vínculo alguno en latitudes diferentes, lo que en parte condujo a Carl Gustav Jung a teorizar sobre un inconsciente colectivo.
Sea como sea, me cuentan que los bolivianos o peruanos que viven en Mallorca participan encantados en este tipo de manifestaciones que les recuerdan a las diabladas del altiplano andino, de una de las cuales fui testigo y fotógrafo a principios de los años 70 en Arequipa (algún día puede que recupere aquellas diapositivas para el blog).

Montuiri. Por la calle. Foto R.Puig
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«La casa del italiano»

La «casa del italiano» en Montuiri, hoy Can Moio. Foto R.Puig
Pues resulta que tras mencionar tradiciones del Perú me encuentro con que el «hotel de interior» donde nos alojamos en Montuiri, era conocido en el pueblo como la casa del italiano, como también se denomina un hotel de la localidad peruana de Tarapoto.
Se trata de un edificio regionalista construido por un italiano en la segunda década del siglo xx, conocido como Can Moio o Ca S’Italià.

Montuiri. En el jardín de Can Moio. Foto R.Puig
Que conste que en este blog no incluyo nunca publicidad. En este caso la calidad de la rehabilitación de esta mansión, fruto arriesgado de la tenacidad de una madre y una hija, ambas llamadas Catalina, y de Rafa, el marido de la segunda, y su amabilidad y su acogida familiar motivan este homenaje y mis modestos fotos del Can Moio de Montuiri.

Montuiri. Rincón del jardín en Can Moio. Foto R.Puig
Todo lo que puedo añadir yo es que lo que se muestra y se explica en la página del Can Moio responde a la verdad y a la autenticidad de la familia propietaria que es la que os acoge y os mima, Cata, Rafa y la indispensable Yoli.
Inolvidables.

Can Moio. Rincón del desayuno. Foto R.Puig
Trashumancia 2018 (y 4). En la abadía de Fontefroide

Dormitorio de los «conversos» (hermanos legos). Abadía de Fontefroide. Foto R.Puig
Después de haber pasado por la de Fontenay, la visita a la Abadía de Fontefroide, como quien dice a dos pasos de Narbona, en la comarca del Narbonaisse méditerranée, suscita una sensación de bis repetita , aunque no necesariamente en el sentido horaciano de que las cosas cuando repetidas dos veces han de gustar más.

La iglesia abacial desde los jardines. Fontefroide. Foto R.Puig
Historias
La disposición de lo que queda de la fundación cisterciense en el siglo XII, siguiendo la tradición del Cister, es muy similar, pero la intensa explotación comercial y los añadidos y re-decoraciones de los sucesivos propietarios, que hoy son prósperos viticultores, te obligan a un esfuerzo de abstracción, si es que quieres remontarte un poco a los tiempos en que este lugar era un centro de cultura medieval, con todas sus luces y sus sombras (de aquí partió la guerra a muerte contra los albigenses), donde, beneficiarios de donaciones señoriales, los monjes contemplaban, cantaban y oraban y los «conversos», es decir los hermanos legos, laboraban. Naturalmente también tenían su propio refectorio para recobrar fuerzas.

Abadía de Fontefroide. Refectorio de los hermanos legos. Foto R.Puig
Contrariamente a Fontenay, donde las intervenciones han sido exquisitamente respetuosas de los orígenes, en Fontefroide, la vena artística de Gustave Fayet, apoyado por su esposa Madeleine, no siempre, a mi modo de ver, ha sabido refrenarse en su trabajo de re-creación, aunque esa familia tuvo el mérito de comprar la abadía en 1908, salvándola del abandono. Hoy la gestiona una sociedad con 45 co-propietarios, muchos de ellos descendientes de aquellos tatarabuelos. El centro es un lugar de animaciones y eventos, lo que, entre otras cosas incluye turismo de negocios, fines de semana temáticos, festivales y conciertos, viticultura, enoturismo, gastronomía y catering. Y, viticultura obliga, del motivo de los pámpanos se abusa por sus rincones.

Dormitorio de los conversos. Collage de Burgsthal. Detalle. Fontefroide. Foto R.Puig
Sea como sea, me han parecido muy atractivos los collages de Richard Burgsthal (1884 – 1944) compuestos con los restos de vitrales destruidos o hechos añicos durante los bombardeos de la I Guerra Mundial en el norte de Francia.

Dormitorio de «los conversos». Collage de Burgsthal. Detalle. Fontefroide. Foto R.Puig
Este trabajo permite observar de cerca lo que en los vitrales de los templos medievales no podemos observar sin recurrir a unos prismáticos. Mi modesta opinión es que las cimas del expresionismo pictórico del sigo XX ya habían sido anticipadas por los anónimos ilustradores de las vidrieras del románico y del gótico, durante aquellos que injustamente se dieron en llamar los «siglos oscuros».

Dormitorio de los conversos. Collage de Burgsthal. Detalle. Fontefroide. Foto R.Puig
En los ventanales de la iglesia abacial (aquí ya es necesario el teleobjetivo) se puede apreciar como aquel artista de las vidrieras reflejaba la herencia del expresionismo medieval, no sólo en sus collages de antiguos fragmentos anónimos, sino también en sus propios vitrales modernistas.

San Andrés según Richard Burgsthal. Iglesia abacial de Fontefroide. Foto R.Puig
La raíz medieval que se aprecia en los pintores modernistas puede también descubrirse en la escultura de un coetáneo sueco de Burgsthal (aunque veinte años más longevo) del que hemos hablado en este blog. Me refiero a Carl Milles y a su expresionismo gótico.
En definitiva, en los dominios del Arte también caminamos «asentados sobre espaldas de gigantes», aunque muchos de ellos sean hoy completamente anónimos.

