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Sommar! Sommar! (¡Verano!¡Verano!)

15 julio, 2025

En Gotemburgo hay pingüinos, son los «pingüinos de Humboldt» y tienen casa en el parque de Slottsskogen. Son endémicos de la corriente de Humboldt y habitan la costa occidental de América del Sur, desde Perú hasta el archipiélago de Chiloé, Chile, y tienen esta colonia para embeleso de los niños, donde en su gran piscina nadan como flechas y comen sin trabajar.

De modo y manera que para comentar algunas imágenes del dolce far niente veraniego he traído a este grupo de hidrodinámicos esfeniciformes trasplantados a la Costa Oeste de Suecia.

Slottsskogen significa literalmente El bosque del castillo. El castillo al que se hace referencia en Slottsskogen no es un castillo dentro del parque, sino que alude al bosque que antiguamente pertenecía al Castillo de Älvsborg. De esa fortaleza medieval en su versión actual sólo quedan unas ruinas que se encuentran a varios kilómetros de distancia, a orillas del río Göta.

El parque de Slottsskogen es hoy en día una popular zona recreativa y un distrito en el suroeste de Gotemburgo e incluye un zoológico, un museo, zonas de juegos infantiles y cafeterías.

Aspectos de Slottsskogen

Y pues hemos comenzado con aves acuáticas…

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Paseo por Pilane 2025

En este blog casi cada año nos damos una vuelta por el parque de esculturas al abierto de Pilane. Así que no hemos faltado a la cita, caminata de más de dos horas, y nos hemos dado un atracón de imágenes rocosas…

gracias a la obra del principal escultor invitado de este año, Ugo Rondinone, nacido en 1963, que emula las de Claes Hake, nacido en 1945, del que tratamos en este blog hace ya 13 años.

Las escalas en comparación a la figura humana son de 1×4 a 1×6 por lo menos.

Tras los colosos, en la cima, finalmente un sol de ramas de árbol doradas

y mi amigo alemán Yellow que admira la escultura de Ugo Rondinone, vigilado a distancia por la Anna de Jaume Plensa, que desde hace años preside este paisaje, surcado por restos prehistórico, de Pilane

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En la playa

Tras ejercitar las piernas por los roquedales de Pilane en la isla de Tjorn, nos fuimos a dar un baño en una playa al sur de Gotemburgo, no sin dejar antes un acertijo para ver quién adivina lo que representa esta obra de la escultora sueca Moa Israelsson (*)…

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En una playa

Se trata de una cala remansada donde la oscura arena se mezcla con un barro fino, un fango como los que algunos expertos de la cosmética epidérmica usan para embadurnar con fines curativos a sus clientes. Si no me equivoco lo llaman fangoterapia.

Pero en esta playa son los niños quienes se entretienen jugando con el cubo y la pala

o practicando sin saberlo la terapia del barro

En esa tarde con nubes, después de nadar un rato, después de ya vestidos tomar un café sentados en el borde de la playa, el tiempo pasaba y tuve la sensación, ay, de que el niño había esperado durante ese tiempo a alguien que no venía


(*) El saco de dormir de Moa Israelsson es también la piel de una larva ya abandonada.

De un poeta peruano: José Watanabe (Laredo 1945 – Lima 2007)

1 julio, 2025

Hace pocos días en la Feria del libro de Madrid encontré la agradable sorpresa de la séptima reimpresión de la Poesía completa de José Watanabe (Pre-Textos, Valencia 2025, 456 páginas), poeta peruano de padre japonés y madre peruana. Se ha calificado como poeta de la corporeidad y también del refrenamiento.

Escribió para su hija lo siguiente:

Creo que el refrenamiento, la contención, es el aspecto que más aprecié de mi padre, el que más me impresionaba. Mis hermanos y yo terminamos por controlar nuestras expansiones ante él. Nunca nos lo pidió, pero de alguna manera supimos que él siempre esperaba de nosotros un comportamiento más discreto, más recogido de maneras. Era una forma de represión, sí, pero no castrante, sino para estar más cerca del orden natural. La naturaleza, aún cuando es violenta, no hace aspavientos. Cuando somos aspaventosos estamos haciendo comentarios agregados e innecesarios a nuestros actos, que son naturales, todos.

Fuente: Francisco Laborde en Pequeños Universos

Sobre él han escrito otros más cualificados que yo y creo que su formulación poética de las cosas más naturales de la vida es una de esas características de su creación que lo hacen más cercano. En mi caso hay un poema en el que versifica sus sensaciones en el barco que le trae de regreso al Perú, publicado en la edición citada (pp. 218-219).

