Este sábado pasado hizo buen tiempo en Roma. Sacudiéndome el miedo a las multitudes turísticas, me fui “de museos”. Empecé por Palazzo Venezia (en cuyas salas reinan la paz y las sorpresas) y en cuya sede se puede ver la exposición la bottega di Caravaggio, así como un exhaustivo estudio de sus cuadros sobre la vida de San Mateo de la capella Contarelli. Luego pasé a la mostra Ritratti, le tante faccie del potere en el Palazzo dei Conservatori de los museos capitolinos, de la cual, siguiendo la saga de la Fisionomías, hablaremos otro día.
Los pies no me permitieron seguir con la exposición de Lorenzo Lotto, pero todo se andará.
Escalinatas palaciegas
Subiendo a las salas del Palazzo Venezia se me ha ocurrido decir algo sobre el arte del subir y bajar, o del ascender y el descender. Puede que por ello las escalinatas nos fascinen, por ser metáfora de la vida. Sin mayores comentarios, he recogido algunas fotos mías de escalinatas palaciegas de Roma y alrededores.
La armoniosa escalinata de Borromini de acceso a la Galería del Palacio Barberini (siglo XVII), en lo alto de la cual nos espera la dulce Fornarina, que con amor pintó Rafael.
Por las escalinatas del siglo XV del Palazzo Venezia (atribuido a Gian Battista Alberti) subía, puede que a paso de oca, Mussolini. Digamos sin embargo que antes y después subieron gentes más dignas. Aunque agún maleficio parece aún flotar por sus rellanos.
No obstante en el segundo piso nos esperan dos vírgenes en madera que, también con amor, tallaron artistas italianos del siglo XV, o una señora francesa del XVIII. Si había un maleficio, aquí no llega.
Estas escalinatas en su último piso, abriendo un ventanuco bajo los aleros del palacio (¡cerradlo bien luego!), nos permiten asomarnos a la vía del Plebiscito.
Villa Adriana
Y –vanitas vanitatum– desprovistas de mosaicos, mármoles y bóvedas pintadas y, a causa de un expolio de siglos, reducidas a humilde ladrillo y argamasa, nos esperan las escalinata, por las que, junto al soberbio triclinio (el antes llamado Serapeo) del estanque del Canopo en Villa Adriana (Tívoli), subían el emperador Adriano y sus cultos invitados…
Supongo que por aquí vino a inspirarse Marguerite Yourcenar para sus Memorias de Adriano. Si no las habéis leído, conviene hacerlo si es que pensáis venir a la Villa Adriana (ayer domingo le dediqué más de tres horas con gran enojo de mis pies pero deleite de la mente)
Foto de boda y pretorianos en el Campidoglio
Pero la vida sigue y sobre la escalinata del Campidoglio que diseñó Miguel Angel los novios se hacen la foto
Además de parejas de recién casados, el sábado, también en el Campidoglio, una cohorte de pretorianos y vestales era recibida por un representante del Ayuntamiento de Roma ante el Palazzo Senatoriale. El grupo Pactum había desfilado así desde el Esquilino
Ahora que los estudios de cine de Cinecittà están de saldos, hacerse con un completo equipo de pretoriano resulta seguramente más asequible, aunque no resulte tan fácil ajustárselo
Italia, ciento cincuenta años de unidad

Ambrogio Lorenzetti, Alegoría del Buen Gobierno
Italia fue cuna de las ideas y de la gobernanza democráticas en sus ciudades estado desde el siglo XIV. Una representación pictórica de estos planteamientos es la serie de frescos de la «Allegoria del Buono e del Cattivo Governo» (Alegoría del buen y del mal gobierno) realizados por Ambrogio Lorenzetti entre el 1337 y el 1339 en la Sala dei Nove del Palazzo Pubblico de Siena. Es una de las primeras obras de carácter laico de la Italia cristiana y probablemente el primer paisaje urbano y campestre de la pintura italiana (ver el extenso examen de esta obra en Quentin Skinner, El artista y la filosofía política, Madrid, Trotta, 2009)
Faltaban cinco siglos y muchas guerras, propiciadas en su mayoría por los malos gobiernos, para que se pusiese en marcha el impulso patriótico de la Unidad de Italia, de la cual se celebra hoy el 150 aniversario.
La lucha por la unidad italiana y sus protagonistas no son desde luego entes ideales (leer El cementerio de Praga de Umberto Eco) y tampoco la conciencia y la cohesión en torno a un proyecto colectivo es hoy tan airosa como las gentes de Italia se merecen (no es en todo caso la única nación europea que siente esta carencia). Pero, hay muchas cosas que son propias de Italia y de los italianos, mal que le pese al estrambótico inventor de la Padania, Umberto Bossi, y sus colegas de la Lega Nord (paradójicamente del norte salieron los expedicionarios que acudieron a Roma a recuperar los Estados pontificios y al sur de Italia a liberarla de los borbones). Y el caso Berlusconi será recordado pronto como una pesadilla y una enfermedad de la democracia, al menos es lo que el autor de este blog y muchísimos italianos esperan.
