Hacia las montañas de Dalarna

Corrales de renos en el norte de Dalarna. Foto R.Puig
Dejamos Hellby y la región de Uppsala con sus templos medievales para encaminarnos hacia el norte de Dalarna, a a las montañas de su frontera con Noruega, con el propósito de caminar por sus senderos. En el camino hay tantas cosas que ver, tantos lugares que atraen la atención, pero en el hotel de Grövelsjön nos habían informado de que había que llegar puntuales a la cena. Sin embargo nos dio tiempo a dos paradas…
Kloster

La orilla apacible del Flinssjönen en Kloster. Foto R.Puig
El Husbyringen (el anillo de Husby) es el primer territorio que fue declarado como ecomuseo en Suecia. Forma parte del International Council of Museums
La definición de Ecomuseo reza más o menos así:
Un ecomuseo es un museo al aire libre donde se conservan y restauran los edificios en su ubicación original para mostrar las conexiones entre el paisaje y el entorno de trabajo de una sociedad antigua. Un ecomuseo no tiene ningún edificio museístico propiamente dicho, ninguna colección de objetos, a excepción de los objetos que aparecen en su ambiente original. Es un sitio de historia industrial y cultural. El énfasis se centra en la relación entre naturaleza y cultura, los campos y los recursos naturales y, sobre todo, el ser humano que allí estableció sus formas de existencia
Por lo que, siguiendo el hilo, he aprendido que el primer ecomuseo, creado en 1972, fue el Écomuseé du Creusot-Montceau en la Borgoña francesa. Pero no me voy a distraer en ello ahora. Me lo apunto para un próximo viaje.
En realidad, lo que nos llamó la atención en el mapa era el anuncio de las ruinas de un monasterio (kloster) cisterciense dentro de esa cintura histórica del Husbyringen, a las orillas de uno de sus tres lagos. Bueno, la verdad es que se trata de lo poco que quedó tras la radical confiscación de Gustav Vasa, quien de conservación no entendía, salvo de guardar para sí los objetos preciosos y vender a sus jefes de guerra, los nobles que apoyaron su causa contra los daneses, las tierras de monasterios y diócesis.
Casualmente, en el sigo anterior, un noble sueco, el caballero Ingel Jönsson donó una granja a los cistercienses en 1477 para que creasen ahí su cenobio. Los monjes lo bautizaron como Gudsberga (la colina de Dios) y consiguieron hacerlo florecer, innovando las técnicas agrícolas e incrementando la prosperidad en aquellas tierras. Construyeron el monasterio, incluida una iglesia gótica y las dependencias adyacentes, según el modelo del Cister.
Lo que el piadoso caballero creó, el rey luterano se lo quitó. Gustav Vasa nombró a un abad amigo suyo en 1530, confiscó el monasterio en 1538 y se lo dio al gobernador de Dalarna, una vez sustraídos los objetos de valor.
Sus columnas y sus piedras sólo el dios de esas colinas sabe adónde fueron a parar.

Restos del monasterio cisterciense de Kloster. 1477 a 1530. Foto R.Puig
A la vera de estos restos hay un modesto recinto, a modo de museo, donde quien entra no encuentra ningún guardián, aunque sí una hucha para pagar la entrada y una sala con algunas sillas para, apoyando el botón correspondiente, proyectar los vídeos en que se explican las varias historias del lugar que completan así la galería de paneles y las vitrinas que contiene el local.

En el pequeño museo de Kloster. Foto R.Puig
¿Cómo subsistió la aldea tras la desaparición de los monjes? Pues respondiendo a las necesidades del mercado: este apartado lugar era apto para fabricar la pólvora que el naciente imperio sueco necesitaría en sus guerras. En la zona había minas de las que se podían obtener los componentes.
Así que a mediados del siglo XVII los klosteranos empezaron a fabricar pólvora. En el siglo siguiente, el Mayor Anders Spole Rosenborg compró una de las fábricas y la convirtió en la mayor de Suecia.

Antiguo almacén de pólvora en Kloster. Foto Swedish National Heritage Board
Por lo que cuentan los paneles informativos a la entrada del pueblo, no faltaban los accidentes

Recreación de una explosión en una fábrica de pólvora de Kloster. Sóren Holmqvist 2001
Felizmente los ingenieros no se dedicaban sólo a servir el explosivo a la Corona sueca. Así que, aunque la fábrica se cerró en 1870, quedaron para la historia algunos inventos importantes para la boyante industria de los productos lácteos, como por ejemplo el primer separador de la nata de la leche.

Kloster en 1870. Óleo de pintor anónimo. Foto R.Puig
Pero nosotros teníamos que seguir camino para no llegar tarde a la cena…
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El lago Siljan
Como estaba en nuestra ruta y empezábamos a sentir gazuza, y un amigo que vive por la zona nos había hablado del larguísimo puente de madera que se adentra en el lago Siljan en Rättvik, paramos en el lugar y, además, pudimos estirar las piernas bajo un sol esplendoroso.

Puente de madera de Rättvik sobre el lago Siljan. Foto R.Puig
Sus aguas son transparentes desde la misma orilla

Aguas de la playa del lago Siljan en Rättvik. Dalarna. Suecia
Ganas de quedarse allí tumbados en la hierba y, por qué no, de darnos un baño no faltaban…

El lago Siljan en Rättvik
Pero había que llegar al hotel en Storsätern para cenar bien, y así hacer acopio de calorías antes de los dos días de vandring (senderismo) y de ir al encuentro de los renos que nos esperaban en Grövelsjön…

Por los alrededores de Grövelsjön. Foto R.Puig
Continuará…
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Última hora
Ayer decenas de miles de personas salieron a la calle para mostrar su repulsa ante la manifestación de unos quinientos miembros del Nordiskfronten. Este movimiento es minoritario pero activo en los países escandinavos, es xenófobo e intolerante y de ideología neonazi. Iba a desfilar ayer sábado por las calles de Gotemburgo con sus banderas según un itinerario que la policía había reducido a la mínima expresión.

