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Tiempo chungo

21 diciembre, 2014
Tiempo chungo. Foto R.Puig

Tiempo chungo. Foto R.Puig

El tiempo, como mis vértebras, estaba chungo ayer. Pero hay que moverse, lo dicen los geriatras. Así que deambulo, un poco a pie y otro poco en barco.  Floto con el “Rápido de la ría” (el “Älvsnabben”), un medio de transporte, especie de tranvía acuático, que me recuerda al vaporetto, pero sin Venecia.

En el Rápido de la ría. Foto R.Puig

En el Rápido de la ría. Foto R.Puig

Unos cormoranes sedentarios, que al parecer no migran, tienen su tertulia frente al embarcadero de Rosenlund, muy cerca de la embocadura de uno de los canales en las aguas de la ría. Este territorio es un buen lugar de pesca para estos incansables submarinistas.

Cormoranes sedentarios. Foto R.Puig

Cormoranes sedentarios. Foto R.Puig

Al otro lado de la ría, unas enormes grúas, rojas durmientes,  presiden los diques secos, amenazados de desmantelamiento en aras de la deslocalización. Estos grandiosos insectos de metal son patrimonio de la ciudad, recuerdos de la otrora próspera industria naval  de Gotemburgo.

Patrimonio de la ciudad. Foto R.Puig

Patrimonio de la ciudad. Foto R.Puig

La figura de la mujer del marinero que espera su retorno se mantiene impertérrita envuelta en turbulencias.

Tarde nebulosa. Foto R.Puig

Tarde nebulosa. Foto R.Puig

A diferencia de esos cormoranes asentados en la ría, las gentes de este planeta emigramos sin descanso, lo hemos hecho siempre y nos amoldamos a ello, incluso al proceso de aprendizaje de una lengua que no resulta fácil.

Hace dos días se celebraba el fin del semestre y la llegada de las fiestas de Navidad en la escuela de lengua sueca para inmigrantes (SFI: Svenska För Invandrare), cuyas aulas frecuento con la esperanza de afianzarla mejor en mis reacias neuronas.  Soy parte de un alumnado que procede de todos los continentes, inmigrantes y refugiados que han obtenido su permiso de residencia en Suecia y para quienes la lengua es una llave de integración y de futuro para ellos y sus familias.

Entre clase y clase nos contamos nuestras historias. La mía, ciudadano jubilado de la UE, es confortable, la de ellos y ellas es casi siempre un azaroso viaje desde países en guerra y situaciones inhóspitas.  Lo que yo contase no añadiría mucho a lo que los medios ya nos escenifican cada día.

No obstante, lo impersonal adquiere un rostro mientras compartimos clases y pausas de café.

Acabado el festejo, caminando de vuelta al centro, un joven de nombre arameo, natural del nordeste de Siria, me explica cómo ha llegado: primero a través de Turquía, luego en patera a Grecia, de allí, clandestino en un camión sobre un ferry, hasta Italia, para, superada la frontera, acabar explicando a la policía en un campo de refugiados en Alemania que lo que él quiere es llegar a Suecia para reunirse con su hermano. Su condición de cristiano en el norte de Siria y el contar con un enganche familiar en Gotemburgo será lo que convencerá a los agentes alemanes para darle un billete de tren hasta su nueva patria de acogida. Los servicios de empleo de los ferrocarriles suecos le han dado un trabajo a medio tiempo que le permite seguir con los cursos de sueco. Algún día podrá retomar sus estudios universitarios.

Y así me hablan de otros itinerarios y otras esperanzas. Son hombres y mujeres de Eritrea, Irak, Siria, Somalia, Turquía, Tailandia, Nigeria, Gambia, Irán, Bosnia, Gaza, Perú, Libia, El Salvador…

Ismail, Medhani y Ramón en la escuela de sueco.

Ismail, Medhani y Ramón en la escuela de sueco.

En estos días raros

14 diciembre, 2014
Santa Lucía. Foto R.Puig

Santa Lucía. Foto R.Puig

Las semanas que preceden a los días de Navidad están sujetas a los protocolos que marca la tradición, sobre todo en Suecia, donde la sociedad en sus prácticas y convicciones,  aunque laica,  es amante de las formas que las celebraciones cristianas han ido modelando con el paso de los siglos.

Desde que los reyes de Suecia decidieron el siglo XVI expropiar a los eclesiásticos y conventuales, poner a obispos y pastores a sueldo del Estado y nacionalizar el cristianismo, refundándolo manu militari sobre las bases que fijó Lutero, los santos dejaron de venerarse, aunque sigan presentes en los frescos de algunas de sus iglesias medievales.

Con una excepción: Santa Lucía

Doncellas del cortejo.  Foto R.Puig

Doncellas del cortejo. Foto R.Puig

Desde hace casi un siglo, una tradición de algunas comarcas campesinas por la que las niñas con ropajes blancos y velas en la cabeza alegraban el comienzo de las noches largas del cercano invierno, ofreciendo luces, cantos y panecillos de casa en casa (probablemente como resto de ancestrales tradiciones paganas), esa especie de exorcismo de la creciente oscuridad se fue vinculando a la santa y mártir de Siracusa que allá por el siglo IV repartió su fortuna a los pobres.

Santa Lucía desató las iras de su prometido que, al ver que la rica heredera se había quedado sin blanca, la denunció como cristiana. Esta emotiva leyenda, algo sadomasoquista por los tormentos que describe, la narra Jacobo de Vorágine en la “Leyenda Áurea” y no la voy a repetir aquí.

Por los años veinte del siglo pasado la tradicional procesión de dulces adolescentes, vestidas de blanco y coronadas de luz, acabó convirtiéndose en el “tren de Santa Lucía” (luciatåg). La elegida que avanza por delante de las demás empezó a llamarse Lucía  (la que nace con la luz del alba) y el cortejo adoptó una canción napolitana de marineros que data de 1849:

Sul mare luccica

l’astro d’argento;

placida è l’onda,

prospero il vento.

Venite all’agile

barchetta mia!

Santa Lucia,

Santa Lucia!

.

Con questo zeffiro

così soave

oh com’è bello

star sulla nave!

Su passaggeri,

venite via!

Santa Lucia,

Santa Lucia!

.

In fra le tende

bandir la cena

in una sera

così serena

chi non dimanda,

chi non desia?

Santa Lucia,

Santa Lucia!

https://www.youtube.com/watch?v=bKXUOLC9e1o

Lucía y sus asistentes. Foto R.Puig

Lucía y sus asistentes. Foto R.Puig

La versión sueca más extendida dice así:

Sankta Lucia, ljusklara hägring,

sprid i vår vinternatt glans av din fägring.

||: Drömmar med vingesus under oss sia,

tänd dina vita ljus, Sankta Lucia, Sankta Lucia

.

Kom i din vita skrud, huld med din maning.

Skänk oss, du julens brud, julfröjders aning.

||: Drömmar med vingesus, under oss sia,

tänd dina vita ljus, Sankta Lucia, Sankta Lucia

.

Trollsejd och mörkermakt ljust du betvingar,

signade lågors vakt skydd åt oss bringar.

||: Drömmar med vingesus, under oss sia,

tänd dina vita ljus, Sankta Lucia, Sankta Lucia

.

Stjärnor som leda oss, vägen att finna,

bli dina klara bloss, fagra prästinna.

||: Drömmar med vingesus, under oss sia,

tänd dina vita ljus, Sankta Lucia, Sankta Lucia

El caso es que en todas los templos y ciudades de Suecia se celebró ayer 13 de diciembre la fiesta de la única santa que todavía venera la Iglesia luterana sueca. Basta con entonar el texto con la misma melodía napolitana ¡y ya está!

https://www.youtube.com/watch?v=LvvUFn7VPTI

Así que la exaltación de la santa de la luz, para conjurar la llegada de las largas noches invernales, prevalece sobre las disputas teológicas.

