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A propósito de algunas simplificaciones

3 febrero, 2011

Una escena de “Uccellacci e uccellini” de Pier Paolo Pasolini

Pasolini a colación

“Italia es un país ridículo y siniestro” nos dice en El País del 31 de enero una escritora cuyos libros se venden bien en Italia, Almudena Grandes. Eso sí, lo dice citando al Pasolini de setiembre de 1975, en la época de los “años de plomo”, poco antes de su muerte oscura, cuando se estaban sucediendo los atentados sangrientos en lugares públicos, con terroristas de signos opuestos emulándose en la sombra. Llamar a aquello “laboratorio político de Europa” sí que resulta siniestro.

Es verdad que Berlusconi y su régimen dan para muchos artículos, todos con mucho morbo. Es verdad que la clase política italiana, con la excepción de su presidente de la república, no se está luciendo frente a la rebaja moral que le impone un primer ministro indigno. Es verdad que los primeros en mortificarse por todo ello son los propios italianos (basta provocar un poco la conversación en el autobús). También es verdad que aquí el nivel de desempleo, entre otros indicadores, es menor de la mitad del español.

No obstante, cuando en una columna literaria de un periódico se resume así a toda una nación, rica de matices, poblada por tantos millones de habitantes, me parece que quien tiene el privilegio de que le publiquen lo que quiera podría afinar un poco más la puntería, actualizar sus referencias y darse un garbeo por aquí. ¡Per carità! Somos muchos los que admiramos a Pasolini ¡Pero han pasado 35 años! Esto es más complejo, más variado y –con sus luces y sombras- más hermoso y más vivo de lo que deja entender esa columna.

Roberta, Nicola y Paolo, excelentes artesanos e italianos luminosos y dignos

Saber hacer

Un debate al respecto daría para largo y yo no tengo el virtuosismo  de Almudena Grandes, ni mi blog pretende tener un carácter polémico, pero creo que los italianos de a pie, la gente que crea, que trabaja, que resiste, que encontramos detrás de la barra del bar, laburando en trabajos artesanos, tapiceros, marqueteros, mecánicos, diseñadores, artistas, manufactureros de tantas cosas, empresarios que aguantan la crisis, por no citar todos los que se podría mencionar, esas mujeres y esos hombres con la que nos cruzamos todos los días, no son ni siniestros ni ridículos.

Como símbolo, he aquí el capuccino que me ha confeccionado Roberta, ayer tarde, en el bar que tengo debajo de casa. ¿Quién da más arte por 80 céntimos?

El capuccino de Roberta

One Comment leave one →
  1. 9 febrero, 2011 13:05

    La que es “ridícula y siniestra” es esa señora y no sólo por lo que dice sobre Italia, sino toda ella, sus libros, sus novelas, sus columnas…
    Ridícula porque pretende emparentarse con don Benito Pérez Galdós y a falta de calidad literaria, talento y perspicacia lo argumenta fotografiándose a los pies de la estatua de Galdós que hay en el Retiro.
    Siniestra, porque sostiene las peores causas de la humanidad y se caracteriza por su servilismo político.
    Por cierto ¿cómo es posible que sea muy leída en Italia? Hay cientos de autores italianos infinitamente más interesantes que ella.
    Julia

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