El porqué de haberme animado a traer aquí este poema tiene que ver con que más de treinta años antes yo experimenté algo parecido, no en un regreso al Perú como el poeta, sino en mi despedida en 1966 por la misma ruta en el buque Donizzeti. René, hermano, tú también te acordarás de aquella travesía, en medio de la cual el 28 de julio diste el tono de partida para el Himno del Perú que cantamos con el capitán del barco y los viajeros peruanos que iban a bordo del paquebote, por cierto de nombre ilustre para la historia del bel canto.

En el Perú hay desiertos, tan arenosos como los de otras latitudes, en ellos el sol se pone en el horizonte inmenso del Pacífico. En alguna de esas costas amarillas de su patria sabe que le arribará el fin, cuya metáfora es la tierra que en última instancia acaba por comer nuestra carne (pulvis eris et in pulverem reverteris).

No hay camellos, pero no sería difícil imaginarlos. Es verosímil pues que, a la hora de escoger tres animales heráldicos, el poeta, tras el búfalo y la boa, elija el camello, con el que observa la inmensidad del cielo a la caída de la tarde entre sus dos jorobas.

El sol se va por en medio de ellas sin dejarnos respuesta sobre el porqué de nuestras errancias sobre la tierra.

EL CAMELLO

Caminando sobre el trazo limpio

de una colina de arena,

la proverbial mirada del camello

es la de un estúpido que nos comprende.

Una mirada insultante.

O tal vez razonable,

porque en medio del desierto

que simplifica nuestros objetivos, pregunto:

¿para qué nos atrevemos con las inmensidades?

No hay respuesta

y el sol se pone entre las dos gibas del camello.

Edición citada: pág. 456


Referencias:

José Watanabe, Poesía completa. Prólogo de Darío Jaramillo Agudelo, Editorial Pre-Textos, colección La Cruz del Sur, Valencia junio del 2025

De un paseo por el Real Jardín Botánico de Madrid

19 junio, 2025

Ayer, como suele ser corriente en los veranos de Madrid (éste se está adelantando algo), hacía un calor considerable en esta mi villa natal, así que opté por un garbeo bajo las sombras de los árboles centenarios que bordean las calles del Real Jardín Botánico fundado en 1755 por Carlos III.

Su estatua es una réplica donada por la Fundación Juan March de la realizada por Alfonso Bergaz en 1783, como se explica en la página web del Patrimonio cultural y paisaje urbano y Monumenta Madrid :

Se trata de una estatua de bulto redondo, completa y de pie, muy realista, en la que se representa al monarca, con aire seguro, afable y magnánimo a la vez. Está vestido con armadura y manto, sujeto éste a la cintura con la mano derecha, mientras con la izquierda sostiene un báculo. En su base y en la parte posterior aparece la inscripción incisa: ME HIZO D. ALFONSO BERGAZ TEN. DIRECTOR / DE LA R.l ACADEMIA DE S. FERNº / EN M. AÑO DE 1783.

Tiene otro mérito, el de ofrecernos a pocos metros un banco sombreado. Un poco más arriba nos espera Carlos Linneo, bajo un sol de justicia y rodeado de césped verde. Es sabido que los suecos viajan a España con la intención de broncearse al bode del Mediterráneo o en las islas Canarias, pero este sueco se curtió más bien recorriendo miles de kilómetros a lo largo de sus 70 años de vida, para fundar la moderna clasificación de plantas, animales y minerales. Este busto, obra de José María Rubio está ahí desde 1859.

Si avanzamos un poco más podremos entrar en el Pabellón Villanueva donde visitamos la exposición de la artista y profesora Toya Legido de reproducciones a escala natural de 50 especies de lepidópteros (mariposas) de la península ibérica que están en peligro de extinción.

Así se nos explica en la página consagrada a esta exposición:

«Entre los objetivos que el Real Jardín Botánico tiene marcados desde su creación hace 270 años, la investigación, la conservación, la educación y la divulgación son sus pilares, “por lo que está exposición es perfecta al aunar esas cuatro finalidades”, ha añadido la directora del RJB-CSIC que, también ha recordado el compromiso del Jardín con estos insectos organizando mensualmente los talleres ‘Mariposas en el Jardín’ y ‘Censo de mariposas’ para aprender a observarlas y reconocerlas, conocer su función polinizadora y realizar un seguimiento de sus poblaciones, el censo por transectos».

Flores

Aunque el calor aprieta, sigo deambulando por las avenidas de nuestro hermoso Real Jardín Botánico para observar las flores.