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Días de Adviento

Ventanas mudas. Foto R.Puig

Ventanas mudas. Foto R.Puig

No obstante siento que los días siguen siendo raros y las calles llenas de apariencias extrañas. Puede que sea inmodesto al establecer un paralelo con las sensaciones de un escritor nobelizado, pero si en estas noches dirijo una mirada atenta sobre las cosas, creo que me pasa algo de lo que ha dicho Patrick Modiano en su discurso de recepción del premio Nobel. Me ocurre algo parecido a lo que describe el novelista, cuando ante sus ojos

la vida corriente acaba envolviéndose en misterio y desprendiendo una especie de fosforescencia que no tenía a primera vista sino que estaba profundamente escondida

(la vie courante finit par s’envelopper de mystère et par prendre une sorte de phosphorescence qu’elle n’avait pas à première vue mais qui était cachée en profondeur)

Otras veces, el misterio deja pistas por las aceras, surgiendo

de entre esa masa de transeúntes que andan en apretadas filas o que se empujan o se pierden por las calles

(de cette masse de passants qui marchent en rangs serrés ou bien se bousculent et se perdent dans les rues)

Transeuntes. Foto R.Puig

Transeuntes. Foto R.Puig

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Aunque en nuestra época,

a causa de esta capa, de esta masa de olvido que lo recubre todo, sólo alcanzamos a captar fragmentos del pasado, trazas interrumpidas, destinos humanos fugitivos y casi inaferrables

(à cause de cette couche, de cette masse d’oubli qui recouvre tout, on ne parvient à capter que des fragments du passé, des traces interrompues, des destinées humaines fuyantes et presque insaisissables)

Inaferrables.Foto R.Puig

Inaferrables.Foto R.Puig

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Claro que todo es relativo, hay una rama del arte que desde antiguo se empeñó en condenar a sus personajes a un destino estable,  fijado para siempre en perfiles sólidos. A pesar de ello no las tengo todas conmigo, al menos no en estas tardes y noches del invierno, cuando hasta las estatuas, que parecen estar ahí impávidas y unívocas, nos escamotean sus mudos discursos inconclusos, para guardarlos en el fondo de insospechados laberintos.

Me admiraron pero me dejaron aquí. Foto R.Puig

Me admiraron pero me dejaron aquí. Foto R.Puig

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Así que más me vale pasar rápido y de puntillas, pues no hace mucho tiempo a los que se detenían a interrogar a las estatuas los internaban.

Nosotros no descansamos. Foto R.Puig

Nosotros no descansamos. Foto R.Puig

Luces que traen invierno

7 diciembre, 2014
Sol oblicuo. Foto R.Puig

Sol oblicuo. Foto R.Puig

Los días se acortan y las sombras se alargan, y no se sabe bien si es el invierno el que se anuncia en todo o son la oblicuidad creciente de la luz solar, el aire diferente de la noche por ventanas y parques, el frío que cruza las alturas o el breve detenerse de los cielos los que lo traen, empujándolo más cerca cada día.

Hay nuevos tonos de luz en las fachadas y los aires de un acordeón traen algo de calor a la mañana y algunas monedas al vaso del músico

El acordeonista búlgaro. Foto R.Puig

El acordeonista búlgaro. Foto R.Puig

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Quienes viven en los áticos no necesitan despertador, les basta con tener abiertas las cortinas en esos raros días en que la mañana del domingo es diáfana y anima a desayunar sobre un mantel soleado.

Matinal.   Foto R.Puig

Matinal. Foto R.Puig

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No muy lejos, las cabinas de la noria fingen que se caldean.

Matinal. Foto R.Puig

Matinal. Foto R.Puig

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El tiempo ya no invita a sentarse en los bancos

Sol oblicuo.  Foto R.Puig

Sol oblicuo. Foto R.Puig

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Con el avance del día, al cielo le han crecido celajes

Azul y frío. Foto R.Puig

Azul y frío. Foto R.Puig

¿o más bien brotan del agua?

Aguas que visten cielos. Foto R.Puig

Aguas que visten cielos. Foto R.Puig

¿o de los últimos restos del otoño?

Orilla. Foto R.Puig

Orilla. Foto R.Puig

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A medida que las horas pasan, la luz se va velando sin que algunos lo sientan, concentrados como están en un único gesto de interés laborioso

Vamos a ver si funciona. Foto R.Puig

Vamos a ver si funciona. Foto R.Puig

o de muda sorpresa

A la intemperie. Foto R.Puig

A la intemperie. Foto R.Puig

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Cuando ya todo es oscuro y un noche comienza, hasta que vuelva el día las ventanas recogen el testigo de la luz que se ha ido

Ha caído la tarde. Foto R.Puig

Ha caído la tarde. Foto R.Puig

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Junto a las veredas de los parques los bancos siguen solos y fríos

Por el parque. Foto R.Puig

Por el parque. Foto R.Puig

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Attendre que la Nuit, toujours reconnaissable

À sa grande altitude où n’atteint pas le vent,

Mais la malheur des hommes,

Vienne allumer ses feux intimes et tremblants

Et dépose sans bruit ses barques de pêcheurs,

Ses lanternes de bord que le ciel a bercées,

Ses filets étoilés dans notre âme élargie,

Attendre qu’elle trouve en nous sa confidente

Grâce à mille reflets et secrets mouvements

Et qu’elle nous attire à ses mains de fourrure,

Nous les enfants perdus maltraités par le jour

Et la grande lumière,

Ramassés par la Nuit poreuse et pénétrante,

Plus sûre qu’un lit sûr sous un toit familier,

C’est l’abri murmurant qui nous tient compagnie,

C‘est la couche où se poser la tête qui déjà

Commence à graviter,

À s’étoiler en nous, à trouver son chemin.

…………..

Aguardar a que la noche, siempre reconocible

Por su gran altitud donde el viento no llega

Mas sí el dolor de los hombres,

Venga a encender sus íntimos fuegos temblorosos

Y deposite silenciosa sus barcas de pesca,

Sus linternas de a bordo que el cielo ha mecido,

Sus redes estelares por nuestra alma extendida,

Esperar que nos tome para sus confidencias

Gracias a mil reflejos y a secretas mociones

Y que ella nos atraiga a sus manos de pieles,

A nosotros, los niños que el día ha maltratado

Con su luz excesiva,

La noche nos acoge, porosa y penetrante ,

Más segura que una cama bajo el techo familiar,

Ella es el abrigo susurrante que nos da compañía,

En el tálamo donde posar la cabeza que ya

Comienza a gravitar,

A llenarse de estrellas, a encontrar su camino.

(Jules Supervielle, Les Amis inconnus, «Visite de la Nuit», 1934 (1931). Los Amigos desconocidos, «Visita de la noche», 1934 (1932).   Vivir y quehacer del poeta, Selección, traducción, prólogo y notas de Ramón Puig de la Bellacasa, Pre-Textos, colección Poéticas, Valencia, 2009, pp.194-195)   

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En la noche de Haga. Foto R.Puig

En la noche de Haga. Foto R.Puig

Fisionomías (XV): tallas tradicionales de comunidades del África Central

29 noviembre, 2014
Mascara del pueblo Yaka. Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Mascara del pueblo Yaka. Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Dedicado a Fernando y Gloria, a quienes debo esta crónica

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Del Reino de Ife al arte popular del África Central

La entrada del domingo pasado nos transportó cinco o más siglos atrás, a un mundo legendario en tierras africanas que son hoy parte de Nigeria y de la República de Benin. Eran obras pertenecientes a una civilización monárquica muy jerarquizada, próspera, y técnica y culturalmente sofisticada. Metal, cerámica y piedra eran los materiales utilizados por los artistas de aquella África legendaria.

Hoy damos un salto en el tiempo y tenemos la oportunidad de contemplar una muestra de lo que con materiales más modestos pero con no menor destreza crearon otros artistas africanos varios siglos más tarde. Se trata de un arte popular con funciones propias dentro de las comunidades en que nace.

Y ello se debe a que he tenido el placer de visitar a mi buen amigo el Dr. Fernando Cardenal, que desde enero de 1961 y durante dos largas décadas fue médico en varios países del África Central,  principalmente en los que antes formaron parte del Congo Belga y del Congo Francés.

Con tal ocasión he tenido además el privilegio de admirar la importante colección de obras de arte popular que durante los años en que allí ejerció su profesión fue pacientemente reuniendo. Él es además el autor de la rigurosa información que esta crónica contiene

Los creadores de estos objetos suelen ser artistas al servicio de los reyes y los jefes de tribu y también hechiceros y curanderos.  Tras cumplir su misión, las figuras hechas con una finalidad mágica son desacralizadas por el hechicero, dejan de tener valor y pueden ser destruidas o vendidas.

La colección se compone de máscaras rituales, fetiches, estatuas-retrato de antepasados o de personajes que han dejado huella en la vida de la tribu, y también  armas y objetos de uso, que hoy son de interés etnográfico.

Casi todas las piezas son anteriores a la época de las independencias de esos países (las décadas de los cincuenta y los sesenta del siglo XX), ya que durante las guerras de descolonización y las guerras civiles y tribales que estallaron por entonces se produjeron muchas destrucciones.

Están perfectamente catalogadas y, junto con la importante biblioteca y archivo documental que completan la colección, son de gran valor para los estudiosos de las sociedades africanas tradicionales y de su arte popular.

