El jueves pasado he visitado la exposición de obras del pintor finlandés Albert Edelfeldt (1854-1905) en el Museo de Arte de Gotemburgo (Göteborgs Konstmuseum, del 22 octubre al 12 marzo 2023). Fue un artista pionero en protagonizar exposiciones individuales en el siglo XIX en Gotemburgo, Estocolmo y Copenhague, cuando lo más habitual eran las muestras colectivas en los «salones» anuales, en especial el de París, donde se dio a conocer durante sus años de aprendizaje y consagración en la que era por entonces capital del arte moderno.
Albert Edelfeldt. Retrato de su madre, detalle, 1883. Galería Nacional de Finlandia, Foto R. Puig
Albert Edelfeldt. Retrato de su hermana Berta, óleo sobre panel, 1884, Galería Nacional de Finlandia. Foto R. Puig.
A mi modo de ver, lo mejor de su obra son las expresiones de las personas que plasma con un diestro trabajo fisonómico
Albert Edelfeldt. Modelo con abanico, óleo sobre panel,1879. Colección Niemisto, Foto R. Puig
así como su maestría en la representación del contexto en que viven y se desenvuelven,
Albert Edelfeldt. Servicio divino en el archipiélago de Uusimaa, detalle, óleo sobre lienzo,1881. Museo d’Orsay, París, Foto R. Puig
donde destaca la actitud y el carácter de los retratados. Ejemplo de ello son los fieles que asisten a una celebración religiosa en una isla del archipiélago de Uusimaa y las escenas en el mar.
Albert Edelfelt. Fuera en el archipiélago, detalle, óleo sobre lienzo, 1898. Galería Nacional de Finlandia. Foto R. Puig
Albert Edelfeldt. En el mar, óleo sobre lienzo,detalle, 1883. Museo de Arte de Gotemburgo, Foto R. Puig
Tales destrezas pictóricas comienzan tradicionalmente en los procesos de aprendizaje del oficio en los que se pide pintar tu propio rostro. Edelfeldt realizó su autorretrato (catálogo de la exposición de Gotemburgo) a los veinte años, poco después de llegar a la Escuela de Bellas Artes de París, donde estudió de 1874 a 1877 bajo la dirección del pintor Jean-Léon Gérôme .
Albert Edelfelt. Autorretrato, Óleo sobre lienzo, 1874, Galería Nacional de Finlandia
El joven pintor había estudiado antes en la escuela de la Sociedad de Arte Finlandesa (1871 – 1872) y con una beca de su gobierno en la Real Academia de Bellas Artes de Amberes (1873 – 74). A partir de 1875 compartió un atelier en París con dos pintores franceses, que mantuvo toda su vida, hasta su muerte en Finlandia en la casa de verano de la familia en Haikko (Porvoo), donde su estudio es hoy un museo que lleva su nombre.
Estudio Museo de Albert Edelfeldt en Haikko, Finlandia.
Otros ejemplos de representación de las personas en su contexto son los que he fotografiado durante mi visita del jueves pasado a la exposición de su obra en Gotemburgo.
En primer lugar el de su amigo y compañero de estudios en la Escuela de Bellas Artes Pascal Dagnan-Bouveret (1852 – 1929)
Albert Edelfeldt. Retrato de Pascal Dagnan-Bouveret, óleo sobre lienzo, detalle, 1881, Museo Georges-Garret, Vesoul, Francia. Foto R. Puig.
Particularmente expresivo y afectuoso es el retrato de Virginie, cuya sonrisa y mirada lo dicen todo, pues convivió con ella durante sus años jóvenes de París (*)
Albert Edelfeldt. Retrato de Virginie, detalle, óleo sobre lienzo, 1883. Museo de Arte de Juensuu, Foto R.Puig
Cinco años más tarde el pintor se casaría con Anna Elise de la Chapelle (1857 – 1921) amiga de la infancia, a quien vemos en un retrato ocho años posterior al de sus esponsales.
El matrimonio tuvo un hijo Erik en el año mismo de su boda (1888) que falleció en Francia a los 21 años.
Albert Edelfelt. Retrato de su esposa Ellan (Anna Elise) detalle, óleo sobre lienzo, 1896.
Esa misma maestría del pintor para representar con intensidad los temperamentos se manifiesta en los retratos del escritor sueco Viktor Rydberg (1828 – 1895), del médico, filósofo e investigador finlandés Joham Wilhelm Runeberg (1843 – 1918) y de la poeta Larin Paraske (1833 – 1904), de la que se recuerda podía recitar de memoria 32.000 versos de la tradición oral de Carelia y que inspiró a Jean Sibelius para su épico poema sinfónico nacional Kalevala.