Hay actos y celebraciones por todo el territorio nacional. En Roma se puede ver el Colosseo revestido con una gran bandera y el Vittoriano iluminado también con los colores de la tricolor.
Por mi parte, deseo a esta admirable nación y a los creativos, amables e industriosos italianos un aniversario que genere esperanza y cambio. Al fin y al cabo, en lo bueno y en lo malo, los españoles nos sentimos aquí como en casa.
¿Qué pinto en Roma?
Mi amigo Jesús Chover me ha sugerido que, además de pasearme y desvariar en este blog, ya es hora de enseñar lo que de veras estoy pintando en Roma. Como de pequeño aprendí que debemos hacer lo que Jesús nos dice, voy a someter paulatinamente a vuestro ojo crítico lo que de mi mirada y pincel sale durante mi estancia en la ciudad eterna. Empiezo con una imagen característica de Roma.
El tema del lungotevere ha sido la materia de uno de mis primeros cuadros en la Accademia di Belle Arti de Roma (Acrílico y óleo sobre tela, 120 x 80 cm)
Mi profesor de III año de pintura es Giuseppe Modica, natural de Sicilia, pintor consagrado con un largo curriculum de exposiciones en Italia y en muchos otros países, excelente y exigente maestro, que respeta y apoya la evolución y el estilo personal del alumno. Para saber sobre su obra: http://www.giuseppemodica.com/
Lungotevere
Lungotevere se llama a las avenidas que bordean el Tíber por ambas riberas. Una de las primeras medidas urbanísticas en la Roma de la Italia unificada fue ponerle al río unos muros o parapetos (muraglioni) a lo largo de su paso por la ciudad.
Las crecidas periódicas (piene) eran la pesadilla de los romanos. La terrible inundación de diciembre de 1870 fue interpretada por Pío IX como un castigo de Dios a las impías tropas italianas que habían conquistada Roma para la Italia unida en el mes de setiembre. La respuesta de Garibaldi fue proponer al parlamento en 1871 el proyecto de los murallones de contención del Tíber, que se concluiría en 1926 y que desde entonces han evitado las catástrofes de sus inundaciones seculares.
Estos muros están construidos con grandes bloques de pietra travertina o travertino (el lapis tiburtinus de los romanos), que se extrae de las canteras junto al Aniene, afluente del Tíber, cerca de Tívoli (Tibur en la antigüedad). Esta piedra calcárea es la misma que ha dado cuerpo a todos los edificios de Roma desde el tiempo de sus primeros reyes, pasando por las obras de los romanos, los papas y el fascismo, hasta la Italia de hoy.
Por arriba, por los lungotevere, circula el tráfico frenético de la ciudad. Por abajo, casi al nivel del agua y al pie de los muros, se puede caminar a pie y en bicicleta, por sus anchos marciapiedi, o embarcarse en una piragua en uno de sus clubes de remo flotantes. Cuando hay crecida (una o dos veces por año) estas anchas aceras son las primeras en inundarse.
Basta asomarse a cualquiera de los puentes de Roma para contemplar las curvas del río embridado por estos muraglioni. Son una de las imágenes más características de la ciudad eterna, no mirando hacia el cielo sino hacia el agua del río adjetivado flavus y flavum por Virgilio y Horacio respectivamente, a causa de ese ancestral color amarillento terroso producido por los sedimentos arenosos que acumula y transporta a lo largo de su curso
De cisnes y otras aves
He leído que los cisnes de Siberia hibernan en el Gloucestershire en Inglaterra. No así los cisnes que se quedan en el canal de Gotemburgo, pasando de un témpano de hielo a otro como si tal cosa; o al menos este que el pasado domingo se acercaba al borde con la esperanza de que yo llevase algo de pan en mis bolsillos.
‘No le tuerzas el cuello al cisne’
A la vista de estos jinetes de las ondas me vienen a menudo a la memoria unos versos del mejicano Enrique González Martínez, que nos comentaban en clase de literatura cuando estudiábamos la evolución del movimiento modernista, pues simbolizaban la reacción de una nueva generación de poetas contra el preciosismo poético:
Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje
que da su nota blanca al azul de la fuente;
él pasea su gracia no más, pero no siente
el alma de las cosas ni la voz del paisaje.Huye de toda forma y de todo lenguaje
que no vayan acordes con el ritmo latente
de la vida profunda… y adora intensamente la vida,
y que la vida comprenda tu homenaje.Mira al sapiente búho cómo tiende las alas
desde el Olimpo, deja el regazo de Palas
y posa en aquel árbol el vuelo taciturno…Él no tiene la gracia del cisne, mas su inquieta
pupila, que se clava en la sombra, interpreta
el misterioso libro del silencio nocturno.