Capiteles del claustro. Abadía de Fontefroide. Foto R.Puig
Las capillas laterales de la iglesia abacial nos deparan también algunas sorpresas, por ejemplo el recuerdo del monseñor español y catalán Antonio María Claret (1807 – 1870) que escapó de España para refugiarse y morir pocos meses después en la abadía, no por incitar a la creación de una república sino por todo lo contrario, ya que fue acusado de excesivo apego e influencia como confesor de la reina Isabel II (1830 – 1904).

Interior de la iglesia abacial. Fontefroide. Foto R.Puig
No soy yo quien para juzgar si este santo varón tuvo algunas dotes de rasputín cortesano. El caso es que, cuando la revolución encabezada por el General Prim (1814 – 1870) destronó a la reina, él la siguió camino del exilio en Francia.

Memoria de otro exiliado catalán. Abadía de Fontefroide. Foto R.Puig
Así que no sólo los monjes cistercienses meditaron sobre los novísimos por estos claustros

El claustro desde los jardines. Abadía de Fontefroide. Foto R.Puig
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Agua
El agua es otra protagonista de esta abadía de la Fuentefría. Gracias a la abundancia de la misma se fundó y aún sigue manando por sus jardines

Abadía de Fontefroide. Un estanque. Foto R.Puig
Allá por el siglo XVII alguien instaló un apático Neptuno en medio de las frondosas terrazas que dominan la abadía.

Neptuno en sus jardines. Fontefroide. Foto R.Puig
No muy lejos, un bloguero fatigado se tomaba un respiro

Visitante en Fontefroide. Foto R.Puig
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Paisajes
En las cercanías de la abadía hay parajes de serena belleza. El camping casi vacío donde pernocté antes de visitarla, me ofreció, a pocos kilómetros de distancia, este atardecer (la foto está tomada desde el borde mismo de mi parcela).

Parajes de Fontefroide. Foto R.Puig
De todas formas yo no puedo competir con el magnífico reportaje gráfico de un entusiasta del departamento del Aude que pueden admirar aquí.
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Detalles
Acabaré destacando algunos particulares junto a los que pasaban los turistas sin prestarles mayor atención, como es el caso de una de las puertas románicas originales hoy en desuso

Entrada románica del siglo XII. Fontefroide. Foto R.Puig
o, muy cerca, un conmovedor San Roque, uno de los más famosos personajes del Languedoc, cuyo perro, no se sabe cuándo, alguien descabezó y de cuya leyenda hay exhaustiva información aquí

San Roque y su perro. Abadía de Fontefroide. Foto R.Puig
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Peregrino como él, tras hacer provisión de algunas botellas del vino abacial (supongo que benditas), me alejo en mi carro camino de Barcelona (aunque mi diosa no me acompañaba, pues prefiere el avión)…

Abadía de Fontefroide. Apolo y Diana en su carro (recompuesto por un restaurador anónimo). Foto R.Puig
No sin antes, das gracias a Dios y manifestar mi aprecio de la tolerancia de San Benito…

Aunque leemos que el vino de ninguna manera es propio de los monjes, como en nuestros días es imposible persuadirles de ello, convengamos al menos en no beber hasta la saciedad sino con moderación, porque el vino hace apostatar hasta a los sabios.
Regla de San Benito, 40, 6-7: «De la ración de bebida»
Refugiados judíos en 1938: Conferencia de Evian (6 – 15 de julio). Los tiempos cambian, los prejuicios se repiten.

Lord Winterton en la Conferencia de Evian. Foto de Heinrich Hoffmann/Ullstein/ Getty Images
La llegada masiva de solicitantes de asilo y de protección internacional que se está viviendo en Europa a causa de las guerras y masacres en masa de la población civil en Medio Oriente es conocida. Por mi parte, mi opinión desde finales del 2015 no ha variado mucho, la publiqué en la revista Claves de Razón Práctica en enero del 2016: «Europa ante sí misma» . Entre tanto, como es tristemente sabido, la desunión entre los estados europeos se ha agravado dentro de la Unión Europea.
En el reciente Consejo Europeo del 28 y 29 de junio, las propuestas que la Comisión Europea había hecho hace tres años para establecer unas medidas solidarias en materia de asilo, acordes con las Convenciones de Naciones Unidas que todos los estados de la UE tienen suscritas, han sido definitivamente enterradas por los Estados de la UE.
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Mirando al pasado
Hace escasas semanas me daba yo una vuelta por la hemeroteca de Gotemburgo para leer lo que se discutía hace ochenta años sobre otra «crisis de refugiados», la de los judíos que necesitaban salir de Alemania y de Austria tras las nefandas leyes de Núrenberg y la Anschluss, cuando la discriminación y la persecución estaban ya en marcha. En concreto quise ver las crónicas y editoriales de los diarios suecos sobre aquella conferencia, que reunió del 6 al 15 de julio de 1938 a numerosos países occidentales en el hotel Royal de Evian (Francia), junto al lago Leman.

Hotel Royal. Evian-les-Bains
No soy quien para resumir aquellos debates que concluyeron con la constitución de un Comité Intergubernamental para los Refugiados en Londres (al que no se dotó de recursos) y que confirmaron lo que ya pensaban los nazis: que, ante lo que ya se avecinaba, los gobiernos occidentales no se iban a mover en ayuda de los judíos que deseaban escapar por la estrecha puerta cinicamente abierta por el III Reich.
Concurrieron 27 países de América y de Europa, además de la Liga de Naciones. España estaba en guerra y el Estado Vaticano no apareció por allí. Para más inri, el «Alto Comisionado Alemán para los Refugiados» (sic) también fue uno de los invitados. Los judíos de Palestina fueron sólo «observadores». Por otro lado, la potencia que tenía el mandato sobre ese territorio (Gran Bretaña) exigía que para un judío pudiese refugiarse en Palestina debía acreditar un capital de 1000 libras esterlinas de la época. Así que el representante británico en Evian, Lord Winterton, no mencionó Palestina como lugar de acogida, aunque sí se le ocurrió ofrecer Kenia como destino. El popular vespertino sueco Aftonbladet del 16 de julio lo anunciaba con un titular a toda página

