Cementerio judío en Gotemburgo. Decadencia y presentimientos
Aunque no comulgues con un credo religioso ni te identifiques con etnia alguna, la visita al cementerio judío de Gotemburgo en Frigagatan no deja indiferente. En realidad infunde tristeza y da que pensar.
A mi modesto saber y entender, el judaísmo se define bien por una fe y una práctica religiosas, bien por unas tradiciones socio-culturales, o incluso por la convicción más o menos simbólica de ser descendientes de un milenario tronco común, de una etnia originaria. Conviene añadir que esta idea de una identidad genética ha sido históricamente corregida y muchos judíos ya no la comparten.
Por desgracia, numerosos europeos a lo largo de la historia, y sobre todo en la Europa de los años treinta, descubrieron su supuesta identidad genética por las leyes racistas que se les imponían. Para colmo se encontraron con la amarga sorpresa de unos conciudadanos que les estigmatizaban, les obligaban a vivir en guetos y con monótona periodicidad les expoliaban por ser judíos.
Un lugar que hace pensar
Su viejo cementerio te hace pensar en aquellos que lo fundaron al ser acogidos en Suecia hace siglos o decenios. Para ello es irrelevante que aquellas familias descendiesen o no de los que fueron expulsados de Jerusalén por el emperador Tito en el año 70 de nuestra era.
El cementerio lo había divisado a veces desde el tren, otras desde lo alto de la autopista E6 al salir de la ciudad, rodeado por aparcamientos, por las vías de la estación central y por el tráfico de una avenida aledaña, como un territorio acorralado, como un espacio de memoria y duelo en decadencia.
Desde 1792 en que se obtuvo la concesión, las familias de judíos suecos, muchas de ellas bien conocidas por su contribución al progreso de esta ciudad y de este país, se hacían sepultar en este terreno.
El tiempo ha borrado fechas y nombres de los que murieron en el siglo XVIII y en los comienzos del XIX.
No obstante aún siguen sin borrarse los apellidos, entre otros, de los Abramson o Abrahamson, los Wolff, los Simon, los Jonason, los Judelowsky, los Lapidus, los Koch, los Löwenthal, los Levisson, los Leman, los Fürstenberg, los Heyman, los Henriques, los Meyer, los Magnus o los Mannheimer (a esta familia pertenece la última sepultura de este cementerio, la más reciente, que data ya del año 2004).
La capilla, de estilo morisco-sefardita, como las sinagogas españolas, se construyó en 1864 y ha sido restaurada hace siete años.
En 1775 firmó el rey Gustavo III la autorización a familias judías procedentes de Alemania para instalarse en la región de Gotemburgo. Llegaron en 1779 a la isla de Martstrand y se mudaron en 1805 a la ciudad, donde ya se había autorizado la residencia desde 1780 del alemán David Abraham y su familia. En Estocolmo la comunidad judía se constituyó desde 1774.
El crecimiento de Gotemburgo se vio favorecido por la acción de aquellas familias que invertían parte de las ganancias de su laboriosidad artesanal o profesional, comercial e industrial, en mecenazgos de carácter cultural y educativo: museo, teatro, periódicos, bibliotecas, sala de conciertos, escuela de bellas artes.
En 1870 los judíos de Suecia obtuvieron los mismos derechos que todos los ciudadanos suecos.
La prosperidad y la equiparación de los suecos de identidad judía produjo un efecto de llamada entre 1895 y 1905 en las comunidades judías de Rusia, Polonia y países bálticos, que se refugiaban en Suecia escapando de las frecuentes persecuciones y pogromos de fines del siglo XIX que preludiaban el antisemitismo homicida de la Alemania de los años 30 y de otros regímenes fascistas de entonces.
La llegada de los “autobuses blancos” de la Cruz Roja en 1945 con supervivientes del Holocausto engrosó la comunidad judía en Suecia, como siguió ocurriendo en 1956 desde Hungría y en 1969 desde Polonia, pues tras el fracaso de los levantamientos contra la ocupación comunista muchos judíos emigraron a Suecia, escapando del antisemitismo en países soviéticos.
En 1915 se estableció otro cementerio judío en el Cementerio del Este en el barrio de Kålltorp.
Del pasado al hoy
Pero la decadencia del viejo cementerio me lleva a otras reflexiones, ahora, por desgracia, motivadas no por la contemplación del deterioro de unas viejas tumbas sino por la aparición de un nuevo antisemitismo en Suecia, que denunciaba hace poco un editorial del periódico Göteborgs-Posten.
Seamos de la creencia que seamos o de ninguna, y nos atribuyamos o no unos orígenes étnicos más o menos ancestrales, todos nos parecemos y mucho más cuando morimos, así como nuestros camposantos. Si nuestros nombres se disuelven sobre la piedra de las lápidas cuánto más nuestras ideas, nuestra etnia o nuestra confesión.
Todas las tumbas son en definitiva semejantes
Los nuevos antisemitas
No obstante, tras algo más de dos siglos de ciudadanía sueca y de relativa paz (pues los grupúsculos nazistoides han seguido haciéndose notar), los suecos judíos han empezado a sentir nuevos acosos. Esta vez no de los fanáticos de una supuesta superioridad aria, sino de jóvenes suecos oriundos de países de confesión islámica que están desmintiendo las esperanzas de integración que sus familias abrigaban para ellos cuando fueron acogidas en Suecia (el 15 % de la población es de origen foráneo).
El caso que parece más preocupante es el de la región de Malmö, la más “multicultural” de Suecia, que cuenta, según cifras de su mezquita (pues el gobierno sueco no recoge datos confesionales ni étnicos) con unos cien mil oriundos de países musulmanes (casi la tercera parte de todos los de Suecia) con al menos 45.000 habitantes vinculados al culto islámico. La congregación de confesión judía de la misma región sólo reúne a 800 judíos en torno a su sinagoga, de los alrededor de dos mil que, según estimaciones recientes, se pueden considerar como judíos suecos en Malmö.
A pesar del diálogo entre los representantes de la comunidad judía y el Consejo Islámico, con sus llamadas a la cordura, y no obstante el cambio de alcalde en las últimas elecciones (el anterior echaba la culpa a la minoría judía de hacerse agredir), en 2012 se produjeron 66 ataques criminales antisemitas en Malmö (multiplicando por tres los de 2011), contra 31 en Estocolmo aunque la capital de la nación triplique en población a la capital regional del sur de Suecia.
Las cifras son oficiales.
Resultado: hay familias suecas que, por pertenecer a la comunidad judía, se están viendo empujadas a dejar la ciudad en la que, ellos y sus antecesores, nacieron y crecieron como ciudadanos de un país tolerante, para ir en busca de lugares donde los grupos de jóvenes islamistas radicales suecos (que parecen considerarse mejores musulmanes que sus propios padres) no les amenacen a ellos y a sus hijos.
¿Run for your lives?
Algunas raposas o conejos han excavado sus madrigueras en las tumbas de este declinante cementerio judío acorralado entre trenes y autopistas.
Mientras tanto, en el centro de Gotemburgo se puede ver desde hace varios meses un cartel de apología de los dos islamistas que atentaron contra una multitud pacífica en Boston (los hermanos Tsarnajev).