La policía cierra el paso al Nordiskfront. Foto Göteborgs-Posten
Digo «iba», porque cuando trataron de desbordar y acercarse a las puertas de la popular Feria del Libro, la más grande de Suecia, la policía los cercó y detuvo al cabecilla por no atenerse al itinerario autorizado.

Tambores contra racismo. Foto R.Puig
Si hay algo de positivo en que se permita a estos individuos disfrutar del derecho a manifestarse, que les concede la democracia de la que ellos abominan, es (a parte de tenerlos identificados) que en tales ocasiones se manifiestan los sentimientos de la mayoría de la población sin distinciones generacionales, sociales, políticas o de origen.
Y nuestra enorme multitud también contribuyó a que el desfile se abortase

Gotemburgo 30 de setiembre 2017. Miles contra el racismo y la intolerancia. Foto R.Puig
No sé si había algún cisterciense entre nosotros, pero si fue así, supongo que, además de tantos cantos como se oyeron, el monje estaría entonando su Deo gratias
Me permito añadir otra coda de actualidad, pues hoy en España (lo que incluye a la Cataluña de mis abuelos) hay también manifestaciones y en el mundo confusión y desinformación en la materia
DISCURSO DE FERNANDO SAVATER EN EL ANIVERSARIO DE LAS CORTES DE CÁDIZ QUE EL 24 DE SETIEMBRE DE 1810 SE REUNIERON PARA REDACTAR LA PRIMERA CONSTITUCIÓN DEMOCRÁTICA DE LA HISTORIA DE ESPAÑA
De las Cortes de Cádiz surgió una nación soberana e indivisible, constituida por personas libres e iguales en derechos, cuyo carácter esencial era ser ciudadanos; lo mismo que hoy la mayoría de los españoles reivindicamos
El escudo de la libertad
Para empezar, debo agradecer el honor que me hacen invitándome a hablar en la conmemoración de una fecha histórica tan relevante para la Isla de León y para España entera. Pero, a pesar de lo inmerecido e inapropiado de este honor, lo he aceptado y aquí me tienen. Me he sentido obligado a venir por dos razones, una muy personal e íntima, la otra de carácter cívico, de ética ciudadana. Permitan que antes de seguir adelante les explique brevemente estas dos razones.
Hace una docena de años, vivíamos en el País Vasco sometidos al acoso criminal de la mafia etarra y a la imposición en todos los órdenes del nacionalismo obligatorio. Pese a los apoyos oficiales, notábamos que nos faltaba el sostén cotidiano de nuestros conciudadanos del resto del país, porque estábamos convencidos de que la agresión terrorista era un asunto de todos y no sólo de los vascos que lo padecíamos de más cerca. Entonces una valiente luchadora, que además era el amor de mi vida, tuvo una idea que luego han imitado muchos partidos y activistas sociales: fletar un autobús en el que viajásemos miembros de movimientos cívicos, víctimas del terrorismo, periodistas… y recorrer España haciendo paradas en el camino para contar lo que ocurría en Euskadi y despertar a la gente que veía el asunto como algo ajeno.
Salimos de San Sebastián en un autobús decorado por el gran Alberto Corazón, y haciendo alto en ciudades de todo el recorrido llegamos hasta Cádiz, acabando nuestra aventura en el oratorio de San Felipe Neri. De esa hermosa travesía guardo recuerdos que después la pérdida ha hecho dolorosamente imborrables, pero por encima de todos el enorme afecto y el desbordante apoyo cívico que encontramos en tierras gaditanas. ¿Cómo no volver, ahora que me llaman desde aquí? Estoy seguro de que Sara nunca me hubiera perdonado tamaña ingratitud.
La segunda razón es que se trata de conmemorar la implantación de las primeras Cortes democráticas de España, y de hacerlo en el momento histórico actual, cuando precisamente nuestra democracia sufre uno de los peores y más reaccionarios ataques de toda nuestra posguerra. La implantación de las Cortes en 1810 desafió circunstancias extraordinarias: el dueño de Europa, Napoleón, había impuesto a los españoles un rey según su capricho y amenazaba con sus tropas avasalladoras el propio reducto gaditano. También había enemigos interiores, conservadores que consideraban formulaciones como “soberanía de la nación” y “el rey para la nación y no la nación para el rey” poco menos que como blasfemias decapitadoras como las de la Revolución Francesa. Pérez Galdós cuenta con viveza estas decisivas polémicas en el volumen Cádiz de sus Episodios Nacionales.
Por primera vez, otra medida revolucionaria, los diputados a reunirse no iban representando estamentos sino a la nación española. Y por nación entendían una entidad abstracta y colectiva, formada por el conjunto de los ciudadanos constituidos en cuerpo político. Como resume inmejorablemente el historiador y profesor universitario gaditano Juan Torrejón Chaves, “la revolución liberal amaneció con nuevas palabras y sagrados conceptos. Surgió entonces una nación soberana e indivisible, constituida por hombres libres e iguales en derechos, cuyo carácter esencial era el de ser ciudadanos, con independencia de todo lo demás: posición social, riqueza o lugar en que se habitara. La voluntad común se erigía así como superior a toda voluntad particular o de grupo”. Exactamente lo mismo que hoy la mayoría de los españoles seguimos reivindicando.
Jovellanos comentó que este congreso se reunió “para fijar el destino de la nación tan ultrajada y oprimida en su libertad como magnánima y constante en el empeño de defenderla”. El otro día escuché a un vocinglero decir que la democracia española era low cost. Ah no, señor mío, lo que quiera menos eso, porque se ha conseguido a un coste muy alto y muy comprometido. Cuarenta y cuatro años después de la fecha que estamos conmemorando, un cronista alemán nada desdeñable consignaba que “ninguna asamblea legislativa había reunido hasta entonces a miembros procedentes de partes tan diversas del orbe ni pretendido regir territorios tan vastos de Europa, América y Asia, con tal diversidad de razas y tal complejidad de intereses; casi toda España se hallaba ocupada a la sazón por los franceses, y el propio Congreso, aislado realmente de España por tropas enemigas y acorralado en una estrecha franja de tierra, tenía que legislar a la vista de un ejército que lo sitiaba. Desde la remota punta de la isla gaditana, las Cortes emprendieron la tarea de echar los cimientos de una nueva España”. El cronista que con tono admirativo escribió estas líneas se llamaba Karl Marx.
Llegaron los diputados de la Península y ultramar para formar la nación de todos, no para promocionar identidades particulares como mendigos que exhiben sus muñones a la puerta de la catedral para pedir limosna. La delegación más numerosa fue la de Galicia, seguida por la de Cataluña. Y el primer presidente que eligieron las Cortes fue precisamente catalán: Ramón Lázaro de Dou y Bassols, al que en el panegírico de la Academia de Buenas Letras de Barcelona se calificó como “varón insigne, sabio jurisconsulto, literato distinguido, político consumado, honor de la Universidad de Cervera y gloria de Barcelona, de Cataluña y de toda España”.
A pesar de su edad, 68 años de los de entonces, había arrostrado una larga travesía marítima para estar presente en las Cortes. Lázaro de Dou, comentando el decreto de Nueva Planta, llamó a Felipe V Solón de Cataluña por haber derogado las reliquias del sistema feudal. Y rechazó las opiniones adversas que no faltaban entre sus coterráneos así: “Tal es la índole del hombre que casi nunca cree deber aprobar ni alabar sino lo que ha visto siempre desde niño en su país: las costumbres, las reglas, las leyes, las mismas acciones buenas, las prácticas en ninguna parte le parecen tan excelentes como allí donde ha nacido. Esto depende principalmente de que nosotros solemos juzgar más por sentimiento que por reflexión”. ¡Bravo, mosén Dou!
Las sesiones de la magna asamblea se hicieron en el antiguo Teatro Cómico de la Isla convertido en Salón de Cortes por otro catalán, Antonio Prat. Unos meses más tarde, ya concluidas las sesiones, el diputado por Valencia Joaquín Lorenzo Villanueva, un sacerdote ilustrado y liberal, pidió que el edificio del antiguo teatro se convirtiera en finca de la nación para preservar su dignidad. Propuso como adorno de la fachada poner la fecha de la instauración de las Cortes, 24 de septiembre de 1810, y luego sólo dos palabras: ESPAÑA LIBRE. Que ese sea también nuestro lema, amigas y amigos, compatriotas, sin olvidar nunca que debemos ser nosotros mismos el escudo insustituible de esa libertad.
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El texto es una intervención leída en el Teatro de Las Cortes de San Fernando, Cádiz, en la conmemoración del 207 aniversario de la implantación de las primeras Cortes Generales de España, 24 de septiembre de 1810 (Publicado en el diario El País a fecha de hoy)
Historias sagradas de ayer y de hoy