Hay un extenso resumen en inglés de las conclusiones donde se cita la cínica conclusión de su presidente:
I am happy to report that, due to the serious spirit of co-operation which has animated this first intergovernmental meeting, due to the deep-rooted conviction that we were dealing with a harrowing human problem, we have been able to recommend to our respective Governments the establishment of machinery that should, if we keep the wheels turning, bring about a real improvement in the lives and prospects of many millions of our fellow-men…
Our work must, and it will, continue, tirelessly, without interruption…..
From this time forward, the Intergovernmental Committee is in permanent session. I shall expect the participating Government to remain in close contact with the Chairman in the interim between the adjournment to-day and the reconvening at London.
Cuatro meses más tarde, en noviembre, mientras se seguía soñando con apaciguar a la bestia hitleriana, en Alemania se producía la noche de los cristales rotos, el prólogo de lo que sería la Soah. Hitler ya tenía manos libres para el genocidio que siguió.
Por entonces, el pangermanismo tenía muchos adeptos en Suecia y las relaciones del abundante sector germanófilo de la sociedad sueca con el III Reich se reflejaban en los giras turísticas que publicitaba el diario Aftonbladet

Aftonbladet. Anuncio de viajes a Alemania. 8 julio 1938
El día 15 de julio, con motivo de la conclusión de la Conferencia de Evian, el mismo vespertino de Estocolmo, en su página editorial recomendaba al gobierno sueco:
¡NO IMPORTEMOS LA CUESTIÓN JUDÍA!

«No importemos la cuestión judía». Aftonbladet 15 julio 1938
Probablemente se inspiraban en lo que el representante australiano en Evian, el Coronel Thomas W.White, Ministro de Comercio y Aduanas, había dicho: En nuestro país no tenemos problemas raciales así que no queremos importar uno.
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Los principales diarios suecos de ámbito nacional reseñaron escasamente los debates de aquella conferencia, en la que curiosamente y como excepción, una dictadura latinoamericana, la de Trujillo, se ofreció a acoger y dar tierras a 100.000 judíos. Los motivos de aquél (que Vargas Llosa retrata en La fiesta del chivo) no estaban desprovistos del interés que tenía en aumentar la población blanca y además los nazis sólo permitían a los judíos expatriarse con lo puesto durante un breve período en que esta posibilidad estuvo abierta. Los que consiguieron llegar a la República Dominicana fundaron la ciudad de Sosúa, que mantiene un museo virtual, en donde entre otras cosas se pueden ver las fotos de los niños judíos que llegaron o nacieron allí.

Sonja Topf. Virtual Museum de Sosúa
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Una excepción en la prensa sueca de la época
El único diario sueco (de Gotemburgo) que informó día tras día sobre la Conferencia de Evian fue el Göteborgs Handels -och Sjöfarts- Tidning, más conocido como GHT. Fue el único periódico que se pronunció desde muy pronto contra la Alemania Nazi. Lo que le valió encendidas protestas de Herman Göring ante el gobierno sueco y condujo al secuestro de GHT en varias ocasiones. En Suecia se trataba de domesticar a Hitler con una política neutral y «apaciguadora».

En los bancos de Austria. GHT («Diario del Comercio y la Marina Mercante») 9 julio 1938
«EN AUSTRIA»
«Los judíos han sido desalojados de sus plazas. Eran demasiado buenos. En su lugar han venido los alemanes. Nosotros éramos demasiado malos»
El 7 de julio de 1938 el GHT informaba de la propuesta francesa para que los judíos fuesen acogidos en «la ricos y poco poblados países de Sudamérica». La respuesta de Trujillo ya la henos resumido (Virgilio Trujillo Molina le representaba en la conferencia). La de los demás representantes latinoamericanos no la he consultado. Por el Perú estuvo alguien con un apellido bien conocido en su país, el filósofo, escritor y diplomático Francisco García Calderón Rey (1883-1953) acreditado en Francia como ministro plenipotenciario.
El representante inglés Lord Winterton proponía que los judíos en general se expatriasen en las colonias británicas y que los judíos alemanes se fuesen a Rumanía y Grecia.

La Feria de las flores en Evian. GHT 8 de julio de 1938
El 8 de julio informaba bajo el título de Negras perspectivas en el Congreso de Evian que Gran Bretaña no manifestaba ningún interés y que Francia no acogería a ninguno.
El 11 de julio el periódico informa de que en Evian no se ha organizado ninguna protesta contra la barbarie del III Reich y que los participantes se muestran satisfechos con lo magros resultados de la conferencia.
El 12 de julio se hace eco de la posición sueca: su representante, Gösta Engzell manifestó que en cualquier caso sólo se acogería a quienes coincidiesen con el perfil que el país necesitase.

Delegados la conferencia de Evian. Fuente Yad Vashem
El 15 de julio el editorial de GHT se abría manifestando que está claro que la Conferencia de Evian no ha conseguido soluciones para la cuestión de los refugiados. Hacia el final del texto, después de reclamar que se acabe la ceguera con que se afronta la situación creada por el nazismo, proclamaba lo que, en aquellas fechas, no era entendido por otros:
Los delirios raciales no deben dirigir el destino de Europa
El trouble maker que escribía esto, el director de aquel periódico, odiado por los nazis y por quienes les apoyaban en Suecia, Torgny Segerstedt, no tuvo la satisfacción de ser testigo de la capitulación del III Reich, pues falleció el 31 de marzo de 1945.