Está pegado a un registro de la electricidad, junto al café Berlín, justo en la esquina de una de las avenidas por donde pasa habitualmente la media maratón de la ciudad. Llama la atención su leyenda: Run for your lives.
¿A quién se dirige esta exhortación ambivalente?
Hace poco más de una semana la prensa sueca informaba de que que, reclutados por los Svenska Mujahedeen Fi Ash-Sham, cinco jóvenes musulmanes suecos naturales de Gotemburgo, estudiantes de instituto o de ingeniería, se habían hecho matar recientemente en Siria, explotando como mártires suicidas o combatiendo con grupos afines a Al-Qaida.
Creíamos que en Europa nuestros viejos demonios del odio de raíz religiosa o étnica se habían extinguido, que nuestras democracias habían aprendido de las lecciones del pasado.
Por desgracia, aunque los signos precursores sean aún minoritarios y circunscritos, las lecciones que se derivan de la historia secular del antisemitismo, y lo que está ocurriendo en una dimensión global, aconsejarían que Europa no baje la guardia y que, al mismo tiempo, dedique su solidaridad y su creatividad a evitar que haya jóvenes que reincidan en la barbarie de sus mayores.
Pienso que nos va en ello el futuro de los mejores logros de nuestra civilización.
En la ruta veraniega (IV). Del Pays d’Auge en Normandía a Dötlingen en el Parque Natural de Wildeshauser Geest
Para Jaime y Pascale
En ruta hacia Normandía.
Dejo atrás Toulouse y, al cabo de pocas horas, en el centro de Francia, me interno apenas una media hora por las calles soleadas de Brezolles.
Brezolles
Me preguntaréis el porqué. Pura melancolía de un mediodía caluroso de julio, pues he querido preguntar si hay alguna memoria de los centenares de refugiados de la Guerra Civil española que fueron colocados por las autoridades francesas en esta villa y en otras de la región cuando ya no era sufrible, o porque no les cabían, mantener entre alambradas en los campos del sudoeste a cientos de familias, a miles de personas, que escapaban de la represión desatada por los vencedores.
En Brezolles y otros pueblos pasaron meses y meses nuestros compatriotas expulsados con violencia de su país, incluso cuando ya se había instalado el régimen filonazi y filofranquista de Vichy. Cada día peor vistos de la población local, algo así como ocurre ahora en Suiza con los asilados, pero a mucho mayor escala, en situación de extrema precariedad y atemorizados por la amenaza de la deportación.
Interrogo a una vieja señora, que por la edad, podría tener algún recuerdo. Nada. Pregunto en una oficina de la mancomunidad de la región. La funcionaria es joven y amable. Me remite al ayuntamiento.
La alcaldía está cerrada y tardará unas horas en abrir la ventanilla de la tarde.
Debo seguir viaje sin encontrar ecos de lo que el tiempo parece haber sepultado. Cuántos años, cuántas vidas, cuántos dolores y exilios que pasaron por esas calles sin que ya queden vestigios.
Pero alguien ha estudiado la vieja historia de estos refugiados. Se puede encontrar en este estudio de Jeanine Sodigné-Lostau publicado en 1996 en la revista Matèriaux pour l’histoire de notre temps: «L’accueil des réfugiés civils espagnols de 1936 à 1940. Un exemple : la région Centre»
Brevemente Chartres
Hago noche en el camping municipal de Chartres.
A la mañana siguiente doy una vuelta por su catedral y aledaños. Estuve en Chartres en los años sesenta como peregrino, caminando en medio de los trigales de La Beauce, esa llanura interminable que describió Charles Péguy en un soberbio poema del que transcribo algunas estrofas, que no me atrevo a traducir
Étoile de la mer voici la lourde nappe
Et la profonde houle et l’océan des blés
Et la mouvante écume et nos greniers comblés,
Voici votre regard sur cette immense chape
…
Deux mille ans de labeur ont fait de cette terre
Un réservoir sans fin pour les âges nouveaux.
Mille ans de votre grâce on fait de ces travaux
Un reposoir sans fin pour l’âme solitaire.
…
Un homme de chez nous a fait ici jaillir,
Depuis le ras du sol jusqu’au pied de la croix,
Plus haut que tous les saints, plus haut que tous les rois,
La flèche irréprochable et qui ne peut faillir.
…
C’est la tige et le blé qui ne pourrira pas,
Qui ne flétrira point aux ardeurs de l’été,
Qui ne moisira point dans un hiver gâté,
Qui ne transira point dans le commun trépas.
…
Charles Péguy, Présentation de la Beauce à Notre-Dame de Chartres
Era en medio del calor del verano del 1967. Cuando aún nos quedaban bastantes kilómetros para llegar las torres y agujas de la catedral se revelaban sobre un mar de espigas. Volví a fines de los ochenta, pero motorizado.
En este viaje he venido por carreteras secundarias, parando a trechos entre los campos de cereal, tratando de recuperar mi lejana visión. En vano. Las torres están inevitablemente acompañadas por otras construcciones de la industria agraria o de las conducciones eléctricas. Quizá no he sabido encontrar el emplazamiento y las perspectivas justas.
¿Habrá todavía quien llegue a Chartres haciendo decenas de kilómetros a pie, en medio de trigales?
El caso es que siempre es agradable que desde aquella lejana Edad Media sus santos y profetas te reciban con una sonrisa.
Prefiero no seguir a un grupo de japoneses que ejecutan parsimoniosos el rito del famoso laberinto sobre el pavimento del crucero de la catedral.
Prefiero extraviar la vista por las historias sagradas y profanas de sus vidrieras.
Para eso he traído mi catalejo.
Le Pays d’Auge
Después de dejar Chartres no tardo mucho en entrar en Normandía por la región de vacas, quesos, manzanos y sidra del Pays d’Auge. Esta provincia normanda se extiende entre París y el macizo bretón. La recorren los río Touques y Dives. Este último conduce entre meandros las aguas de una meseta de verdes ribazos, pastos y suaves declives sombreados por frondosas arboledas.
En una granja del siglo XV que adquirieron casi en ruinas hace veinticinco años, nuestros mejores amigos de París, con mi mujer que ha llegado por avión, me esperan con un almuerzo regional regado con la sidra que ellos mismos producen.
La casa central del conjunto la han restaurado pacientemente con sus propias manos tras documentarse adecuadamente sobre la técnica del “torchis”, utilizando los materiales ancestrales y substituyendo vigas y maderos de sus muros que estaban en mal estado.
Este es el resultado. Parece retrotraernos a algunos cuadros de los pintores del Renacimiento.
La mairie del término municipal de Saint Martin du Mesnil-Oury se ve así de presumida aunque modesta y minúscula, como tantas otras de la región, exponente de una sobriedad sabia y campesina.
Dos días bien aprovechados, dan para mucho. Por ejemplo, para visitar dos manoirs tradicionales en torno a este territorio,
El de Coupesarte.
Y el Chateau de Grandchamp, aunque en este no es día de visita y tenemos que contentarnos con verlo desde fuera.
El museo del queso de Livarot es otra visita obligada. La fábrica es moderna y ofrece un recorrido pedagógico basado en un audiovisual que vamos siguiendo en varias etapas. Las presentaciones se proyectan junto a amplios ventanales que permiten ver cada una de las etapas de la cadena de fabricación.