Albert Edelfelt. Retrato del escritor Viktor Rydberg, detalle, óleo sobre lienzo, 1892. Museo Nacional de Estocolmo. Foto R. Puig
Albert Edelfeldt. Retrato del profesor J.W.Runeberg, óleo sobre lienzo, detalle, 1902, Museo Universidad de Helsinki. Foto R. Puig
Albert Edelfeldt. Larin Paraske, detalle, óleo sobre lienzo,1893. Fundación Viipuri, Museo de Arte Hämeenlina, Foto R. Puig
y las manos de Larin Paraske (1833 – 1904)
El escultor Alpo Sailo(1877–1955) se inspiró en el lienzo de Edelfeldt para su estatua de Larin Paraske.
(*) Anna Kortelaine, «Virginie! Albert Edelfeltin rakastajattaren tarina!» (Virginie! La historia de la amante de Albert Edelfeldt), Helsinki: Tammi. 2002 (referencia que aparece en el catálogo de la exposición).
Kortelaine, profesora de Historia del Arte en la Universidad de Helsinki y prolífica autora de libros de divulgación histórica, afirma que las cartas de Virginie a Albert Edelfeldt fueron destruidas por la hermana del pintor a la muerte de este.
Referencia: Albert Edelfeldt. A modern Artist in Fin-de-Siècle Europe, Eva Nygårds and Patrik Steorn (Eds.) AA.VV., 199 pags. Gothenburg Museum of Art and Appell Förlag, printed in Riga, 2022
Hay adagios que enuncian de forma lapidaria conclusiones que, partiendo de algo negativo, llegan a aquello de «no hay mal que por bien no venga». Este es uno de ellos. En la cita de los orígenes del proverbio Erasmo se remonta a Aristóteles en su Retórica (6, 20) donde habla del sincretismo, «sistema filosófico que trata de conciliar doctrinas diferentes» (RAE), pero que se puede extrapolar a lo que ocurre con aquellos que, siendo oponentes e incluso enemigos, se unen para enfrentarse a una calamidad que afecta a ambos bandos. En las democracias, por ejemplo, se suele llamar consenso a olvidar las diferencias para afrontar una situación que amenaza con dar al traste con la nación entera.
Eυνάγει τοὺς ἀνθρώπους κακά, id est Conciliant homines mala. Sententia proverbialis, quae declarat id, quod vulgo fit, ex hostibus nonnunquam amicos fieri propter malum aliquod incidens utrisque commune. Aristoteles libro Rhetoricorum primo: Οὐδὲν γὰρ κωλύει ἐνίοτε ταὐτὸ συμφέρειν τοἶς ἐναντίοις. Ὅθεν λέγεται, ὡς τὰ κακὰ συνάγει τοὺς ἀνθρώπους, ὅτ’ ἅν ᾖ ταὐτὸ βλαβερὸν ἀμφοἶν, id est Nihil enim vetat quo minus idem conducat ambobus adversariis. Unde dicitur illud, conciliari homines malis, quoties idem utrisque noxium fuerit. De syncretismo diximus alibi.
Quin huc quoque potest deflecti proverbium, ut dicamus indoctum favere indocto, infantem infanti, nepotem nepoti. Neque enim bonarum modo rerum similitudo conglutinat necessitudinem, verumetiam ex malis communibus saepenumero mutua nascitur benevolentia. Amant fere inter se, qui simul fecere naufragium, qui militarunt una, qui simul capti fuerunt ab hoste, denique qui corporis aut animi morbis iisdem laborant
…
La mala suerte lleva a los hombres a unirse. Se trata de una sentencia proverbial de uso común que declara que los enemigos a veces se hacen amigos a causa de algún desastre que afecta a ambas partes. Aristóteles en el primer libro de la Retórica dice que nada impide que un mismo mismo beneficio reconcilie a ambos adversarios. De ello hemos hablado al tratar del sincretismo.
Por lo que este mismo proverbio puede extrapolarse al hecho de que un indocto favorezca a un inculto, un mudo a uno que no habla, un derrochador a un despilfarrador. Ni son sólo las comunes ventajas las que tejen un vínculo, sino que, a menudo, de los males comunes nace la mutua benevolencia. Surge el afecto entre quienes compartieron naufragio, combatieron juntos, fueron prisioneros de guerra, entre los que en definitiva sufrieron las mismas aflicciones del cuerpo o del espíritu.
Les Adages d’Érasme, présentés par les Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), 2010, pág. 901 (traducción propia)
Capilla al aire libre. Parque de Slottskogen. Göteborg. Foto R.Puig
Hay otro adagio comentado por Erasmo, a quien indignaban las guerras entre cristianos, en el que bajo el enunciado de un solo substantivo, al que se refiere en el anterior, encuentra materia parecida a la del anterior proverbio.
