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Cementerio judío en Gotemburgo. Decadencia y presentimientos

18 agosto, 2013
Piedras que hablan. Cementerio judio. Gotemburgo. Foto R.Puig.

Piedras que hablan. Cementerio judío. Gotemburgo. Foto R.Puig.

Aunque no comulgues con un credo religioso ni te identifiques con etnia alguna,  la visita al cementerio judío de Gotemburgo en Frigagatan no deja indiferente. En realidad infunde tristeza y da que pensar.

A mi modesto saber y entender, el judaísmo se define bien por una fe y una práctica religiosas, bien por unas tradiciones socio-culturales, o incluso por la convicción más o menos simbólica de ser descendientes de un milenario tronco común, de una etnia originaria. Conviene añadir que esta idea de una identidad genética ha sido históricamente corregida y muchos judíos ya no la comparten.

Vista general. Cementerio judío. Gotemburgo. Foto R.Puig.

Vista general. Cementerio judío. Gotemburgo. Foto R.Puig.

Por desgracia, numerosos europeos a lo largo de la historia, y sobre todo en la Europa de los años treinta, descubrieron su supuesta identidad genética por las leyes racistas que se les imponían. Para colmo se encontraron con la amarga sorpresa de unos conciudadanos que les estigmatizaban, les obligaban a vivir en guetos y con monótona periodicidad les expoliaban por ser judíos.

Un lugar que hace pensar

Su viejo cementerio te hace pensar en aquellos que lo fundaron al ser acogidos en Suecia hace siglos o decenios. Para ello es irrelevante que aquellas familias descendiesen o no de los que fueron expulsados de Jerusalén por el emperador Tito en el año 70 de nuestra era.

El cementerio lo había divisado a veces desde el tren, otras desde lo alto de la autopista E6 al salir de la ciudad, rodeado por aparcamientos, por las vías de la estación central y por el tráfico de una avenida aledaña, como un territorio acorralado, como un espacio de memoria y duelo en decadencia.

Cementerio judío. Gotemburgo. Foto R.Puig.

Cementerio judío. Gotemburgo. Foto R.Puig.

Desde 1792 en que se obtuvo la concesión, las familias de judíos suecos, muchas de ellas bien conocidas por su contribución al progreso de esta ciudad y de este país, se hacían sepultar en este terreno.

El tiempo ha borrado fechas y nombres de los que murieron en el siglo XVIII y en los comienzos del XIX.

Tumbas antiguas. Cementerio judío. Gotemburgo. Foto R.Puig.

Tumbas antiguas. Cementerio judío. Gotemburgo. Foto R.Puig.

No obstante aún siguen sin borrarse los apellidos, entre otros, de los Abramson o Abrahamson, los Wolff, los Simon, los Jonason, los Judelowsky, los Lapidus, los Koch, los Löwenthal, los Levisson, los Leman, los Fürstenberg, los Heyman, los Henriques, los Meyer, los Magnus o los Mannheimer (a esta familia pertenece la última sepultura de este cementerio, la más reciente, que data ya del año 2004).

La capilla, de estilo morisco-sefardita, como las sinagogas españolas, se construyó en 1864 y ha sido restaurada hace siete años.

Puerta de la capilla. Cementerio judio. Gotemburgo. Foto R.Puig.

Puerta de la capilla. Cementerio judío. Gotemburgo. Foto R.Puig.

En 1775 firmó el rey Gustavo III la autorización a familias judías procedentes de Alemania para instalarse en la región de Gotemburgo. Llegaron en 1779 a la isla de Martstrand y se mudaron en 1805 a la ciudad, donde ya se había autorizado la residencia desde 1780 del alemán David Abraham y su familia. En Estocolmo la comunidad judía se constituyó desde 1774.

El crecimiento de Gotemburgo se vio favorecido por la acción de aquellas familias que invertían parte de las ganancias de su laboriosidad artesanal o profesional, comercial e industrial, en mecenazgos de carácter cultural y educativo: museo, teatro, periódicos, bibliotecas, sala de conciertos, escuela de bellas artes.

Detrás de la capilla. Cementerio judio. Gotemburgo. Foto R.Puig.

Detrás de la capilla. Cementerio judío. Gotemburgo. Foto R.Puig.

En 1870 los judíos de Suecia obtuvieron los mismos derechos que todos los ciudadanos suecos.

La prosperidad y la equiparación de los suecos de identidad judía produjo un efecto de llamada entre 1895 y 1905 en las comunidades judías de Rusia, Polonia y países bálticos, que se refugiaban en Suecia escapando de las frecuentes persecuciones y pogromos de fines del siglo XIX que preludiaban el antisemitismo homicida de la Alemania de los años 30 y de otros regímenes fascistas de entonces.

La llegada de los “autobuses blancos” de la Cruz Roja en 1945 con supervivientes del Holocausto engrosó la comunidad judía en Suecia, como siguió ocurriendo en 1956 desde Hungría y en 1969 desde Polonia, pues tras el fracaso de los levantamientos contra la ocupación comunista muchos judíos emigraron a Suecia, escapando del antisemitismo en países soviéticos.

Inscripcion en estela funeraria. Cementerio judio. Gotemburgo. Foto R.Puig.

Inscripcion en estela funeraria. Cementerio judío. Gotemburgo. Foto R.Puig.

En 1915 se estableció otro cementerio judío en el Cementerio del Este en el barrio de Kålltorp.

Del pasado al hoy

Pero la decadencia del viejo cementerio me lleva a otras reflexiones, ahora, por desgracia, motivadas no por la contemplación del deterioro de unas viejas tumbas sino por la aparición de un nuevo antisemitismo en Suecia, que denunciaba hace poco un editorial del periódico Göteborgs-Posten.

Seamos de la creencia que seamos o de ninguna, y nos atribuyamos o no unos orígenes étnicos más o menos ancestrales, todos nos parecemos y mucho más cuando morimos, así como nuestros camposantos. Si nuestros nombres se disuelven sobre la piedra de las lápidas cuánto más nuestras ideas, nuestra etnia o nuestra confesión.

Tumbas ignotas junto a las vías del tren. Cementerio judio. Gotemburgo. Foto R.Puig.

Tumbas ignotas junto a las vías del tren. Cementerio judío. Gotemburgo. Foto R.Puig.

Todas las tumbas son en definitiva semejantes

Cementerio musulmán en Malmoe. Fuente Iglesia Sueca.

Cementerio musulmán en Malmö. Fuente: Iglesia Sueca.

Los nuevos antisemitas

No obstante, tras algo más de dos siglos de ciudadanía sueca y de relativa paz (pues los grupúsculos nazistoides han seguido haciéndose notar), los suecos judíos han empezado a sentir nuevos acosos.  Esta vez no de los fanáticos de una supuesta superioridad aria, sino de jóvenes suecos oriundos de países de confesión islámica que están desmintiendo las esperanzas de integración que sus familias abrigaban para ellos cuando fueron acogidas en Suecia (el 15 % de la población es de origen foráneo).

El caso que parece más preocupante es el de la región de Malmö, la más “multicultural” de Suecia, que cuenta, según cifras de su mezquita (pues el gobierno sueco no recoge datos confesionales ni étnicos) con unos cien mil oriundos de países musulmanes (casi la tercera parte de todos los de Suecia) con al menos 45.000 habitantes vinculados al culto islámico. La congregación de confesión judía de la misma región sólo reúne a 800 judíos en torno a su sinagoga, de los alrededor de dos mil que, según estimaciones recientes, se pueden considerar como judíos suecos en Malmö.

A pesar del diálogo entre los representantes de la comunidad judía y el Consejo Islámico, con sus llamadas a la cordura, y no obstante el cambio de alcalde en las últimas elecciones (el anterior echaba la culpa a la minoría judía de hacerse agredir), en 2012 se produjeron 66 ataques criminales antisemitas en Malmö (multiplicando por tres los de 2011), contra 31 en Estocolmo aunque la capital de la nación triplique en población a la capital regional del sur de Suecia.

Las cifras son oficiales.

Resultado: hay familias suecas que, por pertenecer a la comunidad judía, se están viendo empujadas a dejar la ciudad en la que, ellos y sus antecesores, nacieron y crecieron como ciudadanos de un país tolerante, para ir en busca de lugares donde los grupos de jóvenes islamistas radicales suecos (que parecen considerarse mejores musulmanes que sus propios padres) no les amenacen a ellos y a sus hijos.

¿Run for your lives?

Algunas raposas o conejos han excavado sus madrigueras en las tumbas de este declinante cementerio judío acorralado entre trenes y autopistas.

Madrigueras en una tumba. Cementerio judio. Gotemburgo. Foto R.Puig.

Madrigueras en una tumba. Cementerio judío. Gotemburgo. Foto R.Puig.

Mientras tanto, en el centro de Gotemburgo se puede ver desde hace varios meses un cartel de apología de los dos islamistas que atentaron contra una multitud pacífica en Boston (los hermanos Tsarnajev).

Está pegado a un registro de la electricidad, junto al café Berlín, justo en la esquina de una de las avenidas por donde pasa habitualmente la media maratón de la ciudad. Llama la atención su leyenda: Run for your lives.

¿A quién se dirige esta exhortación ambivalente?

Apologia de los hermanos Tsarnajev en calle de Gotemburgo

Apología de los hermanos Tsarnajev en calle de Gotemburgo

Hace poco más de una semana la prensa sueca informaba de que que, reclutados por los Svenska Mujahedeen Fi Ash-Sham, cinco jóvenes musulmanes suecos naturales de Gotemburgo, estudiantes de instituto o de ingeniería, se habían hecho matar recientemente en Siria, explotando como mártires suicidas o combatiendo con grupos afines a Al-Qaida.

Creíamos que en Europa nuestros viejos demonios del odio de raíz religiosa o étnica se habían extinguido, que nuestras democracias habían aprendido de las lecciones del pasado.

Por desgracia, aunque los signos precursores sean aún minoritarios y circunscritos, las lecciones que se derivan de la historia secular del antisemitismo, y lo que está ocurriendo en una dimensión global, aconsejarían que Europa no baje la guardia y que, al mismo tiempo, dedique su solidaridad y su creatividad a evitar que haya jóvenes que reincidan en la barbarie de sus mayores.

Pienso que nos va en ello el futuro de los mejores logros de nuestra civilización.

Símbolo sepulcral. Cementerio judio. Gotemburgo. Foto R.Puig.

Símbolo sepulcral. Cementerio judío. Gotemburgo. Foto R.Puig.

En la ruta veraniega (IV). Del Pays d’Auge en Normandía a Dötlingen en el Parque Natural de Wildeshauser Geest

11 agosto, 2013
Normandia. Merienda de vacas.Julio 2013. Foto R.Puig.

Normandía. Merienda de vacas.Julio 2013. Foto R.Puig.

Para Jaime y Pascale

En ruta hacia Normandía.

Dejo atrás Toulouse y, al cabo de pocas horas, en el centro de Francia, me interno apenas una media hora por las calles soleadas de Brezolles.

Brezolles

Me preguntaréis el porqué. Pura melancolía de un mediodía caluroso de julio, pues he querido preguntar si hay alguna memoria de los centenares de refugiados de la Guerra Civil española que fueron colocados por las autoridades francesas en esta villa y en otras de la región cuando ya no era sufrible, o porque no les cabían, mantener entre alambradas en los campos del sudoeste a cientos de familias, a miles de personas, que escapaban de la represión desatada por los vencedores.

Iglesia de Brezolles. Foto R.Puig

Iglesia de Brezolles. Foto R.Puig

En Brezolles y otros pueblos pasaron meses y meses nuestros compatriotas expulsados con violencia de su país, incluso cuando ya se había instalado el régimen filonazi y filofranquista de Vichy.  Cada día peor vistos de la población local, algo así como ocurre ahora en Suiza con los asilados, pero a mucho mayor escala, en situación de extrema precariedad y atemorizados por la amenaza de la deportación.

Interrogo a una vieja señora, que por la edad, podría tener algún recuerdo. Nada. Pregunto en una oficina de la mancomunidad de la región. La funcionaria es joven y amable. Me remite al ayuntamiento.

Calle de Brezolles. Foto R.Puig.

Calle de Brezolles. Foto R.Puig.

La alcaldía está cerrada y tardará unas horas en abrir la ventanilla de la tarde.

Debo seguir viaje sin encontrar ecos de lo que el tiempo parece haber sepultado. Cuántos años, cuántas vidas, cuántos dolores y exilios que pasaron por esas calles sin que ya queden vestigios.

Pero alguien ha estudiado la vieja historia  de estos refugiados. Se puede encontrar en este estudio de Jeanine Sodigné-Lostau publicado en 1996 en la revista Matèriaux pour l’histoire de notre temps: «L’accueil des réfugiés civils espagnols de 1936 à 1940. Un exemple : la région Centre»

 Brevemente Chartres

Hago noche en el camping municipal de Chartres.

A la mañana siguiente doy  una vuelta por su catedral y aledaños. Estuve en Chartres en los años sesenta como peregrino, caminando en medio de los trigales de La Beauce, esa llanura interminable que describió Charles Péguy en un soberbio poema del que transcribo algunas estrofas, que no me atrevo a traducir

Étoile de la mer voici la lourde nappe

Et la profonde houle et l’océan des blés

Et la mouvante écume et nos greniers comblés,

Voici votre regard sur cette immense chape

Deux mille ans de labeur ont fait de cette terre

Un réservoir sans fin pour les âges nouveaux.

Mille ans de votre grâce on fait de ces travaux

Un reposoir sans fin pour l’âme solitaire.

Un homme de chez nous a fait ici jaillir,

Depuis le ras du sol jusqu’au pied de la croix,

Plus haut que tous les saints, plus haut que tous les rois,

La flèche irréprochable et qui ne peut faillir.

