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Breverías erasmianas (LVIII): “In puteo cum canibus pugnare”(«Combatir contra perros en un hoyo») 

6 agosto, 2023

In puteo cum canibus pugnare

Combatir contra perros en un hoyo

Adagio I, x, 36

Ἐν φρέατι κυσὶ μάχεσθαι, id est In puteo cum canibus pugnare. Dici solitum, ubi cuipiam negotium incidit cum homine rixoso et contentioso, a quo se nequeat extricare

(…) es decir «pelear contra perros dentro de un pozo». En general se suele decir de quien ha de enfrentase a un hombre pendenciero y contencioso, del que no consigue desembarazarse.

Texto latino en Les Adages d’Érasme, présentés par les Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), 2010, pag. 791 (Trad. R. Puig)

Hojeando la colección de adagios publicada por Erasmo de Rotterdam en el siglo XVI, que alcanzó a su muerte los 4151 proverbios grecolatinos, con comentarios suyos, he dado con este proverbio y su breve glosa, en este caso sólo su escueta traducción del griego al latín.

Y en estos días nos siguen llegando las imágenes desoladoras de la lucha en el fango y entre ruinas de los ucranianos que se enfrentan a la agresión criminal del ejército de Vladimir Putin. Por las imágenes y testimonios que nos llegan de la defensa de su país por parte de los combatientes ucranianos y de la forma criminal con la que el ejército ruso sigue agrediendo a los pueblos y ciudades de Ucrania y a su población civil, este antiguo proverbio (*) hace pensar en modo figurado a un pueblo que combate contra una agresión más propia de bestias que de hombres.

He estado leyendo algunas de los mensajes y alocuciones (**) del presidente de Ucrania Volodymyr Zelenski, he aquí algunos extractos. En el mes de febrero del 2022 dirigió un mensaje en el que en parte hablaba en ucraniano para su pueblo y en parte continuaba en ruso para el pueblo ruso.

Los dos primeros extractos son de de una alocución en la que se dirige a la vez a las gentes de Ucrania y de Rusia. Desde entonces el éxodo de jóvenes rusos (***) que no quieren participar en el ataque a Ucrania asciende a centenares de miles. Los dos siguientes son de una alocución al pueblo de Ucrania.

Combatimos porque esta es nuestra tierra. Esta es nuestra historia. Para qué vais a combatir vosotros?

Muchos de vosotros habéis estado en Ucrania. Muchos de vosotros tenéis parientes en Ucrania. Algunos de vosotros estudiasteis en universidades de Ucrania, y os hicisteis amigos de gentes de Ucrania.

Conocéis nuestro carácter. Conocéis a nuestra gente. Conocéis nuestros principios. Conocéis lo que valoramos. Así que por favor escucharos a vosotros mismos. Escuchad a la voz de la razón: al sentido común.

Escuchadnos. El pueblo de Ucrania quiere la paz, las autoridades de Ucrania quieren la paz. La queremos, y haremos todo lo posible para construirla. No estamos solos. Muchos países apoyan a Ucrania. ¿Por qué? Porque no hablamos de paz a cualquier precio. Hablamos a la vez de paz y de principios. Estamos hablando de justicia y de derecho internacional. Sobre el derecho a la autodeterminación, el derecho a decidir nuestro propio futuro, el derecho a la seguridad y el derecho a vivir sin ser amenazados.

¨Do Russians want War?», alocución dirigida al pueblo de Ucrania y al pueblo ruso, Kiev, 22 de febrero del 2022. Volodymyr Zelenski .»A Message from Ukraine, Speeches , 2019-2022″, London, Hutchinson Heinemann, 2022, pag.51. (extractos traducidos por R. Puig)

¿Qué había hecho el hombre que iba en bicicleta calle abajo? ¿O los civiles ordinarios de una ciudad pacífica que fueron torturados hasta morir? ¿Por qué fue estrangulada una mujer tras haberle arrancado sus pendientes? ¿Por qué se violó y asesinó a mujeres delante de sus hijos? ¿Por qué fueron sus cadáveres profanados? ¿Por que fueron aplastados los cuerpos de las gentes por los tanques?

¿Qué le había hecho Bucha a Rusia? ¿Cómo fue esto posible?

Nosotros vemos lo que está en juego en esta guerra. Sabemos lo que estamos defendiendo.

Por un lado, están los estándares del ejército de Ucrania, morales y profesionales. Es un ejército con los más altos principios, uno del que podrían aprender otros ejércitos. Son los estándares de pueblo de Ucrania.

Por el otro lado. están los estándares de los ocupantes rusos. Es la diferencia entre el bien y el mal. Es la diferencia entre Europa y un agujero negro, uno que quiere arrastrarlo todo hacia la oscuridad.

‘How This Did Become Possible?’, alocución al pueblo de Ucrania, Kiev 3 de abril del 2022, Ibidem, pp. 90 y 94. (extractos traducidos por R. Puig)

Notas

(*)

Parece que Erasmo extrajo este proverbio de la recopilación de Zenobius (3.45) que pudo consultar en Venecia, durante su estancia en los talleres del humanista e impresor Aldo Manuzio que la publicó en 1505.

(**)

(***)

Cientos de jóvenes rusos han abandonado Rusia desde que Vladimir Putin lanzó la agresión a Ucrania

El exilio de los jóvenes rusos tras huir del reclutamiento forzoso

Según las estimaciones, cerca de un millón de rusos han abandonado su país desde el inicio de la guerra, en un éxodo que aumentó tras el llamado a filas de Vladímir Putin el pasado 21 de setiembre. Muchos se han marchado hacia Turquía, donde intentan reconstruir sus vidas. Desde aprender el idioma local a abrir nuevos negocios, los rusos que se han exiliado buscan mirar al futuro. France 24, 21/10/2022 

El autor de este blog ha conocido a algunos que han venido a escapar de esa guerra en España.

Russia conscription laws change, leaving some fearful of Ukraine war call-up

Las leyes de reclutamiento de Rusia cambian, lo que hace temer a algunos que les llamen a la guerra de Ucrania

De un viaje a Irlanda (IV): Galway (1)

5 agosto, 2023

Llegamos a Galway el 18 de junio y partimos de allá el 21 hacia Connemara, no sin haber visitado Portumna, lugar de nacimiento de mi antepasado por línea materna Patrick De Lacy O’Carroll (Portumna, Galway, 1706 – Valencia 1758) que emigró a España con su hermano menor David, tras el Tratado de Limerick que penalizaba y expropiaba a los católicos irlandeses por el hecho de serlo. Ambos hermanos formaron parte de la llamada fuga de los Wild Geese.

Patrick murió en Valencia a los cincuenta y dos años siendo regidor de San Felipe de Játiva -la Xátiva actual- contribuyendo a la reconstrucción de la ciudad que había sufrido incendios y demoliciones en junio de 1707 por las tropas del Duque de Berwick tras la victoria de Almansa en abril del mismo año durante la Guerra de sucesión, según dicen las crónicas como represalia de Felipe V por la adhesión de la villa a la causa de la Casa de Austria. Los vencedores le habían añadido lo de San Felipe al nombre de la villa como homenaje al rey. En 1820 la ciudad recobró su nombre original.

Su hermano David fallecería más de veinte años después de su hermano como gobernador de frontera en Alcántara (Cáceres).

Ambos habían llegado a España, jóvenes y con experiencia militar en Irlanda, con cartas de recomendación de obispos católicos irlandeses para entrar en el ejército español en uno de los tres regimientos irlandeses (probablemente en el Ultonia), donde prestaron sus servicios en los conflictos que no faltaban en la península ibérica tras la Guerra de Sucesión.

En camino hacia Galway

En ruta desde Dublín paramos en Ballymore, donde aún subsiste la torre del castillo construido por la familia Lacy en 1309, destruido varias veces, la última cuando fue asaltado en 1691 por las tropas williamitas tras la batalla de Limerick (a la que siguieron varias emigraciones de oficiales y soldados jacobitas a Europa). Además de una guerra dinástica fue una guerra de sustrato religioso entre dos pretendientes al trono de Inglaterra, Guillermo protestante y Jacobo católico.

Lo que queda del castillo de Ballymore. Foto R. Puig

Para acceder al prado donde está la torre tuvimos que hacer caso omiso de una advertencia…

¡Cuidado con el toro! Ballymore. Foto R. Puig

Las fotos las tomé sin dejar de mirar al toro, que a unos trescientos metros nos observaba cerca de su vaca. Como estaba pastando, y aunque nos observaba, no hizo ademán de acometer. Menos mal, pues hasta la barrera de salida había al menos ciento cincuenta metros herbosos.

Y no se crean que bromeo, porque desde abril del 2017 a marzo del 2022 las vacas irlandesas han matado a 32 personas y dejado heridos a otros 31 incautos que se confiaron.

Ya lejos de los bóvidos sospechosos y de la torre en ruinas del castillo del s.XIV, nos acercamos a un viejo cementerio, unido a las ruinas de una abadía y de la iglesia neogótica de Saint Owen, donde entre las 211 antiguas lápidas no falta una de un tal Rooney Lacy. En Ballymore como en otras muchos localidades de Irlanda hay emplazamientos como este.

Cementerio medieval y la iglesia del s.XIX en Ballymore. Foto R. Puig

No pudimos entrar, pues el lugar esta clausurado por las restauraciones en curso, aunque se divisa la abadía medieval en ruinas desde el exterior de la valla, a la derecha de mi foto.

Cementerio y capilla en ruinas de la abadía medievales. Ballymore. Foto R. Puig
Las ruinas de la capilla de la abadía medieval de Ballymore. Foto del panel informativo.