(Ya se sabe que los artistas y los poetas tienen que ‘torcerle el cuello’ a otros artistas y poetas que les preceden para mostrar que lo que ellos aportan es diferente, original, etc. No basta con que intentemos ser buenos, sino que tenemos que marcar nuestras distancias con los precedentes)
A pesar de que se trate de una metáfora, cuando veo un cisne, no deja de darme grima la imagen elegida por aquel poeta. Entre el ave luminosa de los hielos y su corte de patos o el búho rapaz al acecho de algún ratón, me quedo con este cisne de la tarde del último domingo, al que los ferries que salían al mar a pocas decenas de metros no perturbaban en absoluto.
Cisnes ilustres
Hablando de cisnes, hay otro verdaderamente famoso, el de Leda.
Cuando la reina Cristina de Suecia (cambio de decorado: estamos en Roma) desea mostrar su afecto a su querido cardenal Azzolino le regala el cuadro Leda y el cisne de Correggio. Ya comenté en la entrada que dediqué a la galería Corsini, que una vez que ‘su Leda’ ha muerto aquel ‘cisne de la Iglesia’ la seguirá a la tumba pocos meses más tarde.
Aquel mito de Júpiter que se metamorfosea en cisne para hacerle el amor a Leda ha inspirado infinidad de obras de arte y de poemas, en los que al cisne no se le tuerce el cuello sino todo lo contrario, como en esta poesía de William Buttler Yeats:
LEDA AND THE SWAN
A sudden blow: the great wings beating still
Above the staggering girl, her thighs caressed
By the dark webs, her nape caught in his bill,
He holds her helpless breast upon his breast.How can those terrified vague fingers push
The feathered glory from her loosening thighs?
And how can body, laid in that white rush,
But feel the strange heart beating where it lies?A shudder in the loins engenders there
The broken wall, the burning roof and tower
And Agamemnon dead.
Being so caught up,So mastered by the brute blood of the air
Did she put on his knowledge with his power
Before the indifferent beak could let her drop?
Y una traducción, la publicada por Mariana López Ávalos en su blog dedicado enteramente a este mito:
Una ráfaga súbita: las magnas alas desplegadas
sobre la doncella vacilante, los muslos acariciados
por las negras palmas, en el cuello el pico preso;
indefensa y sujeta pecho contra pecho.¿Cómo pueden esos frágiles dedos aterrados
defender los mansos muslos de la gloria alada?
Y ante ese blanco torrente, un cuerpo así tendido,
¿qué hace salvo sentir el palpitar desconocido?Un espasmo en la entrepierna concibe
el muro caído, el techo y la torre ardiendo,
a Agamenón y su muerte.Tan impotente,
Tan rendida ante el brutal hijo del aire,
¿unió ella al recibirlos el saber y el poder
antes de que el indiferente pico la dejara caer?
http://ledayelcisne.blogspot.com/2008/10/poema-de-william-buttler-yeats.html
Otras aves… de corral
No quiero acabar la entrada de hoy ni en trance ni en forma demasiado solemne, así que comparto con vosotros las imágenes de otras aves, las que tiene en su casa de la huerta de Las Marinas mi amigo Sebastián.
Nos veremos en Roma!
A presto!
Dibújame un borrego… anatomía animal en el Vaticano
No ha sido el principito de Sainte-Exupéry quien me ha pedido que dibuje un borrego, lo he elegido yo, como ya he comentado en una entrada precedente, entre las tareas de Anatomía III en la Accademia di Belle Arti. Tenemos dos condiciones: que se trate de uno de los animales de Animal Farm de Orwell, es decir un animal de granja o ganadería (¿os acordáis de las ‘granjas orwellianas’ de Stalin?), y que los dibujemos directamente a partir de las estatuas de dos especímenes de la sala de los animales del Museo Pío Clementino en los Museos Vaticanos (procurando no perecer de frío en el empeño).
La sala cuenta con una extraordinaria colección que se formó en su mayoría durante el pontificado de Pío VI. Es un zoológico pétreo que sigue las tendencias de la historia natural, tan frecuentada por ilustres botanistas y zoólogos entre los siglos XVII y XVIII.
Los papas ya nutrían hace siglos sus colecciones con la estatuaria que emergía de intensas excavaciones en sus territorios, construían o decoraban sus palacios con los despojos de la arquitectura de Roma y procedían a aumentar las de estatuaria animal, no sólo con las esculturas de época romana sino también con las que encargaban a sus escultores favoritos, muy a menudo a partir de los magníficos grabados de los tratados de historia natural de la época, basada en recopilaciones sistemáticas de las fuentes antiguas y en trabajos de nuevo cuño, a menudo a caballo entre la realidad y la mitología.