Iglesia de Veckholm. El hombre docto. Foto R.Puig
Para Margaretha y Tomas
Lo he llamado así, «el hombre docto», pues no se me ha ocurrido mejor nombre para este elegante portador de quevedos, esos binoculares que pinzan la nariz y que los monjes medievales utilizaban para leer sus maitines a la luz de los cirios. Sin embargo, hay algo de incongruente, pues este hombre dirige el martirio de San Lorenzo sobre la parrilla, en el cuadro inferior de un retablo que vino de Bruselas a principios del siglo XVI. La obra se atribuye a los talleres de Jan Borman, también llamado Jan Borreman. ¿Será una alusión a las dotes de taumaturgo de aquel santo que pereció asado, y por ambos lados a petición propia? Cuenta la leyenda áurea que devolvió la vista a varios ciegos.

La quema de San Lorenzo. Iglesia de Veckholm. Retablo flamenco del s.XVI. Foto R.Puig
¿Será que el imaginero que modeló esta fisionomía consideraba los binoculares un distintivo del poder de ajusticiar? ¿Será que este inquisidor sádico, con su movimiento de las manos está dando instrucciones a los torturadores para que el santo diácono se tueste bien? ¿O más bien le está diciendo a la víctima que si cambia de idea y apostata se podrá ir por donde ha venido? Nunca lo sabremos, pero los verdugos no paran de atizar el fuego con el fuelle y de traer más carbón.
Otra cosa que llama la atención es que -¿por economía de escala?- en el taller de Bruselas seguían erre que erre representando a los figurantes de los retablos ataviados a la flamenca, daba lo mismo que se tratase de una escena de la Roma del emperador Decio o de unos personajes de la Palestina de tiempos de Cristo. ¿Sería más bien por un afán pedagógico? ¿Para que la Historia Sagrada y las leyendas pías resultasen más cercanas? Al fin y al cabo, en nuestros días también hay teatros que representan el Tartufo con ropa de Emidio Tucci.
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Iglesia de Veckholm. Retablo flamenco del s.XVI. Foto R.Puig
El retablo preside el altar de la iglesia de Veckholm, uno de los templos medievales que nuestros amigos de Hellby nos llevaron a visitar. Por aquella época, mientras se hacía venir a Escandinavia a expertos flamencos y holandeses para construir ciudades y navíos o forjar armamento, las iglesias suecas, por las mismas rutas comerciales, importaban retablos de Bruselas, poblados de personajes del Evangelio, ataviados a la flamenca.

Iglesia de Veckholm. Retablo flamenco del s.XVI. Las santas mujeres. Foto R.Puig
Pero en aquellas factorías de las que proceden los retablos no todos los artesanos tenían las mismas habilidades y además había que cumplir plazos. Pero sobre todo, la mayor parte de los trabajos no eran obra del maestro sino de sus oficiales.
En todo caso, los rostros de las santas mujeres junto a la cruz, parecen ser obra de un artista más ducho que el que talló y policromó al hombre de las gafas.