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Máscaras

Mascara denominada Tshifwebe. Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Máscara denominada Tshifwebe. Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Máscara de contorno oval con cresta y surcos horizontales pintados alternativamente de blanco y rojo, ojos saltones y perforados para que el portador pueda ver por ellos. Tocado de rafia. Es un tipo de máscara llamada Tshifwebe perteneciente a una sociedad secreta de mujeres del pueblo Songye, que habita en la región sudeste del Congo-Kinshasa. (Catálogo FC-JLO)

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Mascara Tshifwebe. Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Máscara Tshifwebe. Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Variante de la máscara Tshifwebe anterior. Contorno oval con estrechamiento a nivel de las mejillas y ensanchamiento en el mentón. A lo largo de todo el contorno tiene pequeños orificios para pasar por ellos cuerda que sujete un amplio tocado de rafia que se ha perdido. (Catálogo FC 410)

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Mascara del pueblo Suku.  Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Máscara del pueblo Suku. Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Máscara de color claro, de rasgos finos, con cresta de varios niveles y por abajo collarín de rafia. Pertenece al pueblo Suku, que habita en la región del suroeste del Congo-Kinshasa, entre los pueblos Yaka y Pende.(Catálogo FC 47)

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Mascara denominada Muyembo. Pueblo Pende.  Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Máscara denominada Muyembo. Pueblo Pende. Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Máscara llamada Muyembo, de cejas unidas, pómulos salientes, boca que hace mueca escéptica o despectiva y tocado de tela aterciopelada y de rafia. Procede de la aldea Tumbi del pueblo Pende, región del suroeste del Congo-Kinshasa. (Catálogo FC 764)

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Mascara de anciano.  Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Máscara de anciano. Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Máscara de anciano vista de perfil. Nariz algo respingona, dientes limados en pico y amplia sotabarba. El borde está agujereado a trechos para pasar la cuerda que sostenía la rafia que se ha perdido. Apenas se ve grabada en la frente la cruz característica de este pueblo (sin relación ninguna con la cruz cristiana). (Catálogo FC 427)

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Mascara llamada Tshiongo. Pueblo Tshokwe. Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Máscara llamada Tshiongo. Pueblo Tshokwe. Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Máscara llamada Tshiongo, de color sepia claro, cejas juntas, nariz algo respingona, tocado de piel de mono de pelaje negro y blanco y de rafia. Pertenece al pueblo Tshokwe, territorio de Tshicapa en la región centro-sur del Congo-Kinshasa.  (Catálogo FC 426)

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Mascara del pueblo Yaka. Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Máscara del pueblo Yaka. Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Máscara de cara alargada pintada en blanco ligeramente azulado, ojos saltones con contorno azulado. Debajo de los ojos hay sendos agujeros por los que el portador de la máscara puede ver. Tocado de tela y rafia.  Pertenece al pueblo Yaka, que habita en la región  del suroeste del Congo-Kinshasa,  frontera con Angola. (Catálogo  FC-JLO)

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Fetiches

Fetiche Teke para guardar sustancias mágicas.  Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Fetiche Teke para guardar sustancias mágicas. Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Pequeño fetiche de 10 cm de altura, tallado en madera, conteniendo en su interior substancia mágica cubierta con una mezcla de barro y alquitrán natural.  Pertenece al pueblo Teke, que habita las orillas del río Congo, cerca de Kinshasa y de Brazzaville. (Catálogo FC 16).

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Fetiche del pueblo Bakongo.  Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Fetiche del pueblo Bakongo. Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Pequeño fetiche de 10 cm de altura representando un prisionero atado de pie a dos estacas clavadas en el suelo, con materia mágica en el interior del tronco recubierta de barro y un trozo de tela. Procedente del pueblo Bakongo en la zona occidental del Congo-Kinshasa. (Catálogo FC 19)

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Gran fetiche del pueblo Songye. Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Gran fetiche del pueblo Songye. Detalle. Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Gran fetiche del pueblo Songye de la región del Kassai oriental, en el este del Congo-Kinshasa.  Altura 90 cm. Madera, cobre, cuentas de vidrio, cuerno, etc. (Catálogo  FC 169)

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Retratos y escenas de lo cotidiano

Alumbramiento. Detalle de la partera y la parturienta con su madre que la sostiene. Pueblo de los Basala  Mpasu. Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Alumbramiento. Detalle de la partera y la parturienta con su madre que la sostiene. Pueblo de los Basala Mpasu. Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Talla en madera dura de 70 cm de longitud, recubierta de fino polvo de teca con cinco personajes representando una escena de un parto. En la foto se aprecian la parturienta sentada en el suelo entre las piernas de su madre y la partera que sostiene la cabeza del niño. Pertenece al pueblo de los Basala  Mpasu, que habita en la región del centro-sur del Congo-Kinshasa. (Catálogo FC 130).

Alumbramiento. Pueblo de los Basala Mpasu.  Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Alumbramiento. Pueblo de los Basala Mpasu. Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Esta foto de la misma talla muestra el grupo al completo y se puede apreciar, detrás de la madre, la presencia de otras dos mujeres que, al son de una especie de silbato y de un instrumento de percusión, marcan el ritmo para que la parturienta puje.

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Retrato de un antiguo rey del pueblo Kuba. Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Retrato de un antiguo rey del pueblo Kuba. Colección Fernando Cardenal. Foto R.Puig

Retrato en madera de un antiguo rey del pueblo Kuba. Procede del taller de la aldea real Moshenge, lugar de residencia del rey, en la región del Kassaï, Congo-Kinshasa.  Altura 83 cm. (Catálogo  FC 1)

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Epílogo

Todo lo aquí expuesto es una breve selección de una colección, amplísima y extraordinaria, fruto de la labor de un médico que dedicó casi toda su carrera a servir a los africanos y que es un amante de las culturas de África. A su catalogación han ayudado expertos del Museo Nacional de Antropología, que ya patrocinó anteriormente su exposición en varias ciudades de España.

Este blog sólo cumple con ser una modesta caja de resonancia de la obra admirable y anónima de los artistas que tallaron estas obras. Es también un homenaje al amigo que las recogió y las ha conservado, librándolas de una más que probable desaparición.

Fisionomías (XIV): Rostros y figuras del Reino de Ife (Nigeria y Benin)

23 noviembre, 2014
Cabeza de un Ooni. Aleación de cobre. ss.XV a XVI. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Cabeza de un Ooni. Aleación de cobre. ss.XV a XVI. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

 Esculturas de la civilización Yoruba en los museos de Nigeria

He visitado recientemente la exposición “Obras maestras de África – la historia del Reino de Ife” en el Museo de las Culturas del Mundo en Gotemburgo, donde he podido abandonarme a la fascinación de sus legendarias fisionomías y figuras en metal, terracota o piedra.

Ife, ciudad del suroeste de Nigeria, fue en siglos pasados una ciudad estado, sede de la dinastía de los Ooni (reyes) y centro de la civilización Yoruba. Su cultura se extendió también a lo que es hoy la vecina República de Benin.

Cabeza coronada. Aleación de cobre. ss.XV a XVI. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Cabeza coronada. Aleación de cobre. ss.XV a XVI. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

La fertilidad del valle en el que está situada favoreció la prosperidad del reino e hizo posible el progreso en la fundición y cincelado de metales, en particular de las aleaciones a partir del cobre y las técnicas del vidrio (perlas de cristal).

De la mitología de esa civilización se deriva una jerarquía tradicional que se sitúa entre el Otro Mundo, el del Creador, y el Mundo de lo que no es humano.

Figura de un rey. Aleación de cobre. s.XV. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Figura de un rey. Aleación de cobre. s.XV. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

De modo y manera que la sociedad y su equilibrio de poderes se ordenaban según tres niveles:

I     El de los espíritus, ancestros y dioses (Òrisa)

II    y las dos categorías de los seres humanos vivientes:

(1) los que saben (y se ornan con perlas de cristal de varios colores): los reyes, reinas, ancianos y jefes, los sacerdotes, adivinos y herboristas, los iniciados y quienes hacen las máscaras;

(2) los ignaros: los extranjeros, los no iniciados, los niños.

Pomo de un cetro. Aleación de cobre. ss.XV a XVI. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Pomo de un cetro. Aleación de cobre. ss.XV a XVI. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Cada estrato tiene su figuración propia en las esculturas que los arqueólogos han ido desenterrando durante los últimos cien años y que conforman la impresionante colección de la  National Commission for Museums and Monuments (NCMM) de Nigeria.

La escultura en metal y en piedra

La técnica de la cera perdida aplicada a la fundición en cobre produjo piezas de una extraordinaria calidad, en general reservadas para las figuras y útiles de los dos niveles superiores. Así como las joyas hechas con perlas multicolores de vidrio, de las cuales Ife fue un centro de producción y de comercialización más allá de sus territorios. Poseerlas y exhibirlas era un signo de status político social.

