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Trashumancia 2018 (3). En la abadía de Fontenay

1 julio, 2018
Cuando se llega a Fontenay. Foto R.Puig

Cuando se llega a Fontenay. Foto R.Puig

Lo primero que encuentras al llegar a la recóndita abadía de Fontenay son las aguas limpias del arroyo del mismo nombre que surgen por debajo de sus edificios. El nombre latino original de este lugar es Fontenetum (“que nada sobre las aguas”). En un claro del bosque de Chastelum cerca de una fuente se establecieron en 1118 en vida de San Bernardo algunos monjes procedentes de Clairvaux (Claraval), la primera abadía del Cister, orden fundada por el santo como derivación de la congregación benedictina

Los trabajos de desecación de los terrenos pantanosos situados entre el arroyo ya nombrado y el torrente que desciende por la hondonada (combe) hoy llamada de San Bernardo requirieron de la construcción de diques y estanques en los dos cursos.

Hidrografía de Fontenay según ANDRÉ, Louis

Hidrografía de Fontenay según ANDRÉ, Louis (detalle p.20)

En el espíritu cisterciense, el agua, un elemento esencial para la ubicación de sus monasterios, “discurre y fertiliza las tierras así como las almas” (ANDRÉ, Louis, L’Abbaye de Fontenay. De Saint Bernard au Patrimoine mondial, Paris, Belin-Herscher, 2003, p.18). A lo largo de toda la visita se percibe como las corrientes de ambos arroyos y de varias fuentes de los alrededores discurre a través del recinto y bajo los edificios de la abadía.

Aguas de Fontenay. Foto R.Puig

Aguas de Fontenay. Foto R.Puig

Las aguas mueven varios molinos, sirven para lavar el mineral de las explotaciones de extracción abierta o en pozos, así como para todas las demás necesidades, agrícolas, pecuarias, piscícolas, de ajardinamiento, de consumo o ceremoniales. Los trabajos de preparación de los terrenos tuvieron que ser muy arduas, sobre todo para la tecnología de la época.

Aguas de Fontenay. Foto R.Puig

Pero una técnica especialmente avanzada para su tiempo con la que, según algunas hipótesis históricas (André, pp. 118-122), contaron los monjes fue la de mover una noria que hacía un eje de transmisión que permitía accionar los martillos pilones y los fuelles de la forja.

Noria para mover los martillos y fuelles. Foto R.Puig

Noria para mover los martillos y fuelles. Foto R.Puig

Obviamente, la que hoy día funciona es una recreación de la que se supone operaba en el siglo XII o un poco más tarde.

Eje transmisor para la forja en Fontenay. Foto R.Puig

Eje transmisor para la forja en Fontenay. Foto R.Puig

Los visitantes podemos asistir así a una demostración de las actividades de una forja medieval, bajo las bóvedas y junto a las chimeneas del edificio de talleres que debió de albergarla.

En la forja de Fontenay. Foto R.Puig.

En la forja de Fontenay. Foto R.Puig

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En los comienzos de la fundación del Císter

La entrada de la abadía de Fontenay. Foto R.Puig

La entrada de la abadía de Fontenay. Foto R.Puig

Después de haber visitado la abadía pienso que el visitante ganaría en comprensión de su contexto, si antes de iniciar la visita pasase por el edificio que alberga la tienda-librería donde, además de las salas anexas donde se expone la colección Aynard de tallas medievales, se proyecta un vidéo que seguramente ayudará al profano a situar este monumento en su época y a aproximarse a su sentido original.

Escudo de los Reinos de Castilla y León. s. XIV. Colección Aynard. Fontenay. Foto R.Puig

Escudo de los Reinos unidos de Castilla y León. s. XIV. Colección Aynard. Fontenay. Foto R.Puig

La de Fontenay es la segunda abadía del movimiento de recuperación renovadora de la regla de San Benito que un monje benedictino, Bernardo de Clairvaux (Claraval), fundó junto con la abadía del mismo nombre, la primera de una larga serie.

La red de monasterios del Cister en la Francia de los siglos XII y XIII. ANDRÉ, Louis p.44

La red de monasterios del Cister en la Francia de los siglos XII y XIII. ANDRÉ, Louis p.44

Sobre lo que aquel movimiento supuso en todos los órdenes, por supuesto no sólo en el campo religioso, no soy yo el llamado a explicarlo aquí.

