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Bajo un bosque de nubes

13 octubre, 2026

Cuando el autor del Génesis se acercó al mar una mañana encontró la frase que llevaba días buscando para explicar el método de la Creación, es decir que del caos y del desorden surja todo. Para ello basta que el alma que navegue sobre las aguas sea el alma de Dios.

Miríadas de años más tarde toca a nosotros dejar volar nuestro espíritu, pequeños dioses creadores.

Hay días en los que, antes del amanecer, sobre el mar que se abre ante mí, veo una floresta de árboles gigantes y mi alma navega a cobijarse bajo sus altas copas.

En la lejanía se percibe la lancha del pescador que se aventura hacia los árboles gigantes de la floresta que sobre el mar impera.

Hoy pienso en Lope de Vega y en aquel hermoso poema donde el alma de nuestro poeta, interpelando a su barca, entre ilusión y decepción vuelca su creación y su duda.

(…)

Cuando por las riberas
Andabas costa a costa,
Nunca del mar temiste
Las iras procelosas.

Segura navegabas;
Que por la tierra propia
Nunca el peligro es mucho
Adonde el agua es poca.

Verdad es que en la patria
No es la virtud dichosa,
Ni se estima la perla
Hasta dejar la concha.

Dirás que muchas barcas
Con el favor en popa,
Saliendo desdichadas,
Volvieron, venturosas.

No mires los ejemplos
De las que van y tornan,
Que a muchas ha perdido
La dicha de las otras.

Para los altos mares
No llevas, cautelosa,
Ni velas de mentiras,
Ni remos de lisonjas.

(…)

(Lope de Vega, estrofas 6 a 11 de Pobre barquilla mía)

Cuando atardezca y la hora sea mágica

puede que la realidad y la pérdida disuelvan las ilusiones del poeta bajo las altas copas

¿En qué gavia descubres
Del árbol alta copa,
La tierra en perspectiva,
Del mar incultas orlas?

¿En qué celajes fundas
Que es bien echar la sonda,
Cuando, perdido el rumbo,
Erraste la derrota?

Si te sepulta arena,
¿Qué sirve fama heroica?
Que nunca desdichados
Sus pensamientos logran.

¿Qué importa que te ciñan
Ramas verdes o rojas,
Que en selvas de corales
Salado césped brota

(…)

Sin pleito, sin disgusto,
La muerte nos divorcia:
¡Ay de la pobre barca
Que en lágrimas se ahoga!

Quedad sobre la arena,
Inútiles escotas;
Que no ha menester velas
Quien a su bien no torna.

Si con eternas plantas
Las fijas luces doras,
¡Oh dueño de mi barca!
Y en dulce paz reposas.

Merezca que le pidas
Al bien que eterno gozas,
Que adonde estás, me lleve,
Más pura y más hermosa.

Mi honesto amor te obligue;
Que no es digna victoria
Para quejas humanas
Ser las deidades sordas.

(Lope de Vega, estrofas 14 a 17 y 27 a 31 de Pobre barquilla mía)

cuando le golpee la ausencia


NB: las fotografías son del autor del blog

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