Máscara que representa al Ooni Obalufun II. Cobre. ss.XV a XVI. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Máscara que representa al Ooni Obalufun II. Cobre. ss.XV a XVI. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Las fisionomías son de un realismo sereno con finos detalles en el tratamiento del metal, como son las escarificaciones que recorren los rostros y son típicas de las prácticas culturales de la antigüedad yoruba e identificadores de la comunidad de pertenencia.

Figura de siervo o mensajero. Aleación de cobre. ss.XVII a XVIII. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Figura de siervo o mensajero. Aleación de cobre. ss.XVII a XVIII. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Esa serenidad puede alterarse cuando se representan personajes de estrato inferior,

sobre todo si se trata de condenados o prisioneros

Pomo de un cetro con cabeza de condenado. Aleación de cobre. ss.XV a XVI. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Pomo de un cetro con cabeza de condenado. Aleación de cobre. ss.XV a XVI. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

También se esculpía la piedra, como es el caso en la figura de Idena, la guardiana del camino hacia el santuario de Ore, el dios de la caza

Figura de Idena. Piedra. ss.XIII a XVI. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Figura de Idena. Piedra. ss.XIII a XVI. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Terracotas

Las obras en terracota se caracterizan por un mayor naturalismo aunque anteceden en varios siglos a la aparición de los trabajos en aleaciones del cobre

Cabeza. Terracota NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Cabeza. Terracota NCMM. Lagos. Foto R.Puig

También estan presentes en la exposición las representaciones de animales en tierra cocida

Cabeza de elefante. Terracota. ss.XIII a XVI. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Cabeza de elefante. Terracota. ss.XIII a XVI. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Cabeza de perro. Terracota. ss.XIII a XVI. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Cabeza de perro. Terracota. ss.XIII a XVI. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

o las situaciones de enfermedad o anomalía, en este caso no sabemos bien con qué significado y si era con finalidades mágicas o rituales

Figura masculina con elefantiasis escrotal. Terracota. ss.XIII a XVI. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Figura masculina con elefantiasis escrotal. Terracota. ss.XIII a XVI. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

No faltan tampoco en terracota las figuras de extranjeros preparados para el sacrificio

Cabeza de extranjero destinado al sacrificio.  Terracota. s. XVI. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Cabeza de extranjero destinado al sacrificio. Terracota. s. XVI. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

También se modelaban las figuras destinadas a los altares de los santuarios o de los hogares y las figuras de orisas, ancestros o personajes reales

Cabeza coronada. Terracota. ss.XII a XV. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Cabeza coronada. Terracota. ss.XII a XV. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Cabeza de mujer de familia real. Terracota. ss.XIII a XV. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Cabeza de mujer de familia real. Terracota. ss.XIII a XV. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Las fisionomías en terracota son particularmente emocionantes por su calidez, textura y tratamiento de las formas.

Cabeza.  Terracota. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Cabeza. Terracota. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Cabeza. Terracota.   NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Cabeza. Terracota. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Cabeza. Terracota. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Cabeza. Terracota. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Se supone además que el modelado en arcilla, como en la África de hoy, estaba a cargo de las mujeres, mientras el trabajo con metales estaba reservado a artistas varones.

Figura equestre. Aleación de cobre. ss. XVIIa XVIII.NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Figura equestre. Aleación de cobre. ss. XVIIa XVIII.NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Arquero. Detalle. Aleación de cobre. ss.XV a XVI. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Arquero. Detalle. Aleación de cobre. ss.XV a XVI. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Algo que, finalmente, hay que tener en cuenta es que las esculturas de la civilización de los yorubas eran policromadas. Nos haría falta un esfuerzo de la fantasía para imaginar cuál era su verdadero aspecto.

Obalufon. ss.XVII a XIX. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Obalufon. ss.XVII a XIX. NCMM. Lagos. Foto R.Puig

Conclusión

No obstante tratarse de rostros llegados de un mundo y de una sociedad organizada de forma tan distinta a las nuestras, pasé más de dos horas moviéndome entre todas estas presencias, capturado por una sensación de actualidad y de ruptura de tiempos, como si el espesor de los siglos y de las distancias geográficas se hubiera disuelto y estos rostros fuesen los mismos de muchos afroamericanos y no pocos afroeuropeos que viven hoy en día en los territorios de la civilización occidental.

Los seres humanos, sus expresiones, la dignidad o las penas que sus fisionomías pueden expresar y el arte recoger no han cambiado. A los treinta y cinco millones de hombres y mujeres de ascendencia yoruba los podemos hoy encontrar no sólo en el África Occidental, sino  a diario en las calles de Europa y América, en particular en Brasil, Cuba, Haití y los Estados Unidos.

A través de qué vicisitudes, esclavitudes y exilios se han afincado por el mundo, eso daría para muchos capítulos.

Historia de una playa (II): los trabajos y los días

16 noviembre, 2014
Desembocadura del Girona y punta de la Almadraba. Amanecer. Foto R.Puig

Desembocadura del Girona y punta de la Almadraba. Amanecer. Foto R.Puig

 

Ya dijimos en el anterior capítulo que el proceso duró millones de años.

El Río Girona, ayudado por corrientes y temporales marinos (y quién sabe si por los efectos de algún tsunami mediterráneo) había formado una playa de cantos rodados en el margen izquierdo de su desembocadura.

Los hombres no habían llegado aún. El mar era un hervidero de vida. Entre la orilla y los extensos marjales que la separaban del interior, las dunas ofrecían su vegetación idiosincrásica

Planta de la Almadraba. Foto Pere Cardona

Planta de la Almadraba. Foto Cortesía de Pere Cardona

Planta de la Almadraba. Foto Pere Cardona

Planta de la Almadraba. Foto Cortesía de Pere Cardona

Podríamos especular sobre lo que ocurrió entre esos larguísimos tiempos deshumanos y la Prehistoria levantina, sólo los geólogos y los paleontólogos pueden hablar con conocimiento de causa. Pero me permito imaginar que las piedras de la playa eran como las que conocemos. La vegetación, que hoy trata de sobrevivir al paso de quienes aparcan su vehículo sobre lo que eran dunas, pienso que  sería parecida a las arriba ilustradas.

Llegan los hombres 

En las memorias rupestres que nos han dejado los habitantes que poblaron el levante español entre finales del Paleolítico y la Edad del Bronce no aparece, que yo sepa,  ningún grafismo relacionado con el mar. Parece pues que aquellos cazadores y recolectores avezados vivieron de espaldas a los marjales insalubres que les separaban de sus orillas y no se aventuraron sobre sus aguas. No faltan escenas de caza, pero me parece que no se han encontrado escenas relacionadas con la pesca en los abrigos levantinos

No obstante, nada me impide imaginar que los más osados descendiesen por el Girona hacia la playa de la Almadraba para alancear a peces y a pulpos. Puede que hasta se encaramasen sobre algún artilugio para pescar por la bahía.

Pero los sueños sueños son, y hay que dar un salto de varios siglos para encontramos con el testimonio de una vida industriosa a la vera de la playa.

En torno al Alfar de la Almadraba

Fragmento de ánfora. Alfar romano de Els poblets. Foto R.Puig

Fragmento de ánfora. Alfar romano de Els poblets. Foto R.Puig

No sabemos qué pasaría antes ni si los iberos, de cuyos poblamientos agrícolas no faltan restos en el Levante español, u otros pueblos anteriores a ellos,  le sacaron partido a nuestra playa. Lo que es cierto es que, a pesar de las posibles enfermedades palúdicas de marjales y marismas, los hispanorromanos  circulaban desde el siglo I por un ramal de la vía Augusta entre Játiva y Denia, pasando no lejos de la Almadraba.

Construccion de calzada romana. Proyecto Interreg III

Construccion de calzada romana. Proyecto Interreg III

La calzada salvaba el marjal de Pego (que cabe suponer era mucho más extenso de lo que es ahora), seguramente sin solución de continuidad con el marjal de Denia hoy enormemente disminuido

Prueba del tráfico existente es el yacimiento del Alfar de la Almadraba, situado entre los marjales y el mar.

Visita al Alfar romano de la Almadraba. Foto Gonçal Vicens

Visita al Alfar romano de la Almadraba. Foto Gonçal Vicens

El conjunto se componía de una villa romana, las casas de los trabajadores y la factoría de producción de vasijas, ánforas y tejas. Se beneficiaba de los sedimentos arcillosos cercanos y, a juzgar por los restos de pecios encontrados frente a la playa, del acceso de las naves de carga por la bahía.  No es difícil suponer que la producción también era transportada por la cercana calzada, para su embarque en el puerto romano de Denia .