Me adentro en la Rosaleda del parque donde se anuncia que también podré contemplar la

Además esta flor de color cardenalicio lleva el apellido creole del nuevo papa Robert Francis Prevost. ¿No me digan que no resulta poético para el adusto Estado Vaticano que su nuevo jefe tenga apellido de flor?

No podían faltar los narcisos de varios tonos.

Ni una modesta y frecuente flor europea, la blanca y delicada Vinca Minor

Tras la cual se atisba la figura de Simón de Rojas Clemente y Rubio esculpida en 1865 por José Gragera. Es bien simbólico que en estos tiempos en que hay quienes quieren desmembrar España, fuese un escultor asturiano quién labrase la estatua del valenciano.

Continuamos por la galería de pérgolas dedicada a las vides

que nos lleva a la «huerta del Jardín Botánico», donde un cartel nos recuerda entre flores que está prohibido llevarse frutos. Y por si nos entrase la tentación de robarnos un repollo, hay un guardián que nos espanta

Aunque no sé si preocuparme más por el busto de alguien a quien, quizás por robaperas, le partieron la cara…

aunque hay quien dice que es el rostro de Linneo al que limpiaron con demasiado frenesí

Prefiero alejarme hacia la salida al amparo del sacerdote y eximio científico, el émulo español de Linneo, que fue Director del Real Jardín Botánico Antonio José Cavanilles y Palop (1745-1804)

Y me acomodo un rato en un banco a la sombra para recuperar fuerzas y recapitular mis impresiones antes de volver al tráfago de la urbe

Texturas y color: dialogo del barro y la pintura

8 junio, 2025

Dedicado a Laura Berbegall

De la colaboración de dos artistas, un pintor y un ceramista, nace esta exposición abierta hasta el 14 de junio en la Sala Grande de la Casa de la Cultura del Ayuntamiento de Denia, en la plaza Jaume I. Es una muestra de como los colores de la pintura y de la cerámica escultórica dialogan. Se trata de una grata sorpresa para quien busca en el Arte la simplicidad junto a la calidad técnica y la vibración creativa.

Pigmentos

La intuición gobierna las asociaciones de la obra pictórica de Santacreu donde objetos humildes protagonizan el cuadro puestos en relación con figuras de belleza clásica.

Crea así asociaciones abiertas a la intuición del espectador, que contempla la doble escena sobre la que superpone las líneas de una abstracción de inspiración cerámica sobre una mujer-primavera de rasgos botticellianos, que sostiene su vientre pleno al flanco del desecho agotado de una botella plástica.

Algo similar sucede en otra tabla el que el mismo envase prosaico se asocia a la belleza de otra mujer

Aunque en este caso, este rostro de rasgos primigenios no acepta geometrías superpuestas.

Barro

La obra de José Correa, con quien colabora Dolores Frutos en su taller de cerámica de Jávea, provoca también nuestras intuiciones con sus figuras humanas de pequeña escala, cuyos rostros se ocultan tras un esquematismo que alude a la universalidad abstracta de lo humano.

Si la mujer de la tabla de Rafa Santacreau representaba la juventud y una vida naciente, esta obra de José Correa representa en cambio a un Geras vencido por el envejecimiento, el compañero de Tánatos que es mostrado en la cerámica de la antigüedad griega decrépito y con su báculo, al que los griegos oponían la juventud de un Heracles heroico que morirá joven. El lector avisado entiende que de su nombre procede la denominación de la ciencia de la Gerontología.

En otras obras, el ceramista contrapone al viejo desolado con los pantalones bajados (al lector sus intuiciones) otras figuras.

  • Una es la de una plenitud femenina que anuncia la vida:

A esta obra del artista del barro, Correa, se incorpora el aporte de una piel de exuberante trama vegetal, pintada al acrílico por Santacreau

  • Estas otras tres se recluyen en la desesperanza y introspección:

Acaso aludan al variopinto mundo de los seres resueltos al retiro con sus desengaños.

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Sea como sea, este ha sido sólo mi breve selección de entre las obras de estos dos artistas, unidos en un empeño común y en una exposición conjunta, que nos interpelan en la sala gran de la Casa de Cultura de Denia hasta el próximo 14 de junio.

Se ruega no venir descalzos

Primavera incipiente (y III): un paseo por la orilla del Säveån

6 mayo, 2025

El 1º de mayo el sol y las temperaturas benignas animaban a dar un paseo, esta vez por las márgenes del Säveån, a veces calmado como un lago y otras rápido como un torrente. Partimos de la estación de tren de Floda en dirección a Lerum, tomando el sendero del Gotaleden («camino de los godos»).