Cuando nos aprestábamos a dejar el pueblo, entramos en el pub y restaurante local con ánimo de comer algo. Lo único que tuvimos que pagar fueron las cervezas de la barra, pues una señora muy amable se acercó sin nosotros decir nada a nuestra mesa, para invitarnos al plato de arroz con pollo al curry del menú de una fiesta de aniversario o cumpleaños que se estaba celebrando en esos momentos. Puedo afirmar que de esta cordialidad y amabilidad hacia el forastero hemos encontrado muchas muestras espontáneas en las tres semanas de nuestro viaje por Irlanda, que habría querido hacer mi abuela materna Carmen Lacy.

Cunningham’s pub y casa de comidas en Ballymore. Foto R.Puig

En Galway

De nuestra estancia en Galway tendría que resaltar muchas cosas, aunque habré de sintetizar para no aburrir al lector, empezando por el arco al que se refiere el grabado que abre esta entrada.

El «Arco Español», el Spanish Arch de Galway (originalmente en gaélico Ceann an Bhalla o sea Cabeza del Muro) es uno de los monumentos señeros de la historia de Galway, que ha sido materia de ilustraciones desde su construcción en 1584, como parte de un muro que entonces contaba con cuatro arcos, para la defensa del puerto. De ahí partían y llegaban naves del resto de Europa. Después del terremoto de Lisboa en 1755, se produjo un gran tsunami que impactó en sus muros de seis metros y modificó sus estructuras. De aquel fortín del puerto de Galway hoy subsiste un solo arco.

El «arco español» de Galway. Foto R. Puig
Entorno del Spanish Arch en 1890. Del panel informativo en el sitio

El paso del tiempo no ha disminuido el arribo de vinos españoles a Galway. A juzgar por lo que hemos encontrado en comercios y restaurantes la llegada de nuestros caldos ha debido de aumentar exponencialmente, aunque el whisky irlandés fluye igualmente hacia España.

Estuario del River Corrib desde el Spanish Arch en marea baja. Foto R. Puig

En el camino hacia el este arco, emblemático de una larga relación comercial así como de una cooperación, que también ha dejado en España instituciones y hasta calles con apellidos irlandeses, recorrimos las orillas placenteras del Corrib

A la vera del River Corrib. Foto R. Puig

observando edificios con aspecto de fortaleza

Contrafuertes junto al río. Foto R. Puig

y alguna huella de la Bauhaus.

Casa modernista cerca del río, Foto R. Puig

El paseo nos lleva a la catedral, una obra de estilo neogótico inaugurada en 1831

Aspecto lateral de la catedral de Galway. Foto R. Puig

cuyas pesadas líneas y piedras grises contrastan con la placidez del parque infantil al frente de la mole.

Los oscuros muros del interior del templo imponen respeto e invitan al silencio, pero no mucho a sentarse a refrescar el alma.

Interior de la catedral de Galway. Foto R. Puig

Todo lo contrario de la visita a la oficina luminosa del archivo episcopal, en el mismo edificio catedralicio, donde la Señora Darina, su amable archivista, nos recibe para responder a las búsquedas relacionadas con mi antepasado y nos anima a viajar a Portumna, lugar de su nacimiento y posiblemente de su bautismo, para lo cual nos facilita la advocación de la iglesia parroquial de esa villa y el nombre de su párroco. Podemos ir de su parte.

Tras un garbeo por los alrededores y una comida vegana, bastante pesada, pero servida con gran amabilidad, en la tranquila terraza de un restaurante de orientación asiática

En el restaurante verde cerca del río Corrib. Foto R. Puig

seguimos nuestro largo paseo al hotel, desde el que se divisa la bahía, donde planeamos para el día siguiente el recorrido a Portumna.

La bahía de Galway vista desde el hotel. Foto R. Puig

Así que ¡hasta el próximo domingo!

De un viaje a Irlanda (VII): Cork (1)

30 julio, 2023
Cork. Catedral anglicana de Saint Fin Barr. William Burges. El juicio de Salomón. Foto R. Puig.

Estuve en Cork desde el el 25 al 30 de Junio. Es una ciudad que invita a caminar y me recuerda también a Gotemburgo por los dos canales del Río Lee que abrazan el centro de la ciudad, convertido así en una isla cosida al resto del conjunto urbano por veinticuatro puentes, de los cuales cinco son sólo peatonales.

De modo que caminé mucho durante esos seis días y sentí que esta ciudad algo caótica, en donde hay que subir y bajar cuestas y deambular es obligado, es la más simbiótica de las que he recorrido en las casi tres semanas que pasé en Irlanda. Cuando digo simbiótica es por que en Cork se constatan las huellas de la larga historia de amor-odio y difícil convivencia entre irlandeses e ingleses. Las sigues en la arquitectura que ves, en la música que escuchas, en la gráfica de sus paredes y comercios y en los menús de sus bistrós, bares y restaurantes.

No obstante los conflictos y las emigraciones, no obstante la sangre que se derramó en el largo camino a la independencia, no obstante los protocolos que actualmente se firman para enseguida cuestionarse, no obstante la división de Irlanda en dos, no obstante todo eso, y mucho más que seguramente ignoro u olvido, este «bebé salomónico», en el que se han fundido lo gaélico, lo vikingo, lo normando, lo irlandés y lo inglés, sin olvidar los intercambios comerciales, religiosos, artísticos y culturales con otras tierras europeas, no se puede dividir por la mitad.

Sin olvidar que Irlanda, la de los éxodos hacia otras latitudes, también es tierra de inmigración, en especial durante las últimas décadas. ¡Ah! ¡y en las calles de Cork, al cruzarme con otros viandantes, he oído hablar el español y el portugués, con todos sus acentos, en repetidas ocasiones!

Cork. North Channel from the Griffith Bridge. Foto R. Puig

Es mucha materia para una sola crónica, de modo que comienzo hoy arracimando algunas impresiones de mis primeros paseos por Cork.

Para empezar, unas fachadas que veía todos los días desde la ventana de mi habitación en el hotel de algunas viviendas de la Upper John Street.

Cork, Upper John Street. Foto R. Puig

La seis casas con sus balconadas de hierro al nivel de la acera están registradas como la St John’s Terrace, John Street Upper, Cork City en el National Inventory of Architectural Heritage de Irlanda con la siguiente descripción de este conjunto construido entre 1870 y 1890 :

Built as a group with the adjoining terrace of houses to the north and south, this former house retains many interesting features and materials, such as the red brick chimneystack, timber sash windows, cast-iron railings and moulded render door surround. This terrace of six houses makes a positive contribution to the streetscape, due to the scale and form of the buildings.

Construida como un grupo, con la terraza contigua de las casas al norte y al sur, esta antigua casa [se refiere a la de color naranja] conserva muchas características y materiales interesantes, como la chimenea de ladrillo rojo, las ventanas de guillotina de madera, las barandillas de hierro fundido y el marco de la puerta de enlucido moldeado. Esta terraza de seis casas contribuye positivamente al paisaje urbano, debido a la escala y la forma de los edificios.

Son casas modestas, algunas mejor conservadas que otras, cuyos ladrillos de la fachada han sido cubiertos y pintados. Son similares a las que se construían de ladrillo rojizo en las barriadas obreras de Inglaterra por los mismos años. Entre las que yo veía desde mi confortable hotel, hay algunas más deterioradas, en las que viven quienes probablemente han llegado a Irlanda en busca de un mejor futuro.

***

En la parte sur de Cork

Como para verificar lo dicho sobre la historia simbiótica de Irlanda (¿aunque hay alguna nación sin una historia simbiótica, digamos que mestiza?) uno de mis primeros paseos me condujo al lado opuesto de Cork, pasado el South Channel, a pocos pasos de un puente venerable construido en 1713.

South Gate Bridge. South Channel. Foto R. Puig

Según se dice en el Inventario Nacional de Herencia Arquitectónica, es “uno de los puentes de dos arcos de tres centros más antiguos que se conservan en Irlanda, un estilo generalizado cuando los tramos de los puentes aumentaron para reducir las pendientes de las carreteras. También es importante para el río y el paisaje urbano, y como vía principal de la ciudad”

Probablemente el arte de la peluquería turca es igual o más venerable. El caso es que hay un establecimiento en donde te cortan el pelo al estilo de Estambul al otro lado del puente.

Cork. El barbero de Estambul. Foto R. Puig

Siguiendo por ese borde del canal, a mano derecha encontré un significativo cartel delante de un edificio dividido en pequeños apartamentos para estudiantes

Alojamiento de estudiantes Proby’s Quay. Cork. Foto R. Puig

Una de las lamentaciones de los jóvenes que vienen a Cork a estudiar inglés, o a trabajar como es el caso de una española empleada en la secretaría de un castillo-monumento del que hablaré otro día, es que los alquileres son prohibitivos (y abusivos), y un pingüe negocio.

Pero a lo que iba: siguiendo cien metros más se imponía a mi vista el ábside de la catedral de Saint Fin Barr, de la Iglesia Anglicana de Irlanda.

En mis lejanos tiempos del bachillerato, el estilo neogótico se nos explicaba como una imitación pastiche del gótico del Medioevo por nuestro profesor de Historia del colegio católico de Madrid donde yo estudiaba; estilo que sobre todo practicaban los arquitectos de templos protestantes, preferentemente británicos y victorianos. Hoy la arquitectura neogótica, aunque sea evidente imitadora del gótico de la Edad Media europea está representado con sus propios méritos y grandes cualidades, no sólo en Gran Bretaña, sino incluso antes, en casi toda Europa y en América.