Empezando por la vaca normanda.
Y acabando en la sala donde los quesos pasan un período de breve envejecimiento.
Al final, lógicamente, se pasa a la sala de degustación y a la tienda, donde compramos una pieza de cada una de las cuatro variedades que aquí se elaboran: Livarot, Camember, Pont-l’Évêque y Neufchâtel.
Olvidaba decir que incluso tuvimos tiempo de aprender las técnicas de construcción de una vivienda bosquimana, digna de un barón rampante, a cuatro metros del suelo y a caballo de las grandes ramas de una enorme haya.
Así es como mis amigos parisinos no se contentan con la granja sino que están acabando un refugio de dos pisos en lo alto de un árbol. Nosotros echamos una mano. Algunos padres tienen el detalle de fabricar estos juguetes para sus hijos, aunque puede que sea un pretexto del adulto para realizar sus viejos sueños de infancia.
¡Normandía tiene estas cosas!
Bruselas
Paramos un día en Bruselas para ver amigos. Fue algo breve, pero conseguimos una mesa en una terraza de la Place Jourdan para acompañar con unas Leffe bien frías nuestros cucuruchos de frites. Las del kiosco de esa plaza tienen fama de ser las mejores de la ciudad.
Pero ¿cuál era el acontecimiento más importante de la tarde?
Naturalmente la gimnasia sueca al aire libre sobre el césped del Parque del Cincuentenario.
Unos doscientos entusiastas se entregaban en cuerpo y alma a los ejercicios, ya clásicos en Suecia y en varias capitales europeas, de la renombrada marca sin ánimo de lucro Friskis och Svettis.
Esta vez sólo vimos los toros desde la barrera.
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Dötlingen
Varias horas después de abandonar Bruselas el ritmo sosegado del viaje y el excelente buen tiempo animaban a hacer noche en el camino. Así que nos internamos en el Parque Natural de Wildeshauser Geest, en dirección de Dötlingen.
Hacía años, en una noche muy lluviosa de setiembre había encontrado hospedaje ahí en el Waldhotel, propiedad de la familia Spille, cuidado y servido por ellos mismos.
Esta vez no llovía y la tarde tenía un final esplendoroso, con lo cual pudimos visitar este pequeño pueblo, situado en medio de una naturaleza ordenada desde hace siglos por las familias que la han cultivado durante muchas generaciones.
Aunque haya que entenderse en un inglés elemental y recurriendo al alemán que aún recuerda mi mujer de sus tiempos del instituto, la comunicación es cordial y el trato amabilísimo, no sólo en el hotel sino a la puerta de la sala de eventos, donde esa tarde el aparato digital del cine ambulante, que lleva de pueblo en pueblo una señora en camioneta, proyectaba una comedia americana reciente, doblada al alemán.
A la salida, la comunidad local se reunía para tomar unas copas bajo un cielo de atardecer benigno. Entre las próximas actividades que se anunciaban, un espectáculo musical (kabarett) en la iglesia.
Para que aprecien mis lectores que la madre Merkel también es objeto de bromas en su propia patria, reproduzco la publicidad que anunciaba el festejo con la colaboración de un conocido artista de Urbino. La canciller en pose de madonna con su delfín en los brazos.
Nos acercamos, acompañados por las ovejas de un rebaño alborotado, a un estanque que a buen seguro habría podido inspirar a Schiller.
Un ave cazadora aguardaba con el pico dispuesto a que asomase alguna incauta rana.
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El anuncio del irreverente sainete nos había picado la curiosidad y nos acercamos a la iglesia que lleva la advocación de San Fermín y que fue reconstruida tras las la última guerra. Ha sobrevivido ahí desde el siglo XIII.
Memorial de los caídos y de la barbarie de las guerras
Tras el ábside, el monumento a los soldados de Dötlingen caídos en varias guerras.
Me diréis que será como tantos otros. En Francia los hay por todas partes, todos según el mismo patrón, en España son problemáticos pues reflejan las divisiones de nuestra guerra civil y durante décadas sólo nombraban a los caídos del lado ganador. En toda Europa son miles.
Hay dos aspectos que nos han emocionado en el de Dötlingen.
Familias diezmadas
El primero es común con similares memoriales en iglesias o pueblos de Europa.
Lo que ocurre es que destaca el apellido de nuestros amables hoteleros: dos Spille muertos en las guerras franco-prusianas entre 1886 y 1871, otro en la guerra 1914-1918 y otros dos en la de 1939-1945.

Monumento a los soldados muertos en la I y la II guerras mundiales naturales de Dötlingen. Foto R.Puig.
En total, cinco varones de esa familia sacrificados a la irracionalidad de sus kaiser y sus führer en el espacio de sesenta años de la historia de Europa. Del mismo modo contamos otros cinco combatientes de la familia Poppe, cinco de la familia Meyer, seis Ulrich, seis Stolle…
¿para qué seguir?
A nosotros forasteros nos impresiona y emociona. A los vecinos de este pequeño pueblo les recuerda además a bisabuelos, abuelos, padres, tíos, hombres de carne y hueso cuyos retratos conservará su propia familia, enviados a las trincheras y a los mataderos de los campos de batalla de Europa.
Esos memoriales se remontan a 1866, pero seguramente, si hubiese registros, se podrían relatar las mismas tragedias a lo largo de varios siglos.
Hoy, los alemanes y los demás europeos, hemos dejado atrás las guerras entre nosotros y podemos sonreír con la parodia de los que nos gobiernan.
Pero a las generaciones de hoy hace falta explicárselo.
Eso me lleva al segundo aspecto.
Meditación de la guerra
Hay algo bajo el sauce detrás de la iglesia que nos ha impresionado, sobre todo por alzarse con su sobriedad y su modestia, en un pequeño pueblo de esa Alemania que tantas guerras desencadenó en el pasado, generando el sacrificio de millones de alemanes, de europeos y de combatientes llegados del otro lado del mar.
Hay una piedra que recuerda a una bayoneta o una espada alzada y una plancha de hierro colado que semeja la sombra crepuscular que el arma proyecta. Al menos, así lo he entendido yo y creo que cualquiera que se recoja a pensar ante este pequeño monumento acabará viendo algo parecido.
No hay en el lugar nada que lo explique, sólo esa sombra de hierro en la que se han caligrafiado, taladradas, varias palabras:
Mord: Asesinato
Zwangsarbeit: Trabajo forzado. Vertreibung: Expulsión
Verfolgung : Persecución. Flucht: Huida
Al buen entendedor, pocas palabras bastan.
Pero de Dötlingen nos llevamos también la imagen de su roble milenario que ha sobrevivido a tanta violencia bélica, a tantas exacciones y matanzas, y es uno de los símbolos del lugar. Sigue viviendo y floreciendo muy cerca del memorial de aquellos a los que sus gobernantes enviaron a matar y a morir en nombre de ideologías insanas, de odios nacionalistas o raciales y de intereses territoriales y mercantilistas.
El árbol no tiene inscrita ninguna palabra, ningún nombre, pero hablar habla.