Iglesia de Veckholm. Retablo flamenco del s.XVI. Las santas mujeres. Detalle. Foto R.Puig
Observando los diferentes cuadros de la vida de Cristo, se descubren calidades diferentes en el mismo retablo. Basta comparar algunas de ellas con la labor de su escena del Descendimiento

Iglesia de Veckholm. Retablo flamenco del s.XVI. Descendimiento. Foto R.Puig
o, sobre todo, con el retablo de la iglesia de Villberga, cuyas figuras son dignas de haber salido de la mano del mismísimo maestro Borreman.

Iglesia de Villberga. Crucifixión. Retablo flamenco del s.XVI. Foto R.Puig
O, en menor medida, con las figuras del Descendimiento del mismo retablo, que insiste en el detalle de los cabellos de María Magdalena recogidos en trenza, que ya aparecía así al pie de la cruz, aunque un cambio en sus ropajes y en los de la madre de Jesús, así como un acabado algo inferior en el movimiento y pliegues de las vestimentas y en los rasgos de los rostros, parezcan apuntar a la obra de otra mano. Los cabellos rizados y rubios de San Juan se mantienen en ambos cuadros, aunque más toscamente tallados en este

Iglesia de Villberga. Descendimiento. Retablo flamenco del s.XVI. Foto R.Puig
Al San Juan se le percibe también en el extraordinario cuadro del Via Crucis

Iglesia de Villberga. Via Crucis. Retablo flamenco del s.XVI. Foto R.Puig
Los cuadros que presento a continuación, aunque ingenuos y devotos, fueron probablemente la obra de un segundo de abordo. Las fisionomías son más expeditivas y las arquitecturas más elementales.

Iglesia de Villberga. Visitaciòn. Retablo flamenco del s.XVI. Foto R.Puig

Iglesia de Villberga. Portal de Belén. Retablo flamenco del s. XVI. Foto R.Puig
No es un defecto de origen pero ¡en el nacimiento, alguien ha secuestrado al niño! Menos mal que luego aparece de nuevo para la presentación o se trata de la circuncisión? De hecho el niño no parece muy contento.

Iglesia de Villberga. Presentación. Retablo flamenco del s.XVI. Foto R.Puig
Pareciera que las figuras del niño, a juzgar por el cuadro anterior y el siguiente -¿ante la abundancia de encargos?- el taller también las producía en serie.

Iglesia de Villberga. Ofrenda de los Magos.. Retablo flamenco del s.XVI. Foto R.Puig

Iglesia de Villberga. Huída a Egipto. Retablo flamenco del s.XVI. Foto R.Puig
El Ecce Homo en la iglesia de Veckholm tampoco es mano del maestro. Destaca el burdo estereotipo que de los pérfidos judíos han plasmado en buena medida el arte y la literatura de la Cristiandad durante dos mil años, con su parte de responsabilidad en el antisemitismo secular que no ceja y en las consecuencias bárbaras que siglo tras siglo se han ido sucediendo.

Iglesia de Veckholm. Retablo flamenco del s.XVI. Ecce Homo. Foto R.Puig
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El retablo de Villberga está a pocos kilómetros del de Veckholm. Ambos en el territorio de la comuna de Enköping en la región de Uppsala. Probablemente los encargaron juntos y viajaron a la vez desde Bruselas a Suecia entre 1510 y 1520. Unos años más tarde, con la Reforma apoyada por Gustav Vasa los retablos, seguramente costosos, no se habrían encargado. Precisamente, la expropiación de todos los bienes eclesiásticos le sirvieron para enjugar los gastos de guerra y deudas que había contraído para liberarse del cautiverio en Dinamarca y para pagar el apoyo recibido desde la ciudad de Lübeck en su lucha por la conquista del trono.

Iglesia de Villberga. Foto R.Puig

Iglesia de Veckholm. Campanario exento. Foto R.Puig
Lo relativo a los frescos anteriores a la Reforma Luterana en los muros de las iglesias medievales de la región y a las peripecias de algunos de sus autores, se queda para el domingo próximo. Habrá que remontarse al siglo XV, cuando las cuadrillas de los sufridos artistas, dirigidos por un Maestro, decoraban las bóvedas de los innumerables templos que se habían construido en Suecia durante la Alta Edad Media. Era un trabajo intenso y a contrarreloj, ya que sólo era posible pintar las bóvedas y los muros durante algo más de dos meses, los del verano sueco, cuando había más horas de luz y no arriesgabas helarte de frío sobre el andamio. Durante una gran parte del año, dentro de la iglesia había que calentarse con estufas, ir bien cubierto y rezarle a la Virgen y al niño a la luz de cirios, antorchas y lámparas de aceite; su sonrisa permanecía inmutable.

Iglesia de Veckholm. Virgen con el niño. s.XIII. Detalle Foto R.Puig
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Y ya que hemos ido de templos, es preciso que mencionemos que hoy se celebran las elecciones cuatrienales para los órganos de gobierno de la Iglesia Sueca, la mayor ONG del país. Votan los suecos y los residentes en Suecia inscritos en ella y mayores de 16 años.

Stand electoral de la Iglesia Sueca en Gotemburgo. Foto R.Puig
Desde el año 2000 la Iglesia Sueca no es ya la Iglesia oficial del Estado que estableció Gustav Vasa y no la financia el gobierno sino el dinero que le suministran sus fieles a través de la declaración anual de impuestos, no son necesariamente todos los ciudadanos suecos. Sin embargo, como es tradición, las elecciones para sus órganos de gobierno, nacionales, regionales y locales, siguen involucrando a los partidos políticos que presentan sus listas a las mismas: Social Demócratas (29,4 % en las elecciones de 2013), Demócratas Suecos, la extrema derecha (6,0%), Ecologistas (4,7%), Liberales libres (3,3%), Partido del Centro (11,9%), Democracia Cristiana (4,8%), Izquierda en la Iglesia Sueca, los antiguamente comunistas, (2,46%).
Otros se desvinculan de la política parlamentaria sueca, como la Iglesia valiente (4,8%) la Alternativa Ciudadana (12,6%), Iglesia Abierta (4,6%) o el POSK (15,3%), un grupo que declara desde sus misma siglas el propósito de sacar a los partidos políticos del gobierno de la Iglesia Sueca.