De esto hay abundante y más experta información en:

http://pladelafont.blogspot.se/2013/07/els-poblets-volen-recuperar-la-seva.html

http://www.elspoblets.es/pagina.php?s=historia2

Muchas de las ánforas fabricadas en la Hispania romana para el transporte del aceite, cuando ya estaban rotas o fuera de uso, acababan junto a otras fabricadas en las costas mediterráneas, en el vertedero de cerámica del Monte Testaccio en Roma:   http://it.wikipedia.org/wiki/Monte_Testaccio

Allí cabe imaginar que reposan los fragmentos de algunas de las producidas por el Alfar de la Almadraba.

Esquema de un horno cerámico del entorno mediterráneo romano. Fuente. Michel Bonifay 2010

Esquema de un horno cerámico del entorno mediterráneo romano. Fuente. Michel Bonifay 2010

Pesca a la romana

No quedan testimonios de las actividades pesqueras de los habitantes hispanorromanos del entorno de nuestra playa, algunos de los cuales se hacían enterrar en la necrópolis, muy cercana al Alfar. ¡Pero que pescaban, seguro que sí!

Por ello me permito imaginar que esa actividad no era muy diferente a la que en otras orillas mediterráneas practicaban los romanos y los pueblos tributarios, como bien muestran los mosaicos del Museo del Bardo en Túnez

Mosaico del Museo del Bardo en Túnez

Mosaico del Museo del Bardo en Túnez. Fuente Wikimedia

¿Serán estos mismos los especímenes que se pescaban en nuestra playa?

Peces mediterráneos.  Mosaico romano. Museo del Bardo. Túnez. Fuente Wikimedia

Peces mediterráneos. Mosaico romano. Museo del Bardo. Túnez. Fuente Wikimedia

¿Son o eran estos los métodos de pesca que durante varios siglos se utilizaron frente a las costas de la Marina Alta?

Mosaico romano. Museo del Bardo. Túnez

Mosaico romano. Museo del Bardo. Túnez

Me complace pensar que sí

La pesca en época romana. Mosaico Museo del Bardo. Tunez. Fuente Wikimedia

La pesca en época romana. Mosaico Museo del Bardo. Tunez. Fuente Wikimedia

La vida siguió

Los godos vinieron de tierras nórdicas, los árabes de tierras norteafricanas. ¿Siguieron poblando y beneficiándose de la playa? ¿Fondearon en ella los bajeles de Al-Andalus? ¿Los pobladores moriscos comieron pescado de la Almadraba?

No veo por qué no tuvo que ser así. De hecho, las andenerías de cultivo de las faldas del Montgó, entre Denia y Jávea, llegan casi al mar. ¿Cómo no iban a pescar, si no desde la playa, al menos frente a ella?

Incluso me permito pensar que las naves vikingas que entraban al Mediterráneo por el estrecho de Gibraltar y navegaban cerca de sus costas hasta tierras itálicas, se podían avistar de vez en cuando desde la Almadraba.

Los periplos de los vikingos

Los periplos de los vikingos

¿Cómo dudar de ello, si en el siglo IX, remontando el río Segura, se permitieron asaltar lo que hoy es Orihuela, capital del reino de Tudmir?

Orihuela medieval.  Fuente Alicante Vivo

Orihuela medieval. Fuente Alicante Vivo

Fuente: Victor Manuel Galán Tendero en “Alicante vivo”, 11 y 20 de junio 2013

http://www.alicantevivo.org/2013/06/furia-vikinga-sobre-tudmir-parte-1.html

La captura de los atunes

La pesca del atunes, con redes que les cierran el paso en sus migraciones periódicas, ya se practicaba desde tiempos prerromanos.

Si nos atenemos a lo que se sabe de los siglos siguientes, el término almadrava, de origen árabe andalusi, designa esa técnica de pesca y aparece por primera vez en mapas del siglo XVIII  como denominación de nuestra playa. En ese mapa aparece también un caserío cercano a la playa con el mismo nombre, en la margen derecha del río Girona, que figura como Río de la Pedrosa (sigue una palabra que no identifico bien) de la Almadrava.  

Como me ha explicado mi amigo Pere, el caserío «Almadrava», cerca del delta del Girona, es la propia factoría pesquera, donde procesaban los atunes. Tenia, por lo que se cuenta, ermita propia. En esa área se puede visitar hoy la Torre de la Almadrava, restaurada en su coronamiento y afortunadamente en buen estado de conservación. Estaba relacionada con aquella industria de la pesca (avistamiento del paso de los bancos de atunes) y también con la vigilancia costera de la piratería berberisca.

La costa de Denia a Oliva 1718. Archivo del Reino de Valencia

La costa de Denia a Oliva 1718. Archivo del Reino de Valencia

Dsde finales del siglo XV estas tierras pertenecieron al Marquesado de Denia y en la playa se siguió con la pesca del atún con almadraba.

Fuente: https://sites.google.com/site/delspoblets/  (con abundantes artículos sobre el poblamiento de lo que hoy es el término de Els poblets)

La pesca con almadraba

La pesca con almadraba en el s.XVIII. Blog «El tiempo de los modernos».

En el siglo XX

Para terminar por hoy, nos detendremos en los años sesenta del pasado siglo. Las fotos que aquí aporto se las debo a Pere Cardona,  Vicepresidente de la Asociación de Vecinos de La Almadraba de Els Poblets

Por entonces,  la playa de la Almadraba era ya, como lo es hoy, el espacio de baño, de esparcimiento y de pesca para los pueblos de la comarca

Aquí se aprecia la amplitud del espacio frente al mar en 1961. Cortesía de Pere Cardona

Aquí se aprecia la amplitud del espacio frente al mar en 1961. Cortesía de Pere Cardona

Las construcciones estaban muy alejadas de la orilla. La franja de piedras y camino sólidos era más ancha que hoy

El mar en 1960 visto desde la galería. Cortesía de Pere Cardona

El mar en 1960 visto desde la galería de una casa de la playa. Cortesía de Pere Cardona

El entorno humano y vecinal no creaba ningún problema de preservación, hasta que llegaron las extracciones industriales y abusivas de 1973, efectuadas en la misma orilla (de las que hemos hablado en el capítulo primero), sin olvidar las que se efectuaron más tarde en el lecho del Girona, o las extensiones portuarias de Denia que cambiaron las corrientes que depositaban arenas en los fondos delante de la playa

Una de las viviendas de la playa en 1965. Cortesía de Pere Cardona

Una de las viviendas de la playa en 1965. Cortesía de Pere Cardona

El camino era incluso una vía de tránsito ganadero

La playa como vía pecuaria en la proximidad del restaurante Llandero. 1961. Cortesía de Pere Cardona

La playa como vía pecuaria en la proximidad del restaurante Llandero. 1961. Cortesía de Pere Cardona

Y se podían apreciar los restos de antiguas construcciones de vigilancia

En los restos de una garita forificada junto a la orilla en 1966. Cortesía de Pere Cardona

En los restos de una garita forificada junto a la orilla en 1966. Cortesía de Pere Cardona

Cuestiones preocupantes que no faltan

En los últimos tiempos la Ley de Costas ha abierto discusiones sensibles entre quienes han vivido y amado esta playa durante décadas y los funcionarios encargados de establecer los nuevos deslindes y sus consecuencias. No se puede responsabilizar de los cambios de morfología de la playa a la gente de los pueblos que la han poblado respetuosamente durante los últimos cien años, cuando las investigaciones sobre los efectos de las obras públicas en la costa alicantina y de sus extracciones y construcciones (eg.: la inútil presa de Isbert en 1945 o las ampliaciones portuarias en la región) demuestran que son otras las razones de la involución de nuestras costas.

Las alegaciones al Deslinde Provisional del Ministerio de Medio Ambiente, presentadas por el Vicepresidente de la Asociación de Vecinos de La Almadraba de Els Poblets en marzo del 2006, resumían los errores, dejaciones y abusos que han conducido a las regresiones que la playa ha experimentado desde los años 40, de los cuales el propio Estado ha sido responsable directo o subsidiario (presas, extracciones de gravas, puertos excesivos, pesca de arrastre incontrolada, contaminaciones y disminución de las praderas de posidonia, rehabilitaciones erróneas, etc).

