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Fisionomías

24 febrero, 2011

“Maximum caput”, según Della Porta

¿El espejo del alma?

Que el rostro sea “el espejo del alma” es discutible –yo pienso que es el espejo del cuerpo- aunque ese dicho refleja una convicción popular y una tradición que viene desde antiguo. De hecho son legión los filósofos, tratadistas y literatos que han atribuido significados a los rasgos, no sólo del rostro, sino también de las distintas partes del cuerpo y hasta a la forma de moverse. A través de tales o cuales características físicas se revelaría el carácter y la previsible conducta . En el siglo XVI, Giovanni Battista della Porta, en sus cuatro libros De humana Physiognomonia (1586), recopila interpretaciones fisionómicas de autores  ilustres y las organiza siguiendo las partes del cuerpo. Cita a Aristóteles (que en realidad resulta ser el pseudo Aristóteles), Plinio, Filemón, Plutarco, Polemón, Galeno, Avicenna, Scoto y muchos otros. Pero la originalidad del libro estriba no en el esfuerzo sistemático (el primer siglo de la imprenta alumbrará muchas recopilaciones de ideas y opiniones de la Antigüedad clásicasobre las más diversas materias) sino en el trabajo de analogía y comparación gráfica de los rasgos humanos con los  animales, ilustrados con sus caricaturas. Sul libro ha sido parte de la materia de III de Anatomía Artística, en el proyecto de anatomía animal.  Si tienes rasgos de búho, es previsible que tu modo de ser tendrá unas determinadas características…y así sucesivamente.

Por ejemplo, la frente grande (magna frons) tiene su paralelo bovino y sus interpretaciones,no necesariamente halagüeñas…

Aunque no tan preocupantes como lo que promete una frente angosta, que además si se combina con labios gruesos ya es la debacle…

Con el paso del tiempo , este tipo de teorías conducirá a las de Lombroso, que a caballo de los siglos XIX y XX, publicará sus teorías deterministas. Según él, las tendencias criminales se pueden detectar en los rasgos fisionómicos (¡ahora se están recuperando ideas parecidas desde la genética!). Siempre han sido muy difundidos ciertos planteamientos rayanos con el racismo, por los que una nariz “en garfio” -sobre todo si pertenece a un judío- significará perfidia; si bien, si es la de Julio Cesar, será una nariz “aquilina” y querrá decir nobleza, grandeza, dotes de mando y otras maravillas. ¿Acaso en el colegio no eran motivo de hostigamiento determinados rasgos?

Las populares orejas de asno

¿Nunca os pusieron como castigo unas orejas de burro? A mí sí, en la maternal del Colegio de las Jesuitinas de la calle Ayala de Madrid, por no saberme bien el catecismo. Y así tuve que soportar las burlas de la fila de las niñas (pues las monjas me colocaron adrede en su camino), hasta que a la que más se reía casi le arranco las trenzas (nos reconciliamos treinta años más tarde pues resultó que acabó por trabajar en el mismo ministerio que yo).

Toda la literatura está plagada de perfiles físicos que repiten una y mil veces aquellos lugares comunes que clasificó Della Porta en su magnífico cajón de sastre donde el novelista no tiene más que hacer una labor de selección y combinación, un poco como -¿os acordáis?- el hombre patata de nuestra infancia. En las novelas de Agatha Cristie hay innumerables ejemplos de la combinatoria inaugurada por Della Porta. Más recientemente, y con su humor acostumbrado Umberto Eco incluye varios memorables ejemplos de este tipo de pastiches literarios en su estupenda novela El cementerio de Praga, en la que pone en solfa los mecanismos de las eternas teorías de la conspiración que, unidas al racismo y al fanatismo religioso y sectario, han servido para justificar persecuciones y masacres.

