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Deambulando de nuevo por Leicester

8 marzo, 2015
Tronera sobre puerta de entrada den la muralla medieval. Leicester. Foto R.Puig

Tronera sobre puerta de entrada de la muralla medieval. Leicester. Foto R.Puig

Para Dimitris y María

Desde la Edad de Hierro, cuando era una capital tribal, al momento actual, con más de 300.000 habitantes, Leicester ha pasado por muchas vicisitudes hasta convertirse en una ciudad multiétnica y pluricultural. De ser centro del comercio de ganado, lanas y productos agrícolas en el Medioevo, evolucionó hasta convertirse, revolución industrial mediante, en la segunda ciudad europea en renta per cápita en los años treinta del pasado siglo.

Con las guerras y la necesidad de producir armamento y suministros para el ejército, desde cañones hasta botas y vestimenta militar para los tommies, la demanda de mano de obra subió tanto que llegó a entrar en colisión con las necesidades de reclutamiento. Otro efecto fue que las mujeres accedieron a un nivel de pleno empleo comparable al de los hombres. Leicester pasó página abandonando los hábitos de la sociedad victoriana.

Las necesidades de otro tipo de viviendas condujeron a la casi desaparición del casco antiguo que había alcanzado niveles de insalubridad inaguantables para quienes iban obteniendo mejores ingresos.

Casas victorianas renovadas. Leicester. Foto R.Puig

Casas victorianas renovadas. Leicester. Foto R.Puig

La inmigración posterior a la II Guerra Mundial de familias y trabajadores, procedentes de los países que fueron colonias británicas, han compuesto el melting pot del Leicester actual.

Algo de historia

Pasear por Leicester, tras el reciente descubrimiento del esqueleto de Ricardo III (1452 – 1485) bajo el asfalto de un aparcamiento, es encontrar abundantes referencias a aquella época.

Tanto más si, como se va confirmando, la imagen de villano, asesino de sus dos sobrinos y usurpador del trono de Inglaterra, popularizada por Shakespeare (1564-1616), inspirada por una historia del rey que escribió en inglés Thomas More (1478–1535), hubiera sido traducida, al pie de la letra, del libelo calumnioso escrito en latín por el cardenal John Morton (1420-1500), que conspiró para ayudar a Henry Tudor (1457-1509) a derrocar al que tenía todas las trazas de haber llegado a ser el mejor rey de Inglaterra, si no le masacran en la batalla de Bosworth en 1485, a pocos kilómetros de Leicester.

Ricardo III según imágenes de la época

Ricardo III según imágenes de la época

Hay una novela, basada en documentos y trabajos históricos que han estudiado aquellos supuestos crímenes, que sigue la pista a la construcción de lo que la novelista desentraña como un infundio:  Tey, Josephine, The Daughter of Time, Random House, 1951 (reedición en Arrow Books en 2009). Esta ficción histórica parece irse confirmando en investigaciones posteriores.

Según estas hipótesis, quien verdaderamente quitó de en medio a los sobrinos de Ricardo III fue en realidad su vencedor y sucesor Enrique VII (Henry Tudor), para imposibilitar cualquier debate dinástico. Si se piensa en la crueldad de su hijo, Enrique VIII, no sería raro que tal astilla venga de un palo similar.

De la rehabilitación de Ricardo III, pero sobre todo de la desmitificación de las historias de Thomas More y de Thomas Cromwell se ocupa la trilogía de la novelista histórica Hilary Mantel y una serie de TV de la BBC de la que quizás acabemos hablando. A pesar de que la obra de esta autora sea novelada, su historia del Lord Canciller Cromwell, a quien Enrique VIII mandó decapitar en 1540, para acto seguido rehabilitarlo y llorar su desaparición, ha sido considerada correcta por historiadores competentes (Cfr. Borman, Tracy, Thomas Cromwell. The untold story of Henri VIII’s most faithful servant, London, Hodder & Stoughton, 2014).