La catedral anglicana de Saint Fin Barr en Cork es un ejemplo con interesantes detalles, fiel a los modelos de los siglos XII y XIII, sueño cumplido del arquitecto y artista William Burges (1827-1881) que logró hacer realidad entre 1865 y 1879.

Saint Finbar (550-623) fue un abad y obispo de Cork, y es el patrón de la ciudad.

Cork. Catedral de Saint Fin Barr. Pórticos de entrada. Foto R. Puig.

Las esculturas de los pórticos, émulas de las que ornan las catedrales góticas medievales, son de gran calidad.

Cork. Catedral de Saint Fin Barr. La lancera enfrentando un dragón y el pintor. Foto R. Puig

Y ya que hemos hablado de la calidad de las tallas, no quiero dejar pasar otra efigie que representa no los años del esplendor del Neogothic Revival sino las precariedades de muchas vidas durante los tiempos difíciles, la escultura en bronce obra de Seamus Murphy (1907-1975) que representa a una popular vendedora de cebollas de las calles de Cork llamada Mary Ann.

No muy lejos de allí en el Bishop Luceys Park, donde se conservan lo que queda de la muralla medieval de Cork y en ese muro mismo, una placa que recuerda a una famosa escuela de boxeadores irlandeses

Cork. En memoria del más antiguo club de boxeo de Irlanda. Foto R. Puig

Y volviendo a la tradición simbiótica de la que hablábamos, he aquí otra placa que recuerda a un héroe del Imperio británico

Catedral de Saint Fin Barr. En memoria de un héroe del Imperio Británico. Foto R. Puig

Para equilibrar la balanza, en un muro de un pub cerca del North Channel se conmemora a una revolucionaria y marquesa, esta de la lucha contra el dominio británico

junto con otras combatientes también ahí representadas en la fachada de el The Park Pub

Cork. The Park Pub. Foto R. Puig

Pero en Cork también hay quien, no lejos del pub, llora por los edificios destinados a la demolición o apuntalados para no caerse…

Cork. Una casa se lamenta. Detalle. Foto R. Puig

Pero la esperanza nunca muere como reza este emblema de la catedral de Saint Fin Barr

In arduis vigeat virtus

Que el coraje triunfe de los obstáculos

De un viaje a Irlanda (VI): Galway (2) y visita a Portumna

23 julio, 2023
Vista de los montes de Burren desde el paseo maritimo de Salthill en Galway. Foto R.Puig

Durante nuestra estancia en Galway nos acercamos a Salthill, un barrio o village del suroeste de la ciudad que se asoma a la bahía. Desde su promenade, que es a la vez playa, se divisa la línea de los montes del Burren Way y un poco más distantes las Islas de Arán, a las que deseábamos ir, pero no nos alcanzó el calendario. Son un lugar que recuerdo como algo legendario desde que, en los cineforum de mis años mozos, vi el famoso documental de Robert Flaherty (1884-1951) titulado Hombre de Arán (1934). ¡Otra vez será!

A lo largo de la espectacular carretera panorámica que corre frente al mar, paralela al Burren Way, fuimos hasta Doolin con la intención de llegar hasta los acantilados de Moher, pero nos quedamos con la vista de su perfil desde este pueblo costero, ya que tuvimos que dar marcha atrás al descubrir que había extraviado uno de mis dos teléfonos. Me lo había dejado olvidado durante la visita al castillo de Dunguaire en el inicio de nuestra ruta de la mañana del 21 de junio. Gracias a que la persona que lo encontró lo entregó a la policía local de Kinvarra, lo pude recuperar, fue a costa de interrumpir nuestra ruta hasta los famosos acantilados.

Perfil de los acantilados de Moher desde Dollin. Foto R.Puig

Así que no pudimos continuar ruta hasta Moher…

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Castillo de Dunguiare

El Dunguaire Castle. Foto R.Puig

Es uno de esos castillos irlandeses, con el interior de la torre dividido en pisos como una auténtica mansión. Se levanta frente a la bahía de Galway y fue construido para la vigilancia y defensa de las rutas comerciales por las que navegaban los galeones que desde al menos el siglo XVI unían Irlanda y el continente europeo, y más adelante los navíos que iban y venían entre el puerto de Galway y América.

Mapa del comercio marítimo de Galway en el siglo XVII (del panel informativo del castillo de Dunguaire)
Detalle del mapa

Aparte de los vinos, desde España llegaban también hierro, armas, pistolas, especies y calicó (cretona o tela de algodón), y del Caribe (West Indies) azúcar, algodón y ron. De Portugal se importaba sal. De Francia vinos, de Nueva York tabaco y semilla de lino y de Carolina del Norte (Wilmington) patatas.

Recreación del aspecto del castillo de Dunguire en sus comienzos (del panel informativo).
Vista de la ensenada de Traught Beach desde la torre del castillo de Dunguaire. Foto R.Puig

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Salthill

En Salthhill nos limitamos, al atardecer y de vuelta de la excursión a Dollin, a dar una vuelta por su paseo marítimo y a una cena en un pub restaurante donde nos esperaba una sorpresa…

Bar restaurante Barnacles. Salthill, Galway. Foto R. Puig

La primera fue el nombre tomado del apellido de la esposa de James Joyce, que fue también su inspiradora, Nora Barnacle (1884-1951). Estaban aún en nuestra retina las impresiones de nuestra participación en el Bloomsday en Dublín, donde las señoras se vestían como ella y los caballeros nos vestíamos como el escritor y su personaje Leopold Bloom.

Además en el Barnacles hay un mural en el que se rinde homenaje a Nora Barnacle. Es obra de la pintora Margaret Nolan, dublinesa establecida en Galway, a la que conocimos con motivo de mi inesperada lectura en público del poema de Harry Clifton que ya había recitado en Dublin.

Margaret Nolan posa ante su pintura mural con el retrato de Nora Barnacle. Foto R. Puig

Esta intervención mía la suscitó una performance en la cava literaria del restaurante, en la que no faltaba un émulo de Joyce, leyendo su versión de unos recuerdos agridulces y sarcásticos de la recepción del Ulyses en Irlanda, estaba acompañado por una émula de Nora, ambos vestidos al estilo de aquella famosa jornada de Leopold Bloom que el autor desarrolla en su novela.

Connor, uno de los dos socios dueños del restaurante, me animó a leer de nuevo el poema que ya había recitado en Dublín. Así fue como me gané la escucha y un generoso aplauso del club literario del Barnacles Bar de Salthill. Quienes me conocen saben que para disertar no me hago de rogar (aunque sea con un acento inglés made in Spain)

Un osado intruso en UNA tertulia literaria irlandesa. Foto Marie Puig

Mientras tanto atardecía y nuestra cena se enfriaba, por lo que retornados a nuestra mesa comimos el mejor fish and chips (*) que he saboreado en mi vida.

Cuando dejamos el Barnacles Bar, como versificó Harry Clifton en su poema…

las luces afuera cambiaban del verde al rojo

en planos de realidad cambiantes… 

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the lights outside turned green and red
On shifting planes of reality

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Penguin Book of Irish Poetry, by Peter Fallon & Derek Mahon (eds.), London 1990, p 396.

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Portumna o Port Omna (Puerto de los robles)

Portumna Castle. Foto R. Puig

El día anterior habíamos viajado desde Galway a Portumna, lugar en donde nació Patrick De Lacy O’Carroll, de quien ya hemos escrito hace dos domingos. Él fue mi antepasado y uno de los motivos de nuestro viaje a Irlanda, en especial de esta visita al lugar de su nacimiento en 1706.

La jefe de archivos de la oficina episcopal de Galway nos había recomendado tomar contacto con el párroco de Portumna, para ver si quedaba el registro de bautismo de Patrick, pues en el siglo XVIII no existía un registro civil de nacimientos. La secretaria de la oficina parroquial -el párroco estaba ausente- abrió el viejo libro donde efectivamente aparecían anotados los bautizos, pero sólo incluía registros a partir de la tercera década de aquel siglo. Desafortunadamente la parroquia no tenía registro de fechas anteriores.

Iglesia neogótica de Portumna. Foto R. Puig

En todo caso, la visita a Portumna mereció la pena. Esta pequeña ciudad, que cuenta hoy con 1530 habitantes, forma parte de un área geográfica de la que, durante dos siglos y hasta principios del siglo XIX, emigraron muchos de los wild geese que salieron hacia España y otros países europeos tras la derrota de los católicos jacobitas y del resultante Tratado de Limerick a favor de los protestantes williamitas, así como de las subsiguientes leyes penales que discriminaban duramente a los católicos irlandeses. Nuestra visita, a falta del registro que buscábamos, no careció de interés ni de una experiencia evocadora.

Portumna. Entrada al castillo de la familia De Burgo. Foto R. Puig

La dominación williamita tras las guerras contra los jacobitas causó emigración en esa parte de Irlanda, pues las propiedades que estuvieron en manos de las familias católicas pasaron a manos protestantes tras la derrota de la batalla de Aughrim en 1691. Este el caso del castillo de Portumna que fue a parar a manos de los vencedores. Al lapso de tiempo que transcurrió desde esa fecha hasta que sobrevino un cambio de reinado en la monarquía británica sucedió una fase de devoluciones, aunque previas a un gravoso pago de rescate de lo que les habían quitado. Estas devoluciones de tierras confiscadas las otorgó en 1726 George I de Inglaterra e Irlanda a quienes se sometieran a la nueva situación de dominio protestante inglés. La familia De Burgo, no obstante haber favorecido anteriormente la causa católica jacobita, aceptó las condiciones, pagó y recuperó sus propiedades de Portumna.