En sus remansos hay pescadores, con la debida licencia, que esperan que pique alguna trucha asalmonada o incluso algún salmón que haya remontado desde las riberas del mar en Gotemburgo. La presencia de peces saltarines atrae también al martín pescador que sobrevuela los rápidos donde emergen rocas blanqueadas por el guano de las aves.

El sendero discurre entre árboles de hoja caduca, robles, alisos, sin que falten frondosas coníferas. Estas orillas son una reserva natural protegida.

Disponíamos sólo de dos horas tras almorzar en la vieja taberna de la estación de Floda. Al menos pudimos disfrutar de una ida y vuelta bucólica y soleada. Son días de renacimiento natural, con sus primicias de tiernos verdes.

¡Apenas habíamos recorrido una cuarta parte de la etapa 5 del Gotaleden entre Lerum y Floda!

Y son doce las etapas que tiene este sendero entre Göteborg y Vårgårda, donde acaba muy cerca del lago Mjörn, por lo que nos prometimos volver para marchas más largas por estas serenas orillas llenas de historia.

Primavera incipiente (II)

27 abril, 2025

dedicado a Sofía y sus compañeros jardineros del Botaniska de Gotemburgo

En el Jardín Botánico de Gotemburgo hay un equipo de jardineros extraordinario y el resultado de su tesón es un descubrimiento permanente para quienes lo visitamos con asiduidad.

Desde la reserva natural de Änggårdsbergen por la que hemos paseado en la entrada precedente se pasa a ese hermoso espacio entrando directamente a la zona del jardín japonés.

En sus alrededores nos aguardan las floraciones primaverales de diversos árboles, como un rododendro de flores rojas originario del Nepal.

o un cerezo común cuajado de flores

que rivaliza con los vestidos de fiesta de unas turistas musulmanas sentadas en un banco de la sección de conservación de la flora escandinava, y en particular del área de plantas de roca.

Se están tomando una pausa y unas tabletas de chocolate, aunque no falte otro joven visitante que les ofrece cigarrillos…

Al otro lado del sendero, los jardineros han estado trabajando con aportes de tierra sobre las cuales han plantado jóvenes brotes de especies escandinavas.

Nosotros seguimos nuestro camino entre flores…

por el sendero que nos conduce a la salida

no sin antes asomarnos a la quebrada de las vitsippa (anemona nemorosa) primeros brotes de florecillas blancas del bosque en primavera…

donde los árboles nacen y mueren libremente en su estado natural

para terminar nuestra visita pasando hacia la puerta principal junto al estanque de la sirena,

en cuya cabecera los jardineros han creado una florida paloma de la paz


Entradas anteriores del blog sobre el Jardín Botánico de Gotemburgo :

Primavera incipiente (I)

18 abril, 2025

Cuando llega la primavera a la reserva natural de Änggårdsbergen en la costa oeste de Suecia, unida al centro de Gotemburgo por el Jardín Botánico, se produce casi por sorpresa una eclosión de verdes sobre el terreno y en las ramas del bosque.

Cuando todavía está el suelo tapizado de hojas caídas del otoño, a modo de una alfombra ocre en algunos rincones del parque

el entorno de las veredas y de los arroyos se cubre de hierba verde

y decenas de caminantes se esparcen por las rutas de sus trescientas veinte hectáreas a una altura de más de cien metros sobre el nivel del mar, con panorámicas sobre el abra marina del Göta Älv y la ciudad de Gotemburgo.

Änggårdsbergen se puede traducir como los montes de la granja y ciertamente se trata de un pequeño reino donde los patos, los gamos y diversos pájaros viven en estas alturas y en sus lagunas alimentándose de lo que la libre naturaleza les ofrece

y adonde los escolares vienen con sus educadores en días como la luminosa jornada que nos ha regalado hace poco el mes de abril.

Por hoy seguimos caminando entre brotes verdes en dirección del Jardín Botánico de Gotemburgo, que está unido a la reserva natural de Änggårdsbergen y al que nos asomaremos en el siguiente post.

En estos lugares se siente uno vinculado a la tierra, al humus latino, el soil en inglés, a ese espíritu del suelo del que habla un libro que recomiendo, citado en la referencia.


Referencia: Puig de la Bellacasa, María. El espíritu del suelo. Por una comunidad más que humana, Barcelona, editorial Tercero Incluido, 2023, 169 pp.