En la ruta veraniega (II): Toulouse (II). En el museo de Les Abattoirs (los antiguos mataderos)
Por toda Europa, los imponentes edificios donde antes se sacrificaban las reses se han ido rehabilitando para sacrificar al arte y la cultura, de preferencia contemporáneos. Lo he podido comprobar en los antiguos mataderos de Madrid, en el Campo Boario en Roma y lo acabo de comprobar en Les Abattoirs de Toulouse.
Guiado por viejo amigo Rodolfo, pude visitar este museo de arte moderno y contemporáneo, no lejos de la poderosa corriente del Garona y de la plaza del Dr. Maurice Pujol “médico de los hospitales y de los pobres” (1883-1972) en el barrio de Saint-Cyprian.
Cerca del museo nos hubiese gustado dar unas vueltas sobre el rinoceronte del Beau Manège, el romántico tiovivo de los años 30, rehabilitado por la Asociación La Machine. Pero este histórico juguete no es para quienes nacimos no mucho después de su época dorada, cuando aún lo movían sus mecanismos originales.
Así que nos contentamos con verlo girar para disfrute de la infancia.
LOS ‘JUGUETES’ DE LA FAMILIA SMITH
En cualquier caso, ya dentro de Les Abattoirs, nos sentimos inmersos en el ambiente adecuado para un ludópata del arte, las creaciones de Tony Smith y de sus hijas, Kiki y Seton, en una amplia exposición temporal. La verdad es que podríamos extendernos sobre varios aspectos de la colección permanente, pero la familia Smith nos ocupó casi toda la visita.
La pasión serena por las estructuras primarias
Tony Smith (1912-1980), arquitecto, pintor y escultor, domina la muestra con sus juegos de formas, trufados de cálculo matemático, resultado de su habilidad combinatoria y geométrica.
Fue uno de los primeros minimalistas en los años 60 en los Estados Unidos, en quien muchos se han inspirado y del que no pocos han copiado.
Muchos le hemos admirado a través de sus obras antes de saber a quién se debían.
Cuando se analizan sus trabajos, se comprende mejor que, en este como en otros campos de la creación humana, una forma aparentemente simple puede ocultar complejidades (y obsesiones) insospechadas.

Combinatoria a partir de tres formas básicas de la Serie Louisenberg. Dibujo deTony Smith. Toulouse Les Abattoirs. 2013.Foto R.Puig
Narrativa mitológica
Kiki Smith (1954-) es hija de Tony. Junto con su hermana Seton vivió inmersa en el ambiente artístico de la familia (el taller del padre y la carrera de bailarina renombrada de la madre).
De niñas, las hermanas ayudaban al padre a construir los dodecaedros y tetraedros de sus proyectos escultóricos.
Me centro aquí en tres de sus esculturas, dos de ellas de acentuada carga simbólica.
Una visión feminista de la creación de una Eva de edad madura a partir de no se sabe bien si de la costilla de un Adán licántropo o de una loba primigenia.
La siguiente es una expresiva alegoría de la mujer como hija de la gacela
La tercera es parte de un conjunto titulado “La Anunciación”.
Recrea a un flotante mensajero de aire misterioso y mudo. Una especie de portador de ambiguas nuevas que parece reservarse, dejándonos el trabajo de adivinarlas.
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De la fotógrafa de la familia, Seton Smith (1955 -), no he registrado directamente las obras expuestas, pero pueden apreciarse algunas fotografías de adustos paisajes, que creo recordar son suyas, en el fondo de la sala donde se exponen varios formas minerales de su padre.
El próximo domingo volveremos con más cosas de Toulouse.
Por el momento, escapando del calor que hacía aquel día, podemos imaginarnos engullidos en el interior de las refrescantes entrañas del pez del Beau Manège. Al fin y al cabo dicho acto, surrealista y bíblico, no desentonaría cerca de las esculturas de Kiki Smith.
Els Poblets. Huellas de una larga historia
La agrupación de tres núcleos urbanos, La Setla, Mirarrosa y Miraflor vino a formar hace algunas décadas el municipio de Els Poblets. A lo largo de los siglos sus habitantes han dejado huellas de sus vidas. Algunas de ellas forman hoy parte del patrimonio de esta tierra.
El 6 de julio, antes de emprender mi viaje por carretera hacia tierras escandinavas, participé en una visita guiada del alfar de la Almadraba, del casco antiguo de Els Poblets y de su torre señorial de época medieval.
El alfar romano
La arcilla que se extraía de la capa freática, frente al mar y en las inmediaciones de la playa de la Almadraba, era de excelente calidad para la producción de ánforas y tejas. Los pozos de donde se extraía fueron desenterrados por los arqueólogos hace casi quince años. En ese lugar hubo una villa romana que, además de la explotación agrícola hasta el siglo V, contó con una industria de cerámica, muy activa entre el siglo I y el siglo III.
El yacimiento romano de Els Poblets nos lo enseñó el arqueólogo Josep Antoni Ahuir.
Esta villa industrial romana contaba con cuatro talleres organizados en torno a tres hornos similares. Hoy pueden apreciarse los arcos de acceso a las cavidades donde se alimentaba el fuego, así como la superficie refractaria alrededor de los praefornia, perforada para la ascensión del calor.Se han descubierto hasta dos tipos de ánforas para el transporte del aceite y dos más para el vino.
El laboratorium estaba cubierto bien por una bóveda permanente, bien por cubiertas de ramajes y de arcilla, que se renovaban tras cada una de las hornadas.
Los basamentos de las distintas estancias de los talleres se aprecian han sido sacados a la luz, aunque aún falta por excavar la zona donde se asentaba la villa del dueño de esta industria.
Con una finalidad pedagógica el visitante puede apreciar una alineación (moderna ) de los distintos tipos de ánforas.
También se muestra un recipiente cuadrangular, hecho de grandes tejas fabricadas en el alfar, como los que se utilizaban para amasar la arcilla.
La torre medieval de Mirarrosa
La torre del señor feudal de Mirarrosa, uno de los tres antiguos núcleos de población que, como hemos explicado, forman el actual municipio de Els Poblets, es otra de las huellas arquitectónicas que ha dejado la historia en este pueblo de la Marina Alta.
En torno a la torre hay varias casas que formaban un conjunto al servicio del señorío. La puerta de una de ellas ha sufrido la reforma de un vecino poco respetuoso con el antiguo arco de medio punto.

Arco de medio punto parcialmente destruido en una casa del conjunto clasificado de la torre medieval de Mira-rosa. Els Poblets. Foto R.Puig.
Pero la restauración promovida por el ayuntamiento ha salvado la parte más importante, el torreón y su ventana trilobulada (probablemente abierta en el siglo XVII o XVIII), la puerta y otros elementos sobre los que no nos vamos a extender.
La cubierta renovada de la torre evitará a partir de ahora el deterioro de este testimonio de la historia de Els Poblets.
La puerta principal permanece tapiada por su parte externa con un muro de la vivienda adyacente, pero se ha limpiado y puesto en valor por el interior.

Vista del interior de la puerta original de la torre medieval de Mira-rosa. Els Poblets. Foto R.Puig.
El trabajo de recuperación, encomendado por el ayuntamiento al arquitecto e historiador Josep Ivars ha respetado la idiosincrasia de la torre, al tiempo que la ha hecho accesible para el visitante.