C’est la tige et le blé qui ne pourrira pas,

Qui ne flétrira point aux ardeurs de l’été,

Qui ne moisira point dans un hiver gâté,

Qui ne transira point dans le commun trépas.

Charles Péguy, Présentation de la Beauce à Notre-Dame de Chartres

Era en medio del calor del verano del 1967. Cuando aún nos quedaban bastantes kilómetros para llegar  las torres y agujas de la catedral se revelaban sobre un mar de espigas. Volví  a fines de los ochenta, pero motorizado.

Chartres. Foto R.Puig

Chartres. Foto R.Puig

En este viaje he venido por carreteras secundarias, parando a trechos entre los campos de cereal, tratando de recuperar mi lejana visión. En vano. Las torres están inevitablemente acompañadas por otras construcciones de la industria agraria o de las conducciones eléctricas. Quizá no he sabido encontrar el emplazamiento y las perspectivas justas.

¿Habrá todavía quien llegue a Chartres haciendo decenas de kilómetros a pie, en medio de trigales?

Mire a la cámara y diga cheese. Chartres.Foto R.Puig

Mire a la cámara y diga «cheese». Chartres.Foto R.Puig

El caso es que siempre es agradable que desde aquella lejana Edad Media sus santos y profetas te reciban con una sonrisa.

Prefiero no seguir a un grupo de japoneses que ejecutan parsimoniosos el rito del famoso laberinto sobre el pavimento del crucero de la catedral.

Prefiero extraviar la vista por las historias sagradas y profanas de sus vidrieras.

Roseton del coro. Chartres. Foto R.Puig.

Rosetón del coro. Chartres. Foto R.Puig.

Para eso he traído mi catalejo.

Le Pays d’Auge

Abeja normanda. Foto R.Puig.

Abeja normanda. Foto R.Puig.

Después de dejar Chartres no tardo mucho en entrar en Normandía por la región de vacas, quesos, manzanos y sidra del Pays d’Auge. Esta provincia normanda se extiende entre París y el macizo bretón. La recorren los río Touques y  Dives. Este último conduce entre meandros las aguas de una meseta de verdes ribazos, pastos y suaves declives sombreados por frondosas arboledas.

Normandía. La destileria. Foto R.Puig.

Normandía. La destileria aún por restaurar. Foto R.Puig.

En una granja del siglo XV que adquirieron casi en ruinas hace veinticinco años, nuestros mejores amigos de París, con mi mujer que ha llegado por avión, me esperan con un almuerzo regional regado con la sidra que ellos mismos producen.

La casa central del conjunto la han restaurado pacientemente con sus propias manos tras documentarse adecuadamente sobre la técnica del “torchis”, utilizando los materiales ancestrales y substituyendo vigas y maderos de sus muros que estaban en mal estado.

Normandia. La granja de Jaime y Pascale. s.XV. Foto R.Puig.

Normandía. La granja de Jaime y Pascale. s.XV. Foto R.Puig.

Este es el resultado. Parece retrotraernos a algunos cuadros de los pintores del Renacimiento.

La mairie del término municipal de Saint Martin du Mesnil-Oury se ve así de presumida aunque modesta y minúscula, como tantas otras de la región, exponente de una sobriedad sabia y campesina.

Caracteristico ayuntamiento normando en Saint Martin du Mesnil Oury. Foto R.Puig.

Característico ayuntamiento normando en Saint-Martin – Mesnil-Oury. Foto R.Puig.

Dos días bien aprovechados, dan para mucho. Por ejemplo, para visitar dos manoirs tradicionales en torno a este territorio,

El de Coupesarte.

Normandia. Chateau de Coupesarte. Foto R.Puig.

Normandía. Chateau de Coupesarte. Foto R.Puig.

Y el Chateau de Grandchamp, aunque en este no es día de visita y tenemos que contentarnos con verlo desde fuera.

Normandia.Chateau de Grandchamp. Julio 2013. Foto R.Puig.

Normandía. Chateau de Grandchamp. Julio 2013. Foto R.Puig.

El museo del queso de Livarot es otra visita obligada. La fábrica es moderna y ofrece un recorrido pedagógico basado en un audiovisual que vamos siguiendo en varias etapas. Las presentaciones se proyectan junto a amplios ventanales que permiten ver cada una de las etapas de la cadena de fabricación.

Empezando por la vaca normanda.

Vaca normanda

Vaca normanda

Genuino queso Livarot. Foto R.Puig.

Genuino queso Livarot. Foto R.Puig.

Y acabando en la sala donde los quesos pasan un período de breve envejecimiento.

Al final, lógicamente, se pasa a la sala de degustación y a la tienda, donde compramos una pieza de cada una de las cuatro variedades que aquí se elaboran: Livarot, Camember, Pont-l’Évêque y Neufchâtel.

Olvidaba decir que incluso tuvimos tiempo de aprender las técnicas de construcción de una vivienda bosquimana, digna de un barón rampante, a cuatro metros del suelo y a caballo de las grandes ramas de una enorme haya.

Albergue bosquimano y su arquitecto con sombrero.. Normadía. Foto R.Puig.

Albergue bosquimano y su arquitecto con su sombrero blanco. Normandía. Foto R.Puig.

Así es como mis amigos parisinos no se contentan con la granja sino que están acabando un refugio de dos pisos en lo alto de un árbol. Nosotros echamos una mano. Algunos padres tienen el detalle de fabricar estos juguetes para sus hijos, aunque puede que sea un pretexto del adulto para realizar sus viejos sueños de infancia.

¡Normandía tiene estas cosas!

Bruselas

Paramos un día en Bruselas para ver amigos. Fue algo breve, pero conseguimos una mesa en una terraza de la Place Jourdan para acompañar con unas Leffe bien frías nuestros cucuruchos de frites. Las del kiosco de esa plaza tienen fama de ser las mejores de la ciudad.

Pero ¿cuál era el acontecimiento más importante de la tarde?

Naturalmente la gimnasia sueca al aire libre sobre el césped del Parque del Cincuentenario.

Gimnasia sueca en el Parque del Cincuentenario. Bruselaas. Foto R.Puig.

Gimnasia sueca en el Parque del Cincuentenario. Bruselas. Foto R.Puig.

Unos doscientos entusiastas se entregaban en cuerpo y alma a los ejercicios, ya clásicos en Suecia y en varias capitales europeas, de la renombrada marca sin ánimo de lucro Friskis och Svettis.

The Swedish way en Bruselas. Foto R.Puig

The Swedish way en Bruselas. Foto R.Puig

Esta vez sólo vimos los toros desde la barrera.

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Dötlingen

Iglesia de San Fermin. s.XIII. Dotlingen. Foto R.Puig.

Iglesia de San Fermin. s.XIII. Dötlingen. Foto R.Puig.

Varias horas después de abandonar Bruselas el ritmo sosegado del viaje y el excelente buen tiempo animaban a hacer noche en el camino. Así que nos internamos en el Parque Natural de Wildeshauser Geest, en dirección de Dötlingen.

Casa de labranza. Dotlingen. Foto R.Puig.

Casa de labranza. Dötlingen. Foto R.Puig.

Hacía años, en una noche muy lluviosa de setiembre había encontrado hospedaje ahí en el Waldhotel, propiedad de la familia Spille, cuidado y servido por ellos mismos.

Atardecer en Dotlingen. Foto R.Puig

Atardecer en Dötlingen. Foto R.Puig

Esta vez no llovía y la tarde tenía un final esplendoroso, con lo cual pudimos visitar este pequeño pueblo, situado en medio de una naturaleza ordenada desde hace siglos por las familias que la han cultivado durante muchas generaciones.

Aunque haya que entenderse en un inglés elemental y recurriendo al alemán que aún recuerda mi mujer de sus tiempos del instituto, la comunicación es cordial y el trato amabilísimo, no sólo en el hotel sino a la puerta de la sala de eventos, donde esa tarde el aparato digital del cine ambulante, que lleva de pueblo en pueblo una señora en camioneta, proyectaba una comedia americana reciente, doblada al alemán.

A la salida, la comunidad local se reunía para tomar unas copas bajo un cielo de atardecer benigno. Entre las próximas actividades que se anunciaban, un espectáculo musical (kabarett)  en la iglesia.

Anuncio de farsa festiva en la iglesia de Dotlingen. Foto R.Puig.

Anuncio de farsa festiva en la iglesia de Dötlingen. Foto R.Puig.

Para que aprecien mis lectores que la madre Merkel también es objeto de bromas en su propia patria, reproduzco la publicidad que anunciaba el festejo con la colaboración de un conocido artista de Urbino. La canciller en pose de madonna con su delfín en los brazos.

Nos acercamos,  acompañados por las ovejas de un rebaño alborotado, a un estanque que a buen seguro habría podido inspirar a Schiller.

Atardecer en Dotlingen. Foto R.Puig

Atardecer en Dötlingen. Foto R.Puig

Un ave cazadora aguardaba con el pico dispuesto a que asomase alguna incauta rana.

Un ave al acecho. Dotlingen. Foto R.Puig

Un ave al acecho. Dötlingen. Foto R.Puig

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El anuncio del irreverente sainete nos había picado la curiosidad y nos acercamos a la iglesia que lleva la advocación de San Fermín y que fue reconstruida tras las la última guerra. Ha sobrevivido ahí desde el siglo XIII.

Memorial de los caídos y de la barbarie de las guerras

Iglesia de San Fermin. s.XIII. Dotlingen. Foto R.Puig.

Iglesia de San Fermin. s.XIII. Dötlingen. Foto R.Puig.

Tras el ábside,  el monumento a los soldados de Dötlingen caídos en varias guerras.

Monumento a los muertos de todas las guerras. Dotlingen. Foto R.Puig.

Monumento a los muertos de todas las guerras. Dötlingen. Foto R.Puig.

Me diréis que será como tantos otros. En Francia los hay por todas partes, todos según el mismo patrón, en España son problemáticos pues reflejan las divisiones de nuestra guerra civil y durante décadas sólo nombraban a los caídos del lado ganador. En toda Europa son miles.

Hay dos aspectos que nos han emocionado en el de Dötlingen.

Monumento a los soldados del pueblo muertos en la guerra Franco Prusiana. Dotlingen. Foto R.Puig.

Monumento a los soldados del pueblo muertos en la Guerra Franco-Prusiana. Dötlingen. Foto R.Puig.

Familias diezmadas

El primero es común con similares memoriales en iglesias o pueblos de Europa.

Lo que ocurre es que destaca el apellido de nuestros amables hoteleros: dos Spille muertos en las guerras franco-prusianas entre 1886 y 1871, otro en la guerra 1914-1918 y otros dos en la de 1939-1945.

Monumento a los soldados del pueblo muertos en la I y la II guerras mundiales.Dotlingen. Foto R.Puig.

Monumento a los soldados muertos en la I y la II guerras mundiales naturales de Dötlingen. Foto R.Puig.

En total, cinco varones de esa familia sacrificados a la irracionalidad de sus kaiser y sus führer en el espacio de sesenta años de la historia de Europa. Del mismo modo contamos otros cinco combatientes de la familia Poppe, cinco de la familia Meyer, seis Ulrich, seis Stolle

¿para qué seguir?

A nosotros forasteros nos impresiona y emociona. A los vecinos de este pequeño pueblo les recuerda además a bisabuelos, abuelos, padres, tíos, hombres de carne y hueso cuyos retratos conservará su propia familia, enviados a las trincheras y a los mataderos de los campos de batalla de Europa.

Generaciones de soldados de la mismas familias enviados a la muerte. Dotlingen. Foto R.Puig.

Generaciones de soldados de la mismas familias enviados a la muerte. Dötlingen. Foto R.Puig.

Esos memoriales se remontan a 1866, pero seguramente, si hubiese registros, se podrían relatar las mismas tragedias a lo largo de varios siglos.

Hoy, los alemanes y los demás europeos, hemos dejado atrás las guerras entre nosotros y podemos sonreír con la parodia de los que nos gobiernan.

Pero a las generaciones de hoy hace falta explicárselo.

Eso me lleva al segundo aspecto.

Meditación de la guerra

Hay algo bajo el sauce detrás de la iglesia que nos ha impresionado, sobre todo por alzarse con su sobriedad y su modestia, en un pequeño pueblo de esa Alemania que tantas guerras desencadenó en el pasado, generando el sacrificio de millones de alemanes, de europeos y de combatientes llegados del otro lado del mar.

Monumento a los muertos de todas las guerras. Dotlingen. Foto R.Puig.

Monumento a los muertos de todas las guerras. Dötlingen. Foto R.Puig.

Hay una piedra que recuerda a una bayoneta o una espada alzada y una plancha de hierro colado que semeja la sombra crepuscular que el arma proyecta. Al menos, así lo he entendido yo y creo que cualquiera que se recoja a pensar ante este pequeño monumento acabará viendo algo parecido.

No hay en el lugar nada que lo explique, sólo esa sombra de hierro en la que se han caligrafiado, taladradas,  varias palabras:

Mord: Asesinato

Asesinato. Dotlingen. Monumento a todas las víctimas de las guerras. Foto R.Puig.

Asesinato. Dötlingen. Monumento a todas las víctimas de las guerras. Foto R.Puig.

Zwangsarbeit: Trabajo forzado.  Vertreibung: Expulsión

Trabajo forzado. Dotlingen. Monumento a todas las víctimas de las guerras. Foto R.Puig.

Trabajo forzado.Expulsión. Dötlingen. Monumento a todas las víctimas de las guerras. Foto R.Puig.

Verfolgung : Persecución. Flucht: Huida

Persecucion y quema.Monumento a todas las víctimas de las guerras. Foto R.Puig.

Persecución. Huida. Dötlingen Monumento a todas las víctimas de las guerras. Foto R.Puig.

Al buen entendedor, pocas palabras bastan.