En todo caso, son numerosos los carteles que junto a sus monumentos hablan de Ricardo III por la ciudad de Leicester.

Puente de acceso a la antigua abadía. Abbey Park. Foto R.Puig

Puente de acceso a la antigua abadía. Abbey Park. Foto R.Puig

En un largo paseo por el Parque de la Abadía, tuvimos ocasión de encontrarnos con otro controvertido personaje del siglo XVI, el cardenal Thomas Wolsey (1471-1530), Lord Canciller de Inglaterra con Enrique VIII (1491-1547).  Cuando cayó en desgracia y mientras era trasladado a la Torre de Londres desde el norte de Inglaterra, murió y fue enterrado en la Abadía de los Agustinos de Leicester.

Ruinas del refectorio de la abadía de Santa María, s.XII, en Leicester.  Foto R.Puig

Ruinas del refectorio de la abadía de Santa María, s.XII, en Leicester. Foto R.Puig

De ella solo quedan los fundamentos de sus muros y columnas.

Bases de las columnas de la nave de la igelesía de la abadía de Santa. María. Foto R.Puig

Bases de las columnas de la nave de la iglesia de la abadía de Santa. María. Foto R.Puig

Un piedra tumbal en el recinto de la capilla donde se sabe fueron sepultados sus restos espera a que los arqueólogos vengan a excavar para encontrarlos.

Losa memorial en el recinto de la capilla donde se asevera fue enterrado Wolsey. Foto R.puig

Losa memorial en el recinto de la capilla donde se asevera fue enterrado Wolsey. Foto R.Puig

Pero también hay una estatua barata frente a la hamburguesería del parque más para publicidad que como contribución al arte escultórico, ofrecida a la ciudad por una firma que fabrica y comercializa ropa masculina.

Este monumento, si así calificarse puede, parece más propio de un parque temático y no está a la altura del lugar y de las huellas de la historia de Inglaterra que alberga el parque.

Pero divierte a los niños.

Estatua del Cardenal Wolsey en Abbey Park. Detalle. Foto R.Puig

Estatua del Cardenal Wolsey en Abbey Park. Detalle. Foto R.Puig

Así le retrataron medio siglo después de su muerte (la verdad es que no sé con qué versión quedarme)

Sampsom Strong. Thomas Wolsey. Madalen College. Oxford

Sampsom Strong (c.1550-1611). Thomas Wolsey. Madalen College. Oxford

Un sosegado lugar de recreo

Abbey Park.  Foto R.Puig

Abbey Park. Foto R.Puig

Abbey Park es un magnífico entorno para el esparcimiento

Abbey Park. Foto R.Puig

Abbey Park. Foto R.Puig

para la gente y para las aves

En Abbey Park.  Foto R.Puig

En Abbey Park. Foto R.Puig

Otros monumentos

Cabeza clava. Iglesia de St.Mary. Leicester. Foto R.Puig

Cabeza clava. Iglesia de St.Mary. Leicester. Foto R.Puig

En otra zona de la ciudad se alza la iglesia de St. Mary de Castro iniciada en estilo románico, como atestiguan sus más antiguos arcos, y concluida en estilo gótico.

Leicester. Iglesia de St.Mary.  Foto R.Puig

Leicester. Iglesia de St.Mary. Foto R.Puig

Era parte del antiguo recinto amurallado del castillo, construido en el siglo XI, que hasta 1992 fue el lugar de los tribunales. En la plaza que separa los dos edificios se precipitó hace unos años el chapitel de la torre, todavía airosa aunque desmochada.

Leicester's Castle. Foto R.Puig

Leicester’s Castle. Foto R.Puig

En el castillo subsisten aún las vigas de roble que se colocaron en 1523 en sustitución de las originales y su fachada apacible esconde una historia de calabozos subterráneos. Para añadir morbo, la información escrita que un personal muy amable nos facilita habla del descubrimiento de esqueletos de ejecutados junto a sus cimientos.