¿Pero cómo iba yo a imaginar que al elegir un apacible borrego en mármol me decidía por un ejemplar entre mítico y exótico que quizá nunca pastase en campo alguno?
Digamos que el anónimo escultor del XVIII que lo hizo no se manchó los escarpines con el estiércol de ninguna granja para su boceto.
Vervex Aethiopicus
Muchas esculturas, siguiendo el uso romano, llevan como sustento un pilastrino o un fingido tronco de árbol.
Así que, cuando ya había trabajado un buen rato con el dibujo de mi borrego, descubrí una inscripción en el pequeño pilar en que se apoya su barriga: Vervex aethiopicus – Jonstonus – tab LVIII (es decir Borrego o carnero de Etiopía, tabla LVIII del tratado de Jonstonus)
En la Biblioteca Vaticana
No me podía imaginar que, como un ratón de biblioteca, acabaría siguiendo la pista de las imágenes de este cuadrúpedo en la Biblioteca Vaticana, aunque ahí la calefacción es estupenda y se encuentra el confort de sus renovadas salas de lectura, exactamente lo contrario del frío que impera en la sala de los animales que pone a prueba al sufrido dibujante. De modo que con esa obsesión que caracteriza a los maniáticos de las fuentes y con la ayuda inestimable de mi catedrático de Anatomía Artística, Marco Bussagli, he obtenido mi carnet temporal de la Bibliotheca Apostolica Vaticana o BAV, que me permite entrar diez veces en territorio vaticano por la puerta de Santa Ana, para tener el placer de investigar sobre mi dichoso Vervex y además inspeccionar los kilométricos anaqueles de las salas de lectura que preside Santo Tomás de Aquino. Es de justicia decir que ahí trabaja una restauradora que por su cortesía merece también subir a los altares. Se llama Victoria, es de Palma de Mallorca y es una competente documentalista de la BAV.

Sixto IV nombra a Bartolomeo Platina prefecto de la Biblioteca Vaticana, fresco de Melozzo da Forlì, c. 1477 (Museos Vaticanos).
Si me apuráis un poco, os diría que la experiencia de la renovada BAV me ha reconvertido de forma parcial al creacionismo que nos enseñaron en el colegio, no me cabe la menor duda de que Dios creó las bibliotecas y me voy a hacer devoto de Santa Wiborada, patrona de los bibliotecarios y mártir de los manuscritos, aunque me parece que para ponerle una vela hay que irse a Suiza al monasterio de San Galo ( lo sé por un ameno artículo de Jaime González Martínez en la revista Biblioteca Universitaria de la UNAM de ciudad de México, “Santa Wiborada, mística y mártir, patrona de los bibliotecarios”, vol 8, julio-diciembre 2005).
La larga historia de un grabado
Cuando buscas en la BAV un tratado del siglo XVII, en este caso el De quadrupedibus del naturalista polaco Jonstonus a quien se refiere el pilastrino del Vervex, ahí no se limitan a un ejemplar, nada de eso, sino que te ofrecen tres ediciones diferentes, Y dos de ellas incluyen en el mismo tomo los tratados De serpentibus, De insectis, De piscibus, etc. Y puedes comprobar cómo, en la última, el editor de Amsterdam ha cambiado de lateralidad los grabados de las dos anteriores (de Frankfurt), invirtiendo las mismas planchas. Mi borrego miraba para la izquierda en las primeras y ahora mira hacia la derecha. Y, sobre todo, admiras el arte fascinante y el oficio de los dibujantes y grabadores de aquella época (como Merian en Alemania).
El único problema es que Dios es miembro de la rama vaticana de la SGAE y, aunque he encargado una foto del grabado, creo que me arriesgo a una reclamación si la difundo, así que aquí tenéis un dibujo mío del Vervex , tal como aparece en la edición de Amsterdam de 1657, mirando hacia la derecha como en el museo.
Según Jonstonus (cuyas fuentes incluyen a Heródoto, Jenofonte, Plinio, Estrabón, Cicerón, Plutarco, Teofrasto, Galeno, Columela… y Aldrovandi) este borrego de las mesetas de Etiopía vivía de doce a trece años, no tenía lana –aunque el grabado es ambiguo al respecto- sino una hirsuta pelambre como los camellos y, además, los pastores etíopes les cubrían las partes pudendas.
En el ejemplar del siglo XVIII , de la colección de Pío VI, el escultor sí que se tomó al pie de la letra lo de la falta de lana y el borrego luce más bien trasquilado.