Dormitorio. Fontenay. Foto R.Puig

Dormitorio monacal. Fontenay. Foto R.Puig

El plano del conjunto es muy parecido al de la abadía fundacional.

Plano de la abadía cisterciense de Fontenay. ANDRÉ, Louis, p. 27

Plano de la abadía cisterciense de Fontenay. ANDRÉ, Louis, p. 27

Las partes en trazo débil corresponden a edificaciones que no han llegado hasta nuestros días. Este es el caso del pórtico de la iglesia abacial, del que sólo quedan las ménsulas de soporte de las vigas de su techumbre que sobresalen de la fachada.

Fachada de la iglesia abacial de Fontenay. Foto R.Puig

Fachada de la iglesia abacial de Fontenay. Foto R.Puig

La Revolución Francesa acabó con la vida monacal en estos recintos, aunque los doscientos cistercienses que alcanzaron a vivir aquí entre los siglos XII y XIII, a finales del siglo XVIII se habían reducido a doce. La disminución se debió en buena parte a la pérdida de la autonomía que la orden había tenido en sus primeros siglos, en buena medida por el regalismo de la monarquía francesa, que acabó controlando y nombrando a los abades desde el siglo XVI. El hermanamiento del Trono y del Altar también tuvo mucho que ver en la violencia que la burguesía revolucionaria ejerció contra todo lo que oliese a privilegios religiosos.

Fontenay pasó a ser una propiedad del Estado, subastada como tantas otras. En 1820 fue Elie de Montgolfier, descendiente de los hermanos que inventaron el globo viajero, quien la compró.

La abundancia de agua era idónea para convertir el conjunto en una fábrica de papel.

Estado de la nave de la iglesia abacial de Fontenay en 1890, ANDRÉ, Louis, p.79

Estado de la nave de la iglesia abacial de Fontenay en 1890, ANDRÉ, Louis, p.79

Menos mal que la adquisición del conjunto en 1906 por el banquero y coleccionista de arte Edouard Aynard (que se la compró a su suegro Raymond de Montgolfier) supuso el desmantelamiento de la papelera y el comienzo de una apasionada y modélica restauración del monumento en su sobria puridad cisterciense.

Nave central de la iglesia abacial de Fontenay. Foto R.Puig

Nave central de la iglesia abacial de Fontenay restaurada. Foto R.Puig

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Miscelánea de mi visita

Capiteles del claustro de Fontenay. Foto R.Puig

Capiteles del claustro de Fontenay. Foto R.Puig

No repetiré datos o aspectos que se encuentran en internet,  sino que me limitaré a repasar mi galería personal y a comentar algún elemento curioso.

Por ejemplo, la sobria iconografía vegetal que se repite en los capiteles, en los carcomidos por el tiempo o en sus sustitutos posteriores

Capiteles del claustro de Fontenay. Foto R.Puig

Capiteles del claustro de Fontenay. Foto R.Puig

y que es muy significativa en los baldosines de pavimentos de la nave y en los bancos de la Sala Capitular.

Estos alicatados se fabricaban dentro del complejo artesano-industrial que funcionaba en la abadía y en sus alrededores.

Baldosas en la abacial de Fontenay. Foto R.Puig

Baldosas en la abacial de Fontenay. Foto R.Puig

Entre los baldosines hay un diseño muy abundante, yo diría que preponderante, que me ha llamado la atención. Es el de una flor que a mi juicio es hermafrodita (aunque lo someto al juicio de los botanistas).

Baldosa de un banco de la Sala Capitular de Fontenay.

Baldosa de motivo floral (¿hermafrodita?) de Fontenay.

Consultada la librera y un guía veterano de la abadía, no supieron darme una explicación y quedaron en trasladar la pregunta al conservador, quien me escribiría.  No sé si soy demasiado osado pero ¿no querrá ser un símbolo de la fertilidad espiritual del monje célibe? Lo dejo ahí.

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Están presentes también los calvarios medievales. Uno en la sala de la colección Aynard

Calvario del s. XIV. Detalle. Colección Aynard. Fontenay. Foto R.Puig

Calvario del s. XIV. Detalle. Colección Aynard. Fontenay. Foto R.Puig

y otro junto a la izquierda de la entrada de la abadía.