Entre tanto, muchas de las familias católicas jacobitas a las que habían hurtado sus propiedades no pudieron recuperarlas. A este abuso obedece en parte la fuga de los gansos salvajes, quienes además de sufrir la desposesión de sus familias, tuvieron que elegir entre emigrar o ser sometidos a graves castigos. Además estas confiscaciones y penas están probablemente en la base de la gradual desaparición de los apellidos de los De Lacy y los O’Carroll, los del padre (Edmond) y la madre (Leonora) (**), en el territorio de Portumna y Galway y en la región de la orilla oeste del Lough Derg (Lago Derg), en la parte de lo que fue el Clanricarde County.

Eran los territorios en que se asentaban a principios del siglo XVIIl las familias de los De Lacy y los O’ Carroll, vinculadas a Portumna y Galway, y de donde eran los hermanos Patrick y David, que partieron a España tras aquellas expropiaciones y persecuciones que desencadenó el Tratado de Limerick contra los católicos. Andando el tiempo se comprueba la casi total desaparición de esos apellidos en el censo de 1911 (***).

La antigua iglesia de Portumna en ruinas al fondo del cementerio. Foto R. Puig

A la antigua iglesia, probablemente aquella en que Edmon de Lacy y Leonora O’Carrol bautizarían a su hijo Patrick nacido en Portumna, no pudimos acceder. Tampoco a los archivos de la municipalidad, cuyas oficinas estaban ya cerradas.

Detalle del camposanto. Foto R. Puig

Comimos muy bien en Café Rose, frente al ayuntamiento al otro lado de la calle. Al dueño, muy amable, le pregunté si entre los habitantes de la villa conocía a alguno de apellido Lacy u O’Carroll. Tras rascarse la cabeza me respondió que no. Si algunos quedaron tras las confiscaciones del siglo XVIII, pudo también matarlos o empujarlos a la emigración la hambruna de mediados del XIX.

Café Rose. Portumna

La abadía de Portumna

La abadía de Portumna, sus ruinas, son monumento nacional. Fue fundada por monjes del Cister en el siglo XIII y pasó a ser de los dominicos en siglo XV, para ser disuelta con la llegada de la Reforma protestante en el siglo XVI. Los dominicos se establecieron de nuevo en ella a mediados del siglo XVII cuando los católicos trataban de reorganizarse en esa región, si es que tras la batalla de Aughrim algunos se quedaron a vivir en la zona. Una parte del monasterio se convirtió en templo de la Iglesia Anglicana de Irlanda y entre 1762 y 1810 fue la iglesia anglicana local en Portumna.

Abadía de Portumna. Lápida de Owen Kelly, fallecido en 1768 a los 84 años, erigida por Timothy Kelly.

Si atendemos a lo inscrito sobre su lápida, el longevo señor Kelly debió de ser un benefactor importante de la iglesia anglicana para merecer una tumba en el muro del templo local.

Arco gótico. Abadía de Portumna. Foto R. Puig

El ventanal en estilo gótico del siglo XIII recuerda que hubo abundantes intercambios religiosos, culturales y artísticos entre los monjes de Irlanda y los del continente, principalmente de Francia, no sólo en aquel siglo, sino desde la Alta Edad Media.

Abadía medieval de Portumna. Cruz situada en el prado del cementerio. Foto R. Puig

El Workhouse Centre

En Portumna hay también un antiguo Irish Workhouse Centre creado en 1838 para la albergar a los pobres y ofrecerles una ocupación en la medida de lo posible. Aquellos centros fueron especialmente activos durante la hambruna, la Great Famine, que mató a un millón de habitantes y obligo a emigrar a más de un millón, lo que causó un descenso de población estimado entre el 20 al 25 %.

Hacia 1920 había en Irlanda alrededor de 163 de estos centros, A partir de entonces se usaron como centros de recursos para muchos otros usos de interés comunitario. El de Portumna sigue en proceso de rehabilitación y guarda memorias de su uso original.

No nos alcanzó el horario para visitarlo.

«Portumna Famine Times». Foto de Katalin Czegledi
«Portumna Famine Times». Foto de Katalin Czegledi

NOTAS:

(*) Ingredientes de fish and chips en el Barnacles Bar: Fresh Market Fish, Connemara Lager Beer Batter, Tartare Sauce, House Slaw, Crispy Fries (del menú del Barnacles Bar)

(**) El padre de Patrick, Edmond De Lacy-Bellingare había luchado contra el Imperio Otomano en el sitio de Viena en 1683, y a su vuelta estuvo preso en la Torre de Londres, de la que fue liberado por intervención de Lord Clanricarde quien le acogió en su feudo de Portumna, donde se casó con Leonora O’Carroll of Ely de una familia desterrada a la misma población por las deportaciones de «papistas» al oeste del río Shannon por Cromwell. De ese matrimonio nació mi antepasado en 1706 en Portumna.

The marquis de Lacy of Alicante, Spain, is the senior descendant of Edmond Lacy and Eleanor O’Carroll. This Edmon Lacy, son of Edmond and Una or Winnifred O’Kennedy (…)

Limerick Leader, Saturday, September 01, 1934, page 14, vol. 1905-1934 de la Cork City Library (cortesía de su bibliotecaria jefe Mary O’Leary)

(Fuente: Geni.com)

(***)

Lacy Surname in Ireland (Censo de 1911) :

O’Carroll Surname in Ireland (Censo de 1911) :

Top 50 Surnames in each county (in Ireland)

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Nota sobre las penal laws que se impusieron a los católicos irlandeses

Maureen Wall, «The Age of the Penal Laws (1691-1778)» en The course of the Irish History, edited by T.W. Moody & F.X. Martin, enlarged edition, The Mercier Press, Cork, 1984, pp.217-231.

Las confiscaciones de tierras supusieron pasar del 59 % pertenecientes a católicos en 1641 a un 22% en 1688, a causa de la invasión de Irlanda por Oliver Cromwell (1649-1653). En el Condado de Limerick la confiscación «cromwelliana» arrebató prácticamente todas las tierras a los católicos.

Los efectos de las confiscaciones siguientes supusieron una reducción al 14% documentada en 1703 tras la aplicación de las restricciones del Tratado de Limerick.

Cfr.: Aidan Clarke, «The colonisation of Ulster and the rebellion of 1641 (1603-1660)», ibidem, pag. 201.

De un viaje a Irlanda (V): Wicklow

16 julio, 2023
Norte del Condado de Wicklow

El 15 de junio nuestros amigos Ros y Ciaran nos obsequiaron una excursión al The Garden of Ireland, el Condado de Wicklow, al sur de Dublin, que es así llamado por razones que se comprenden con sólo observar su mapa, del que sólo ofrezco arriba su mitad norte, pues obviamente nos limitamos a entrar por Enniskerry, continuar por Roundwood y Glendalough y volver a Dublin por la Military Road, construida entre 1800 y 1809 por el ejército británico ocupante para perseguir a los insurgentes irlandeses que se refugiaban en las montañas del condado.

Enniskerry

Cuando llegas a Enniskerry. Foto R. Puig

Como llegamos a Enniskerry a la hora del lunch lo que hicimos antes de pasearnos por este simpático pueblo, fue almorzar en la placita que encuentras nada más llegar.

En el paseo por sus calles, ante los escaparates llenos de frascos vitivinícolas y espirituosos nos encontramos con uno directamente alusivo a los vinos españoles: «Sensacional selección española», y no precisamente la de fútbol. El antiguo comercio vinícola con España que evocamos en la anterior entrada sigue estando vivo y animando las alegrías irlandesas.

Spanish selection en Enniskerry. Foto R.Puig

Incluso, en un escaparate de regalos y souvenirs hay un cuadrito de ciertas artesanas de nombre Anna Cabrero y Vanessa Murphy que se refiere a las tapas hispanas con la elocuente imagen de un pulpo, en este caso sin haber sido preparado a la gallega.

Escaparate de una tienda en Enniskerry. Foto R.Puig

Dimos también una vuelta por la subida a la colina de los pinos, cerca de cuya entrada me pareció interesante este edificio enteramente de piedra, como son las construcciones antiguas y tradicionales de Irlanda.

Enniskerry, en la subida a Pinehill. Foto R. Puig

En Irlanda la piedra abunda, de hecho los montes graníticos y las pequeñas colinas o drumlins esparcidos por su geografía (*), separados por bogs, son una de las causas de la fragmentación de los antiguos reinos gaélicos a lo largo de su historia, algo así como lo que en el medioevo feudal español fueron los reinos de taifas.

De ahí las dificultades que encontraron los irlandeses durante siglos para confederarse de forma eficiente contra el ocupante normando primero y británico después, que dividía y vencía una y otra vez. Hasta que la guerra por la independencia entre enero del 1919 y julio de 1921 conduce a la Government of Ireland Act el 23 de diciembre del 1920 con parlamentos y administraciones en Dublin y en Belfast y se inicia el camino al Acta de una República de Irlanda totalmente independiente el 21 de diciembre del 1948.

Enniskerry, emblema de Pinehill. Foto R. Puig
Árboles podados en Pinehill. Foto R.Puig

Roundwood

Entrada al dominio de Roundwood. Foto R. Puig

La siguiente etapa del paseo nos llevó a tomar un café en la terraza del soberbio dominio de Roundwood, desde la que se tiene una perspectiva de sus imponentes jardines. Se trata de un lugar de frecuentación turística, en especial para los amantes de las plantas, donde su enorme invernadero alberga la venta de todo tipo de semillas y utensilios para jardineros.