Revisitando el Museo del New Walk

Las cerámicas de Picasso

Cerámicas  de Pîcasso. La sala de la colección Attenborough. Museo de Leicester. Foto R.Puig

Cerámicas de Pîcasso. La sala de la colección Attenborough. Museo de Leicester. Foto R.Puig

Del Museo de Leicester ya habíamos tratado hace un año y medio con ocasión de mi anterior visita a la ciudad, pero no habíamos ilustrado la magnífica colección de cerámicas de Pablo Picasso (1881-1973), de la que hizo donación el actor, director y productor de cine Richard Attenborough (1923-2014).

Me entretuve en fotografiar algunas de las imaginativas fisionomías que Picasso plasmó en ellas durante las últimas décadas de su vida en que se dedicó con enorme placer a innovar el arte de la cerámica en los talleres de la fábrica de cerámicas Madoura en Vallauris, donde entre 1946 y 1971 ejecutó unas cuatro mil obras originales. De más de 600 modelos los esposos Suzanne y Georges Ramié realizaron ediciones bajo la supervisión directa del artista.

Cerámica de Pîcasso. Colección  Attenborough. Museo de Leicester. Foto R.Puig

Cerámica de Pîcasso. Colección Attenborough. Museo de Leicester. Foto R.Puig

Entre las varias innovaciones que Picasso introdujo destaca la invención de la “impresión cerámica original”, por la cual el plato trabajado se convierte en una plancha de la cual se sacan copias inversas, cada una con dibujos, incisiones, incluso con texturas y masa añadidas,  y colores individualizados.

Cerámica de Pîcasso. Colección Attenborough.  Museo de Leicester. Foto R.Puig

Cerámica de Pîcasso. Colección Attenborough. Museo de Leicester. Foto R.Puig

Fue en aquel taller donde conoció a Jacqueline Roque Hutin (1927-1986) con la que se casó en 1961. Su imagen aparece en numerosas cerámicas de Vallauris.

Cerámica de Pîcasso. Colección Attenborough. Museo de Leicester.  Foto R.Puig

Cerámica de Pîcasso. Colección Attenborough. Museo de Leicester. Foto R.Puig

Hay también cerámicas de Picasso en la colección que Eugenio Arias, que fue su barbero y amigo, donó a su pueblo, haciendo así posible que haya un Museo Picasso en Buitrago de Lozoya (Madrid).

Otras cerámicas deslumbrantes del artista, que por desgracia se subastaron pieza a pieza en Christie’s  en 2012, son las de la colección Madoura.

Expresionismo alemán

En mi anterior crónica de Leicester también traje al blog la colección de expresionistas alemanes de Leicester, que ahora se puede visitar virtualmente en su integridad.

Karl Schmidt Rottluff. Horse and carriage.1910. Lapiz y tinta

Karl Schmidt Rottluff. Horse and carriage.1910. Lapiz y tinta

Ernst Neuschul. Messias. 1919. Museo de Leicester. Colección Hess

Ernst Neuschul. Messias. 1919. Museo de Leicester. Colección Hess

Por ello me limito seleccionar aquí unos pocos ejemplos.

Franz Marc. Red woman. 1912. Museo de Leicester.

Franz Marc. Red woman. 1912. Museo de Leicester.

Von Javlenski. Head in black and green. Museo de Leicester. Colección Hess

Von Javlenski. Head in black and green. Museo de Leicester. Colección Hess

Hablé de los orígenes de esta colección en la crónica de Leicester de hace más de año y medio: Divagaciones inglesas (II). Por el museo y por las calles de Leicester

La Sala Victoriana

Charles Green. La chica que he dejado atrás. 1880. Museo de leicester. Foto R.Puig

Charles Green. La chica que he dejado atrás. 1880. Museo de Leicester. Foto R.Puig

El Museo tiene una colección de pinturas que refleja las preferencias artísticas de la llamada sociedad victoriana, que corresponde a la época que coincide con el largo reinado de la reina Victoria (1837-1901).