Vota por el amor de Dios. POSK: «Partidos Políticos Fuera de la Iglesia Sueca». Foto R.Puig
Estos son los grupos que lograron representación nacional en 2013. Junto a ellos hay otros a nivel regional o local. En la campaña de este año la extrema derecha, o sea los Demócratas Suecos, se ha empleado a fondo, incluso con un buzoneo generalizado del ejemplar de su periódico de doce páginas dedicado al evento, entre las cuales destaca un artículo en el que «se explica» por qué Lutero condenaba la doctrina de los musulmanes.
La verdad es que, con la excepción de los ensayos pacifistas de Erasmo, la mayoría de los teólogos y líderes de opinión del siglo XVI identificaban la belicosidad de Imperio Otomano con la tradición guerrera del Islam inaugurada por Mahoma en el siglo VII. El fundador de la Reforma Protestante no era una excepción en sus refutaciones del Corán, aunque él, como la mayoría de ellos, no debió de conocer personalmente ni a un solo musulmán.
Pero volviendo a la campaña de los sverigedemokraterna, el pastor de una parroquia de la Iglesia Sueca de la periferia de Gotemburgo me comentaba hace dos días que se teme que el porcentaje de votos que obtenga este partido xenófobo crezca bastante. Para algunas cosas no hemos salido aún de la Edad Media.
En todo caso, pronto sabremos si ha votado más gente este año, puesto que en el 2013 sólo votó el 12,8% del censo los fieles de la Iglesia Sueca, o sea 700.000 de los 5,2 millones adscritos y contribuyentes. También sabremos quiénes serán los 251 miembros del Kyrkomötet (Asamblea de la Iglesia) para los próximos cuatro años.
Y además de hablar de electores hablaremos de pictores

Iglesia de Villberga. Foto R.Puig
Eran días de cosecha

Eran días de cosecha. Foto R.Puig
Para Margaretha y Tomas
Este cronista navega hoy entre prioridades. La verdad ¿quién no?, si hasta los gobernantes (me refiero a los buenos) deben hacer malabarismos según aquello de que «esto había que hacerlo y lo otro no omitirlo» (Mateo 23,23). Como ven empiezo ya con aire bíblico, pues algo tienen de bíblicas las tierras de la región de Uppsala (Uppsala län) al norte del Mälaren; ese lago que fue golfo del comercio marítimo del Báltico, hasta que su embocadura se cegó a principios del siglo XIII y se convirtió en el tercer lago de Suecia.
Planeaba yo remangarme para escribirles mi informe semanal de los días y los descubrimientos que nos brindaron a mitad de agosto unos buenos amigos en su tranquila y tradicional vivienda, cerca de Enköping, por los campos de Hellby en la comuna de Grillby.

Cordialmente hospedados. Foto R.Puig
Fueron días de sosiego, conversaciones y paseos de arte. Pero el tiempo no se estira como el chicle, así que el informe lo haré a conciencia el próximo domingo. Prometido, se está cociendo.

Desde la ventana en Hellby. Foto R.Puig
No en vano, esta tierra cuenta con un gran número de templos medievales, repletos de interesantes obras de arte.

Tierra de iglesias medievales. Foto R.Puig
Pero, ya saben, a pesar de aquello del libre examen que hizo las delicias y llenó las arcas vacías de Gustav Vasa…

Dios te ve, 1692. Iglesia de Haskta. Foto R.Puig
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Por si las iglesias se quemaban, lo que ocurrió con frecuencia durante siglos (no se habían inventado ni la luz eléctrica ni los pararrayos), el campanario se construía separado del templo, supongo que, entre otros motivos, para que el campanero pudiera tocar a rebato.

Tierra de campanarios medievales. Foto R.Puig
Siendo tierra de cereales, también conserva viejos molinos

El viejo molino. Foto R.Puig
Por primera vez, en este que vemos aquí, pude observar directamente esas tripas de madera y hierro que, aprovechando el viento, convertían el grano en harina

Engranajes del viejo molino. Foto R.Puig
Obra admirable del saber hacer de generaciones de ingenieros artesanos

Ingenio mecánico. Foto R.Puig
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Por hoy me quedo aquí, con el recuerdo de las tardes de Hellby

Atardece en Hellby. Foto R.Puig
y de los encuentros con algunos vecinos de sus veredas

A la vera del camino. Foto R.Puig
El próximo domingo iremos a ver lo que esconden las puertas de las iglesias de esta comarca

La vieja llave del portón de la iglesia. Foto R.Puig
Rostros del Museo Boijmans Van Beuningen de Rotterdam. En ruta hacia Suecia (y VI). Fisionomías (XXVII).

Rotterdam. Entrada al Museo Boijmans Van Beuningen. Foto R.Puig
A Rotterdam llegué a mediodía desde Bruselas. Sobre el camping municipal había llovido a cántaros en los días anteriores, pero el barro se compensaba con la cordialidad de los encargados del lugar, caótico pero simpático y a poca distancia en autobús y tranvía del museo que me proponía visitar.
Al Boijmans Van Beuningen me gusta retornar periódicamente. En esta ocasión habían anunciado en su newsletter una muestra razonada y por períodos de esas obras que, sin estas iniciativas, los museos suelen tener en la reserva; entreveradas con las que cuentan con plaza estable. Con el título «La colección como una máquina del tiempo» se ofrecía la oportunidad de descubrir algunos meritorios artistas de los Países Bajos.
Y no se preocupen por esos dos señores que les esperan en la puerta, son severos pero no muerden, aunque parezca que el de los michelines desinflados y el bedel no hacen buenas migas.
Al Museo se llega desde el paseo del Museumpark que bordea un canal cuyas aguas se camuflan bajo el tapiz vegetal que lo reviste.