Cito algunos párrafos significativos de aquel documento:

Nuestra playa, la de la Almadraba de Els Poblets, configurada exteriormente por las piedras aportadas por el río Girona, contaba con una extensa duna formada por miles de toneladas de cantos rodados. Esta duna, separada de las propiedades continentales por un camino/vereda o colada  y colonizada por plantas como “Verbascum charidemi”, “Glaucium Flavum” etc. estaba protegida de los temporales del otoño por millares de metros cúbicos de hojas de Posidonia Oceánica la cual, tras desprenderse de las praderas sumergidas a finales del verano, permanecía durante meses en la orilla del mar disipando la energía del oleaje   y consiguiendo, de forma natural, la estabilización de la playa. Tal era la cantidad de hojas de esta fanerógama depositadas en la playa que, los labradores de los pueblos del alrededor, llevaban los sobrantes a sus establos para preparar las “camas” de los animales y utilizarla posteriormente como abono.

Sin embargo, a partir de los años cuarenta y coincidente con el desarrollo industrial del Estado, este delicado equilibrio se vio dramáticamente alterado debido a diferentes pero importantes y confluyentes causas que han conducido a que las playas situadas al norte de Dénia hayan venido perdiendo una media del orden de ½ metro por año.

Como dato orientativo de la gravedad del problema cabe señalar que según el Dr. D. José Serra Peris, Catedrático de la U. Politécnica de Valencia, harían falta 12´5 millones de metros cúbicos de áridos para recuperar el ancho de las playas del año 1947, sólo en el tramo situado entre la Punta del Molino y el Río Racons.

Vista aérea de la playa en 1946. Foto Cuatrovientos

Vista aérea de la playa en 1946. Foto Cuatrovientos

Para Greenpeace una estructura que bloquee el camino natural de los flujos de agua que distribuyen la arena, no sólo altera el balance sedimentario, con lo que las playas no reciben suficientes sedimentos sino que, además, las propias actividades del puerto producen en sus aguas interiores una extrema contaminación que, posteriormente, es distribuida por las corrientes marinas a las playas vecinas. Muchos productos empleados en los puertos y embarcaciones producen daños irreparables en el medio marino. Metales pesados (zinc, cadmio, cobre, plomo, estaño, mercurio) se acumulan en los sedimentos marinos y afectan a las comunidades bentónicas (Posidonia). También lo hacen los disolventes, las pinturas anti-incrustantes y TBT, y los hidrocarburos, que producen anoxia. La eutrofización de las aguas circundantes se produce por la acumulación de nutrientes en los puertos. Esto conlleva un aumento de la turbidez del agua y una importante disfunción en la fotosíntesis de las praderas de fanerógamas, tan importantes para la estabilidad de las playas.

En nuestra zona, el Puerto de Denia  es el principal agente perturbador seguido a distancia por el de Gandía (que impide el paso de sedimentos del río Júcar y de otros grandes ríos septentrionales a nuestras playas). El monumental desorden hidrodinámico que provocó su construcción, entre 1900 y 1936, supuso la inmediata desaparición de las playas situadas al Norte (Cagarritar, Basetes y Marines) las cuales sufrieron un progresivo y agudo proceso de erosión que todavía continua en nuestros días, tras su regeneración por el MOPU en 1988.

Otro resumen de las intervenciones públicas que han perjudicado a la playa de la Almadraba a partir de los años 40 del siglo XX son las quejas elevado al Defensor del Pueblo en los años 2008 y 2010

Queja ante el Defensor del Pueblo. Octubre del 2008

Queja ante el Defensor del Pueblo de Julio 2010

 Mirando hacia el futuro

El próximo y último capítulo tratará de ilustrar como nuestra playa, gracias a los que la quieren, disfrutan de ella y la defienden, cuenta con todo lo necesario para ser un espacio vivo, donde el entorno humano y el medio ambiente sean componentes de una misma armonía. Esperemos que se cumpla aquello que se decía del Cid: «que buen vasallo si tuviese un buen señor».  Lo que quiero decir, es que todos (vecinos o veraneantes, asociaciones, empresas, autoridades locales, autonómicas o estatales) los que nos enseñoreamos de esta playa que nos sirve (y que no puede quejarse si la descuidamos) somos cada uno en su medida responsables de su mantenimiento y mejora.

La orilla de nuestra mágica playa de la Almadraba. Foto R.Puig

La orilla de nuestra mágica playa de la Almadraba. Foto R.Puig

Dibujos reunidos (IV): evocando a Pontormo con motivo de unos dibujos de Sorolla

8 noviembre, 2014
studio de muchacho sentado para La Villa Medicea de Poggio a Caiano. Jacopo Pontormo. Uffizi.

Estudio de muchacho sentado para La Villa Medicea de Poggio a Caiano. Jacopo Pontormo. Uffizi.

Este es mi reseña de una asociación personal probablemente excesiva.

Hace poco, como se ha visto en este blog, visité el Museo Sorolla en Madrid con ocasión de una exposición temporal (“Trazos en la arena”) de algunos de los 1300 dibujos de Joaquín Sorolla (1863-1923)  que, según se explicaba, posee la Fundación Sorolla.

Pocos meses antes estuve en otra dedicada a los dibujos de Jacopo Pontormo (1494-1556) en la Fundación Mapfre, también en Madrid, que me impresionó considerablemente.

Sin ánimo de sentar cátedra sobre nada, he reunido aquí algunos de aquellos dibujos del florentino, junto a los bocetos o estudios que, casi quinientos años más tarde, realizaba el valenciano para algunos de sus cuadros, en que el cuerpo desnudo de los niños es el protagonista.

Sorolla. Boceto para El niño de la barquita. 1904

Sorolla. Boceto para El niño de la barquita. 1904. Fundación Sorolla

De un lado el naturalismo del artista de la luz mediterránea y, del otro, la tensión de un pintor del Cinquecento en creciente ruptura con los cánones mentales en los que se formó. Sorolla en progresión hacia la fama, Pontormo en camino hacia la incomprensión.

Estudio de muchacho que sopla por una caña. Jacopo Pontormo. Uffizi.

Estudio de muchacho que sopla por una caña. Jacopo Pontormo. Uffizi.

Salvo que algún día la exposición de otros bocetos demuestre lo contrario, en los dibujos de tema infantil o juvenil de Sorolla no es protagonista la mirada, pues los retratos de familia la recogen de forma convencional.

Cuando hablo de bocetos, es porque el trabajo a piedra negra, carboncillo o lápiz, de Pontormo o de Sorolla, se debe con frecuencia a la necesidad de bosquejar o de hacer estudios para telas o frescos, como reflexiva y tensa preparación en el primero, con la espontaneidad de lo cotidiano en el segundo.

Sorolla. Boceto para El baño 1899

Sorolla.Boceto para El baño 1899. Fundación Sorolla

Los dibujos de escenas de maternidad del español son retratos de intimidad familiar, los del italiano son inquietantes composiciones preparatorias de alguna de sus madonnas con el niño, misteriosamente desacralizadas, donde los ojos abren ventanas a un vacío interior.

Estudio para la Virgen con el Niño. Jacopo Pontormo. Uffizi.

Estudio para la Virgen con el Niño. Jacopo Pontormo. Uffizi.

Los cuerpos dibujados por Pontormo reflejan la manera de Miguel Ángel, filtrada por la influencia de Durero, pero los rostros de sus bocetos, sobre todo los ojos, son originales y anticipan las miradas del expresionismo moderno.

El boceto de un muchacho para el luneto de Vertumno y Pomona en la Villa Medicea de Poggio a Caiano (1519-1521) es un ejemplo de esa maestría inquietante y única.  Fuese quien fuese el modelo (quizás uno de los aprendices que le molía los pigmentos) las cuencas vacías son una constante de esos bosquejos, que, trasladados al lienzo o el fresco, se convierten en ese tipo de miradas opacas que son su marca distintiva.

Estudio de muchacho sentado para Poggio a Caiano.Detalle. Jacopo Pontormo. Uffizi.

Estudio de muchacho sentado para Poggio a Caiano. Detalle. Jacopo Pontormo. Uffizi.

No ha de extrañar que su obra sagrada dejase descolocado a más de uno de sus píos comanditarios.

Siglos más tarde otro artista, igual de hábil para el pergeño y el trabajo rápido con el lápiz, el carboncillo o la aguada, no tuvo tal problema, pues, por la misma época en que Picasso, Braque o Juan Gris removían las constantes del arte, a Sorolla le pedían lo que daba y daba lo que le pedían.

Sorolla. Después del baño 1905

Sorolla. Después del baño 1905. Fundación Sorolla.

Sorolla vivió aceptado, dibujando y pintando en la certidumbre. Pontormo vivió en soledad y dibujó y pintó en la perplejidad.

Estudio de putto. Jacopo Pontormo. Uffizi.

Estudio de putto. Jacopo Pontormo. Uffizi.