Torgny Segerstedt. Karlstad 1876 – Gotemburgo 31 de marzo de 1945
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¿Hacia dónde vamos?
En Suecia no ocurre ya lo mismo, de hecho es el estado europeo que más refugiados acoge en proporción a su población y que, junto con la Alemania de Merkel, mejores medios de integración ofrece.
Pero sobre las posibilidades que el Consejo de los Estados Miembros de la UE ha pergeñado hace poco más de una semana para los solicitantes de asilo o de protección internacional, tendremos que acabar diciendo aquello que expuso Chaim Weizmann a un periodista del Manchester Guardian en 1936 refiriéndose a los judíos:
El mundo parece dividido en dos partes: aquellos lugares en los que los judíos no pueden vivir y aquellos en los que no pueden entrar
El grupo de países de Europa que conforma lo que se está denominando «el frente del rechazo» se han alineado con la segunda de las actitudes (entrada cero) frente a los refugiados.
Otros andan proponiendo medidas que no están nada claras y algunos de los del welcome no parecen entender que la acogida sin una buena organización y financiación de la integración no basta.
Sigo pensando que sólo un frente de auténtica cooperación reforzada (como la contempla el Tratado de la UE) puede desatar este nudo gordiano.
Es triste constatar que aunque los tiempos son otros, ochenta años no son nada y las pasiones y los pretextos son los mismos.
Bibliografía
Paul R. Bartrop, The Evian Conference of 1938 and the Jewish Refugee Crisis, Palgrave/ Macmillan, 2018
Trashumancia 2018 (3). En la abadía de Fontenay

Cuando se llega a Fontenay. Foto R.Puig
Lo primero que encuentras al llegar a la recóndita abadía de Fontenay son las aguas limpias del arroyo del mismo nombre que surgen por debajo de sus edificios. El nombre latino original de este lugar es Fontenetum («que nada sobre las aguas»). En un claro del bosque de Chastelum cerca de una fuente se establecieron en 1118 en vida de San Bernardo algunos monjes procedentes de Clairvaux (Claraval), la primera abadía del Cister, orden fundada por el santo como derivación de la congregación benedictina.
Los trabajos de desecación de los terrenos pantanosos situados entre el arroyo ya nombrado y el torrente que desciende por la hondonada (combe) hoy llamada de San Bernardo requirieron de la construcción de diques y estanques en los dos cursos.

Hidrografía de Fontenay según ANDRÉ, Louis (detalle p.20)
En el espíritu cisterciense, el agua, un elemento esencial para la ubicación de sus monasterios, «discurre y fertiliza las tierras así como las almas» (ANDRÉ, Louis, L’Abbaye de Fontenay. De Saint Bernard au Patrimoine mondial, Paris, Belin-Herscher, 2003, p.18). A lo largo de toda la visita se percibe como las corrientes de ambos arroyos y de varias fuentes de los alrededores discurre a través del recinto y bajo los edificios de la abadía.

Aguas de Fontenay. Foto R.Puig
Las aguas mueven varios molinos, sirven para lavar el mineral de las explotaciones de extracción abierta o en pozos, así como para todas las demás necesidades, agrícolas, pecuarias, piscícolas, de ajardinamiento, de consumo o ceremoniales. Los trabajos de preparación de los terrenos tuvieron que ser muy arduas, sobre todo para la tecnología de la época.

Pero una técnica especialmente avanzada para su tiempo con la que, según algunas hipótesis históricas (André, pp. 118-122), contaron los monjes fue la de mover una noria que hacía un eje de transmisión que permitía accionar los martillos pilones y los fuelles de la forja.

Noria para mover los martillos y fuelles. Foto R.Puig
Obviamente, la que hoy día funciona es una recreación de la que se supone operaba en el siglo XII o un poco más tarde.

Eje transmisor para la forja en Fontenay. Foto R.Puig
Los visitantes podemos asistir así a una demostración de las actividades de una forja medieval, bajo las bóvedas y junto a las chimeneas del edificio de talleres que debió de albergarla.

En la forja de Fontenay. Foto R.Puig
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En los comienzos de la fundación del Císter

La entrada de la abadía de Fontenay. Foto R.Puig
Después de haber visitado la abadía pienso que el visitante ganaría en comprensión de su contexto, si antes de iniciar la visita pasase por el edificio que alberga la tienda-librería donde, además de las salas anexas donde se expone la colección Aynard de tallas medievales, se proyecta un vidéo que seguramente ayudará al profano a situar este monumento en su época y a aproximarse a su sentido original.

Escudo de los Reinos unidos de Castilla y León. s. XIV. Colección Aynard. Fontenay. Foto R.Puig
La de Fontenay es la segunda abadía del movimiento de recuperación renovadora de la regla de San Benito que un monje benedictino, Bernardo de Clairvaux (Claraval), fundó junto con la abadía del mismo nombre, la primera de una larga serie.

La red de monasterios del Cister en la Francia de los siglos XII y XIII. ANDRÉ, Louis p.44
Sobre lo que aquel movimiento supuso en todos los órdenes, por supuesto no sólo en el campo religioso, no soy yo el llamado a explicarlo aquí.

Dormitorio monacal. Fontenay. Foto R.Puig
El plano del conjunto es muy parecido al de la abadía fundacional.

Plano de la abadía cisterciense de Fontenay. ANDRÉ, Louis, p. 27
Las partes en trazo débil corresponden a edificaciones que no han llegado hasta nuestros días. Este es el caso del pórtico de la iglesia abacial, del que sólo quedan las ménsulas de soporte de las vigas de su techumbre que sobresalen de la fachada.