El casco antiguo de Els Poblets
De la mano del arquitecto Josep Andrés recorrimos las calles centenarias de dos de los núcleos urbanos, la Setlla y Mirarrosa.
Nuestro guía nos fue instruyendo sobre el trazado de las antiguas calles y caminos y las características arquitectónicas de las casas cercanas al río, dispuestas de la forma más adecuada para resistir a las crecidas.
Nos explicó también cómo el procurador o batle del señor distribuyó las concesiones de una parte de la propiedad feudal a vecinos llegados de Mallorca y de comarcas valencianas, para poder edificar en una parcela, con derecho también a un trozo de huerta.
La “carta pobla” otorgada por el señor de Setlla y Mirarrosa, Joan Duart, el 5 de setiembre de 1611 a veinticinco pobladores, tan sólo dos años después de la expulsión de los anteriores pobladores moriscos, explicaba las normas para la distribución de las propiedades.
Josep Andrés ha publicado en la web algunos trabajos al respecto: https://sites.google.com/site/delspoblets/
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Los participantes, y éste que escribe en particular, quedamos muy agradecidos a los tres expertos citados y a los organizadores de este recorrido, en particular el concejal de Cultura, Salvador Sendra, y al bibliotecario y coordinador de actividades culturales de Els Poblets, Jaume Cervera.
La visita había sido precedida por una cuidadosa serie de conferencias-coloquio sobre todas estas facetas de la historia de Els Poblets y sus principales vestigios impartidas por los tres profesionales arriba mencionados.
Una crónica de las conferencias y de la visita, mucho más completa y documentada que la mía, se encuentra en el blog de Gonçal Vicens Bordes
De lo mágico y lo pragmático. Paseo por Sueca y Gandía.
Cuando estoy a la orilla de este mar, el alba me despierta con sus primeras luces y, si logró sacudirme la pereza, puedo asistir a la llegada del disco rojo. Desde que hay seres humanos sobre la tierra el sol ha estado en el origen de todas las magias y creencias en poderes sobrenaturales.
Cuando se asoma sobre el mar ese señor de fuego me siento un poco egipcio, un poco azteca… vamos, que entiendo perfectamente que del largo peregrinaje de la humanidad por el mar y sobre la tierra, la mayor parte se haya desarrollado bajo el imperio de la magia, bajo el dominio de las creencias en lo inexplicable, en lo irrazonable
Cosas y magias de por aquí
El otro día volví a Sueca. Digo volví, porque no lo hacía desde que tuve nueve años y casi muero de fiebres tifoideas muy cerca, en El Perelló, entonces un pueblín, durante una de aquellas interminable vacaciones escolares del larguísimo franquismo, cuando el brazo de tierra y arena entre la Albufera de Valencia y el mar no estaba lleno de torres.
En Sueca hay también un sol mágico, está en la fachada de Nuestra Señora de Sales. Entre los azulejos que ilustran las leyendas de la Pasión hay uno del astro rey, no triunfante como el de los egipcios, no solicitando sacrificios humanos como el de los aztecas, sino entristeciéndose por el más famoso de los sacrificados.
El ripio del poeta anónimo lo expresa así:
El sol eclipsado ofrece
un testimonio profundo
de que el cielo se estremece
al dejar Cristo este mundo.
Un escritor de otro tiempo y lugar explicaba de otro modo el sacrificio del Gólgota, por boca de uno de sus personajes, un viejo maestro de piano (de su novela «Los falsificadores de moneda»)
‘No, no, exclamó confusamente; el diablo y el Buen Dios son el mismo; se entienden. Pretendemos creer que todo lo malo sobre la tierra procede del diablo; pues de otro modo no hallaríamos en nosotros la fuerza de perdonar a Dios. Se divierte con nosotros como el gato que atormenta al ratón… Y para colmo pide que le estemos agradecidos. ¿Agradecidos de qué? de qué?…’
Luego, aproximándose hacia mí:
‘¿Y sabe qué es lo más horrible de todo lo que ha hecho?… ¡Es haber sacrificado a su propio hijo para salvarnos!… La crueldad, he ahí el primero de los atributos de Dios’
(André Gide, Les faux-monnayeurs, 1925, Folio Gallimard, pp. 377-378)
Sea como sea, en Sueca, los franciscanos que fundaron el convento y la rutilante iglesia barroca de Nuestra Señora de Sales, siguen pidiendo una limosna para esas almas que el sacrificio de Cristo se supone redimió de una mancha heredada, tenaz y universal.
Al parecer necesitan todavía de la magia de unos euros para salir del purgatorio.
A Dios rogando y con el mazo dando
Pero sobre la veleta de este templo campea el pragmatismo valenciano: un campesino ara sus tierras, un suecano se levanta con el sol todas las mañanas, no para adorarle sino para mirar realista hacia la tierra.
No en vano, el nombre de origen árabe de esta antigua villa significa mercadillo.
Los campos de arroz son la viva demostración de la creencia en lo concreto del agricultor, de la tenacidad de las gentes de esta tierra. No obstante ¿es que el arroz no tiene algo de mágico?
Esa sensación nos da la visita a la muntanyeta, la Montaña de los Santos, único saliente rocoso del término municipal.
A lo lejos Valencia.
Desde su mirador se puede admirar la extensión de los arrozales. Esa soledad sin nadie tiene algo extraño, pareciera que el arroz creciese sin una mano humana que lo vele.
La vista tiene algo de espejismo.
Pero el arroz es la viva demostración no de una magia sobrenatural sino del arte de vivir.
Aquí se celebra todos los años el Concurso internacional de paellas. Si te pones a hablar de arroz en la barra del bar, a poco que muestres interés, acabarán explicándote una receta que no conocías, una de las infinitas formas de cocinar con arroz. Y no me preguntéis por qué en el escudo de Sueca el nombre de la villa lleva una hache intercalada.
También parece que la magia corona las iglesias, la de sus artesanos, esos que han fabricado las cúpulas de refulgente cerámica azul de la iglesia de San Pere.
Pere es ese San Pedro que se puso tan triste cuando el gallo cantó, como ilustra de nuevo la fachada de Nuestra Señora de Sales.
Y más tarde, como el poeta artesano nos cuenta, la luna también se nubló de tristeza..
A Dios rogando y los Duques mandando
De vuelta a Els poblets me detengo en Gandía donde pervive otra historia de esta tierra, la de los descendientes de un papa de vida disoluta, Alejandro VI Borgia, natural de Játiva, que de Roma acabaron volviendo a las orillas del Serpis.
Pues a la vera del río está el Palacio Ducal. Allí alternaban los cortesanos con los intelectuales y los funcionarios, algunos de familias de conversos, al servicio de los Borja de Gandía.
No sé lo que significa esta escultura extraña junto a la entrada, pero tiene algo de inquietante.
¿Es un hombre con dos cabezas? ¿Es un símbolo del alter ego o una escenificación de la persona y su conciencia? ¿El de atrás previene al otro de una desgracia inminente? ¿O se trata del proverbio «si un ciego guía a otro ciego ambos caen en el hoyo»?
