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Breverías erasmianas  (XXI): “Quid cani et balneo?” (¿Qué hace un perro en la bañera?)

5 julio, 2015
El perro en el baño. Fuente Head up for tails.blog

El perro en el baño. Foto Head up for tails.blog

Hoy he seleccionado este proverbio de la colección de los Adagios por dos motivos.

En primer lugar, en este texto me parece de actualidad la muestra de aprecio de Erasmo hacia sus maestros, a la que el estilo de panegírico de los humanistas de su época no le resta sinceridad y emoción genuinas.

Digo que es de actualidad, porque no es que predomine hoy en día el respeto, el aprecio, el apoyo y, a menudo el sostén de la Administración, que se les deben a maestros y profesores; tanto por parte de los alumnos como de sus progenitores, tan exigentes y quejosos cuando se tercia, pero tan tacaños en el reconocimiento.

En segundo lugar, porque la situación que estamos viviendo en la Unión Europea con motivo de la crisis de la economía y la gobernación griegas, así como algunos episodios poselectorales en España, demuestran de nuevo que la gestión de la política no es cosa de broma y requiere no sólo de honestidad, sino además de unos niveles de competencia y responsabilidad, que los candidatos y los electos están muy seguros de tener, aunque cuando les llega la hora de la verdad, la conducta y las intervenciones de algunos de ellos nos susciten una pregunta muy similar a la de este adagio que comenta Erasmo:

“Quid cani et balneo”

¿Qué tiene que ver un perro con un baño?

Adagio I, IV, 39.

El comentario de Erasmo a este adagio no se inicia, como es su costumbre, por las fuentes clásicas.  En este caso ellas se reducen, al final de su glosa, a dos breves citas de Luciano de Samosata:

De inmediato todos los espectadores te lanzarán el tristemente popular reproche: ¿Qué hay de común entre un perro y un baño?” (Contra un ignorante, 5)

En mi opinión un filósofo en un festín es lo mismo que un perro en una bañera (Sobre el parásito, 51)

Elogio del maestro

En realidad, Erasmo aprovechó este proverbio para hacer un elogio de dos maestros a quienes quiso y admiró:  el humanista holandés Rodolfo Agrícola (Winsum, Países Bajos 1444 – Heildelberg 1485) y el alemán Alexander Hegius (Heek, Westfalia 1433? – 1498).

De Agricola destaca Erasmo que, desde muy temprano, sus obras le abrieron los horizontes de la dialéctica, la elocuencia y la literatura clásicas. Subraya también que fue maestro de Hegius, que a su vez lo fue suyo en la escuela de Deventer. Fue allí donde nuestro humanista comenzó su formación, beneficiándose de la renovación pedagógica impulsada por aquel maestro, a quien retrata como promotor del estudio de las obras clásicas y hombre de gran dedicación y generosidad, en especial con los alumnos pobres.

No hay que olvidar que Erasmo era hijo natural de un sacerdote de Gouda y de su sirvienta Margaretha Rutgers y que estuvo en su infancia y adolescencia en manos de tutores, quienes le enviaron a los nueve años, en 1476,  a la escuela de Deventer de los Hermanos de la Vida Común, seguidores de la corriente de la devotio moderna. Hegius fue director de esa escuela durante treinta años, se calcula que desde 1468

Lo que hace aún más comprensible su gratitud hacia ambos pedagogos, como si de niño hubiera encontrado en ellos el reconocimiento y la guía que su padre no le dio:

No me han faltado motivos para extenderme en esta digresión [su elogio de Agricola y Hegius], y no ha sido por engrosar la gloria de Alemania, sino por cumplir mi deber de alumno agradecido y pagar mi deuda con la memoria de estos dos hombres, pues hacia uno me obliga el afecto de un hijo, hacia el otro el amor de un nieto

(propterea quod alteri  velut filii  debeam pietatem, alteri  tanquam  nepotis  charitatem)

El elogio de Rodolfo Agrícola ocupa una buena parte del comentario.  Fue hombre de gran fama en la Europa humanista de los siglos XV y XVI, promoviendo la síntesis de dialéctica y retórica, es decir de la filosofía y la elocuencia, de la invención y la persuasión, en los estudios de la época, podando los excesos de la lógica medieval y revalorizando  la literatura. Fue un viajero y un sabio polifacético, profesor en Alemania y en Italia.

Rodolfo Agricola por Lucas Cranach. Wkipedia

Rodolfo Agricola por Lucas Cranach. Wikipedia

Precisamente Erasmo recoge el epitafio en verso que el veneciano Ermolao Barbaro (1454-1495) compuso para su tumba:

Invida clauserunt hoc marmore fata Rodolphum

Agricolam, Frisii spem decusque soli,

Scilicet hoc vivo meruit Germania laudis

Quicquid habet Latium, Graecia quicquid habet.

….

Decretaron los hados envidiosos que bajo esta piedra Rodolfo

Agricola acabase, esperanza y ornamento de su patria Frisia,

Quien, en vida, ciertamente, ganó tal reputación para Alemania

Cuanta el Lacio y hasta la misma Grecia tienen.

De Alexander Hegius subraya las cualidades de pedagogo, su honestidad, su seriedad como maestro y su actitud modesta cuando se trataba de sus propias obras (tan es así que ni un retrato suyo he podido encontrar)

Si escribía algo, lo hacía como quien juega más que como quien se toma a sí mismo en serio. A pesar de ello, sus escritos, están compuestos de tal modo que el mundo de la cultura les reconoce un valor inmortal

De Hegius se conservan unos diálogos latinos. Lo que incita a pensar que de algún modo con ese ejemplo comenzó Erasmo a interesarse por los coloquios como medio pedagógico.

Pero concluyamos con la parte del comentario que propiamente se refiere al adagio, del que dice:

Recuerdo que, cuando me aplicaba de niño a estudiar los rudimentos de la lengua griega, supe del mismo  en una carta muy docta, con la que mi querido Rodolfo, con convicción y elocuencia, trataba de persuadir al Consejo de Amberes de que tenían que nombrar como rector de la escuela a un docente de las buenas letras y no (como se suele hacer) a un teólogo o a un naturalista que no sepa hablar, quienes tienen seguro que decir de todo un poco, pero que no tienen idea de cómo decirlo.

‘¿Qué hace alguien así en una escuela? ¡Lo mismo que -usando el proverbio griego- un perro en la bañera!’

Textos latinos de “Les Adages d’Érasme” présentés par les Belles Lettres et le GRAC (UMR 5037), Lyon, 2010, pp.363-365. La traducción es mía.

….

Llegados a este punto, me diréis que me dejo en el tintero mi comentario al segundo motivo de este artículo. Pero, en realidad, pobre de mí ¿qué podría yo decir que no haya sido dicho?

La imagen de alguien más elocuente que yo me sacará de aprietos…

Buster Keaton buscando su voz. Bifur, n.4. Paris, 31 diciembre 1929

Buster Keaton buscando su voz. Bifur, n.4. Paris, 31 diciembre 1929

2 comentarios leave one →
  1. colosoderodasteatro permalink
    7 julio, 2015 19:47

    Maravillosos artículos llenos de enseñanzas y verdades.

  2. 8 julio, 2015 06:07

    Muchas gracias amigo

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