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De exposiciones por Estocolmo (II): miscelánea de rostros en la Academia de Bellas Artes (Fisionomías XXII)

8 mayo, 2016
Gipsoteca y Hall de entrada. Academia de Bellas Artes. Estocolmo. Foto R.Puig

Gipsoteca y Hall de entrada. Real Academia de Bellas Artes. Estocolmo. Foto R.Puig

El Museo Nacional de Bellas Artes de Estocolmo sigue cerrado por obras. Pero eso no quiere decir que no exponga sus colecciones en las salas de otras instituciones. Este es el caso de la muestra “El Artista”  en la Real Academia de Bellas Artes, que reúne obras del Museo y de la Academia con otras en préstamo de colecciones privadas y del Museo de Arte Moderno de Estocolmo.

Sería demasiado largo para este cronista repasar el conjunto. Las reproducciones en el catálogo son excelentes, no así las notas sobre las obras y las apresuradas cartelas bajo los cuadros que no hacen honor a la selección ni a la interesante división temática del recorrido. Las obras corresponden a épocas, soportes, estilos y contenidos diversos unidos por su conexión con los artistas, sus visiones, su mundo y su personalidad. Dediqué  dos buenas horas a la visita, en compañía de mi viejo amigo Gunnar, buen conocedor de la pintura sueca y emparentado con algunos de sus artistas, pero me voy a limitar a una pequeña selección que responde a mi interés por las fisionomías.

Empezando por Rembrandt. 

Desde sus reducidas dimensiones (15,5 x 12 cm), su autorretrato nos desafía con la mirada inteligente de un joven pintor de 24 años, dispuesto a abrirse camino en la vida y en el arte. Por entonces ya tenía su taller en Leiden. Un año después, alentado por su mecenas Constantijn Huygens, se mudó a Amsterdam.

Rembrandt. Autorretrato. 1630. Museo Nacional.Estocolmo.

Rembrandt. Autorretrato. 1630. Museo Nacional.Estocolmo.

Sólo con esto la visita ha merecido la pena.

Para que apreciemos la distancia entre el quehacer pictórico de aquel joven holandés y el de los pintores palaciegos en Estocolmo, veamos dos retratos, uno de fines del mismo siglo de Rembrandt y otro de las primeras décadas del siguiente. Si bien la reina Cristina pudo atraer a Descartes al frío (y a la muerte prematura) en Estocolmo, sacándole de la acogedora Holanda, ni ella ni los monarcas que la sucedieron pudieron enrolar a los pintores que descollaban en los Países Bajos, aunque sí lo consiguieron con arquitectos, expertos en fortificaciones y en armamento, o constructores navales, procedentes de los Países Bajos.

Cuando el pintor de la Corte sueca David Klöcker Ehrenstrahl (1628 – 698) pintaba su autorretrato, la monarca llevaba ya dos años enterrada en Roma, donde había conseguido acumular una impresionante colección de obras de arte. Muchas acabaron en los Museos y en la Biblioteca del Vaticano. Se preguntarán de dónde sacaba el dinero durante su “exilio” final en Roma (1667 -1689) para convertirse en mecenas y seguir viviendo como una monarca: pues de las rentas que le pagaban los arrendatarios de su tierras en Suecia, gracias al sudor de los siervos de la gleba que las cultivaban.

David Klöcker Ehrenstrahl. Autorretrato 1691. Detalle. Museo Nacional. Estocolmo.

David Klöcker Ehrenstrahl. Autorretrato 1691. Detalle. Museo Nacional. Estocolmo.

El siguiente es el retrato del arquitecto real, Nicodemus Tessin, obra de George Engeldhardt Schöder (1684 – 1750), otro pintor cortesano sueco. Es otra prueba de que los artistas en Suecia no se beneficiaban demasiado de la calidad de la vanguardia barroca europea.

George Engeldhardt Schöder. Retrato de Nicodemus Tessin. c.1720.Detalle. Real Academia de Bellas Artes. Estocolmo.

George Engeldhardt Schöder. Nicodemus Tessin. c.1720.Detalle. Real Academia de Bellas Artes. Estocolmo.

Pero es que, además, este señor podría ser hermano del anterior. ¿Economía creativa, manierismo a la francesa?

La reducción del tamaño de las pelucas unas décadas más tarde, parece que redundo en el incremento de la calidad artística de los retratos, en una mayor simpatía del retratado y hasta en guiños de complicidad con el espectador. El rococó era “la vie en rose”. Al menos así me lo confirma en su autorretrato la mirada del pintor sueco Alexander Roslin (1718-1793), que anduvo retratando a la realeza de toda Europa, con algunas escapadas a la Corte de Estocolmo.