Vista del Tonnelagee (819 metros) desde la terraza de Roundwood. Foto R. Puig

Glendalough

La siguiente etapa, para de verdad estirar las piernas, fue un sitio eclesiástico medieval, una especie de pequeño reino de los monjes seguidores del legendario eremita San Kevin que lo fundaron en el siglo VI y se fue desarrollando entre dos lagos, lo cual originó su nombre (lough en gaélico es lago y glen es cañada) de cañada de los lagos. La fama del santo lo convirtió en lugar de peregrinaciones. Hay restos que datan de la edad del bronce que son también testimonio de prácticas rituales precristianas en este valle de origen glaciar escoltado por dos lagos unidos por un río. Más detalles históricos se pueden conocer en la Insider Guide to Ireland (DoChara).

Plano del sitio eclesiástico medieval de Glendalough (detalle del panel informativo)

En los siglos VII y VIII los monasterios, que se habían fundado en la proximidad de fuertes rodeados de empalizadas, fueron extendiéndose y los sitios monacales crecieron en influencia y desarrollo, con agrupaciones de viviendas bajo su protección. Paralelamente los fuertes fueron disminuyendo en su poder, como en el caso de Glendalough, según reza un poema del siglo VIII en gaélico a la gloria del rey Ailill, dos de cuyas estrofas traducidas al inglés muestran como muchas fortalezas reales habían desaparecido, mientras el monasterio de Glendalough permanecía como refugio de las gentes del entorno:

Ailill the king is vanished

Vanished Croghan’s fort:

Kings to Clonmacnoise now

Come to pay their court.

.

Nawan town is shattered

Ruins everywhere:

Glendalough remains

Half a world is there.

«Félire Ôengusso», p.25,traducción de Frank O’Connor en «Kings, Lords and Commons», p.3 (**)

En la era de las guerras vikingas (***), cuando se funda Dublín, es decir los siglos IX y X, los edificios con tejados de madera son sustituidos por construcciones acabadas en piedra y surgen los esbeltos campanarios graníticos, inspirándose en los de Italia, que también son usados como ultimo refugio en caso de ataques enemigos, aunque en principio su destino era dar las horas o avisar de un peligro. No obstante, si el enemigo se apropiaba del terreno bajo la torre y de la entrada inferior, el refugio podía transformarse en una chimenea mortal.

Glendalough. El campanario junto al cementerio. Foto R. Puig

Accedimos al dominio, que en su día estuvo rodeado de murallas, por los arcos que aún quedan del bastión de la entrada.

Glendalough, la entrada al recinto. Foto R.Puig

No pudimos entrar en la iglesia de San Kevin que estaba cerrada.

Glendalough. Iglesia de Saint Kevin. Foto R. Puig

Atravesamos el extenso cementerio, en que encontramos lápidas, algunas del siglo XVIII y otras emplazadas sobre fosas colectivas, modestos testimonios de la gran hambruna de mediados del XIX. Este cementerio aún se usa para sepultura de familias locales.

Glendalough. Ruinas de la catedral desde el cementerio. Foto R. Puig

De ahí accedimos a las ruinas de lo que fue catedral del condado, donde se han dejado algunas lápidas con trabajados detalles en bajorrelieve.

Glendalough. Interior de la catedral. Foto R. Puig
Glendalough. Lápidas tumbales en la catedral. Foto R. Puig

Bajorrelieves en lápidas del interior de las ruinas de la catedral de Glendalough. Foto R. Puig

Como final de la visita, pasamos el puente sobre el riachuelo que une los dos lagos y caminamos hasta el lago superior, desde donde volvimos por el mismo camino a la salida.

El lago superior de Glendalough. Foto R. Puig

Por la military road

De vuelta a Dublín tomamos la ruta de la «carretera militar», por donde a principios del siglo XIX los ejércitos que mantenían Irlanda como colonia británica se dirigían a las montañas de Wicklow para reprimir el movimiento rebelde que había surgido en el condado a finales del siglo XVIII.

Wicklow. Vista del valle desde la ruta militar. Foto R. Puig

Llegando a la meseta superior de esa estrecha ruta, desde el arcén, se divisa la cascada de Glenmacnass cuya caída de 121 metros la convierte en la más alta de Irlanda.

Cascada de Glenmacnass en la Military Road. Foto R.Puig

Tras un largo tramo por esa meseta bordeada de lomas rocosas nos desviamos por una carretera, algo escondida, que nos lleva al Gleencree Centre for Peace & Reconciliation, que a esas horas del atardecer estaba cerrado.

Este centro, en una Irlanda dividida conflictivamente entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, se dedica a trabajar para prevenir y sanar los conflictos políticos e intercomunitarios y construir sociedades pacíficas e inclusivas. En él se convoca a los individuos y grupos afectados, ayudándoles a encontrar caminos hacia la reconciliación y la paz a través del diálogo, la construcción de relaciones, la facilitación del discurso público y el aprendizaje compartido.

Centro para la Paz y la Reconciliación de Glencree. Foto R. Puig (tomada a través de la verja)

Cementerio Militar Alemán de Glencree

Junto a la entrada del Centro para la Paz y la Reconciliación encontramos un cementerio que asimismo mueve a meditar sobre los destinos de los seres humanos atrapados en las guerras de la Historia.

Frente a su entrada, en un ribazo sobre el riachuelo, hay tres cruces que hacen pensar en el calvario vivido por quienes yacen en este cementerio y por los millones de personas víctimas de la guerra.

El calvario de Glencree. Foto R. Puig
Espada envuelta en espinas sobre la tumba de un soldado alemán desconocido. Foto R. Puig

Estamos en el cementerio militar alemán de soldados y oficiales muertos durante la primera y la segunda de las guerras mundiales. Seis tumbas corresponden a militares alemanes fallecidos en la primera guerra en campos de internamiento en Irlanda.

Tumbas de soldados alemanes muertos durante la I Guerra Mundial en Irlanda. Foto R. Puig
Un soldado alemán. Foto R. Puig

De los muertos durante la segunda guerra son 80 tumbas que corresponden a aviadores alemanes que se estrellaron en Irlanda con su avión o a cuerpos de marinos recuperados tras el naufragio frente a sus costas.

Tumba de aviador alemán muerto el 10 de junio de 1941. Foto R.Puig

Otras 46 tumbas corresponden a civiles alemanes que viajaban detenidos, desde Liverpool rumbo a Canadá, en el navío Arandora Star, paradójicamente torpedeado por un submarino alemán frente a las costas irlandesas.

Cada mes de noviembre se celebra en este lugar (donde también se entierra a los muertos de algunas familias locales) la ceremonia del German Remembrance Day.

Escultura de Jesucristo resucitado en el Cementerio de Glencree. Foto R. Puig

Cuando llegamos de vuelta a Dublín ya era de noche.


NOTAS:

(*) J.H.Andrews, «A geographer’s wiew of Irish History», en The course of the Irish History, edited by T.W. Moody & F.X. Martin, enlarged edition, The Mercier Press, Cork, 1984, pages 17-29.

(**) Kathleen Hughes, «The Golden Age of Early Christian Ireland (7th and 8th centuries)», en Ibidem, pp. 82-83)

(***) Liam de Paor, «The Age of the Vikings Wars (9th and 10th centuries)», en Ibidem, pp. 91-106.

De un viaje a Irlanda (III): Dublín(2), el Arte y la Historia de Irlanda

2 julio, 2023

En el Jardín del Recuerdo de Dublín la escultura de Oisín Kelly plasma la leyenda de los Niños de Lir que partiendo de mitos precristianos narra como los amados hijos del rey Lir fueron trasformados en cisnes por su madrastra celosa y como, al cabo del tiempo, San Patricio, el patrón de Irlanda que trajo a la isla la fe cristiana, los liberó de su cautividad.

Estos cisnes que nacidos de los sufrimientos alzan el vuelo se convierten así en una escultura que recuerda simbólicamente como tras duros siglos de colonización británica los irlandeses alcanzaron su libertad gracias al sacrificio de muchos.

No es esta la única muestra de las obras de arte que en Dublín y a lo largo de la geografía irlandesa hermanan la creatividad de sus artistas con lo vivido por los irlandeses durante la dominación de su poderoso vecino. La historia de Irlanda está bien documentada (*) y lo vivido en Irlanda, en particular tras la creación de una religión de estado anglicana fundada en la Reforma protestante a partir del reinado de Enrique VIII, cruelmente acentuada por las leyes penales que durante casi tres siglos oprimieron a los irlandeses, en especial reprimiendo a los de confesión católica tras la invasión de las tropas de Oliver Cromwell (1599-1658).

Justo enfrente del jardín del recuerdo está la Hugh Lane Gallery con su magnífico recorrido del arte moderno europeo. Pero en el caso de mi visita me centro hoy sobre todo en la pintura irlandesa en este aspecto de su relación con la historia de Irlanda antes de su independencia, la parcial de 1921, que culminaría con la proclamación de la República de Irlanda en 1948.

El lienzo de Daniel Maclise (1806 – 1870) sobre el movimiento Rockite, una lucha que desde 1820 enfrentó a los aparceros irlandeses, sujetos a diezmos abusivos, contra la explotación por parte de los lores propietarios afines al dominio británico que se habían ido apoderando de las tierras de los católicos irlandeses desde el siglo XVII en adelante, muy en particular tras el Tratado de Limerick (1691) a partir del cual se implantaron duras leyes penales contra los católicos irlandeses.

