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La inteligencia disponible. A propósito de la revista “CLAVES de razón práctica” en su segunda época.

29 noviembre, 2012

Portada número 225.CLAVES de razón práctica

Nada más empezar, pido ya disculpas por ir al objeto de esta entrada, que no es otro que el n° 225 de la Revista CLAVES de razón práctica (“Buscando el rumbo. El intelectual en tiempos de mudanza”), pasando por un breve desvío, que no le es sin embargo ajeno.

Pero sucede que está acabando el año del tricentenario de Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) y su pugilato intelectual con su admirado Voltaire (1694-1778) sigue siendo un interesante paradigma de la vida de los que llamamos “intelectuales”. Así que he caído en la tentación de recordarlo.

La inteligencia bifronte: Rousseau versus Voltaire

Cuando Goethe sentenciaba “Voltaire: un mundo que acaba; Rousseau: un mundo que comienza”, venía a decir que el autor de “Cándido”, el filósofo deísta y blasfemador que reprochaba los terremotos a la Providencia y batallaba contra los abusos y la intolerancia mediante la razón y la palabra,  no había sin embargo captado que el intelectual en el futuro se definiría por la crítica del Poder con mayúscula.

Voltaire se atraería el odio de eclesiásticos y fanáticos,  pero a Rousseau se le acusaría de una responsabilidad más grave, la de haber sentado las bases de todas las revoluciones y tiranías que estaban por llegar.

Lauros Giraudon. Pugilato de Voltaire y Rousseau. Biblioteca Nacional de Francia

Para muestra de sus disputas valgan algunas líneas de Rousseau en su Carta a Voltaire (18 de agosto de 1756) en la que reacciona al “Poema sobre el desastre de Lisboa” (1755) que este escribió bajo la impresión de aquella hecatombe;

Habéis calificado de libro contra el género humano un escrito en el que yo defendía la causa del género humano contra sí mismo (Rousseau se refiere a las críticas de Voltaire a su “Discurso sobre los fundamentos de la desigualdad entre los hombres”, 1755).

No veo que se pueda buscar la fuente del mal moral en otra parte que no sea el hombre, libre, perfeccionado, corrompido a pesar de todo

Por añadidura, creo haber mostrado que, excepto la muerte, que casi no es un mal si no es por los preparativos que la preceden, la mayoría de los males físicos todavía son obra nuestra. Sin apartarme de vuestro tema de Lisboa, convenid, por ejemplo, que no fue en modo alguno la naturaleza la que agrupó veinte mil casas de seis o siete pisos, y que si los habitantes de esta gran ciudad hubieran estado distribuidos con mejor equilibrio y alojados de forma más liviana, el daño hubiera sido mucho menor, y puede ser que nulo

¿Habría que decir que el orden del mundo debe cambiar según nuestros caprichos, que la naturaleza ha de someterse a nuestras leyes, y que para prohibirle a esta que produzca un terremoto en algún sitio, basta con que construyamos una ciudad en ese lugar?

Ver en  Jean-Jacques Rousseau. Les Rêveries du promeneur solitaire, Préface et commentaires de Pierre Malandain, Presses Pocket, 1991, Dossier Historique et litteraire, II, p.200. (La traducción es mía)

En fin,  puede que Goethe haya tenido razón en lo que concierne al siglo XIX y gran parte del siglo XX, ese que ha sido llamado el “siglo de los intelectuales”. Pero parece que nuestro tiempo necesita intelectuales que aúnen la agudeza, la ironía y los altos vuelos de Voltaire con el apego a la tierra y la conciencia de los abismos del hombre de Rousseau.

Como rimaba Victor Hugo:

Alegría es mi carácter, es la culpa de Voltaire. Miseria es mi ajuar, se lo debo a Rousseau

Joie est mon caractère. C’est la faute à Voltaire. Misère est mon trousseau. C’est la faute à Rousseau.

Los Miserables

Creo que esta síntesis bifronte ya la encarnó Erasmo  dos siglos antes de que surgieran los filósofos de las Luces.

Joven romana.Detalle Palazzo Massimo.Roma. Foto R.Puig.

Buscar el rumbo en los tiempos que vivimos

Para partir en pos de las claves de los tiempos que vivimos hay que saber hablar a la inteligencia de las personas, como mejor que yo explica Fernando Savater en el editorial del número 225 de “CLAVES de razón práctica”. Se trata del cuarto número de la segunda época  de la revista, que se abre con una parte monográfica consagrada a pensar en el lugar del intelectual en nuestra época, tema que atraviesa sus varias secciones. Como ejemplo de una trayectoria de intelectual encarnada como pocas en las últimas décadas de la historia de España, la revista rinde homenaje a Javier Pradera, fallecido hace un año, quien la fundara en 1990.

Porque se puede afirmar que Javier Pradera fue (usando la definición del intelectual que da Savater  en el editorial de la revista) un “ciudadano que trata a los demás como si fueran intelectuales: es decir que no intenta seducirlos ni deslumbrarlos o intimidarlos, sino que pretende contar con la capacidad de persuadir y ser persuadido que hay en todo ser pensante. Es esa actitud la que debe caracterizar al intelectual, no su profesión o su vocación creadora”.Yo no le conocí pero le leí a menudo y, por lo que escriben los que sí lo trataron, así actuaba Javier Pradera cada día.

Un año después de su muerte, la revista dedica varios artículos a su semblanza humana e intelectual, comenzando por un testimonio póstumo del mismo Javier Pradera sobre su biografía familiar, marcada por una España de guerra y de posguerra. Se trata de un fragmento del reciente libro Camarada Javier Pradera de Santos Juliá, quien, en otro extracto  de la misma obra, escribe sobre su militancia juvenil y su ruptura con el PCE. Miguel Ángel Aguilar explica la labor apasionada de Pradera por la edición de autores y obras que ayudasen a consolidar las libertades. Juan Cruz subraya su rigor en las publicaciones, su generosidad y su exigencia en la amistad y José María Ridao recuerda sus dotes y su rigor en la conversación.

CLAVES. Sobre Javier Pradera. Juan Cruz. Ilustración Alberto García

El número suscita la reflexión sobre quienes, ocupados por actividades cotidianas que requieren un ejercicio exigente y vigilante de la inteligencia, del pensamiento y de la creación, no guardan su talento y su reflexión para sí mismos, sino que lo ponen a disposición de la sociedad y de los ciudadanos con los que le toca vivir, y no de las pasiones y sectarismos colectivos. Lo que demanda, como  comenta Fernando Savater, la modestia,el respeto y la contención.

El intelectual habla y escribe de aquello que conoce y, ante  lo incierto,  acompaña con el razonamiento a quienes buscan sinceramente las respuestas que nuestra sociedad y nuestro mundo necesitan.  Ello exige también del intelectual (como en 1927 aclaraba ya Julien Benda en su alegato contra “la traición de los intelectuales”, La trahison des clercs) la independencia frente a “las pasiones del realismo de clase, de raza o de nación” y frente a la disciplina de las ideologías y partidos políticos.

Ositos de Jeff Koons. Arco 2010.Foto R.Puig

En definitiva, intelectual es el de fuera de la fila.

Pero,como solía decir el viejo Erasmo, ya me estoy alargando demasiado.

La revista incluye otros temas candentes de Economía y Política y sus secciones habituales, pero mejor será que os la procuréis. Aquí tenéis el sumario del número y la página web de esta perseverante aventura de la razón práctica:

http://www.revistasculturales.com/revistas/15/claves-de-razon-practica/num/225/

http://www.revistasculturales.com/revistas/15/claves-de-razon-practica/

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