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Breverías erasmianas (XLVII): “Ut fici oculis incumbunt” (Como las verrugas se pegan a los ojos)

20 junio, 2021
Hans Holbein, el joven, Dibujo al margen del Elogio de la locura

“Ut fici oculis incumbunt”

Como las verrugas se pegan a los ojos

Adagio II, viii, 65

De nuevo Erasmo entra en materia política en uno de los comentarios a los adagios clásicos. Tan corrosivo era su texto que en el “índice expurgatorio de los libros” de Benito Arias Montano (1571) se censuró con tal ahínco que quedó reducido a escasas cuatro líneas, las del final del comentario:

No obstante, yo creo que en este adagio el término «higos» se refiere a un tumor endurecido que brota en las cuencas oculares, que aunque es molestísimo no se puede extirpar sin riesgo, pues está muy cerca del ojo, que es un órgano muy reacio a toda molestia o trata­miento. Este adagio se menciona en Suidas.

Opinor autem ficos hic dici rigidum tumorem innascentem genis oculorum ; ea res, cum molestissima sit, tamen non sine periculo tollitur, quod oculo immineat, parti vexationis et tractatus impatientissimae. Adagiimentionem facit Suidas.

Era inevitable que el durísimo alegato de Erasmo contra los gobernantes de los reinos europeos de su época no fuese tolerable para el censor de Felipe II y el Duque de Alba en los Países Bajos del Sur, en el siglo XVI, pues los caracterizaba como una enfermedad que entonces no tenía cura: las verrugas que como tumores surgen en los párpados y en los márgenes del ojo.

Parece ser que el texto lo redactó Erasmo en 1517, cuando se firmaban tratados como el de Cambrai (marzo de 1517) con el pretexto de la “pacificación” de Italia y la cruzada contra el Turco, y en realidad, como el humanista intuía, de lo que se trataba era de ganar tiempo para rearmarse para las guerras entre las potencias de la época que asolaron Europa.

Además, como ya publiqué hace años en mi introducción a este texto, también se alude a la pesada carga que esas políticas suponían para los ciudadanos europeos de entonces.

Este adagio refleja la rebeldía de Erasmo en consonancia con la rebeldía civil de muchos de sus cote­rráneos hartos de impuestos y de despotismo. Así pues, todo parece indicar que este adagio lo escribió poco antes de que, desengañado pero independiente, decidiera distanciarse de la gran política y renunciara a embarcarse en el viaje que el archiduque Carlos emprendía en 1517 para tomar posesión del reino de España y convertirse en Carlos I. Erasmo se quedará pues en Lovaina, hasta que, cuatro años des­pués, el recrudecimiento de la campaña en su contra de teólogos, frailes e incipientes inquisidores le animase a cambiar de aires y a mudarse hacia lugares más libres y menos peligrosos.

Adagios del poder y de la guerra y Teoría del Adagio. Madrid, Alianza Editorial, Bolsillo Filosofía, 2008, pags. 308-309

Estas excrecencias pegadizas son la metáfora de aquellos gobernantes que se pegan al sillón y se hacen reelegir una y otra vez con métodos, alianzas y pretextos varios. Todo les parece justificado con tal de mantenerse en el poder. La verdad es que sigue conservando toda su actualidad pues, si en los oftalmólogos las tratan hoy con éxito, los seres humanos siguen penando para quitarse de los ojos esos quistes pertinaces de la política.

Pero vengamos al texto erasmiano, en la que expresa las analogías que su época le suscita…

Y no estará en modo alguno fuera de lugar que lo apliquemos a esos que, aunque siendo nocivos e inaguantables, no pueden ser extirpados sin que se cause un gran daño….

Accomodabitur haud quaquam inepte et in hos, qui cum graves sint et intolerabiles, tamen avelli non queunt nisi magno malo.