Alexander Roslin. Autorretrato dentro de El Artista y su mujer retratando a Henrik Wilhem Peillls.Detalle. 1767.Museo Nacional. Estocolmo. Foto R.Puig

Alexander Roslin. El Artista y su mujer retratando a Henrik Wilhem Peill. Detalle. 1767.Museo Nacional. Estocolmo. Foto R.Puig

Juega al autorretrato dentro del triple retrato en el que su mujer Marie Suzanne Giroust, la de dulce nombre y amigable rostro, no sólo maneja los trebejos de pintar con la misma soltura que el marido, sino que en el fondo es el ama de la situación.

El triple retrato fue un regalo para el amigo retratado y un homenaje a la excelente pintora (maestra en la técnica del pastel) que fue su mujer.

Alexander Roslin. El Artista y su mujer retratando a Henrik Wilhem Peill. 1767.Museo Nacional. Estocolmo

Alexander Roslin. El Artista y su mujer retratando a Henrik Wilhem Peill. 1767.Museo Nacional. Estocolmo

Lo cual no obsta para que también él tuviera un alter ego en Estocolmo, un reputado grabador de monedas y medallas…

Lorens Pasch el joven. Retrato del grabador de monedas Gustav Ljungberger. 1770.Detalle. Academia de bellas Artes. Estocolmo. Foto R.Puig

Lorens Pasch el joven. Retrato del grabador de monedas Gustav Ljungberger. 1770. Detalle. Academia de Bellas Artes. Estocolmo. Foto R.Puig

El hecho fue que el pintor que retrató al prohombre era Lorens Pasch el Joven (1733 – 1805), quien estudió con Roslin en París, y su influencia debió de ser tan grande que acabó viendo las facciones del maestro en los rostros de sus retratados.

Una artista de gran calidad fue la danesa  Bertha Wegmann  (1846 – 1926), representada en la muestra por su retrato de la pintora, sueco-alemana, Jeanna Bauck  (1840 -1926). Es una obra en el mejor estilo impresionista germánico en la que que capta la amabilidad acogedora de su amiga y colega.

Bertha Wegmann. La artista Jeanna Bauck. 1881. Detalle. Museo Nacional. Estocolmo. Foto R.Puig

Bertha Wegmann. La artista Jeanna Bauck. 1881. Detalle. Museo Nacional. Estocolmo. Foto R.Puig

Otras pintoras lo debieron de tener un poco más difícil, a juzgar por su gesto, algo reconcentrado la primera y malhumorado la segunda, al menos en dos retratos de la exposición que las recuerdan:

La pintora y escultora francesa Rosa Bonheur (1822 – 1899) estuvo abocada a sus labores hasta que su padre pintor la introdujo en su taller. Llegó a ser una reconocida especialista en la pintura de animales y se hizo acreedora a la condecoración de la Legión de Honor.

Edouard Dubufe. La artista Rosa Bonheur. 1857.Detalle. Museo Nacional de Versalles. Estocolmo. Foto R.Puig

Edouard Dubufe. La artista Rosa Bonheur. 1857.Detalle. Museo Nacional de Versalles. Estocolmo. Foto R.Puig

En su esfera personal sufrió los prejuicios de la sociedad de su época, pues se la consideraba lesbiana (etiquetada como garçon manqué), por que compartió su vida desde joven y sucesivamente con dos amigas artistas.

El segundo rostro es el de la artista multifacética Tyra Lundgren (1897 – 1979), activa en escultura, cerámica, cristal, pintura y arte textil, así como escritora.

Tyra Lundgren. Autorretrato. Detalle. 1921. Museo de Arte Moderno. Estocolmo. Foto R.Puig

Tyra Lundgren. Autorretrato. Detalle. 1921. Museo de Arte Moderno. Estocolmo. Foto R.Puig

Su autorretrato es de cuando vivía en Francia e Italia y refleja la influencia del cubismo. Si me atengo a esa inmensa curiosidad creativa que la llevó a explorar y a descollar en tan variadas ramas de las artes plásticas, pienso que, además de reconcentrada, su mirada es la de una mujer de 24 años dispuesta a dar la batalla y abrirse camino en un mercado europeo del arte tan imprevisible y explosivo como fue la época de las vanguardias. Puede que a ello se deba su gesto desafiante y un poco malhumorado.

A la pintora finlandesa Helene Schjerfbeck (1862 – 1946), que se formó en Helsinki y París y tuvo una buena acogida en los países nórdicos, la enfermedad de sus últimos años la llevó a pasar sus últimos años en un sanatorio sueco, tras el paso por otro de Finlandia durante la lucha de sus habitantes contra la invasión soviética.

Este autorretrato de 1937 es despiadadamente honesto.

Helene Schjerfbeck. Autorretrato. Detalle. 1937. Museo de Arte Moderno. Estocolmo. Foto R.Puig

Helene Schjerfbeck. Autorretrato. Detalle. 1937. Museo de Arte Moderno. Estocolmo. Foto R.Puig

No doy por terminado mi paseo, pero por hoy lo dejo aquí, no sin dejarles un acertijo que pone a prueba sus conocimientos de la pintura sueca moderna. Una pista: se trata de un detalle de un cuadro de un pintor sueco, un lienzo que ha alcanzado la cotización más alta en el mercado de la pintura sueca del siglo XX.