Parecido orden de cosas, fue el generado por la gran hambruna (1845- 1852) que partiendo de la plaga de la patata acabó con la vida de una multitud estimada en un millón de personas, sobre la cual Sir Charles Trevelyan, decidió limitarles la ayuda alimentaria declarando que “the judgement of God sent the calamity to teach the Irish a lesson” (el juicio de Dios envió esta calamidad para dar una lección a los irlandeses).

Muchos grandes propietarios aprovecharon la situación para desahuciar a sus aparceros…

Como ilustra Robert George Kelly  en su cuadro «Un desahucio en Irlanda». (1848. National Gallery of Dublin):

Ya desde el Tratado de Limerick se habían producido las emigraciones de los oficiales y soldados católicos derrotados, perseguidos y con su tierras y propiedades expropiadas, algunos de los cuales vinieron a servir, con cartas de recomendación de los obispos irlandeses, en España y otro países europeos. Esta es una historia, de la que un antepasado del que aquí escribe formó parte (**), pero que merece capítulo aparte.

En mucha mayor medida la great famine del siglo XIX superó, con su inmensa mortandad y la emigración que se derivó, la depredación y la emigración de refugiados que en en los siglos XVII y XVIII había producido la violenta dominación británica.

Edwin Hayes. Barco de emigrantes en la bahía de Dublin. (1853). National Gallery of Ireland

Para terminar y volviendo a la Hugh Lane Gallery, vale la pena resaltar el trabajo que en ella se ha hecho, para recuperar y recolocar pieza a pieza el ingente caos del pintor de unas metamorfosis que en su plástica experimenta la imagen del ser humano, por no decir de la descomposición de la figura humana, a través de una expresión exclusivamente suya, que nos sigue impactando, sea que comprendamos su proceso pictórico-mental (pocos pintores contemporáneos se han expresado tanto) o que no logremos acompañarle en esa vivencia de la corporeidad (***).

He aquí una imagen de ese estudio, en el mismo y preciso caos en que Francis Bacon (Dublín 1909 – Madrid 1992) amaba pintar y tal como lo dejó a su muerte y lo recolocó al milímetro el equipo de Barbara Dawson, la directora, en la Hugh Lane Gallery, gracias a la donación de los herederos del pintor.

Notas:

(*)    Por ejemplo: The course of the Irish History, edited by T.W. Moody & F.X. Martin, enlarged edition, The Mercier Press, Cork, 1984, 479 pp. (hay ediciones que completan el recorrido hasta nuestros días).

(**)  Patrick De Lacy O’Carroll (Portumna, Galway, 1706 – Valencia 1758).

(***) En este blog: Convergencias de arte y literatura (I): Francis Bacon y Thomas Bernhard. La compasión despiadada (22 de setiembre 2013).

Observación: algunos problemas inesperados del sistema han producido algunos defectos de formateado en esta entrada, que espero no se repitan en las próximas, y que han retrasado la entrada de este post.



De un viaje a Irlanda (II): la colonia hispana en Connemara

25 junio, 2023
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En la playa de Renvyle de Connemara. Foto R.Puig

Seguiremos con el relato de los días de Dublin, pero hoy quiero hablar de una sorpresa, la de un viajero español que a punto de comenzar el verano, haciendo un paréntesis en su periplo irlandés, se toma dos días de reposo en el remoto occidente de la isla verde, en un hotel tranquilo de Connemara, donde es muy raro que lleguen clientes españoles…

¡y encuentra que un grupo de jóvenes hispanos tiene tomado el lugar1

El lugar es la península de Renvyle, que presta su nombre a un house hotel en la orilla de una agreste playa de la Costa Oeste de Irlanda, en la región de Connemara.

Tras una parada en Letterfrack para almorzar a base de estofado de cordero, nos encontramos cerca de la citada playa con los aspirantes a guiso, a manto de lana o abrigado chaleco.

Ovejas de Renvyle en Connemara.Foto R. Puig

Nos damos un gélido y rápido chapuzón en la playa…

Playa en Renvyle. Foto R.Puig

Donde quienes, como suele ser, quienes se sienten a gusto en el frío de las aguas atlánticas son los niños que incluso nos dan una lección de ágil escalada a pies desnudos.

Un joven bañista trepador en Renvyle de Connemara. Foto R. Puig

Cuando el baño nos ha refrescado el apetito y entramos en el familiar comedor del hotel descubrimos que (de izquierda a derecha) Tommy (argentino), David (peruano), Juan (malagueño), Estefanía (barcelonesa), Javier (malagueño) y Fernando (segoviano) son sostienen ese lugar, en el que viven y trabajan, aportando su eficiencia y simpatía, en al recoleto albergue, donde año tras año vuelven familias con hijos y personas mayores, atraídos por un entorno acogedor y una excelente y nutritiva cocina, en un paisaje de hechizadora belleza.

La colonia hispana de Renvyle en Connemara. Foto R. Puig

Cuando acabé de hacer la foto, me dijeron que tampoco estaría mal añadir un madrileño, así que no me hice de rogar y acepté el honor de posar con este grupo de jóvenes que, con su buen humor y su labor profesional, nos han inspirado a mi esposa y a mí, durante nuestra breve estancia en esta agreste costa donde trabajan y piensan y forjan su futuro.

La juventud hispana de Renvyle con un viejo bloguero. Foto Nelly

Dondequiera que ella y ellos vayan cumplirán sus sueños y sus proyectos. Las rosas que en los jardines de Renvyle se renuevan cada años con su color y su aroma simbolizan la promesa de ello.

Rosas en Renvyle. Foto R. Puig

***

El tiempo vuela y ayer estábamos ya de vuelta a Dublin, para luego partir hacia Cork. De Galway, de Portumna, así como de nuevo de la capital de Irlanda, también hablaremos.

De un viaje a Irlanda (I): días de Dublin (1)

18 junio, 2023
En la National Gallery de Dublín. Foto R. Puig

Para Ros y Ciaran

El martes 13 de junio llegamos a Dublín, donde fuimos recibidos por muy buenos amigos.

Del paseo del 14 de junio

Al día siguiente, con un tiempo digno del Mediterráneo nos acercamos a la National Gallery. Allí nos aguardaban las salas de los pintores irlandeses de los siglos XIX y XX. Por ejemplo este lienzo expresionista de un acontecimiento deportivo obra del hermano del poeta William Butler Yeats 

Jack Butler Yeats, 1923. Natación en el Liffey. Detalle.

o este otro cuadro de Una Watters. Inspirada por el cubismo y el futurismo logra representar la marcha cuidadosa de una joven bajo la lluvia, procurando no mojarse bajo el chaparrón.

Una Waters. Joven caminando bajo la lluvia junto al Trinity College,1959

La lluvia no es infrecuente en Dublín, pero afortunadamente no nos tocó a nosotros ese día.

El cercano parque, al que San Esteban ampara, estaba lleno de gentes de toda edad y condición disfrutando el buen tiempo

En el parque de St. Stephens Green. 14 de junio 2023. Foto R. Puig

y de otras gentecillas, que siguen obedientes a su mamá,

En el parque de Saint Stephens Green, 14 de junio de 2023, Foto R. Puig

mientras se apresura a seguirles un papá magnificente

En el parque de Saint Stephens Green, 14 de junio de 2023, Foto R. Puig

***

Celebración del Bloomsday el 16 de junio 2023 en el barrio de Sandymount

Doy un salto a una celebración literaria que se repite cada año para conmemorar aquel 16 de junio de 1904 en el que Leopold Bloom el protagonista de Ulises, la innovadora novela de James Joyce (1882-1941), inicia su paseo de veinticuatro horas por Dublín.

Desayuno de época en el Bloomsday. Community Center de Sandymount. Fotos R. Puig
Claire Macinerney canta un aire irlandés en la celebración del Bloomsday en Sandymount. Foto R.Puig
Lecturas literarias joycianas en el parque de Sandymount. Foto R. Puig

En la celebración del Bloomsday en el barrio de Sandymount tuve el honor, convenientemente vestido a lo Joyce, de recitar un poema del poeta Harry Clifton que versificó la experiencia de su paseo del Bloomsday del 16 de junio del año del centenario del nacimiento de James Joyce:

Eccles Street, Bloomsday, 1982

Onesided, stripped of its ghosts,
The half that was left of Eccles Street
Stood empty, on that day of days
My own unconscious feet
Would carry me through
To a blind date, or a rendezvous.

.

Invisible pressure, invisible heat
Laid down the blue coordinates
Of a Hellenic city
From Phoenix Park to the Merrion Gates,
Where disconnected, at one remove
From wisdom, or eternal love,

.

A million citizens worked, ate meals,
Or dreamt a moment of Joyce,
And felt themselves wholly real,
The equals of fate, the masters of choice,
As I did too, on Eccles Street,
Before ever you and I could meet

.

In the larger scheme … Coincidence
Rules invisibly, the casual date
Upstaged by Greek infinities
Moving among us like common sense,
Imprisoning, setting me free
To dream and circumambulate

.

In a myth too young to be formed.
I would built it myself, from the ruined door
Of Bella Cohen’s bawdyhouse,
From other basements, other whores
Unbuttoning their blouses
Forever, while traffic swarmed

.

and the lights outside turned green and red
On shifting planes of reality –
And you, a final student, read
Of Joyce in the National Library,
stood in the crowd, my love unseen,
At the unveiling in Stephen’s Green.

.