Este es ese otro adagio:
Syncretismus
Sincretismo
Adagio I, I, 11
Y este es el extracto que interesa aquí:
Pertinet huc, quod alias ex Aristotele referemus : Eυνάγει τοὺς ἀνθρώπους κακά, id est Conciliant homines mala. Adagium recte accommodabitur et in illos qui amicitiam ineunt, non quod sese ex animo diligant, sed quod alter alterius opis egeat aut quo veluti conjunctis copiis communem inimicum pessundent. Id quod his temporibus saepenumero factitari videmus, ut arma jungant alioqui inter se infensissimis animis. Tanta inest et Christianis hominibus ulciscendi rabies. Refertur et ab Apostolio quodam Byzantino, recentissimo apud Graecos proverbiorum coacervatore. .
..
Una frase de Aristóteles que hemos ya comentado en otro lugar es aquí pertinente: «los males unen a los hombres». El adagio bien se puede usar para describir a quienes la amistad une, no porque un amor sincero les guíe, sino porque necesiten la ayuda del otro, o porque han de unir fuerzas para destruir a un enemigo común. Es algo que constatamos a menudo en esta época cuando un pacto armado une entre sí a los más acérrimos enemigos. Esa furia de venganza se produce incluso entre hombres cristianos. Lo cita un tal Apostolio de Bizancio, un muy reciente compilador de proverbios entre los Griegos.
Les Adages d’Érasme, présentés par les Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), 2010, pp. 93 – 94 (la traducción es propia)
Slottskogen, campanario donado por la parroquia de Stockaryd de Småland a Göteborg. Foto R.Puig
Habiendo hablado la sabiduría ancestral de la Grecia Clásica y las glosas de Erasmo de Rotterdam, no me queda mucho que añadir, salvo quizás que «cualquier parecido con la actualidad no es pura coincidencia».
Los Reyes Magos entraban en casa no sé si por sus balcones o por la chimenea del despacho de mi abuelo, quien les dejaba unas gruesas naranjas valencianas para ellos y unos haces de paja para sus camellos. Por la mañana del día seis de enero cuando todavía em pijama veníamos a ver lo que nos habían traído, esperando que no fuera carbón, la prueba irrefutable de su llegada eran las mondas de las naranjas que se habían comido los reyes y los escasos restos de paja triturados por los dientes de los camellos.
He de añadir que una de esas noches del cinco al seis de enero, aprovechando la oscuridad, me escondí en pijama tras una butaca a una prudencial distancia de la entrada del despacho aquel y, muy asustado en mi osadía, fui testigo de como las sombras de los reyes entraban y salían de allí. Temía mucho que me hubieran descubierto y me dejaran carbón, pero no se dieron cuenta y mi fe en ellos no hizo sino reafirmarse.
Uno de los cuadros de la «Adoración de los Magos» que más me gustan es del fraile dominico Juan Bautista Maíno en el Museo del Prado. Los magos de Oriente, como es natural, no llevan corona, sino una cofia emplumada el africano Baltasar, un turbante al estilo otomano el anatolio Gaspar y una solemne calva el canoso Melchor, quién sabe si caucasiano. El portal de piedras ruinosas por las que trepa la hiedra, y en su base brotan setas y malas hierbas, parece los restos de alguna obra ciclópea, algo así como los del palacio filisteo derribado por Sansón. Probablemente, la inspiración icnográfica se la debió Maíno a las historias sobre Oriente que absorbió y vio representadas en cuadros barrocos durante sus años jóvenes en Italia.
Pero en estos días en Suecia, donde el rastro de la caravana de los magos ha sido ya hace años borrado por el paso de los renos de Papá Noel, al que aquí llaman Jultomten. Los tomtar según creencias medievales eran unos elfos venerables que trabajaban alrededor de las granjas en la parcela hortícola ocupada por la casa, el tomte en sueco. Así que el Jultomtees el que se afana en Navidad (Jul) para traer regalos y que no viene del Polo Norte, como el norteamericano, sino de algún escondite misterioso de los bosques escandinavos. Pero aquí casi nadie se acuerda y predomina la versión yankee del trineo volador tirado por los renos.
Sin embargo en el parque cerca de casa hemos visto estos días una jirafa, supongo que perteneciente al séquito de Baltasar…
La jirafa del parque. Foto R.Puig
Así que se recuerde o no, aquí los magos ¡haberlos, haylos!
Si bien algunos llegan ya cansados, pues no es lo mismo ser remolcado por los cielos como Santa Claus que cabalgar sobre la joroba de los camellos, tanto es así que Melchor se acomodó fatigado en mi casa y pidió una copita de aguardiente.
La visita de Melchor. Foto M. Puig
Pero -¡ay!- había yo olvidado el miedo de aquella noche de mi infancia… (*)
¡Me lo recordó la inmediata fuga por el pasillo de mi nieto de tres años, despavorido ante la epifanía del venerable rey mago!