Fachada de la iglesia abacial de Fontenay. Foto R.Puig
La Revolución Francesa acabó con la vida monacal en estos recintos, aunque los doscientos cistercienses que alcanzaron a vivir aquí entre los siglos XII y XIII, a finales del siglo XVIII se habían reducido a doce. La disminución se debió en buena parte a la pérdida de la autonomía que la orden había tenido en sus primeros siglos, en buena medida por el regalismo de la monarquía francesa, que acabó controlando y nombrando a los abades desde el siglo XVI. El hermanamiento del Trono y del Altar también tuvo mucho que ver en la violencia que la burguesía revolucionaria ejerció contra todo lo que oliese a privilegios religiosos.
Fontenay pasó a ser una propiedad del Estado, subastada como tantas otras. En 1820 fue Elie de Montgolfier, descendiente de los hermanos que inventaron el globo viajero, quien la compró.
La abundancia de agua era idónea para convertir el conjunto en una fábrica de papel.

Estado de la nave de la iglesia abacial de Fontenay en 1890, ANDRÉ, Louis, p.79
Menos mal que la adquisición del conjunto en 1906 por el banquero y coleccionista de arte Edouard Aynard (que se la compró a su suegro Raymond de Montgolfier) supuso el desmantelamiento de la papelera y el comienzo de una apasionada y modélica restauración del monumento en su sobria puridad cisterciense.

Nave central de la iglesia abacial de Fontenay restaurada. Foto R.Puig
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Miscelánea de mi visita

Capiteles del claustro de Fontenay. Foto R.Puig
No repetiré datos o aspectos que se encuentran en internet, sino que me limitaré a repasar mi galería personal y a comentar algún elemento curioso.
Por ejemplo, la sobria iconografía vegetal que se repite en los capiteles, en los carcomidos por el tiempo o en sus sustitutos posteriores

Capiteles del claustro de Fontenay. Foto R.Puig
y que es muy significativa en los baldosines de pavimentos de la nave y en los bancos de la Sala Capitular.
Estos alicatados se fabricaban dentro del complejo artesano-industrial que funcionaba en la abadía y en sus alrededores.

Baldosas en la abacial de Fontenay. Foto R.Puig
Entre los baldosines hay un diseño muy abundante, yo diría que preponderante, que me ha llamado la atención. Es el de una flor que a mi juicio es hermafrodita (aunque lo someto al juicio de los botanistas).

Baldosa de motivo floral (¿hermafrodita?) de Fontenay.
Consultada la librera y un guía veterano de la abadía, no supieron darme una explicación y quedaron en trasladar la pregunta al conservador, quien me escribiría. No sé si soy demasiado osado pero ¿no querrá ser un símbolo de la fertilidad espiritual del monje célibe? Lo dejo ahí.
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Están presentes también los calvarios medievales. Uno en la sala de la colección Aynard

Calvario del s. XIV. Detalle. Colección Aynard. Fontenay. Foto R.Puig
y otro junto a la izquierda de la entrada de la abadía.

Calvario a la entrada de Fontenay. Foto R.Puig
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El frente constituido por los diferentes edificios sigue el siguiente orden de izquierda a derecha (ver en el plano de más arriba):

Iglesia abacial, Columbario, Residencia de los abades legados, Enfermería y Forja en Fontenay. Foto R.Puig
Detrás del columbario está la casa del guardián del monasterio que es también el responsable de los perros. Por cierto, que los duques de Borgoña tenían a sus perros de caza hospedados y adiestrados en la perrera del monasterio.

Enfermería de Fontenay. Foto R.Puig
Se comienza la visita por la puerta de la iglesia, románica y minimalista como se corresponde al planteamiento de la arquitectura cisterciense.

Entrada a la iglesia abacial de Fontenay. Foto R.Puig
En su interior, hay varias obras escultóricas. Una virgen gótica de finales del siglo XIII, Notre Dame de Fontenay,

Virgen gótica en la abacial de Fontenay. Fines del siglo XIII. Foto R.Puig
los diversos cuadros muy desfigurados de la vida de Jesucristo en el altar de la nave central
y diversas muestras del arte funerario medieval, piedras tumbales y estatuaria yacente de eclesiásticos, caballeros y nobles.

Tumba de Mello d’Époisses en la iglesia abacial de Fontenay. Detalle. Foto R.Puig

Detalle de la tumba del obispo inglés Ebrard de Norwich. Fontenay. Foto R.Puig
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Hay como es lógico que recorrer el claustro y entrar en sus dependencias adyacentes,

Claustro de Fontenay. Foto R.Puig
como la Sala Capitular,

Sala capitular de Fontenay. Foto R.Puig
en uno de cuyos bancos, cubierto con los baldosines de los que he hablado, me siento a leer el libro de Louis André, antiguo conservador del Patrimonio nacional, al que he recurrido en esta crónica. No son precisamente cómodos.

Ventana de la sala capitular de Fontenay. Foto R.Puig
Y, finalmente, el único lugar (junto con las cocinas y la enfermería) donde se podía disfrutar de calefacción en invierno para que los copistas y miniaturistas pudiesen trabajar con cierto confort. La escalera lateral asciende hacia el dormitorio colectivo, de modo que algo del calor de este recinto se transmitía también a los durmientes, al menos a los que tenían la fortuna de estar cerca de ella.

Chauffoir de Fontenay. Foto R.Puig
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Se acaba la visita dando un paseo por los jardines. De estos espacios han desaparecido varias dependencias originales como, por ejemplo, el refectorio.

«Jardín de los simples» de Fontenay. Foto R.Puig
El agua sigue omnipresente

Cascada de época barroca. Fontenay. Foto R.Puig
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De Fontenay y su región me despedí el domingo 10 de junio camino de Narbonne y de su cercana abadía de Fontefroide.