Pero de Dötlingen nos llevamos también la imagen de su roble milenario que ha sobrevivido a tanta violencia bélica, a tantas exacciones y matanzas, y es uno de los símbolos del lugar. Sigue viviendo y floreciendo muy cerca del memorial de aquellos a los que sus gobernantes enviaron a matar y a morir en nombre de ideologías insanas, de odios nacionalistas o raciales y de intereses territoriales y mercantilistas.

El árbol no tiene inscrita ninguna palabra, ningún nombre, pero hablar habla.

El roble milenario símbolo del pueblo. Dotlingen. Foto R.Puig.

El roble milenario símbolo del pueblo. Dötlingen. Foto R.Puig.

En la ruta veraniega (III): Toulouse (III), Fisionomías (VIII) y otras fascinaciones del museo de Les Augustins

4 agosto, 2013
Cabeza femenina. s.XV.Les Augustins. Foto R.Puig.

Cabeza femenina. s.XV.Les Augustins. Foto R.Puig.

Para Rodolfo y Marta

Fue un monasterio construido entre los siglos XIV y XV. La Revolución Francesa y sus avatares, entre los cuales se cuentan las requisiciones de ese periodo y de las guerras napoleónicas, así como las obras que proceden de iglesias existentes o desaparecidas, más lo que la Academia de Toulouse tenía, el Louvre ha prestado y no pocos legatarios han donado, han ido constituyendo una colección imponente de obras de arte que se extiende desde los capiteles románicos del siglo XII a las obras de las primeras décadas del siglo XX. Es el monasterio-museo de Les Augustins.

Este visitante tiene, cómo no,  sus preferencias, por no decir sus manías. Este recorrido las presenta por caprichoso paquetes.

Fisionomías y expresiones

Gargola erecta. Claustro.Les Augustins. Foto R.Puig.

Gárgola erecta. Claustro.Les Augustins. Foto R.Puig.

Empiezo por la boca. En primer lugar una que aúlla, la de un lobo o perro de grandes fauces. Cuento hasta doce similares en posición vertical. Alguna vez tuvo su finalidad funcional, la de achicar el agua desde las cornisas de una iglesia gótica, probablemente demolida, pues creo que son sus gárgolas las que, perdida su  horizontalidad, se alinean en el claustro del museo.

Galeria de gargolas. Claustro.Les Augustins. Foto R.Puig.

Galeria de gárgolas. Claustro.Les Augustins. Foto R.Puig.

A su lado un grupo de aplicadas alumnas se ejercita en el arte del dibujo.

Del rostro canino a la expresión humana

Y perdonadme que no vaya ordenadamente por salas, pues la boca de los lobos me lleva a otras bocas sibilinas o proféticas.

Jean Bauduy. s.XVI. Sibila del deambulatorio de Saint Sernin. s.XVI. Detalle.  Les Augustins. Foto R.Puig.

Jean Bauduy. s.XVI. Sibila del deambulatorio de Saint Sernin. s.XVI. Detalle. Les Augustins. Foto R.Puig.

Si la memoria no me engaña no he visto antes esculturas que estén modeladas en actitud de mover los labios como estas figuras de sibilas y profetas, en terracota, provenientes del deambulatorio de la basílica de Saint Sernin, de la que hemos hablado hace bien poco.

Jean Bauduy. s.XVI. Sibila del deambulatorio de Saint Sernin. s.XVI. Les Augustins. Foto R.Puig.

Jean Bauduy. s.XVI. Sibila del deambulatorio de Saint Sernin. s.XVI. Les Augustins. Foto R.Puig.

Jean Bauduy. s.XVI. Sibila del deambulatorio de Saint Sernin. s.XVI. Les Augustins. Foto R.Puig.

Jean Bauduy. s.XVI. Sibila del deambulatorio de Saint Sernin. s.XVI. Les Augustins. Foto R.Puig.

Es bastante lógico que para el ingenuo y minucioso artista del siglo XVI una sibila ha de profetizar  sibilinamente y un profeta ha de anunciarnos con su palabra el futuro. Así que sus obras, en tamaño más que natural han de mover los labios.

ean Bauduy. s.XVI. Profeta del deambulatorio de Saint Sernin. s.XVI. detalle.  Les Augustins. Foto R.Puig.

Jean Bauduy. s.XVI. Profeta del deambulatorio de Saint Sernin. s.XVI. Detalle. Les Augustins. Foto R.Puig.

Y como no hablan por iniciativa propia, sino poseídos por el Espíritu Santo, parece normal que tengan los ojos cerrados.

Por lo que se refiere a José de Arimatea los tiene entreabiertos y llorosos mientras sostiene los pies de Cristo muerto al que están envolviendo en el sudario.

Jose de Arimatea. Detalle de Sepelio de Cristo. s.XV. Les Augustins. Foto R.Puig.

Jose de Arimatea. Detalle de Sepelio de Cristo. s.XV. Les Augustins. Foto R.Puig.

También en éxtasis debía de estar esta santa teresa medieval procedente de un grupo escultórico sepulcral del siglo XIV.

Cabeza de monja. s.XIV. Les Augustins. Foto R.Puig.

Cabeza de monja. s.XIV. Les Augustins. Foto R.Puig.

Tan es así que, cuando algún sans culotte le machacó la nariz en los  años del furor revolucionario, sus ojos siguieron abiertos a una visión ultramundana.

Cabeza de monja. s.XIV. Detalle. Les Augustins. Foto R.Puig.

Cabeza de monja. s.XIV. Detalle. Les Augustins. Foto R.Puig.

No podemos en cambio atribuirle rasgos místicos a esta bella durmiente decimonónica, viva expresión del terror  en plena pesadilla.

Un dragón de voraz apetito intenta poseerla y no hay ningún arcángel que venga a librarla.

Pesadilla. Eugene Thivier. ss.XIX a XX. Les Augustins. Foto R.Puig.

Pesadilla. Eugène Thivier. ss.XIX a XX. Les Augustins. Foto R.Puig.

A falta de un San Jorge, el mismo San Miguel hubiese cumplido bien la tarea y devuelto la dulzura de un sueño sosegado a la bella.

El demonio derrotado por San Miguel Detalle. Les Augustins. Foto R.Puig.

El demonio derrotado por San Miguel Detalle. Les Augustins. Foto R.Puig.

Lucifer, derrotado, se rendiría a sus pies.

¿O habría hecho falta un obispo con la cruz de espantar diablos y herejías en alto, pronunciando las palabras que dictan los protocolos de los exorcistas diplomados?

El cardenal Lavigerie hacia 1898 por Alexandre Falguiere. Les Augustins. Foto R.Puig.

El cardenal Lavigerie hacia 1898 por Alexandre Falguière. Les Augustins. Foto R.Puig.

Pero, en este caso, no es el cardenal Rouco y Varela con su equipo de exorcistas diocesanos quien se enfrenta a las fuerzas del diablo. No, aquí se trata del fundador de los Padres Blancos, el cardenal Charles Martial Lavigerie (1825-1892), en actitud protectora de doncellas poseídas, justo ante las mismas escaleras junto a las cuales se extiende el cuerpo sensual de la empavorecida durmiente.

La verdad es que esa escalera, llena de tentaciones sensuales, está necesitada de una aspersión diaria con hisopos de agua bendita.

Danzante en marmol y su proyecto en escayola. Alexandre Falguiere. Les Augustins. Foto R.Puig.

Danzante en mármol y su proyecto en escayola. Alexandre Falguière. Les Augustins. Foto R.Puig.

La ocupan, junto a otros desnudos masculinos y femeninos, unas danzarinas provocadoras.

Así como, llegados al rellano superior, nos recibe una Diana joven y desafiante con sus ojos, esta vez bien abiertos, su mirada directa, su aplomo y un esbozo de sonrisa que es toda una profecía.

Diana por Alexandre Falguiere. 1897. Les Augustins. Foto R.Puig.

Diana por Alexandre Falguière. 1897. Les Augustins. Foto R.Puig.

A pesar de los ciento quince años que han transcurrido desde que esta obra se esculpiese a fines del siglo XIX ¡no me diréis que su coiffure no es actual!

No faltan otras miradas femeninas que nos cautiven en las salas de pintura, de Les Augustins.

Retrato de mujer. Francesco Solimena. ss.XVII a XVIII. Les Augustins. Foto R.Puig.

Retrato de mujer. Francesco Solimena. ss.XVII a XVIII. Les Augustins. Foto R.Puig.

Otro ejemplo,  un retrato de una niña, seguramente del XVIII, cuyo autor me escapó, que sigue ahí, atravesando el espesor de los siglos, como si su tez se iluminará con la brisa de este mismo verano.

Retrato infantil. Les Augustins.  Foto R.Puig.

Retrato infantil. Les Augustins. Foto R.Puig.

Realismo social decimonónico

Las obras piadosas del museo no cesan de reclamar nuestra atención.  La fisionomía de un devoto monaguillo, ataviado como un cardenal casi prefigura en su candor a un futuro papa en este detalle del cuadro de Alexandre Antigna (1817-1878) sobre la procesión del Corpus.

Monaguillo de la Fiesta del Corpus . Alexandre Antigna. 1855.Les Augustins. Foto R.Puig.

Monaguillo de la Fiesta del Corpus . Alexandre Antigna. 1855.Les Augustins. Foto R.Puig.

Otro Alexandre, pintor y escultor, Alexandre Falguière (1831-1900) viajaba por España a finales del siglo XIX y se fijó más bien en otras procesiones, las de nuestros desarrapados de la época, en este caso dos niños enanos con zurrón y campanilla de mendigar, a quienes retrató de acuerdo con el realismo que había puesto en marcha en Francia la pintura de Gustave Courbet (1819-1877), precedido mucho antes por nuestro Goya, por no remontarnos a Velázquez y a Murillo (tan venerado en Francia).

Enanos españoles con muletas. Alexandre Falguiere. c. 1880. Les Augustins.

Enanos españoles con muletas. Alexandre Falguière. c. 1880. Les Augustins.

Quién sabe si alguno que se hizo pequeño como un niño (Jesús dixit) llegó jamás a papa.

Y, a propósito ¿sabe alguien cuál ha sido el papa más bajito de la historia? ¿No habrá sido la estatura reducida de algún papa lo que motivó el uso de la tiara papal? Es un tema de investigación que puede que hayan tratado los historiadores. Si encuentro algo lo consignaré en futuras entradas.

A la misma corriente realista pertenece este grupo familiar anonadado por la pobreza y por los desastres que sobre sus privaciones sigue acumulando ese destino que les ha dejado empantanados en medio del camino en un crudo invierno.

Alexandre Antigna. c.1855. Les Augustins. Foto R.Puig.

Alexandre Antigna. c.1855. Les Augustins. Foto R.Puig.

La muerte del caballo es un hachazo cruel de la mala fortuna. El padre, demasiado consciente de lo crítico de la situación, está abatido y son los niños los que encienden una hoguera. Otro pequeño se preocupa por el abuelo, a quien se vislumbra dentro del carromato, y corre la modesta cortina para protegerle del frío.

Aquí los niños recogen leña para la supervivencia, mientras en el cuadro anterior, del mismo pintor y del mismo año, esparcían pétalos para la procesión eucarística.

Fiesta del Corpus. Alexandre Antigna. 1855.Les Augustins. Foto R.Puig.

Fiesta del Corpus. Alexandre Antigna. 1855.Les Augustins. Foto R.Puig.

Conviene notar que este tipo de obras de la vida de la gente común, a veces dulces y a menudo patéticas, cosechaba grandes triunfos en el Salón anual de París, como reacción a la grandilocuencia de los grandes lienzos históricos del neoclásico francés.

Si la madre del pobre grupo está petrificada por la angustia con un bebé en brazos, volvamos al siglo XVI y contemplemos la talla polícroma de Notre Dame de Grasse (de gracia), una virgen joven, ataviada ricamente, que mira en una dirección, mientras el niño lo hace hacia la opuesta. Dicen que simboliza la distribución de tareas entre la Virgen y Jesús, ambos atentos a todo lo que les pidan los cristianos de cualquier lado que las súplicas vengan.

Notre Dame de Grasse. s.XV.Les Augustins. Foto R.Puig.

Notre Dame de Grasse. s.XV.Les Augustins. Foto R.Puig.

Yo lo veo de otro modo. A mí me parece que la madre está cansada (puede que el niño haya dado bastante la tabarra e incluso tenga pis en los pañales) y está pidiendo que alguien se lo coja un ratito. Al fin y al cabo, estamos en plena época de un gótico permeado de realismo  y trufado de guiños familiares. Amén.

…………….

Pero, si de guiños se trata ¿qué me decís de este Herodes del siglo XII que ha perdido la cabeza y está haciéndole carantoñas a Salomé (lo que, como es notorio, hizo perder otra cabeza).

Herodes hace carantoñas a  Salomé. Sala de los capiteles. Les Augustins. Foto R.Puig.

Herodes hace carantoñas a Salomé. Sala de los capiteles. Les Augustins. Foto R.Puig.

Está en la fascinante sala de capiteles románicos.

Sala de los capiteles. Les Augustins. Foto R.Puig.

Sala de los capiteles románicos. Les Augustins. Foto R.Puig.

Se trata de un lugar repleto de mitología, de simbolismos y de bestiarios medievales.

Ángeles y obispos

En materia de cabezas cortadas no queda a la zaga el obispo cefaloforo (el que lleva en sus manos su propia cabeza)

Obispo cefaloforo. s. XV.Les Augustins. Foto R.Puig.

Obispo «cefaloforo». s. XV.Les Augustins. Foto R.Puig.

ni en materia de símbolos el forzudo obispo que sostiene, doblado por su peso, el edificio de una iglesia que, potentado él, donó a su diócesis.