Notas:
(*) Para miedos el San Nicolás en Bélgica, un santo que pasando por una calle pueblerina se dio cuenta de que tres niños habían sido convertidos en salazón por el carnicero del lugar. Descubierto, el carnicero fue castigado por el santo quien milagrosamente restituyó a los niños su forma humana. Se celebra su fiesta el 6 de diciembre y hay representaciones de guiñol de su leyenda para los niños. Sin saber de la leyenda fuimos al teatrillo con nuestros dos hijos pequeños y salimos corriendo de la sala al ver lo que ocurría en la escena,
La légende veut ainsi que, l’hiver approchant, trois enfants, partis glaner dans les champs, se perdent sur le chemin du retour ; attirés par la lumière filtrant des fenêtres d’une maison, ils s’approchent et frappent à la porte. L’homme qui leur ouvre, Pierre Lenoir (Peter Schwartz dans la culture germanique), boucher de son état, accepte de leur donner l’hospitalité pour la nuit. En fait, sitôt les enfants entrés, il les tue, puis, à l’aide d’un grand couteau, les coupe en petits morceaux, pour finalement les mettre dans son saloir (un grand baquet empli de sel), afin d’en faire du petit salé.
Saint Nicolas, chevauchant son âne, passe par là et frappe à son tour à la porte du boucher. L’homme, n’osant pas rejeter un évêque, le convie à dîner. Son invité lui demandant du petit salé, le boucher comprend qu’il est découvert et, pris au piège, avoue tout. Le saint homme étend alors trois doigts au-dessus du tonneau de petit salé, reconstituant et ressuscitant ainsi les trois enfants.
*
Cuenta la leyenda que, al acercarse el invierno, tres niños, espigando en el campo, se perdieron de camino a casa. Atraídos por la luz que se filtraba por las ventanas de una casa, se acercaron y llamaron a la puerta. El hombre que les abrió, Pierre Lenoir (Peter Schwartz en la cultura germánica), carnicero de profesión, accedió a darles cobijo para pasar la noche. De hecho, en cuanto entraron, los mató y, con un gran cuchillo, los cortó en trozos pequeños que luego puso en salazón (una gran tina llena de sal) para preparar cerdo salado.
San Nicolás, montado en su burro, pasaba por allí y llamó a la puerta del carnicero. El hombre, sin atreverse a rechazar a un obispo, lo invitó a cenar. Cuando su invitado pidió cerdo salado, el carnicero, al darse cuenta de que le habían descubierto y que había caído en la trampa, lo confesó todo. Entonces, el santo puso tres dedos sobre el barril de cerdo salado, reconstruyendo y resucitando así a los tres niños.
Desde primeras horas de la tarde hasta bien avanzada la noche pasada, la que el Calendario Gregoriano nos marca como el paso del 2022 al 2023, hemos escuchado los estallidos de la pólvora. A estas horas sus humos ya se han disipado, aunque no las ilusiones de que el Año Nuevo nos aportará mejoras. Pero dicen que dijo Salomón lo que la vulgata latina popularizó como aquello de nihil novum sub sole:
¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y no hay nada nuevo bajo el sol.
(Eclesiastés 1,9)
No obstante, cuando en el siglo XVI se inició un proceso científico de adaptar el calendario a las rutinas de la tierra en torno al sol, eso sí que fue algo nuevo, nada más ni nada menos que abolir el calendario juliano de los romanos, que al parecer era una adaptación del calendario de los antiguos egipcios que al sol le tenían mucho respeto.
Se suele pensar que la la Iglesia Católica ha sido enemiga de la Ciencia, pero si es cierto que en el siglo diecinueve hubo algo de polémica sulfurosa entre un papa y el progreso científico, siglos antes fueron estudiosos eclesiásticos quienes analizaron las rutinas astronómicas y las relaciones entre el sol, la tierra y la luna, para definir un calendario que respondiese con mínimo margen de error al problema crónico de los desfases del calendario juliano.
Así que, cuando tiramos cohetes a cada entrada y salida de año, estamos obedeciendo al papa Gregorio XIII y a su bula que en 1582 promovió un calendario nuevo, el «calendario gregoriano», aceptando las recomendaciones que le formularon científicos de la Universidad de Salamanca en 1515 y 1578.
Los festejos, los ríos de cava, las serpentinas y todo el jolgorio de la noche pasada se basan en aquello. Aquel cambio sí que fue algo «nuevo bajo el sol». A su implantación contribuyeron Galileo y algún que otro jesuita.
Last but not least, el famoso «que inventen ellos» (Unamuno dixit) que parece consagrar una pigricia española para el progreso científico, se contradice con lo que ocurrió con la implantación del calendario gregoriano, a saber:
Fases de la implantación del calendario de Gregorio XIII. Fuente: Wikipedia
No parece que en tierras de Albión se quisiera dar el brazo a torcer para aceptar el calendario que ya se había implantado siglo y medio antes en los territorios donde reinaba Felipe II; como si el Brexit ya viniese de antiguo.