La región de Fontenay. ANDRÉ, Louis, p.6
Desde sus 35 metros de altura y sus 6 metros de cintura el viejísimo platanus hispanica parece decirme au revoir

Platanus Hispanica plantado en 1780. Fontenay. Foto R.Puig
Bibliografía
ANDRÉ, Louis, L’Abbaye de Fontenay. De Saint Bernard au Patrimoine mondial, Paris, Belin-Herscher, 2003.
Trashumancia 2018 (1): barco, Schilde y Bruselas

Adios a Gotemburgo. Foto R.Puig
Para Ima y Theo
Si alguno de ustedes se anima a conducir desde Gotemburgo hasta las costas de Alicante, puede hacerlo llegando primero a las tierras de Escania para atravesar ese puente espectacular que une Suecia con Dinamarca. Tras un par de horas por tierras danesas y una hora y cuarto en el transbordador Rødby – Puttgarden pisará tierras alemanas. Es un recorrido de unas seis horas.
Pero, si al cabo de los años, se siente la necesidad de ahorrar energías y llegar fresco a Schleswig-Holstein, acabará por embarcarse con el coche en el ferry Göteborg -Kiel y, después de dormir toda la noche, llegar a Kiel por la mañana, dispuesto a conducir por las autopistas de Alemania. Además los gastos de gasolina, peaje y embarques son lo comido por lo servido.

Costeando al sur de Gotemburgo. Foto R.Puig
Es recomendable emprender esta travesía fuera de los meses de temporada alta de julio o agosto. El precio es mejor, la nave no va tan llena y el jolgorio libatorio es mucho menor. Además no necesitarán asegurarse de que el camarote elegido no esté cerca del café cantante.
Bueno, pues ahí me encontraba yo el seis de junio disfrutando del aire del puente, de las gaviotas y del sol, ya cerca de Kiel.

Llegando a Kiel. Foto R.Puig
Ocho pisos más abajo un pescador alemán nos veía pasar desde su bote.

Pescando en Schleswig Holstein. Foto R.Puig
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Schilde

En Schilde. Provincia de Amberes. Foto R.Puig.
Tras una buen tirada desde Kiel es reconfortante que unos buenos amigos te ofrezcan su hospitalidad hispano-holandesa en la provincia belga de Amberes, en Schilde, un pueblo flamenco rodeado de bosques, praderas y campos de cultivo.

Parada y fonda. Foto R.Puig
Paseando por estos campos acabas entendiendo por qué aquellos españoles de secano, que vinieron con Carlos V, hijo de Gante, a heredar los Países Bajos se resistieron durante más de siglo y medio a marcharse del verde Flandes.

Me pregunto si los abundantes caballos que siguen pastando por estos lugares son descendientes de los caballos árabes que supongo trajeron en la silla a más de un arruinado hidalgo hispano en busca de aventuras y fortuna.

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Bruselas

Por el Parc Royal. Bruselas. Foto R.Puig
Me acerqué a Bruselas a respirar recuerdos.
En en el parque de Square de Meeus el ángel sigue implorando algo.

¿Acaso suplica que algún dios resuelva las disensiones entre Estados Miembros, que impiden que la Unión Europea alcance los necesarios consensos ante los desafíos a los que se enfrenta?
Sobre uno de los edificios de la Comisión Europea los cielos amenazan tormenta.

Nubarrones sobre Bruselas. Foto R.Puig
Algunos líderes saharauis, al saberme español, me tratan fraternalmente y aceptan fotografiarse ante el emblemático Berlaymont, la sede central de la Comisión Europea. Llevan décadas manifestándose, como ese día en Bruselas, esperando que se apliquen los acuerdos de Naciones Unidas y las sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que les conciernen.

Líderes saharauis hacia la manifestación ante el Berlaymont. Foto R.Puig
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Una exposición de Jean Fabre

Exposición «My queens». Jean Fabre. Museos Reales de Arte de Bruselas. Foto R.Puig
De Jean Fabre y de sus modelados en escayola que, en Carrara, los artesanos del pantógrafo y de la talla asistida por ordenador le traspasan a mármol blanco, ya hemos hablado en este blog.
Esta vez, las grandes losas marmóreas son bajorrelieves que representan en guisa de reinas plebeyas a mujeres de Flandes que el artista ha retratado.

«Elsa de Brujas». Jean Fabre. Detalle. Foto R.Puig
La realeza femenina tiene aquí un homenaje de suave humor y simpatía por las señoras de las tierras flamencas.
No necesitan una corona de piedras preciosas, les basta con un capirote mágico.

«Katrina de Gante». Jean Fabre. Foto R.Puig
La joven heredera de la corona belga preside este concilio

«Mi futura reina Elisabeth de Bélgica». Jean Fabre. Museos Reales de Arte de Bruselas. Foto R.Puig
La Venus fecunda de Jordaens augura larga descendencia a la monarquía belga desde el fondo de la sala.
La futura reina, quizás pensando en lo que se le viene encima, trata de sonreir a su manera mientras posa para el escultor.

«Mi futura reina Elisabeth de Bélgica». Jean Fabre. Museos Reales de Arte de Bruselas. Foto R.Puig
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Otros aspectos de los alrededores de Schilde

Bunker de defensa de la provincia de Amberes. Foto R.Puig
Cuando los tercios de Flandes se paseaban por los Países Bajos del Sur (la Bélgica actual) los Habsburgo no podían imaginar las tormentas de fuego que otros alemanes iban a desencadenar cuatro siglos más tarde sobre sus antiguos territorios.
Ni los bunkers de la primera guerra mundial, como el Fort Oelegem, donde me imagino hacinados a cientos de reclutas, víctimas de aquella espantosa locura…

Fort Oelegem. Provincia de Amberes. Foto R.Puig
ni los «canales antitanque» que se cavaron con extrema urgencia en vísperas de la segunda lograron evitar el avance arrasador de la potencia invasora

Esto fue un canal antitanques de la provincia de Amberes. Foto R.Puig
Gracias a mi amigo Theo, que me llevó a visitar estos lugares y a pensar en este pasado europeo que las nuevas generaciones no deben olvidar, pude evocar mentalmente el destino de los miles de jóvenes reclutas y reservistas exterminados por la violencia totalitaria.