Rotterdam. Canal del Museumpark. Foto R.Puig
Al mismo tiempo pude descubrir los grandes dibujos en tinta sobre papel de una artista sueca de paciencia infinita: Gunnel Wåhlstrand (Uppsala 1974). Esta exposición temporal la ha organizado el museo gracias a la colaboración de Magasin III, Museo y Fundación de Arte Contemporáneo, de Estocolmo, una institución privada que también me era desconocida.
La exposición dedicada a Richard Serra mes un reencuentro con esas materias suyas de las que, como de un lentísimo flujo, brotan notas y silencios a través del diálogo entre un metal sin aristas y un caucho negro que simula ariscos bloques de cemento; además de una obra gráfica expuesta por primera vez. Entendí que el artista tiene una larga historia de amor con este museo, al que ha dedicado en exclusiva 80 dibujos.

Rotterdam. Richard Serra. Museo Boijmans Van Beuningen. Foto R.Puig

Rotterdam. Richard Serra. Museo Boijmans Van Beuningen. Foto R.Puig
Pero, ante la variada oferta y para no alargarme, me ceñiré a mi cosecha de fisionomías y retratos.
Rostros en el tiempo

Gunnel Wåhlstrand. Mother Profile 2009. Foto R.Puig
El retrato que aquí ven no es una foto, sino lo que yo llamaría una «metafotografía». Es decir un dibujo hiperrealista en tinta y sobre papel que, partiendo de una foto y mediante técnicas que varían de un artista a otro, «traspasa» a otro medio plástico la imagen originaria, creando así una obra independiente, de calidades expresivas nuevas, que trasciende el original fotográfico.
Es el caso de las obras infinitamente minuciosas que, a lo largo de los meses que dedica a cada una de ellas, ejecuta en papel de gran formato la artista sueca que he descubierto en Rotterdam. Son sucesivas capas de tinta, de las más tenues a las más oscuras, de los claros y las manchas a los detalles más ínfimos, que esta artesana del dibujo transforma en retratos o paisajes intemporales, a partir de su colección de fotos de familia o de otras nuevas que ella misma ha tomado recientemente.
El hiperrealismo pictórico y escultórico de la imagen humana no es nuevo. Los retratos de pintores flamencos o renacentistas, o en ciertos bustos romanos, por poner algún ejemplo, ya eran hiperrealistas sin llamarse así. Lo que ocurre es que la fotografía para la pintura, y las técnicas de proyección o los nuevos materiales y la reproducción tridimensional para han escultura, han ofrecido múltiples posibilidades a una plétora de artistas hiperrealistas.

Pyke Koch. Retrato de la señora van Boetzelaer. 1948. Museo Boijmans Van Beuningen.Foto R.Puig
El holandés Pike Koch (1901-1991) fue uno de esos que no partían de una fotografía. En su época no se hablaba de hiperrealismo sino de realismo a secas. Sus retratos, a fuer de fieles a la fisionomía del modelo y con una calidad técnica quatroccentista, acaban por producir una sensación mágica. Algo así, a mi modo de ver, ocurre con las «metafotografías» de Gunnel Wåhlstrand.

Gunnel Wåhlstrand. Uppsala 20013.Detalle. Foto R.Puig

Veronese. Retrato de un joven. 1558. Museo Boijmans Van Beuningen. Foto R.Puig
Escribía Goethe que:
Nunca estaremos contentos con el retrato de las personas que conocemos. Por eso siempre me han dado lástima los pintores de retratos. Es bastante inusual que se le exija a alguien lo imposible, pero precisamente es lo que se hace con éstos. Tienen que conseguir captar en sus retratos, para cada uno de nosotros, el afecto o la antipatía que nos inspira cada persona; no se pueden limitar a representar a una persona tal como ellos la ven, sino como la vería cada uno de nosotros
Las afinidades electivas (Die Wahlverwandtschafen), traducción de Helena Cortés Gabaudan, Alianza Editorial, Madrid 2008, pág.180 (del diario de Otilia)
En realidad lo que, sin dejar de llevar razón, se le escapa a Otilia es lo que señalará Umberto Eco en su Opera Aperta, que una obra lograda se abre a muy variados sentidos y en su contemplación, según nuestra bagaje personal, oscilamos entre todos los posibles. Pero puede suceder que, como con alguno de los retratos que hoy traigo aquí, dejemos suspendido en el tiempo el sentido de lo que contemplamos.
Con el aura de la edad de un retratado sucede seguramente eso mismo que Goethe formulaba en palabras de su Otilia.

Gunnel Wåhlstrand. ID 2011. Foto R.Puig

Lucas Cranach. Retrato de Erasmo entre 1530 y 1536. Museo Boijmans Van Beuningen. Foto R.Puig
Así mismo y si me permiten comparar el expresionismo con el hiperrealismo, ¿qué decir sobre el modo de captar la atmósfera de la propia época?

Charley Toorop. Comida entre amigos 1932-33.Museo Boijmans Van Beuningen.Foto R.Puig
Charley Toorop (1891-1955) fue una pintora holandesa y el cuadro que vemos aquí está pintado en los años 30, cuando sobre Europa se cernían los nubarrones de dos ideologías gregarias, el fascismo y el nazismo, que se nutrían del caldo de cultivo de la Gran Depresión de 1929 y de los resentimientos que había dejado la guerra del 14. Buscar luz natural o una sonrisa en sus innumerables fisionomías es buscar en vano.
Por el contrario, los dibujos y la iluminación de Gunnel Wåhlstrand nos hablan de los años del bienestar en la Suecia, durante su adolescencia o en los inicios del siglo XXI

Gunnel Wåhlstrand. Sydhälsö 2003- Detalle. Foto R.Puig

Gunnel Wåhlstrand. Junto a la ventana 2003. Detalle. Foto R.Puig
El silencio de sus paisajes y los del expresionismo abstracto americano también se sitúan en dimensiones diferentes