El obispo Tissendier donando la capilla de Rieux. s.XIV. Les Augustins. Foto R.Puig.

El obispo Tissendier donando la capilla de Rieux. s.XIV. Les Augustins. Foto R.Puig.

En reconocimiento a su munificencia lo esculpieron así, de acuerdo con una corriente iconográfica muy socorrida del medioevo, como vimos el verano pasado en Tréveris.

No quisiera aburriros. Pero es que los ángeles músicos son parte de mi safari fotográfico y de mis preferencias. Así que ahí van cuatro sin más comentarios.

Angel organista. s.XV. Les Augustins. Foto R.Puig.

Ángel organista. s.XV. Les Augustins. Foto R.Puig.

Angel trompetista. s.XV. Les Augustins. Foto R.Puig.

Ángel trompetista. s.XV. Les Augustins. Foto R.Puig.

Virgen y niño con angeles músicos. El angel arpista.s.XVI. Les Augustins. Foto R.Puig.

Virgen y niño con angeles músicos. El angel arpista.s.XVI. Les Augustins. Foto R.Puig.

Virgen y niño con angeles músicos. El angel organista.s.XVI. Les Augustins. Foto R.Puig.

Virgen y niño con ángeles músicos. El ángel organista.s.XVI. Les Augustins. Foto R.Puig.

¡Ah! ¡Y una angelical guitarrista de época más reciente!

Henri Van Gorp. Nina tocando una romanza. ss.XVIII a XIX. Romanza. Les Augustins. Foto R.Puig.

Henri Van Gorp. Nina tocando una romanza. ss.XVIII a XIX. Les Augustins. Foto R.Puig.

Pierre-Henri de Valenciennes

Andaba yo un poco triste pues, no encontraba obra de aquel ilustre paisajista de Toulouse que pintó sus mejores obras en Roma. Me refiero a mi admirado Pierre-Henri de Valenciennes (1750-1819) , de quien ya he tratado en este blog.

Estaba yo casi tan malhumorado como Marc Arcis (1655-1739) cuando modeló su autorretrato.

Autorretrato de buen humor de Marc Arcis. ss. XVII a XVIII. Les Augustins. Foto R.Puig.

Autorretrato de buen humor de Marc Arcis. ss. XVII a XVIII. Les Augustins. Foto R.Puig.

Y a mi desesperanza vino a contribuir una guardiana de la sala de pintura del XIX que, tras preguntarle, me dijo que no había nada de él en el principal museo de su ciudad natalicia. Así que mi sorpresa fue muy grata al encontrar cuatro lienzos del ilustre pintor nacido en Toulouse, autor de muchos paisaje de Roma y el Lazio, en la sala contigua.

Os dejo aquí testimonio de tres de ellos.

Dos paisajes romanos, donde la luz de la campiña me trae recuerdos.

Paisaje cerca de Roma. Pierre Henri de Valenciennes. Museo de Les Augustins. Foto R.Puig

Paisaje cerca de Roma. Pierre Henri de Valenciennes. Museo de Les Augustins. Foto R.Puig

Campiña romana. Pierre Henri de Valenciennes.s.XIX. Les Augustins. Foto R.Puig.

Campiña romana. Pierre Henri de Valenciennes.s.XIX. Les Augustins. Foto R.Puig.

Y un paisaje con anécdota histórica.

Ciceron descubre la tumba de Arquimedes. Pierre Henri de Valenciennes. 1787.Museo de Les Augustins. Foto R.Puig.

Cicerón descubre la tumba de Arquímedes. Pierre Henri de Valenciennes. 1787.Museo de Les Augustins. Foto R.Puig.

Es un placer volver de vez en cuando al Lazio, pues en aquellas luminosas tierras comencé este blog.

En el museo hay un cuadro inacabado de otro pintor francés de Roma, donde se aprecia el proceso minucioso de elaboración del lienzo.

Valle del Tiber. Nicolas Didier Boguet.ss.XVIII a XIX. Les Augustins. Foto R.Puig.

Valle del Tíber. Nicolas Didier Boguet.ss.XVIII a XIX. Les Augustins. Foto R.Puig.

Colofón

Una de las joyas del museo es un Rubens de 1635, un Cristo crucificado entre los ladrones que, como reza la cartela, debió de ser donado graciosamente («envoi» del gobierno imperial en 1805) por la iglesia de los Capuchinos de Amberes a los ejércitos de Napoleón, como agradecimiento por su pacífica liberación de los territorios belgas.

Rubens. Cristo y los ladrones.1635.  Altar de los Capuchinos de Amberes. Botin imperial. 1805. Foto R.Puig..

Rubens. Cristo y los ladrones,1635 del altar de los Capuchinos de Amberes. Remesa del gobierno imperial en1805. En el museo desde el 2004. Foto R.Puig..

Ironía aparte, en realidad, el ocupante francés decretó la supresión de la orden de los Capuchinos en 1796 y entre 1803 y 1804 el convento y la iglesia de la orden en Amberes, que databan de fines del siglo XVI, fueron demolidos y substituidos por mansiones particulares.

De su altar mayor proviene este cuadro soberbio. Al respecto se me ocurren algunas cosas. Por ejemplo, que en Europa hemos tenido también nuestros talibanes y de eso no hace tanto. Sólo que los nuestros, a diferencia de los de hoy, también demolían pero se quedaban con las mejores piezas para especular en el mercado  del arte.  Por las vueltas que da la historia, el cuadro salió de un convento que la revolución demolió en Flandes y acabó en otro convento que la misma revolución confiscó en Toulouse. Lo que no ha variado es que Cristo sigue crucificado entre ladrones.

Sea como sea, hayan pensado o no los belgas en reclamarlo, el caso es que, testimonio del genio de Rubens, deslumbra hoy al visitante en la nave lateral izquierda de la iglesia del antiguo monasterio de los Agustinos de Toulouse. Unos frailes capuchinos lo encargaron y en el convento que fue de frailes agustinos se expone ahora por obra y gracia de la guerra. A quien la Diosa Razón se la dio, las Musas se la bendigan.

No voy a seguir hablando de otras obras señeras que el museo exhibe, legados de invasiones, requisiciones armadas y negocios de la familia Bonaparte y de sus generales en los países ocupados.

De todos modos, la verdad es que en Toulouse estas obras de arte están hoy bien aclimatadas y cuidadas.

En la ruta veraniega (II): Toulouse (II). En el museo de Les Abattoirs (los antiguos mataderos)

28 julio, 2013
Toulouse. Vista del Garona desde la orilla de Les Abattoirs. Foto R.Puig.

Toulouse. Vista del Garona desde la orilla de Les Abattoirs. Foto R.Puig.

Por toda Europa, los imponentes edificios donde antes se sacrificaban las reses se han ido rehabilitando para sacrificar al arte y la cultura, de preferencia contemporáneos. Lo he podido comprobar en los antiguos mataderos de Madrid, en el Campo Boario en Roma y lo acabo de comprobar en Les Abattoirs de Toulouse.

Toulouse. Nave principal de Les abattoirs. Foto R.Puig.

Toulouse. Nave principal de Les Abattoirs. Foto R.Puig.

Guiado por viejo amigo Rodolfo, pude visitar este museo de arte moderno y contemporáneo, no lejos de la poderosa corriente del Garona y de la plaza del Dr. Maurice Pujol “médico de los hospitales y de los pobres” (1883-1972) en el barrio de Saint-Cyprian.

Toulouse. En la plaza del Dr.Pujol. Foto R.Puig.

Toulouse. En la plaza del Dr.Pujol. Foto R.Puig.

Cerca del museo nos hubiese gustado dar unas vueltas sobre el rinoceronte del Beau Manège, el romántico tiovivo de los años 30, rehabilitado por la Asociación La Machine. Pero este histórico juguete no es para quienes nacimos no mucho después de su época dorada, cuando aún lo movían sus mecanismos originales.

Toulouse. Rinoceronte del Beau Manège. Foto R.Puig.

Toulouse. Rinoceronte del Beau Manège. Foto R.Puig.

Así que nos contentamos con verlo girar para disfrute de la infancia.

LOS ‘JUGUETES’ DE LA FAMILIA SMITH

Obras de Tony Smith. Toulouse Les Abattoirs. 2013.Foto R.Puig

Obras de Tony Smith. Toulouse Les Abattoirs. 2013.Foto R.Puig

En cualquier caso, ya dentro de Les Abattoirs, nos sentimos inmersos en el ambiente adecuado para un ludópata del arte, las creaciones de Tony Smith y de sus hijas, Kiki y Seton, en una amplia exposición temporal. La verdad es que podríamos extendernos sobre varios aspectos de la colección permanente, pero la familia Smith nos ocupó casi toda la visita.

La pasión serena por las estructuras primarias

Tony Smith (1912-1980), arquitecto, pintor y escultor, domina la muestra con sus juegos de formas, trufados de cálculo matemático, resultado de su habilidad combinatoria y geométrica.

Tony Smith. Maqueta de casa para orilla del mar. Foto R.Puig

Tony Smith. Maqueta de casa para orilla del mar. Foto R.Puig

Fue uno de los primeros minimalistas en los años 60 en los Estados Unidos, en quien muchos se han inspirado y del que no pocos han copiado.

Serie Louisenberg. Tony Smith. Toulouse. Les Abattoirs. 2013.Foto R.Puig

De la serie Louisenberg. Tony Smith. Toulouse. Les Abattoirs. 2013.Foto R.Puig

Muchos le hemos admirado a través de sus obras antes de saber a quién se debían.

Cuando se analizan sus trabajos, se comprende mejor que, en este como en otros campos de la creación humana, una forma aparentemente simple puede ocultar complejidades (y obsesiones) insospechadas.

Combinatoria de la Serie Louisenberg. Dibujo deTony Smith. Toulouse Les Abattoirs. 2013.Foto R.Puig

Combinatoria a partir de tres formas básicas de la Serie Louisenberg. Dibujo deTony Smith. Toulouse Les Abattoirs. 2013.Foto R.Puig

Tony Smith. Sin título.   Foto R.Puig

Tony Smith. Sin título. Foto R.Puig

Tony Smith. Sin título. Foto R.Puig

Tony Smith. Sin título. Foto R.Puig

Tony Smith. Sin título. Foto R.Puig.

Tony Smith. Sin título. Foto R.Puig.

Narrativa mitológica

Kiki Smith (1954-) es hija de Tony.  Junto con su hermana Seton vivió inmersa en el ambiente artístico de la familia (el taller del padre y la carrera de bailarina renombrada de la madre).

De niñas, las hermanas ayudaban al padre a construir los dodecaedros y tetraedros de sus proyectos escultóricos.

Me centro aquí en tres de sus esculturas, dos de ellas de acentuada carga simbólica.

Una visión feminista de la creación de una Eva de edad madura a partir de no se sabe bien si de la costilla de un Adán licántropo o de una loba primigenia.

Rapture. Kiki Smith. Toulouse Les Abattoirs. 2013.Foto R.Puig

Rapture. Kiki Smith. Toulouse Les Abattoirs. 2013.Foto R.Puig

La siguiente es una expresiva alegoría de la mujer como hija de la gacela

Born. Kiki Smith. Toulouse Les Abattoirs. 2013.Foto R.Puig

Born. Kiki Smith. Toulouse Les Abattoirs. 2013.Foto R.Puig

La tercera es parte de un conjunto titulado “La Anunciación”.

Mensajero. Kiki Smith. Toulouse Les Abattoirs. 2013.Foto R.Puig

Mensajero. Kiki Smith. Toulouse Les Abattoirs. 2013.Foto R.Puig

Recrea a un flotante mensajero de aire misterioso y mudo. Una especie de portador de ambiguas nuevas que parece reservarse, dejándonos el trabajo de adivinarlas.

……………

De la fotógrafa de la familia, Seton Smith (1955 -), no he registrado directamente las obras expuestas, pero pueden apreciarse algunas fotografías de adustos paisajes, que creo recordar son suyas, en el fondo de la sala donde se exponen varios formas minerales de su padre.

Obras de Tony Smith.  Toulouse Les Abattoirs. 2013.Foto R.Puig

Obras de Tony Smith. Toulouse Les Abattoirs. 2013.Foto R.Puig

El próximo domingo volveremos con más cosas de Toulouse.

Por el momento, escapando del calor que hacía aquel día, podemos imaginarnos engullidos en el interior de las refrescantes entrañas del pez del Beau Manège.  Al fin y al cabo dicho acto, surrealista y bíblico, no desentonaría cerca de las esculturas de Kiki Smith.

Toulouse. El pez voraz del Beau Manège. Foto R.Puig.

Toulouse. El pez voraz del Beau Manège. Foto R.Puig.

Por mi ruta veraniega: el Col de Puymorens, Tarascon-sur-Ariège y Toulouse (I)

22 julio, 2013
Fachada del viejo Toulouse. Foto R.Puig.

Fachada del viejo Toulouse. Foto R.Puig.

 En ruta

En julio me transporto a Suecia. La costumbre desde hace algunos años es hacerlo por tierra al volante de mi vieja furgoneta.

En el Col de Puymorens. Foto.R.Puig

En el Col de Puymorens. Foto.R.Puig

Este año, tras dejar Els Poblets y pasar por Puigcerdá, el túnel pirenaico del lado francés estaba en obras, así que hubo que hacer algunas curvas para atravesar por arriba en dirección de Toulouse.

A pesar del calor de esa segunda semana de julio, aún se veía nieve por las cumbres que dominan el Col de Puymorens, un puerto situado a 1995 metros sobre el nivel del mar.

En el Col de Puymorens. Foto.R.Puig

En el Col de Puymorens. Foto.R.Puig

Cuando ya caía la tarde y decaían las fuerzas no hubo otro remedio que hacer noche en el camping de Pré Lombard en Tarascon-sur-Ariège.  Demasiado grande, ya que es uno de esos campings para pasar las vacaciones en roulote o bungalow  y pagar por sus instalaciones y sus shows vespertinos. No es un lugar de calma, pero el paisaje es soberbio.