La verdad es que, aunque ahora sus patios son tranquilos y sus portales y galerías acogen a los turistas, por estos mundos se vivieron muchas violencias y se derramó mucha sangre.
Algo de sangre le hicieron también los cilicios a San Francisco de Borja, duque que se volvió asceta y llegó a General de la Compañía de Jesús. El palacio exhibe su camastro como una reliquia, aunque la historia nos hable de los pleitos del santo con la numerosa prole de su padre y de la segunda esposa de éste, para retener la propiedad de los lugares. Quién sabe si esta querella crematística fue o no compatible con su voto de pobreza, pero puede que al quedar en manos de la Orden, este palacio se haya salvado.
Sobreviven escasamente cuatro padres jesuitas, ya entrados en años, que habitan un ala del edificio, lo que asegura que el colegio de la otra ala del palacio siga las reglas de la enseñanza jesuítica. ¿Por cuánto tiempo aún?
Volviendo al mar y a la poesía
De vuelta a mi playa con un pequeño cargamento de genuino arroz de Sueca.
No quiero terminar con cosas tristes, sino con las velas al viento y con un soneto de un poeta nacido en tierras alicantinas, que añora su mar y juega con las palabras desde la casa de la sierra de Guadarrama donde escribe:
No puedo concebir el mar sin mí
ni puedo concebirme sin el mar:
nací junto a la ausencia de mi mar
y su memoria azul habita en mí.
Con su claro prestigio vibra en mí
la sonora presencia de mi mar:
la voz apasionada de mi mar
me dice que sin él no hay yo ni hay mí.
Y tan hondo el amor alienta en mí
que cuando no estoy cerca de mi mar
siento mi corazón lejos de mí.
Eternamente unidos yo y mi mar:
porque mi mar es ya parte de mí,
y un día seré parte de mi mar.
Antonio Porpetta. “Canto final” en Seis poemas de “Adagio mediterráneo,
Cançoner del Magnànim 2008, Valencia 2009, p.177.
Para Dora, Baltasar, Ana, Jaume y Pere
Doy las gracias a mis convecinos por haber venido a escucharme en la charla que di hace dos días en la biblioteca Enric Valor de Els Poblets sobre las ideas sociales de Juan Luis Vives (Valencia 1493 – Brujas 1540).
Casualmente ayer leí algo en el diario Levante de ese mismo viernes que se relacionaba con los temas hablados en la charla.
Así que paso a citar lo que he encontrado en esas páginas:
El barrio de la judería de Valencia fue donado por Jaime I a los judíos que quisieron venir a habitar Valencia. La muralla del barrio judío tenía siete puertas y junto a una de ellas, en la llamada plaza de la Figuera tenían su sinagoga
Es famoso en los anales de nuestra historia el milagro de San Christoval ocurrido el 9 de julio de 1391
(De sendos artículos de Baltasar Bueno publicados en el Diario Levante respectivamente el 7 julio del 2012 y el 29 de junio del 2013)
Este columnista narra que, según se dice y registra una deliberación del Consejo de la Ciudad en 1658, en aquel día de finales del siglo XIV debajo de la sinagoga se escuchó por tres veces una gran voz que decía ¡judíos, fuera de mi casa!
El cronista añade el siguiente eufemismo:
Era una época en que había grandes tensiones entre las comunidades cristiana, judía y musulmana que existían en Valencia
Pues bien, en realidad estaba en marcha una furiosa campaña de depuración étnica contra los judíos españoles en muchas ciudades de la península.
Lo que refleja mejor cuando escribe que
Se enteraron los cristianos y se amotinaron contra los judíos, a los que en buena parte pasaron a cuchillo. Los que pudieron se refugiaron en la sinagoga y pidieron bautizarse cristianos, salvándose de una muerte certera
Este especialista en tradiciones valencianas agrega que el portento consistió en que bajo aquella sinagoga, que con la excusa de las voces estaban demoliendo los piadosos valencianos, apareció “milagrosamente” una estatua de San Cristóbal, que hoy se venera en el Convento de las Canonesas de Valencia. Por lo visto, el que gritaba era San Cristóbal

Devoto de San Cristóbal. Reproduccion de un dibujo de Hans Holbein para el Elogio de la locura de Erasmo
En 1969 la Iglesia Católica concluyó que la historia de este santo es una leyenda y que nunca hubo ni existencia ni canonización del tal San Cristóbal, por mucho que canonesas y camioneros lo sigan venerando y los católicos valencianos lo consideren su patrón. Así que difícilmente pudo ese falso santo dar voces desde el subsuelo.
Una vez más alguien urdió un montaje para eliminar a los envidiados y prósperos judíos valencianos y para quedarse con el codiciado barrio donde vivían, obligándoles violentamente a mudarse a otra zona de Valencia, a bautizarse y a cambiar de nombre por la fuerza.
De tal manera que Abraham Abenfaçam y su hijo Jacob Abenfaçam, padre del tatarabuelo paterno de Juan Luis Vives, fueron obligados a bautizarse y cambiarse en Francesc y Gabriel Vives respectivamente.

Estereotipo de judio en la Presentación de la Virgen en el templo. Maestro de Calzada.Museo de Bellas Artes de Valencia. Foto R.Puig.
La tragedia de los antepasados y de la familia cercana de Juan Luis Vives
Estas historietas de Baltasar Bueno revisten de tradición y piedad lo que es el comienzo de una dura historia de intolerancia religiosa, xenofobia y depuración étnica que destruyó varias generaciones de la familia del humanista Juan Luis Vives. Aquella ola de asesinatos de judíos españoles se remonta a los pogromos de 1391. Comenzaron en Sevilla, impulsados por prédicas de frailes, se extendieron por toda España al grito de “bautismo o muerte”, pasando por los inflamados mensajes de San Vicente Ferrer contra los moros y judíos españoles y la matanza de aquel nefasto 9 de julio.
Continuaron en el XV con la expulsión de los judíos españoles en 1492. Curiosamente un “converso” valenciano, Luis Santángel, emparentado con los Vives, había aportado parte de la financiación de la expedición de Colón a América.
A fines de ese siglo y hasta bien entrado el siglo XVI la persecución se cebó de nuevo en Valencia con las torturas inquisitoriales y los autos de fe de los conversos. En 1524 quemaron vivo a Luis Vives Valeriola, padre de Juan Luis Vives, y a muchos otros. Varios miembros de la familia de su madre, Blanquina March, habían sido ya ejecutados el 9 de julio de 1501 (otra vez la triste fecha como en los asesinatos masivos de 1391).
El resto de la familia paterna y materna del humanista fue casi completamente aniquilada y expropiada. Sus hermanas, una, la más joven, murió de peste en los calabozos del Santo Oficio y las otras dos quedaron en la miseria, cuando a su madre, muerta veinte años antes, la condenaron por segunda vez y quemaron su efigie en 1528, con la aviesa intención de arrebatar a la familia sus últimas propiedades.
(Referencias: García, Angelina. Els Vives. Una familia de jueus valencians. València, Editions Tres i Quatre, Eliseu Climent Editor, 1987 o García Cárcel, Ricardo. “La familia de Luis Vives y la Inquisición” en el Volumen Introductorio a las Opera Omnia de Juan Luis Vives, València, Edicions Alfons el Magnànim, Instituto de Cultura Juan Gil-Albert y Universitat de València, 1992, pp.489-519.)