Continuará…
Pero mi labor detectivesca no ha acabado. Por lo que nos dicen otras fuentes, Jonstonus debió de sacar gran parte de sus planchas, si no la mayoría, de un tratadista varias décadas anterior a él, Ulises Aldrovandi, y naturalmente, la Biblioteca Vaticana dispone de cuatro ejemplares del De quadrupedibus solidipedibus, edición de 1616, y un ejemplar de la de 1649. Por no decir nada de sus otros tratados sobre insectos, serpientes, moluscos, etc., todos ellos anteriores a los de su fiel seguidor, el Jonstonus. Entonces no se controlaban los ‘préstamos’, mucho menos los de las tesis doctorales de los nobles y ministros alemanes (a lo mejor si eres descendiente del inventor de la imprenta tienes derecho a apropiarte de todo texto estampado) .
Si queréis hacer una búsqueda en los tesoros bibliográfico de la BAV a través de sus catálogos online este es el enlace:
Y para despedir esta entrada, unas imágenes nocturna de los carnavales romanos en la Piazza del Popolo, que no todo ha de ser erudición y libros.
De carrozas y papas
Roma es un microcosmos de la historia, más específicamente de la historia del catolicismo, si bien la palabra micro no es demasiado apropiada para esta inmensa urbe. Se comienza por las catacumbas, cuando los cristianos se hacían matar. A finales del siglo II se reduce el número de evangelios y leyendas sobre Jesús y se consolidan los cuatro “canónicos”, la historia de un hombre comienza a ser tradición y construcción teológica. La parusía y el final de los tiempos, la vuelta de Cristo, ya no son inminentes. De todo ello Roma acumula vestigios, imágenes y símbolos, entre la historia y la leyenda.
Bajo Costantino se da el salto hacia el dominio y el poder. Los sucesores de los perseguidos, de a quienes se mataba, de los mártires, descubren que a su vez ellos ya pueden perseguir, condenar y matar enarbolando los símbolos cristianos (evolución que no es una exclusiva cristiana, pues ha caracterizado también a otras religiones).

“Bajo este signo vencerás”. Batalla de Ponte Milvio. Estancias de Rafael, Museos Vaticanos. Foto R.Puig
«Yo soy el obispo de Roma…»
De las sandalias del pescador se pasa a la espada, los vicarios de Pedro se mudan del subterráneo a basílicas y palacios y se convierten en monarcas, con su corte de príncipes de la Iglesia.
Allá por el siglo VIII, se consolidan los estados pontificios. Nazareth queda lejos, el carpintero ya no trabaja la madera sino la piedra, el reino de los papas ya no es intemporal y se defiende y se ensancha con la fuerza de los ejércitos. De este modo continuará la saga, hasta que, mil años más tarde y también con la espada, se lo arrebaten los italianos.
La unificación italiana, de la que el día 17 de este mes se conmemorarán los ciento cincuenta años, acaba con los estados pontificios, que se reducirán así al estado vaticano. Los monarcas pontificios se resignarán a imperar en un reducido territorio sobre la supuesta tumba de San Pedro, el pescador, merced a la munificencia de Mussolini en los tratados de Letrán (no sin compensaciones todavía vigentes que pueden calificarse como poderes morales sobre la sociedad italiana) .
Las carrozas del Vaticano
Roma es la metáfora, el registro pétreo y museístico de ese largo periplo de dos mil años. De entre tanto resto, en una especie de catacumba junto a los jardines y la cafetería exterior de los museos vaticanos, se conservan las carrozas y calesas papales.
Normalmente, el visitante, exhausto, no tiene ya energía en sus piernas para bajar las escaleras; pero si, sacando fuerzas de flaqueza, hace el esfuerzo, se sentirá trasladado al reino de los cuentos, al mundo de Cenicienta.
Ahí podrá ver cómo, tras la pérdida de los territorios pontificios, los cortejos papales fueron pasando gradualmente de trotar detrás de la carroza del vicario de Cristo a seguir a paso ligero el recorrido del papamóvil.
La carroza que, allá por los años veinte del siglo XIX, se hizo construir León XII para visitar las iglesias de Roma y causar impresión a sus feligreses, la più rica carrozza sovrana o “berlina de gran gala”,costó veintiséis mil escudos, está aparatosamente decorada en bronce dorado y el tiro constaba de seis caballos.
Sus portezuelas están decoradas también con símbolos ad hoc
y en el techo, por dentro, refulge el Espíritu Santo
Los cardenales también podían tener las suyas, como esta del cardenal Luciano Bonaparte
Había diversos niveles: Pío IX (pontífice de 1846 a 1878) tenía una de terza gala
y otra de mezza.
No sabemos si, al perder los estados pontificios, a Pío IX le quedaron muchas ocasiones para salir de cortejo.
Pero, en todo caso, Pío X , fogoso combatiente contra la herejía modernista, siguió subiendo a la carroza.