De repente la noche

2 noviembre, 2014
Ed è subito sera.  Foto R.Puig

Ed è subito sera. Foto R.Puig

Recordando a Kurt

.

El vaivén del embarcadero

Amodorrado

Acuna al tiempo

.

La luna anublada presagia

Lluvia

Para mañana

Buona sera signorina. Foto R.Puig

Buona sera signorina. Foto R.Puig

El primer frío de la noche

Húmedo

Trepa por mi espalda

.

La nave que retorna

Ingrávida

Hechiza la hora

E la nave va. Foto R.Puig

E la nave va. Foto R.Puig

La corriente de la ría

Tintada

Va herida de luces

.

El barco fantasma

Varado

Ahoga su memoria

Dimenticanza. Foto R.Puig

Dimenticanza. Foto R.Puig

Las cejas del mercado

Agudas

Cincelan el agua

Sguardi sull'acqua. Foto R.Puig

Sguardi sull’acqua. Foto R.Puig

Los pies palpando adoquines

Mecánicos

Me transportan a casa

Pavé. Foto R.Puig

Pavé. Foto R.Puig

.

Ognuno sta solo sul cuor della terra
trafitto da un raggio di sole:
ed è subito sera

Salvatore Quasimodo

Detalles de Madrid

26 octubre, 2014
Cristobal.  Foto R.Puig

Cristobal. Foto R.Puig

Para Manolo

Estoy de visita en Madrid, sólo por dos días más.

El lector me perdonará que esta semana no haya podido elaborar alguno de los temas que esperan en mi cartera de futuros.

Sin embargo, al hilo de mis paseos en familia, la cámara que siempre llevo en una cartuchera prendida del cinturón ha seguido moderadamente activa.

Este mico seráa pintor. Foto Dimitris Papadopoulos

Este mico será pintor. Foto Dimitris Papadopoulos

Gracias a ello abro hoy esta especie de crónica batiburrillo con la imagen de un alevín de pintor que gatea junto a la tumba de Goya en la capilla de San Antonio de la Florida, la que que alberga esos frescos deslumbrantes en los que condensó su genio.

Al otro lado del paseo se alza su estatua

Don Francisco. Foto R.Puig

Don Francisco. Foto R.Puig

El río de Madrid

Río Manzanares.  Foto R.Puig

Río Manzanares. Foto R.Puig

El río Manzanares finge profundidades,

dispone balcones para los pescadores

Esperando a los pescadores. Foto R.Puig

Esperando a los pescadores. Foto R.Puig

o asiste al idilio de la columna y el árbol

Idilio. Foto R.Puig

Idilio. Foto R.Puig

Botánica

Algunas de mis capturas fotográficas proceden de los invernaderos magníficos y luminosos de la “Casa de Vacas, junto a la «Casa del Reloj», no lejos de los parques del Madrid Río en las riberas del Manzanares y parte del antiguo matadero, recuperados para la cultura y el esparcimiento.

Nunca dejan de sorprendernos esos cactus (oriundos de Méjico) que en su perfecta geometría son viva demostración de la teoría de fractales

Echinocactus grusonii. Invernaderos de la Casa de las Vacas. Foto R.Puig

Echinocactus grusonii. Invernaderos de la Casa de las Vacas. Foto R.Puig

En otro orden de cosas, las patas –perdón, quise decir las raíces- de algunas plantas del trópico, podrían inspirar relatos de metamorfosis

Pandanus utilis. Invernaderos de la Casa de las Vacas. Foto R.Puig

Pandanus utilis. Invernaderos de la Casa de las Vacas. Foto R.Puig

Apariencias

Puestos a buscar transformaciones, no faltan en Madrid los trampantojos que transforman los muros de la ciudad.

En lugar de un muro así

El patio trasero. Foto R.Puig

El patio trasero. Foto R.Puig

hay, a pocos pasos, otro así

Trampantojos. Calle de la Montera. Madrid.Foto R.Puig

Trampantojos. Calle de la Montera. Madrid.Foto R.Puig

En la Casa Museo de Joaquín Sorolla

Del mural urbano damos un salto a los jardines de la que fue casa de Joaquín Sorolla, adonde vienen a inspirarse artistas que pintan al aire libre.

Hay quien ha llegado desde Hawai, como es el caso de Kyoko Ishigami

Venirse de Hawai para pintar en España. Foto R.Puig

Venirse de Hawai para pintar en España. Foto R.Puig

Con su caballete encontramos también a un Sorolla en miniatura, en una vitrina de su estudio, junto a una reproducción de la Venus de Cherchell

Sorolla en su vitrina. Foto R.Puig

Sorolla en su vitrina. Foto R.Puig

A pocos pasos, ondean la túnica al viento de la Victoria de Samotracia y los ropajes luminosos de sus paseantes de playa

Ropajes al viento. Foto R.Puig

Ropajes al viento. Foto R.Puig

Una de las muchas esculturas de tradición clásica que coleccionaba, en este caso en el jardín del museo, parece representar  a un muchacho con un odre

Trajín. Foto R.Puig

Trajín. Foto R.Puig

que orina discretamente

Protegiéndose. Jardín de Museo Sorolla. Foto R.Puig

Museo Sorolla.          Foto R.Puig

Otra de las esculturas de su colección, en la que fue su mansión y su lugar de trabajo, se recorta bajo un luminoso ventanal

Ventanal. Museo Sorolla Foto R.Puig

Ventanal. Museo Sorolla Foto R.Puig

Luz y perfiles

Registro siluetas del cielo de Madrid, sobrevolando la calle de Alcalá

Caballos en el cielo.Foto R.Puig

Caballos en el cielo.Foto R.Puig

y en la misma calle, ya cerca de la Puerta del Sol

Se salva la fachada. Foto R.Puig

Se salva la fachada. Foto R.Puig

o en su confluencia con la Gran Vía

El ángel del atardecer. Foto R.Puig

El ángel del atardecer. Foto R.Puig

Las barandillas del edificio de un antiguo banco, cuyas entrañas se están demoliendo aunque la fachada se va a conservar, se recortan en los vanos de sus balcones, como si innumerables cuencas vaciadas de sus ojos se abrasasen en luz y polvo

Balcones a la intemperie.  Foto R.Puig

Balcones a la intemperie. Foto R.Puig

….

Termino por hoy con el callejón y la fachada de la casa, viva y bien conservada, en la que nací

La casa donde nací. Foto R.Puig

La casa donde nací. Foto R.Puig

Historia de una playa (I): la obra de un río

18 octubre, 2014
Playa de la Almadraba. Foto R.Puig

Playa de la Almadraba. Foto R.Puig

Playas hay millones en todos los litorales.

Todos habrían de tener derecho, pero sobre todo los niños, a acercarse a la orilla de la playa y sentir que el agua les acaricia, que el vaivén de un mar benigno envuelve su piel. Sería uno de los derechos universales de la infancia. Los niños, sin que importe donde vivan, tendrían que disfrutar de un salvoconducto que le permitiese atravesar fronteras y llegar en paz a alguna playa, mirar al mar y jugar con las olas.

Playas hay tantas pero ocurre a veces que el destino te reserva una en especial. Se crea un vínculo, como si esa orilla te hubiera adoptado,  como si te hubieras dejado capturar por ese mar, esa perspectiva, esa luz, esas variaciones del cielo, del horizonte y del paisaje.

La playa de la Almadraba y el río que la ha creado

En la desembocadura del Girona. Foto R.Puig

En la desembocadura del Girona. Foto R.Puig

No es la primera vez que hablo de Els Poblets, un pueblo que me acoge desde hace años y, con él, su playa, que también ha aparecido en estas páginas.  Pero hoy he decidido narrar a mi modo los orígenes y las vicisitudes de esta orilla. Son sólo 1600 metros, una pequeña parte de las costas de España, una nadería entre los millones de playas de nuestro planeta.

Cono aluvial del rio Girona.  Fuente Wikimapia

Cono aluvial del rio Girona en el extremo meridional de la playa de la Almadraba. Fuente Wikimapia

He recogido información, en especial gracias a Pere Cardona, el alma y el motor de la Asociación de Vecinos de la Playa de  la Almadraba, que me ha facilitado abundante documentación. Sus observaciones han hecho posible estas modestas páginas.  Si algo pareciera subjetivo, no hay que achacárselo a él, sino a mi manía de elucubrar.

No hace falta ser geólogo para entender que cuando, entre tantas playas de arena de las costas de Denia, aparece una playa de cantos rodados, de esas piedras lisas que por aquí  llaman “bolos”,  hay que remitirse al causante.