Exilio de Juan Luis Vives
En 1509, sabiendo su padre que en España aquel hijo inteligente e inquieto, nunca podría abrirse camino y siempre sería un paria más, un sospechoso converso vigilado por los envidiosos y bajo la amenaza de ser procesado con cualquier pretexto, lo envió a París, con dieciséis años, a continuar la formación que ya había comenzado en el Estudi General de Valencia.
Cuando en 1522 muere Antonio de Nebrija la Universidad de Alcalá de Henares le escribe a Juan Luis Vives, a la sazón profesor en la de Lovaina, ofreciéndole la cátedra vacante del gran filólogo español. En aquel año el padre de Vives (acusado de cumplir con los ayunos judíos, no trabajar los sábados, besar las manos de sus progenitores y otros crímenes similares) entraba en prisión y empezaba a ser torturado a sus cincuenta y ocho años en los calabozos valencianos del Santo Oficio, que le asesinaría quemándolo vivo en medio de la vergüenza pública y apropiándose de sus bienes, en 1524.
Juan Luis Vives nunca pudo volver a aquella España dominada por la intolerancia.
Un discípulo de nuestro humanista, Rodrigo Manrique, pariente del Inquisidor General Alonso Manrique, escribe a su maestro desde París el 9 de diciembre de 1533 y, entre otras cosas, le dice:
Preferiría permanecer en la mayor barbarie e incultura, antes que volver nunca a una patria tan ingrata cono la mía. Porque, dime, por favor, ¿qué puede pensarse más detestable que recorrer las escuelas y los países para alcanzar más erudición y más habilidad en el manejo de los negocios y, de vuelta a la patria, ser acusado o mejor dicho, ser calumniado de hereje?
(Vives, Juan Luis. Epistolario. Edición y estudio introductorio de José Jiménez Delgado, Madrid, Editora Nacional, 1978, pág.588)
No se puede servir a Dios y al Diablo
Así que, sería deseable que los devotos valencianos, cuando saquen en procesión a San Cristobal, piensen alguna vez en todas las atrocidades que se cometieron en nombre de ese falso santo.
Resulta un poco contradictorio incensar ese mito, conmemorar ese “milagro” y al mismo tiempo celebrar con ditirambos a Juan Luis Vives, como el más ilustre pensador y humanista valenciano de la historia de Europa. O una cosa o la otra.
La represión que por varios siglos se ejerció en España contra disidentes religiosos o ideológicos y sus minorías étnicas es diametralmente opuesta al pensamiento de aquél que proclamaba:
Cogitatus liber. Cogitatus quis coget. Vis veritatis. Homo homini par. (Satellitium animi, 1524)
El pensamiento es libre. ¿Quién podrá forzarle? ¡La fuerza de la verdad! ¡Nadie es más que nadie! (Escolta del alma, 1524)
Vives estuvo siempre en contra de aquellos frailes, teólogos o simplemente gentes ordinarias que se ponían al servicio de la persecución inquisitorial, ésos que
testifican, inquieren, acusan, se pronuncian, condenan, castigan (con la pérdida de fama, posesiones y vida).
¿Cómo pueden juzgar lo que nunca vieron, ni siquiera en sueños?
(De Concordia et discordia in humano genere, 1529)
Resulta triste que Vives nunca pudiera volver a pasear por el Carrer de la Taverna del Gallo, en donde en uno de sus Díalogos latinos («Camino de la escuela») recuerda haber vivido en su niñez. Esa calle y la casa de su padre estaban por la zona de la Valencia actual entre el Colegio del Patriarca y la Plaza de Margarita Valdaura, en memoria de quien fue su esposa, hija también de una familia de conversos que se pusieron a salvo en Brujas tras las atrocidades antisemitas de finales del siglo XIV.
Ofrezco aquí la portada de la edición castellana de esos Diálogos en versión bilingüe, traducidos por Christoval Corèt y Peris e impresa por Antonio Balle en Valencia en 1723. Se indica en ella que los ejemplares se venden en casa de Joseph Cardona, Mercader de Libros, en la plaza de la Seo (versión digital en Google Play).
Dos trabajos míos en relación con Juan Luis Vives
Puig de la Bellacasa, Ramón. La discapacidad y la rehabilitación en Juan Luis Vives. Incluye una colaboración de Constant Matheussen. Madrid, Real Patronato de Prevención y de Atención a Personas con Minusvalías, setiembre de 1993, 108 páginas . (texto corregido por el autor en 2006)
Filmación en vídeo : Juan Luis Vives y la Pobreza y la Discapacidad
Veranos
Para Manolo
El verano, como las cigüeñas de nuestras torres, vuelve siempre como un eterno compañero, como el hijo de la primavera y el padre del otoño, pero nuestros veranos fueron y son siempre distintos. De las largas vacaciones escolares de nuestra infancia a este verano de ahora ¡cuántas reminiscencias, cuántos lugares evocados, cuántas imágenes desvaídas o nítidas!
Las últimas dos semanas han ido trayendo el verano casi a rastras, entre fríos y calores, a esta sufrida península. Nosotros lo hemos sentido llegar entre mis tierras madrileñas y mi pueblo de adopción, por el borde de la meseta sur y las laderas de la sierra de Guadarrama y el mar de Alicante.
La subida a las montañas de Madrid tiene en Torrelodones un microclima intermedio y particularmente sano, donde no sólo vivimos hace años sino que es un destino donde nos reciben nuestros nietos.
La sierra entera lleva el nombre de su río principal y de una villa hecha de granito y siglos. Me refiero a Guadarrama, adonde no habíamos vuelto desde hacía más de veinte años y por donde Manolo, mi amigo desde hace cuarenta, nos ha guiado con sus conocimientos de habitante de varias décadas de este pueblo, presidido por un panorama que abarca desde el extremo suroeste del sistema hasta los picos de la Pedriza, con Siete Picos como principal protagonista.
Paseamos por su vieja plaza, camino de un bar en el que Manolo nos invita a unas gambas a la plancha que, aunque traídas desde Huelva, atraen desde hace años a los veraneantes de todos los pueblos de esta sierra.
Pero hay un castellano viejo que, sentado en su banco, no parece tener prisa, mudo testigo de la vida del pueblo.
En la misma plaza resiste desde hace algunos siglos uno de los pocos olmos vetustos que aún quedan por estas latitudes, pues las plagas de grafiosis han ido devorando (se trata de unos insaciables escarabajos) estos árboles que, dice la tradición, empezaron a plantarse por estos pueblos en la época de los Reyes Católicos.
Aunque las cigüeñas seguirán desplegando sus alas año tras año sobre las torres de piedra de las iglesias.
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Nosotros nos vamos por carretera hacia la Marina Alta donde sus atardeceres nos reciben como siempre.
El mar no se fatiga y nosotros tampoco nos cansamos de mirarlo.
Aquí no son las cigüeñas sino las golondrinas las que han vuelto a anidar (y a poner perdida la pared del vecino); las crías piando y aguardando a la madre.
La madre volando y retornando sin cesar al nido con la pitanza para sus polluelos insaciables.