Gunnel Wåhlstrand. Långedrag 2004. Foto R.Puig
Es muy otra la luz que vibra tras las masas de color de Rothko

Museo Boijmans Van Beuningen. Sala de los expresionistas abstractos. Foto R.Puig
Aunque ambas obras inviten a la calma y a una lenta contemplación

Mark Rothko. Orange on Maroon. 1960. Museo Boijmans Van Beuningen.
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Si seguimos hablando de la luz en los retratos de Gunnel Wåhlstrand

Gunnel Wåhlstrand. Mother Blue 2008-2009. Foto R.Puig
no puedo evitar pensar en algunas obras de Georges de la Tour (1593-1652)

Georges de la Tour. El recién nacido.1648. Museo de Rennes
Ambas imágenes retratan a una madre y captan los contrastes de la luz sobre rostros femeninos.
…
En otro orden de estilo, pero siempre desde el Museo Boijmans van Beuningen, me despido por hoy con este retrato fauve de una española que cautivó a Kees van Dongen (1877-1968), cien años antes de que Gunnel Wåhlstrand dibujara a su madre a partir de unas fotografías vintage. El pincel del holandés no necesitó meses para resolver este soberbio retrato.

Kees van Dongen. El dedo en la mejilla. 1910. Museo Boijmans Van Beuningen. Foto R.Puig
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Cuando partí de Rotterdam no había planeado llegar de un tirón y de madrugada a Gotemburgo, como así sucedió. El viaje se terminó un día antes de lo previsto. Los camping habían cerrado cuando desde Alemania llegué con el ferry a las costas danesas y no me quedó otro remedio que seguir tragando millas por la noche.
Así que, colorín colorado, este viaje se ha acabado.
De unas horas en Troyes. En ruta hacia Suecia (II)

Troyes. El canal desde el puente de acceso a la Cité. Foto R.Puig
El 26 de julio dormí en un camping de Orcet, en la región de Auvernia, la tierra de los volcanes extintos, en los alrededores de Clermont-Ferrant. Hoy es parte de una región oficial más amplia: Auvernia-Ródano-Alpes.
El paisaje antes y después de esta etapa está sembrado de los perfiles achatados de lo que hace millones de años debieron ser altivos conos llameantes. Con razón a esta comarca la llaman Vulcania.

El Puy de Dôme. Auvernia. Fuente Turismo en Auvergne
Tierras hermosas que merecen una estancia, si bien con botas de andar, mochila y tienda de campaña a las espaldas. ¡Ah, cuántas posibilidades que desfilan ante nuestros ojos y que corto el tiempo para cumplirlas!
Pero -¡esa sí!- el 27 a medio día ya estaba instalado en un camping de Troyes a veinte minutos a pie de la antigua capital del sur de la Champagne y del departamento del Aube. ¡Varias veces pasé cerca y por fin he podido visitarla! Algunas cosas bellas, como siempre, se quedarán en el tintero, pero así habrá ideas para la próxima visita. Con todo, me harán falta dos o tres crónicas para dar cuenta de los hallazgos de esta visita.
Entrando en el recinto de la Cité, circundado por un canal, vas caminando entre casas medievales con sus fachadas à colombage.

Troyes. Casa con fachadas de colombage junto a Saint-Nizier. Foto R.Puig
Como era ya la tarde del día de mi llegada, la iglesia gótica de Saint-Nizier (supongo que en español diríamos San Nazario) estaba ya cerrada. El edificio actual se construyó en el siglo XVI sobre un oratorio del siglo XI, pero incluye vitrales más antiguos traídos de otros templos. Forma pues parte del rico patrimonio de las vidrieras de Troyes, motivo por si solo para una visita a la ciudad.

Troyes. Fachada de Saint-Nizier. Foto R.Puig
En la plaza hay una escultura, coherente con la inspiración neo-renacentista de los escultores franceses del siglo XIX, modelada tras su obligada bolsa de estudios en Roma, por Paul Dubois (1829-1905), que era natural de un pueblo cercano a Troyes.

Troyes. El trovador florentino. Paul Dubois. 1863-1865. Foto R.Puig
Transportado siglos atrás, sigo hacia la cercana catedral de San Pedro y San Pablo. Su torre se avista sobre los tejados.

Troyes. Camino a la catedral. Foto R.Puig
En el recorrido, por la Rue de la Cité, paso ante la Maison du Pont-Ferré. En el Medioevo frente a ella había un Puente (Pont), y el señor obispo (que era propietario de una forja) percibía un tributo por cada herradura (fer à cheval) que entraba en la ciudad, es decir por los caballos que los viajeros introducían en el recinto de la Cité.

Troyes. Maison du Pont-Ferré. Foto R.Puig
Era pues como el actual impuesto de circulación que pagamos al ayuntamiento por circular con nuestro vehículo. Algo así como una tasa por desgaste de adoquines, aunque los caballos del obispo estaban exentos. ¿Lo pagan los coche oficiales de los alcaldes de nuestro tiempo? Supongo que sí, por lo que algo habremos progresado en esta materia.

Troyes. Maison du Pont-Ferré. Relieve de la fachada. Foto R.Puig
En 1530 desapareció este impuesto episcopal, pero en la placa explicativa no se dice si lo sustituyeron por otra gabela ni a qué cambios políticos se debió este cambio.

Troyes. Square des Trois Godets.Foto R.Puig
A la vuelta de la esquina, está la tranquila plazuela des Trois Godets. Por ahí pasaba el mismo arroyo que corría bajo el Pont-Ferré. En sus orillas se situaban los mataderos de la villa, por entonces denominados massacreries, tueries o écorcheries (masacraderos, mataderos o despellejaderos). Es de suponer que el arroyo bajaba teñido de la sangre de las bestias, a dos pasos del ábside de la catedral.

Troyes. Ábside de la catedral desde el Square des Trois Godets.Foto R.Puig
A la catedral (siglos XIII a XVI) llegué cuando quedaban veinte minutos para el cierre. Así que por el momento me hube de contentar con las primeras impresiones, sabiendo que al día siguiente, con la ayuda de la luz del sol podría observar mejor sus legendarios vitrales.
En la semioscuridad, nada más ingresar y a la derecha, las velas ante una imagen mariana.