Pré Lombard. Tarascon-sur-Ariège. Foto R.Puig

Pré Lombard. Tarascon-sur-Ariège. Foto R.Puig

Tras dormir pasablemente gracias al ungüento antimosquitos, dejé el camping sin pena ni gloria para llegar en menos de dos horas a Toulouse.

TOULOUSE (I)

Calle del Toro. Toulouse. Foto R.Puig.

Calle del Toro. Toulouse. Foto R.Puig.

En Toulouse me espera la hospitalidad de un  viejo compañero de estudios de filosofía en la Italia de finales de los años sesenta y de su esposa. No nos hemos visto desde entonces, así que hablaremos largo y tendido paseando por la ciudad como si el tiempo no hubiera pasado

¿Y quién mejor que un amigo historiador para resumir en una visita de dos días el espíritu y los largos siglos de vida de la “ciudad rosa”? Construida a base de ladrillo, el apodo le viene del color de este material.

El arte del balcón. Toulouse. Foto R.Puig.

El arte del balcón. Toulouse. Foto R.Puig.

Deambulamos el primer día por sus calles y admiramos sus balconadas.

En el Capitolio o Ayuntamiento

Plaza del Capitolio de Toulouse. Foto R.Puig.

Plaza del Capitolio de Toulouse. Foto R.Puig.

Los miembros del consejo de la ciudad, del llamado Capitolio, se denominaban en occitano, los capitouls.

Por cierto que las calles están rotuladas en esta lengua a caballo entre las lenguas romances de la península ibérica y las itálicas.

Las placas de plazas y calles en francés y en occitano. Toulouse. Foto R.Puig.

Las placas de plazas y calles en francés y en occitano. Toulouse. Foto R.Puig.

Las telas y frescos de las salas del Ayuntamiento son un interesante ejercicio de  pedagogía histórica, a la manera de otros edificios oficiales en Francia.  En la sala de los Ilustres y en la gran nave donde se celebran los matrimonios civiles, campa la narración de la vida y la historia de Toulouse pintada por artistas de la ciudad.

El enorme fresco central alude a la trágica epopeya de los cátaros y de cómo el intolerante Simón de Monfort no vivió para seguir gozando con las masacres que incitaba (“¡matadlos a todos Dios reconocerá a los suyos!”). Su muerte frente a los muros de Toulouse preside simbólica el fresco bajo el cual se administra el matrimonio republicano.

Monfort ha muerto. Viva Toulouse. Capitolio de Toulouse. Foto R.Puig.

«Monfort ha muerto. Viva Toulouse». Capitolio de Toulouse. Foto R.Puig.

No se sabe si las parejas llegan a distinguir la sangrienta escena. En cierto modo, la sangre del cruel guerrero, simbolizado por un león al que una lanza atraviesa,  sigue cayendo desde las alturas de la sala. En realidad se cuenta que murió golpeado por un pedrusco que le lanzó una aguerrida defensora desde los muros de la ciudad.

Verano. Henri Martin. Ayuntamiento. Toulouse. Foto R.Puig.

Verano. Henri Martin. Ayuntamiento. Toulouse. Foto R.Puig.

De todos modos también se puede disfrutar de las estampas idílicas y decimonónicas de la vida de la ciudad y de su campiña o contemplar a “La bella Paula”, que según se cuenta, atraía a multitud de admiradores bajo su balcón cada vez que se asomaba. El artista que la ha inmortalizado en el Capitolio de Toulouse se ha basado a mi juicio en las figuras femeninas de Vermeer, aunque con acierto, dignidad y saber  hacer.

La bella Paula. Henri Rachou. Detalle. Capitolio de Toulouse.Foto R.Puig.

La bella Paula. Henri Rachou. Detalle. Capitolio de Toulouse.Foto R.Puig.

Algunas de las escenas hacen pensar en aquel socialismo utópico del siglo XIX, el de unos obreros honestos y morigerados que disfrutan con los placeres sencillos y bien ganados, como puede ser el  paseo junto al río de la modesta  pareja endomingada.

Proletarios en domingo.Henri Martin. Capitolio de Toulouse. Foto R.Puig.

Proletarios en domingo (el título  es mío).Henri Martin. Capitolio de Toulouse. Foto R.Puig.

No olvidemos que Toulouse es la patria de Jean Jaurés, el vigoroso tribuno y defensor de las clases populares. Su busto recibe a los visitantes del Ayuntamiento desde las escalinatas de la entrada.

Jean Jaurés. Foto R.Puig.

Jean Jaurés. Foto R.Puig.

Y cuando subimos nos sorprende un inmenso fresco que representa las tradicionales y antiguas justas poéticas de la ciudad, en este caso las de 1324. Algo así como una alegoría de la creación literaria al alcance de todos o el pueblo como poeta excelso (un poco al modo de las ideas al respecto de George Sand)

Justas poeticas en 1314. Capitolio de Toulouse. Foto R.Puig.

Justas poeticas en 1314. Capitolio de Toulouse. Foto R.Puig.

Esa tradición se continúa de algún modo con el “maratón de las palabras” que se celebra todos los años en Toulouse.

Les Jacobins y la tumba del Tomismo

Contrafuertes de ladrillo de Les Jacobins. Toulouse. Foto R.Puig.

Contrafuertes de ladrillo de Les Jacobins. Toulouse. Foto R.Puig.

En la iglesia del convento de los “jacobins”, es decir los dominicos (denominación tardía por tener su iglesia en París en la rue Saint Jacques) entramos atraídos por la urna que contiene los restos de Tomás de Aquino, el filósofo y teólogo que aclimató el aristotelismo dentro del pensamiento cristiano.

Sepulcro de Tomás de Aquino. Iglesia de los dominicos o Les Jacobins. Toulouse. Foto R.Puig.

Sepulcro de Tomás de Aquino. Iglesia de los dominicos o Les Jacobins. Toulouse. Foto R.Puig.

Cuando has tenido que aprobar la Epistemología o la Filosofía Medieval a base de entender a Aristóteles y a Santo Tomás, la tumba del “buey de Aquino” no te deja indiferente.

Boveda en palmera. Iglesia de los dominicos o Les Jacobins. Toulouse. Foto R.Puig.

Boveda en palmera. Iglesia de los dominicos o Les Jacobins. Toulouse. Foto R.Puig.

Están situados bajo un altar lateral, no lejos de la gigantesca columna semejante a una altísima palmera que sostiene con sus nervaduras una parte considerable de esta singular iglesia gótica construida en ladrillo.

En la basílica de Saint Sernin los santos tienen ojeras

Iglesia de Saint Sernin.Toulouse. Foto R.Puig.

Iglesia de Saint Sernin.Toulouse. Foto R.Puig.

Saint Sernin me recuerda una canción que nos enseñaron de pequeños:

San Serenín del monte,

San Serenín cortés,

yo como soy cristiano,

yo me arrodillaré.

… etc.

Bueno, supongo que se trata del mismo San Serenín, dicho en castellano.El caso es que tiene una campanario soberbio que se divisa desde muchas calles de Toulouse.

Yo como soy santo…

San Benito Jose de Labre. Basilica de Saint Sernin. Toulouse. Foto R.Puig.

San Benito Jose de Labre. Basilica de Saint Sernin. Toulouse. Foto R.Puig.

Pero lo que ha llamado mi atención en esta iglesia, pues tengo debilidad por las fisionomías, es que el artista que parece haber modelado todas las esculturas de santos y santas que flanquean el lado derecho de la nave no concibe la santidad sin las ojeras.

Santa Agueda. Basilica de Saint Sernin. Toulouse. Foto R.Puig.

Santa Agueda. Basilica de Saint Sernin. Toulouse. Foto R.Puig.

San Vicente de Paul. Basilica de Saint Sernin. Toulouse. Foto R.Puig.

San Vicente de Paul. Basilica de Saint Sernin. Toulouse. Foto R.Puig.

No sé si será por lo ayunos, las visiones o la presciencia de un futuro martirio o de las privaciones que han de conducir a la canonización. En el caso del santo con una víscera sagrada en la mano hay algo más, aunque no consigo precisarlo y me da cierta grima.

Todos los bustos están además acompañados por un cartel biográfico de cada uno de ellos. La verdad es que San Febado da un poco de miedo con ese martillo de aplastar herejías y su fisionomía cejijunta.

Santa Margarita. Basilica de Saint Sernin. Toulouse. Foto R.Puig.

Santa Margarita. Basilica de Saint Sernin. Toulouse. Foto R.Puig.

San Febado. Basilica de Saint Sernin. Toulouse. Foto R.Puig.

San Febado. Basilica de Saint Sernin. Toulouse. Foto R.Puig.

San Gregorio el Grande. Basilica de Saint Sernin. Toulouse. Foto R.Puig.

San Gregorio el Grande. Basilica de Saint Sernin. Toulouse. Foto R.Puig.

Pero la mirada de San Gregorio es la más ojerosa de todas, no sabemos si a causa del relicario que le han injertado en el pecho. Si tuviese manos como San Febado se lo podría ajustar o rascarse un poco, pero así como está, no es raro que tenga cara de estar bien incómodo.

Nos dicen que la cripta contiene una de las colecciones de reliquias más nutridas de Europa, pero lo dejamos para otro viaje.

Dos fachadas con historia

Placa conmemorativa. Casa de Jean Calas. Toulouse. Foto R.Puig.

Placa conmemorativa. Casa de Jean Calas. Toulouse. Foto R.Puig.

Ya por la tarde me llaman la atención dos fachadas, aunque en el caso de la primera es mi amigo Rodolfo quien me lleva expresamente a descubrirla.

La casa de Jean Calas. Toulouse. Foto R.Puig.

La casa de Jean Calas. Toulouse. Foto R.Puig.

Es la de la casa de Jean Calas, aquel hugonote ejecutado en toda injusticia en un proceso amañado, fruto de la intolerancia, por cuya rehabilitación póstuma luchó Voltaire, a quien su caso inspiró el Tratado sobre la Tolerancia.

Fachada Art Deco de la sede de la CGT. Toulouse. Foto R.Puig.

Fachada Art Deco de la sede de la CGT. Toulouse. Foto R.Puig.

La otra es la fachada del edificio art Decó de la sede de la Confederación General de los Trabajadores (CGT).

El trabajo intelectual.Altorrelieve. Fachada de la sede de la CGT.Toulouse. Foto R.Puig.

El trabajo intelectual. Altorrelieve. Fachada de la sede de la CGT.Toulouse. Foto R.Puig.

Está ornada con una serie de altorrelieves alusivos al mundo del trabajo.

Forja. Altorrelieve. Fachada de la sede de la CGT.Toulouse. Foto R.Puig.

Forja. Altorrelieve. Fachada de la sede de la CGT.Toulouse. Foto R.Puig.

Final del primer día

Cuando ya los pies me pesaban, terminamos nuestro primer día de paseo por Toulouse junto al Pont Neuf, diseñado especialmente para domeñar las crecidas del Garona.

Pont Neuf y antiguo hospital desde la Escuela de Bellas Artes. Toulouse Foto R.Puig.

Pont Neuf y antiguo hospital desde la Escuela de Bellas Artes. Toulouse Foto R.Puig.

La imagen está tomada desde los parapetos delante de la Escuela de Bellas Artes, donde no obstante estar ornada con los nombres del arte francés más ortodoxo, triunfa me dicen la mímesis del llamado arte conceptual.

En este caso, las bromas del duchampismo y sus seguidores seguirían también alimentando aquí  la creencia de que lo importante es tener una idea aunque su transformación concreta en la  obra de arte sea irrisoria.  Esperemos que no sea así.

Fachada neoclasica con esculturas simbolistas. Escuela de Bellas Artes. Toulouse. Foto R.Puig.

Fachada neoclásica con esculturas simbolistas. Escuela de Bellas Artes. Toulouse. Foto R.Puig.

En cualquier caso, termino el primer  día confiando en que, al día siguiente, la visita al museo de Les Agustins me compense de esta sospecha.

Els Poblets. Huellas de una larga historia

16 julio, 2013
Ventana trilobulada de de la torre medieval de Mira-rosa. Els Poblets. Foto R.Puig.

Ventana trilobulada de de la torre medieval de Mira-rosa. Els Poblets. Foto R.Puig.

La agrupación de tres núcleos urbanos, La Setla, Mirarrosa y Miraflor vino a formar hace algunas décadas el municipio de Els Poblets. A lo largo de los siglos sus habitantes han dejado huellas de sus vidas. Algunas de ellas forman hoy parte del patrimonio de esta tierra.

El 6 de julio, antes de emprender mi viaje por carretera hacia tierras escandinavas, participé en una visita guiada del alfar de la Almadraba, del casco antiguo de Els Poblets y de su torre señorial de época medieval.

El alfar romano

Fragmento de asa de ánfora. Alfar romano. Els Poblets. Foto R.Puig.

Fragmento de asa de ánfora. Alfar romano. Els Poblets. Foto R.Puig.

La arcilla que se extraía de la capa freática, frente al mar y en las inmediaciones de la playa de la Almadraba, era de excelente calidad para la producción de ánforas y tejas. Los pozos de donde se extraía fueron desenterrados por los arqueólogos hace casi quince años.  En ese lugar hubo una villa romana que, además de la explotación agrícola hasta el siglo V, contó con una industria de cerámica, muy activa entre el siglo I y el siglo III.

El yacimiento romano de Els Poblets nos lo enseñó el arqueólogo Josep Antoni Ahuir.

Dos de los praefurnia. Alfar romano. Els Poblets. Foto R.Puig.