Gatos sin botas

11 abril, 2025
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2024

El año pasado volvieron los gatos a pasearse por el borde del muro del patio de mi atelier. Años antes tuve el descubrimiento trágico de los esqueletos de una gata y sus crías que llevaban tiempo, probablemente fallecidos durante una de mis ausencias sin fuerzas para salir del recinto.

Pero esta vez es un robusto gato sin collar, a todas luces capaz de trepar muros de cerca de tres metros para pasearse por la repisa del mío. Habilidad que empecé a retribuir con una pitanza que, tras mis horas de trabajo pictórico, le dejaba yo, y el consumía al atardecer cuando pensaba que no le observaba.

Hacía siglos que no incluía en mis compras del supermercado las tarrinas gatunas, y que conste que la foto no tiene interés publicitario, sino que las compro más por la simpática imagen que por lo que puedan tener o no tener de calidad veterinaria.

Así que nuestro amigo blanco y gris siguió beneficiándose de las pitanzas, que yo dejaba y que el venía ya atardecido a engullir satisfecho

Hasta que recientemente…

2025

este gato madrugador, a plena luz del día, le ha birlado la comida a mi visitante habitual.

Y al fondo del muro…

un gato -¿o será una gata?- lamenta no haber llegado antes y da la impresión de que puede haber pelea…

El gato negro trata de largarse…

mientras el felino de la esquina se pone en movimiento, pienso que para cerrarle el paso, aunque está maullando de forma insistente desde hace un momento…

Ahora ya no me suena que busque pelea, más bien creo que… ¡es una gata!

De modo que no era pelea, ahora me miran como con reproche…

Está claro que no soy bienvenido a la escena, así que…

Saltan del muro a la calle y por mi parte, acabada mi tarea, dejo de nuevo pronta la pitanza. Aunque ya no sé quién de los gatos del barrio se la manducará.

¡Miau!

Por el borde del mar

7 abril, 2025

Para mi nieto Amaru que ayer cumplió 12 años

Son imágenes de un paseo por las orillas de la playa, la de la Almadraba y su vecina de Les Deveses. Nada que no sea lo ordinario entre los cantos rodados, la obra de un río, el Girona, de la primera, y la arena de la segunda, recuperada por un eficaz trabajo de regeneración que detuvo su regresión hace pocos años.

Hacia el interior, el Segaria, bella montaña de riscos, que se mira en el Mediterráneo.

En lontananza el Montgó

y en estos días el mar, hoy manso, con su aporte de hojas de posidonia

y algún tronco que trajeron las últimas borrascas

y como aviso de primavera las modestas flores silvestres

Son días que invitan al dolce far niente, dulzura de no hacer nada.

Esta es una playa mágica

Hechizos de este inicio de primavera

2 abril, 2025

Para mi amigo Pere Cardona

La Playa de la Almadraba (en valenciano Platja de la Almadrava ) de Els Poblets, en la provincia de Alicante en España, está orientada al norte, y su línea de salida y puesta del sol ofrece sobre el mar, y sobre los montes que se asoman al golfo de Valencia de Oriente a Occidente, unos amaneceres y atardeceres siempre distintos, a menudo mágicos.

Su orilla de cantos rodados es única en las costas valencianas, una obra de millones de años del río Girona y de las olas, que los han ido puliendo y redondeando.

Sus mañanas y sus tardes invitan al paseo, incluso con un chubasquero aunque llueva y truene. En el mes de marzo que expiró hace dos días he caído como de costumbre en la tentación de detenerme a captar el instante. Siguiendo mi costumbre, dejando por un rato los espectáculos trágicos que los medios de información nos sirven cada día, quiero hoy compartir con los seguidores de este tozudo blog alguna imagen que la naturaleza nos ofrece en este rincón en la tierra (*).

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Amaneceres

Al amanecer algunos pescadores que han zarpado todavía de noche faenaban frente a mi orilla

Y cuando ya el sol se había alzado por Oriente este fue el resultado que quedó sobre mi lienzo el año pasado…

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Atardeceres

Y por lo que respecta a los atardeceres , esto sucedía el 21 de marzo sobre el mar…

Y hacia el interior en una imagen del Segaria a la misma hora.


Notas:

(*) Es el título de un libro de Vilhelm Mobergs (1898 –1973 ) que en sueco se tituló Din stund på jorden (1963), traducido al inglés como A Time on Earth (1965), sobre la experiencia de un sueco que se va a vivir a las costas de California.

El autor es famoso por su serie de cuatro novelas Los emigrantes de las que realizó un film con el mismo título el director sueco Jan Troell.