En  la orilla  de la Almadrava. Foto   R.Puig

En la orilla de la Almadrava. Foto R.Puig

La playa de la Almadraba es el resultado de la erosión y el arrastre de fragmentos de rocas sedimentarias desde las alturas de las sierras de la Marina Alta, es una suave curva de piedras depositadas durante millones de años por el Río Girona en este litoral.

Así que esta playa se ha gestado desde las alturas de la Vall de Alcalá, en el barranco de la Fontblanca, donde dicen que nace el río que la ha formado.

Para entenderla hay que irse peñas arriba, en ese tramo del Girona que transcurre desde Alcalá de la Jovada hasta la Vall de Ebo, antes de que su curso se lance entre los altos muros del Barranco del Infierno para aparecer por la Vall de Laguar.

El Girona entra en el Barranco del Infierno.   Foto R.Puig

El Girona entra en el Barranco del Infierno. Foto R.Puig

Por eso estuve hace poco por aquellos parajes y descendí hasta su curso por  los alrededores de la Cova del Rull, esa hermosa gruta kárstica cerca de la Vall de Ebo,  una filigrana que las aguas del río, en una de sus desviaciones subterráneas, excavaron hace casi seis millones de años y las aguas que se filtran de la superficie adornaron de estalactitas y estalagmitas.  Siguiendo su trabajo de erosión sistemática el lecho fluvial siguió hundiéndose casi cien metros, hasta situarse en su actual trazado sinuoso a los pies de la Muntanyeta.

Barranco del Girona bajo la Muntanyeta en los aledaños de la Cova del Rull. Foto R.Puig

Barranco del Girona bajo la Muntanyeta en los aledaños de la Cova del Rull. Foto R.Puig

Es en esa zona en donde el agua se remansa en tolls o pozas,  adonde los vecinos de la zona bajan a bañarse por veredas de cabras, y en los lagos, menos profundos pero no menos transparentes, donde el otro día nadaban los peces.

Fondos de un lago del Girona.  Foto R.Puig

Fondos de un «lago» del Girona . Foto R.Puig (7 de octubre del 2014)

Por Alcalá de la Jovada

El paseo por el curso alto del río Girona nos ha traído para empezar al Señorío de Al-Azraq, del nombre del caudillo árabe nacido en en el pueblo de Alcalá de la Jovada entre 1210 y 1215, que gobernó en lo que es hoy término Municipal de la Vall de Alcalá, junto al cual nuestro río discurre aún como un joven torrente.

Riu Girona en la Vall d'Alcalá. Foto R.Puig

Riu Girona en la Vall de Alcalá. Foto R.Puig

Ateniéndose a los restos arqueológicos existentes se sabe que esta comarca  estuvo habitada desde el Paleolítico Superior, hace de 14.000 a 7.500 años. También la habitaron los iberos entre los siglos V y I a.C. y los habitantes de la España musulmana, que dejaron como recuerdo el poblado morisco de la Atzubieta, el más extenso de los conservados en la Comunidad Valenciana.

Arco de la Atzubieta.  Foto  R.Puig

Uno de los muchos arcos del poblamiento morisco de la Atzubieta. Foto R.Puig

El emplazamiento se beneficiaba de  la cercanía de las aguas del río, que cabe imaginar  más abundantes por entonces. Por los callejones del lugar las mujeres del poblado se dirigirían al río a lavar, mientras los varones trabajaban las huertas y los andenes de frutales.

Y en el lugar donde se alza hoy la iglesia de Alcalá de la Jovada acudirían a la mezquita de aquel señorío islámico, pues este poblamiento ocupaba una amplia superficie en las afueras del pueblo.  El curso del río Girona es de mayor anchura junto a la Atzubieta.

Antiguo puente de mampostería y arco de ladrillo sobre el Girona junto a la Atzubieta. Foto R.Puig

Antiguo puente de mampostería y arco de ladrillo sobre el Girona junto a la Atzubieta. Foto R.Puig

Lo salva un antiguo puente de ladrillo y mampostería (hoy reforzado). La superficie de las rocas de su lecho refleja la erosión de millones de años, cabe pensar que correspondiente a caudales mayores de los que hoy tiene el río, salvo en épocas de gota fría.

Junto al poblado los cantos rodados van siendo ya menos esquinados,  empiezan a estar más pulidos, aunque no alcanzan la lisura de los que encontramos seis kilómetros más abajo,  poco antes de su paso por la Vall de Ebo.

Aspecto de un lago de Girona.  Foto R.Puig

Aspecto de un «lago» de Girona poco antes de la Vall de Ebo. Foto R.Puig

Resumiendo, por estos lugares la corriente arrancaba ya los cantos rodados que, tonelada tras tonelada, acabarían depositándose durante millones de años en la Playa de la Almadraba.

Las piedras de la playa

La playa es el resultado de la larguísima labor del río Girona.  Por desgracia sus cantos rodados se mezclan hoy en parte con cascajo de cantera, usado para reparar el efecto de los temporales. Paradójicamente los bolos del Girona se han extraído a menudo para reparar otras playas más lejanas de la Comunidad Valenciana.

Roca de conglomerado en las alturas de la Vall de Ebo.  Foto R.Puig

Roca de conglomerado en las alturas de la Vall de Ebo. Foto R.Puig

A pesar de esas actuaciones erróneas, la playa de la Almadraba, es sustancialmente el resultado del aporte más que milenario de un río que ha erosionado sedimentos cretácicos de la Marina Alta, depositando sus cantos rodados durante millones de años en el cono de la desembocadura.

Roca caliza en las alturas de la Vall de Ebo  Foto R.Puig

Roca caliza en las alturas de la Vall de Ebo Foto R.Puig

La playa herida

Parece obvio que la idiosincrasia medioambiental de esta playa debe ser preservada, lo que significa proteger sus piedras. Pero no siempre es así. Todavía hay gente que viene a aprovisionarse de sus guijarros para decorar jardines o, lo que es peor, hasta llegan de vez en cuando camionetas de constructores a recoger gratuita e ilegalmente capazos de canto rodado, que seguramente cobraran a sus clientes.

Estas depredaciones, digamos que “menores” de hoy me retrotraen a otra mucho más grande, histórica y documentada,  que se produjo en los últimos años del franquismo, en 1973, a partir de una firma del por entonces ingeniero jefe de la Dirección de Costas de Alicante.

Se excavó una franja de 246 metros de larga con anchura media de 10 metros y profundidad media de 1,80 frente a la salida del Camino del mar.

Detalle de la excavación de cantos rodados extraídos de la playa de la Almadraba en 1973. Archivos de Denia

Detalle de la excavación de cantos rodados extraídos de la playa de la Almadraba en 1973. Archivos de Denia

El permiso de Costas se dio en febrero 1973. Curiosamente,  en el mes de julio otro oficio de la misma autoridad  (tras una reclamación del Ayuntamiento de Denia, ocasionada por iniciativa de un vecino alarmado por la salvaje extracción) declara que han informado al Gobernador Civil de que dicha extracción es “completamente abusiva”.

Lo solicitado y autorizado en febrero habían sido “1000 metros cúbicos aproximadamente” y se pagó al final una extracción  declarada del doble, dos mil metros cúbicos a 8 pesetas el metro cúbico.  Aunque con el gráfico arriba expuesto se puede llegar a la conclusión que a cada uno le salga en su calculadora (me reservo la mía). La excavación se hizo a primeros de mayo, ya fuera del plazo autorizado.

¿A qué obedeció todo esto? Muy sencillo, a que unos industriales de la provincia tenían que hormigonar varios miles de metros cuadrados del planché de su nueva fábrica, situada como quien dice a un tiro de piedra de la playa de la Almadraba, y lo más fácil y barato era, en vez de pagar cascajo de cantera y su transporte (como se suele hacer), obtener la autorización de la autoridad de Costas de Alicante, sin que ésta notificase la autorización al Ayuntamiento de Denia (según testimonio del mismo), para sacar la piedra de una playa cercana, a pesar de su gran valor geológico y ecológico y de la destrucción de duna que eso conllevaba.

Todo esto es lo que se deduce de la documentación que obra en los archivos de Denia.

Y, a buenas horas mangas verdes, el 17 del de mayo de 1973 el Centro de Iniciativas  y Turismo de Denia denunciaba  la “salvaje operación” .

Cuándo sintáis un delicioso olor a pan de molde en las cercanías de El Verger no podréis menos de pensar que en el subsuelo están enterradas miles de toneladas de cantos rodados que fueron labrados por el río Girona para la Playa de la Almadraba, durante millones de años.

Los bolos de la playa de la Almadraba. Foto Pere Cardona

Los bolos de la playa de la Almadraba. Foto Pere Cardona