Dos de los praefurnia. Alfar romano. Els Poblets. Foto R.Puig.

Esta villa industrial romana contaba con cuatro talleres organizados en torno a tres hornos similares. Hoy pueden apreciarse los arcos de acceso a las cavidades donde se alimentaba el fuego, así como la superficie refractaria alrededor de los praefornia,  perforada para la ascensión del calor.Se han descubierto hasta dos tipos de ánforas para el transporte del aceite y dos más para el vino.

El laboratorium estaba cubierto bien por una bóveda permanente, bien por cubiertas de ramajes y de arcilla, que se renovaban tras cada una de las hornadas.

Acceso a la camara del fuego de un horno. Alfar romano. Els Poblets. Foto R.Puig.

Acceso a la camara del fuego de un horno. Alfar romano. Els Poblets. Foto R.Puig.

Los basamentos de las distintas estancias de los talleres se aprecian han sido sacados a la luz, aunque aún falta por excavar la zona donde se asentaba la villa del dueño de esta industria.

Muros de talleres. Alfar romano. Els Poblets. Foto R.Puig.

Bases de muros de los talleres. Alfar romano. Els Poblets. Foto R.Puig.

Con una finalidad pedagógica el visitante puede apreciar una alineación (moderna ) de los distintos tipos de ánforas.

Algunas anforas tipicas. Alfar romano. Els Poblets. Foto R.Puig.

Algunas anforas tipicas. Alfar romano. Els Poblets. Foto R.Puig.

También se muestra un recipiente cuadrangular, hecho de grandes tejas fabricadas en el alfar, como los que se utilizaban para amasar la arcilla.

Recipiente de tejas para aamsar arcilla.Alfar romano. Els Poblets. Foto R.Puig.

Recipiente de tejas para aamsar arcilla.Alfar romano. Els Poblets. Foto R.Puig.

La torre medieval de Mirarrosa

La torre medieval de Mira-rosa. Els Poblets. Foto R.Puig.

La torre medieval de Mira-rosa. Els Poblets. Foto R.Puig.

La torre del señor feudal de Mirarrosa, uno de los tres antiguos núcleos de población que, como hemos explicado, forman el actual municipio de Els Poblets, es otra de las huellas arquitectónicas que ha dejado la historia en este pueblo de la Marina Alta.

En torno a la torre hay varias casas que formaban un conjunto al servicio del señorío. La puerta de una de ellas ha sufrido la reforma de un vecino poco respetuoso con el antiguo arco de medio punto.

Arco de medio punto parcialmente destruido en una casa del conjunto clasificado de la torre medieval de Mira-rosa. Els Poblets. Foto R.Puig.

Arco de medio punto parcialmente destruido en una casa del conjunto clasificado de la torre medieval de Mira-rosa. Els Poblets. Foto R.Puig.

Pero la restauración promovida por el ayuntamiento ha salvado la parte más importante, el torreón y su ventana trilobulada (probablemente abierta en el siglo XVII o XVIII), la puerta y otros elementos sobre los que no nos vamos a extender.

Ventana trilobulada.Torre medieval de Mira-rosa. Els Poblets. Foto R.Puig.

Ventana trilobulada.Torre medieval de Mira-rosa. Els Poblets. Foto R.Puig.

La cubierta renovada de la torre evitará a partir de ahora el deterioro de este testimonio de la historia de Els Poblets.

La puerta principal permanece tapiada por su parte externa con un muro de la vivienda adyacente, pero se ha limpiado y puesto en valor por el interior.

Vista del interior de la puerta original de la torre medieval de Mira-rosa. Els Poblets. Foto R.Puig.

Vista del interior de la puerta original de la torre medieval de Mira-rosa. Els Poblets. Foto R.Puig.

El trabajo de recuperación, encomendado por el ayuntamiento al arquitecto e historiador Josep Ivars ha respetado la idiosincrasia de la torre, al tiempo que la ha hecho accesible para el visitante.

El casco antiguo de Els Poblets

De la mano del arquitecto Josep Andrés recorrimos las calles centenarias de dos de los núcleos urbanosla Setlla y Mirarrosa.

Antiguas casas con parapetos contra inundaciones. Els Poblets. Foto R.Puig.

Antiguas casas con parapetos contra inundaciones. Els Poblets. Foto R.Puig.

Nuestro guía nos fue instruyendo sobre el trazado de las antiguas calles y caminos y las características arquitectónicas de las casas cercanas al río, dispuestas de la forma más adecuada para resistir a las crecidas.

Nos explicó también cómo el procurador o batle del señor  distribuyó las concesiones de una parte de la propiedad feudal a vecinos llegados de Mallorca y de comarcas valencianas, para poder edificar en una parcela, con derecho también a un trozo de huerta.

Casas del siglo XVII. Els Poblets. Foto R.Puig.

Casas del siglo XVII. Els Poblets. Foto R.Puig.

La “carta pobla” otorgada por el señor de Setlla y Mirarrosa, Joan Duart, el 5 de setiembre de 1611 a veinticinco pobladores, tan sólo dos años después de la expulsión de los anteriores pobladores moriscos,  explicaba las normas para la distribución de las propiedades.

Josep Andrés ha publicado en la web algunos trabajos al respecto: https://sites.google.com/site/delspoblets/

………………………………………………..

Los participantes, y éste que escribe en particular, quedamos muy agradecidos a los tres expertos citados y a los organizadores de este recorrido, en particular el concejal de Cultura, Salvador Sendra, y al bibliotecario y coordinador de actividades culturales de Els Poblets, Jaume Cervera.

La visita había sido precedida por una cuidadosa serie de conferencias-coloquio sobre todas estas facetas de la historia de Els Poblets y sus principales vestigios impartidas por los tres profesionales arriba mencionados.

Una crónica de las conferencias y de la visita, mucho más completa y documentada que la mía, se encuentra en el blog de Gonçal Vicens Bordes

De lo mágico y lo pragmático. Paseo por Sueca y Gandía.

7 julio, 2013
Siete menos cuarto de la mañana. Foto R.Puig.

Siete menos cuarto de la mañana. Foto R.Puig.

Cuando estoy a la orilla de este mar, el alba me despierta con sus primeras luces y, si logró sacudirme la pereza, puedo asistir a la llegada del disco rojo. Desde que hay seres humanos sobre la tierra el sol ha estado en el origen de todas las magias y creencias en poderes sobrenaturales.

Cuando se asoma sobre el mar ese señor de fuego me siento un poco egipcio, un poco azteca… vamos, que entiendo perfectamente que del largo peregrinaje de la humanidad por el mar y sobre la tierra, la mayor parte se haya desarrollado bajo el imperio de la magia, bajo el dominio de las creencias en lo inexplicable, en lo irrazonable

Cúpulas.Sueca. Foto R.Puig.

Cúpulas.Sueca. Foto R.Puig.

Cosas y magias de por aquí

El otro día volví a Sueca. Digo volví, porque no lo hacía desde que tuve nueve años y casi muero de fiebres tifoideas muy cerca, en El Perelló, entonces un pueblín, durante una de aquellas interminable vacaciones escolares del larguísimo franquismo, cuando el brazo de tierra y arena entre la Albufera de Valencia y el mar no estaba lleno de torres.

Sol triste. Sueca. N.Sra. de Sales.Foto R.Puig

Sol triste. Sueca. N.Sra. de Sales.Foto R.Puig

En Sueca hay también un sol mágico, está en la fachada de Nuestra Señora de Sales. Entre los azulejos que ilustran las leyendas de la Pasión hay uno del astro rey, no triunfante como el de los egipcios, no solicitando sacrificios humanos como el de los aztecas, sino entristeciéndose por el más famoso de los sacrificados.

El ripio del poeta anónimo lo expresa así:

El sol eclipsado ofrece

un testimonio profundo

de que el cielo se estremece

al dejar Cristo este mundo.

Un escritor de otro tiempo y lugar explicaba de otro modo el sacrificio del Gólgota,  por boca de uno de sus personajes, un viejo maestro de piano (de su novela «Los falsificadores de moneda»)

‘No, no, exclamó confusamente; el diablo y el Buen Dios son el mismo; se entienden. Pretendemos creer que todo lo malo sobre la tierra procede del diablo; pues de otro modo no hallaríamos en nosotros la fuerza de  perdonar a Dios. Se divierte con nosotros como el gato que atormenta al ratón… Y para colmo pide que le estemos agradecidos. ¿Agradecidos de qué? de qué?…’

Luego, aproximándose hacia mí:

‘¿Y sabe qué es lo más horrible de todo lo que ha hecho?… ¡Es haber sacrificado a su propio hijo para salvarnos!… La crueldad, he ahí el primero de los atributos de Dios’

(André GideLes faux-monnayeurs, 1925, Folio Gallimard, pp. 377-378)

Sea como sea, en Sueca, los franciscanos que fundaron el convento y la rutilante iglesia barroca de Nuestra Señora de Sales, siguen pidiendo una limosna para esas almas que el sacrificio de Cristo se supone redimió de una mancha heredada, tenaz y universal.

Una limosna por las almas del purgatorio. Sueca. Foto R.Puig.

Una limosna por las almas del purgatorio. Sueca. Foto R.Puig.

Al parecer necesitan todavía de la magia de unos euros para salir del purgatorio.

A Dios rogando y con el mazo dando

Pero sobre la veleta de este templo campea el pragmatismo valenciano: un campesino ara sus tierras, un suecano se levanta con el sol todas las mañanas, no para adorarle sino para mirar realista hacia la tierra.

El labrador en su veleta. Sueca. N.Sra. de Sales.Foto R.Puig

El labrador en su veleta. Sueca. N.Sra. de Sales.Foto R.Puig

No en vano, el nombre de origen árabe de esta antigua villa significa mercadillo.

Los campos de arroz son la viva demostración de la creencia en lo concreto del agricultor, de la tenacidad de las gentes de esta tierra. No obstante ¿es que el arroz no tiene algo de mágico?

La muntanyeta.Sueca. Foto R.Puig.

La muntanyeta. Sueca. Foto R.Puig.

Esa sensación nos da la visita a la muntanyeta, la Montaña de los Santos, único saliente rocoso del término municipal.

A lo lejos Valencia.

Arrozales y Valencia al fondo desde la muntanyeta..Sueca. Foto R.Puig

Arrozales y Valencia al fondo desde la muntanyeta..Sueca. Foto R.Puig

Desde su mirador se puede admirar la extensión de los arrozales. Esa soledad sin nadie tiene algo extraño, pareciera que el arroz creciese sin una mano humana que lo vele.

La vista tiene algo de espejismo.

Arrozales sin fin. Sueca. Foto R.Puig.

Arrozales sin fin. Sueca. Foto R.Puig.

Pero el arroz es la viva demostración no de una magia sobrenatural sino del arte de vivir.

Arroz de Sueca. Foto R.Puig.

Arroz de Sueca. Foto R.Puig.

Aquí se celebra todos los años el Concurso internacional de paellas. Si te pones a hablar de arroz en la barra del bar, a poco que muestres interés, acabarán explicándote una receta que no conocías, una de las infinitas formas de cocinar con arroz. Y no me preguntéis por qué en el escudo de Sueca el nombre de la villa lleva una hache intercalada.

Cúpulas. Sueca. Foto R.Puig.

La cerámica azul de las cúpulas. Sueca. Foto R.Puig.

También parece que la magia corona las iglesias, la de sus artesanos, esos que han fabricado las cúpulas de refulgente cerámica azul de la iglesia de San Pere.

Pere es ese San Pedro que se puso tan triste cuando el gallo cantó, como ilustra de nuevo la fachada de Nuestra Señora de Sales.

El gallo de la Pasion. Sueca. Foto R.Puig.

El gallo de la Pasión. Sueca. Foto R.Puig.

Y más tarde, como el poeta artesano nos cuenta, la luna también se nubló de tristeza..

Luna triste. Sueca. N.Sra. de Sales.Foto R.Puig

Luna triste. Sueca. Nuestra Señora de Sales.Foto R.Puig

A Dios rogando y los Duques mandando

De vuelta a Els poblets me detengo en Gandía donde pervive otra historia de esta tierra, la de los descendientes de un papa de vida disoluta, Alejandro VI Borgia,  natural de Játiva, que de Roma acabaron volviendo a las orillas del Serpis.

Patio interior del Palacio Ducal. Gandía. Foto R.Puig.

Patio interior del Palacio Ducal. Gandía. Foto R.Puig.

Pues a la vera del río está el Palacio Ducal. Allí alternaban los cortesanos con los intelectuales y los funcionarios, algunos de familias de conversos, al servicio de los Borja de Gandía.

No sé lo que significa esta escultura extraña junto a la entrada, pero tiene algo de inquietante.

Alter ego. Palacio Ducal. Gandía. Foto R.Puig.

Alter ego. Palacio Ducal. Gandía. Foto R.Puig.

¿Es un hombre con dos cabezas? ¿Es un símbolo del alter ego o una escenificación de la persona y su conciencia? ¿El de atrás previene al otro de una desgracia inminente? ¿O se trata del proverbio «si un ciego guía a otro ciego ambos caen en el hoyo»?

La verdad es que, aunque ahora sus patios son tranquilos y sus portales y galerías acogen a los turistas, por estos mundos se vivieron muchas violencias y se derramó mucha sangre.

Algo de sangre le hicieron también los cilicios a San Francisco de Borja, duque que se volvió asceta y llegó a General de la Compañía de Jesús. El palacio exhibe su camastro como una reliquia, aunque la historia nos hable de los pleitos del santo con la numerosa prole de su padre y de la segunda esposa de éste, para retener la propiedad de los lugares. Quién sabe si esta querella crematística fue o no compatible con su voto de pobreza, pero puede que al quedar en manos de la Orden, este palacio se haya salvado.

Acceso a la terraza. Palacio Ducal. Gandía. Foto R.Puig.