An hour went by, on Eccles Street –
Two drunks, at ease in the Mater portals,
Swigged, and sang Republican songs.
I watched a line of taxis wait
And saw where real grass had sprung
Through mythic pavements, already immortal,

.

Green as life, and unresearched.
I had come, only that morning,
From Ringsend docks, and Sandymount Church,
Along the arc of odyssey,
With my invisible yearning
To break the circle, set myself free,

.

As you had yours, until one day
In the prefigured city,
Where every step is a step of fate
And recognition comes only later,
We could meet, you and I,
Weigh anchor at last, and go away.

´´´´

Demediada, despojada de sus fantasmas,

la mitad que quedaba de Eccles Street

estaba vacía, en ese día de días

mis propios pies inconscientes

me iban a llevar por ella

a una cita a ciegas, o un rendezvous.

.

Presión invisible, invisible calor

trazaban las azules coordenadas

de una ciudad Helénica

desde Phoenix Park hasta Merrion Gates,

donde desconectados, todos en uno, apartados

de la sabiduría, o del amor eterno,

.

un millón de ciudadanos trabajaban, comían,

o soñaban un momento de Joyce,

y se sentían totalmente reales,

los iguales del destino, los dueños de elegir,

como hice yo también, en Eccles Street,

antes de que tú y yo pudiéramos coincidir

.

en el designio más amplio… La coincidencia

dicta invisible las reglas, la cita casual

eclipsada por las infinitudes griegas

que circulan entre nosotros como sentido común,

aprisionándome, liberándome

para soñar y dar la vuelta

.

en un mito demasiado joven para formarse.

Lo construiría yo mismo, desde la puerta en ruinas

de la casa de citas de Bella Cohen,

desde otros sótanos, otras prostitutas

desabrochando sus blusas

para siempre, mientras el tráfico hervía

.

y las luces afuera cambiaban del verde al rojo

en planos de realidad cambiantes –

y tú, estudiante en fin de carrera, leías

a Joyce en la Biblioteca Nacional,

o estabas entre la multitud, mi amor oculto,

en la inauguración en Stephen’s Green.

.

Pasó una hora, en Eccles Street –

dos borrachos, a sus anchas en los portales de Mater,

trincaban y cantaban canciones republicanas.

Yo miraba a una cola de taxis en espera

y vi el lugar en que auténtica hierba había crecido

por pavimentos míticos, ya inmortales,

.

verde como la vida, y no buscado.

Había venido, solo esa mañana,

desde los muelles de Ringsend, y Sandymount Church,

pasando el arco de la odisea,

con mi anhelo invisible

para romper el círculo, liberarme,

.

como el que tú tenías, hasta que un día

en la ciudad imaginada,

donde cada paso es un paso del destino

y el reconocimiento viene sólo después,

pudiésemos nosotros encontrarnos, tú y yo,

levad anclas por fin, y partir lejos.

.

Penguin Book of Irish Poetry, by Petere Fallon & Derek Mahon (eds.), London 1990, pp.395-396. (La traducción es mía)

***

En Dublín también se puede celebrar acompañados por alguno de los excelentes espirituosos de las destilerías irlandesas, pero ésta es otra historia…

Harry Aaaron Kernoff, 1941. El pub de David Byrne. National Gallery, Dublìn. Foto R.Puig

En busca de amenidades: seis siglos de parques y jardines.

11 junio, 2023
«Birthday coffee», 1940. Bror Hjorth (1894-1968), colección privada.

En el Museo Nacional en Estocolmo está abierta hasta el 7 de enero del 2024 una nutrida y muy bien documentada exposición sobre El Jardín – Seis siglos de Arte y Naturaleza, que he tenido ocasión de visitar.

Los jardines, desde los más ambiciosos y aristocráticos hasta el más modesto balcón, son y han sido en Suecia materia no sólo de interés y cuidados sino también de culto, y por parte de reyes y grandes propietarios de grandes proyectos y dispendios. Pero también de las fiestas populares, no en vano la principal fiesta veraniega en Suecia es aquella en que se celebra el Midsommar bailando en torno a un árbol florido.

La exposición pasa revista a la historia de los jardines y parques, con particular presencia de planos de los proyectos, realizados o no, de famosos arquitectos de jardines, sobre todo franceses y otros a sueldo de la Corona Sueca a lo largo de la historia, así como diseños y pinturas relacionados. El catálogo es magnífico.

A los seres humanos siempre nos han fascinado los jardines. Han servido como lugares de desfile en los castillos reales y las mansiones de los que están en el poder. Ser capaz de presentar plantas exóticas en el jardín era casi tan importante como construir una extensa colección de naturalia, artificialia y scientifica. Se construyeron pabellones y cobertizos para barcas, se diseñaron laberintos y ruinas, y se colocaron esculturas, fuentes, urnas y muebles para crear una experiencia holística donde el visitante pudiera encontrarse con la naturaleza de manera estructurada. La teoría del arte del jardín y la literatura del jardín también vieron la luz.

de la presentación de la exposición

La temática de la exposición es variada y ambiciosa, como aquel jardín del pecado original que se ilustra con obras de artistas modernos. Lógicamente, dedicándose a los últimos seis siglos no incluye los jardines que se regalaron los miembros de la familia imperial romana, ni los jardines severos de los monasterios medievales, ofreciendo en cambio una rica muestra dedicada a los jardines, barrocos y rococós, en los que se exhibía la grandeur de los monarcas franceses y de sus émulos suecos, así como imágenes de jardines del siglo XIX.

No han faltado los nenúfares de Monet, en este caso en un lienzo suyo prestado por el Museo de Arte de Gotemburgo para esta muestra.

Claude Monet, Nenúfares, Göteborgs Konstmuseum,1907. Photo: Hossein Sehatlou

Y será casualidad, pero el caso es que unos días después estuve paseando por el parque de la mansión de sombrío estilo neo-Tudor de Tjolöholm en la comuna de Kungsbacka, aquella que acabó de construir la viuda de James Fredrik Dickson (1844-1898), un sueco de origen inglés que murió envenenado por el agua con verdín de un grifo no muy cuidado. Y ¡hete aquí que durante mi paseo, en un lateral apacible del parque encontré un estanque que me recordó los nenúfares de Monet!

Nenufares en Tjolöholm. Foto R. Puig

Fue la viuda Blanche quien terminó la construcción de la mansión, pero algún maleficio debía cernirse sobre esa obra, pues cuando está emprendedora mujer retornaba de un viaje a Ceilán para visitar las plantaciones de té propiedad de la familia, murió de disentería en el barco y su cadáver encontró sepultura en el Océano Índico.

Menos mal que en ese mismo parque trota un feliz equino,

Per Josephson. Caballito al galope. Escultura en acero corten. Parque de Tjolöholm. Foto R. Puig

detalle alegre que contrasta con la sombría vista de la mansión.

La mansión en estilo neo-Tudor de Tjolöholm. Foto R. Puig
El severo parque de Tjolöholm frente al mar. Foto R. Puig

Y como el tiempo apremia, animo a quien pueda a darse un garbeo por esta fabulosa exposición de Estocolmo y les dejo con una imagen de los proyectos que a Gustav III se le antojaban para sus parques reales.

Proyecto de pagoda china para Gustav III de Louis Jean Desprez. 1788. Foto R. Puig

Son cosas bastante curiosas, que se pueden descubrir en esta exposición, que nos muestra unas historias de Suecia probablemente menos conocidas por los lectores de este blog. Por ejemplo, una escenografía de Louis Jean Desprez para la pieza teatral que fue representada en 1784-1785 ante Gustav III de Suecia (1746-1792) titulada Reina Cristina, obra escrita por el propio monarca.

Escenografía para la representación de «Reina Cristina». Foto R. Puig

El fondo representa una fiesta llena de luminarias en los jardines reales del palacio de Makalös, que ya no existe porque fue destruido por un incendio el 25 de noviembre de 1825 durante… ¡una representación teatral!

No pocos desastres ígneos se han producido en Suecia a causa del amor que los suecos profesan por las velas, lógica tradición debida seguramente a los largos oscuros inviernos de Escandinavia.

Olaus Magnus: el primer historiador, geógrafo y etnólogo sueco.

4 junio, 2023
La ciudad de Skänninge. Grabado de Erik Dahlberg en Svecia Antiqua et Hodierna (1661)

Olaus Magnus (Skänninge 1490-Roma 1557), el autor de la Historia de gentibvs septentrionalibvs, nació en Skänninge, donde por primera vez estuve la semana pasada de vuelta de Estocolmo a Gotemburgo. Olaus y su hermano mayor Johannes fueron obispos católicos que acabaron exiliados en Roma tras la reforma protestante adoptada por el rey Gustav Vasa.

Localización de Skänninge cerca y al este del lago Vattern y de la autopista E4

Skänninge es una de las ciudades más antiguas de Suecia. Curiosamente, durante nuestro recorrido de más de dos horas, ninguna persona de aquellas a quienes pregunté sabía quién era Olaus Magnus ni había oído hablar de aquel famoso historiador, cartógrafo, diplomático dibujante, viajero, obispo y etnólogo, nacido en su ciudad en 1490. Puede que en el ayuntamiento me hubieran dado razón de este ilustre hijo de la villa, pero cuando llegamos a la plaza mayor sus oficinas y el pequeño museo habían cerrado, no así la excepcional iglesia de Nuestra Señora que pudimos visitar con todo detenimiento.

Por ello fue una sorpresa la enorme estatua, al parecer relacionado con un legendario guerrero alemán de nombre Roland, que en Schänningen se llamó Tureland. La más bien basta escultura ha sustituido a la versión medieval que conoció Olaus Magnus y que desapareció hace siglos.