La solución el próximo domingo.

Nils Dardel.  La muerte del dandy.  Detalle. 1918.  Museo Nacional.  Estocolmo. Foto R.Puig

 

 

 

2 comentarios leave one →
  1. Luis Bernardo José Regal Alberti permalink
    9 mayo, 2016 08:02

    A propósito de museos y colecciones, en El Comercio de hoy viene una nota que da cuenta del Archivo Digital de Arte Peruano. Se trata de un archivo con más de 10 000 imágenes de obras pictóricas y plásticas que se va a ofrecer gratuitamente a través de la web. El autor es Daniel Giannoni, en un proyecto del MALI y originalmente entiendo yo de la PUCP. No sé si tendré tiempo para consultarlo y gozarlo. (Más información en la entrevista al fotografo en http://www.elcomercio.pe/eldominical)

    Muy de tu estilo la observación que haces de los catálogos que tienen fotos buenas pero unas leyendas que no ayudan mucho al público. En cuestión de guías para el público siempre me han hecho gracia las traducciones que hacen chinos o japoneses de los folletos que acompañan la venta de artefactos eléctricos. De modo todavía más gracioso desde mi punto de vista las instrucciones para abrir una puerta de emergencia en un avión. Una de las cosas que hacía cuando viajaba era revisar estas guías tratando de entender los dibujos. Según yo no se entienden las instrucciones gráficas, lo cual parece humor negro porque el avión está en emergencia y sus puertas cerradas… Varias veces me ha tocado estar cerca de las puertas o ventanas de emergencia y me sentido convocado por el aviso en que se invita a los que están sentados cerca que se hagan cargo del salvataje…¿puedes creerlo? Mi hermano y mi querida Rosi, en circunstancias distintas, han estado en algún tipo de real emergencia, de esas en que los pasajeros se doblan hacia adelante mirando el piso. Yo no. Por supuesto que lo mismo pasa con los planos que dicen “usted está aquí” y muestran las rutas salida, etc. Sólo ayudan a los ingenieros que los lean. Me acuerdo que un día lo conversé con una chica que estaba haciendo la limpieza. Nos reímos juntos.

    Me gustó o interesó la observación que se te ocurre hacer de que la desaparición de las pelucas redundó en mejora de los retratos…Me hace pensar en la importancia social de camisa y la corbata justo en los medios menos cortesanos como por ejemplo una reunión sindical o de un ayuntamiento provinciano. Sin ir muy lejos, el grupo de jazz con el que ha viajado mi nieto ha tenido que llevar terno (traje) con camisa y corbata para determinadas presentaciones. En nuestras universidades los profesores van vestidos como quieran pero todos los abogados que yo he visto van todos encorbatados.

    Tu serie “fisonomías” ha hecho que resucite mi viejo deseo de hacer caricaturas…simplemente uno de los muchos sueños que tiene uno. Y, dicho sea de paso, leí con detenimiento (aunque no con mucho éxito debido a mi poco dominio del inglés “culto”) la sección de qué es ser ARTISTA.

    Disculpa si en mis comentarios pongo demasiadas cosas personales, aunque siempre pienso (al comienzo) redactarlos de un modo pertinente y objetivo.

    • 10 mayo, 2016 06:56

      Los comentarios son como lo de ir tirando de las cerezas y mi blog también lo es. Y las cerezas que vas extrayendo de la memoria son todas sabrosas. No he logrado dar con esa información sobre el Archivo Digital del Arte Peruano. Cuando se tercie mándame por favor un mail con el enlace.

      En cuanto a la información destinada al espectador de la que adolecen no pocas exposiciones, pienso que la razón reside a menudo o en las premuras por varios motivos o en el exceso de “manos en el plato” que “tocan a rebato”, entre las cuales siempre hay alguien que quiere dar la nota y desafina.

      Lo de las pelucas era un decir pero también una coincidencia del paso del barroco al rococó en Francia. Yo creo que la pintura de las enormes pelucas del siglo XVII en Francia dejaba al pintor exhausto y cuando llegaba a las facciones no atinaba, mientras que en el XVIII, pintores como Boucher o Fragonard pudieron dedicarse menos a los pelos y más al rostro. Una sonrisa, por favor.

      No te desanimes y dedícate a la caricatura, que es una rama de la anatomía artística con una muy digna tradición, incluso excelsa, como en el caso de Daumier. En la Academia de Roma, con el profesor Bussagli, una parte del curso se dedicaba a la caricatura. Por algún lado debo de tener mis prácticas sobre el tema que nos propuso: “Rebelión en la granja” (Animal Farm) de Orwell.

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