Troyes. El lugar de los ruegos. Catedral. Foto R.Puig
Al frente, la soberbia nave ojival.

Troyes. La nave central de la catedral al atardecer. Foto R. Puig
Y en la primera capilla de la derecha un expresivo grupo escultórico renacentista en escayola policromada.

Troyes. Escultor anónimo de la capilla de las Fuentes Bautismales. Foto R.Puig
Fisionomías bien modeladas

Troyes. Capilla de las Fuentes Bautismales. Detalle. Foto R.Puig
¿Sería este el obispo herrero?

Troyes. Capilla de las Fuentes Bautismales. Detalle. Foto R.Puig
En todo caso, sus funciones en esta ceremonia sacramental eran las de marcar a los fieles para mejor cabalgar por el mundo, sin dejarse tentar por sus pompas y sus obras, con la vista puesta en los cielos.

Troyes. Capilla de las Fuentes Bautismales. Detalle. Foto R.Puig
La que si asciende a los cielos es la «mujer con el sol por manto, la luna bajo los pies y sobre la cabeza una corona de doce estrellas» (Apocalipsis, 11, 19), en la vidriera de la misma capilla, obra realizada por Jean Soudain en 1524.

Troyes. Capilla de las Fuentes Bautismales. Vitral de la Asunción 1524. Detalle. Foto R.Puig
Pero dos caballeros de negro me indican que debo dirigirme a la salida, pues es hora de cerrar…

Troyes. Se hace tarde en la catedral. Foto R.Puig
Al salir les saludo. Uno de ellos debe de ser el sacristán mayor, es quien lleva el manojo de llaves. El otro ostenta una cruz pectoral colgada de una cadena sobre su pechera de clergyman. No muy alto, robusto; los cabellos canos sobre una cabeza cuadrada le dan un aire de suave autoridad. Nos saludamos, soy el último en salir, le aseguro que volveré por la mañana. A las nueve es la misa me indica.

Troyes. La catedral dormida. Foto R.Puig
Anochece. Bordeando el canal voy en busca de una cena…

Troyes. Se va el día. Foto R.Puig
Mañana será otro día…
Por el Pirineo hacia Suecia. Mi ruta estival (I)

Subiendo por la Nacional 230 hacia Sopeira y Pont de Suert. Foto R.Puig
Como va siendo costumbre de cada verano, en mi subida desde Els Poblets (Alicante) hacia Gotemburgo he pasado a Francia por el Pirineo, esta vez cerca del macizo del Aneto (3.404 metros) y la Maledeta (3,308 metros).
Asciendo por la Nacional 230 en la provincia de Huesca y, tras una noche de camping en Pont de Suert a la vera del camino que conduce al Parque Nacional de Aiguestortes, atravieso el valle de Arán y entro en Francia por la Nacional 125 francesa.
En este recorrido se sigue el curso alto del Noguera Ribagorzana, que nace en la vertiente sur del macizo Aneto-Maledeta. He tenido suerte con el tiempo. El día es soleado y las sensaciones magníficas.
Por el camino se presentan muchas ocasiones de visitar pequeños pueblos con muestras de arte románico y centros urbanos que nos retrotraen al Medioevo. Guardo en la memoria algunos nombres para otro viaje. Por ejemplo Montañana, declarado conjunto histórico-artístico.

Embalse de Les Escales del Noguera Ribagorzana (1956). Foto R.Puig
Hay grandes embalses para la producción hidroeléctrica. Al pie de los grandes hay contra embalses más pequeños donde abundan las truchas, como en el que bordea Sopeira. En este pueblo me detengo, no para bañarme en su piscina municipal junto al embalse, pues ya se va haciendo tarde, sino para acercarme al Monasterio de Santa María de Alaón. No son horas de visita, por lo que me limito a tomar algunas fotos y prometerme una visita para otra ocasión.

Monasterio de Santa María de Alaón. S.XII. Sopeira Huesca. Foto R.Puig
Como me propongo pasar la noche en Pont de Suert, sigo ascendiendo y puedo observar el embalse de Les Escales desde más arriba.

Embalse de Les Escales del Noguera Ribagorzana. Foto R.Puig
Al día siguiente me encamino hacia el Valle de Arán y hacia Francia por esta ruta hermosa y sinuosa en la que cruzo cuatro veces el límite entre Aragón y Cataluña. Esto me hace pensar que si algún día los localistas radicales lograsen sacar a Cataluña de España, se daría una situación curiosa: en pocas decenas de kilómetros se podría pasar varias veces de Huesca a Lérida y viceversa, que sería lo mismo que pasar repetidamente y en poco tiempo de un territorio de la Unión Europea a otro extra comunitario.
En llegando al Valle de Arán, decido detenerme una vez más en un pueblo de montaña. Se trata de Vilac, que me ha llamado la atención por la torre de piedra de sus sencilla iglesia románica.

Iglesia románica de Vilac. Valle de Arán. Foto R.Puig
En la plaza no hay un alma y de un balcón cerrado cuelga una guirnalda de panochas de maíz.

Iglesia románica de Vilac. Valle de Arán. Foto R.Puig
El Valle de Arán se abre ante mí en toda su magnificencia. Es un paraíso para quienes aman las caminatas de montaña. De nuevo me hago promesas, que no sé si algún día lograré cumplir.

Rutas de marcha de montaña en el Valle de Arán.
En su esquina sur oriental hay un pequeño circo de cumbres, el circo de Saboredo, donde se sitúan las fuentes del Garona. Es un torrente de aguas tumultuosas cuando comienzo a conducir por este valle. Mi ruta lo irá siguiente mientras crece hasta ser el ancho río caudaloso que cruza Toulouse.
De ahí parto hacia la A20 y hacia mi primera noche en Francia…























































