Han sido los fuegos artificiales de esta noche los que me han hecho pensar en la cuestión del calendario y en como cada año lo que un papa consagró en el siglo XVI marca nuestras costumbres festivas y las ilusiones que nos hacemos sobre mejores futuros. En realidad, para que un lego en la materia como yo pudiera informarse al respecto o me iba a la biblioteca municipal (hoy está cerrada) o recurría a la Wikipedia. De modo que cualquier error sobre lo que aquí he traído habrá que imputárselo al Dr. Google.
¡ FELIZ AÑO NUEVO !
Cuando el sol se acuesta en Göteborg. Foto R. Puig
Hilario Mendívil. Nacimiento artesano cusqueño (detalle). Cortesía de Manuel García Solaz
Érase una vez un recién nacido al que sus padres llamaron Jesús, nombre bastante común en las comunidades judías de Palestina, por entonces sometidas a los romanos. Cualquiera de mis lectores podría continuar con la historia de aquel niño. No les cuento nada nuevo. Lo que ya es materia más intrincada de la historia del mundo durante más de veinte siglos es que un nacimiento como tantos otros convirtió, por obra del mismo niño devenido adulto, lo que fue su intento de renovar la sociedad y la religión de sus compatriotas judíos en el origen de un largo proceso que cambió el mundo, como ningún otro lo ha hecho. En esa larga historia de siglos hay luces y sombras, como no puede ser de otro modo cuando millones de seres humanos han intervenido en ella. Hoy, aquel nacimiento se celebra en las fiestas navideñas, aunque adornado de las fábulas y ritos, cuentos y cuentas, de árboles, renos, barbudos en trineos voladores y otras muestras de la comprensible creatividad festera de los seres humanos.
Digo que cambió el mundo, porque sin el humanismo cristiano que parte de Jesús no se podrían explicar los avances filosóficos, éticos, ideológicos, sociales, jurídicos y políticos que, en medio de tantos avatares, a pesar de guerras y conflictos, lo mejor del pensamiento y la voluntad de los seres humanos ha aportado a nuestras sociedades y a nuestras vidas durante más de veinte siglos y por todo el mundo.
Los actores de estos laboriosos progresos, por ejemplo en derechos humanos, libertades y democracia, no han sido necesariamente creyentes religiosos, ni se han sentido parte de la evolución del humanismo cristiano, pero, gracias a la semilla que aquel hombre sembró, la humanidad tiene hoy, no obstante los impulsos de destrucción que siguen aquejándonos, los instrumentos morales y las formulas de libertad y convivencia que protegen a los hombres de sus propios demonios.
Luces de la tarde ayer, día de Nochebuena, en Göteborg. Foto R. Puig
Luces y sombras
Hablando de nuestros demonios, y como no puedo dejar de pensar en lo que están afrontando los ciudadanos de Ucrania, me permito citar algo que leí ayer en un artículo de un periodista que escribe mucho mejor que yo:
Un escritor ucraniano imaginó una nochebuena fría en la que el diablo robaba la luna para sumir en la oscuridad a los enamorados. Es sabido que al diablo le molesta el amor tanto como le place la desesperanza, y por eso su mejor obra, su más perfecto oficio de tinieblas se consumará esta noche en mil aldeas ucranianas a las que no llegará la luz de la navidad. Un diablo bombardeó su red eléctrica para impedir que sus habitantes se miren y sigan creyendo, para evitar que se les ilumine la cara al reconocerse entre sí, al constatar la vigencia de la vida pese a tanto daño. Porque el diablo teme que baste una mirada para reavivar el deseo de permanecer juntos, el fuego de la lucha por la libertad.
La navidad no es otra cosa que un punto de luz rodeado de noche. Lo saben los alcaldes que se niegan inteligentemente a recortar la partida anual del alumbrado navideño y lo han sabido todos los pintores enfrentados al desafío temático del portal de Belén. Del Greco a Murillo, de Caravaggio a Rubens, los grandes maestros coinciden en el empleo del claroscuro para expresar la irrupción divina en la historia humana que cuenta el dogma cristiano. El niño, entre las pajas del pesebre o en el regazo de su madre, encarna el foco de claridad a partir del cual se despliega la escena, en la que humildes pastores o magos suntuosos reflejan la luz primigenia o la degradan según se acerquen o se alejen del recién nacido. Hasta los Python acataron este canon estético en aquel fotograma radiante que suspende su irreverencia proverbial para mostrar por un segundo el destello cegador del mesías verdadero, nacido casualmente en el portal contiguo al de Bryan.
Efectivamente: se trata de buscar el lado luminoso de la vida. La navidad es un contraste de esperanza en mitad de la preocupación. Una buena noticia que colamos en la escaleta de los despropósitos habituales. No se precisa la fe -basta el arraigo cultural, la memoria que caló nuestra infancia- para experimentar una dulce pausa en las ansiedades cotidianas al contemplar el nacimiento que simboliza todos los nacimientos. Es decir, la esperanza misma.