Acceso a la terraza. Palacio Ducal. Gandía. Foto R.Puig.

Sobreviven escasamente cuatro padres jesuitas, ya entrados en años, que habitan un ala del edificio, lo que asegura que el colegio de la otra ala del palacio siga las reglas de la enseñanza jesuítica. ¿Por cuánto tiempo aún?

Calma y voluptad. Playa Almadrava. Foto R.Puig.

Calma y voluptuosidad. Playa Almadrava. Foto R.Puig.

Volviendo al mar y a la poesía

De vuelta a mi playa con un pequeño cargamento de genuino arroz de Sueca.

No quiero terminar con cosas tristes, sino con las velas al viento y con un soneto de un poeta nacido en tierras alicantinas, que añora su mar y juega con las palabras desde la casa de la sierra de Guadarrama donde escribe:

No puedo concebir el mar sin mí

ni puedo concebirme sin el mar:

nací junto a la ausencia de mi mar

y su memoria azul habita en mí.

 

Con su claro prestigio vibra en mí

la sonora presencia de mi mar:

la voz apasionada de mi mar

me dice que sin él no hay yo ni hay mí.

 

Y tan hondo el amor alienta en mí

que cuando no estoy cerca de mi mar

siento mi corazón lejos de mí.

 

Eternamente unidos yo y mi mar:

porque mi mar es ya parte de mí,

y un día seré parte de mi mar.

 

Antonio Porpetta. “Canto final” en Seis poemas de “Adagio mediterráneo,

Cançoner del Magnànim 2008, Valencia 2009, p.177.

El «milagro» de San Cristóbal en la hagiografía valenciana y el largo calvario de la familia de Juan Luis Vives, exiliado y renovador del pensamiento europeo

30 junio, 2013
Juan Luis Vives. Oleo moderno en la Universidad de Lovaina.

Juan Luis Vives. Óleo moderno en la Universidad de Lovaina.

 

Para Dora, Baltasar, Ana,  Jaume y Pere

Doy las gracias a mis convecinos por haber venido a escucharme en la charla que di hace dos días en la biblioteca Enric Valor de Els Poblets sobre las ideas sociales de Juan Luis Vives  (Valencia 1493 – Brujas 1540).

Casualmente ayer leí algo en el diario Levante de ese mismo viernes que se relacionaba con los temas hablados en la charla.

Así que paso a citar lo que he encontrado en esas páginas:

El barrio de la judería de Valencia fue donado por Jaime I a los judíos que quisieron venir a habitar Valencia. La muralla del barrio judío tenía siete puertas y junto a una de ellas, en la llamada plaza de la Figuera tenían su sinagoga

Es famoso en los anales de nuestra historia el milagro de San Christoval ocurrido el 9 de julio de 1391

(De sendos artículos de Baltasar Bueno publicados en el Diario Levante respectivamente el 7 julio del 2012 y el 29 de junio del 2013)

Este columnista narra que, según se dice y registra una deliberación del Consejo de la Ciudad en 1658, en aquel día de finales del siglo XIV debajo de la sinagoga se escuchó por tres veces una gran voz que decía ¡judíos, fuera de mi casa!

El cronista añade el siguiente eufemismo:

Era una época en que había grandes tensiones entre las comunidades cristiana, judía y musulmana que existían en Valencia

Pues bien, en realidad estaba en marcha una furiosa campaña de depuración étnica contra los judíos españoles en muchas ciudades de la península.

Lo que refleja mejor cuando escribe que

Se enteraron los cristianos y se amotinaron contra los judíos, a los que en buena parte pasaron a cuchillo. Los que pudieron se refugiaron en la sinagoga y pidieron bautizarse cristianos, salvándose de una muerte certera

Este especialista en tradiciones valencianas agrega que el portento consistió en que bajo aquella sinagoga, que con la excusa de las voces estaban demoliendo los piadosos valencianos, apareció “milagrosamente” una estatua de San Cristóbal, que hoy se venera en el Convento de las Canonesas de Valencia. Por lo visto, el que gritaba era San Cristóbal

Devoto de San Cristobal. Reproduccion de un dibujo de Hans Holbein para el Elogio de la locura de Erasmo

Devoto de San Cristóbal. Reproduccion de un dibujo de Hans Holbein para el Elogio de la locura de Erasmo

En 1969 la Iglesia Católica concluyó que la historia de este santo es una leyenda y que nunca hubo ni existencia ni canonización del tal San Cristóbal, por mucho que canonesas y camioneros lo sigan venerando y los católicos valencianos lo consideren su patrón. Así que difícilmente pudo ese falso santo dar voces desde el subsuelo.

Una vez más alguien urdió un montaje para eliminar a los envidiados y prósperos judíos valencianos y para quedarse con el codiciado barrio donde vivían, obligándoles violentamente a mudarse a otra zona de Valencia, a bautizarse y a cambiar de nombre por la fuerza.

De tal manera que Abraham Abenfaçam y su hijo Jacob Abenfaçam, padre del tatarabuelo paterno de Juan Luis Vives, fueron obligados a bautizarse y cambiarse en Francesc y Gabriel Vives respectivamente.

Estereotipo de judio en la Presentación de la Virgen en el templo. Maestro de Calzada.Museo de Bellas Artes de Valencia. Foto R.Puig.

Estereotipo de judio en la Presentación de la Virgen en el templo. Maestro de Calzada.Museo de Bellas Artes de Valencia. Foto R.Puig.

La tragedia de los antepasados y de la familia cercana de Juan Luis Vives

Estas historietas de Baltasar Bueno revisten de tradición y piedad lo que es el comienzo de una dura historia de intolerancia religiosa, xenofobia y depuración étnica que destruyó varias generaciones de la familia del humanista Juan Luis Vives. Aquella ola de asesinatos de judíos españoles se remonta a los pogromos de 1391.  Comenzaron en Sevilla, impulsados por prédicas de frailes,  se extendieron por toda España al grito de “bautismo o muerte”, pasando por los inflamados mensajes de San Vicente Ferrer contra los moros y judíos españoles y la matanza de aquel nefasto 9 de julio.

Continuaron en el XV con  la expulsión de los judíos españoles en 1492. Curiosamente un “converso” valenciano, Luis Santángel, emparentado con los Vives, había aportado parte de la financiación de la expedición de Colón a América.

A fines de ese siglo y hasta bien entrado el siglo XVI la persecución se cebó de nuevo en Valencia con las torturas inquisitoriales y los autos de fe de los conversos. En 1524 quemaron vivo a Luis Vives Valeriola, padre de Juan Luis Vives, y a muchos otros. Varios miembros de la familia de su madre, Blanquina March, habían sido ya ejecutados el 9 de julio de 1501 (otra vez la triste fecha como en los asesinatos masivos de 1391).

El resto de la familia paterna y materna del humanista fue casi completamente aniquilada y expropiada. Sus hermanas, una, la más joven, murió de peste en los calabozos del Santo Oficio y las otras dos quedaron en la miseria, cuando a su madre, muerta veinte años antes, la condenaron por segunda vez y quemaron su efigie en 1528, con la aviesa intención de arrebatar a la familia sus últimas propiedades.

(Referencias: García, Angelina. Els Vives. Una familia de jueus valencians. València, Editions Tres i Quatre, Eliseu Climent Editor, 1987 o García Cárcel, Ricardo. “La familia de Luis Vives y la Inquisición” en el Volumen Introductorio a las Opera Omnia de Juan Luis Vives, València, Edicions Alfons el Magnànim, Instituto de Cultura Juan Gil-Albert y Universitat de València, 1992, pp.489-519.)

Exilio de Juan Luis Vives

En 1509, sabiendo su padre que en España aquel hijo inteligente e inquieto, nunca podría abrirse camino y siempre sería un paria más, un sospechoso converso vigilado por los envidiosos y bajo la amenaza de ser procesado con cualquier pretexto, lo envió a París, con dieciséis años, a continuar la formación que ya había comenzado en el Estudi General de Valencia.

Portada de De concordia et discordia in humano genere. Juan Luis Vives. Leyden 1532

Portada de De concordia et discordia in humano genere. Juan Luis Vives. Leyden 1532

Cuando en 1522 muere Antonio de Nebrija la Universidad de Alcalá de Henares le escribe a Juan Luis Vives, a la sazón profesor en la de Lovaina, ofreciéndole la cátedra vacante del gran filólogo español. En aquel año el padre de Vives (acusado de cumplir con los ayunos judíos, no trabajar los sábados, besar las manos de sus progenitores y otros crímenes similares) entraba en prisión y empezaba a ser torturado a sus cincuenta y ocho años en los calabozos valencianos del Santo Oficio, que le asesinaría quemándolo vivo en medio de la vergüenza pública y apropiándose de sus bienes, en 1524.

Juan Luis Vives nunca pudo volver a aquella España dominada por la intolerancia.

Un discípulo de nuestro humanista, Rodrigo Manrique, pariente del Inquisidor General Alonso Manrique, escribe a su maestro desde París el 9 de diciembre de 1533 y, entre otras cosas, le dice:

Preferiría permanecer en la mayor barbarie e incultura, antes que volver nunca a una patria tan ingrata cono la mía. Porque, dime, por favor, ¿qué puede pensarse más detestable que recorrer las escuelas y los países para alcanzar más erudición y más habilidad en el manejo de los negocios y, de vuelta a la patria, ser acusado o mejor dicho, ser calumniado de hereje?

(Vives, Juan Luis.  Epistolario. Edición y estudio introductorio de José Jiménez Delgado, Madrid, Editora Nacional, 1978, pág.588)

Las torres de Serranos. Fines del siglo XIV. Valencia. Foto R.Puig.

Las torres de Serranos. Fines del siglo XIV. Valencia. Foto R.Puig.

No se puede servir a Dios y al Diablo

Así que, sería deseable que los devotos valencianos, cuando saquen en procesión a San Cristobal, piensen alguna vez en todas las atrocidades que se cometieron en nombre de ese falso santo.

Resulta un poco contradictorio incensar ese mito, conmemorar ese “milagro” y al mismo tiempo celebrar con ditirambos a Juan Luis Vives, como el más ilustre pensador y humanista valenciano de la historia de Europa. O una cosa o la otra.

La represión que por varios siglos se ejerció en España contra disidentes religiosos o ideológicos y sus minorías étnicas es diametralmente opuesta al pensamiento de aquél que proclamaba:

Cogitatus liber. Cogitatus quis coget. Vis veritatis. Homo homini par. (Satellitium animi, 1524)

El pensamiento es libre. ¿Quién podrá forzarle? ¡La fuerza de la verdad! ¡Nadie es más que nadie! (Escolta del alma, 1524)

Vives estuvo siempre en contra de aquellos frailes, teólogos o simplemente gentes ordinarias que se ponían al servicio de la persecución inquisitorial, ésos que

testifican, inquieren, acusan, se pronuncian, condenan, castigan (con la pérdida de fama, posesiones y vida).

¿Cómo pueden juzgar  lo que nunca vieron, ni siquiera en sueños?

(De Concordia et discordia in humano genere, 1529)

 

Resulta triste que Vives nunca pudiera volver a pasear por el Carrer de la Taverna del Gallo, en donde en uno de sus Díalogos latinos («Camino de la escuela») recuerda haber vivido en su niñez. Esa calle y la casa de su padre estaban por la zona de la Valencia actual entre el Colegio del Patriarca y la Plaza de Margarita Valdauraen memoria de quien fue su esposa,  hija también de una familia de conversos que se pusieron a salvo en Brujas tras las atrocidades antisemitas de finales del siglo XIV.

Ofrezco aquí la portada de la edición castellana de esos Diálogos en versión bilingüe, traducidos por Christoval Corèt y Peris e impresa por Antonio Balle en Valencia en 1723. Se indica en ella que los ejemplares se venden en casa de Joseph Cardona, Mercader de Libros, en la plaza de la Seo (versión digital en Google Play).

Portada de los Dialogos de Vives. Valencia 1731.

Portada de los Diálogos de Vives. Valencia 1731.


Dos trabajos míos en relación con Juan Luis Vives

Puig de la Bellacasa, Ramón. La discapacidad y la rehabilitación en Juan Luis Vives. Incluye una colaboración de Constant Matheussen. Madrid, Real Patronato de Prevención y de Atención a Personas con Minusvalías, setiembre de 1993, 108 páginas . (texto corregido por el autor en 2006)

Filmación en vídeo : Juan Luis Vives y la Pobreza y la Discapacidad

Veranos

23 junio, 2013
Cigueñas de Guadarrama. Foto R.Puig

Cigüeñas de Guadarrama. Foto R.Puig

Para Manolo

El verano, como las cigüeñas de nuestras torres,  vuelve siempre como un eterno compañero, como el hijo de la primavera y el padre del otoño, pero nuestros veranos fueron y son siempre distintos. De las largas vacaciones escolares de nuestra infancia a este verano de ahora ¡cuántas reminiscencias, cuántos lugares evocados, cuántas imágenes desvaídas o nítidas!

Las últimas dos semanas han ido trayendo el verano casi a rastras, entre fríos y calores, a esta sufrida península.  Nosotros lo hemos sentido llegar entre mis tierras madrileñas y mi pueblo de adopción, por el borde de la meseta sur y las laderas de la sierra de Guadarrama y el mar de Alicante.

La subida a las montañas de Madrid tiene en Torrelodones un microclima intermedio y particularmente sano, donde no sólo vivimos hace años sino que es un destino donde nos reciben nuestros nietos.

Torrelodones. Foto R.Puig.

Torrelodones. Foto R.Puig.