….no hay ningún senado, ninguna magistratura, ninguna religión, ningún sector del Estado donde ellos no hayan penetrado con ágiles raíces, a modo de una peste que se difunde por las venas de todo el cuerpo. Sin duda han advertido, pues tienen ojos e inteligencia sólo para hacer daño, que la única áncora de salvación pública que resta es que la concordia honesta de ciudades y ciudadanos restrinja el poder del tirano; por eso, deshacer esa concordia es su ocupación primordial. Intuyen que su autonomía se reduce al mínimo en tiempo de paz, pues los asuntos públicos funcionan mediante leyes y asambleas, no por engaños y armas; en consecuencia, tratan por todos los medios de que el pueblo no goce de la paz pública

…nullus est senatus, nullus magistratus, nulla religio, nulla reipublicae pars, in quam actis radicibus illi non penetrarint ceu pestis per omnes corporis venas sparsa. Siquidem animadverterunt hoc homines tantum ad nocendum oculati cordatique, unam hanc ancoram superesse publicae incolumitatis, si civium et civitatum honesta concordia tyrannis potentium coerceatur ; hanc igitur in primis dirimere cura est. Sentiunt in pace minimum sibi licere, cum res legibus et consiliis agitur, non dolis aut armis ; proinde modis omnibus id agunt, ne populus publica pace gaudeat

El alegato de Erasmo es uno de los más duros, de entre los que salieron de su pluma, contra los príncipes y los religiosos mendicantes que gozaban de gran influencia en las cortes de la época. Las cosas han variado y ya no vivimos sometidos a los sistemas de gobierno y los excesos del poder eclesiástico de entonces, pero que aferrarse al poder con todos los medios y pretextos sea una enfermedad recurrente basta con mirar alrededor para constatarlo.

Siempre que no nos lo impidan unas verrugas en los ojos…

“Gaudeamus omnes”, Sebastian Brant, La nave de los necios,1494, xilografía atribuida a Durero

Notas:

El texto latino procede de  Les Adages d’Érasme, présentés par les Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), 2010, págs. 1352-1355. La traducción es mía.

La traducción castellana es la que hice para mi edición de Erasmo de Rotterdam, Adagios del poder y de la guerra y Teoría del Adagio. Primera edición en Valencia, Pre-Textos, 2000 y segunda en Madrid, Alianza Editorial, Bolsillo Filosofía, 2008.

***

Apendice

Este comentario de Erasmo al adagio que extrae y glosa de Aristófanes me ha parecido que merece reproducirse aquí en su integridad, pues es un ejemplo de como quien fue llamado el príncipe de los humanistas se las gastaba con los abusos de poder y las corruptelas de su época. Además, lo hacemos insertando el símbolo <<…>> para acotar todo lo que la censura político-eclesiástica de entonces consideró indeseable para los ojos de los lectores.

A continuación mi versión castellana del texto latino de Erasmo con mis notas:

Como las verrugas se pegan a los ojos

Ut fici oculis incumbunt (1)

Como verrugas que nacen en el ojo, es lo que se decía de aquellos que eran pertinaces en urgir e insistir a favor de algún asunto particular. La comparación se toma de los higos (2) o verrugas, que como una excrecencia brotan junto a los ojos y no se pueden extirpar fácilmente sin dañar a la vista. Aristófanes dice en Las ranas (3):

Es como una verruga que se pega al ojo (4).