Calvario a la entrada de Fontenay. Foto R.Puig

Calvario a la entrada de Fontenay. Foto R.Puig

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El frente constituido por los diferentes edificios sigue el siguiente orden de izquierda a derecha (ver en el plano de más arriba):

Iglesia abacial, Columbario, Residencia de los abades legados, Enfermería y Forja en Fontenay. Foto R.Puig

Iglesia abacial, Columbario, Residencia de los abades legados, Enfermería y Forja en Fontenay. Foto R.Puig

Detrás del columbario está la casa del guardián del monasterio que es también el responsable de los perros. Por cierto, que los duques de Borgoña tenían a sus perros  de caza hospedados y adiestrados en la perrera del monasterio.

Enfermería de Fontenay. Foto R.Puig

Enfermería de Fontenay. Foto R.Puig

Se comienza la visita por la puerta de la iglesia, románica y minimalista como se corresponde al planteamiento de la arquitectura cisterciense.

Entrada a la iglesia abacial de Fontenay. Foto R.Puig

Entrada a la iglesia abacial de Fontenay. Foto R.Puig

En su interior, hay varias obras escultóricas. Una virgen gótica de finales del siglo XIII, Notre Dame de Fontenay,

Virgen gótica en la abacial de Fontenay. Fines del siglo XIII. Foto R.Puig

Virgen gótica en la abacial de Fontenay. Fines del siglo XIII. Foto R.Puig

los diversos cuadros muy desfigurados de la vida de Jesucristo en el altar de la nave central

y diversas muestras del arte funerario medieval, piedras tumbales y estatuaria yacente de eclesiásticos, caballeros y nobles.

umba de Mello d'Époisses en la iglesia abacial de Fontenay. Detalle. Foto R.Puig

Tumba de Mello d’Époisses en la iglesia abacial de Fontenay. Detalle. Foto R.Puig

Detalle de la tumba del obispo inglés Ebrard de Norwich. Fontenay. Foto R.Puig

Detalle de la tumba del obispo inglés Ebrard de Norwich. Fontenay. Foto R.Puig

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Hay como es lógico que recorrer el claustro y entrar en sus dependencias adyacentes,

Claustro de Fontenay. Foto R.Puig

Claustro de Fontenay. Foto R.Puig

como la Sala Capitular,

Sala capitular de Fontenay. Foto R.Puig

Sala capitular de Fontenay. Foto R.Puig

en uno de cuyos bancos, cubierto con los baldosines de los que he hablado, me siento a leer el libro de Louis André, antiguo conservador del Patrimonio nacional, al que he recurrido en esta crónica.  No son precisamente cómodos.

Ventana de la sala capitular de Fontenay. Foto R.Puig

Ventana de la sala capitular de Fontenay. Foto R.Puig

Y, finalmente, el único lugar (junto con las cocinas y la enfermería) donde se podía disfrutar de calefacción en invierno para que los copistas y miniaturistas pudiesen trabajar con cierto confort. La escalera lateral asciende hacia el dormitorio colectivo, de modo que algo del calor de este recinto se transmitía también a los durmientes, al menos a los que tenían la fortuna de estar cerca de ella.

Chauffoir de Fontenay. Foto R.Puig

Chauffoir de Fontenay. Foto R.Puig

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Se acaba la visita dando un paseo por los jardines. De  estos espacios han desaparecido varias dependencias originales como, por ejemplo, el refectorio.

Jardín de los simples de Fontenay. Foto R.Puig

“Jardín de los simples” de Fontenay. Foto R.Puig

El agua sigue omnipresente

Cascada de época barroca. Fontenay. Foto R.Puig

Cascada de época barroca. Fontenay. Foto R.Puig

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De Fontenay y su región me despedí el domingo 10 de junio camino de Narbonne y de su cercana abadía de Fontefroide.

La región de Fontenay. Fuente ANDRÉ, Louis

La región de Fontenay. ANDRÉ, Louis, p.6

Desde sus 35 metros de altura y sus 6 metros de cintura el viejísimo platanus hispanica parece decirme au revoir

Platanus Hispanica plantado en 1780. Fontenay. Foto R.Puig

Platanus Hispanica plantado en 1780. Fontenay. Foto R.Puig

 


Bibliografía

ANDRÉ, Louis, L’Abbaye de Fontenay. De Saint Bernard au Patrimoine mondial, Paris, Belin-Herscher, 2003.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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