En la galería de los bustos del museo Pío Clementino, Museos Vaticanos

En realidad, yo lo que quería era hablar de los rostros de gente que fue real o que, con la maestría de los escultores clásicos, nos parece eternamente viva aunque esté muerta desde hace siglos. Son esos bustos, vívidos, realistas, que todavía hoy nos acercan a nuestros ancestros culturales griegos y romanos en los museos de Roma.

Si he comenzado por las visiones fisionómicas de Della Porta es porque leyendo algunas descripciones de Chateaubriand en las breves notas de su Viaje a Italia en las que habla de los museos Capitolinos, me he topado con esa misma tradición que ve en el rostro el espejo del alma.

En los museos Capitolinos

(Los comentarios a los bustos son de Chateaubriand)

Antes de entrar a los museos Capitolinos el dios Tíber se pregunta  ‘¿Qué fruta me como primero?’ (este comentario no es de Chateaubriand)

Caracalla: “ojos, nariz y boca puntiagudos, nariz contraída; aire feroz y demente”

Cicerón: “una cierta regularidad con una expresión de ligereza; menos fuerza de carácter que filosofía, tanto ingenio como elocuencia”

Aristóteles: “un algo de inteligente y fuerte”

Pitágoras: no atrajo la atención de Chateaubriand a pesar de la autosuficiencia de su mirada vegetariana

Nerón: “rostro grueso y redondo, hundido alrededor de los ojos, de modo que la frente y el mentón sobresalen; el aspecto de un esclavo griego vicioso”

Marco Aurelio: “frente amplia, la vista elevada hacia el cielo como las cejas”

Julio Cesar

Por desgracia no tengo la imagen y no recuerdo haberlo visto en mi visita al museo, pero la descripción de Chateubriand es la de un auténtico fan del famoso personaje:

figura delgada, todas las arrugas profundas, aire prodigiosamente espiritual, la frente entre los ojos es prominente, como si la piel se hubiese amontonada y una arruga vertical la hubiera hendido, cejas bajas casi tocando el ojo, la boca grande y singularmente expresiva; parece que fuera a hablar, casi sonríe; nariz saliente , pero no tan aquilina como se suele trazar; sienes aplastadas como las de Bonaparte; occipucio casi inexistente; mentón redondo y doble; las narices más bien cerradas; figura de imaginación y de genio

También en los museos capitolinos hay una dama de elegante peinado que se le olvidó a Chateaubriand y que merece ser presentada

Busto “Fonseca”

Y un caballero la mar de mono, yo diría que es de frente huidiza, cejijunto, de mirada tristona pero dirigida al infinito, nariz chata, labio superior alto y prominente, labios finos, mentón compacto, orejas tenues y cuello poderoso. Sus intenciones son imprevisibles, salvo para los zoólogos.

En la sala egipcia

Otros favoritos

La plácida y serena pareja romana con la que he iniciado el recorrido es mi favorita, eternizada en su escultura funeraria del museo Pío Clementino (museos Vaticanos).

La sutil y cuidada barba de un hombre tranquilo muy cerca de los anteriores.

Y, en uno de los patios, una dama de nariz picuda.

Alguno clásicos repetidos

Faltaba mucho para el arte en la época de su reproducción mecánica (Walter Benjamin dixit) pero la reproducción manual funcionaba a fondo. He aquí algunos rostros que se esculpieron en abundancia y con patrones constantes a lo largo de siglos. Por supuesto que hay muchos más (Augusto, Julio Cesar, Nerón,Caracalla, etc.etc.)

Sócrates

Museo Pío Clementino

Homero

Museos Capitolinos

Marco Aurelio

Detalle del bronce ecuestre de Marco Aurelio en los Museos Capitolinos

Marco Aurelio en el Museo Altemps

Para despedir esta entrada

No es un busto, no es griego ni romano, es bíblico.  La Magdalena penitente del Tintoretto en los museos Capitolinos es un broche sublime para este capítulo de fisionomías.  Hasta la próxima

Tintoretto, detalle de la Magdalena penitente, Museos Capitolinos


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