Están reunidas en una única sala y coinciden con lo que se promovía en las academias o se admiraba en los artistas de entonces y de tiempos anteriores, al menos entre las clases pudientes e interesadas por la compra de obras de arte.

Sentimientos familiares y heroicos

Charles Green. La chica que he dejado atrás. 1880. Detalle. Museo de   Foto R.Puig

Charles Green. La chica que he dejado atrás. 1880. Detalle. Museo de Leicester. Foto R.Puig

Filantropía, desinterés y generosidad hacia los necesitados.

William Small. El buen samaritano 1899. Museo de Leicester

William Small. El buen samaritano 1899. Museo de Leicester. Foto R.Puig

Mitología de tintes románticos y épicos

Frederick Leighton. Detalle de Perseo y Pegaso. 1896. Museo de Leicester. Foto R.Puig

Frederick Leighton. Detalle de Perseo y Pegaso. 1896. Museo de Leicester. Foto R.Puig

Efemérides bélicas

William Bass. La batalla de Bosworth. 1839. Museo de Leicester. Foto R.Puig

William Bass. La batalla de Bosworth. 1839. Museo de Leicester. Foto R.Puig

Escenas de la naturaleza en todo su poder, grandes marinas, naufragios

Edmund J Niemann. 1868. Filey Brigg. Museo de Leicester. Foto R.Puig

Edmund J Niemann. 1868. Filey Brigg. Museo de Leicester. Foto R.Puig

Pero también la vida idealizada del campo

Thomas Sidney Cooper. Ganado en el paisaje. Detalle. 1836. Museo de Leicester. Foto R.Puig

Thomas Sidney Cooper. Ganado en el paisaje. Detalle. 1836. Museo de Leicester. Foto R.Puig

Exotismo oriental y fisionomías del vasto imperio que despertaban la curiosidad de los salones

Frederick Leighton. Cabeza de árabe. 1857.Museo de Leicester. Foto R.Puig

Frederick Leighton. Cabeza de árabe. 1857.Museo de Leicester. Foto R.Puig

El retrato de las familias de la buena sociedad

Thomas Hudson hacia 1756. La Sra. Mitchell y sus hijos Anne y Matthew. Detalle

Thomas Hudson hacia 1756. La Sra. Mitchell y sus hijos Anne y Matthew. Detalle

….

Hoy, el Imperio Británico pasó a la historia y los niños encuentran instalaciones de su gusto frente a esos cuadros que ornaban las paredes de la burguesía y la aristocracia victorianas, en esta ocasión rodando sobre el piso de madera de la sala, empujando unos ruidosos y pesados carricoches

Aspecto de la sala Victoriana acomodada para los niños. . Museo de Leicester. Foto R.Puig

Aspecto de la Sala Victoriana acomodada para los niños. . Museo de Leicester. Foto R.Puig

Epílogo

Evocación de aquella época imperial de fastos militares son dos cañones rusos capturados por el Royal Regiment of Leicestershire en 1855, en el sitio de Sebastopol, la última gran batalla que selló el final de la guerra de Crimea con la rendición de los rusos.

Se exhiben delante del museo de historia de la ciudad al costado del Magazine Gateway.

Cañón capturado en la batalla de Sebastopol  en 1855. Leicester. Foto R.Puig

Cañón capturado a los rusos en la batalla de Sebastopol en 1855. Leicester. Foto R.Puig

Y ya que Crimea, como enclave de ambiciones territoriales y conflictos renovados, ha vuelto a la más candente actualidad, quién sabe si David Cameron va a tener que devolverle uno de los cañones a Vladimir Putin, empaquetado en celofán, como regalo de apaciguamiento.

Es sabido que los grandes machos son a ratos sentimentales, hasta las lágrimas.

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