No debiéramos permitir que nos roben un apacible resplandor o siquiera un fulgor momentáneo. Es cierto que aquí a cada cual lo envuelven sus propias sombras, quizá espesas. Y que a veces no hay estrella que alumbre lo suficiente para horadarlas. Pero sí hay hogares ucranianos que hoy mismo, acaso entre escombros, harán frente a la noche más oscura armados de velas, a nosotros deberían sobrarnos los motivos para reflejar la luz. Feliz Navidad.
Hans Holbein, dibujo en tinta al margen del «Elogio de la locura»: «discutidores contenciosos que de grandes disparates provocan tragedias»
Ex eodem ore calidum et frigidum efflare
Soplar cálido y frígido por la misma boca
Adagio I, VIII, 30
Ἐκ τοῦ αὐτοῦ στόματος τὸ θερμὸν καὶ τὸ ψυχρὸν ἐξάγειν, id est Eodem ex ore calidum ac frigidum proferre. Bilingues et qui eundem modo laudant modo vituperant, ex eodem ore calidum ac frigidum spirare dicuntur. Natum ex apologo quopiam Aviani fabulatoris. Satyrus quidam, cum vehementer algeret hyberno gelu supra modum saeviente, a rustico quodam inductus est in hospitium. Admiratus autem cur homo inflaret in manus ori admotas rogavit cur ita faceret. Is respondit ut frigidas manus halitus tepore calefaceret. Deinde ubi extructo foco, apposita mensa, in pultem fervidam rursum inflaret, magis etiam admiratus sciscitatus est, quid hoc sibi vellet. Ut pultem, inquit, nimium ferventem halitu refrigerem. Tum satyrus surgens a mensa : Quid ego audio?, inquit , Tun’ eodem ex ore pariter et calidum et frigidum efflas? Valebis, neque enim mihi ratio est cum ejusmodi homine commune habere hospitium.
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Ἐκ τοῦ αὐτοῦ στόματος τὸ θερμὸν καὶ τὸ ψυχρὸν ἐξάγειν quiere decir que «De una misma boca sale tanto lo caliente como lo frío». Se dice de los que hablan dos lenguas, así como de aquellos que igual que alaban algo, eso mismo vituperan, por la misma boca soplando frío y calor. El apólogo se debe a un fabulador de nombre Aviano, donde cuenta que a un sátiro que estaba sufriendo mucho por la helada del invierno cierto campesino se lo llevó a la posada. Sorprendiéndose (el sátiro) de ver a éste acercar las manos a la boca para soplárselas, le preguntó por qué lo hacía. Y él le respondió que era para calentar sus manos frías con el calor del aliento. Cuando, encendido el fuego y puesta la mesa, sopló también la salchicha caliente, más aún se asombraba (el sátiro) y le preguntaba qué pretendía con eso. «Para comer la salchicha, le dice (el campesino), la enfrío con mi aliento, pues está quemando». Entonces el sátiro levantándose de la mesa exclamó: «¿Qué es lo que oigo? ¡Por la misma boca tú soplas caliente y frio! ¡Será así para ti, sin embargo no encuentro razón para compartir hospedaje con alguien como tú!».
(Texto latino:Les Adages d’Érasme, présentés par les Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), 2010, pp-650-652) Trad. R.Puig
Hans Holbein, dibujo en tinta al margen del «Elogio de la locura»: «¡Que los puercoespines y erizos del espíritu de Scoto … vuelvan donde les plazca!»
En el comentario de este adagio y del apólogo que cita, Erasmo expone a continuación las explicaciones fisico-fisiológicas con las que Aristóteles trata de explicar la contradicción de que una misma boca pueda soplar frío o caliente (Problemas, 34,7). Con la venia del lector, se las ahorro.
A continuación prosigue con el comentario:
Est huic confine quiddam in epistola Jacobi apostoli ; nam hujus nomine legitur. Ἐκ τοῦ αὐτοῦ στόματος βρύει τὸ γλυκὺ καὶ τὸ πικρόν, id est Ex eodem ore emanat dulce et amarum. Huc adscribi poterit, quod refert secundo libro Plinius plus quam prodigiosum fontem esse quemdam in Dodona, qui, cum sit frigidissimus, et faces, si quis ardentes immergat, extinguat, si extinctae admoveantur, accendit. Quae omnia torquere licebit in rhetores, qui eadem norunt laudare et vituperare, elevare atque attollere. Item in jureconsultos, qui causam eamdem nunc tuentur, nunc impugnant. Ad eum sensum detorsit Plutarchus, quod Circe eadem virga mentem adimit ac reddit, pecudes facit et homines. Extat apud Graecos hic senarius proverbialis :
Σὸν αὐτὸν αἰνεἶν καὶ ψέγειν ἀνδρὸς κακοῦ, id est
Laudare eumdem carpereque viri est mali.