Según el capítulo 15 del libro XIV de su Historia, sobre la que abundaremos más abajo, en Alemania había estatuas similares de Roland en varias ciudades, entre ellas en Bremen; el autor encabezó el texto con un grabado en que aparece este héroe de las leyes y de la justicia. Esa imagen ha servido de modelo a Stefan Asp para su gigante Ture Lång de la plaza mayor de Skänninge. Yo añadiría, si observamos la jarra que esgrime en su mano izquierda, que el héroe predica asimismo las virtudes de la cerveza.

No es difícil intuir que la ciudad del siglo XVI que aparece en el grabado a las espaldas del justiciero héroe es una representación que el mismo Olaus dibuja de su ciudad natal.

Tras cursar sus primeros estudios en Suecia y continuarlos en Rostock y Colonia, Olaus consiguió su título de magister en 1514 e inició su carrera eclesiástica; viajó hasta los límites septentrionales de Escandinavia como vendedor de bulas papales durante 1518 y 1519. Durante su viaje acumuló información geográfica, histórica y costumbrista y anotó sus observaciones sobre la vida y trabajos de las gentes. Como sus estudios humanísticos habían incluido la cartografía y el dibujo también es de suponer que llevaba un cuaderno en el que proyectaba lo que serían los grabados de su Historia.

Tras los episodios violentos que precedieron el inicio del reinado de Gustav Vasa en 1523, este monarca fundador de una larga dinastía nombró como arzobispo católico de Upsala a Johannes Magnus, hermano de Olaus Magnus. Pero, los errores del papa Clemente VII en su relación con el rey de Suecia, apoyando a los daneses pues creyó que el sueco había perdido la guerra contra el danés, empujaron al rey a reaccionar contra el Vaticano y, aunque no creía ni en Dios ni en el diablo, adoptó la Reforma de Lutero que ya se propagaba en Suecia. La fidelidad a Roma del arzobispo Johannes, hizo que el rey le destituyera del arzobispado y lo sustituyera por un protestante. De resultas de ello, los dos hermanos Magnus, fieles al Papa, tuvieron que partir hacia el exilio en dirección de Roma.

Hay que decir que, gracias a este vuelco de la Fortuna, Olaus Magnus, conoció en Danzig al diplomático Damiâo de Góis, que había publicado una requisitoria contra la esclavización de los lapones que además envió a Erasmo de Rotterdam, protesta que éste apoyó en uno de sus últimos escritos antes de morir. Olaus seguramente, no sólo conoció esa requisitoria, pues fue escrita a partir de las informaciones que su hermano Johannes facilitó a Damiâo, sino que debió de conocer el pequeño tratado y mapa sobre los reinos nórdicos de De Góis, así como los del alemán Ziegler en los que se había en parte basado el humanista y diplomático portugués. Dicen que Olaus Magnus también conoció a Copérnico en Danzig.

Siguiendo su camino a Italia, trabajó también en Venecia, capital de los mejores impresores y grabadores, bajo el mecenazgo del patriarca de la próspera república, completando su Historia sobre los países nórdicos gracias los recursos que le brindaron en la ciudad de los dogos para escribir, ilustrar él mismo y tener la colaboración de algún grabador experto en xilografía (si es que no fue más tarde en Roma) para su obra maestra, publicada en la ciudad eterna bajo el largo título de :

Historia de gentibvs septentrionalibvs, earvmqve diversis statibvs, conditionibvs, moribvs, ritibvs, svperstitionibus, disciplinis, exercitiis, regimine, victu, bellis, structuris, instrumentis, ac mineris metallicis, & rebus mirabilibus, necnon vniuersis penè animalibus in septentrione degentibus, eorumq́; natura. Opvs vt varivm, plvrimarvmqve rervm cognitione refertvm, atqve cvm exemplis externis, tum expressis rerum internarum picturis illustratum, ita delectatione iucunditatéque plenum, maxima lectoris animum voluptate facilè perfundens.

Avtore Olao Magno Gotho archiepiscopo Vpsalensi Suetiæ & Gothiæ primate.

Cvm indice locvpletissimo.

Cavtvm est privilegio Ivlii III. pont. max. ne quis ad decennium imprimat.

Romae M. D. LV.

Historia de las naciones del norte, sus diversos estados, condiciones, muertes, rituales, supersticiones, disciplinas, ejercicios, gobierno, alimentos, guerras, construcciones, instrumentos, minerales y metales, y cosas maravillosas, así como de casi todo animal que vive en el norte, cuya naturaleza se ilustra de varias maneras, ya sea que se base en el conocimiento del tema o ilustrándolo desde referencias externas, así como con las imágenes de las cosas mismas, tan llenas de deleite y gusto que fácilmente producen en la mente del lector el mayor placer.

Del autor Olaus Magnus Godo, arzobispo de Upsala, primado de Suecia y Gothia.

Con un completísimo índice.

Ha recibido el privilegio de Julio III. Pontífice Máximo para que nadie lo imprima durante un decenio.

Roma, M.D. LV. (1555).

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(Historia de gentibus septentrionalibus, Roma 1555)

El libro mereció traducciones a diversas lenguas europeas, italiano, alemán inglés y francés, pero como hería las susceptibilidades de la Iglesia sueca, de confesión luterana, no se publicó en sueco en cuatro volúmenes hasta 1916-1925. Aunque, todo hay que decirlo, esta edición es de una calidad extraordinaria, lo que puedo atestiguar personalmente porque la estoy admirando desde hace poco, ya que un anticuario de Gotemburgo me la vendió a un precio muy favorable.

Como puede apreciarse en el cotejo con la de abajo, la página anterior de la edición sueca del siglo XX es fiel a la composición y a los grabados de la primera edición latina de mediados del siglo XVI, incluso en los escolios al margen.

El libro XIII de la obra trata sobre la forma de producir y consumir alimentos de los pueblos nórdicos a finales de la Edad Media y es muestra de la vasta curiosidad etnológica y técnica de aquel obispo, pues por su texto e ilustración conocemos como esparcían el estiércol sobre sus tierras los campesinos suecos de mediados del siglo XVI.

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Construcciones y deconstrucciones

Sobre las iglesias que Gustav Vasa demolió para usar sus piedras en construir castillos también hemos sabido algo en este viaje…

Lo que queda de la iglesia de Todos los Santos en Skänninge. Foto R.Puig

Los bloques de piedra que formaban la Iglesia de Todos los Santos de Skänninge forman parte hace tiempo de los muros de una fortaleza real en Vadstena, a quince kilómetros hacia el noroeste (como se aprecia en el mapa de la comarca que aparece al principio de esta entrada).

Castillo de Gustav Vasa en Vadstena. Foto R. Puig

Primero quiso derribar la Iglesia de Nuestra Señora, el principal templo de Skänninge, que se había construido en piedra, sucesora de una de madera del siglo XIII, pero le convencieron para que la dejase en paz a cambio de derribar la de Todos los Santos. Supongo que, si era algo supersticioso, pensó que una represalia sagrada sería más probable que le llegase de la madre de Jesucristo que no que todos los santos se pusieran de acuerdo sobre cómo castigarle.

Por eso subsiste la dedicada a la Virgen, cuya versión actual incluye añadidos y modificaciones de los siglos XVII, XVIII y XIX.

Templo de Nuestra Señora en Skänninge. Foto R. Puig

El interior tiene un pavimento sembrado de las piedras tumbales de gentes que fallecieron desde el siglo XVII hasta el XIX, muchas labradas con figuras en su mayoría alusivas a la resurrección de Cristo de entre los muertos.

Interior de la Iglesia de Nuestra Señora en Skänninge. Foto R. Puig
Piedra tumbal en Nuestra Señora en Skänninge. Foto R. Puig

En los muros se repite el mismo motiva en tablas o relieves ofrecidos con intención votiva por los parientes del difunto.

Tabla votiva en Nuestra Señora en Skänninge. Foto R. Puig

En algún caso son bajorrelieves ingenuos.

Tabla votiva en la iglesia de Nuestra Señora en Skänninge. Foto R. Puig

Sin que falte el fúnebre memento mori.

Calavera laureada de algún difunto ilustre en el templo de Nuestra Señora en Skänninge. Foto R. Puig

(Al tomar la foto me tembló un poco el pulso)

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Nos despedimos por hoy de este histórica villa con una estela conmemorativa, en la que se esculpió un mensaje en caracteres rúnicos alrededor del año 1000 d.C., que recuerda que la «erigió Torkel en memoria de Toste y de su hijo Torun».

La habían reciclado siglos más tarde para construir el umbral de la iglesia y apareció durante una reforma en 1874. Al menos no acabó en los muros del castillo del belicoso Gustav Vasa.

Estela rúnica. Skänningen. Foto R. Puig

Y ya que hablamos de memoriales y tumbas, hay que añadir que Olaus Magnus murió el 1 de agosto de 1557 y fue enterrado en Santa Maria dell’Anima, la iglesia nacional alemana en Roma. Su monumento sepulcral desapareció en los dos siglos posteriores, probablemente durante la restauración de la iglesia en 1774. No obstante aun se le recuerda en esa iglesia con un texto en latín tallado en mármol. No se conserva ningún retrato suyo.

De su hermano Johannes, fallecido en 1544, que también dejó escritos históricos, sí se conserva un retrato suyo y está enterrado en la Iglesia de San Pedro en Roma.

Ambos fueron los últimos arzobispos católicos suecos tras la Reforma luterana de Suecia.