De su sucesor, León XIII (pontífice de 1878 a 1903), no ha quedado ninguna carroza en los museos vaticanos. Le bastaba con pedir a los asistentes a sus audiencias que se mantuviesen de rodillas. Hay quien opina que en su prolífica producción de encíclicas, su hiperactividad y su enorme inspiración en multitud de temas, y sobre todo su lanzamiento de la primera formulación de la doctrina social de la Iglesia, tuvo algo que ver la cocaína.
De hecho era un entusiasta consumidor y promotor del Vino Mariani, un licor de cocaína que fue popular en la aristocracia y las clases pudientes de la época, como Alfonso XIII y la Reina Victoria. Tan es así que el papa concedió a su creador y productor, el francés Angelo Mariani, una medalla, y le autorizó a poner la efigie papal en sus botellas. Sin la cocaína quizás nos hubiéramos quedado sin la encíclica De rerum novarum, que traducido al castellano significa algo así como A propósito de las últimas novedades.
Pero me estoy yendo por los cerros de Úbeda pues esto ya no tiene nada que ver con las carrozas. ¿O sí?
Para acabar digamos que, con el paso del tiempo, los papas las sustituirán por sucesivos modelos de papamóvil, incluída la variante de safari.
FESTA SPAGNOLA
Mostra de cinco pintores españoles estudiantes «Erasmus» de la Accademia di Belle Arti de Roma
Cinco alumnos españoles del profesor Enzo Orti, compañeros de la Academia, copan estos días la sala de exposiciones Ateneo delle Culture, que este profesor organiza en su mismo estudio y para sus discípulos.
Desde este blog quiero felicitarles. COMPLIMENTI !
Alonso Pérez Ortega ha llevado a un nivel diferente, de gran fuerza colorista, el tema del origen del mundo. Lo que en Courbet es una visión de cosmogonía totémica, una magnífica reducción, pero parcial en definitiva, en el cuadro de Alonso representa el viaje del sueño al calor del día de una mujer que tiene rostro; sus labios, aún dormidos, respiran levemente, todavía inmersos en la noche, mientras acoge en su cuerpo la luz incipiente del día.

Anabel Maldonado Martin de la Universidad de Granada, ante su obra, en compañía de Alonso Pérez Ortega y Victor Martínez Coronatti de la Universidad de Valencia
Las figuras que presenta Anabel Maldonado Martín, son como las habitantes emergentes de un ninfeo o de un sueño autobiográfico, de un interior de inciertas e íntimas vibraciones que invitan a la música callada.
En continuidad con ese sosiego y el silencio físico de una música interior, Pablo Suárez (Universidad de Santa Cruz de Tenerife) expone sus autorretratos, el que podríamos llamar durmiente sobre el piano de cuerpo entero (así debió encontrar Venus a su Adonis) y el de su rostro, frontal y decidido, para, al parecer, disuadir a los posible músicos que quisieran tentar el teclado de ese vetusto y desafinado mueble. Aunque hay voces que dicen que al final del vernissage hubo alguna pianista improvisada que, afrontando esa mirada, se atrevió, al calor del vino español, a sacar de su letargo al instrumento.
De pequeño copiaba a Murillo y ahora revive las lecciones de la escuela maternal recordándonos, con su increíble facilidad y su pincelada teñida de socarronería, que después de las tres comidas, es decir mattina, mezzogiorno e sera, hay que lavarse los dientes. Es Antonio Sánchez Rivas, a pocos meses de concluir su carrera de Bellas Artes con el broche de oro de Roma.
y Victor Martínez Coronatti, de la Universidad de Valencia, expone una serie de acuarelas, paisajes interiores, abstracciones de potente color, junto a algún sensible dibujo en que se presiente de nuevo el tránsito entre vigilia y sueño
Fisionomías
¿El espejo del alma?
Que el rostro sea “el espejo del alma” es discutible –yo pienso que es el espejo del cuerpo- aunque ese dicho refleja una convicción popular y una tradición que viene desde antiguo. De hecho son legión los filósofos, tratadistas y literatos que han atribuido significados a los rasgos, no sólo del rostro, sino también de las distintas partes del cuerpo y hasta a la forma de moverse. A través de tales o cuales características físicas se revelaría el carácter y la previsible conducta . En el siglo XVI, Giovanni Battista della Porta, en sus cuatro libros De humana Physiognomonia (1586), recopila interpretaciones fisionómicas de autores ilustres y las organiza siguiendo las partes del cuerpo. Cita a Aristóteles (que en realidad resulta ser el pseudo Aristóteles), Plinio, Filemón, Plutarco, Polemón, Galeno, Avicenna, Scoto y muchos otros. Pero la originalidad del libro estriba no en el esfuerzo sistemático (el primer siglo de la imprenta alumbrará muchas recopilaciones de ideas y opiniones de la Antigüedad clásicasobre las más diversas materias) sino en el trabajo de analogía y comparación gráfica de los rasgos humanos con los animales, ilustrados con sus caricaturas. Sul libro ha sido parte de la materia de III de Anatomía Artística, en el proyecto de anatomía animal. Si tienes rasgos de búho, es previsible que tu modo de ser tendrá unas determinadas características…y así sucesivamente.