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Cuando el verano parece que se ha instalado puntualmente, un frente frío se estrella contra el bochorno ambiente y nos regala una hermosa tormenta sobre el mar.
Al día siguiente, los obreros del ayuntamiento han venido a preparar los focos para la noche de San Juan.
Las mesas se van alineando en la playa y toda clase de muebles viejos se amontonan para la tradicional pira que va a iluminar la noche en la playa de La Almadraba.
Los trastos desechados arderán, pero el esqueleto de una obra inconclusa sigue no muy lejos, con sus ventanas sin ojos, como testigo mudo de los excesos de la burbuja inmobiliaria que ha parado en seco muchos sueños ilusos.
No sé si esta crisis será como un fuego purificador. Por el momento parece que abrasa a los más inermes y aumenta los ocultos patrimonios de los que siempre flotan. La noche de San Juan, que conmemora en la liturgia católica el nacimiento del Bautista, ha venido y ha pasado. En realidad, la cosa viene de más lejos, de las fiestas paganas por la llegada del verano, cuando los días son los más largos de año.
Sea como sea, entre la música de la orquesta popular, el baile, los bocatas, el vino como líquido litúrgico de otro tipo de bautismo y el humo de las fogueres, los vecinos han olvidado penas y compartido mesa con amigos y familiares.
Aserrín,
Aserrán,
las hogueras de San Juan,
¡el de adelante corre mucho,
el de atrás se quedará!!!
Ahora sí, el verano ha sido bautizado.
Fisionomías (VII) y divagaciones inglesas (III): entre la Tate Britain y la Tate Modern
Han pasado ya varias semanas de mi paseo por Londres pero aún me quedan flechas en el carcaj. Así que no puedo resistir a la tentación de compartir algunas de mis sensaciones en dos de los soberbios museos Tate que bordean el Támesis.
Tate Britain
La Tate Britain ofrece actualmente un ordenado y nutrido recorrido del arte inglés desde el siglo XVI al XX. Me ha servido, aunque no exclusivamente, para incrementar mi archivo de las fisionomías que los artistas han ido plasmando a lo largo de los siglos.
Hoy es el turno de algunos pintores ingleses.
Sin seguir un orden cronológico comienzo por William Hogarth (1697-1764). No sólo fue un apasionado de la fisionomía, sobre la que escribió un tratado, sino que en un lienzo agrupó los rostros de seis de sus criados, de los cuales tan sólo se conoce el nombre de dos.
Mucho se ha dicho sobre este lienzo y yo no voy a descubrir nada nuevo. Pero me produce una extraña sensación. Dicen que el artista gozaba del aprecio de sus fámulos y que seleccionó a estos seis con afecto pero con un objetivo fisiognómico, recogiendo en la tela varias edades de ambos sexos.
Cuentan que lo tenía en su despacho, con objeto de que posibles clientes admirasen su destreza y se animasen a encomendarle un retrato. Debo confesar que a mí esta colección de cabezas me da cierta grima.
Aunque estas expresiones del arte del retrato de Hogarth sean una lección de pintura, creo que sus fieles servidores se habrían merecido un retrato de cuerpo entero o cuando menos de cintura para arriba. Ya un siglo antes Velázquez había dedicado magníficos retratos individuales a personajes humildes con los que se relacionó, no sólo los de los bufones y enanos de la Corte, sino el extraordinario retrato del esclavo Juan de Pareja liberado por el artista, por no hablar de las sirvientas que por entonces también pintaba Vermeer
Sea como sea, este ejercicio de Fisiognómica de Hogarth con las cabezas de sus criados, agrupadas en un solo lienzo y no obstante la mirada ilusionada de algunos de los retratados, me produce la impresión de una reunión de trofeos cinegéticos.
Otros retratos
No se redujo a la cabeza a quienes podían pagarse un retrato de postín, como es el caso de los trabajos de Adam de Colone (1572-1651), Peter Lely (1618-1680), Benedetto Gennari (1633-1715) o Joshua Reynolds (1723-1792), dedicados a damas de la aristocracia, rozagantes, exquisitas, exaltadas o altivas.

Benedetto Gennari. La catolica Elizabeth Panton en el exilio retratada como Santa Catalina.Tate Britain.Foto R.Puig.
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También en el siglo XVIII, Joseph Highmore (1692-1780), Thomas Gainsborough (1727-1788) y Nathaniel Dance-Holland (1735-1811) harán algo parecido con los retratos varoniles en grupo, sin que tampoco redujeran la imagen de sus clientes adinerados o nobles a una agrupación de cabezas. Quien paga tiene derecho a una escena de amistosa tertulia burguesa, a una composición bucólica o a ser representado en Roma, en pleno Grand Tour, ese viaje por Italia que todo hijo de familia noble debía realizar para ser considerado culto.

Nathaniel Dance Holland. Detalle de cuatro caballeros ante el Coliseo de RomaTate Britain.Foto R.Puig
Como podréis apreciar, todas estas muestras, dicho con toda mi simpatía, van reflejando fisionomías de lo más british. ¿O no?
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Con un estilo prerrafaelita, Henry Alexander Bowler (1824-1903), o con la pincelada impresionista, John Singer Sargent (1856-1925) y George Clausen (1852-1944), dejaron obras que denotan un cambio de rumbo en los rostros de la pintura inglesa.
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Para acabar con escultura, me despido de la Tate Britain con dos bustos que atrajeron mi atención, uno del siglo XIX, la Daphne de George Frederic Watts (1817-1904), y otro una terracota del siglo XVII de autor anónimo que representa con aires imperiales al rey Jaime II de Inglaterra
Tate Modern
Por el Millenium Bridge se llega con gran solemnidad a la Tate Modern, que como su nombre indica, está dedicada al arte moderno y contemporáneo, complementando en algunos casos a la Tate Britain.
En el recorrido se aprecia la vista del nuevo skyline londinense.
Y en las escaleras del museo, la sensación de una moderna arquitectura de interiores.
Me faltaba ya tiempo, pero durante una hora y media recorrí por primera vez las salas de la colección permanente y guardé algunas fotografías, entre las cuales, de forma aleatoria, selecciono hoy un reducido número para esta página.
En la salas de arte abstracto
En las salas dedicadas al Minimalismo
O en la de Rothko
De su obra meditativa al ajetreo. En las cercanías de la Tate Modern se encuentran el puente y la estación de Blackfriars, que experimentan en estos momentos grandes obras de renovación.
Pero acabo deseando a los lectores los buenos días con una obra que siempre me ha producido una sensación de calma, “Morning” de Dod Procter, nombre artístico de casada de Doris Margaret Shaw (1890-1972).
¡Dulces sueños y suaves amaneceres!



































































































































































