<< Y no estará en modo alguno fuera de lugar que lo apliquemos a esos que, aunque siendo nocivos e inaguantables, no pueden ser extirpados sin que se cause un gran daño. Ojalá que no hubiese ni existiesen jamás príncipes y validos de esta clase que, aunque son insaciables en su codicia, totalmente corrompidos por la lujuria, funestos por su crueldad, inhumanos en la tiranía, auténticos enemigos y saqueadores del bien público, guarnecidos para causar la ruina pública no sólo con sus ejércitos y riquezas sino también con artimañas nuevas que ni Dionisio ni Falaris jamás imaginaron, a pesar de todo eso están tan adheridos, tan encima, tan pegados al pueblo, que no es posible ni aguantarlos ni extirparlos. Hasta el extremo de que no hay ningún senado, ninguna magistratura, ninguna religión, ningún sector del Estado donde ellos no hayan penetrado con ágiles raíces, a modo de una peste que se difunde por las venas de todo el cuerpo. Sin duda han advertido –pues tienen ojos e inteligencia sólo para hacer daño– que la única áncora de salvación pública que resta es que la concordia honesta de ciudades y ciudadanos restrinja el poder del tirano; por eso, deshacer esa concordia es su ocupación primordial. Intuyen que su autonomía se reduce al mínimo en tiempo de paz, pues los asuntos públicos funcionan mediante leyes y asambleas, no por engaños y armas; en consecuencia, tratan por todos los medios de que el pueblo no goce de la paz pública. Comprenden que la base de la prosperidad de una nación estriba en tener un príncipe íntegro, sensato y vigilante, es decir, un verdadero príncipe; por ello sus tutores se emplean a fondo para que el príncipe nunca madure como hombre. Sus validos, esos que se ceban de las desgracias públicas, se esfuerzan en afeminarle lo más posible a base de placeres y en que no aprenda nada de lo que conviene que un príncipe aprenda. Arden las aldeas, se arrasan los campos, se saquean los templos, se masacra a ciudadanos inocentes, se revuelve lo sagrado y lo profano, mientras que al mismo tiempo el príncipe juega a los dados, baila, se divierte con bufones, caza, se enamora, bebe. ¡Oh estirpe de los Brutos hace tiempo ya extinta! (5) ¡Oh rayo de Júpiter ahora ciego o embotado! Porque no hay duda de que estos corruptores de príncipes habrán de rendir cuentas ante Dios, aunque será tarde para nosotros.

Mientras tanto hay que aguantarlos, no sea que a la tiranía le suceda la anarquía, un mal casi más pernicioso, como se ha comprobado con las experiencias de varios estados; y además los desórdenes que han surgido recientemente entre los campesinos de Alemania nos enseñan que la brutalidad de los príncipes es un poco más tolerable que la anarquía que todo lo trastorna (6). Por un lado, es verdad que los rayos aterran a todos, pero no hieren a muchos; por el contrario, cuando el mar inunda no perdona nada, todo lo altera, todo lo arrolla (7).

Por otra parte, lo que los validos perversos son al Estado, eso quizá son a la Iglesia algunos miembros de estas Órdenes que el vulgo llama mendicantes. No acuso a los piadosos ni ataco a la Orden religiosa, denuncio a los malos, que en todas partes son el tropel mayor (8). Son estos los que de tal modo se han infiltrado en todo el cuerpo del Estado que casi nada se puede hacer sin ellos. Reinan en la predicación desde los púlpitos, que es función peculiar de los obispos. Han impuesto su tiranía en las cátedras, que es la función que le sigue en importancia. Son ellos los que administran los sacramentos de la Iglesia y si ejercemos el sacerdocio es con su venia. Ellos, con más severidad que los censores, juzgan del nivel de la fe que uno profesa: ‘Éste es cristiano, éste semicristiano, éste hereje, éste medio hereje’. En su regazo depositan las gentes los ocultos actos de sus vidas y los más secretos pensamientos de sus corazones (9). Ni con eso se dan por satisfechos: no hay alianza que los príncipes establezcan en la que ellos no tomen parte activa; sin ellos nadie contrae matrimonio; en los concursos teatrales y en los sorteos públicos ellos ostentan la presidencia y componen el jurado, hasta ese punto llega su falta de vergüenza; finalmente ni morirse puede uno sin su permiso. No hay corte principesca en la que no pululen. Si los príncipes han decidido alguna acción inconfesable, son ellos los que la ejecutan. Si los romanos pontífices maquinan algo que se aparte un poco de la santidad apostólica primigenia, para esa misión recurren sobre todo a ellos. Ya sea que se trate de una guerra, de un tumulto, de algún tipo de exacción, de conceder una indulgencia no del todo decente, en este tipo de historias son ellos los primeros en actuar. Mientras tanto engañan a las gentes humildes con su apariencia de santidad. Los sacerdotes, comparados con ellos, no son sacerdotes, los obispos les dan su confianza y duermen por ambas orejas (10). La grey, privada de sus verdaderos pastores, es despedazada por una doble clase de lobos, pues los obispos se comportan como tiranos, mientras tampoco éstos son pastores, sino bandidos de otro tipo. De nuevo advierto que no critico a los que son piadosos ni a su Orden, pues los que de entre ellos son integérrimos suelen deplorar las mismas cosas que yo deploro. A las abejas les está permitido expulsar de vez en cuando a sus zánganos, que aunque son ladrones no tienen aguijón; a estos zánganos, que tienen más aguijón que cualquier tábano, ni los reyes ni los sumos pontífices pueden apartarlos de los asuntos públicos sin gran ruina de la religión Cristiana, hasta ese punto sus cuadrillas se han fortificado, a tal punto han ocupado todo el mundo con sus ciudadelas y su gente y construyen nuevos nidos cada día, con el pretexto –naturalmente– de que la religiosidad de los monasterios fundadores, en cuya fama se basaron sus orígenes, se ha extinguido, como si aquella pureza –si de verdad existió– no se hubiese extinguido al poco tiempo (11). El resultado es que el mundo entero es asaltado por monásticas bandas impías y ociosas, que a los príncipes despojan de su pueblo, a los obispos de su grey y a la gente de su pastor, y que la pureza y la libertad de la religión cristiana desemboca paulatinamente en ceremonias judaicas (12). Y se ha vuelto muy difícil aclarar cuál de ambas opciones es peor para el Estado, si la concordia, o si la hostilidad entre los malos príncipes, pues si se hacen la guerra la hacen para gran daño del pueblo, pero si se ponen de acuerdo traman la ruina pública. De modo y manera que no sabes qué elegir entre ambas opciones, mejor dicho, cuál de ambas es la más detestable, si el consenso de estos príncipes entre sí o su mutua discordia, pues ambas cosas conducen al mal público.>>