Por ejemplo, la frente grande (magna frons) tiene su paralelo bovino y sus interpretaciones,no necesariamente halagüeñas…
Aunque no tan preocupantes como lo que promete una frente angosta, que además si se combina con labios gruesos ya es la debacle…
Con el paso del tiempo , este tipo de teorías conducirá a las de Lombroso, que a caballo de los siglos XIX y XX, publicará sus teorías deterministas. Según él, las tendencias criminales se pueden detectar en los rasgos fisionómicos (¡ahora se están recuperando ideas parecidas desde la genética!). Siempre han sido muy difundidos ciertos planteamientos rayanos con el racismo, por los que una nariz “en garfio” -sobre todo si pertenece a un judío- significará perfidia; si bien, si es la de Julio Cesar, será una nariz “aquilina” y querrá decir nobleza, grandeza, dotes de mando y otras maravillas. ¿Acaso en el colegio no eran motivo de hostigamiento determinados rasgos?
¿Nunca os pusieron como castigo unas orejas de burro? A mí sí, en la maternal del Colegio de las Jesuitinas de la calle Ayala de Madrid, por no saberme bien el catecismo. Y así tuve que soportar las burlas de la fila de las niñas (pues las monjas me colocaron adrede en su camino), hasta que a la que más se reía casi le arranco las trenzas (nos reconciliamos treinta años más tarde pues resultó que acabó por trabajar en el mismo ministerio que yo).
Toda la literatura está plagada de perfiles físicos que repiten una y mil veces aquellos lugares comunes que clasificó Della Porta en su magnífico cajón de sastre donde el novelista no tiene más que hacer una labor de selección y combinación, un poco como -¿os acordáis?- el hombre patata de nuestra infancia. En las novelas de Agatha Cristie hay innumerables ejemplos de la combinatoria inaugurada por Della Porta. Más recientemente, y con su humor acostumbrado Umberto Eco incluye varios memorables ejemplos de este tipo de pastiches literarios en su estupenda novela El cementerio de Praga, en la que pone en solfa los mecanismos de las eternas teorías de la conspiración que, unidas al racismo y al fanatismo religioso y sectario, han servido para justificar persecuciones y masacres.
En realidad, yo lo que quería era hablar de los rostros de gente que fue real o que, con la maestría de los escultores clásicos, nos parece eternamente viva aunque esté muerta desde hace siglos. Son esos bustos, vívidos, realistas, que todavía hoy nos acercan a nuestros ancestros culturales griegos y romanos en los museos de Roma.
Si he comenzado por las visiones fisionómicas de Della Porta es porque leyendo algunas descripciones de Chateaubriand en las breves notas de su Viaje a Italia en las que habla de los museos Capitolinos, me he topado con esa misma tradición que ve en el rostro el espejo del alma.
En los museos Capitolinos
(Los comentarios a los bustos son de Chateaubriand)

Antes de entrar a los museos Capitolinos el dios Tíber se pregunta ‘¿Qué fruta me como primero?’ (este comentario no es de Chateaubriand)

Cicerón: “una cierta regularidad con una expresión de ligereza; menos fuerza de carácter que filosofía, tanto ingenio como elocuencia”

Pitágoras: no atrajo la atención de Chateaubriand a pesar de la autosuficiencia de su mirada vegetariana

Nerón: “rostro grueso y redondo, hundido alrededor de los ojos, de modo que la frente y el mentón sobresalen; el aspecto de un esclavo griego vicioso”
Julio Cesar
Por desgracia no tengo la imagen y no recuerdo haberlo visto en mi visita al museo, pero la descripción de Chateubriand es la de un auténtico fan del famoso personaje:
figura delgada, todas las arrugas profundas, aire prodigiosamente espiritual, la frente entre los ojos es prominente, como si la piel se hubiese amontonada y una arruga vertical la hubiera hendido, cejas bajas casi tocando el ojo, la boca grande y singularmente expresiva; parece que fuera a hablar, casi sonríe; nariz saliente , pero no tan aquilina como se suele trazar; sienes aplastadas como las de Bonaparte; occipucio casi inexistente; mentón redondo y doble; las narices más bien cerradas; figura de imaginación y de genio
También en los museos capitolinos hay una dama de elegante peinado que se le olvidó a Chateaubriand y que merece ser presentada
Y un caballero la mar de mono, yo diría que es de frente huidiza, cejijunto, de mirada tristona pero dirigida al infinito, nariz chata, labio superior alto y prominente, labios finos, mentón compacto, orejas tenues y cuello poderoso. Sus intenciones son imprevisibles, salvo para los zoólogos.