…
Hay algo parecido en la la epístola que se atribuye a Santiago apóstol: ”Ἐκ τοῦ αὐτοῦ στόματος βρύει τὸ γλυκὺ καὶ τὸ πικρόν », es decir: “de la misma boca emana dulce y amargo”. En el segundo libro de Plinio se cuenta que hay en Dodona un manantial más que prodigioso, que siendo muy frío apaga las antorchas, si alguno las sumerge en el fuego; y si dentro se las remueve apagadas, las enciende. Estas cosas se pueden extrapolar a los retóricos, que lo mismo saben alabar como reprochar, enaltecer y exaltar. También a los jurisconsultos, que ahora defienden una causa, ahora la atacan. En este sentido la tomó Plutarco, que hace que Circe con la misma vara mágica quite la razón y la restaure, haciendo de los hombres ganados y de los ganados hombres. Entre los griegos existe frase proverbial:
“Alabar y culpar al mismo hombre muestra al bribón”.
Hans Holbein, dibujo en tinta al margen del «Elogio de la locura»: «nuestros teólogos andan dedicados a las argucias dialécticas»
Por último, Erasmo cita a Ateneo (4.182d) y de nuevo los «Problemas» de Aristóteles (19.18 y 19.39) en donde hablan de un instrumento musical, el magadis o palaiomagadis, que produce al mismo tiempo notas altas y bajas.
***
A mí este adagio, así como el apólogo, que comenta Erasmo, me hacen también pensar en todas esas formas de justificar contradicciones del discurso humano (de ese soplo de la boca de una misma persona) por las que alguien que afirma solemnemente que no hará algo, o que no se asociará con alguien, e incluso (como oí hace tiempo a un prominente responsable actual de nuestros destinos patrios) que hacerlo sería una pesadilla difícil de sobrellevar y sería traicionar los propios principios de conducta, andando el tiempo hace lo que dijo que nunca haría o se asocia para conseguir sus propósitos con aquellos con los que dijo que nunca se asociaría.
Pero esta es otra historia que me encantaría comentar con el viejo Erasmo, si ello posible fuera… pues además de todo lo que expuso en «Stultitia laus», quizás hoy no tendría que ir muy lejos para reunir materia abundante de una obra titulada «Nequitia laus».
Hans Holbein, dibujo en tinta al margen del «Elogio de la locura»: «Stultitia loquitur»
En poco más de una semana, héteme aquí, emigrado desde el mare nostrum a las latitudes del hielo, donde la naturaleza hiberna, trashumante crónico en dirección opuesta a los rebaños.
Para las navidades blancas, nada como los parajes del norte escandinavo.
Y ya que cerca de los hielos me aposento, he elegido dos adagios comentados por Erasmo, en los que el frío es protagonista. Hoy es ya domingo y no me queda mucho tiempo ni el catarro me deja muchas energías, así que les voy a ofrecer el corto, dejando para otro día invernal el más largo (*).
Vamos pues a ello:
Colubrum in sinu fovere
Nutrir una serpiente en el regazo
Adagio IV, II, 40
Ὄφιν ἐν τᾫ κόλπᾩ θάλπειν»,
id est,
Serpentem in sinu fovere,
dicitur qui complectitur amore studioque
prosequitur hominem ingratum,
et aliquando per occasionem nociturum.
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Sumptum est ab apologo quodam, qui Aesopi nomine fertur.
Eum Gabrias quidam iambis expressit in hunc modum :
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Ἔθαλπέ τις γεωργὸς ἐν κόλποις ὄφιν
Ὡρᾳ κρύους· ἐπεὶ δὲ θέρμης ᾔσθετο,
Ἔπληξε τὸν θάλψαντα κἄκτεινεν τάχος.
Οὕτω κακοὶ ποιοῦσι τοὺς εὐεργέτας,
id est,
Sinu fovebat quidam agricola viperam
Gelu rigentem ; at haec calorem ut senserat,
Ferit foventem moxque perimit vulnere.
Ingrati ad hunc benemeritos tractunt modum.
.
Est et alter apologus, de gallina fovente serpentis ova, quam admonet hirundo, ne in suam perniciem foveat.
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Les Adages d’Érasme, présentés par les Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), 2010, pp. 2074-2075,la traducción que sigue es mía.
De mi televisor el 10 de diciembre (TV 4, Suecia)
Así se dice de alguien que abraza con amor y cuida solícito de un hombre ingrato, quien finalmente se aprovecha para hacerle daño.
La fábula se atribuye a Esopo y fue un tal Gabrias quien la compuso en verso yámbico:
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Un cierto granjero cuidaba en su seno a una víbora
que estaba helada de frío; la que al sentir el calor
mordió a su cuidador, que herido pronto pereció.
Así tratan los ingratos a quienes les favorecen.