Escalera de acceso a un bunker de defensa de la provincia de Amberes. Foto R.Puig
Hoy son ruinas quebradas por las explosiones de la retirada. Pero en todo caso, aquel cemento sin armar no ofrecía ninguna resistencia seria a los proyectiles del ejército alemán.

Tristes restos. Foto R.Puig
Además de las visitas de los escolares, por aquí corren hoy los ciclistas acrobáticos o los practicantes del jogging y pasean los dueños de perros con sus canes.

Epílogo
No lejos de ahí, en mi paseo del último día (y con esto acabo) encuentro a uno que no sabe de guerras, salvo la que pueda mantener con ratas y ratones…
Me mira y se larga.

Trashumancia 2018. Anuncio

AVISO A LOS LECTORES
Por encontrarme en pleno viaje y sin acceso a una red segura me veo en la penosa tesitura de aplazar la primera crónica de mi viaje desde Gotemburgo a España.
En cuanto disponga de una red me pondré el día. El viaje que empezó el martes pasado ha transitado por las siguientes etapas:
– Travesía a Kiel en Alemania.
– Bruselas y provincia de Amberes
– Borgoña: Selongey, Semur-en-Auxois y Abadía de Fontenoy, cerca de la cual duermo hoy para mañana salir hacia Narbonne
Del Valle de Fontenoy es la única imagen (que es del folleto explicativo del lugar) de esta nota de emergencia.
Con el androide no puedo ofrecer más, pero todo se andará.
¡Hasta pronto amigos!
Pavadas

Qué guapo soy. Zoo de Borås. Foto R. Puig
Seguimos en el zoo de Borås. Estamos al final de la visita. Los niños han correteado detrás de un cerdo muy limpio y de unos cabritillos en el recinto del «zoo infantil», donde también hay una vaca. Finalmente, unos bancos, unos helados y, sorpresa final: sobre las tarimas del chiringuito un pavo real se contonea entre dos pavas y, ¡zass!, despliega su arco de plumas.

Triángulo. Foto R. Puig
Es la primera vez que contemplo de tan cerca este esforzado cortejo del pavo real y escucho el traqueteo de sus plumas. Es grande el esfuerzo de su musculatura lumbar mientras mantiene sus patas firmemente plantadas y se desplaza en semicírculos para llamar la atención de las pavas.

Más de cien cálamos en tensión. Zoo de Borås. Foto R. Puig
Hay quien ha estudiado las constantes aritméticas y geométricas de este mecanismo de flirteo, tratando de comprender el intercambio de señales que hacen más atractivo al macho a los ojos de la hembra. Por ejemplo, Stuart Burgess en un artículo sobre selección sexual del pavo real : The beauty of the peacock tail and the problems with the theory of sexual selection (Papers,TJ 15(2) 2001, 91-102). Entre otras cosas explica que se han registrado casos en los que el macho ha tenido vibrando sus plumas durante veinticinco minutos ininterrumpidos, lo que supone un formidable consumo de sus reservas energéticas.
En ese artículo hay gráficos que ilustran la estructura anatómica que hace posible esa trabajosa ceremonia de cortejo,

el diferente diseño de los dos tipos de plumas

y en especial esos ocelos que se considera que son un medio en el intercambio de señales con la hembra.

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Proyecciones antropomorfistas
Dura es la gimnasia del pavo real para atraer la atención de la hembra, que no es única, ya que el pavo real practica la poligamia.

Que aguante. Zoo de Borås. Foto R. Puig
Es fácil entender que el pavo esté mucho más delgado que las pavas.
Pues bien, en estos tiempos de lo que algunos han dado en llamar la «guerra de géneros» me ha ocurrido algo que refleja bien cómo una misma foto suscita reacciones diferentes según sea un él o una ella quien la mira.
Compartí la siguiente imagen en un chat familiar con el pie de foto el flirteo en el mundo animal

Flirteo. Foto R. Puig
Sinceramente, no había segundas intenciones, es una foto que me parecía hermosa.
Hubo dos comentadoras, la primera escribió:
Supongo que el que presume de plumas es el pavo. Tiene que ser el más guapo entre los pavos, debe de ser a ellos a los que muestra el plumaje, porque si os fijáis, no parece que la pava esté muy impresionada
y a continuación la segunda:
le tendrá muy visto
y, de nuevo, la autora del primero:
le mira como diciendo, y para qué tanto despliegue, menudo presumido eres. ¡Cuánto teatro!
La realidad es que era el único pavo a la vista y le rodeaban dos pavas, una de ellas la que vemos aquí inflando las plumas y teniéndolo así, castigado, durante un buen rato. Aunque si el pobre está programado para competir con otros machos, puede que la interpretación sea correcta.

No te inmutes. Zoo de Borås. Foto R. Puig
No hubo ningún comentador.
Sólo yo -¿solidaridad masculina?- veía al vistoso emplumado como un sufrido pretendiente que aguantaba a pie firme, mientras tensaba sus músculos para mantener enhiestos sus casi doscientos cálamos y llamar la atención de la hembra con el ruido de sus insistentes traqueteos.
Pareciera sin embargo que ante esta alegoría del amor cortés, no es fácil aislar el simple comportamiento animal, sin teñirlo también con las ideas y conflictos relativos al binomio hombre mujer.
Sea como sea, hay que reconocer que el pavo sobrellevaba con paciencia que la pava le vacilase
¡qué mareo!