Otros favoritos
La plácida y serena pareja romana con la que he iniciado el recorrido es mi favorita, eternizada en su escultura funeraria del museo Pío Clementino (museos Vaticanos).
La sutil y cuidada barba de un hombre tranquilo muy cerca de los anteriores.
Y, en uno de los patios, una dama de nariz picuda.
Alguno clásicos repetidos
Faltaba mucho para el arte en la época de su reproducción mecánica (Walter Benjamin dixit) pero la reproducción manual funcionaba a fondo. He aquí algunos rostros que se esculpieron en abundancia y con patrones constantes a lo largo de siglos. Por supuesto que hay muchos más (Augusto, Julio Cesar, Nerón,Caracalla, etc.etc.)
Sócrates
Homero
Marco Aurelio
Para despedir esta entrada
No es un busto, no es griego ni romano, es bíblico. La Magdalena penitente del Tintoretto en los museos Capitolinos es un broche sublime para este capítulo de fisionomías. Hasta la próxima
Anatomía artística. En la Gipsoteca
La Gipsoteca
El museo calcográfico de esculturas de la Antigüedad griega y romana en la Universidad de La Sapienza de Roma es uno de los más completos del mundo. Acoge centenares de copias fieles, en escala real, en yeso, de ahí el nombre de Gipsoteca. Se accede desde uno de los dos grandes patios centrales.
Es además un acogedor lugar de estudio y de reunión, dotado con varias salas de lectura, donde los universitarios pueden preparar sus exámenes protegidos por gigantes mitológicos, y de instalaciones para seminarios y encuentros.
Embrujo surreal
Puestos a imaginar lugares en donde las estatuas parece que fueran a cobrar vida, yo diría que este es uno. Supongamos que nos quedamos encerrados una noche en este museo de yeso y que, a la manera de los juguetes de Toy Story, los gestos interrumpidos de estos seres recobrasen su curso, que bajasen de sus pedestales y continuasen con sus acciones.
Que el Hércules Farnesio se sacudiese su corona de halógenos y dirigiese una sesión de culturismo junto con los variados guerreros de los corredores y salas del museo
Que el despellejado Marsias se liberase del palo donde fue torturado por haber desafiado a Apolo y se aventurase, cicatrizadas sus heridas, en busca de otros faunos, para animar con su recuperada flauta la invitación a la danza que un congénere suyo protagoniza ante una dubitativa y sonriente doncella.
Que El gladiador Borghese recuperase su espada y su escudo y se precipitase a la búsqueda de su invisible adversario.
Que los Tiranicidas y el Arquero griego emprendiesen la batalla contra algún déspota
El Discóbolo de Mirón podría destruir no pocos vidrios de las ventanas de la Gipsoteca
Y desde luego sería hermoso ver el despertar de Ariadna y contemplarla, recuperada de su sopor y ensayando sus primeros pasos ondulantes
Irene sacaría a paseo al pequeño Plutón
Y las Afroditas se pondrían a buscar sus brazos.
El estudiante de anatomía artística en la Gipsoteca
Por el momento dejaremos este guión cinematográfico para explicar brevemente lo que hace un alumno de anatomía artística en este lugar, siguiendo las tareas del curso del profesor Marco Bussagli y la profesora Cinzia Nardini
Siguiendo el ejemplo de Séneca y después de sesuda reflexión, ya que el alumno no es tan estoico como el filósofo y teniendo en cuenta que hay estatuas que están en corrientes y otras que, en cambio, tienen cerca un radiador, elige dos de las más resguardadas del frío: el Gladiador Borghese (siglo II o I a.C., original en el Louvre)
Y la dama de Invitación a la danza (siglo II a.C.)
Los dibuja desde dos perspectivas distintas en una lámina de 50×70 cm.
Por el momento estoy en la fase de dibujar el frente de las dos figuras. Luego habrá que realizar una parte del cuerpo de las cuatro imágenes, pero decorticada, mostrando los músculos del sotto pelle, algo parecido a esto:
En el examen se presentan las ocho láminas y los bocetos preparatorios y se ha de demostrar el conocimiento de la denominación y posición de los músculos en cuestión.
Llegados a este punto creo que estaremos preparados para dar un experto masaje a todos esos personajes de leyenda en el caso de que revivan y necesiten desentumecerse. No obstante procuraré que el guarda del museo no me olvide dentro cuando antes del cierre a las 19:30 horas esté recogiendo mi caballete y mis trebejos de dibujo. Sin calefacción y en medio de tantos fantasmas puede ser una estancia nociva para la salud.





















































































