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Hay otro apólogo que habla de una gallina que incubaba un huevo de serpiente, a la que una golondrina previno de que abrigarlo le perjudicaría.
Esopo 176 y 192 de la edición de Perry
Notas:
(*) Les adelanto el segundo: Ex eodem ore calidum et frigidum efflare, es decir «Por la misma boca soplar caliente y frío».
Hubo un tiempo en que no había ni un sistema de las Ciencias, ni Metafísica, ni telescopios, pero los seres humanos ya buscaban explicaciones, esperanzas, protecciones, había mitos, se concebían dioses.
Érase una vez, cuando en latitudes dispares del planeta el sol encarnaba la constancia, era entre todos los dioses el que traía la luz y el calor cotidianamente. De tal modo que en muchos lugares y entre las múltiples divinidades fue considerado el Dios mayor.
Elucubraciones estas mías nada originales, pero es que hace pocos días salí a caminar por la orilla del mar antes de que la gran esfera, con esa forma que según Parménides englobaba todo lo que es, llegase a la cita.
No era yo el único en esta orilla.
Pescador madrugador. Foto R. Puig
Hay un poema de Vicente Aleixandre en que el sol «se alza sobre las frentes» y es el poeta quien canta por todos.
Cuando en la Marina Alta, el sol se alzaba poco antes de las ocho de la mañana pensé en compartir este poema:
I Allí están todos, y tú los estás mirando pasar. ¡Ah, sí, allí, cómo quisieras mezclarte y reconocerte!
El furioso torbellino dentro del corazón te enloquece. Masa frenética de dolor, salpicada contra aquellas mudas paredes interiores de carne. Y entonces en un último esfuerzo te decides. Sí, pasan.
Todos están pasando. Hay niños, mujeres. Hombres serios. Luto cierto, miradas. Y una masa sola, un único ser, reconcentradamente desfila. Y tú, con el corazón apretado, convulso de tu solitario dolor, en un último esfuerzo te sumes. Sí, al fin, ¡cómo te encuentras y hallas! Allí serenamente en la ola te entregas. Quedamente derivas. Y vas acunadamente empujado, como mecido, ablandado. Y oyes un rumor denso, como un cántico ensordecido. Son miles de corazones que hacen un único corazón que te lleva.
II Un único corazón que te lleva. Abdica de tu propio dolor. Distiende tu propio corazón contraído. Un único corazón te recorre, un único latido sube a tus ojos, poderosamente invade tu cuerpo, levanta tu pecho, te hace girar las manos cuando ahora avanzas. Y si, te yergues, si un instante levantas la voz, yo sé bien lo que cantas. Eso que desde todos los oscuros cuerpos casi infinitos se ha unido y relampagueado, que a través de cuerpos y almas se liberta de pronto en tu grito, es la voz de los que te llevan, la voz verdadera y alzada donde tú puedes escucharte, donde tú, con asombro, te reconoces. La voz que por tu garganta, desde todos los corazones esparcidos, se alza limpiamente en el aire.
III
Y para todos los oídos. Sí. Mírales cómo te oyen. Se están escuchando a sí mismos. Están escuchando una única voz que los canta. Masa misma del canto, se mueven como una onda. Y tú sumido, casi disuelto, como un nudo de su ser te conoces. Suena la voz que los lleva. Se acuesta corno un camino. Todas las plantas están pisándola. Están pisándola hermosamente, están grabándola con su carne. Y ella se despliega y ofrece, y toda la masa gravemente desfila. Como una montaña sube. Es la senda de los que marchan. Y asciende hasta el pico claro. Y el sol se abre sobre las frentes. Y en la cumbre, con su grandeza, están todos ya cantando. Y es tu voz la que les expresa. Tu voz colectiva y alzada. Y un cielo de poderío, completamente existente, hace ahora con majestad el eco entero del hombre.
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Vicente Aleixandre, Historia del corazón, Madrid, Espasa Calpe 1954, pp. 63 – 67
Al mismo tiempo sigo pensando en los millones de ucranianos martirizados lejos de aquí, en esos corazones que hacen un único corazón que me lleva a ellos. Se cumplen este año nueve décadas del inicio de aquel otro genocidio ejecutado por la Rusia Soviética, el Holodomor, matando sistemáticamente por hambre a millones de ucranianos.
Otro dictador totalitario emula hoy a Stalin con una masacre de civiles y arrasa de nuevo Ucrania, esgrimiendo similares pretextos y mentiras. No sé qué puedo hacer por sus víctimas desde aquí, salvo interpelar a quienes todavía dudan sobre la responsabilidad del genocidio que Putin y su camarilla están perpetrando.
Los textos y las fotos (R.Puig), salvo mención contraria, son propiedad intelectual del autor del blog, que no se opone a su uso o difusión, pero que pide y agradece que se cite su procedencia mediante enlace con esta fuente o su cita apropiada.
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