La sierra entera lleva el nombre de su río principal y de una villa hecha de granito y siglos. Me refiero a Guadarrama, adonde no habíamos vuelto desde hacía más de veinte años y por donde Manolo, mi amigo desde hace cuarenta, nos ha guiado con sus conocimientos de habitante de varias décadas de este pueblo, presidido por un panorama que abarca desde el extremo suroeste del sistema hasta los picos de la Pedriza, con Siete Picos como principal protagonista.

Guadarrama. Fuente de San Miguel.1735.Foto R.Puig.

Guadarrama. Fuente de San Miguel.1735.Foto R.Puig.

Paseamos por su vieja plaza, camino de un bar en el que Manolo nos invita a unas gambas a la plancha que, aunque traídas desde Huelva, atraen desde hace años a los veraneantes de todos los pueblos de esta sierra.

Pero hay un castellano viejo que, sentado en su banco, no parece tener prisa, mudo testigo de la vida del pueblo.

Un reposo.Guadarrama.Foto R.Puig.

Un reposo.Guadarrama.Foto R.Puig.

En la misma plaza resiste desde hace algunos siglos uno de los pocos olmos vetustos que aún quedan por estas latitudes, pues las plagas de grafiosis  han ido devorando (se trata de unos insaciables escarabajos) estos árboles que, dice la tradición, empezaron a plantarse por estos pueblos en la época de los Reyes Católicos.

El olmo centenario de Guadarrama. Foto R.Puig.

El olmo centenario de Guadarrama. Foto R.Puig.

Aunque las cigüeñas seguirán desplegando sus alas año tras año sobre las torres de piedra de las iglesias.

Cigüeñas de Guadarrarma.Foto R.Puig.

Cigüeñas de Guadarrarma.Foto R.Puig.

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Nosotros nos vamos por carretera hacia la Marina Alta donde sus atardeceres nos reciben como siempre.

Cae la tarde por el lado oeste de la Almadraba. Foto R.Puig.

Cae la tarde por el lado oeste de la Almadraba. Foto R.Puig.

El mar no se fatiga y nosotros tampoco nos cansamos de mirarlo.

El sol se ha puesto por el  oeste de la Almadraba. Foto R.Puig.

El sol se ha puesto por el oeste de la Almadraba. Foto R.Puig.

Aquí no son las cigüeñas sino las golondrinas las que han vuelto a anidar (y a poner perdida la pared del vecino); las crías piando y aguardando a la madre.

Esperando a mamá. Foto R.Puig.

Esperando a mamá. Foto R.Puig.

La madre volando y retornando sin cesar al nido con la pitanza para sus polluelos insaciables.

Mamá golondrina trae el buche lleno.Foto R.Puig.

Mamá golondrina trae el buche lleno.Foto R.Puig.

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Cuando el verano parece que se ha instalado puntualmente, un frente frío se estrella contra el bochorno ambiente y nos regala una hermosa tormenta sobre el mar.

Tarde de tormenta sobre el mar. Foto R.Puig.

Tarde de tormenta sobre el mar. Foto R.Puig.

Al día siguiente, los obreros del ayuntamiento han venido a preparar los focos para la noche de San Juan.

Las mesas se van alineando en la playa y toda clase de muebles viejos se amontonan para la tradicional pira que va a iluminar la noche en la playa de La Almadraba.

Preparando los focos para la noche de San Juan. Playa de la Almadrava. Foto R.Puig.

Preparando los focos para la noche de San Juan. Playa de la Almadrava. Foto R.Puig.

Los trastos desechados arderán, pero el esqueleto de una obra inconclusa sigue no muy lejos, con sus ventanas sin ojos, como testigo mudo de los excesos de la burbuja inmobiliaria que ha parado en seco muchos sueños ilusos.

Els Poblets.Ne quid nimis. Foto R.Puig

Els Poblets.Ne quid nimis. Foto R.Puig

No sé si esta crisis será como un fuego purificador. Por el momento parece que abrasa a los más inermes y aumenta los ocultos patrimonios de los que siempre flotan.  La noche de San Juan, que conmemora en la liturgia católica el nacimiento del Bautista,  ha venido y ha pasado. En realidad, la cosa viene de más lejos, de las fiestas paganas por la llegada del verano, cuando los días son los más largos de año.

Sea como sea, entre la música de la orquesta popular, el baile, los bocatas, el vino como líquido litúrgico de otro tipo de bautismo y el humo de las fogueres, los vecinos han olvidado penas y compartido mesa con amigos y familiares.

Aserrín,

Aserrán,

las hogueras de San Juan,

¡el de adelante corre mucho,

el de atrás se quedará!!!

Fogueres de San Joan. Els Poblets. Foto R.Puig.

Fogueres de San Joan. Els Poblets. Foto R.Puig.

Ahora sí, el verano ha sido bautizado.

Fisionomías (VII) y divagaciones inglesas (III): entre la Tate Britain y la Tate Modern

16 junio, 2013
Entrada a la sala de Henry Moore.Tate Britain.Foto R.Puig

Entrada a la sala de Henry Moore.Tate Britain.Foto R.Puig

Han pasado ya varias semanas de mi paseo por Londres pero aún me quedan flechas en el carcaj. Así que no puedo resistir a la tentación de compartir algunas de mis sensaciones en dos de los soberbios museos Tate que bordean el Támesis.

Tate Britain

La Tate Britain ofrece actualmente un ordenado y nutrido recorrido del arte inglés desde el siglo XVI al XX. Me ha servido, aunque no exclusivamente, para incrementar mi archivo de las fisionomías que los artistas han ido plasmando a lo largo de los siglos.

Fachada de la Tate Britain. Londres Foto R.Puig.

Fachada de la Tate Britain. Londres Foto R.Puig.

Hoy es el turno de algunos pintores ingleses.

Sin seguir un orden cronológico comienzo por William Hogarth (1697-1764). No sólo fue un apasionado de la fisionomía, sobre la que escribió un tratado, sino que en un lienzo agrupó los rostros de seis de sus criados, de los cuales tan sólo se conoce el nombre de dos.

William Hogarth. Seis de sus criados.Tate Britain.Foto R.Puig

William Hogarth. Seis de sus criados.Tate Britain.Foto R.Puig

Mucho se ha dicho sobre este lienzo y yo no voy a descubrir nada nuevo. Pero me produce una extraña sensación. Dicen que el artista gozaba del aprecio de sus fámulos y que seleccionó a estos seis con afecto pero con un objetivo fisiognómico, recogiendo en la tela varias edades de ambos sexos.

William Hogarth. Seis de sus criados. detalle.Tate Britain.Foto R.Puig

William Hogarth. Seis de sus criados. detalle.Tate Britain.Foto R.Puig

Cuentan que lo tenía en su despacho, con objeto de que posibles clientes admirasen su destreza y se animasen a encomendarle un retrato. Debo confesar que a mí esta colección de cabezas me da cierta grima.

Aunque estas expresiones del arte del retrato de Hogarth sean una lección de pintura, creo que sus fieles servidores se habrían merecido un retrato de cuerpo entero o cuando menos de cintura para arriba. Ya un siglo antes Velázquez había dedicado magníficos retratos individuales a personajes humildes con los que se relacionó, no sólo los de los bufones y enanos de la Corte, sino el extraordinario retrato del esclavo Juan de Pareja liberado por el artista, por no hablar de las sirvientas que por entonces también pintaba Vermeer

Sea como sea, este ejercicio de Fisiognómica de Hogarth con las cabezas de sus criados, agrupadas en un solo lienzo y no obstante la mirada ilusionada de algunos de los retratados, me produce la impresión de una reunión de trofeos cinegéticos.

Otros retratos

Peter Lely. La condesa de Kildare.Tate Britain.Foto R.Puig.

Peter Lely. La condesa de Kildare.Tate Britain.Foto R.Puig.

No se redujo a la cabeza a quienes podían pagarse un retrato de postín, como es el caso de los trabajos de Adam de Colone (1572-1651),  Peter Lely (1618-1680), Benedetto Gennari (1633-1715) o Joshua Reynolds (1723-1792), dedicados a damas de la aristocracia, rozagantes, exquisitas, exaltadas o altivas.

Adam de Colone.Lady Livingstone. Tate Britain.Foto R.Puig.

Adam de Colone.Lady Livingstone. Tate Britain.Foto R.Puig.

Benedetto Gennari. La catolica Elizabeth Panton en el exilio retratada como Santa Catalina.Tate Britain.Foto R.Puig.

Benedetto Gennari. La catolica Elizabeth Panton en el exilio retratada como Santa Catalina.Tate Britain.Foto R.Puig.

Joshua Reynolds.Three ladies adorning a terme of Hymen. Detalle.Tate Britain.Foto R.Puig

Joshua Reynolds.Three ladies adorning a terme of Hymen. Detalle.Tate Britain.Foto R.Puig

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También en el siglo XVIII, Joseph Highmore (1692-1780), Thomas Gainsborough (1727-1788) y Nathaniel Dance-Holland (1735-1811) harán algo parecido con los retratos varoniles en grupo, sin que tampoco redujeran la imagen de sus clientes adinerados o nobles a una agrupación de cabezas. Quien paga tiene derecho a una escena de amistosa tertulia burguesa, a una composición bucólica o a ser representado en Roma, en pleno Grand Tour, ese viaje por Italia que todo hijo de familia noble debía realizar para ser considerado culto.

Joseph Highmore.Mister Oldham y sus huespedes.Tate Britain.Foto R.Puig

Joseph Highmore.Mister Oldham y sus huespedes.Tate Britain.Foto R.Puig

Thomas Gainsborough. Detalle de tres caballeros en un paisaje.Tate Britain.Foto R.Puig

Thomas Gainsborough. Detalle de tres caballeros en un paisaje.Tate Britain.Foto R.Puig

Nathaniel Dance Holland. Detalle de cuatro caballeros ante el Coliseo de RomaTate Britain.Foto R.Puig

Nathaniel Dance Holland. Detalle de cuatro caballeros ante el Coliseo de RomaTate Britain.Foto R.Puig

Como podréis apreciar, todas estas muestras, dicho con toda mi simpatía, van reflejando fisionomías de lo más british. ¿O no?

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Con un estilo prerrafaelita, Henry Alexander Bowler (1824-1903), o con la pincelada impresionista,  John Singer Sargent (1856-1925) y George Clausen (1852-1944), dejaron obras  que denotan un cambio de rumbo en los rostros de la pintura inglesa.

Henri Alexander Bowler. La duda o Podrán resucitar estos huesos.Tate Britain.Foto R.Puig.

Henri Alexander Bowler. La duda o ¿Podrán resucitar estos huesos?.Tate Britain.Foto R.Puig.

John Singer Sargent. Vernon Lee.Tate Britain.Foto R.Puig

John Singer Sargent. Retrato de Vernon Lee.Tate Britain.Foto R.Puig

George Clausen. Brown eyes.Tate Britain.Foto R.Puig.

George Clausen. Brown eyes.Tate Britain.Foto R.Puig.

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Para acabar con escultura, me despido de la Tate Britain con dos bustos que atrajeron mi atención, uno del siglo XIX, la Daphne de George Frederic Watts (1817-1904), y otro una terracota del siglo XVII de autor anónimo que representa con aires imperiales al rey Jaime II de Inglaterra

George Frederic Watts. Daphne.Tate Britain.Foto R.Puig.

George Frederic Watts. Daphne.Tate Britain.Foto R.Puig.

Autor desconocido. Jaime II.Tate Britain.Foto R.Puig.

Autor desconocido. Jaime II.Tate Britain.Foto R.Puig.

Tate Modern

Milennium Bridge. Londres. Foto R.Puig.

Milennium Bridge. Londres. Foto R.Puig.

Por el Millenium Bridge se llega con gran solemnidad a la Tate Modern, que como su nombre indica, está dedicada al arte moderno y contemporáneo, complementando en algunos casos a la Tate Britain.

Desde Millenium Bridge. Londres. Foto R.Puig.

Desde Millenium Bridge. Londres. Foto R.Puig.

En el recorrido se aprecia la vista del nuevo skyline londinense.

Y en las escaleras del museo, la sensación de una moderna arquitectura de interiores.

Por las escaleras de la Tate Modern. Foto R.Puig

Por las escaleras de la Tate Modern. Foto R.Puig

Me faltaba ya tiempo, pero durante una hora y media recorrí por primera vez las salas de la colección permanente y guardé algunas fotografías, entre las cuales, de forma aleatoria, selecciono hoy un reducido número para esta página.

En la salas de arte abstracto

Paule Vezelay. Formas del gris.Tate Modern. Foto R.Puig

Paule Vezelay. Formas del gris.Tate Modern. Foto R.Puig

En las salas dedicadas al Minimalismo

Sala del Minimalismo.Tate Modern. Foto R.Puig

Sala del Minimalismo.Tate Modern. Foto R.Puig

O en la de Rothko

Sala Rothko.Tate Modern. Foto R.Puig

Sala Rothko.Tate Modern. Foto R.Puig

De su obra meditativa al ajetreo. En las cercanías de la Tate Modern se encuentran el puente y la estación de Blackfriars, que experimentan en estos momentos grandes obras de renovación.

Blackfriars Bridge en obras.Londres. Foto R.Puig.

Blackfriars Bridge en obras.Londres. Foto R.Puig.

Blackfriars Bridge en obras. Londres. Foto R.Puig.

Blackfriars Bridge en obras. Londres. Foto R.Puig.

Pero acabo deseando a los lectores los buenos días con una obra que siempre me ha producido una sensación de calma, “Morning” de Dod Procter, nombre artístico de casada de  Doris Margaret Shaw (1890-1972).

Dod Procter. Morning.Tate Modern. Foto R.Puig

Dod Procter. Morning.Tate Modern. Foto R.Puig

¡Dulces sueños y suaves amaneceres!

Dod Procter. Morning.Detalle. Tate Modern. Foto R.Puig

Dod Procter. Morning.Detalle. Tate Modern. Foto R.Puig