¿Dónde te metes?. Zoo de Borås. Foto R. Puig
Al parecer estos pájaros han aprendido a calcular lo que les conviene. ¿No será que la dirección del zoo les paga un plus en alpiste por cada representación y que cuánto más dure el cortejo más pitanza? Hay razones para pensar que el actor y la actriz se han aprendido sus papeles y que están conchabados.
De hecho, cuando nos alejábamos, sintiendo que ya nos les mirábamos, ¡plaff!, la pava le dio permiso al pavo para relajarse y
¡rompan filas!

¡Uff! ¡Por fin se han ido!. Zoo de Borås. Foto R. Puig
¡Mucha pluma, mucha pluma, pero puede que nos hayan tomado el pelo!
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Negocio
¿Sabían ustedes que el pavo real es el ave emblemática, el ave nacional de la India? Yo lo he aprendido en el artículo de la wikipedia sobre el pavo cristatus.
Tampoco sabía que una gran parte de las plumas que se venden por el mundo proceden del pingüe negocio del desplume del ave nacional india; al menos en las tiendas que regentan los comerciantes indios por toda la costa oriental de África, en particular las de Eritrea, como me han contado los amigos con los que fui al parque.
En Asmara, una sola de esas plumas de pavo real que venden los tenderos indios se paga al equivalente de cuatro a cinco euros; lo que para el poder adquisitivo de la población del país es un lujo asiático.
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Y aquí va la despedida
Ya cerca de la puerta de salida, no lejos del mamut que cerraba la crónica del pasado domingo, había otro bicho bien grande.
A juzgar por su postura, hace millones de años que los diplodocus también hacían pavadas.

¿Alguien tiene palomitas? Zoo de Borås. Foto R. Puig
¿No será que tienen un lejano parentesco con el pavo real?

Por la sabana africana… en Suecia

Buscando la sombrita. Zoo de Borås. Foto R.Puig
Cuando era pequeño, en Madrid, los leones que veíamos en la Casa de Fieras del Parque del Retiro vivían detrás de unas rejas en unos cubículos exiguos, separados del público por un foso. Después se ha progresado y los parques zoológicos modernos son extensos espacios abiertos que reproducen sus ambientes originarios, aunque en su gran mayoría los animales han nacido en cautividad, como es el caso del Djurpark de Borås, el más grande de Suecia. Si se les soltase en el mundo de dónde proceden puede que durasen muy poco. Por de pronto, a los rinocerontes quizás les arrancasen los cuernos y con ellos la vida.

Fortaleza. Zoo de Borås. Foto R.Puig
Los rifirrafes de patio de colegio que mantienen los rinos del zoológico no parece que acaben en tragedia. Será que de alguna forma tienen que entretenerse. Dos de ellos se retaban resoplando como toros bravos y levantaban polvo con sus pezuñas como si se amenazasen con una inminente embestida.

No muy bien avenidos. Zoo de Borås. Foto R.Puig
Pero ¿qué hacía yo en un día de calor veraniego por los senderos arbolados de ese enorme parque, caminando alrededor de la «sabana africana», despertando la curiosidad de los mandriles, ante la indiferencia de unos tigres dormilones y asistiendo al desayuno de las jirafas?

El almuerzo de la jirafa. Zoo de Borås.Foto R.Puig
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De Eritrea a Suecia
Esta visita mágica se la debo a un matrimonio amigo con dos niños pequeños. Él no se ha examinado aún del permiso de conducir. Como el martes pasado tenía día libre (suele trabajar también los fines de semana) y se anunciaba un tiempo esplendoroso, me ofrecí a conducirles al zoológico.
Ambos llegaron de Eritrea hace unos años y se conocieron y se casaron en Suecia. Escaparon como muchos otros compatriotas de esas fieras humanas que gobiernan el país. Ella lo consiguió al segundo intento, pues fracasó al primero y estuvo una temporada en la cárcel. Él algo más tarde. ¿Itinerario? El habitual: los traficantes de seres humanos por los desiertos de Sudán y Libia, las pateras hasta el sur de Italia y la travesía de la península hacia el norte evitando que te atrapen y, con la ayuda de otros eritreos en Suiza o Alemania, llegar al país de Europa que (en proporción a su población) más refugiados acoge, Suecia. Coincidí con quien es ahora mi amigo en los cursos de sueco para residentes extranjeros. Desde que nació su primer hijo, somos también amigas ambas familias.
Ellos piensan que aún quedan leones en Eritrea aunque nunca se hayan encontrado con uno. Sí que han visto gacelas y antílopes, así como otros animales que fuimos encontrando en la visita.

Tucán. Zoo de Borås. Foto R.Puig

Zoo de Borås. Foto R.Puig
Y se supone que aún queda algún elefante.

Elefantes acicalándose. Zoo de Borås. Foto R.Puig
En Borås nos explicó un inspector del parque que la que manda en la manada es la abuela

Elefantes africanos. Zoo de Borås. Foto R.Puig
Aquí la vemos tomando su aperitivo de hierbas

En este enorme espacio, conviven diversos protagonistas de la fauna de las sabanas africanas

Búfalos. Zoo de Borås. Foto R.Puig

Calma chicha. Zoo de Borås. Foto R.Puig

Elefantitos de nacionalidad sueca. Zoo de Borås. Foto R.Puig

Haciendo las paces. Zoo de Borås. Foto R.Puig
Me he referido a los tigres que dormían al abrigo de unas rocas, bajo una sombra, e inalcanzables para mi cámara. No así los leones, que nos observaban displicentes desde su amplio reducto.

Sesteando. Zoo de Borås. Foto R.Puig
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Por hoy nos detenemos aquí, aunque en la próxima entrega trataremos de unos animales que desde su aura mítica y romántica siguen suscitando transposiciones simbólicas actuales y analogías sesgadas.
Nos despedimos con algo que no puede faltar en un sitio así, sobre todo pensando en los niños pequeños…. y grandes, como aún lo es un servidor.

In memoriam. Zoo de Borås. Foto R.Puig







