No obstante, yo creo (13) que en este adagio el término higos se refiere a un tumor endurecido que brota en las cuencas oculares, que, aunque es molestísimo, no se puede extirpar sin riesgo, pues está muy cerca del ojo, que es un órgano muy reacio a toda molestia o tratamiento. Este adagio se menciona en Suidas.

(Erasmo de Rotterdam, Adagios del poder y de la guerra y Teoría del Adagio, edición y traducción de Ramón Puig de la Bellacasa, Valencia, Pre-Textos, 2000 y Madrid, Alianza Editorial, 2008)  

Notas al texto

1.          Adagio 1765 (II viii 65).

2.          Un «higo» puede ser «una excrecencia, generalmente de origen venéreo, que se forma alrededor del ano» (María Moliner). En Francia una acepción antigua de «higo» es la de una verruga de las vacas y los caballos.

3.          Las ranas, 1247.

4.          Aristófanes alude a un estribillo pegadizo y repetido sin cesar por uno de los protagonistas. Para aventurar que «ojo» puede tener un doble sentido y aludir al «ojo del culo» (ver nota anterior) habría que tener mayores conocimientos que los de este traductor sobre Aristófanes y sobre el griego clásico.

5.          Esta invocación se interpretó, sobre todo en Alemania, como una justificación del tiranicidio.

6.          En el textus receptus Erasmo tiene presentes las guerras campesinas del sur de Alemania en 1525. Pero en el primero, el de 1517, según lo que dice Mynors en la edición inglesa de Toronto, el texto aludía al belicismo de los suizos, fieros mercenarios en todas las guerras de la época; una nación –dice Erasmo– que «aunque hace tiempo que ha exterminado o enviado a los nobles al exilio ellos mismos se han convertido ahora con su ejército en una amenaza para el mundo».

7.          La metáfora del mar que invade la tierra, reminiscencia de su tierra de Holanda, es frecuente en Erasmo.

8.          Quae máxima turba est (Eneida, VI,111).

9.          Erasmo alude al sacramento de la confesión como verdadero instrumento de control del pueblo.

10.        In utramvis dormiré aurem (I viii 19). El adagio tiene el sentido de dormir con entera confianza, es decir de estar libre de preocupaciones.

11.        Erasmo no cree que las corrientes reformadoras que crean nuevos monasterios de estricta observancia vayan a mejorar la conducta de los frailes.

12.        Erasmo veía el judaísmo como una religión de prácticas y ceremonias externas que habían sido superadas por el cristianismo, que él considera una religión más interior. La «Filosofía de Cristo» erasmiana implica precisamente el desenmascaramiento de la apariencia.

13.        Erasmo –como si no hubiera dicho nada– concluye con ironía retrotrayendo el adagio a su puro significado fisiológico.

Portada de los Adagios en la edición veneciana de Aldo Manuzio en 1508 (Wikipedia)
8 comentarios leave one →
  1. 20 junio, 2021 09:01

    Bravo, Ramón, No conocía tu libro sobre Erasmo, gracias.

  2. Germán M. permalink
    20 junio, 2021 18:04

    Gracias Ramón por hacernos participar y deleitarnos con este adagio tan particular!
    Estuve hace unos días en la Maison d’Erasme en Anderlecht; daba la casualidad de que se alojó allí hace ahora justo 500 años… La verdad, me quedé algo decepcionado: me esperaba más material sobre él, más intensidad intelectual y mucha más sabiduría acumulada! La casa es bonita, pero le falta contenido. Los jardines, eso sí, son un oasis en medio del bullicio de ese barrio obrero e industrial que es todavía Anderlecht, sobre todo en un día de calor soporífero como el que hacía en Bruselas.

    Ubi amici, ibi opes!

    Un abrazo,

  3. 21 junio, 2021 00:02

    Gracias a ti Germán.
    El símil del oasis para la Maison d’Erasme se puede también aplicar a los seminarios y conferencias en los que en mis años de Bruselas tuve ocasión de participar (incluso di una charla sobre los dibujos de Holbein en un ejemplar del Elogio de la locura). A parte de los expertos, venía un público muy interesado y multidisciplinar.
    La principal riqueza de la casa, que el visitante no ve pero el estudioso puede consultar, es su excelente y arcana biblioteca con ediciones “princeps” de obras de Erasmo y ediciones de los siglos de difusión de su obra en Europa, sobre la edad del Humanismo en general y sobre los comienzos de la Imprenta y los impresores de la época. Recuerdo seminarios con los mejores especialistas no sólo en las ediciones de la obra de Erasmo, sino también sobre Calvino y otros polígrafos de del siglo XVI. Sin mi relación con todo ello y con los profesores que a través de la Casa conocí en Bruselas, en Lovaina, Francia, Inglaterra, Canadá, Suiza, etc. no habría disfrutado de mis horas libres dedicadas a la obra de Erasmo y no habría traducido y editado sus textos.
    Con las contribuciones y cuotas de la asociación de “los amigos de la Casa de Erasmo” (de la que soy miembro) se van enriqueciendo los fondos de la biblioteca con ediciones del s. XVI e incluso de incunables de los albores de la edición europea. Por una modesta suma anual puedes recibir los programas de actividades doctas, así como de conciertos y coloquios. Es cierto que la materia expositiva que aparece en las salas de la Casa es reducido, pero lo que no se aprecia en una visita es lo mejor de la Maison, aunque los cambios en la Dirección hayan variado los acentos que predominan en las actividades abiertas al público en general. El director de “mi época”, Alexandre Vanautgaerden, belga, cambió de destino, lo ficharon para dirigir las bibliotecas de la ciudad de Ginebra, donde ha estado trabajando más de diez años en el cargo. Recientemente se ha mudado a la Universidad de Tours, trabajando para el CESR de dicha universidad en proyectos de “Intelligence des patrimoines”. Hemos escrito algunas cosas juntos y es un buen amigo de aquellos años en que tuve la suerte de descubrir la obra de Juan Luis Vives y de Erasmo.
    Un abrazo fuerte.
    Ramón

  4. Germán M. permalink
    27 junio, 2021 10:44

    Con tus aclaraciones Ramón se entiende perfectamente lo engañoso de las impresiones, una vez más! Aunque pienso que debería haber alguna referencia a esos fondos bibliotecarios tan valiosos.
    Difficilia que pulchra.
    Un abrazo,

  5. Bernardo Regal permalink
    30 junio, 2021 07:40

    El problema no está en que el gobernante esté cada vez más apegado al mando sino en cómo buscamos uno mejor….!!!

    • 30 junio, 2021 09:32

      Tienes razón, además la cosa se agrava cuando el apegado a la poltrona, encarcela a los pocos mejores que se oponen a él…

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